Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

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domingo, 11 de enero de 2026

Domingos por la tarde

 



Los domingos por la tarde mi casa se puebla de seres, que tengo por míos, reclamando el tiempo que les prometí y les debo. 

Mis plantas agitan sus ramitas desde el patio saludándome (sus hojas perdieron la batalla) quieren que salga y les haga el poquito de caso que siempre les escatimo. Mis libros quieren verse ya en el ebook, acompañados del resto de sus congéneres, esperando pacientemente su turno de lectura, deseosos de que los adelante en la eterna fila, ansiosos por ser devorados y demostrarme que merecían la pena. Mis fotos quieren ser rescatadas de la cámara y el móvil, quieren verse en un álbum, ordenadas según fueron robando instantes preciosos a mi vida. Mi blog me mira con las comisuras de su título caídas, queriéndome dar pena para que lo retome. Y los relatos... los tristes relatos lloran letras, las lloran despacio y sin voz, pero con tanto sentimiento que, estirando sus frases para que les coja, me ruegan una historia que los otorgue sentido y los complete.

Los domingos por la tarde mi casa entera reclama tiempo en los seres que me habitan.

Me miran desde el patio y desde el ordenador, desde el móvil y la cámara, desde todas las páginas en blanco del mundo. Todos mueven sus piececitos a la vez dando toques al suelo, mostrando su impaciencia, reclamando su espacio, metiéndome prisa. 

Y yo, yo no sé a quién acunar primero, no lo sé. No me alcanza la vida.

Pero me quedo aquí con ellos para que, al menos, no se sientan solos, para que sepan que los quiero, aunque no pueda atenderlos como necesitarían y merecen, yo los quiero.


miércoles, 7 de enero de 2026

7 de enero

 


La farola le ha pedido al dios de Unión Fenosa que no le deje llorar. Desde que amaneció el 7 de enero siente, en su moderna y encogida luz led, la inminente separación. Pero ella cumple lustros, es recia y estirada, fuerte y urbana, no debe llorar. "Será el rocío" contestará a quién pregunte. Las diminutas luces navideñas que colgaron en el árbol cercano, las pizpiretas e intrusas lucecitas de colores a las que tenía tanta tirria a principios de diciembre, lograron con su alegría e inocencia robarle la voluntad. "Maldita sea, gime su corazón de acero, si las voy a añorar y todo..."

El 7 de enero la pompa mágica de la navidad empieza a ser tan grande que está a punto de estallar y deshacerse. Es un día de transición y devoluciones. Le doy el ticket de la ilusión y usted me da el pijama de mi talla correcta. El 7 de enero es el día de las personas prácticas.

San José está encantado de que le devuelvan a la caja con su María querida. Le aturde tanto jolgorio y villancico. Prefiere sus días íntimos, guardados en el trastero, con Jesusito jugando con el papel de bolas que les protege. Recoger el belén es recoger la ilusión. 

Cada Navidad transita en un acierto de luces, cartas y regalos. Cada Navidad es un atentado contra los solitarios. El buey del portal bien, lo que se dice bien, solo no se lame, necesita su mula o a otro buey, que los tiempos cambian. Señora Pereza ¿Me ayudaría usted a recoger todos los adornos? No me lo ponga más difícil... 

La intemperie de los días iguales asoma en el calendario. ¿Sobrevivirán las flores de pascua? ¿Sobreviviremos a otro rutinario año los pobres tontos a quienes nos gusta la Navidad?




sábado, 3 de enero de 2026

1, 2, 3 de enero... Puro revoltijo

 


Los primeros días del año son puro revoltijo. 

Un desorden de caras y voces, de comidas y caldos, de guasap y felicitaciones.

Cuesta encontrarse a uno mismo. 

Me he reunido con "mis familias", la propia y las más cercanas, he estado muy acompañada, eso le gusta a mi corazón. Mi alma terminó satisfecha el libro que estaba leyendo cuando acababa el año, el "Afanes sin provecho" de Lorenzo Silva, casi tengo terminada la reseña. Tras las cenas, mis oídos se entretuvieron con el juego de los "Hits" musicales y brincaron de año en año y de canción en canción, entre sonrisas. Y mis ojos, como marca nuestra propia tradición, fueron al teatro. El 1 de enero la vida es puro teatro. Un reto elegir obra para ese día, demasiados condicionantes. Aunque lo cierto es que se dio bien la tarde, aparcamos fácil, encontramos mesa fácil para merendar y la obra que elegimos... Le daré más pensadas. 

Los primeros días del año son puro revoltijo. 

Un desorden de horarios y sueño, un barullo de salidas y tiendas, un alboroto de cartas, de amigos invisibles, de papeles de regalo. 

Mis paquetes, desde sus bolsas, me ruegan con etiquetas lastimeras que los envuelva de sorpresa, que les ponga nombre de pila, que los prepare bonitos. Pero, cansada de los trajines de ser paje, solo acierto a pensar lo difícil que es encontrar la Mirra. 

¡Ay! Los primeros días del año... puro revoltijo. Pero los disfruto tanto que, en apenas cuatro días, los echaré mucho de menos.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Muchas gracias. ¡Feliz nochevieja y año nuevo!

 


Muchas gracias a todos los que me habéis leído. 

Muchas gracias también a los que, después de leerme, me habéis dejado algún comentario o señal de vuestra atención.

