Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

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jueves, 11 de junio de 2026

Así como con-tan-do las baldosas el muy pavo

 




- Palomi, pues no va todo pichi, y se me acerca chuleándose des-pa-cio, así como con-tan-do las baldosas, para decirme que si es noche de "juernes" y muy mal se nos tiene que dar aquí, en los jardines de Cecilio Rodríguez, para que él y yo no tengamos "temita"...

- ¿El pavo aquel?

- Sí, sí, el mismo que le está entrando ahora a la pava del fondo.

- Mujer, apuesto es... 

- Sí, sí, y muy descarado también. Que no acabo de darme la vuelta y ya está pelando la pava con otra...

- Pues si yo fuera de vuestra especie, no te digo yo que...

- Pero Palomi ¡¿Qué dices?! ¡Mira la pavisosa! ¿Pues no ves que estos como te quieren hoy, te dejan en un rato? ¿No lo estás viendo? ¡Que los pavos no son monógamos!

- ¡Ni falta que hace! 

- Hija pues ganas tienes para un rato...

- Es que para toda la eternidad ya tengo a mi aburrido palomo, que nosotros sí que somos serios para nuestras cositas, no como vosotros, perdóname que te diga... 

- ¡Échale guindas al pavo! Sin ofender ¿eh? Que si no lo sé no te digo nada. 

- ¡Anda! Ni que estuvieras tú ahora en la edad del pavo para ofenderte tan pronto... Tú me hiciste un comentario y yo te digo otro...

- Pues ¡hala! ¡Ahuecando el ala paloma! que estos jardines son nuestros y aquí para competencia ya tenemos de sobra. ¿Será posible la jodía paloma que dice que si fuera de nuestra especie le hacía un favor a MI pavo? Pero vamos a ver...  ¡¿A quién entró primero?! ¿Eh? ¿A quien? ¿Será posible? ¡Eh tú! ¡Sí tú Pavo Real! Prenda, ¿Me decías algo de un juernes noche?









viernes, 5 de junio de 2026

Aseos. Más cromos para nuestra colección.

 




Ya me habréis oído decir que no me da la vida para todo lo que quiero hacer. Y así pasa, que con estos ires y venires, trajines y demás "ines" tenemos la colección de "aseos" empantanada. Amoooossss. ¡Pero esto no lo podemos consentir! Nononono. Que donde esté un letrero de aseo ingenioso que se quiten las prisas y los agobios diarios. Desestresan mucho ciertas colecciones, os lo digo yo. Y no os lo voy a explicar. Lo siento. Pero ahora mismo os dejo aquí una serie de aseos que me ha ido enviando mi amigo Xosé desde las mismas Galicias. 

"Hola Ro! Del café Bolivar en Santiago. Algo sexista light, pero bueno, bonitos los patucos son." y a mí que se me pone esa sonrisa tonta de volver a escuchar a Xosé y ver sus "regalitos". "Del café Tertulias en Santiago" y yo que pienso ¡Tengo que volver a Santiago!" Del Restaurante O Cabildo en Santiago. Besos maja!" y a mí me entra una morriña... 

Pero claro la vida es como es, y vamos centrifugados por el mundo entre el trabajo, los horarios, los metros, los imprevistos, las obras y ¡el Papa! 

Y con esta vida tan achuchada una ni pone orden en su vida, ni en sus lecturas, escritos, blog ni ná de ná. Así que mientras encontramos el ratito mágico de disfrutar de la compañía de todos los amigos que viven lejos, que ya hay ganas, pues aquí una servidora se conforma con saber de ellos, aunque estén a un montón de kilómetros, porque ¡oye! ven un aseo curioso y dicen ¡para Rocío! Y yo que me pongo como una gallina clueca sintiendo como cuidan de mis tonterías y lo que es mejor, se acuerdan de una. 

Mil gracias a todos los que vais pensando en mí por los ¡vateres del mundo! Ole por vosotros. ¡Ay madre! nunca pensé que diría esto... 













domingo, 31 de mayo de 2026

Gaudeamus Igitur. La mayor es tierra.

 



La mayor, ya de pequeña, se quedaba pensativa de pronto, ajena al mundo, ensimismada. 

