Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

domingo, 7 de junio de 2026

Ron Lalá - "La desconquista"

 



Es normal que las fotos y los vídeos del final de la actuación hayan salido un poquito movidos. La alegría generalizada, los aplausos de unos y otros y los ¡bravos! revoloteando las cabezas, agitan el aire, el ánimo y la cámara. Pero es que Ron Lalá son tan buenos... 

Fue una peripecia conseguir ir. Con eso de que ahora hay que comprar las entradas con tantísima antelación, allá por noviembre del 25 para este mayo, dio tiempo a que el teatro nos cambiara la obra anunciada, una de unión de fragmentos de otras anteriores por su última creación; dio tiempo a que imprevistos no me dejaran estar justo ese día en Madrid; tiempo a que me volvieran a regalar, ¡genial!, una entrada para ya el último día que estaba en cartel, ¡ole!, y por fin el 24 de mayo allí estaba sentada en el teatro Infanta Isabel dispuesta a disfrutar de "La desconquista".

Y mereció la pena. Dice el argumento: "Finales del siglo XVI. A bordo de una barca a la deriva, tres náufragos reman para alcanzar las costas del Nuevo Mundo. El capitán Hernán Galán busca la gloria, el marino Fulano busca el oro, el misionero fray Pío busca almas para la fe. Los tres vivirán mil peripecias y desventuras en alta mar y en costas desconocidas para descubrir que nadie es quien dice ser y nada es como parece. Y descubriendo el Nuevo Mundo quizá se descubran a sí mismos…"

Mereció la pena, porque Ron Lalá son muy brillantes y logran contar la Historia y las historias en verso con toda riqueza en el lenguaje, salpicándolo de ese humor que gastan que te partes y fusionándolo con su faceta de músicos y cantantes que te lo hacen muchísimo más ameno. No les falta de nada.

Ron Lalá no defraudan nunca. No os los perdáis si van por vuestras ciudades.






viernes, 5 de junio de 2026

Aseos. Más cromos para nuestra colección.

 




Ya me habréis oído decir que no me da la vida para todo lo que quiero hacer. Y así pasa, que con estos ires y venires, trajines y demás "ines" tenemos la colección de "aseos" empantanada. Amoooossss. ¡Pero esto no lo podemos consentir! Nononono. Que donde esté un letrero de aseo ingenioso que se quiten las prisas y los agobios diarios. Desestresan mucho ciertas colecciones, os lo digo yo. Y no os lo voy a explicar. Lo siento. Pero ahora mismo os dejo aquí una serie de aseos que me ha ido enviando mi amigo Xosé desde las mismas Galicias. 

"Hola Ro! Del café Bolivar en Santiago. Algo sexista light, pero bueno, bonitos los patucos son." y a mí que se me pone esa sonrisa tonta de volver a escuchar a Xosé y ver sus "regalitos". "Del café Tertulias en Santiago" y yo que pienso ¡Tengo que volver a Santiago!" Del Restaurante O Cabildo en Santiago. Besos maja!" y a mí me entra una morriña... 

Pero claro la vida es como es, y vamos centrifugados por el mundo entre el trabajo, los horarios, los metros, los imprevistos, las obras y ¡el Papa! 

Y con esta vida tan achuchada una ni pone orden en su vida, ni en sus lecturas, escritos, blog ni ná de ná. Así que mientras encontramos el ratito mágico de disfrutar de la compañía de todos los amigos que viven lejos, que ya hay ganas, pues aquí una servidora se conforma con saber de ellos, aunque estén a un montón de kilómetros, porque ¡oye! ven un aseo curioso y dicen ¡para Rocío! Y yo que me pongo como una gallina clueca sintiendo como cuidan de mis tonterías y lo que es mejor, se acuerdan de una. 

Mil gracias a todos los que vais pensando en mí por los ¡vateres del mundo! Ole por vosotros. ¡Ay madre! nunca pensé que diría esto... 













miércoles, 3 de junio de 2026

Mis dedos te acariciarían. Murales. Huelva

 



Si no fueras un pez

brillante y escurridizo,

las yemas de mis dedos

 te acariciarían.


Embelesada,

esta boca mía,

sedienta mi mirada

y tan, tan cerca tú.


Fuiste brisa, viento, eres alas.