Muchas gracias a los que no dejáis huella pero luego un día cualquiera me decís "¡Que yo te sigo!" y, por supuesto, muchas gracias a los que estáis, aunque sea en silencio.

Gracias, gracias, gracias por estar, por leer mis palabras.


Que este nuevo año 2026 nos traiga mucha salud a todos, que nos regale creatividad, inspiración y un montón de experiencias culturales que compartir. 

Que el 2026 nos quiera, que cuente con nosotros y nos permita aprovecharlo muchísimo. 

Vamos a por otro año juntos. Aquí os espero. 

Un beso muy grande a todos. 



martes, 30 de diciembre de 2025

30 de diciembre. Tiempo de balance. De listas varias y reseñas pendientes.

 


Son días de listas, de balances varios de lo que ha representado el año con respecto a esto o a lo otro. Como frágil letraherida que soy, lo cierto es que no me da por confeccionar listas de mis lecturas preferidas pero, lo que es peor, me da ¡por hipnotizarme con listas ajenas sobre sus libros escogidos del 2025! Craso error. Escucho a uno, a dos, a tres... a mil. Y la cabeza ya no sé si me va a volar, como dicen los jóvenes ahora, o se me va a hacer agua, como decía mi madre. Qué maravilla la riqueza del lenguaje con todos sus disfraces según las distintas épocas. Utilicemos la expresión que utilicemos, aunque me reencarnara "n" veces, no tendría vidas para leer los mil y un libros que he anotado en estos últimos días. ¿Estamos locos? Yo estoy loca y solo yo. 

Hoy es el último día laborable que trabajo en el año 2025, y como decimos siempre, el trabajo nos da de comer pero, al menos en mi caso, me alimenta poco. Necesito salpimentar mi vida de más actividades que las laborales, o corro el riesgo de que el ánimo se me grape a cualquier insípido documento. Aún trabajando, una hace lo que puede por viajar, leer, visitar exposiciones, hacer hueco a la literatura y otras artes. Pero no basta, también quieres interiorizarlo, aprehenderlo, con esa "h" intercalada. Y ahí... ahí ya vienen los agobios de la escasez del tiempo para reseñarlo, en el vano intento de no olvidarlo. 

Gastados ya casi todos los días de este año, alguna que otra obra de teatro y exposición se quedaron sin pasar por el tamiz de las palabras. Cuando fuimos a ver a Yllana en el teatro Pavón, cuando fuimos a ver las últimas exposiciones de las salas del Canal de Isabel II: "Catorce millones de ojos" y "Expresionismo. Un arte de cine". Tampoco os hablé del Museo del Escritor, un curioso y reducido reducto dentro del Centro de Arte Moderno llenito de objetos personajes de varios escritores de habla hispana. Ni del Museo de Artes y Tradiciones Populares, ubicado en una vieja corrala de la zona de el Rastro de Madrid, que pretende ahondar y transmitir el arte tradicional, el de los artesanos. Quedaron faros y murales atesorados en todas partes, en España y fuera de España este verano, por atrapar entre las palabras. O cuartos de baño curiosos, nombres de tiendas elaborados. Qué sé yo... Aquellos rincones de La Gomera, El Hierro, Las Azores o la Puglia. Tanto que llevamos dentro y nos remueve. 

Valgan estas pinceladas por si ya decido darlos por reseñados, aún ni lo sé. Pero como son del 2025 que queden en su año atesorados. Una manía más de esta letraherida que vive más deprisa que escribe. Cuánto me gustaría, sobre todo para mi salud mental, que llegara el día en que ambos, vivir y atesorar dentro de las palabras lo vivido, fueran en paralelo. Pero en eso estoy, en conseguirlo. 


Exposición "Expresionismo" en Sala Canal de Mateo Inurria en Madrid

Mural en Murcia


Museo de Artes y Tradiciones Populares

Exposición "Catorce millones de ojos"


Museo del Escritor 



Calabria



miércoles, 24 de diciembre de 2025

24 de diciembre. Nochebuena

 


Hoy es día de cocinar, de decorar la mesa, de preparar y degustar platos especiales como si no fuéramos a cenar nunca más en la vida. Eso me enseñaron a mí. Día de tener el belén iluminado y juntarnos todos, en armonía, en torno a los platos. Eso me enseñaron también. 

Pero después, también en casa, fueron cambiando las circunstancias y de aquel belén enorme de mi niñez que ponía mi padre en la mesa de formica verde de la cocina con su riachuelo y su castillo de Herodes, con tantas figuritas diminutas que nos embobaban, pasamos en mi adolescencia a un árbol enorme en el salón con cuyas bolas y tiras, por la noche, jugaba nuestro gato hasta conseguir tirar el árbol entero, y de ahí, años después, a simplemente colocar un portal de belén con figuras grandes mucho más bonitas pero en el que solo había cabida para el niño Jesús, sus padres, el buey, la mula y los tres Reyes. La vida va cambiando y cambiándonos. Y ahora mi belén es tan pequeño como toda mi casa, pero está lleno de objetos evocadores casi todos regalados, entre ellos las felicitaciones especiales que para mi suerte aún recibo, y que me llevan en volandas a personas y momentos muy mágicos y especiales. No parece el gran belén, pero os juro que lo es.

