Un blog para letraheridos. Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y letras.
Un blog donde sentarse a leer mientras te tomas un café.
Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let
Fue necesario que C. viera un cartel de Jazz. Necesario que C. preguntara a J. por el concierto del viernes.
Fue necesario que J. dijera en el grupo de guasap de clase que conocía a la cantante, que era buena.
Necesario que yo terminara con asuntos médicos a buena hora, que diera tiempo luego a merendar, totalmente necesario, y que de vuelta pasáramos por la misma puerta. Necesario que fueran las siete menos diez.
¿Entramos? ¿Habrá sitio? ¿Estará bien?
Fue providencial que dos asientos en la fila 2 estuvieran libres.
Era verdad que Marina Ferrer era buena, y que el trío de músicos que la acompañaba: el de la guitarra, el del contrabajo y el batería, que me perdonen pero no me quedé con su nombre, también.
Es verdad que tuvimos una suerte inmensa, que nos templó el alma, los disfrutamos mucho y no se dolió el bolsillo porque era absolutamente gratis.
A veces solo hay que dejarse llevar. Y la vida te cuida.
Y todo eso ocurrió en el Centro Cultural Carril del Conde, el de barrio. Un lujo.
"La escritura es ahora el único lugar donde me encuentro a salvo del diablo y su soplido. El ladrillo de la casa del tercer cerdito".
Y qué diferente el libro anterior que me leí que éste que os tengo que reseñar ahora. Aunque me hayan gustado los dos. Porque aquí una servidora buscaba otro libro de este autor, de Jesús Montiel. Uno que nunca encontré en las tres o cuatro grandes librerías que pregunté. Y cuando ya iba cabizbaja y más que cabizbaja reptando por la última librería, va la protagonista de estas reseñas y descubre éste y, claro, comprenderéis que no tuve más remedio que llevármelo.
La fotografía de la portada, en blanco y negro, con ese niño con una paloma sobre su cabeza mirando por la ventana, de la fotógrafa Marcelle Vallet, unido a ese título "El niño que he sido" y sumado a la editorial Pre-Textos, no se podían equivocar ¿Verdad?
Y así ha sido.
Me lo he leído en un par de horas, tiene unas sesenta páginas, aunque tiene tantas imágenes que podrías hasta tocar, tantas frases que hay que saborear de lo bellas que son, que terminas por leerte dos veces la mayoría de los párrafos. ¡Ay! si me leyeran mis compañeros poetas de tertulia, que se empeñan en leer cada poema dos veces...
"Nada más parecido a un copo de nieve que un niño introvertido". "Los árboles son poetas sin vacaciones.".
Es una mirada a su infancia muy conmovedora. Escrito con un lenguaje absolutamente poético, llenito de imágenes literarias y recuerdos pasados por el tamiz de la literatura con tanta sensibilidad que parecen pequeñas joyas. Prosa poética de calidad en pocas páginas pero que te deja un poso importante, un eco muy largo dentro. Es una escritura muy delicada, elegante, rica. Lo peor, lo único malo, es que llegas a la última página.
"En una foto de la abuela, mi hermana mayor me estrangula junto a esa fuente, mientras se ríe, queriendo abrazarme. Nunca he sido asesinado de un modo tan entrañable."
"Cuando murió Franco, el desconcierto fue grande [pausa]: no había costumbre». Ese era el dictamen certero de Julio Cerón Ayuso en la tribuna de la II Lección Conmemorativa Pascual Madoz que, bajo el título «España le sienta bien a Europa; ¿le sienta bien Europa a España?», dictó en Madrid el 3 de diciembre de 1984. Efectivamente, ese desconcierto grande que reinaba cuando murió Franco tenía como causa la falta de costumbre: durante cuatro décadas se había instalado la convicción de su inmortalidad.
En aquel Madrid de aquellos tiempos, no se hablaba en público nunca de la salud y de la edad de Franco, ni siquiera con ocasión de su cumpleaños, el 4 de diciembre, efeméride que pasaba inadvertida, sin rastro de celebración alguna. Tan sólo en octubre de 1969, de vuelta del veraneo reglamentario, al iniciarse el curso político, surgió algún leve comentario entre los «pardólogos», o en el círculo de quienes estaban en «la pomada», es decir, de los bien conectados con el entorno del Generalísimo, acerca de que durante una cacería había tenido una lipotimia sin consecuencias, de la que le atendió su médico personal desde los tiempos de la Guerra Civil, el doctor Vicente Gil García, quien hacía compatible esa tarea al lado de Su Excelencia el Jefe del Estado con la de presidente de la Federación de Boxeo. De otra cacería por esos mismos días se contaba que en esa ocasión los afectados por lipotimias habían sido dos de los ojeadores. Parece que llegada la hora del almuerzo Franco se interesó por saber qué tenían los ojeadores que se habían desvanecido y el doctor Vicente Gil, con el laconismo propio de su estilo, le respondió: «Hambre, Excelencia, tenían hambre».
