Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

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domingo, 8 de marzo de 2026

La pastelería Colomer

 



Cuando era pequeña vivía en un pueblo de Barcelona. 

A mi madre le gustaba la repostería y, a menudo, para desayunar nos hacía rosquillas, bizcochos y demás dulces caseros, si se estaba acabando ya la caja de galletas Príncipe, que, al por mayor, comprábamos, o los dulces de la fábrica de Bimbo. Pero cuando, por lo que fuera, no había nada rico para llevarme al recreo de mi Colegio de Monjas ,me dejaba ir a la Pastelería de Tomás, un amigo de mi hermano mayor a comprarme algo. 

Vivíamos en un bloque muy delgado que sobresalía del resto de la hilera de casas. Nosotros ocupábamos el segundo piso. Cuando yo ya estaba en la acera, mi madre salía al balcón para mirar a un lado y a otro, esquivando los árboles, si venía algún coche y me gritaba desde arriba: ¡Ahora!. Y yo corría como una flecha hasta la pastelería Colomer, situada unos poquitos números más arriba y en la otra acera. Allí vendían unos cruasanes crujientes y dulces que me encantaban y, siempre con una sonrisa, me lo envolvía la madre de Tomás para llevármelo. Cuando salía de la pastelería, con mi botín, mi madre todavía estaba en el balcón esperándome para volver a gritarme: "¡Ahora!" Y yo volvía a correr para alcanzar, de nuevo, mi acera donde tres o cuatro manzanas más arriba estaba el cole. Le decía a mi madre adiós con la mano y ella me tiraba un beso: ¡Ten mucho cuidadito!

Nuestra calle se llamaba "Generalísimo", pero al poco tiempo lo cambiaron por "Joan Prim". Sin embargo, no llevaría más de un año, si acaso, con aquel nuevo nombre cuando tuvimos que mudarnos y allí quedó mi acera, mi cole, la Plaza de la Montaña donde me columpiaba mientras mis hermanos jugaban al futbol, la pastelería de Tomás, y mi infancia.

¡Cuánto habremos añorado aquella geografía! Nunca más volvimos a tener un pueblo, en Madrid solo había barrios que no tenían nada que ver con el lugar de dónde veníamos.

Una semana atrás, nos dijo mi hermano que un Tomás pastelero, que siguió los pasos familiares, cierra la pastelería Colomer. Se jubila. Algo imperceptible, muy íntimo, pellizcó mi interior y me envolvió de pronto el aroma de aquel lugar. Aquella niña que no tenía ni diez años, vestida con falda gris a tablas y jersey azul marino de pico, todavía se columpia bien, bien alto, en la Plaza de la Montaña. ¿Dónde irá ahora a por su dulce cruasán?



sábado, 7 de marzo de 2026

Sábado por la mañana

 



Acabo de poner al fuego, al fuego lento de mamá, un puré de verduras. Me apetece algo de puchero, llego destemplada. Más que destemplada, mataíta vengo de la compra, con la mochila llena de botellas de leche a la espalda y una bolsa en cada hombro que pesaban lo suyo y más. ¡Por favor que los huevos no sufran! Debería hacer las paces con el carrito de la compra. Debería.

Mientras se sofríe la cebolla, pico en pedacitos la zanahoria, los calabacines... Y en el guasap mantengo una larga conversación sobre libros con "El trío Lalalá". "Pues a mí me gustó mucho ese y ya tengo en la fila larguísima el siguiente libro de la autora..." "Yo anoche me termine el de... y ahora no sé cual empezar..." Nos quitamos la palabra para contar y reseñar, aconsejar y elegir. 

Tengo que aspirar el suelo sí o sí, pienso mientras elijo algunos puerros. "Los que van a morir te saludan" me dicen en un triste susurro nada más verse en mi mano, como me dijo aquel personaje de mi cuento que tantas alegrías me dio. Antes de irme al concierto debería escribir un poco, pienso, pero no me va a dar tiempo... Mucho quiero yo hacer. Qué raro...

Me encantan los findes llenos de buenos planes, pero si fueran de tres días serían perfectos. El tercero sería el de escribir. Aunque seguramente entonces dudaría de cuanto tiempo dedico de ese día adicional al relato de turno y cuánto al blog. Necesitaría la sabiduría del Rey Salomón. Son dos formas distintas de escribir, de contar. Y él me indicaría de quién soy "la madre verdadera".

El puré hace chup chup, por la casa se escapa su aroma detrás de mí. ¡Venga! Ahora deprisa a rematar el zafarrancho, me digo limpiándome las manos, a ver si consigo después escribir. 

El ritmo lento de lo cotidiano me acuna, me cobija. 

Huele a limpio, a comida casera, a planes cocinándose despacio, huele a sábado por la mañana. 


domingo, 1 de marzo de 2026

Se va febrero y desde este marzo que comienza...

 


Arranco de mi calendario la hoja de febrero y sin querer me fijo en todos los apuntes manuscritos que tenía tatuados. Lo primero que pienso es cuánto abusé de esta pobre memoria mía en mis épocas de estudiante. Y es ahora, que a veces me flaquea y me susurra: ¡Anda escríbelo no vaya a ser que se me pase recordártelo! Siempre fue la mejor compinche, así que no se lo tengo en cuenta y escribo mis notitas para que sus malos días no nos dejen olvidarnos.