La vida va enseñándote que todos no queremos ni los mismos adornos ni la misma Nochebuena. Y tiene que ser así porque somos distintos. Distintos a los que fuimos, y distintos a los que nos rodean.

Hoy, yo me sentaré a la mesa con todos los míos, los que quiero, los que están y también los que no están, porque van siempre conmigo con su sonrisa, sus frases y el cariño que me dieron y/o me dan. Quizá no los pueda hoy tocar, ni oler, ni abrazar, pero los tengo cerca, los tengo en mí y ¿dónde mejor?

Porque hoy es día, sobre todo, de juntarnos. También me enseñaron eso. 

Disfrutad de esta Nochebuena. 

Feliz noche. 


lunes, 22 de diciembre de 2025

22 de diciembre. Día de la Lotería.

 



Sonaba la musiquilla de los números en las voces infantiles. Sonaba como si correteara, como nosotros, por el largo pasillo de aquella casa que recuerdo con tanto cariño. La conocida cantinela se escapaba del transistor que Mamá acarreaba en un bolsillo del delantal de habitación en habitación, no fuera a ser que saliera alguno de "los gordos" y no se enterara. Y cuando el entusiasmo de algún premio por fin se traducía en las voces infantiles, mamá dejaba lo que estuviera haciendo, tomaba el lápiz y lo apuntaba número por número con su buena caligrafía en el mismo papel que horas más tarde, seguramente mientras tomaba un café, consultaría despacio, cotejando cada apunte con los décimos o las papeletas guardadas. Así, entre pequeños gestos, se iba hilvanando la ilusión. Así la aprendí yo mientras crecía. 

Ya no había cole, comenzaba la Navidad como era entonces, cuando aún todos estábamos en casa y la vida parecía que iba a ser segura y feliz siempre. 

22 de diciembre. Día de la Lotería. 


viernes, 5 de diciembre de 2025

Una rebelde

 


Una rebelde desde que llegó a casa. Con la ilusión que la elegimos, con las esperanzas que teníamos en ella cuando la trajeron... Pero estaban instalándola, se enfurruñó y ¡zas! un cortocircuito que tuvieron que dejar a medias todo un largo fin de semana, para traerle otro corazón. ¿¡Cuántas veces no habré pensado que ahí deberíamos habernos echado atrás!? Pero claro. ¿Cómo no darle una oportunidad? Con la de buenas cualidades que se supone traía... ¡Y el dineral que nos había costado! 

Tras días de zozobra, traen la placa nosequé y, venga, vale, somos unos blandos, nos la quedamos. Menudo calvario. Al final, toda su lustro de vida ¡una incorregible! Desde el primer día con su seguro, porque viendo el percal, no te puedes fiar. Y la de veces que les hemos llamado porque nos monta el numerito... "¿Pero qué más quieres, corazón? -le digo en voz bajita poniéndome a su lado.- Te trajimos a una casa decente, limpita, sin apenas ruidos. Con infinito mimo y a menudo te abrimos la válvula para que te entre agüita, llevas todos los chequeos habidos y por haber... ¡¿Que queja tienes?!

Pues nada esta semana volvió a ponerse picajosa y otra vez nos la lio y bien liada. Me levanto y ahí estaba escupiendo agua como si no hubiera un mañana. La casa helada, no mantenía nada dentro... ¡Que solo tienes cinco años! Pero ¡hala! llama otra vez al seguro, casi por favor pidiendo un técnico ¡al que estás pagando todo el santo año! porque claro no hace tanto que vinieron y que no puede ser... ¿Que no, qué? Y cuando al fin viene uno y la mira, y la remira, la limpia, le da el agüita y ¡ya se iba diciendo que no le pasaba nada! Me muero. Pero ¡ay señor, gracias! Porque bendita presión que sube y sube y sube.. ¿Y esto? Vuelve a destaparla, saca el móvil, le pone la linterna bien, bien dentro, y ¡por fin! el mal dio la cara. Al técnico se le iban los ojos de las órbitas. ¡Que en sus 20 años de profesión nunca había visto una avería semejante! ¡Que era raro, raro, rarísimo! ¡Que, vamos, ahora mismo lo ponía en su grupo de guasap para comentarlo a los compis, que era inaudito! Que porque lo había visto si no ni se lo cree. ¡Que suerte, señora, qué suerte!

Criaturita... que no era rebelde que estaba enferma y no daban con su mal... ¡Que nos ha hecho famosos, cari! Que nuestra caldera es única. ¡Que salimos en los grupos de guasap de los técnicos de toda España! ¡Qué día más extraordinario! ¡Ayyyy mi calderita! Ahora ya madura ¿eh? ya toca. 

sábado, 29 de noviembre de 2025

Marina. Noviembre

 



Marina es un pincel, 

es brisa que pinta un escenario, una ciudad, un mundo. 

Marina se cimbrea y es junco. Se ondula y es ola 

serena, plácida, remolona. 

Una ráfaga que se viste de ocre, de emoción.

En esencia es azul el tenue torbellino 

que nos junta y nos revuelve, que viene y va, que se hace esperar.

Marina nos salva de la rutina,

nos regala fresas, nos ofrece risas

y en la orilla de su calma late la danza 

de vivir...

Pues Marina es un pincel, 

un mar de rizos, un ligero viento, una tarde de noviembre 

que crece, 

y crece.




