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lunes, 20 de julio de 2026

"Despedida y cierre para un entrañable cadáver" Relato de Rocío Díaz Gómez

 



Y este es otro de mis relatos, otro tono y otro premio. 

Como leeréis no tienen nada, pero nada que ver, el de la entrada anterior que el de hoy, pero los disfruté mucho cuando los escribí. Mi amigo Alberto dirá que si os dejo dos relatos vais a comparar. Bueno, son para momentos distintos del día.

Se titula: "Despedida y cierre para un entrañable cadáver" y obtuvo el 1º Premio en el Certamen XXX Certamen Literario Villa de Ermua. Junio 2024.

Espero que os guste. 


Despedida y cierre 

para un entrañable cadáver


   Nunca antes me había deshecho de un cadáver. Pero tenía que hacerlo, y ya.  Corrí a la habitación, a despertar a mi mujer.

—Lola, Lola, levántate, deprisa, levántate…

—¿Qué pasa? ¿Estás malo?

—No, no, qué va. Venga, vamos, levántate…

—Me estás asustando ¿Qué pasa?

—Nada, calla, ven.

 

 Allí seguía el muerto. Dónde yo lo había dejado. Lola nada más verlo se echó las manos a la boca ahogando una exclamación.

—Pero ¿Qué ha pasado? -cuchicheó.

—Ha palmado ¿no lo ves?

—¿No lo voy a ver? Pobrecillo... Pero ¿Por qué?

—No le he preguntado…

—No seas idiota.

—¿Y cómo lo voy a saber entonces? Lo único que sé es que me he levantado, he entrado en el comedor como cada mañana, me he acercado a saludarle, y ahí le he encontrado. Ahí. Tieso. Cómo le ves, vamos.

—Pobrecillo…

—No me digas que vas a llorar. Tanto pobrecillo, pobrecillo, si estabas siempre quejándote…

—Ya… pero, hombre, tampoco quería que se muriera.

—Ley de vida.

—Insensible...

—¡Pero bueno! Cualquiera diría… No te entiendo. Te pasabas la vida echando pestes de él, que te daba mucho trabajo, que menuda carga, que a este paso iba a durar más que nosotros... Y ahora te pones así.

—Pero eso son cosas que se dicen, no que se piensan.

—¿Y todas esas veces que me dices “piensa antes de hablar”?

—Pero ¿Qué tiene que ver eso ahora?

—Pues que me acabas de decir que tú también hablas y no piensas.

—Mira que eres idiota, con la que tenemos encima y que tonterías dices...

—Lola, van dos veces que me llamas idiota y no hace ni cinco minutos que te has levantado.

—Si es que parece mentira... Tenemos aquí a este pobre, ahí mismo, muerto. Que no sabemos ni lo que habrá sufrido el pobre. No me digas... Aún podía haber vivido unos cuántos años más, porque bueno era mayor, sí. Pero cómo para morirse... Pues no.

—Venga mujer, venga, no te lo tomes así... Anda, ven, ven a la cocina, te pongo un vaso leche calentito y tú tranquila que yo me ocupo...

 

Nadie se imagina lo duro que es ser un pez. Sobre todo, si no naciste en cautiverio. Ves la luz y te acostumbras a hacer largos y más largos allí donde vives. Te acostumbras a que el mar o los ríos son inacabables. Sin embargo, un mal día te pescan y acabas encerrado entre unas paredes de cristal, intentando que te cundan dos litros de agua. ¿Verdad pez? Sí ya lo sé yo, ya lo sé que es duro. Pero entiéndelo, es bueno que los chavales tengan una mascota, se responsabilicen, aprendan a cuidarla...Y puestos a elegir entre un perro al que hay que andar sacando tres veces al día, no fastidies, con la rasca que hace en invierno... Ahí con el perrito a ver si se decide o no se decide a hacer los deberes. Vamos como que no, que yo ya soy muy mayor y muy hombre como para esas mariconeces... Esto, entre tú y yo, pez. ¿Un gato? Pues mira bien mirado el gato es independiente, no está ahí todo el día saltando a tu alrededor, además no hay que sacarle. Todo ventajas. Pero... Lola tenía miedo de que el gato arañara a los chavales. Ya ves, como si el perro no les pudiera morder. Eso dije yo. Y me salta con que además luego huele toda la casa a gato. Y ahí claro le contesté, que yo no me callo: “Pues ¡anda! que no huele mal ni nada un perro mojado.”. Porque de toda la vida en casa de mis padres ha habido gato, y oye ya me estaba hiriendo... Pero nada que no nos poníamos de acuerdo de si perro o gato, días y días que si uno u otro. Total, que coincidimos en “pez”.