Lo segundo que pienso es que, aún teniendo menos días este febrero ¡vaya si me ha cundido en tantos aspectos! Me puse al día en importantes revisiones médicas y además me regalé conciertos, comidas de distintos grupos de amigos, festivales de Baile, reuniones familiares, cines... Llené febrero de citas escritas, y otras, no escritas, pero imposible de olvidar. Todas están ya en mí, y ahí se me quedan muy dentro, formando parte de la que seré desde este marzo que comienza.  

Pero sobre todo me fijo en la frase que llevaba la hoja de ese mes: "No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero" de María Zambrano. Y siento que se ha cumplido a la perfección.

Se cumplieron todas las posibilidades que había de que mi vida no fuera solo trabajar, ganarse la vida, y me prestó la oportunidad de Llenarla, así con mayúsculas. Salpicarla de clases varias que le dieron un contenido que afianza mis pasos. Al mismo tiempo que, también, me la devolvieron liviana todos esos planes que me alimentaron: escribir, música, cine, baile, y, sobre todo, estar, vivirla, con personas que quiero por diferentes motivos. 

No solo ha sido un mes de febrero real sino verdadero, muy verdadero. Y sonrío. 

Marzo comienza y vamos a estrujarlo hasta sacarle la última gota de zumo.

 

viernes, 27 de febrero de 2026

Confía en mí. Murales de Calabria

 



Confía en mí. 

No contaré de tus secretos, 

ni tus sabios dedos.

Y los pasos que das sin mí.

aún menos los contaré.


Confía en mí.

Solo cuento 

cuántos cuentos invento.

Y de todos,

solo el corazón es cierto. 









Los murales son de Altomonte, en Calabría, septiembre 2025.



viernes, 13 de febrero de 2026

13 de febrero. Día Mundial de la Radio

 


Radio Hora nos daba la hora minuto a minuto mientras, cada mañana, escuchando el cuento del día, mojábamos, en la leche caliente, las galletas que corrían de mano en mano . "Radio hora minuto a minuto. Enrique Dausa..." Lucecita se nos colaba en casa en la sobremesa, vivía en la radionovela que el transistor dejaba escapar mientras mamá planchaba. La memoria sabe que los setenta cedieron el paso a los ochenta cuando Gloria Lasso cantaba su Luna de Miel en el programa nocturno de Garci de "Asignaturas pendientes". Un pis y a la cama. Prefería un millón de veces ese "ya siempre unidos, ya siempre" al soniquete machacón de la retransmisión de cualquier partido, e incluso a la peculiar voz de Jose María Garcia hablando sin parar de deportes, que nunca fueron lo mío, aunque en una casa llena de chicos estuvieran a la orden del día. 

La radio era uno más en casa. Crecí empapándome de lo que escuchaban los demás hasta que tuve edad para elegir mis propios programas. Conmigo me traje: "El ojo crítico", "Hoy no es un día cualquiera", "La estación azul" y tantos programas que, no solo me han informado, sino que me han entretenido y sobre todo enriquecido. 

¿Nocilla o Nutella? ¿Tortilla de patatas con o sin cebolla? ¿Televisión o Radio?

Hay preguntas que una contesta de forma automática. Mi madre escondía los botes de Nocilla, en lo más recóndito de los muebles de la cocina, porque eran vistos y no vistos. La tortilla con cuánta más cebolla mejor y ¡qué pregunta! la Radio, por supuesto, que como un buen amigo no te obliga a renunciar a ninguna tarea, simplemente te la hace más grata. 

La Radio acompaña mi vida desde que tengo uso de razón. 

13 de febrero, Día mundial de la Radio. 

viernes, 6 de febrero de 2026

XXXIX CERTAMEN LITERARIO EN PROSA Y VERSO convocado por la Biblioteca Pública Municipal de Moriles. Entrega de Premios. II parte

 

Os comentaba en la entrada anterior que el fin de semana pasado (31 enero-1 febrero) estuve en Moriles (Córdoba) con motivo de la entrega de premios del XXXIX CERTAMEN LITERARIO EN PROSA Y VERSO convocado por la Biblioteca Pública Municipal de Moriles.

El sábado hubo una interesante ruta literaria teatralizada muy amena que expliqué, un poco, en la entrada anterior. Y el domingo por la mañana fue la entrega de premios.  

No me quiero extender mucho. Solo quería dar otra vez las gracias a todos los implicados: Autoridades, bibliotecaria, organizadores y, por supuesto, al jurado. Ya lo dije en la entrada anterior con sus nombres, pero me tengo que repetir puesto que hicieron todos los preparativos con mucho detalle y cuidado, y a mí me trataron estupendamente.  

También quería subrayar que me gustó mucho como organizaron el acto de entrega de premios porque fue multidisciplinar con lo cual resultó muy ágil y entretenido. Estaba centrado en el aniversario del fusilamiento del poeta Federico García Lorca, a quién le hacían un bonito homenaje no solo con diapositivas, sino sobre todo con sus palabras y con las canciones que tocaba el grupo musical que amenizaba el acto. Entre unos y otros, salíamos los diferentes premiados a que nos dieran el premio y diploma, y también a leer nuestra obra. Hablaron la Alcaldesa, la Concejal de Cultura y una de las integrantes del jurado, pero con unos discursos interesantes, expuestos con mucha claridad, entretenidos y certeros.