Así la recuerdo y así me gusta reconocerla, descubrirla en ese gesto que ha saltado una generación y conozco desde que nació su padre. Un gesto mínimo, calcado, que ellos ignoran y comparten. 

La mayor es tierra, tierra fértil, tierra porosa, y pisa paso a paso subiendo escalones escalera tras escalera. Se mancha las manos, se embadurna de dudas, pero germina, germina con fuertes raíces y se eleva recta hacia arriba. La mayor es de carne y hueso, seria y cómica a un tiempo, y se despista hasta verse dentro de las cocheras de los autobuses, hasta chocarse y vencer al bolardo de la Uni, hasta olvidarse los calcetines con los que tiene que vestirse tanto de chanclas, como de deportivas. La mayor es un bucle de carcajadas alegrando la noche hasta reírse de sí misma, del mundo. 

La mayor habló muy pronto, muy claro, y leyó casi tan pronto, o más. Después fue aprobando y aprobando y aprobando cada curso con buenas notas mientras nadaba, tocaba el piano, aprendía artes marciales o qué se yo, hasta que, de pronto, subida en unos tacones con los que aterrorizó a sus incrédulos pies escuchaba, seguramente ensimismada, como le cantaban el Gaudeamus Igitur.  

Gaudeamus igitur / iuvenes dum sumus / Post iucundam / iuventutem... 

La mayor ya es enfermera, y después, no os apuréis, Laura será lo que quiera.


A nuestras madres.

Mayo 2026



 








sábado, 23 de mayo de 2026

Ofréceme Lanzarote

 



Si alguna vez no sabes que regalarme, 

ofréceme una isla. 

Una con casas menudas y blancas

como dientes de leche,

una con la piel negra

y dura de la lava de los tiempos,

una que protegen faros tanto de verdad 

como de mentiras. 


Ofréceme esa isla 

donde las veletas enloquecen de amor a sus vientos. 

Donde la espuma y los peces

brincan entre las mareas verdes y azules. 

Una isla de molinos y volcanes. 

De Manrique y Saramago.

La de los museos en castillos, bitácoras y exposiciones.


Si alguna vez no sabes que regalarme, 

acuérdate de esa isla que te cuento, 

la del café leche-leche,

la que se deja pasear de pueblo en pueblo,

la que a mis pies no se le acaba, 

ni a mis ojos, ni a mis ganas.


Y olvídame allí una vez, dos, tres veces

permíteme que aún siga descubriéndola,

que se derroten mis días sobre ella,

que Lanzarote no se me acaba.












viernes, 15 de mayo de 2026

Volver a una ciudad. Huelva

 


A veces hay que volver dos veces a una ciudad para encontrar encantos que la primera vez no existían o simplemente quizá no acertaste a descubrir. 

A veces tienes que pasearla despacio a distintas horas del día, brincando entre laborables y festivos, horarios fijos y horas vacías. Sentarte sin prisa en aquella plaza que se volvió tu preferida por su bullicio y alegría. Descubrir Museos tan desconocidos y, sin embargo, curiosos. Andar y desandar sus calles, las del centro y las de sus dispares barrios hasta hallar el restaurante ideal para comer su rico plato del día, al solecito, con compañeros de mesa con alas y hambre voraz. El "Nomad" que nombre tan oportuno.

A veces la desdicha tiene su envés, y para compensar te convierte en viajera ocasional de un lugar en el que no había demasiada razón para volver y mucho menos hospedarte. Pero hay que estar dos veces en una ciudad para encontrar un apartamento tan especial o momentos tan solamente tuyos que quizá buscándolos no habrías encontrado. Volver dos veces sobre todo para tratar a sus vecinos y tropezar con profesionales que desempeñan su labor de forma tan eficaz y agradable. Y raro sería volver a coincidir con ellos, pero dejaron en ti tal huella de su atento trato aquel médico, aquellos camareros o aquella librera que ya siempre permanecerán enlazados a esta ciudad.

La vida te regala días buscados y días encontrados.