 

—¿Dices algo?

—Nooo

—Parecía que estabas hablando.

—Sí, hombre, con el pez...

—O sea que no le podías ver cuando estaba vivo y ahora vas y conversas con él. No me digas que no es para llamarte idiota...

—Lola, leche, que no, que no estoy hablando con el pez. Que estaba tarareando...

—Pues mira que tararear con el pez ahí de cuerpo presente. Qué estómago...

—Bueno ¿Me quieres dejar que me ocupe yo o prefieres hacerlo tú?

—No, no, mejor tú...

—Pues en eso estoy...

 

Y así llegaste tú a esta casa. Pero vamos que no eras ni la tercera parte del pez que eres ahora, esto también te lo digo. Total, no queríamos ninguna merluza, con que nadaras y duraras una temporadita nos conformábamos. El caso es que los niños terminaran ya con la matraca esa de que querían un perro. ¡Un pez! les dije cuando te puse delante de ellos, que también empieza por “p”. Y bueno como todavía eran pequeños y no se lo esperaban para nada, pues parece que con la sorpresa les convencí. El del medio que nos ha salido un poco bruto y hambrón, pronto preguntó que cuando te comíamos. Y la pequeña no veas la que armó cuando oyó aquello, que no había forma humana de tranquilizarla y el otro en vez de callarse, poniéndose el hueso del muslo de pollo bajo la nariz como si fuera un caníbal, y venga a saltar alrededor del pez diciendo sandeces, sin sentido, como en los dibujos de los caníbales. Hasta que el mayor no le pegó una colleja bien dada no conseguimos hacernos con la pequeña. La verdad es que tener varios hijos pues a veces te complica más la vida, pero otras, es curioso, pero hasta viene bien, porque entre ellos mismos aprenden a resolver sus problemillas y mejor que nosotros. Supongo que te acordarás ¡ah calla!, es verdad, que dicen que vosotros no tenéis memoria ¿no? Y poco bien que se debe vivir sin memoria, sin que nadie te pueda reprochar que se te ha olvidado algo de la compra, o el aniversario o lo que sea, porque el caso es reprochar...

 

—¿Acabas ya...?

—Noooo

—Pero ¿Cuánto necesitas tú para coger un pez?

—No es tan fácil ¿sabes? Porque los peces resbalan...

—Bendito sea Dios... Pero si llevas ahí por lo menos diez minutos.

—Bueno ¿y? ¿Tenemos prisa?

—Pues sí, la tenemos ¿O no te acuerdas que hoy viene el mayor con el niño?

—Pero si su niño aún no sostiene ni la cabeza...

—Tú ¿Que sabrás? Pero le gusta a la criatura mirar el acuario y al pez dando vueltas... ¿O no estás harto de verlo?

—Uno está harto de tantas cosas...

—¿Queeee?

—Nada, nada, que sí, que ya voy...

 

Al principio los niños se embobaban mirándote. Parece mentira con lo soso que has sido siempre... ¡Vamos! que no es porque seas tú, no te ofendas, es una cuestión de tu especie. Pero lo entretenidos que estaban ahí venga a mirarte. Sobre todo, la niña, que hasta mi mujer ya me decía en voz baja:

 

—Mírala, es que ni pestañea, no se despega de la pecera...

—Pues déjala, para eso lo trajimos ¿no?

—Pues no, para eso no.