Y de oca en oca reseño porque me toca: "No había costumbre. Crónica de la muerte de Franco" de Miguel Ángel Aguilar.
A veces los libros llegan de forma azarosa. Esta vez llegó de la mano de una de mis compañeras, habían estado hablando de él en un desayuno porque lo había escrito su tío, periodista. Y mi compañera se presentó a los pocos días con el libro para que me lo leyera yo también. Y la verdad es que fue una sorpresa.
El autor, Miguel Ángel Aguilar, cuenta en este ensayo los últimos días de Franco en noviembre del 1975, caracterizados por la desinformación con respecto a su precaria salud y el ambiente internacional revuelto. Hay capítulos dedicados en exclusiva a la Revolución de los Claveles, a los últimos fusilamientos ocurridos en aquel septiembre del 1975 y la Marcha Verde del Sáhara.
A lo largo de toda esta crónica podemos observar como era la práctica del periodismo entonces, siempre pateando la calle, buscando un teléfono para poder ponerse en contacto con la Redacción del Periódico. Nos cuenta de las tensiones entre los médicos cercanos al Caudillo, por un lado su médico de toda la vida desde la Batalla del Ebro y por otro su yerno. Así como todo el periplo que sufrió una vez muerto, teniendo en cuenta las disposiciones que había que cumplir y que se habían dejado claras, aunque algunas después no se pudieron seguir a rajatabla como, por ejemplo, los metros bajo tierra a los que habría que estar el ataúd.
Son temas de los que yo no suelo leer, sin embargo, además de porque no tiene más de 160 páginas, me lo he leído rápido pues está salpicado de anécdotas y escrito con un tono distendido, a veces jocoso, que te lo hace entretenido.
El autor Miguel Ángel Aguilar (Madrid 1943) ha sido periodista en el diario Madrid, corresponsal en Cambio 16, fundador de la revista Posible, director de Diario 16 y El Sol, director de la Agencia EFE... Y ha vivido todos los acontecimientos que narra en su libro en primera persona.
Tienes dos vidas, como todos. La que está de tu nariz hacia fuera y la de dentro.
La vida de fuera es impredecible, puede dar una vuelta de campana en un segundo y dejar a tu vida de dentro a la intemperie. Sin avisar y sin remedio. Quedarás tan noqueado que a lo único que acertarás es a preguntarte: ¿Por qué van a comprar, esperan el autobús, se ríen a carcajadas si yo me siento morir? Ah, solo es la vida, te contestarán. O un tango, que decía mi madre, la vida es un tango que hay que aprender a bailar. Y, aunque no termines de explicarte por qué viró de pronto el rumbo, tendrás que achicar agua para dar un paso y luego otro y otro . Vivir.
Sin embargo, están esos pequeños placeres que descubrirás cuánto consuelan: una conversación, un mensaje de móvil a tiempo. Un café caliente o una suave canción tras la que puedas escapar, solo con tararearla.
La música es un buen cobijo. Te transporta lejos de la realidad, te acuna, te calma. Y siempre trae alegría. Porque nunca vas a saber detrás de que esquina se esconde el Coco hasta que te asusta, no desdeñes la importancia de una broma tonta que te arranque una sonrisa, permítete el gusto de mojarla en dos tazas humeantes, disfruta del tiempo compartido, de la música de los insignificantes detalles.
Bienvenidas sean todas las pequeñas alegrías, los diminutos placeres, en este mundo frágil.
El grupo se llama Montonera Social Band, creo. No te los pierdas. Nunca te sanarán del todo, pero van curando.
En la tarea de ordenar la vida para que encuentre su acomodo dentro, tengo que pararme en la última salida con los compañeros de la tertulia literaria, para que no se me olvide.
Mariana Feride, poeta y compañera, nos invitó a participar en la II Edición del Festival "Mujer, Manantial de vida" que organizó el pasado domingo, 15 de marzo del 26, en el Centro Cultural "Pedro Tolosa" de Villa del Prado.
De nuestra tertulia, desde Madrid, nos desplazamos cinco compañeros: Javier Díaz, coordinador y colaborador de Mariana Feride para organizar el Festival, José Antonio Carmona, editor y poeta, Ana Gonz, poeta, Feli Martínez, poeta y yo. Ya veis que yo era una infiltrada total en un mundo de poetas, cantantes, bailarines... muchos artistas rumanos importantes. Entre éstos estaban Yuman Europa, Salvador Fausto o Alín Oprea que vino expresamente desde tierras rumanas. Así como el conjunto de danza tradicional rumano "Plaiuri Romanesti". Vinieron también integrantes de otras tertulias como "Las Palabras Escondidas", "Verbo Azul", más otros autores como Fernando Fiestas. No puedo nombrar a tantos como estuvimos porque no los conocía a todos, y siempre me faltaría alguno. Espero que me disculpen. Pero fue de lo más variado.