Y tanto en unos como en otros hallarás riqueza. 













domingo, 10 de mayo de 2026

Mi Ángel de la Guarda

 


En cuánto llamo llega corriendo, me recorta el nombre hasta dejarlo en la primera sílaba y me lo grita en la distancia, abrazando no solo a mi soledad, sino a todo cuánto soy hasta que me río rindiéndome a su bulla.

Me invita a su coche como a una Miss Daisy recién llegada de la Capital, me pasea por su ciudad de provincias queriéndomela enseñar del todo, y yo pliego el tiempo como a un acordeón de papel y vida porque otra vez somos los de hace dos años, los de hace más de treinta, pues tenemos la virtud de hacer papiroflexia con los calendarios. 

Después palabreamos de él, de mí, de todos y todo. Reescribimos la vida desde la última vez que estuvimos juntos hasta que la dejamos al día. ¿Te acuerdas de cuando...? Y sumamos lo que importa y restamos lo que ya pasó, lo que levantó el vuelo, hasta dejar las cuentas limpias, hasta palabrear el mundo entero. Y volvemos a estar juntos. 

Y subida a sus frases y su acento, mi Ángel de la Guarda me lleva a su país, ese donde si un niño no tiene un brazo, siempre habrá otro que chille: "¡Eh manco!" sin doble intención, desdén, ni acritud ninguna. Así crecerá el chavalín sin brazo, perdiendo el nombre de pila, haciéndose mayor dentro del mote. "No m`hija... ¿Qué iba a decir...? ¡Si era manco!" Y me deja muda su gramática parda, pero mi amigo conserva su esencia y así cuenta, así recuerda, dibujándome con sus palabras un país donde la máxima preocupación era, es y será resolver, sobrevivir, no perder el tiempo discutiendo de palabras. 

Cómo, cuánto, cambia una ciudad si él está cerca.

Mi compañero del único viaje que importa, mi cubano loco, mi descarado con las miradas y las confidencias, mi amigo querido y generoso en las buenas y las malas, en cuánto llamo aparca resolver su vida para resolver la mía. Y eso ¿Eso cómo se agradece?




lunes, 4 de mayo de 2026

De gasolineras y vidas

 



De las gasolineras parece que solo saben los que se peinan en un retrovisor. Los que comen frente a una enorme rueda. Aquellos cuya piel no guarda más aroma que el intenso de la gasolina. 

Pero miles de vidas se cruzan bajo los letreros de las excelencias de la estación de servicio. Mientras el precio del combustible está al nivel de las nubes, nuestras existencias se mueven a ras del asfalto.

Cada vehículo acarrea, al menos, una vida. Cada vida desplaza su historia sobre cuatro ruedas. Cuando se detiene para estirar las piernas, la saca al sol, la airea, sigue con ella o la deja allí olvidada. 

Miles de historias abandonadas aún palpitan en las estaciones de servicio de las carreteras. Algunas se perdieron solas, a otras y adrede, las  despistaron allí.

Si necesitas otra historia pásate, quizá te cuadre llevarte alguna. ¿Qué puedes perder? Pruébatela, mira si te queda bien de mangas, de hombros, si es del tejido vital que tu alma necesita.

Del turismo de las gasolineras parece que solo saben los que se peinan en un retrovisor, pero también saben los que necesitan cambiar de vida. 











miércoles, 1 de abril de 2026

1 de abril

 


Como cada día laboral, cuando he salido del metro en Plaza de España he rebuscado en el bolso mis auriculares para ponerme alguna canción o un podcast. Sin embargo, el piar de los pájaros se ha hecho hueco entre el abono transportes y las gafas, como una pertenencia más, y me he obligado durante todo el trayecto peatonal, desde el metro hasta el Viaducto, a escuchar la música de Madrid. 

Cierto es que hoy es especial, miércoles anterior a los días de Semana Santa y, aunque por esa zona siempre hay movimiento, se notaba mucho menos afluencia. Bajo el canto de las aves, se ha alzado el top, top, top rítmico de las pisadas de un corredor, me ha recordado aquel título que siempre me ha gustado: "La soledad del corredor de fondo". Retazos de la conversación que llevaban dos operarios de la limpieza, vestidos con ese uniforme estridente que les hacen ponerse, se han hecho audibles. Hasta que el sonido del agua de la manguera que todas las mañanas limpia la explanada del Palacio Real, ha pedido la vez. Y a la zaga el motor del camión del surtidor le ha seguido. Menos mal que me he cruzado con una madre y dos niños pequeños, y la palabra "aventura" a horcajadas sobre una sonrisa se me ha colado dentro. 