 XI Festival de Danza por la Investigación del Neuroblastoma

Conservatorio Profesional de Danza Carmen Amaya

28 de noviembre de 2025

viernes, 21 de noviembre de 2025

Réquiem


 

Te merecías unas últimas palabras, tú, que guardabas tantas para mí, que me tatuaste todas las que te pedí.  

Sin parecer un ejemplar único, costoso o de marca, con la infinita sencillez de lo realmente valioso, te has deslizado siempre por cuántas superficies te he prestado, de forma tan sutil, que terminabas bailando con la agenda y los post-it una preciosa coreografía que admiré desde la primera letra.

Mi querido plebeyo de sangre azul. 

Has sido el mejor compañero de trabajo que imaginé, nunca te rendiste ante las adversidades laborales, aguantando, sin una queja, tanto mis horas frenéticas como las tediosas. No contento con eso, generoso, has ayudado a mi, cada vez, más frágil memoria con cuántos recados ha querido cargarte. Y además, has recogido al vuelo teléfonos y citas médicas, feas cifras y un sinfín de embriones de historias que, nunca sabremos si llegaron a buen puerto, pero tú me los devolviste azules, prometedores y eternos.

Mi querido boli, mi leal amigo, cuando otros decidieron extraviarse o secarse, tú escribiste mi vida hasta el último aliento de tu tinta.

Te merecías mucho más que unas gracias y un adiós.

Con la íntima certeza de que poco es para tu sacrificio, siento que te echaré tanto de menos que no encontraré ningún otro como tú. Ninguno. Ni que pasen un millón de palabras.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Una bisagra extraordinaria

 


Una bisagra extraordinaria

A mis amigas les gustan las ferreterías. Una pared llenita a rebosar de bisagras, pestillos y mil y un cachivaches más, en una de esas abigarradas ferreterías de viejo, les  hipnotiza. Confieso que no hay nada mas alejado de mí que esos comercios y si me veo en la cruda necesidad de adquirir lo que venden necesito que me expliquen con profusión de detalles, incluso apuntándomelo, cómo es y cómo tengo que pedirlo al dependiente. Ese ni es mi reino ni lo será nunca, aunque mis amigas brillen en él.

Vuelvo a los diez años, y las miro de espaldas esperando su turno en el mostrador para llevarse el botín de una bisagra extraordinaria, y veo todavía a las niñas que conocí cuando teníamos precisamente esa edad y yo acababa de desembarcar en una ciudad, un barrio y un cole con nombre de filósofo que me era tan ajeno que arañaba.

Qué fea mi vida cuando aparecieron con su nombre pegado a dos apellidos con los que las pensaré siempre, pues las aprendí y aprehendí así, a fuerza de escucharlos en la lista que leían en voz alta cada vez que comenzaba una clase. La una vivía en mi calle, unos números más allá y la mañana de Reyes corríamos de casa en casa para ver que nos habían echado sus Majestades. Con la otra me sentaron por charlatana, yo, que no ella, y descubrí a una "rara avis" que sobresalía en cuánto quisiera aprender, y rápido quiso volar.  La enfermera y la artista. Un par de años después llegaría "mi hermana". 

¿Cómo podía saber yo que no dejarían de estar cerca toda mi vida? La mitad del EGB lo estudiamos juntas. Ni el instituto ni la carrera ni los amantes, ni los viajes ni los hijos, ni los trabajos y aficiones nos unieron, pero tampoco lograron separarnos. Nuestro valioso pegamento es antiguo: "Qué remedio, pegamento Imedio". Y lo antiguo, como los sentimientos, ni sabe ni conoce de palabros modernos como la obsolescencia programada. 

Aquellas crías que sigo admirando por su carácter firme y sus dedos hábiles, por su falsa fachada segura y su interior frágil y sensible, se hicieron mis amigas. Y yo no creo en los milagros, salvo en uno, donde casi cincuenta años después, sigamos quedando, como si fuéramos a ensayar la Obertura de los locos de Supertramp, para la "coreo" del festival de fin de curso de un lejano mil novecientos ochenta y pocos.




lunes, 10 de noviembre de 2025

"Javier Díaz Gil: Un hombre fácil de querer". Reseña del último libro de la Tertulia Literaria Rascamán

 


Al hilo de mi entrada anterior os cuento que el último libro en el que he participado junto a mis compañeros de tertulia ha sido uno de los regalos que hemos hecho a nuestro coordinador: Javier Díaz, con motivo del homenaje que le hicimos el pasado 5 de noviembre y que ya os he contado. El título del libro es: "Javier Díaz Gil: Un hombre fácil de querer".

En él hemos participado unos cincuenta autores, compañeros todos de la tertulia Literaria Rascamán. Ha sido un logro y una ilusión reencontrarnos muchos de nosotros para escribir a la vez en este volumen una serie de textos que comparten un mismo tema: Javier. Esa era la razón, la inspiración. Hemos sido dos las prologuistas del libro: la escritora Carmen Padín y yo misma. Tiene ilustraciones de Carmen Padín, y el artista multidisciplinar Juan Calderón. Y todo el libro está salpicado de fotografías de distintas reuniones y momentos compartidos. El editor José Antonio Carmona, poeta y compañero, se ha ocupado de la compilación de textos, la edición del libro y demás quehaceres relacionados con la publicación.