Yo no sé si las hembras de tu especie serán como las de la mía, pero desde luego las nuestras siempre tienen que llevar la contraria...

—Ah ¿No? ¿No le trajimos para que le miraran? porque que yo sepa para comérnoslo no era ¿O sí? –ya contesté yo un poquito torcido...

—Cállate, anda, que cómo te oiga ya la tenemos formada. Le trajimos para que le miraran sí, pero no tanto. A veces me da la impresión de que la voy a llamar y se va a dar la vuelta y va a tener los ojos redondos como dos pelotas de baloncesto.

—¡Esta sí que es buena! Pero ¿Tú sabes que existe el baloncesto? Me acabo de enterar...

—Pues no, no sé mucho, la verdad, pero diciéndotelo así me entiendes mejor... Desde luego tú nunca te preocupas de nada.

—No yo no, yo me ocupo luego, que es peor... Que no sufras tanto, Lola, estate tranquila, que a la niña no le pasa nada de nada, que es la novedad, solo la novedad, parece mentira que no les conozcas...

 

Y tú no te acuerdas porque eres pez. Pero así fue. La novedad. Al cabo de un par de meses ¿Quién se ocupaba del pez? Yo. Y nada más que yo. Y, anda, que no he estado tiempo ocupándome de ti... Qué pena que no te acuerdes. A veces a uno le gustaría algo de agradecimiento... Aunque la verdad es que te confieso que no ha sido ningún sacrificio, también te lo digo, es cierto que uno se encariña de ti, que ese deambular que tienes para acá y para allá, tiene su aquel... y hasta relaja. Pero... ¿Qué pasó cuando los hijos se han ido haciendo mayores y han empezado a dar menos trabajo? Pues que mi mujer empezó a estar más ociosa, y mira por donde comenzó a ocuparse más de ti. Al principio no me importó, porque mira si ella se ocupaba, yo podía dedicarme a mis cosas. Pero poco a poco sus atenciones hacia ti se han ido acentuando y acentuando. Y bueno yo pensaba. “Pobre, si total ella es la que menos le ha disfrutado, y ya poco va a poder porque a este pez le deben quedar ya dos telediarios”. Pero tú como no ves la televisión ¡no sabes lo largos que son ahora los telediarios! Que tú debes ser el Matusalem de los peces, tío, porque no hay forma de que pases a mejor vida...

 

—No salgas de la cocina, Lola, que ya paso con él...

—¿Queeee?

—Que no salgas de la cocina que ya paso con el difunto en las manos.

—Vale, vale, qué lástima, pobrecillo...

 

Y entiéndeme, que tampoco es que yo te quiera mal. De verdad que no. Puedes creerme. Pero es que a Lola se le ha ido un poco el norte contigo ¿sabes? Porque estaba yo deseando que los chicos se fueran de casa para que los dos tuviéramos un poquito más de libertad para entrar y salir, y bueno ya sabes... para todo. Y hasta hemos tenido suerte en eso, que otros se eternizan hasta que se les independizan, pero los nuestros no, la verdad, como han querido irse a estudiar fuera. Y entiéndeme uno les echa de menos. Pero ¡vamos! sabiendo que están bien, pues ya está. Bueno el caso es que ahora que nosotros podríamos ser más libres, pues resulta que Lola no te quiere dejar solo. Sí, sí, como te lo digo, que no quiere que volvamos tarde, ni que nos alarguemos mucho, ni que nos entretengamos por ahí más de lo necesario, porque te quedas solo. Imagínate la salida de mi Lola ¡que dice que te quedas solo! Yo, no daba crédito la primera que se lo escuché.

 

—Pero Lola ¿Tú te estás oyendo? Que es un pez... Que menos expresivo que un pez, y más independiente no lo hay...

—Pero no es un pez cualquiera, es NUESTRO pez -me dice, subrayando bien la palabra NUESTRO, recalcándola con su dedo- NUESTRO pez, me oyes, me oyes bien, y nos debemos a él.

-          Sí, sí claro que te oigo, yo y todo el bloque… y desde luego que deben estar haciéndose cruces.