Pasé la farola republicana que alguien olvidó en una esquina del Palacio, y me vino a la cabeza ese pasaje del libro "14 de abril" de Paco Cerdá, cuando contaba el último día de los Reyes, la tristeza de Victoria Eugenia en contraste con el jolgorio de fuera. En la esquina del semáforo de la Almudena está siempre ese chico pidiendo que tiene las piernas fatal, llueva o no, nunca falta. Es su trabajo. El viento tan fresco de este primero de abril mueve las ramas de los árboles que se alzan sobre mis rizos. Y al tiempo que atravieso el aparcamiento de la Cuesta de la Vega, y observo que hay muchos menos coches, paradójicamente mi vista alcanza la Cuesta de los Ciegos. Más abajo en la calle Segovia la algarabía de un grupo de adolescentes con maletas decide que vuelva a mis auriculares. 

Pero elijo la canción "Sentir" de Luz Casal. Me encanta. 

Comienza abril. Que poquito queda para tener cuatro días enteros y verdaderos. 







domingo, 22 de marzo de 2026

Consuelo. Música. Vida.

 


Tienes dos vidas, como todos. La que está de tu nariz hacia fuera y la de dentro.

La vida de fuera es impredecible, puede dar una vuelta de campana en un segundo y dejar a tu vida de dentro a la intemperie. Sin avisar y sin remedio. Quedarás tan noqueado que a lo único que acertarás es a preguntarte: ¿Por qué van a comprar, esperan el autobús, se ríen a carcajadas si yo me siento morir? Ah, solo es la vida, te contestarán. O un tango, que decía mi madre, la vida es un tango que hay que aprender a bailar. Y, aunque no termines de explicarte por qué viró de pronto el rumbo, tendrás que achicar agua para dar un paso y luego otro y otro . Vivir. 

Sin embargo, están esos pequeños placeres que descubrirás cuánto consuelan: una conversación, un mensaje de móvil a tiempo. Un café caliente o una suave canción tras la que puedas escapar, solo con tararearla.  

La música es un buen cobijo. Te transporta lejos de la realidad, te acuna, te calma. Y siempre trae alegría. Porque nunca vas a saber detrás de que esquina se esconde el Coco hasta que te asusta, no desdeñes la importancia de una broma tonta que te arranque una sonrisa, permítete el gusto de mojarla en dos tazas humeantes, disfruta del tiempo compartido, de la música de los insignificantes detalles. 

Bienvenidas sean todas las pequeñas alegrías, los diminutos placeres, en este mundo frágil. 

El grupo se llama Montonera Social Band, creo. No te los pierdas. Nunca te sanarán del todo, pero van curando. 

Manzanares. Marzo 26.








sábado, 21 de marzo de 2026

21 de marzo. Día de la Poesía

 



Se supone que Perséfone, la diosa griega de la agricultura y la vegetación, ya está en la tierra, porque su marido Hades, el Rey del Inframundo, después de secuestrarla por amor y llevarla hasta su mundo oscuro, le deja subir seis meses al año tras llegar a este acuerdo con Démeter, la madre de Perséfone. Se supone que Perséfone ya está entre nosotros y la vida ha florecido, cierto es, y nos ha traído la primavera. Pero, como el tiempo es atolondrado y nos suele dar esquinazo a su capricho, hoy amaneció un día gris y frío, al menos en Madrid. 

Se supone, también, que hoy es el día de la Poesía. Y como yo he crecido literariamente entre tantos poetas que me han regalado su sensibilidad y su profundidad, para que brille un poco más este día gris y de paso celebrarlo, quería regalaros tres poemas especiales.