Los autores son poetas y narradores, y podemos encontrar aquí reunidos todo tipo de textos: Relatos, poesías, haikus, memorias, poesía visual, dedicatorias, dibujos... 182 páginas que representan un ramillete de lo que somos y lo que nos une, gracias a nuestro coordinador.

En la portada hay un retrato de Javier Díaz Gil formado por muchas pequeñas imágenes de bastantes miembros de nuestra tertulia que compuso Celia Cañadas, y en la contraportada el principio de la canción que ha compuesto, a partir del Cantinero de Cuba de Mocedades, nuestro compañero Juan Calderón Matador para que la cantáremos como final del homenaje. Portada y contraportada las decidimos entre todos. 

Es un orgullo formar parte de este libro. 

Os quería dejar con el texto de mi prólogo:


PRÓLOGO de Rocío Díaz Gómez

No es que el viaje esté llegando a su fin, que a esta travesía ni le faltan navegantes ni bitácoras, cuánto menos horizonte. Tampoco es porque escaseen los puertos donde amarrar un libro, una presentación o cualquier otra aventura literaria. Sobran endecasílabos y cuentos por abordar. Y mucho menos es porque los aquí reunidos estuvieran ociosos, que esto del escribir, y más siendo Rascamán, es un no parar de textos y fotografías, exposiciones y recitales, más algún otro qué sé yo por inventarse y publicar. 

 Entonces ¿Por qué este libro? Cuando hay tantos y tan diversos por el mundo editorial. ¿Por qué habrías de empezar este libro y no otro? Sí, los de mi especie conocen demasiado bien a los de la tuya, querido lector: ¿Cómo no iba a saber que te lo preguntarías? 

Éste humilde prólogo, como todos los de mi género, está aquí para darte razón de cuánto vas a encontrar en esta cueva de textos que estás a punto de descubrir y para la que no había que buscar ni humildes excusas ni grandes explicaciones. Feli Martínez, veterana de este grupo lo explicó de forma brillante, con cinco certeras palabras, en aquella reunión conspiratoria: 

¿Por qué este libro? “Porque nos da la gana”. 

Y puede ser más larga y rimbombante la respuesta, más medida, correcta y elegante, pero aún a riesgo de parecer soeces o maleducados, lo cierto es que fue ahora, justo ahora, en este verano del 25, cuando llegaron las ganas de buscar un puerto donde reencontrarnos y celebrar palabras que rimen con nuestro viaje. Y mira lector que, sin necesidad de pensar más, ni tamborilear con los dedos como hacía nuestro Aure Cañadas, la primera que nos vino a la cabeza fue la palabra “homenaje”. 

Y sí, no lo negaré, la palabra “garaje”, que tan cerca está de “taller”, esperaba ansiosa por salir en la punta de la lengua. ¿Cómo no habría de estarlo? Si Javier, desde tiempos inmemoriales y a la que te descuidas, te pone el texto “en bancada”, te cambia de orden unos versos, te sugiere que le subrayes este gesto al personaje o termines en el párrafo anterior. ¿A quién no corrigió? Como decía aquel: “El que lo probó lo sabe”. Siempre acecha otro cambio de giro o una rebelde asonancia. A Javier no le asustan ni los poemas ni los relatos, el muy osado se atreve con todo. Y, mientras escucha, con la campanita que le regaló José León al lado, va anotando en su cuaderno cuánto, salomónicamente, dejaría o quitaría. Escribir es corregir. Y ya os digo yo que, después de su atenta escucha, y con esos cambios que sin remedio se le ocurren, el poema o relato crece. 

Y palabras más, palabras menos, entonces ¿Para qué este libro? Porque tras casi treinta años, para que un grupo de nómadas letraheridos, de diversa edad, oficio y beneficio, que responde al sobrenombre de “Rascamán” (no había otro más sonoro y sin sentido) siga reuniéndose todas las semanas, además de una misma pasión, necesitaba a alguien que supiera escuchar. Los “Rascamanes” necesitaban a alguien que fuera paciente, que rezumara, no solo sentido del humor, sino el mismo amor por las palabras que ellos. Y si además ese alguien estudió magisterio, se licenció en Geografía e Historia, tiene la medalla de San Isidoro, y es poeta, necesitaban a un certero francotirador de palabras llamado Javier Díaz Gil.

¿Para qué un homenaje al tal Díaz Gil? ¿Para qué este lío mayúsculo con pinta de libro? Para hacer algo que no puede hacer ninguna inteligencia artificial:  todos a un tiempo, hincar la rodilla en el suelo, agachar la cabeza y dar gracias. 

Gracias por no soltarles de la mano cuando necesitan hacerse notar o ausentarse. Gracias por no mandarles bien lejos cuando los muy cansinos por enésima vez preguntan lo mismo para terminar haciendo lo que las musas les dan a entender. Gracias, sobre todo, por su generosidad a la hora de organizar, regalarles su tiempo, preciado tesoro que nunca sobra, y gracias por su buena disposición para embarcarles en cuánta expedición literaria proceda. 

Y ¡cómo iban ellos a dar las gracias sino escribiendo! Lo ideal hubiera sido un acróstico con la palabra AGRADECIMIENTO, así en mayúsculas, pero eran muchos y diferentes, así que hubo que recurrir al socorrido multiperspectivismo que va impregnando todo este libro con sus distintas voces.