 

Y te juro que cuando me lo dice hasta yo le veo los ojos más redondos. Me puedes creer.

 

Y mi Lola es muy pesada, mucho. Y me llama idiota cien mil veces al día. Pero es mi Lola. Y lo último, anoche, cuando me dice que no podíamos hacerlo en el salón. Pues sí, yo que sé, que me dio ahí el punto y tenía que ser aquí te pillo aquí te mato. ¿Y por qué no? El salón también es nuestro ¿no? Pero ella que no, que estabas tú mirando. Y yo que ¡anda Lolita! no bromees con estas cosas... Y ella que yo no estoy bromeando, que te lo estoy diciendo muy seria, que parece mentira que no me conozcas. Y que no conseguí ¿eh? Sacarla de sus trece. No lo conseguí. Erre que erre, erre que erre, pero nada. Que tú estabas mirando. El pez. Hay que fastidiarse. Y claro con tanta tontería, hasta se me fueron las ganas.

 

Y eso fue la gota que colmó el vaso. Porque hasta ahí podíamos llegar. Por eso ya he tenido que tomar esta decisión, a la desesperada. Y tú sales de aquí hoy, como lo digo yo. Espero que no hayas sufrido mucho con la ración extra de sueño que te he metido entre escamas y escamas, pero ahora ya que estás más espabilado, y te he dado las explicaciones pertinentes, yo te tiro por el retrete, pero ya.

 

—¿Terminaste?

—No, pero ya, ya termino...

—Pero ¿Aún le tienes ahí? ¿Contigo?

—Que sí Lola, que ya, que ya termino...

—Pobrecillo... animalito, pobrecillo mi pez.

 

Si vas a estar muy bien ya verás, porque tú no te acuerdas de cuánto tenías más sitio... Pero poco bien que vas a estar nadando por las tuberías, ¡vamos! nada que ver con una pecera. Te lo digo yo. Metros y metros de agua.

 

—Déjame, déjame verle por última vez...

—Pero Lola ¿Qué haces aquí? Que no, que te vas a llevar un mal rato sin necesidad, sal, que ya termino.

—Que no, si ya estoy mejor, déjame, déjame que me despida... Que han sido muchos años.

—Pero Lola, que no, que va a ser peor, que te va a dar mucha pena.

—Que no, que yo prefiero despedirme, que si no se me va a quedar una cosa aquí dentro para el resto de la vida... Déjame, déjameeee...

—Que no.

—Pero que me dejes.

—Que no.

—Pero bueno si parece que está vivo...

—Que no, mujer, que son ilusiones tuyas, ves lo que querrías ver, porque ahí dentro hay corriente y parece que se mueve...

—Que no, que no, que te lo digo que vive, si le conoceré yo... Déjame, déjame, que le voy a coger con el vaso.

—Pero Lola que está muerto... Muerto y bien muerto.

—Tú sí que estás muerto... ¿Pero no lo ves? ¿No ves que está vivo? ¡Ay madre mía! Si no llego a venir... Que casi te le cargas, y estaba vivo... Pero qué suerte Dios mío, qué suerte. Tú tranquilito, tranquilito que ahora mismo yo te devuelvo a tu pecera, y aquí no ha pasado nada de nada... pero nada de nada. Y esta tarde aquí todos en silencio, cuidándote... Ya verás, ya verás que bien.


                                                                                           @Rocío Díaz Gómez

 

viernes, 17 de julio de 2026

"Mamá era una sirena" Relato de Rocío Díaz Gómez

 



¿Os apetece leer uno de mis relatos?

Pues os dejo con "Mamá era una sirena" que fue premiado con el 1º Premio en el Certamen de Relato Corto Luis Sancho 2024 organizado por el Ayuntamiento de Villaviciosa de Odón en colaboración con la Asociación Cultural Acua de Villaviciosa de Odón en octubre 2024.

Le tengo mucho cariño.

Ojalá os guste. 


Mamá era una sirena

 Rocío Díaz

 

         Mamá era una sirena.

