Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

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jueves, 30 de julio de 2026

De Glen Hansard volví a Dublín, a Irlanda, a vivir

 


Hoy me acordé otra vez de Dublín, de Irlanda, de nosotros. 

Mientras me arreglaba para ir a trabajar, la radio emitió la noticia de la muerte de Glen Hansard, el músico y actor ganador de un Oscar por la película ONCE. La película de músicos callejeros que fijó ya Dublín en mi eterna lista de viajes con esa banda sonora de fondo. Hansard tenía 56 años y se mató ayer, 29 de julio, en un accidente con su moto a las afueras de la ciudad. Decía la noticia que su fama como actor no había conseguido alejarle de las calles de Dublín, donde de forma improvisada seguía tocando de vez en cuando como cualquier otro músico callejero. 

Tengo tan reciente mi viaje a Irlanda, a primeros de mes, que he vuelto a verle recorriendo aquellas calles con su compañera de película, Marketa Irglova, cantando juntos y arrastrando aquella aspiradora como si fuera una mascota. Me gustó mucho la peli, y me apenó saber de su muerte a destiempo.

Y de la mano de la pena, acabé naufragando en la nostalgia. Y volví a escuchar a los dos guías locales tan buenos que tuvimos: en Dublín, un uruguayo, y en Belfast, un gallego. Muy buenos los dos, cuánto sabían y de qué forma tan amena nos lo contaban. Y he vuelto a saber que el león de la Metro Goldwyn Mayer nació en el zoo de Dublín en 1919. Y de un león, el guía nos llevó a ver otro, disecado y enorme, que curiosamente tienen asomado a una ventana, asustando a los viandantes. Y recordé aquel árbol y su historia de amor tan "romántica" con un banco de un parque de Dublín. Y recordé el memorial del Hambre que tanto me conmueve, y de ahí, vete tú a saber por qué, salté al momento en el que nos enseñaron cómo era la terapia convulsiva de los electroshock antiguamente

Los pensamientos son pulgas que saltan por tus recuerdos con total impunidad. Se va tejiendo una red por tu memoria, asociando acá y allá, creando ese tejido que ahora te devuelve sensaciones gratas, ahora te impregna de añoranza. Sin embargo, esas asociaciones nos colocan en el mundo, como a una chincheta diminuta, y sobre todo, otorgan sentido a lo que hemos vivido. ¿No creéis?













domingo, 26 de julio de 2026

Primero A de Primero de BUP

 



Veníamos de distintos colegios e incluso de distintas ciudades, pero fuimos a coincidir en aquella clase de un Instituto de barrio. Primero A de Primero de BUP. Si pienso cuántos años han pasado me puede dar, cuánto menos, vértigo. O quizá ya, a estas alturas, hasta me podría dar una subida de tensión, échale. Pero lo cierto es que me da una sonrisa de esas que ni te das cuenta de que te ha salido en la cara. Una curvatura hacia arriba de las comisuras de los labios tan espontánea y tan de dentro que solo puede ser de verdad. Una mancha, que no te ha tatuado el sol sino el tiempo, un tiempo precioso que solo puedes agradecer.

Ahora pienso que cambiarnos en 8º de la EGB del cole al Instituto para estudiar el BUP, nos abrió un abanico de vivencias que nos enriqueció de pronto. El barrio se estiró y acogió más barrios cercanos, la vida se desplegó como un mapa, se multiplicó con compañeros distintos, con otras vidas a las que ya siempre nombraré con nombre y dos apellidos, según las escuchaba en la lista, pero que tenían muchísimo que ofrecernos. En el cole todo era más fácil, era lo conocido, pero también a la larga nos habría encorsetado, sin darnos cuenta se nos había quedado pequeño. 

Las cuatro de la foto en tercero de BUP elegimos matemáticas y latín, y en COU arte y latín. También elegimos el mismo parque para pasar las tardes, después de aprovisionarnos de amigos escogidos del Insti, patatas fritas y y litronas del "Mayorico", en lo que todavía no se llamaba botellón. Elegimos después ir a la acampada de tercero de BUP, el primer viaje que me dejó mi madre ir con amigos. Y al siguiente curso elegimos estar en el viaje de Torre del Mar, después de habernos pasado todo el último curso sentadas en fila india, compartiendo la misma fila de pupitres, al final de aquella clase de COU de la que aún puedo recordar tantas divertidas anécdotas.

