Anoche terminé "El año en que hablamos con el mar" de Andrés Montero. No había leído nada de este autor pero me llamó la atención una reseña que leí del libro y la verdad es que luego me ha gustado por varias razones.
La primera es porque tiene mucho de mágico en su argumento. Tenemos varios elementos que salpican la trama y que la hacen muy sugerente: que esté ambientado en una isla, con todo lo que conlleva de aislamiento, una isla que no sale ni en los mapas. Que temporalmente se desarrolle en los tiempos en que un "bichito" o pandemia nos tuvo a todos sin movernos. Y después que haya una serie de detalles añadidos como una campana de oro hundida en el mar desde tiempos inmemoriales, un pacto con el diablo, una taberna en un barco que ya no navega, un cementerio sin cuerpos, que le añaden mucha dosis de imaginación, de evocación. Además se salpica el texto con varias alusiones al oficio de escritor que, claro, me gustaban.
La segunda porque ahonda en el tema de la nostalgia, de la familia, de lo acertado de las decisiones... Buf, ya con eso también me atraía mucho.
La tercera, es que he disfrutado su forma de contar tan rica en imágenes siendo en algunos párrafos muy poéticos, en cambios de narradores (ahora en primera persona, ahora coral...) Por su tono burlón, en otras ocasiones... Por sus cambios en estructura, además de en el argumento, constantes, lo que imprimía mayor agilidad a la escritura y lectura.
Nos cuenta el argumento de dos hermanos mellizos, Julián y Jerónimo, que se reencuentran después de cincuenta años sin verse. Lo hacen en su isla, una remota del sur de Chile, donde dejaron de llegar los turistas tras un tsunami, y ahora por la pandemia ni llegan ni pueden salir. Así que Jerónimo, el mellizo que vuelve, tiene que quedarse durante más tiempo del que había previsto, reencontrándose con su hermano, sus vecinos, su vida.
Yo entiendo que haya lectores a quiénes no les guste quizá el ritmo pausado de esta novela, o quizás el final, para mí, algo previsible. Pero por lo demás es una novela tanto desenfadada en su tono, como muy profunda en sus intenciones. Tiene mucho de sabiduría popular, de tradición oral, algo de política, mucho de colectividad. Es una novela que, a pesar de tener doscientas y pico páginas, en mi opinión, es muy ambiciosa. Me ha gustado leerla y más conocer a este autor.



