Nos dimos cuenta el día que papá no llegó a tiempo de rescatarla.

 

Acostumbrados a su melena mojada, a que se duchara más de dos y tres veces diarias, a su piel ligeramente húmeda y sus querencias acuáticas, no nos llamaba la atención que, en días lluviosos, mamá abriera el balcón de par en par, y se sentara en la barandilla con las piernas colgando. Balanceándolas despreocupadamente, disfrutaba viendo cómo las gotas iban empapándoselas despacio.

Nos acostumbramos también a que comenzara a cantar, muy quedo, mientras se mecía bajo la lluvia. Cada vez más mojada, cada vez más feliz.

Aún me pregunto si brillaba más su mirada o la piel de sus piernas estampada de gotas balanceándose al ritmo de aquella música acariciante.

 

—Vuestra madre es más traviesa que todos vosotros juntos -decía entonces mi padre corriendo a rescatarla del balcón- Cuando en un rato tenga fiebre y se queje no la vamos a hacer caso. ¿Verdad? -Apostillaba, buscando tanto nuestra distracción, como nuestra sonrisa cómplice.

Y al acercarse, desde detrás la besaba con infinito cuidado en el cuello. Y con ese lenguaje en voz baja, que compartían y solo entendían ellos, la convencía para que bajara de la barandilla y se metiera en casa, mientras la vestía con una enorme toalla, a modo de larga falda de felpa.

La princesa más elegante de todas las aguas era mi madre enrollada en esa enorme toalla que, al caminar, arrastraba con elegancia, mientras mi padre la llevaba casi en volandas hasta la ducha donde terminaban todos sus episodios acuáticos.

 

Si creces viendo esa húmeda coreografía que bailaban mis padres, salpicada de complicidad y cariño, no te extraña. Quizá muy pequeños, cuando se imitan todas las conductas, alguno de nosotros pretendimos encaramarnos al balcón. Pero aquella barandilla siempre estuvo demasiado alta y oportunamente muy llena de floridos y pesados tiestos.

 

 

Mamá era una sirena.

Y un día que ya nunca olvidaremos papá no llegó a tiempo de rescatarla.

 

Era una tarde especialmente gris y la lluvia comenzó a caer mansa. Papá no estaba. En unas horas el cielo se deshacía en un mar de agua que iba cubriendo las aceras y las fachadas, las barandillas y a las madres que cantan sobre ellas despreocupadamente.

 A medida que las piernas de mamá iban empapándose, se recubrían de una pelusilla plateada y áspera, que, al seguir mojándose, se convertía en una capa de escamas, tupida y fría, que cuánto más la inmovilizaba, más la contagiaba de una felicidad que mojaba a mamá de fuera adentro, alejándola de nosotros y nuestra seca realidad.

No sé cuánto tardamos en advertir en la lejanía su canto cada vez más alto y nítido, melodioso y dulce.

Y aunque corrimos a su cuarto, ya era tarde.

Una fuerte y preciosa cola plateada cuajada de escamas había sustituido por completo a sus piernas y por más que tiramos de ella hacia dentro de casa no logramos hacerlo. Quizá fuera porque pesaba mucho más, o porque ella no ayudaba demasiado, quizá porque no sabíamos del lenguaje íntimo y cómplice de mis padres, o porque la lluvia al fin había ganado y conseguía a quién tanto había pretendido.

Pero nuestras fuerzas se agotaron sin conseguir entrar a mamá. Entonces ella, tirándonos un beso, se deslizó por la fachada, y resbalando, alcanzó con suavidad la acera, y siguió deslizándose sobre los charcos calle abajo hasta perderse en la lejanía, delante de su canto.

 

—Iba feliz, papa.

Dijimos para consolarle.

—Ojalá hubieras visto lo feliz que iba.

Y él asentía, una vez y otra, mientras las lágrimas no le permitían contestarnos.