Ahora, en este año que cambiamos de década, y no va a ser una década cualquiera, me pregunto cómo lo hemos logrado. Cómo hemos conseguido a pesar de los vaivenes vitales, de los amores y desamores, de los hijos y los padres, de los amantes y amigos con mayor o menor derecho sobre nuestro tiempo y corazón, ¿Cómo hemos conseguido mantenernos cerca? ¿Cómo hemos logrado seguir contándonos nuestras cosas y compartiendo la vida? ¿Cómo? Y solo tengo una certeza: qué suerte he tenido. 

Con las amigas, con los amigos que llegarían antes o después pero dentro de mí siento "de siempre" cuánta suerte he tenido y qué agradecida estoy.


viernes, 3 de julio de 2026

Irlanda en un junio feliz

 

Suenan siempre las gaviotas en Irlanda. 

Y las ves en cualquier lugar, junto a los grajos y los cuervos, sobrevolando prados de tantos verdes que no sabrías ni nombrar. Revoloteando, también, grises ciudades, antiguos puentes y viejas azoteas.

Tantos años ya queriendo recorrer Irlanda. Deseando volver a Dublín. Pasearla despacio, escucharla con atención, redescubrirla en sus librerías y rincones literarios. Presentar de nuevo tus respetos a Wilde y Joyce. Para después, con los deberes hechos, perderte en el alboroto de voces, en la música contagiosa de sus pubs, en la silenciosa y serena tranquilidad de sus paisajes. 

Suenan siempre las gaviotas en Irlanda. 

Revolotean todas a la vez sobre ríos y acantilados, dejándose llevar por el viento, la lluvia, por este travieso clima que cambia cada diez minutos. 

Sentías Irlanda pesar en la mochila de las asignaturas pendientes, y por fin tu destino y esa tierra amable se entrelazaron de nuevo. 

Ahora esta isla inacabable tiñe otra vez las suelas de tus zapatos mientras destiñe fotografías que parecen multiplicarse solas. Déjala, deja que se pose suavemente. Permanecerá para siempre en los nombres propios, ellos saben quiénes son, que te han acompañado a recorrerla devolviéndotela única, hasta que, intacta, se conserve en la memoria de un junio que terminaba feliz. 

Suenan siempre las gaviotas en Irlanda. 

¿No las escuchas?

Andan alborotadas y chillonas. Llevan en el pico el botín de nuestra gratitud. Llevan tantas de nuestras risas...















jueves, 11 de junio de 2026

Así como con-tan-do las baldosas el muy pavo

 




- Palomi, pues no va todo pichi, y se me acerca chuleándose des-pa-cio, así como con-tan-do las baldosas, para decirme que si es noche de "juernes" y muy mal se nos tiene que dar aquí, en los jardines de Cecilio Rodríguez, para que él y yo no tengamos "temita"...

- ¿El pavo aquel?

- Sí, sí, el mismo que le está entrando ahora a la pava del fondo.

- Mujer, apuesto es... 

- Sí, sí, y muy descarado también. Que no acabo de darme la vuelta y ya está pelando la pava con otra...

- Pues si yo fuera de vuestra especie, no te digo yo que...

- Pero Palomi ¡¿Qué dices?! ¡Mira la pavisosa! ¿Pues no ves que estos como te quieren hoy, te dejan en un rato? ¿No lo estás viendo? ¡Que los pavos no son monógamos!

- ¡Ni falta que hace! 

- Hija pues ganas tienes para un rato...

- Es que para toda la eternidad ya tengo a mi aburrido palomo, que nosotros sí que somos serios para nuestras cositas, no como vosotros, perdóname que te diga... 

- ¡Échale guindas al pavo! Sin ofender ¿eh? Que si no lo sé no te digo nada. 

- ¡Anda! Ni que estuvieras tú ahora en la edad del pavo para ofenderte tan pronto... Tú me hiciste un comentario y yo te digo otro...