La verdad es que vine muy contenta, porque da gusto cuando se ve tanta implicación e interés en los actos culturales. Me siento muy agradecida. Los premios motivan mucho a seguir peleando con las palabras, con las historias y si, además, te permiten conocer lugares y personas los disfrutas muchísimo más. 













XXXIX CERTAMEN LITERARIO EN PROSA Y VERSO convocado por la Biblioteca Pública Municipal de Moriles. Entrega de Premios. Ruta literaria. I parte

 



El último fin de semana de enero, el 31 de enero y 1 de febrero, lo he pasado en Moriles (Córdoba) con ocasión de la celebración de la entrega de premios del XXXIX CERTAMEN LITERARIO EN PROSA Y VERSO convocado por la Biblioteca Pública Municipal de Moriles.  

A mi relato "Reescribiendo la palabra fin" le concedieron el Primer Premio en Prosa del Certamen, y allá que me fui a disfrutar de la cultura, la amabilidad y las atenciones de ese pueblo andaluz. 

Tengo que dar, de nuevo, las gracias a la Alcaldesa, Francisca Carmona, a la Concejal de Cultura, Soledad Fernández, y a la responsable de su biblioteca, Montserrat Bogas, porque han sido muy atentas conmigo. Me he sentido muy bien tratada, daba gusto. Y sobre todo a las integrantes del jurado por distinguir mi relato entre los muchos que se habían presentado. 

He vuelto muy contenta de mi visita porque ha sido una entrega de premios muy interesante. Tengo tanto que contaros que voy a dividir la reseña en dos porque merece la pena que le dedique un poco más de espacio a cada uno de los dos días. 

La primera tarde contaron conmigo para participar en una ruta literaria que hicieron por Moriles, siguiendo el camino escrito en una novela de una escritora ya fallecida del pueblo, Paula Contreras Márquez, que fue finalista del Premio Nadal en el año 1954 con este libro "La historia de un pueblo sin historia" donde contaba la evolución de su pueblo y sus costumbres. Fue un homenaje a su figura, a su contribución a la cultura de su pueblo "Zapateros", uno de los antiguos nombres de Moriles, porque resulta que tuvo varios... La ruta por el pueblo era teatralizada y participaron actores y varias personas de las que estábamos premiadas, además de dos personas que nos iban contando de parada en parada más sobre la historia y evolución del lugar. Lo prepararon con mucho mimo, y formábamos un buen grupo recorriendo el pueblo, hasta que terminamos en el Museo del Mosto donde nos amenizaron con un pequeño concierto dos "promesas musicales", como decían ellos, dos hermanitos que tocaban el violín. Y luego nos invitaron a degustar el vino Pedro Ximénez y los dulces del lugar. ¡¡Qué ricos estaban!!

Quería dejaros con algunos vídeos que hice, los que se oyen mejor, para que os hagáis una idea del paseo tan ameno e interesante que disfrutamos. Y en la siguiente entrada os cuento la entrega del premio.












martes, 3 de febrero de 2026

3 de febrero. Por San Blas, la cigüeña verás.

 



3 de febrero. Por San Blas, la cigüeña verás. 

Las cigüeñas, aves migratorias, regresaban a los pueblos del norte de Europa, desde África, para primavera, con las temperaturas cálidas. Y esta época coincidía con la de muchos nacimientos, puesto que existía la costumbre de casarse para el solsticio de verano. Así que se asoció ambas premisas y comenzó a relacionarse a las cigüeñas con la fertilidad. 

En el siglo XIX, Andersen escribió un cuento titulado "Las Cigüeñas", donde éstas cogían bebés de estanques para llevárselas a familias merecedoras de niños. 

Dicen que en el antiguo Egipto se las asociaba con una forma del alma. En la antigua Grecia la diosa Hera castiga a Gerana, la reina de los Pigmeos, a convertirse en grulla. Y la diosa vuelve a por su pequeño hijo pretendiendo llevárselo en el pico. De las blancas grullas a las cigüeñas... un paso. En China es símbolo de longevidad. Y existe una marca de nacimiento en los bebés, unas manchas planas y rosadas que normalmente luego desaparecen, que reciben varios nombres, entre ellos el de "mordedura o picadura de cigüeña". Podríamos seguir... 

Las creemos monógamas y muy cuidadoras de su parentela en sus enormes nidos. Nos fascinan y les inventamos leyendas, fábulas y hasta enfermedades inofensivas de bebés. 

¡Ay las cigüeñas! Por San Blas... 






domingo, 11 de enero de 2026

Domingos por la tarde

 



Los domingos por la tarde mi casa se puebla de seres, que tengo por míos, reclamando el tiempo que les prometí y les debo. 

Mis plantas agitan sus ramitas desde el patio saludándome (sus hojas perdieron la batalla) quieren que salga y les haga el poquito de caso que siempre les escatimo. Mis libros quieren verse ya en el ebook, acompañados del resto de sus congéneres, esperando pacientemente su turno de lectura, deseosos de que los adelante en la eterna fila, ansiosos por ser devorados y demostrarme que merecían la pena. Mis fotos quieren ser rescatadas de la cámara y el móvil, quieren verse en un álbum, ordenadas según fueron robando instantes preciosos a mi vida. Mi blog me mira con las comisuras de su título caídas, queriéndome dar pena para que lo retome. Y los relatos... los tristes relatos lloran letras, las lloran despacio y sin voz, pero con tanto sentimiento que, estirando sus frases para que les coja, me ruegan una historia que los otorgue sentido y los complete.