Y yo solo un grito,

uno quedo, 

un hilo de grito

 que voy tragándome,

enrollándolo despacio

de fuera adentro.


Y tan, tan lejos tú,

pero tan mío.







Murales de Huelva.

domingo, 31 de mayo de 2026

Gaudeamus Igitur. La mayor es tierra.

 



La mayor, ya de pequeña, se quedaba pensativa de pronto, ajena al mundo, ensimismada. 

Así la recuerdo y así me gusta reconocerla, descubrirla en ese gesto que ha saltado una generación y conozco desde que nació su padre. Un gesto mínimo, calcado, que ellos ignoran y comparten. 

La mayor es tierra, tierra fértil, tierra porosa, y pisa paso a paso subiendo escalones escalera tras escalera. Se mancha las manos, se embadurna de dudas, pero germina, germina con fuertes raíces y se eleva recta hacia arriba. La mayor es de carne y hueso, seria y cómica a un tiempo, y se despista hasta verse dentro de las cocheras de los autobuses, hasta chocarse y vencer al bolardo de la Uni, hasta olvidarse los calcetines con los que tiene que vestirse tanto de chanclas, como de deportivas. La mayor es un bucle de carcajadas alegrando la noche hasta reírse de sí misma, del mundo. 

La mayor habló muy pronto, muy claro, y leyó casi tan pronto, o más. Después fue aprobando y aprobando y aprobando cada curso con buenas notas mientras nadaba, tocaba el piano, aprendía artes marciales o qué se yo, hasta que, de pronto, subida en unos tacones con los que aterrorizó a sus incrédulos pies escuchaba, seguramente ensimismada, como le cantaban el Gaudeamus Igitur.  

Gaudeamus igitur / iuvenes dum sumus / Post iucundam / iuventutem... 

La mayor ya es enfermera, y después, no os apuréis, Laura será lo que quiera.


A nuestras madres.

Mayo 2026



 








sábado, 30 de mayo de 2026

Casa Museo de Saramago en Lanzarote

 

A veces apetece repetir alguna visita que ya hiciste años atrás. Te quedó buen recuerdo, te pareció un lugar especial y, estando cerca, ¿Por qué no verlo otra vez? 

Eso me ocurrió con la Casa Museo de Saramago en Tías (Lanzarote). A la que he vuelto en este mes de mayo. 

Cuando en su país, en Portugal, le vetaron su novela "El evangelio según Jesucristo", el autor decidió refugiarse en Lanzarote. Pero parece ser que encontró en ese pequeño pueblecito, Tías, un terreno con pinta de erial, pero vistas al mar, al que le vio muchas posibilidades de albergar su residencia. Le encantaba el paisaje volcánico, el volcán Cuervo, la Montaña Blanca, le inspiraba y seducía a su creatividad. Así que allí se quedaron y se hizo esa residencia "A Casa", pegada a la de sus cuñados, que a mí me gusta mucho porque me parece el refugio perfecto para un escritor: silencioso y acogedor. 

Un lugar donde todos los relojes están parados en la hora en la que se conoció la pareja por decisión de él. Una casa donde poder reunir a los amigos famosos (Vargas Llosa, Eduardo Galeano...) y no famosos a tomar café en esa cocina preciosa donde si en la actualidad hay fruta es porque está en la casa su mujer que a temporadas vuelve. Un despacho con todo lo necesario para poder escribir y atesorar sus recuerdos y fotos. Una enorme biblioteca donde están todos los volúmenes que juntaron su mujer, la periodista Pilar del Rio, y él, colocados por temáticas, salvo los escritos por mujeres que están por orden alfabético por sugerencia de ella. El jardín donde están plantados algunos olivos que trajo de su tierra natal con todo el cuidado del mundo, y la silla donde se sentaba a mirar el mar.

La primera vez me deslumbró la casa e incluso nos invitaron a un café en la terraza de esa cocina. Guardo un buenísimo recuerdo de entonces. Pero esta vez también ha merecido mucho la pena. No ha habido café, una lástima, pero éramos menos en el grupo, solo cinco personas, y el guía nos explicaba muchísimas cosas con mucho detenimiento. Me volvió a parecer un lugar muy especial, que transmite el espíritu del escritor y de lo que Lanzarote le inspiraba. 