 

Desde entonces, los días grises los pasamos cerca del faro, a orillas del mar. Entre las olas siempre vuelve mamá. Sonríe al vernos más altos, sin algún diente de leche, sanos. Nos tira un beso, dos, tres, y de pronto ya solo vemos su cola plateada zambulléndose tras ella. En esos días grises también nosotros volvemos más contentos a casa, sabiéndola en el agua, feliz, sabiéndola sana y más sirena todavía.


@Rocío Díaz Gómez





jueves, 16 de julio de 2026

"Madrid y Galdós" de Fátima de la Fuente del Moral y Enrique Fernández Envid. Reseña Literaria

 



En la última Feria del Libro de Madrid me compré este libro ilustrado "Madrid y Galdós" de Fátima de la Fuente del Moral y Enrique Fernández Envid. 

Esta lectura reconozco que ha sido una buena compañera de piscina. A través de sus páginas vamos a ir viendo Madrid cómo la veía Galdós y reflejaba en sus novelas. 

El autor y Madrid van a ir, casi de la mano, pues entre ellos se forjó un vínculo fuerte que iremos viendo en muchos de los párrafos de sus distintas historias. Distinguiremos los barrios en los que habitó el autor a su llegada a la ciudad con apenas 19 años, en 1862, y cómo fue cambiando de casa, y con él revisitaremos cómo crecía la ciudad, cómo terminaban los barrios antiguos, o asistiremos al nacimiento de los que se iban creando como los derivados del Ensanche, de tirar la cerca de Felipe IV que encorsetaba a aquel Madrid que crecía y crecía por momentos. 

Al mismo tiempo los autores nos van a ir dando pinceladas de la política tan tumultuosa de esos años, Isabel II, la Gloriosa, Prim... Y también asistiremos como espectadores a los usos y costumbres de la sociedad madrileña de entonces, sus viejos oficios, sus personajes... Hace hincapié en el por qué del nombre de algunas calles o plazas, esculturas, de la fisonomía de la ciudad. 

Yo lo he leído volando, se lee rápido, es una lectura ágil porque va cambiando rápido de tema y lo cuentan de forma amena. Es un repaso de muchos acontecimientos y curiosidades que quizá algunas ya sepamos, pero que viene muy bien repasar, y otras las descubriremos de su mano. 

Está narrado cambiando el tipo de letra para facilitar aún más la lectura, y salpicado de fotografías que ilustran lo que cuenta. 

Me ha gustado. 

martes, 14 de julio de 2026

Reseña literaria de "Principio, medio, fin" de Valeria Luiselli

 


"¿Cómo lo reinvento todo: nuestra historia, nuestras vidas cotidianas, nuestra forma de estar en el mundo?".


Termino de leer "Principio, medio, fin" de Valeria Luiselli (Ciudad de México 1983) y me pregunto si no debería volverlo a empezar porque reseñar este libro no va a ser tarea fácil, si todo lo que he leído parece escapárseme ya de la cabeza con uno de esos vientos que da nombre a los capítulos. Es una obra diferente, pero el caso es que me ha gustado. ¿Recomendarla? pues desde luego original es. 

Es un híbrido entre ficción y no ficción, es ensayo, novela, tiene fotografías. Es una obra hecha de recortes, fragmentaria, con muchísimas alusiones mitológicas, filosóficas, de cosmología, lenguaje, de libros, de escritura, qué sé yo. No es solo una novela, es muchísimo más. Es un artefacto literario. 

Pero también es una novela de una madre y una hija que emprenden un viaje a Sicilia, buscando otra vida, un nuevo comienzo. Y también hay una abuela que está perdiendo la memoria y una bisabuela que robó un mosaico, y un amante que sale rana, y un ex marido, y un pez espada y unas medusas... 

Una obra que habla de la memoria, de la maternidad, de la responsabilidad, del amor, del paso del tiempo, de tantos temas... De finales y principios. 

Y entre tanto el texto viene salpicado con muchas referencias a la "Odisea", la "Eneida" y sobre todo a la "Historia natural" de Plinio el Viejo, referencias que a mí me gustaban mucho según las iba leyendo. Si ahora pudiera recordarlas... 