Los domingos por la tarde mi casa entera reclama tiempo en los seres que me habitan.

Me miran desde el patio y desde el ordenador, desde el móvil y la cámara, desde todas las páginas en blanco del mundo. Todos mueven sus piececitos a la vez dando toques al suelo, mostrando su impaciencia, reclamando su espacio, metiéndome prisa. 

Y yo, yo no sé a quién acunar primero, no lo sé. No me alcanza la vida.

Pero me quedo aquí con ellos para que, al menos, no se sientan solos, para que sepan que los quiero, aunque no pueda atenderlos como necesitarían y merecen, yo los quiero.


miércoles, 7 de enero de 2026

7 de enero

 


La farola le ha pedido al dios de Unión Fenosa que no le deje llorar. Desde que amaneció el 7 de enero siente, en su moderna y encogida luz led, la inminente separación. Pero ella cumple lustros, es recia y estirada, fuerte y urbana, no debe llorar. "Será el rocío" contestará a quién pregunte. Las diminutas luces navideñas que colgaron en el árbol cercano, las pizpiretas e intrusas lucecitas de colores a las que tenía tanta tirria a principios de diciembre, lograron con su alegría e inocencia robarle la voluntad. "Maldita sea, gime su corazón de acero, si las voy a añorar y todo..."

El 7 de enero la pompa mágica de la navidad empieza a ser tan grande que está a punto de estallar y deshacerse. Es un día de transición y devoluciones. Le doy el ticket de la ilusión y usted me da el pijama de mi talla correcta. El 7 de enero es el día de las personas prácticas.

San José está encantado de que le devuelvan a la caja con su María querida. Le aturde tanto jolgorio y villancico. Prefiere sus días íntimos, guardados en el trastero, con Jesusito jugando con el papel de bolas que les protege. Recoger el belén es recoger la ilusión. 

Cada Navidad transita en un acierto de luces, cartas y regalos. Cada Navidad es un atentado contra los solitarios. El buey del portal bien, lo que se dice bien, solo no se lame, necesita su mula o a otro buey, que los tiempos cambian. Señora Pereza ¿Me ayudaría usted a recoger todos los adornos? No me lo ponga más difícil... 

La intemperie de los días iguales asoma en el calendario. ¿Sobrevivirán las flores de pascua? ¿Sobreviviremos a otro rutinario año los pobres tontos a quienes nos gusta la Navidad?




sábado, 3 de enero de 2026

1, 2, 3 de enero... Puro revoltijo

 


Los primeros días del año son puro revoltijo. 

Un desorden de caras y voces, de comidas y caldos, de guasap y felicitaciones.

Cuesta encontrarse a uno mismo. 

Me he reunido con "mis familias", la propia y las más cercanas, he estado muy acompañada, eso le gusta a mi corazón. Mi alma terminó satisfecha el libro que estaba leyendo cuando acababa el año, el "Afanes sin provecho" de Lorenzo Silva, casi tengo terminada la reseña. Tras las cenas, mis oídos se entretuvieron con el juego de los "Hits" musicales y brincaron de año en año y de canción en canción, entre sonrisas. Y mis ojos, como marca nuestra propia tradición, fueron al teatro. El 1 de enero la vida es puro teatro. Un reto elegir obra para ese día, demasiados condicionantes. Aunque lo cierto es que se dio bien la tarde, aparcamos fácil, encontramos mesa fácil para merendar y la obra que elegimos... Le daré más pensadas. 

Los primeros días del año son puro revoltijo. 

Un desorden de horarios y sueño, un barullo de salidas y tiendas, un alboroto de cartas, de amigos invisibles, de papeles de regalo. 

Mis paquetes, desde sus bolsas, me ruegan con etiquetas lastimeras que los envuelva de sorpresa, que les ponga nombre de pila, que los prepare bonitos. Pero, cansada de los trajines de ser paje, solo acierto a pensar lo difícil que es encontrar la Mirra. 

¡Ay! Los primeros días del año... puro revoltijo. Pero los disfruto tanto que, en apenas cuatro días, los echaré mucho de menos.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Muchas gracias. ¡Feliz nochevieja y año nuevo!

 


Muchas gracias a todos los que me habéis leído. 

Muchas gracias también a los que, después de leerme, me habéis dejado algún comentario o señal de vuestra atención.

Muchas gracias a los que no dejáis huella pero luego un día cualquiera me decís "¡Que yo te sigo!" y, por supuesto, muchas gracias a los que estáis, aunque sea en silencio.

Gracias, gracias, gracias por estar, por leer mis palabras.


Que este nuevo año 2026 nos traiga mucha salud a todos, que nos regale creatividad, inspiración y un montón de experiencias culturales que compartir. 

Que el 2026 nos quiera, que cuente con nosotros y nos permita aprovecharlo muchísimo. 

Vamos a por otro año juntos. Aquí os espero. 

Un beso muy grande a todos. 



martes, 30 de diciembre de 2025

30 de diciembre. Tiempo de balance. De listas varias y reseñas pendientes.