Por tanto este humilde prólogo, solo interrumpió su eterna travesía por las palabras, para anunciar que unos letraheridos escribieron para Javier Díaz Gil. Surcaron poemas, revolvieron el trastero de sus memorias, cazaron cuentos, desempolvaron fotografías y pidieron ayuda a sus recuerdos. Nada era bastante para tanto agradecimiento. 

Y llegado el tiempo de recoger, uno a uno, fueron descargando todo su cargamento entre las páginas que me acompañan y desean ya ser leídas. Así que se acerca el momento de que este prólogo, cascante y deslenguado, se retire, aunque no sin antes prestarte un último consejo:

Hazte un favor, atento lector, adéntrate despacio en esta cueva donde un puñado de ladrones apodados “Rascamanes” dejaron sus mercancías. No toques, no rompas nada, solo lee. Lee, querido lector. Si todos estos escritos, poemas, dedicatorias, relatos, tatuados de letras, han nacido al amor del buen hacer de ese MAESTRO: Javier Díaz Gil, su Alí Babá particular, no pueden ser estos escritos menos valiosos que los famosos tesoros de aquella legendaria cueva.


©Rocío Díaz Gómez

 















sábado, 8 de noviembre de 2025

Homenaje a Javier Díaz Gil, coordinador de la Tertulia Literaria Rascamán en noviembre del 2025

 


Y decidimos hacer un homenaje a Javier Díaz, el coordinador de nuestra tertulia literaria Rascamán. Una fiesta literaria porque ni se jubilaba, ni cumplía años, ni existía ninguna otra razón de esas que se enarbolan en otros homenajes. Lo nuestro no era más que puro agradecimiento, un enorme y el más puro agradecimiento por estar pendiente de todo y todos durante 30 años. ¿No es razón suficiente? 

La aventura y la sorpresa comenzó en primavera, comenzó el frenesí de preparativos conspiratorios a espaldas de Javier: lugar del homenaje, buscar a los Rascamanes de ayer, hoy y siempre, formar un grupo, pensar regalos, pensar tareas, pensar actuaciones... e invitar. Somos tantos que había que diversificar pero siempre salpica algo y todo el verano liada con las cuentas del homenaje y los guasap, con los invitados a la celebración y los compañeros, con las fotos de un álbum y echar una mano con el libro de todos para que llegaran a tiempo. Pendiente de que no se nos olvidara nada. Y así, así, así, hasta el 5 de noviembre que lo llevamos a cabo en el Auditorio de Casa de Vacas de El Retiro. Han sido muchos trajines y agobios y risas. Y los días anteriores se nos caían los compañeros, en el sentido literal y en el metafórico. Se nos caían las actuaciones y los que dirigían. Y además, ese día amaneció que por la tarde llovía y llovía y llovía:"¡¿Y si nos cierran el Retiro?!".

Por primera vez en mi vida salí a un escenario sin uno de mis relatos tras los que parapetarme. Me aprendí la presentación y un poco la olvidé. Pero ahí estuve, al principio intentando salir airosa y tras mi ¡Que comience el espectáculo! disfrutando muchísimo de cada una de las actuaciones. Sabíamos el guion de los que actuaban y el orden en que salíamos, pero desconocíamos lo que los demás habían preparado. Iba a ser para todos una sorpresa tras otra.

Javier había entrado en aquel Auditorio, engañado por el motivo en el que nos reuníamos allí, y lo primero que dijo fue: "¿Y mi madre que hace ahí sentada?"

Después todo fue emocionante, divertido y muy bonito. 


Primera reunión conspiratoria Homenaje Javier.















lunes, 13 de octubre de 2025

Siete "buenos días"

 


Siete son los "buenos días" que doy cada mañana. 

"Buenos días" al guardia civil que está fuera del edificio, "buenos días" al vigilante de seguridad de la cinta, "buenos días" a los compañeros de recepción, "buenos días" en el ascensor mientras subo a la 5ª, "buenos días" a los compañeros súper madrugadores y "buenos días" a mi jefa. 

Qué paradójica es la vida. 

Después, mientras estoy sentándome ¡por fin! en mi mesa, enciendo el ordenador y busco la aplicación de "Trama" para fichar, revolotea feliz una frase a mi alrededor. Esa frase tan evocadora y familiar de cuando era cría, o no tan cría, cuando era adolescente y había dormido poco (siempre dormí mal) y me levantaba de mal humor, sin decir nada. Entonces mi madre me decía: "¿Que se dice?"

Y, sin querer, me arrancaba el primer "Buenos días" sin ganas de la mañana. 

Ahora, pasados tantos años, son siete. Siete "buenos días"  los de cada mañana. 

Seis cuando llego al trabajo, pero faltaba contar el que doy a mis amigos del Palacio Real cuando paso por su lado y no me saludan desde su atalaya. 

¡Pavos! ¿Qué se dice? les digo siempre para mis adentros. 

Y vuelve la voz que arropa. 

Aprendí, mamá. A eso y a muchas cosas más. 