Lo empieza contando la madre y lo termina contando la hija, eso es muy curioso. Pero hay muchísimas digresiones. Es un artefacto literario muy ambicioso, muy profundo, con mucho contenido. Yo no sé si a cualquier lector le gustaría, la verdad, a los que gustan solo de novela, quizá no, sin embargo, yo lo volvería a empezar. 


"Caos no significaba entonces lo que significa hoy -desorden, lío, confusión, vorágine- sino, más bien, "hueco" o "apertura" o "fisura", una compuerta que se abre y deja entrar o salir las cosas."



domingo, 12 de julio de 2026

"Madrid en construcción. 1940-1985" en el Complejo El Águila de Madrid

 



Cuando yo era pequeña y nos vinimos a vivir a Madrid mi madre escribía cartas a las amistades y vecinos que dejamos en Barcelona. En el remite, y con aquella caligrafía clarita que le habían enseñado las monjas de su pueblo, escribía su nombre, el nombre y número de nuestra calle y luego ponía "Poblado Dirigido de Canillas". Después pegaba con la lengua el sobre y al buzón que íbamos a llevarla. "Que llegue pronto y bien" decía siempre al echarla. Todavía aquel ritual me hace sonreír. Pero no es eso de lo que quiero hablaros sino de lo de "Poblado Dirigido de Canillas". Porque nosotros vivíamos en lo que había sido un pueblo: Canillas. En la posguerra se anexionó a la Capital como tantos otros y luego entre los años "cincuentay" y los sesenta y tantos, mi barrio formó parte de esos "Poblados Dirigidos" que se crearon cuando se impulsó la construcción de viviendas para tantas personas trabajadoras que venían de los pueblos. 

Pero tampoco quería hablaros de eso, la verdad, sino que en mi mente se fueron hilando conocimientos y recuerdos mientras veía una exposición en el complejo El Águila titulada "Madrid en construcción. 1940-1985", donde se repasan las últimas cuatro décadas del crecimiento de la capital. Su reconstrucción tras los destrozos de la Guerra Civil, y el recorrido del urbanismo en esos años. 

Siempre me parecen interesantes las exposiciones de este lugar, suelen ser muy completas. En este caso, comisariada por Carolina Aguado Serrano y Guillermo Enrique de Salamanca González, nos ofrece fotografías sobre todo de Pando Barrero, Wunderlich y Santos Yubero, a los que ya conocemos de otras expos y que tan bien reflejaron aquel Madrid de contrastes hasta en su urbanismo. 

Dividida en varias partes: "Entre ruinas. 1939", "Ciudad silenciada. 1939-1940", "Extraños en todas partes. 1940-1965", "El nuevo Madrid. 1940-1985", "La ciudad que todo lo devora. 1950-1985", en la expo se pueden ver fotos de algunas reformas tras la guerra ocurriendo en tiempo récord en el centro de Madrid, mientras un poco más allá se formaban igual de rápido barrios de chabolas debido al inmenso aluvión de la emigración y como muchos de éstos después desparecieron y otros evolucionaron hasta terminar como barrios hoy consolidados. También se alude a todos esos "Poblados de absorción" y "Poblados Dirigidos" que se crearon en algunas zonas ya muy periféricas tras la anexión de los pueblos de alrededor. Fábricas que desaparecieron como la de Moneda y Timbre, o la del Gas, otras infraestructuras se ampliaron como el Aeropuerto... Y, además las fotografías están salpicadas de citas muy interesantes de importantes escritores.

En fin, que os cuente lo que os cuente, me quedaré corta, así que os animo a que os acerquéis porque es muy ilustrativa e interesante a propósito de la evolución del paisaje madrileño en las últimas décadas. 





















sábado, 11 de julio de 2026

Letreros de aquí y allá. ¡Viva el lenguaje!

 



Mi talón de Aquiles son las palabras, el lenguaje, la literatura. No puedo evitarlo, escucho a cualquier cartel chistándome: "¡eh! ¡tú!" por menos de nada. Y lo peor es que lo hago caso. Y quién dice un cartel, un nombre curioso de una tienda, o ya sabéis lo de los rótulos de los aseos... Ese secreto a voces. 