 


Son días de listas, de balances varios de lo que ha representado el año con respecto a esto o a lo otro. Como frágil letraherida que soy, lo cierto es que no me da por confeccionar listas de mis lecturas preferidas pero, lo que es peor, me da ¡por hipnotizarme con listas ajenas sobre sus libros escogidos del 2025! Craso error. Escucho a uno, a dos, a tres... a mil. Y la cabeza ya no sé si me va a volar, como dicen los jóvenes ahora, o se me va a hacer agua, como decía mi madre. Qué maravilla la riqueza del lenguaje con todos sus disfraces según las distintas épocas. Utilicemos la expresión que utilicemos, aunque me reencarnara "n" veces, no tendría vidas para leer los mil y un libros que he anotado en estos últimos días. ¿Estamos locos? Yo estoy loca y solo yo. 

Hoy es el último día laborable que trabajo en el año 2025, y como decimos siempre, el trabajo nos da de comer pero, al menos en mi caso, me alimenta poco. Necesito salpimentar mi vida de más actividades que las laborales, o corro el riesgo de que el ánimo se me grape a cualquier insípido documento. Aún trabajando, una hace lo que puede por viajar, leer, visitar exposiciones, hacer hueco a la literatura y otras artes. Pero no basta, también quieres interiorizarlo, aprehenderlo, con esa "h" intercalada. Y ahí... ahí ya vienen los agobios de la escasez del tiempo para reseñarlo, en el vano intento de no olvidarlo. 

Gastados ya casi todos los días de este año, alguna que otra obra de teatro y exposición se quedaron sin pasar por el tamiz de las palabras. Cuando fuimos a ver a Yllana en el teatro Pavón, cuando fuimos a ver las últimas exposiciones de las salas del Canal de Isabel II: "Catorce millones de ojos" y "Expresionismo. Un arte de cine". Tampoco os hablé del Museo del Escritor, un curioso y reducido reducto dentro del Centro de Arte Moderno llenito de objetos personajes de varios escritores de habla hispana. Ni del Museo de Artes y Tradiciones Populares, ubicado en una vieja corrala de la zona de el Rastro de Madrid, que pretende ahondar y transmitir el arte tradicional, el de los artesanos. Quedaron faros y murales atesorados en todas partes, en España y fuera de España este verano, por atrapar entre las palabras. O cuartos de baño curiosos, nombres de tiendas elaborados. Qué sé yo... Aquellos rincones de La Gomera, El Hierro, Las Azores o la Puglia. Tanto que llevamos dentro y nos remueve. 

Valgan estas pinceladas por si ya decido darlos por reseñados, aún ni lo sé. Pero como son del 2025 que queden en su año atesorados. Una manía más de esta letraherida que vive más deprisa que escribe. Cuánto me gustaría, sobre todo para mi salud mental, que llegara el día en que ambos, vivir y atesorar dentro de las palabras lo vivido, fueran en paralelo. Pero en eso estoy, en conseguirlo. 


Exposición "Expresionismo" en Sala Canal de Mateo Inurria en Madrid

Mural en Murcia


Museo de Artes y Tradiciones Populares

Exposición "Catorce millones de ojos"


Museo del Escritor 



Calabria



miércoles, 24 de diciembre de 2025

24 de diciembre. Nochebuena

 


Hoy es día de cocinar, de decorar la mesa, de preparar y degustar platos especiales como si no fuéramos a cenar nunca más en la vida. Eso me enseñaron a mí. Día de tener el belén iluminado y juntarnos todos, en armonía, en torno a los platos. Eso me enseñaron también. 

Pero después, también en casa, fueron cambiando las circunstancias y de aquel belén enorme de mi niñez que ponía mi padre en la mesa de formica verde de la cocina con su riachuelo y su castillo de Herodes, con tantas figuritas diminutas que nos embobaban, pasamos en mi adolescencia a un árbol enorme en el salón con cuyas bolas y tiras, por la noche, jugaba nuestro gato hasta conseguir tirar el árbol entero, y de ahí, años después, a simplemente colocar un portal de belén con figuras grandes mucho más bonitas pero en el que solo había cabida para el niño Jesús, sus padres, el buey, la mula y los tres Reyes. La vida va cambiando y cambiándonos. Y ahora mi belén es tan pequeño como toda mi casa, pero está lleno de objetos evocadores casi todos regalados, entre ellos las felicitaciones especiales que para mi suerte aún recibo, y que me llevan en volandas a personas y momentos muy mágicos y especiales. No parece el gran belén, pero os juro que lo es.

La vida va enseñándote que todos no queremos ni los mismos adornos ni la misma Nochebuena. Y tiene que ser así porque somos distintos. Distintos a los que fuimos, y distintos a los que nos rodean.

Hoy, yo me sentaré a la mesa con todos los míos, los que quiero, los que están y también los que no están, porque van siempre conmigo con su sonrisa, sus frases y el cariño que me dieron y/o me dan. Quizá no los pueda hoy tocar, ni oler, ni abrazar, pero los tengo cerca, los tengo en mí y ¿dónde mejor?

Porque hoy es día, sobre todo, de juntarnos. También me enseñaron eso. 

Disfrutad de esta Nochebuena. 

Feliz noche. 


lunes, 22 de diciembre de 2025

22 de diciembre. Día de la Lotería.