- Pues ¡hala! ¡Ahuecando el ala paloma! que estos jardines son nuestros y aquí para competencia ya tenemos de sobra. ¿Será posible la jodía paloma que dice que si fuera de nuestra especie le hacía un favor a MI pavo? Pero vamos a ver...  ¡¿A quién entró primero?! ¿Eh? ¿A quien? ¿Será posible? ¡Eh tú! ¡Sí tú Pavo Real! Prenda, ¿Me decías algo de un juernes noche?









viernes, 5 de junio de 2026

Aseos. Más cromos para nuestra colección.

 




Ya me habréis oído decir que no me da la vida para todo lo que quiero hacer. Y así pasa, que con estos ires y venires, trajines y demás "ines" tenemos la colección de "aseos" empantanada. Amoooossss. ¡Pero esto no lo podemos consentir! Nononono. Que donde esté un letrero de aseo ingenioso que se quiten las prisas y los agobios diarios. Desestresan mucho ciertas colecciones, os lo digo yo. Y no os lo voy a explicar. Lo siento. Pero ahora mismo os dejo aquí una serie de aseos que me ha ido enviando mi amigo Xosé desde las mismas Galicias. 

"Hola Ro! Del café Bolivar en Santiago. Algo sexista light, pero bueno, bonitos los patucos son." y a mí que se me pone esa sonrisa tonta de volver a escuchar a Xosé y ver sus "regalitos". "Del café Tertulias en Santiago" y yo que pienso ¡Tengo que volver a Santiago!" Del Restaurante O Cabildo en Santiago. Besos maja!" y a mí me entra una morriña... 

Pero claro la vida es como es, y vamos centrifugados por el mundo entre el trabajo, los horarios, los metros, los imprevistos, las obras y ¡el Papa! 

Y con esta vida tan achuchada una ni pone orden en su vida, ni en sus lecturas, escritos, blog ni ná de ná. Así que mientras encontramos el ratito mágico de disfrutar de la compañía de todos los amigos que viven lejos, que ya hay ganas, pues aquí una servidora se conforma con saber de ellos, aunque estén a un montón de kilómetros, porque ¡oye! ven un aseo curioso y dicen ¡para Rocío! Y yo que me pongo como una gallina clueca sintiendo como cuidan de mis tonterías y lo que es mejor, se acuerdan de una. 

Mil gracias a todos los que vais pensando en mí por los ¡vateres del mundo! Ole por vosotros. ¡Ay madre! nunca pensé que diría esto... 













domingo, 31 de mayo de 2026

Gaudeamus Igitur. La mayor es tierra.

 



La mayor, ya de pequeña, se quedaba pensativa de pronto, ajena al mundo, ensimismada. 

Así la recuerdo y así me gusta reconocerla, descubrirla en ese gesto que ha saltado una generación y conozco desde que nació su padre. Un gesto mínimo, calcado, que ellos ignoran y comparten. 

La mayor es tierra, tierra fértil, tierra porosa, y pisa paso a paso subiendo escalones escalera tras escalera. Se mancha las manos, se embadurna de dudas, pero germina, germina con fuertes raíces y se eleva recta hacia arriba. La mayor es de carne y hueso, seria y cómica a un tiempo, y se despista hasta verse dentro de las cocheras de los autobuses, hasta chocarse y vencer al bolardo de la Uni, hasta olvidarse los calcetines con los que tiene que vestirse tanto de chanclas, como de deportivas. La mayor es un bucle de carcajadas alegrando la noche hasta reírse de sí misma, del mundo. 

La mayor habló muy pronto, muy claro, y leyó casi tan pronto, o más. Después fue aprobando y aprobando y aprobando cada curso con buenas notas mientras nadaba, tocaba el piano, aprendía artes marciales o qué se yo, hasta que, de pronto, subida en unos tacones con los que aterrorizó a sus incrédulos pies escuchaba, seguramente ensimismada, como le cantaban el Gaudeamus Igitur.  

Gaudeamus igitur / iuvenes dum sumus / Post iucundam / iuventutem... 