Dos son de los poetas que considero mis maestros en esto del escribir porque me han corregido y animado siempre a traducir en palabras las historias que se agolpaban en las yemas de mis dedos. Mi querido Aureliano Cañadas que nos dejó en la navidad del 2024, y mi querido Javier Díaz, que miércoles a miércoles, sigue enseñándome a domesticar las frases y a equilibrar los textos. Son dos poemas de desamor que a mí siempre me han calado mucho y que, espero, os lleguen también dentro a vosotros.

Y perdonadme, pero no podía dejar de traeros uno de mis poemas favoritos de siempre, el soneto de Lope de Vega sobre el amor. ¿Cómo se puede describir de forma tan certera ese sentimiento? 


PESCADO

Y me enganchó la boca

con el terrible anzuelo de su boca,

me arrastró hasta la luz del sol, el aire,

y me dejó morir sobre la arena,

                                                  despacito. 


Aureliano Cañadas. Poeta. (Almería 1936 - Madrid 2024)


PARA QUE MIREN AL MAR

Hemos cambiado las ventanas

para que miren al mar,

las paredes las hemos pintado

de sal y hay peces

nadando en la bañera.


Pero aún

tiene esta casa

voluntad de barco 

y de naufragio. 


Javier Díaz Gil. Poeta. (Madrid 1964)




Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega. Soneto 12

domingo, 8 de marzo de 2026

La pastelería Colomer

 



Cuando era pequeña vivía en un pueblo de Barcelona. 

A mi madre le gustaba la repostería y, a menudo, para desayunar nos hacía rosquillas, bizcochos y demás dulces caseros, si se estaba acabando ya la caja de galletas Príncipe, que, al por mayor, comprábamos, o los dulces de la fábrica de Bimbo. Pero cuando, por lo que fuera, no había nada rico para llevarme al recreo de mi Colegio de Monjas ,me dejaba ir a la Pastelería de Tomás, un amigo de mi hermano mayor a comprarme algo. 

Vivíamos en un bloque muy delgado que sobresalía del resto de la hilera de casas. Nosotros ocupábamos el segundo piso. Cuando yo ya estaba en la acera, mi madre salía al balcón para mirar a un lado y a otro, esquivando los árboles, si venía algún coche y me gritaba desde arriba: ¡Ahora!. Y yo corría como una flecha hasta la pastelería Colomer, situada unos poquitos números más arriba y en la otra acera. Allí vendían unos cruasanes crujientes y dulces que me encantaban y, siempre con una sonrisa, me lo envolvía la madre de Tomás para llevármelo. Cuando salía de la pastelería, con mi botín, mi madre todavía estaba en el balcón esperándome para volver a gritarme: "¡Ahora!" Y yo volvía a correr para alcanzar, de nuevo, mi acera donde tres o cuatro manzanas más arriba estaba el cole. Le decía a mi madre adiós con la mano y ella me tiraba un beso: ¡Ten mucho cuidadito!

Nuestra calle se llamaba "Generalísimo", pero al poco tiempo lo cambiaron por "Joan Prim". Sin embargo, no llevaría más de un año, si acaso, con aquel nuevo nombre cuando tuvimos que mudarnos y allí quedó mi acera, mi cole, la Plaza de la Montaña donde me columpiaba mientras mis hermanos jugaban al futbol, la pastelería de Tomás, y mi infancia.

¡Cuánto habremos añorado aquella geografía! Nunca más volvimos a tener un pueblo, en Madrid solo había barrios que no tenían nada que ver con el lugar de dónde veníamos.

Una semana atrás, nos dijo mi hermano que un Tomás pastelero, que siguió los pasos familiares, cierra la pastelería Colomer. Se jubila. Algo imperceptible, muy íntimo, pellizcó mi interior y me envolvió de pronto el aroma de aquel lugar. Aquella niña que no tenía ni diez años, vestida con falda gris a tablas y jersey azul marino de pico, todavía se columpia bien, bien alto, en la Plaza de la Montaña. ¿Dónde irá ahora a por su dulce cruasán?



sábado, 7 de marzo de 2026

Sábado por la mañana

 



Acabo de poner al fuego, al fuego lento de mamá, un puré de verduras. Me apetece algo de puchero, llego destemplada. Más que destemplada, mataíta vengo de la compra, con la mochila llena de botellas de leche a la espalda y una bolsa en cada hombro que pesaban lo suyo y más. ¡Por favor que los huevos no sufran! Debería hacer las paces con el carrito de la compra. Debería.