 



Sonaba la musiquilla de los números en las voces infantiles. Sonaba como si correteara, como nosotros, por el largo pasillo de aquella casa que recuerdo con tanto cariño. La conocida cantinela se escapaba del transistor que Mamá acarreaba en un bolsillo del delantal de habitación en habitación, no fuera a ser que saliera alguno de "los gordos" y no se enterara. Y cuando el entusiasmo de algún premio por fin se traducía en las voces infantiles, mamá dejaba lo que estuviera haciendo, tomaba el lápiz y lo apuntaba número por número con su buena caligrafía en el mismo papel que horas más tarde, seguramente mientras tomaba un café, consultaría despacio, cotejando cada apunte con los décimos o las papeletas guardadas. Así, entre pequeños gestos, se iba hilvanando la ilusión. Así la aprendí yo mientras crecía. 

Ya no había cole, comenzaba la Navidad como era entonces, cuando aún todos estábamos en casa y la vida parecía que iba a ser segura y feliz siempre. 

22 de diciembre. Día de la Lotería. 


viernes, 5 de diciembre de 2025

Una rebelde

 


Una rebelde desde que llegó a casa. Con la ilusión que la elegimos, con las esperanzas que teníamos en ella cuando la trajeron... Pero estaban instalándola, se enfurruñó y ¡zas! un cortocircuito que tuvieron que dejar a medias todo un largo fin de semana, para traerle otro corazón. ¿¡Cuántas veces no habré pensado que ahí deberíamos habernos echado atrás!? Pero claro. ¿Cómo no darle una oportunidad? Con la de buenas cualidades que se supone traía... ¡Y el dineral que nos había costado! 

Tras días de zozobra, traen la placa nosequé y, venga, vale, somos unos blandos, nos la quedamos. Menudo calvario. Al final, toda su lustro de vida ¡una incorregible! Desde el primer día con su seguro, porque viendo el percal, no te puedes fiar. Y la de veces que les hemos llamado porque nos monta el numerito... "¿Pero qué más quieres, corazón? -le digo en voz bajita poniéndome a su lado.- Te trajimos a una casa decente, limpita, sin apenas ruidos. Con infinito mimo y a menudo te abrimos la válvula para que te entre agüita, llevas todos los chequeos habidos y por haber... ¡¿Que queja tienes?!

Pues nada esta semana volvió a ponerse picajosa y otra vez nos la lio y bien liada. Me levanto y ahí estaba escupiendo agua como si no hubiera un mañana. La casa helada, no mantenía nada dentro... ¡Que solo tienes cinco años! Pero ¡hala! llama otra vez al seguro, casi por favor pidiendo un técnico ¡al que estás pagando todo el santo año! porque claro no hace tanto que vinieron y que no puede ser... ¿Que no, qué? Y cuando al fin viene uno y la mira, y la remira, la limpia, le da el agüita y ¡ya se iba diciendo que no le pasaba nada! Me muero. Pero ¡ay señor, gracias! Porque bendita presión que sube y sube y sube.. ¿Y esto? Vuelve a destaparla, saca el móvil, le pone la linterna bien, bien dentro, y ¡por fin! el mal dio la cara. Al técnico se le iban los ojos de las órbitas. ¡Que en sus 20 años de profesión nunca había visto una avería semejante! ¡Que era raro, raro, rarísimo! ¡Que, vamos, ahora mismo lo ponía en su grupo de guasap para comentarlo a los compis, que era inaudito! Que porque lo había visto si no ni se lo cree. ¡Que suerte, señora, qué suerte!

Criaturita... que no era rebelde que estaba enferma y no daban con su mal... ¡Que nos ha hecho famosos, cari! Que nuestra caldera es única. ¡Que salimos en los grupos de guasap de los técnicos de toda España! ¡Qué día más extraordinario! ¡Ayyyy mi calderita! Ahora ya madura ¿eh? ya toca. 

sábado, 29 de noviembre de 2025

Marina. Noviembre

 



Marina es un pincel, 

es brisa que pinta un escenario, una ciudad, un mundo. 

Marina se cimbrea y es junco. Se ondula y es ola 

serena, plácida, remolona. 

Una ráfaga que se viste de ocre, de emoción.

En esencia es azul el tenue torbellino 

que nos junta y nos revuelve, que viene y va, que se hace esperar.

Marina nos salva de la rutina,

nos regala fresas, nos ofrece risas

y en la orilla de su calma late la danza 

de vivir...

Pues Marina es un pincel, 

un mar de rizos, un ligero viento, una tarde de noviembre 

que crece, 

y crece.




 XI Festival de Danza por la Investigación del Neuroblastoma

Conservatorio Profesional de Danza Carmen Amaya

28 de noviembre de 2025

viernes, 21 de noviembre de 2025

Réquiem


 

Te merecías unas últimas palabras, tú, que guardabas tantas para mí, que me tatuaste todas las que te pedí.  

Sin parecer un ejemplar único, costoso o de marca, con la infinita sencillez de lo realmente valioso, te has deslizado siempre por cuántas superficies te he prestado, de forma tan sutil, que terminabas bailando con la agenda y los post-it una preciosa coreografía que admiré desde la primera letra.

Mi querido plebeyo de sangre azul. 

Has sido el mejor compañero de trabajo que imaginé, nunca te rendiste ante las adversidades laborales, aguantando, sin una queja, tanto mis horas frenéticas como las tediosas. No contento con eso, generoso, has ayudado a mi, cada vez, más frágil memoria con cuántos recados ha querido cargarte. Y además, has recogido al vuelo teléfonos y citas médicas, feas cifras y un sinfín de embriones de historias que, nunca sabremos si llegaron a buen puerto, pero tú me los devolviste azules, prometedores y eternos.