La mayor ya es enfermera, y después, no os apuréis, Laura será lo que quiera.


A nuestras madres.

Mayo 2026



 








sábado, 23 de mayo de 2026

Ofréceme Lanzarote

 



Si alguna vez no sabes que regalarme, 

ofréceme una isla. 

Una con casas menudas y blancas

como dientes de leche,

una con la piel negra

y dura de la lava de los tiempos,

una que protegen faros tanto de verdad 

como de mentiras. 


Ofréceme esa isla 

donde las veletas enloquecen de amor a sus vientos. 

Donde la espuma y los peces

brincan entre las mareas verdes y azules. 

Una isla de molinos y volcanes. 

De Manrique y Saramago.

La de los museos en castillos, bitácoras y exposiciones.


Si alguna vez no sabes que regalarme, 

acuérdate de esa isla que te cuento, 

la del café leche-leche,

la que se deja pasear de pueblo en pueblo,

la que a mis pies no se le acaba, 

ni a mis ojos, ni a mis ganas.


Y olvídame allí una vez, dos, tres veces

permíteme que aún siga descubriéndola,

que se derroten mis días sobre ella,

que Lanzarote no se me acaba.












viernes, 15 de mayo de 2026

Volver a una ciudad. Huelva

 


A veces hay que volver dos veces a una ciudad para encontrar encantos que la primera vez no existían o simplemente quizá no acertaste a descubrir. 

A veces tienes que pasearla despacio a distintas horas del día, brincando entre laborables y festivos, horarios fijos y horas vacías. Sentarte sin prisa en aquella plaza que se volvió tu preferida por su bullicio y alegría. Descubrir Museos tan desconocidos y, sin embargo, curiosos. Andar y desandar sus calles, las del centro y las de sus dispares barrios hasta hallar el restaurante ideal para comer su rico plato del día, al solecito, con compañeros de mesa con alas y hambre voraz. El "Nomad" que nombre tan oportuno.

A veces la desdicha tiene su envés, y para compensar te convierte en viajera ocasional de un lugar en el que no había demasiada razón para volver y mucho menos hospedarte. Pero hay que estar dos veces en una ciudad para encontrar un apartamento tan especial o momentos tan solamente tuyos que quizá buscándolos no habrías encontrado. Volver dos veces sobre todo para tratar a sus vecinos y tropezar con profesionales que desempeñan su labor de forma tan eficaz y agradable. Y raro sería volver a coincidir con ellos, pero dejaron en ti tal huella de su atento trato aquel médico, aquellos camareros o aquella librera que ya siempre permanecerán enlazados a esta ciudad.

La vida te regala días buscados y días encontrados.

Y tanto en unos como en otros hallarás riqueza. 













domingo, 10 de mayo de 2026

Mi Ángel de la Guarda

 


En cuánto llamo llega corriendo, me recorta el nombre hasta dejarlo en la primera sílaba y me lo grita en la distancia, abrazando no solo a mi soledad, sino a todo cuánto soy hasta que me río rindiéndome a su bulla.

Me invita a su coche como a una Miss Daisy recién llegada de la Capital, me pasea por su ciudad de provincias queriéndomela enseñar del todo, y yo pliego el tiempo como a un acordeón de papel y vida porque otra vez somos los de hace dos años, los de hace más de treinta, pues tenemos la virtud de hacer papiroflexia con los calendarios. 

Después palabreamos de él, de mí, de todos y todo. Reescribimos la vida desde la última vez que estuvimos juntos hasta que la dejamos al día. ¿Te acuerdas de cuando...? Y sumamos lo que importa y restamos lo que ya pasó, lo que levantó el vuelo, hasta dejar las cuentas limpias, hasta palabrear el mundo entero. Y volvemos a estar juntos. 

Y subida a sus frases y su acento, mi Ángel de la Guarda me lleva a su país, ese donde si un niño no tiene un brazo, siempre habrá otro que chille: "¡Eh manco!" sin doble intención, desdén, ni acritud ninguna. Así crecerá el chavalín sin brazo, perdiendo el nombre de pila, haciéndose mayor dentro del mote. "No m`hija... ¿Qué iba a decir...? ¡Si era manco!" Y me deja muda su gramática parda, pero mi amigo conserva su esencia y así cuenta, así recuerda, dibujándome con sus palabras un país donde la máxima preocupación era, es y será resolver, sobrevivir, no perder el tiempo discutiendo de palabras. 

