Tienes dos vidas, como todos. La que está de tu nariz hacia fuera y la de dentro.
La vida de fuera es impredecible, puede dar una vuelta de campana en un segundo y dejar a tu vida de dentro a la intemperie. Sin avisar y sin remedio. Quedarás tan noqueado que a lo único que acertarás es a preguntarte: ¿Por qué van a comprar, esperan el autobús, se ríen a carcajadas si yo me siento morir? Ah, solo es la vida, te contestarán. O un tango, que decía mi madre, la vida es un tango que hay que aprender a bailar. Y, aunque no termines de explicarte por qué viró de pronto el rumbo, tendrás que achicar agua para dar un paso y luego otro y otro . Vivir.
Sin embargo, están esos pequeños placeres que descubrirás cuánto consuelan: una conversación, un mensaje de móvil a tiempo. Un café caliente o una suave canción tras la que puedas escapar, solo con tararearla.
La música es un buen cobijo. Te transporta lejos de la realidad, te acuna, te calma. Y siempre trae alegría. Porque nunca vas a saber detrás de que esquina se esconde el Coco hasta que te asusta, no desdeñes la importancia de una broma tonta que te arranque una sonrisa, permítete el gusto de mojarla en dos tazas humeantes, disfruta del tiempo compartido, de la música de los insignificantes detalles.
Bienvenidas sean todas las pequeñas alegrías, los diminutos placeres, en este mundo frágil.
El grupo se llama Montonera Social Band, creo. No te los pierdas. Nunca te sanarán del todo, pero van curando.
Manzanares. Marzo 26.





