Cuando ya llevas varios años viviendo en la misma ciudad, asistes como espectador, quieras o no, de todos los cambios que van sufriendo sus edificios, calles y tiendas. Aunque, curiosamente, tú sigas acordándote nítidamente de los usos que tenían cuando los conociste. Cuando empezábamos a salir del barrio, a mediados de los años ochenta, siempre que necesitábamos zapatos nos acercábamos hasta las tiendas de muestrarios de Chueca, mientras que si queríamos algo de sonido acudíamos a la calle Barquillo, sus dos aceras eran esas tiendas en fila india. Del mismo modo para pequeños aparatos electrónicos íbamos al Decomisos de la calle Arenal, en los bajos del Palacio de Gaviria después de comernos unos sándwiches de Ferpal. Buf qué vértigo. Apenas ya hay muestrarios ni tiendas de sonido ni decomisos ni Ferpal. Todo lo ha barrido el paso del tiempo. Los edificios siguen, claro está, pero han ido cambiando, iba a decir de oficio, pero quizá debería decir de beneficio. El Palacio de Gaviria después, durante unos años, fue discoteca y al menos una vez fui a tomar una copa una noche hace un millón de años. Con el tiempo lo volvieron a cerrar y... hasta esta primavera que dijeron que lo estaban restaurando.
¿Quién le hubiera dicho a ese banquero con título de Marques de Gaviria, a mediados del siglo XIX, cuando estrenó su señorial palacio, a cuya inauguración asistió hasta la Reina Isabel II, que iba a reinventarse tantas veces? Desde que supe que habían reabierto el Gaviria tuve mucha curiosidad por verlo de verdad como lo que había sido, un palacio. Además, iba a albergar una exposición de esculturas de Dalí. No era mala combinación para nada. No me gustaba mucho el precio así que lo dejé un poco "en barbecho" hasta que salió en lo del Abono Teatro y ahí ya sí que no me lo pensé. Por ese precio merece mucho la pena.
Que gusto ver las 13 salas que te enseñan del Palacio, me encantaron los frescos de los salones, sobre todo el techo del Salón de Baile. La señorial escalera, el patio interior, también la capilla merece mucho la pena y hasta los baños eran curiosos con ese toque antiguo tan elegante. Pregunté qué sala había sido la biblioteca, era redonda, aunque la encontré un poco pequeña para lo que me había imaginado, la verdad.
En cuánto a "Dalí infinito", las 14 esculturas de Dalí que puedes admirar son muy llamativas, enormes, muy curiosas y originales. El elefante cósmico, el Cristo de San Juan de la Cruz, la Mujer desnuda subiendo escalera, la cabeza de caballo riendo... Te hablan de la técnica de la cera perdida. También hay dibujos originales de la zona del Ampurdam, y de la serie de La Divina Comedia de Dante. Abajo un par de salas dedicadas a un amigo fotógrafo, Jacques Leonard, con diversas fotografías del pintor y su mundo cotidiano, como visión de contrapunto al genio que asoma de su arte. Dalí y sus obras, sean las que sean, son palabras mayores.
Creo que es muy buena combinación, esa exposición en ese palacio. Las esculturas pueden lucirse mucho en ese contexto tan amplio con enormes espejos y elegantes paredes. Y ya, pues tú verás, lo que quieras estar ahí contemplándolo todo...

