En fin, cualquier letrero en general que me parezca curioso o ingenioso secuestra mi voluntad. despierta mis peores instintos cleptómanos y me lo tengo que llevar sí o sí. 

Voy a enseñaros algunos de mi último botín. Una muestra.

De mi último mercadillo me traje el de "Las barritas energéticas, bajas en tonterías". Me hizo un guiño y no pude resistirme. Qué ingenio. 

Entre abril y mayo fui a Huelva, y de ahí me traje el que me habló de futbol. Yo que no he visto un partido entero en toda mi vida, y como soy la inculta deportiva número 1 no tenía ni idea de que había comenzado, en España, en esa ciudad. Claro luego ya me di un paseíto por el Barrio Obrero o Reina Victoria, y ahondé más en cuánto  dejaron los británicos por allí. 

De Lanzarote me traje una página de la agenda de Cesar Manrique de la última casa en la que vivió. Había muchas agendas, acostumbraba a ir anotando todo lo que hacía a mano y las fotografié porque me llamaban la atención. Pero sobre todo me resultó muy curioso cuando ese día solo había pintado, otro no lo hubiera anotado, pero él sí, él escribía: "Pintando todo el día". Imagino que las repasaría en algún momento. 

De Irlanda me traje varios letreros porque me resultaban súper curiosos. Os dejo una esquela que había en la puerta de una tienda. Un letrero de una niña que se ofrecía para pasear perros. El banco donde te podías sentar para decir que estarías feliz de charlar con alguien. El de las mascotas bien recibidas siempre y cuando sus dueños se comporten...

Son solo una muestra pero ¿No os parecen curiosos?













jueves, 9 de julio de 2026

Y si os digo que.... Oscar Wilde

 


Y si os digo que ayer tropecé por Madrid con Oscar ¡¿Cómo os quedáis?! ¡Os lo juro! Y hoy justo hace una semana que volví de Irlanda. ¿Será una señal? 

Me saludó tan contento de verme de nuevo. Y ya me veis a mí, con ojitos de cordero degollado, mirándole pasmada y diciéndole en susurros: "Pero ¿Qué haces aquí?" Y él: "Pues ya ves, que abrieron no hace mucho esta librería y aquí me han colocado y claro no podía negarme... " Y miré a la simpática librera con cierto rencor, no os lo voy a negar. ¿Otra? Somos muchas las rendidas de amor por Oscar, está claro. La competencia es feroz. Ya me doy cuenta, ya. 

En fin, pues que ahí estaba, en una librería preciosa que yo aún no conocía en la calle Agustín de Figueroa, llamada In-Verso y que me gustó mucho. Justo estaba diciéndole a mi amiga que qué pena que otra librería de los aledaños "Amapolas en octubre", que yo sigo por instagram, se estaba despidiendo, como lo hizo no hace tanto "Tipos Infames" y que qué lástima. Pobres librerías, y qué valientes las libreras. Ole por ellas. Menos mal que todavía algunas se abren. 

Pero ¿Y la alegría que me dio Oscar? que me galopaba el corazón en el pecho de pura admiración, mientras desde ahí arriba me miraba de esa forma intensa y socarrona que lo hace él, ¡ay!, eso no se puede ni narrar. Así que para celebrar que hoy hace una semanita que volví de su tierra, os dejo algunas fotos de nuestros encuentros irlandeses, o mejor dicho, dublineses. In-descriptibles. No os digo más. Nos encontrábamos en el parque de Merrion Square, en el pub cercano, en su antigua casa, en el Museo de la Literatura Irlandesa, el MOLI... ¿Se haría el encontradizo conmigo? Que era muy pillín y le daba igual ocho que ochenta... De pensarlo, me tiemblan las piernas. Qué frases dice Wilde, no me digáis... Todas, toditas, me las susurró al oído. Todas. Suertuda que es una.