Mi querido boli, mi leal amigo, cuando otros decidieron extraviarse o secarse, tú escribiste mi vida hasta el último aliento de tu tinta.

Te merecías mucho más que unas gracias y un adiós.

Con la íntima certeza de que poco es para tu sacrificio, siento que te echaré tanto de menos que no encontraré ningún otro como tú. Ninguno. Ni que pasen un millón de palabras.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Una bisagra extraordinaria

 


Una bisagra extraordinaria

A mis amigas les gustan las ferreterías. Una pared llenita a rebosar de bisagras, pestillos y mil y un cachivaches más, en una de esas abigarradas ferreterías de viejo, les  hipnotiza. Confieso que no hay nada mas alejado de mí que esos comercios y si me veo en la cruda necesidad de adquirir lo que venden necesito que me expliquen con profusión de detalles, incluso apuntándomelo, cómo es y cómo tengo que pedirlo al dependiente. Ese ni es mi reino ni lo será nunca, aunque mis amigas brillen en él.

Vuelvo a los diez años, y las miro de espaldas esperando su turno en el mostrador para llevarse el botín de una bisagra extraordinaria, y veo todavía a las niñas que conocí cuando teníamos precisamente esa edad y yo acababa de desembarcar en una ciudad, un barrio y un cole con nombre de filósofo que me era tan ajeno que arañaba.

Qué fea mi vida cuando aparecieron con su nombre pegado a dos apellidos con los que las pensaré siempre, pues las aprendí y aprehendí así, a fuerza de escucharlos en la lista que leían en voz alta cada vez que comenzaba una clase. La una vivía en mi calle, unos números más allá y la mañana de Reyes corríamos de casa en casa para ver que nos habían echado sus Majestades. Con la otra me sentaron por charlatana, yo, que no ella, y descubrí a una "rara avis" que sobresalía en cuánto quisiera aprender, y rápido quiso volar.  La enfermera y la artista. Un par de años después llegaría "mi hermana". 

¿Cómo podía saber yo que no dejarían de estar cerca toda mi vida? La mitad del EGB lo estudiamos juntas. Ni el instituto ni la carrera ni los amantes, ni los viajes ni los hijos, ni los trabajos y aficiones nos unieron, pero tampoco lograron separarnos. Nuestro valioso pegamento es antiguo: "Qué remedio, pegamento Imedio". Y lo antiguo, como los sentimientos, ni sabe ni conoce de palabros modernos como la obsolescencia programada. 

Aquellas crías que sigo admirando por su carácter firme y sus dedos hábiles, por su falsa fachada segura y su interior frágil y sensible, se hicieron mis amigas. Y yo no creo en los milagros, salvo en uno, donde casi cincuenta años después, sigamos quedando, como si fuéramos a ensayar la Obertura de los locos de Supertramp, para la "coreo" del festival de fin de curso de un lejano mil novecientos ochenta y pocos.




lunes, 10 de noviembre de 2025

"Javier Díaz Gil: Un hombre fácil de querer". Reseña del último libro de la Tertulia Literaria Rascamán

 


Al hilo de mi entrada anterior os cuento que el último libro en el que he participado junto a mis compañeros de tertulia ha sido uno de los regalos que hemos hecho a nuestro coordinador: Javier Díaz, con motivo del homenaje que le hicimos el pasado 5 de noviembre y que ya os he contado. El título del libro es: "Javier Díaz Gil: Un hombre fácil de querer".

En él hemos participado unos cincuenta autores, compañeros todos de la tertulia Literaria Rascamán. Ha sido un logro y una ilusión reencontrarnos muchos de nosotros para escribir a la vez en este volumen una serie de textos que comparten un mismo tema: Javier. Esa era la razón, la inspiración. Hemos sido dos las prologuistas del libro: la escritora Carmen Padín y yo misma. Tiene ilustraciones de Carmen Padín, y el artista multidisciplinar Juan Calderón. Y todo el libro está salpicado de fotografías de distintas reuniones y momentos compartidos. El editor José Antonio Carmona, poeta y compañero, se ha ocupado de la compilación de textos, la edición del libro y demás quehaceres relacionados con la publicación.

Los autores son poetas y narradores, y podemos encontrar aquí reunidos todo tipo de textos: Relatos, poesías, haikus, memorias, poesía visual, dedicatorias, dibujos... 182 páginas que representan un ramillete de lo que somos y lo que nos une, gracias a nuestro coordinador.

En la portada hay un retrato de Javier Díaz Gil formado por muchas pequeñas imágenes de bastantes miembros de nuestra tertulia que compuso Celia Cañadas, y en la contraportada el principio de la canción que ha compuesto, a partir del Cantinero de Cuba de Mocedades, nuestro compañero Juan Calderón Matador para que la cantáremos como final del homenaje. Portada y contraportada las decidimos entre todos. 

Es un orgullo formar parte de este libro. 

Os quería dejar con el texto de mi prólogo:


PRÓLOGO de Rocío Díaz Gómez

No es que el viaje esté llegando a su fin, que a esta travesía ni le faltan navegantes ni bitácoras, cuánto menos horizonte. Tampoco es porque escaseen los puertos donde amarrar un libro, una presentación o cualquier otra aventura literaria. Sobran endecasílabos y cuentos por abordar. Y mucho menos es porque los aquí reunidos estuvieran ociosos, que esto del escribir, y más siendo Rascamán, es un no parar de textos y fotografías, exposiciones y recitales, más algún otro qué sé yo por inventarse y publicar. 