Quería desde mi blog sobre todo dar las gracias a Mariana Feride por invitarme a participar en este Festival y por hacer posible que tantos escritores y artistas pudiéramos disfrutar de una mañana llenita de poesía, música, danza y arte, en general para celebrar un marzo dedicado a la Mujer.
Se supone que Perséfone, la diosa griega de la agricultura y la vegetación, ya está en la tierra, porque su marido Hades, el Rey del Inframundo, después de secuestrarla por amor y llevarla hasta su mundo oscuro, le deja subir seis meses al año tras llegar a este acuerdo con Démeter, la madre de Perséfone. Se supone que Perséfone ya está entre nosotros y la vida ha florecido, cierto es, y nos ha traído la primavera. Pero, como el tiempo es atolondrado y nos suele dar esquinazo a su capricho, hoy amaneció un día gris y frío, al menos en Madrid.
Se supone, también, que hoy es el día de la Poesía. Y como yo he crecido literariamente entre tantos poetas que me han regalado su sensibilidad y su profundidad, para que brille un poco más este día gris y de paso celebrarlo, quería regalaros tres poemas especiales.
Dos son de los poetas que considero mis maestros en esto del escribir porque me han corregido y animado siempre a traducir en palabras las historias que se agolpaban en las yemas de mis dedos. Mi querido Aureliano Cañadas que nos dejó en la navidad del 2024, y mi querido Javier Díaz, que miércoles a miércoles, sigue enseñándome a domesticar las frases y a equilibrar los textos. Son dos poemas de desamor que a mí siempre me han calado mucho y que, espero, os lleguen también dentro a vosotros.
Y perdonadme, pero no podía dejar de traeros uno de mis poemas favoritos de siempre, el soneto de Lope de Vega sobre el amor. ¿Cómo se puede describir de forma tan certera ese sentimiento?
PESCADO
Y me enganchó la boca
con el terrible anzuelo de su boca,
me arrastró hasta la luz del sol, el aire,
y me dejó morir sobre la arena,
despacito.
Aureliano Cañadas. Poeta. (Almería 1936 - Madrid 2024)
PARA QUE MIREN AL MAR
Hemos cambiado las ventanas
para que miren al mar,
las paredes las hemos pintado
de sal y hay peces
nadando en la bañera.
Pero aún
tiene esta casa
voluntad de barco
y de naufragio.
Javier Díaz Gil. Poeta. (Madrid 1964)
Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo, mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, enojado, valiente, fugitivo, satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño; esto es amor, quien lo probó lo sabe.
"La alegría, cuando llega, no es una fiesta; es una tregua. Y cuando aparece, hay que dejarla quedarse. No preguntarle nada. No interrogarla. No le gusta."
Vamos con "Bailando lo quitao" la novela de Ana Milán que me he leído en un suspiro y me ha gustado bastante.
La actriz Ana Milán me ha sorprendido gratamente con esta novela donde una protagonista de 79 años, Josefa, o Josi, cuenta su vida a retazos según le vienen los recuerdos a la cabeza, porque como bien dice la memoria no tiene índice. Que frase ¿eh?
Empezando por el título con ese baile de palabras en la frase hecha "Que te quiten lo bailao", siguiendo por su portada elegante y lisa de color rojo aterrizamos en esta novela corta compuesta de capítulos cortos que no siguen un orden lineal en el tiempo pero sí en lo espacial porque está ambientado en la ciudad de Madrid. Los capítulos arrancan con una buena frase y terminan con otra que cierra perfectamente el capítulo y te deja un eco resonando en el interior. Ahí se nota que está muy trabajada la escritura, que ha corregido y corregido, están bien escritos esos pequeños capítulos, bien acotados, independientemente.
A mí me parece un buen personaje el de esta protagonista, no te deja indiferente para nada. Está contado en primera persona y te va enredando y enredando en su vida, es la voz de Josi, es su vida y casi, casi su final: es su historia. Aparecen algunos personajes, de pasada, que han sido reales, y otros, claro, que le hacen de contrapunto totalmente ficticios.
La novela tiene mucho humor, pero no porque te rías a carcajadas, sino porque tiene una fina ironía que subyace a este estilo directo, sencillo, franco y reflexivo de la autora. Ironía hasta cuando es bien triste lo que te está contando. Tiene un poso muy importante de melancolía. Toca muchos temas: El paso del tiempo, la familia, el amor, la España de la transición, la soledad. Yo he subrayado muchas de las reflexiones de la novela.
Me ha sorprendido gratamente, confieso que tenía yo mis reservas, las mismas que cuando leo cualquier libro de alguien a quién, a priori, se le conoce por ser presentador o actor. Pero me ha parecido un libro bien escrito que ha conseguido que me creyera a su personaje y empatizara con él.
"Me da pánico el agujero negro de las últimas veces. Ese momento invisible en el que algo ocurre por última vez sin que lo sepamos."