"Cosas inútiles que te contaría" de Rosario López. Reseña Literaria

 


El mes de mayo me he dedicado a leer libros cortitos, no ha sido premeditado, ha salido así. 

De "Cosas inútiles que te contaría" de Rosario López, lo primero que me gustó fue el título, me transmitió esa sensación acolchada que se desprende de las confidencias, de los diálogos, del puro compartir. Escuché una reseña y me apeteció leérmelo porque eran relatos que de alguna forma se comunicaban y quise ver como los había enlazado la autora; y por último, vi la portada, de fondo beige y con ese cactus verde y rosa, y me apeteció más porque me pareció muy delicada, muy limpia. 

Venía el día del libro y ese día lo busqué por las grandes superficies y alguna librería más pequeña de Madrid. Imposible. No estaba en ninguna parte. Días después, paseando por Huelva me fui a descubrir a librerías y di con una que, no solo tenía un exterior muy elegante, azul y de madera, sino que por dentro parecía bastante completa. Entré, por supuesto, y lo pedí con el convencimiento absoluto de que no estaría porque iba a ser una casualidad. Y ¡zas! ahí estaba, en la librería Saltés. ¿Quién me lo iba a decir? Se vino a vivir conmigo a Madrid y allá adonde fui. Y al final, el libro viajero acabó en Lanzarote y me lo leí en dos tardes de playa. Menudo periplo el de este libro ¿verdad? 

Apenas cien páginas y ocho historias. Ocho monólogos contados por mujeres. Se pueden leer por separado, pero la verdad es que procede leerlos seguidos y descubrir quienes van siendo las que cuentan su historia porque todas están conectadas. Ocho historias sobre la pérdida, el duelo, la soledad, el vacío... Sí, de primeras, no parece muy atractivo en según qué días el tema. Pero no es triste ni lacrimógeno. Está escrito con una prosa cuidada, casi siempre de frases cortas, concisas, y en primera o segunda persona. Por otra parte, está salpicado de fotografías desenfocadas de Patricia Lodín. Lo cierto es que a esos monólogos los empastan muy bien esas imágenes tan poco nítidas como las historias, difusas, a medias, sin saber cual va a ser su final. 

El primer relato creo que fue el que más me llegó, lo escribe una mujer a la que su marido, psiquiatra, se ha suicidado. ¿Cómo se lidia con eso? Después hay más ausencias, de una madre, de una hermana, de una vecina de piso de una pareja... Hay tan pocas personas acompañando a las que cuentan su historia como certezas en este volumen de relatos, hay mucho vacío y muchas mujeres que tienen que volver a aprender a vivir tras la pérdida o ausencia. Y sobre todo, lo que hay, es muy poca comunicación de esas personas con las de su alrededor. Creo que ese es el tema, en definitiva. No es un libro triste y está bien escrito. Pero, claro, con ese tema, la verdad es que salí de él con ganas de una historia con muchos diálogos. 


jueves, 28 de mayo de 2026

Esculturas de Carlos de Oliveira en Vila Real de San Antonio

 


Yo no sé ir a Huelva, o mejor dicho a Ayamonte, sin cruzar el rio y visitar los pueblecitos de Portugal que están tan cerca. Es muy agradable pasear sus calles adoquinadas, respirar esa tranquilidad decadente, esa serena placidez que transmite el país vecino a la altura de la desembocadura del Guadiana.

Cuando tuve que ir en abril, no había demasiado tiempo de nada pero, corre que te corre, nos escapamos una mañana para desayunar en Vila Real de San Antonio. De aquel café y aquellos pastelitos de nata tan típicos que se deshacen en la boca qué os voy a contar que no sepáis... Gloria bendita. El camarero nos ofreció dos tipos diferentes para probarlos, daba igual, estaban deliciosos esos y todos los que hubiera querido sacarnos. 

En fin. Tengo que dejar de salivar para contaros que, en aquella escapadita, descubrí, salpicando las calles, plazas, rincones de Vila Real, unas esculturas que me llamaron la atención, y con las que un escultor llamado Carlos de Oliveira Correia (afincado en Castro Marim) hace un homenaje a la mujer. 

Os las presto un ratito para que podáis curiosear estas esculturas de arte contemporáneo que se acompañaban de poemas de autoras como Safo, Adiha Lopes, Hilda Hilst... a modo de mensaje, que me parecieron muy interesantes.