Y cuando digo los siete mañaneros "buenos días" hasta los digo ya con ganas.





domingo, 28 de septiembre de 2025

Un 29 del 9

 




Mi madre decía que yo nací de noche, casi tan terminando septiembre que nazco el último día. Decía también que la enfermera preguntó si quería cenar, y ella contestó: "Claro, sí, sí", porque a saber cuándo yo me decidiría a llegar... Ojalá hubiera heredado yo el apetito de mi madre y su delgadez. "Se conoce", como decían antes, que al final llegué a "paso alegre" útero a través, porque, aunque nací de noche, todavía era el día 29. Como era "juernes" llegué tarde a casa, aunque aún no supiéramos de la palabra por aquel entonces. Pero así fue, me decidí a entrar en este mundo un jueves, un "29 del 9", con esa rima simplona de números que, sin embargo, me gusta por cantarina. 

De pequeña mi madre nos contaba muchos cuentos: Garbancito, Los siete cabritillos, La ratita presumida... Nos los contaba poniendo distintas voces, como se deben contar los cuentos. Imitando el eco en la tripa del buey cuando Garbancito hablaba. O impostando la voz del lobo cuando pretendía hacerse pasar por la madre de los cabritillos con la pata enharinada. De ella debí heredar yo esta querencia por las historias. Me encanta que me cuenten... lo que sea. Y si es una historia de la que, además, pueda aprender algo, mejor que mejor. Eso también es lo que más me gusta de los viajes organizados, la posibilidad de que nos toque un guía majo que mientras estemos de un lado para otro, vaya descontándonos en el oído la historia del lugar o sus particularidades.

Y seguramente será por eso, también, que yo cuento. Cuento historias. Y, una vez cada 365 días, también cuento años. Otro 29 del 9. Y aquí estamos.

Casi sin querer, echo la vista atrás, y en las cuentas con respecto a los años que vivieron bien mis padres salgo ganando. Ellos se alegrarían y a mí me da que pensar.  

Sin embargo, doy esquinazo a las divagaciones, y elijo quedarme, solo, con esta íntima obligación moral de celebrar. Celebrar no solo el cumple, sino cada día, intentando que el tiempo no pase sin más, que no se me quede nueva la vida, que se vea gastada y con bolas, porque nos la regalaron para vivirla. 

Muchas felicidades, digo a la niña de la foto. Sonríe ¡Vamos! Celebremos un año más, sin dejar de hacerlo y dando gracias. Siempre. 


29 de septiembre del 2025


domingo, 21 de septiembre de 2025

El último día del verano del 25

 



Retomo la escritura el último día de verano del 25. 

Mi boca atesora el gusto del delicioso café del sur de Italia, mientras Doménico Modugno sonará para siempre en un septiembre caluroso salpicado de buenos momentos. 

Correspondo con otra sonrisa a tantas caras que no volveré a ver pero me sonreirán siempre desde todas las fotos que esperan, pacientes, las ordene. 

Mi particular puzzle encaja a la perfección la pieza del aromático café a la de un granizado de vermú murciano, mostrándome una playa cálida donde logro sumergirme despacio para mecerme y mecerme y mecerme. 

Hasta que un ejército de albornoces blancos me secuestra para llevarme en volandas hasta un nuevo mundo, acuático y relajante, uno que añoraré terriblemente en este inevitable otoño que se anuncia ya, no solo en el calendario, sino también en el viento que mueve las hojas y mis quejas. 

Retomo la escritura como quién retoma la vida de los días iguales. 

Necesito un flotador, llámalo letras, escritura. 

Erguida, barbilla arriba, 

a por los días iguales, iguales, iguales. 









viernes, 5 de septiembre de 2025

Era primeros de juio y Ponta Delgada callaba.

 


Me gustaba tanto aquel rincón, aquel parque llenito de flores, destilando tranquilidad. Volvía una y otra vez a aquel kiosco donde tomabas el zumo de frutas del día, contemplando la preciosa fachada del Museo, la Biblioteca, o simplemente sintiendo discurrir, plácido, el tiempo. 

Era primeros de julio y Ponta Delgada callaba. 

¿Por qué no te conté más de esa ciudad limpia situada en aquella isla preciosa que palpitaba en pleno océano? 

Una isla llenita de hortensias y lagos. 

Una ciudad que caminábamos sin prisa. 

Aquel viaje extrañamente lento. 

Su paz.


Desde sus fotos me reclama tiempo y mimo. 

Y no le falta razón. 

No pases cuidado, 

dame tiempo, 

Volveré. 












martes, 2 de septiembre de 2025

Septiembre

 



Septiembre atesora un aroma a libro nuevo y papel de forro transparente que, a la que te descuidas, te hace cosquillas desde la memoria. Abro carpetas en mi pc con la ilusión de llenarlas de escritos con la misma ilusión que años atrás comenzaba a tatuar cuadernos cuadriculados con mi bolígrafo azul de punta fina. Septiembre me devuelve a los compañeros de trabajo como antes me devolvía a los compañeros de clase y, si me descuido, hasta me parece oler en casa la sopa calentita del cocido que apetece cuando refrescan las mañanas.

Me encanta agosto por la supuesta tranquilidad (cada vez menos) que trae, por el tiempo libre que me regala. Pero mi mes es septiembre, el mes de mi cumpleaños, de los comienzos de curso, de las ganas por emprender tareas.