Cómo, cuánto, cambia una ciudad si él está cerca.

Mi compañero del único viaje que importa, mi cubano loco, mi descarado con las miradas y las confidencias, mi amigo querido y generoso en las buenas y las malas, en cuánto llamo aparca resolver su vida para resolver la mía. Y eso ¿Eso cómo se agradece?




lunes, 4 de mayo de 2026

De gasolineras y vidas

 



De las gasolineras parece que solo saben los que se peinan en un retrovisor. Los que comen frente a una enorme rueda. Aquellos cuya piel no guarda más aroma que el intenso de la gasolina. 

Pero miles de vidas se cruzan bajo los letreros de las excelencias de la estación de servicio. Mientras el precio del combustible está al nivel de las nubes, nuestras existencias se mueven a ras del asfalto.

Cada vehículo acarrea, al menos, una vida. Cada vida desplaza su historia sobre cuatro ruedas. Cuando se detiene para estirar las piernas, la saca al sol, la airea, sigue con ella o la deja allí olvidada. 

Miles de historias abandonadas aún palpitan en las estaciones de servicio de las carreteras. Algunas se perdieron solas, a otras y adrede, las  despistaron allí.

Si necesitas otra historia pásate, quizá te cuadre llevarte alguna. ¿Qué puedes perder? Pruébatela, mira si te queda bien de mangas, de hombros, si es del tejido vital que tu alma necesita.

Del turismo de las gasolineras parece que solo saben los que se peinan en un retrovisor, pero también saben los que necesitan cambiar de vida. 











miércoles, 1 de abril de 2026

1 de abril

 


Como cada día laboral, cuando he salido del metro en Plaza de España he rebuscado en el bolso mis auriculares para ponerme alguna canción o un podcast. Sin embargo, el piar de los pájaros se ha hecho hueco entre el abono transportes y las gafas, como una pertenencia más, y me he obligado durante todo el trayecto peatonal, desde el metro hasta el Viaducto, a escuchar la música de Madrid. 

Cierto es que hoy es especial, miércoles anterior a los días de Semana Santa y, aunque por esa zona siempre hay movimiento, se notaba mucho menos afluencia. Bajo el canto de las aves, se ha alzado el top, top, top rítmico de las pisadas de un corredor, me ha recordado aquel título que siempre me ha gustado: "La soledad del corredor de fondo". Retazos de la conversación que llevaban dos operarios de la limpieza, vestidos con ese uniforme estridente que les hacen ponerse, se han hecho audibles. Hasta que el sonido del agua de la manguera que todas las mañanas limpia la explanada del Palacio Real, ha pedido la vez. Y a la zaga el motor del camión del surtidor le ha seguido. Menos mal que me he cruzado con una madre y dos niños pequeños, y la palabra "aventura" a horcajadas sobre una sonrisa se me ha colado dentro. 

Pasé la farola republicana que alguien olvidó en una esquina del Palacio, y me vino a la cabeza ese pasaje del libro "14 de abril" de Paco Cerdá, cuando contaba el último día de los Reyes, la tristeza de Victoria Eugenia en contraste con el jolgorio de fuera. En la esquina del semáforo de la Almudena está siempre ese chico pidiendo que tiene las piernas fatal, llueva o no, nunca falta. Es su trabajo. El viento tan fresco de este primero de abril mueve las ramas de los árboles que se alzan sobre mis rizos. Y al tiempo que atravieso el aparcamiento de la Cuesta de la Vega, y observo que hay muchos menos coches, paradójicamente mi vista alcanza la Cuesta de los Ciegos. Más abajo en la calle Segovia la algarabía de un grupo de adolescentes con maletas decide que vuelva a mis auriculares. 

Pero elijo la canción "Sentir" de Luz Casal. Me encanta. 

Comienza abril. Que poquito queda para tener cuatro días enteros y verdaderos.