 Entonces ¿Por qué este libro? Cuando hay tantos y tan diversos por el mundo editorial. ¿Por qué habrías de empezar este libro y no otro? Sí, los de mi especie conocen demasiado bien a los de la tuya, querido lector: ¿Cómo no iba a saber que te lo preguntarías? 

Éste humilde prólogo, como todos los de mi género, está aquí para darte razón de cuánto vas a encontrar en esta cueva de textos que estás a punto de descubrir y para la que no había que buscar ni humildes excusas ni grandes explicaciones. Feli Martínez, veterana de este grupo lo explicó de forma brillante, con cinco certeras palabras, en aquella reunión conspiratoria: 

¿Por qué este libro? “Porque nos da la gana”. 

Y puede ser más larga y rimbombante la respuesta, más medida, correcta y elegante, pero aún a riesgo de parecer soeces o maleducados, lo cierto es que fue ahora, justo ahora, en este verano del 25, cuando llegaron las ganas de buscar un puerto donde reencontrarnos y celebrar palabras que rimen con nuestro viaje. Y mira lector que, sin necesidad de pensar más, ni tamborilear con los dedos como hacía nuestro Aure Cañadas, la primera que nos vino a la cabeza fue la palabra “homenaje”. 

Y sí, no lo negaré, la palabra “garaje”, que tan cerca está de “taller”, esperaba ansiosa por salir en la punta de la lengua. ¿Cómo no habría de estarlo? Si Javier, desde tiempos inmemoriales y a la que te descuidas, te pone el texto “en bancada”, te cambia de orden unos versos, te sugiere que le subrayes este gesto al personaje o termines en el párrafo anterior. ¿A quién no corrigió? Como decía aquel: “El que lo probó lo sabe”. Siempre acecha otro cambio de giro o una rebelde asonancia. A Javier no le asustan ni los poemas ni los relatos, el muy osado se atreve con todo. Y, mientras escucha, con la campanita que le regaló José León al lado, va anotando en su cuaderno cuánto, salomónicamente, dejaría o quitaría. Escribir es corregir. Y ya os digo yo que, después de su atenta escucha, y con esos cambios que sin remedio se le ocurren, el poema o relato crece. 

Y palabras más, palabras menos, entonces ¿Para qué este libro? Porque tras casi treinta años, para que un grupo de nómadas letraheridos, de diversa edad, oficio y beneficio, que responde al sobrenombre de “Rascamán” (no había otro más sonoro y sin sentido) siga reuniéndose todas las semanas, además de una misma pasión, necesitaba a alguien que supiera escuchar. Los “Rascamanes” necesitaban a alguien que fuera paciente, que rezumara, no solo sentido del humor, sino el mismo amor por las palabras que ellos. Y si además ese alguien estudió magisterio, se licenció en Geografía e Historia, tiene la medalla de San Isidoro, y es poeta, necesitaban a un certero francotirador de palabras llamado Javier Díaz Gil.

¿Para qué un homenaje al tal Díaz Gil? ¿Para qué este lío mayúsculo con pinta de libro? Para hacer algo que no puede hacer ninguna inteligencia artificial:  todos a un tiempo, hincar la rodilla en el suelo, agachar la cabeza y dar gracias. 

Gracias por no soltarles de la mano cuando necesitan hacerse notar o ausentarse. Gracias por no mandarles bien lejos cuando los muy cansinos por enésima vez preguntan lo mismo para terminar haciendo lo que las musas les dan a entender. Gracias, sobre todo, por su generosidad a la hora de organizar, regalarles su tiempo, preciado tesoro que nunca sobra, y gracias por su buena disposición para embarcarles en cuánta expedición literaria proceda. 

Y ¡cómo iban ellos a dar las gracias sino escribiendo! Lo ideal hubiera sido un acróstico con la palabra AGRADECIMIENTO, así en mayúsculas, pero eran muchos y diferentes, así que hubo que recurrir al socorrido multiperspectivismo que va impregnando todo este libro con sus distintas voces.

Por tanto este humilde prólogo, solo interrumpió su eterna travesía por las palabras, para anunciar que unos letraheridos escribieron para Javier Díaz Gil. Surcaron poemas, revolvieron el trastero de sus memorias, cazaron cuentos, desempolvaron fotografías y pidieron ayuda a sus recuerdos. Nada era bastante para tanto agradecimiento. 

Y llegado el tiempo de recoger, uno a uno, fueron descargando todo su cargamento entre las páginas que me acompañan y desean ya ser leídas. Así que se acerca el momento de que este prólogo, cascante y deslenguado, se retire, aunque no sin antes prestarte un último consejo:

Hazte un favor, atento lector, adéntrate despacio en esta cueva donde un puñado de ladrones apodados “Rascamanes” dejaron sus mercancías. No toques, no rompas nada, solo lee. Lee, querido lector. Si todos estos escritos, poemas, dedicatorias, relatos, tatuados de letras, han nacido al amor del buen hacer de ese MAESTRO: Javier Díaz Gil, su Alí Babá particular, no pueden ser estos escritos menos valiosos que los famosos tesoros de aquella legendaria cueva.


©Rocío Díaz Gómez