Septiembre del latín “september”, que a su vez viene de “septem”, o siete. El mes séptimo para los romanos en aquellos tiempos en los que el calendario tenía diez meses y comenzaba en el mes de marzo. Pero pasados unos siglos agregaron el mes de enero y el de febrero, que iban después del décimo o diciembre. Sin embargo, corriendo el tiempo y por una cuestión de fechas de elecciones, que comenzaban el 1 de enero, este mes y febrero acabaron siendo el primer y el segundo mes, con lo cual septiembre que era el séptimo, acabó siendo el noveno mes del calendario romano. Os lo he contado súper rápido y resumiendo mucho pero seguramente ya conocéis la historia.

Septiembre y su hilera de cumpleaños, consecuencia inequívoca de frías navidades salpicadas de muchas burbujas. “Septiembre” título de libros importantes en mi vida cada uno en un momento muy distinto: Uno de David Lerma y otro de Rosamunde Pilcher. Septiembre con su cargamento de higos, gusto que heredé de mi madre. Septiembre que, generoso, acostumbra a regalarme algún viaje. Mes de matrículas en alguna actividad que uno comienza con ilusión y ya veremos como termina. Septiembre, salpicado de estrenos en los teatros y las salas de exposiciones. Septiembre y su veranillo de San Miguel haciendo de nuevo más cálidas las tardes cuando a punto está ya de despedirse el mes. 

Septiembre oliendo a nuevo, tiene voluntad de comienzo y planes, voluntad de ilusión, renovación, vida.



jueves, 28 de agosto de 2025

Un trío. Agosto se está yendo y Madrid va haciéndose más concurrido, más y más.

 


Lo nuestro era un trío. No me importa confesarlo. 

Todo el año yo esperaba el momento justo para disfrutar de las posibilidades infinitas que te otorga ser tres. ¿Qué queréis que os diga? Una mayor riqueza indiscutible. Buf. En fin, hay situaciones que solo entiende quién las vive. Y a nadie más importan.

Pero este año nos sorprendió un intruso que nos desbarató la ecuación. Un intruso, un forastero, un, un... un verdadero horror. Porque no es cierto eso de que "Dos son compañía y tres multitud". No, de eso nada, monada. Cuatro sí que son multitud. Bah. Con cuatro ya la situación se desborda, los límites se difuminan, se hacen parejitas, el equilibrio se tambalea y conclusión: se desbarata la esencia del invento. 

Pero nosotros tres, nosotros tres éramos invencibles: Agosto, Madrid y yo. Si vosotros supierais la de posibilidades lúdicas y relajantes que te ofrece ser parte activa de un trío... ¡De ese trío! Bueno, bueno, bueno. Si yo os contara... Pero que no os lo voy a contar, que no, no, porque total ya no importa. 

Porque este año llegó la ola de calor. Y que no era una olita, era una señora ola, ancha, posesiva y sudorosa, que nos abrazó más de quince días seguidos y nos dejó fuera de juego. No era cálida, era puro fuego si abrías las puertas, las ventanas y lo que quisieras abrir. Bueno, bueno, bueno. Si os cuento no acabo. Con el cuatro... no hay trato.  

Así ha pasado, que en cuánto me he descuidado advierto que ya mi trío se está desvaneciendo como un fantasma, se difumina como calima, se va, se aleja y llegaron nubecitas y viento para aliviarme de que aquí me deja, en un Madrid que cada vez está más lleno de gente, más lleno, más, sin apenas haberme dejado disfrutar de la ansiada soledad de agosto en esta concurrida ciudad donde habito. 

Con la ilusión que yo tenía... 28 ya. Jo. Y ya no sé, ya no sé qué hacer para distraer la pena, si crucigramas o pucheros. 






viernes, 15 de agosto de 2025

15 de agosto.

 


Tu voz soplándome que eche más cebolla al sofrito, que estará más rico. Que venga, que espabile que este dolor de cabeza no es nada, una aspirina y a la calle a distraerme y ya veré como se va pasando. Que no me olvide de regar que hace mucho calor, pobres plantas. Y que no sea tonta, que "eso", tan cotidiano, tan insignificante, la frase, el gesto, la ausencia, solo tiene la importancia que uno le quiera dar. 

Tu voz trenzándose con el tiempo. Pero el tiempo no hace que duela menos, sino que duele distinto. 

Siempre suenas dentro, acompañando mi paso.   

Pero yo no te contaría las penas porque siempre me las supiste sin que yo las hiciera palabra. Aunque ojalá todavía pudiera volver a casa para contarte el día a día, el ahora resbaladizo. Que ayer, en aquel restaurante donde nos juntamos había colgada una jaula, y dentro de la jaula, un globo terráqueo, y era bonita y terrible la metáfora, pero llamaba la atención. Te habría gustado ese sitio. Que el chico de Correos siempre me dice que qué bonita letra y esta afición, que espera darme suerte y me hace sonreír. Que el espejo me grita que me hago mayor. Y que a veces, solo a veces, abro la puerta al lobo, porque no trae enharinada la patita como en el cuento que me contabas.

Ya ves que escribir sigue consiguiendo que levante las plantas de los pies y flote, mis dedos necesitan la teclas como tú necesitabas la aguja y el hilo. Pero a nadie le alegraban mis buenas noticias como a ti, a nadie, ni siquiera a mí. Eso también lo echo de menos: Tu genuina alegría con todo lo mío. Mucho.

El tiempo no hace que duela menos, solo duele distinto.