Mientras se sofríe la cebolla, pico en pedacitos la zanahoria, los calabacines... Y en el guasap mantengo una larga conversación sobre libros con "El trío Lalalá". "Pues a mí me gustó mucho ese y ya tengo en la fila larguísima el siguiente libro de la autora..." "Yo anoche me termine el de... y ahora no sé cual empezar..." Nos quitamos la palabra para contar y reseñar, aconsejar y elegir. 

Tengo que aspirar el suelo sí o sí, pienso mientras elijo algunos puerros. "Los que van a morir te saludan" me dicen en un triste susurro nada más verse en mi mano, como me dijo aquel personaje de mi cuento que tantas alegrías me dio. Antes de irme al concierto debería escribir un poco, pienso, pero no me va a dar tiempo... Mucho quiero yo hacer. Qué raro...

Me encantan los findes llenos de buenos planes, pero si fueran de tres días serían perfectos. El tercero sería el de escribir. Aunque seguramente entonces dudaría de cuanto tiempo dedico de ese día adicional al relato de turno y cuánto al blog. Necesitaría la sabiduría del Rey Salomón. Son dos formas distintas de escribir, de contar. Y él me indicaría de quién soy "la madre verdadera".

El puré hace chup chup, por la casa se escapa su aroma detrás de mí. ¡Venga! Ahora deprisa a rematar el zafarrancho, me digo limpiándome las manos, a ver si consigo después escribir. 

El ritmo lento de lo cotidiano me acuna, me cobija. 

Huele a limpio, a comida casera, a planes cocinándose despacio, huele a sábado por la mañana. 


domingo, 1 de marzo de 2026

Se va febrero y desde este marzo que comienza...

 


Arranco de mi calendario la hoja de febrero y sin querer me fijo en todos los apuntes manuscritos que tenía tatuados. Lo primero que pienso es cuánto abusé de esta pobre memoria mía en mis épocas de estudiante. Y es ahora, que a veces me flaquea y me susurra: ¡Anda escríbelo no vaya a ser que se me pase recordártelo! Siempre fue la mejor compinche, así que no se lo tengo en cuenta y escribo mis notitas para que sus malos días no nos dejen olvidarnos.

Lo segundo que pienso es que, aún teniendo menos días este febrero ¡vaya si me ha cundido en tantos aspectos! Me puse al día en importantes revisiones médicas y además me regalé conciertos, comidas de distintos grupos de amigos, festivales de Baile, reuniones familiares, cines... Llené febrero de citas escritas, y otras, no escritas, pero imposible de olvidar. Todas están ya en mí, y ahí se me quedan muy dentro, formando parte de la que seré desde este marzo que comienza.  

Pero sobre todo me fijo en la frase que llevaba la hoja de ese mes: "No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero" de María Zambrano. Y siento que se ha cumplido a la perfección.

Se cumplieron todas las posibilidades que había de que mi vida no fuera solo trabajar, ganarse la vida, y me prestó la oportunidad de Llenarla, así con mayúsculas. Salpicarla de clases varias que le dieron un contenido que afianza mis pasos. Al mismo tiempo que, también, me la devolvieron liviana todos esos planes que me alimentaron: escribir, música, cine, baile, y, sobre todo, estar, vivirla, con personas que quiero por diferentes motivos. 

No solo ha sido un mes de febrero real sino verdadero, muy verdadero. Y sonrío. 

Marzo comienza y vamos a estrujarlo hasta sacarle la última gota de zumo.

 

viernes, 27 de febrero de 2026

Confía en mí. Murales de Calabria

 



Confía en mí. 

No contaré de tus secretos, 

ni tus sabios dedos.

Y los pasos que das sin mí.

aún menos los contaré.


Confía en mí.

Solo cuento 

cuántos cuentos invento.

Y de todos,

solo el corazón es cierto. 









Los murales son de Altomonte, en Calabría, septiembre 2025.