Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

jueves, 30 de julio de 2026

De Glen Hansard volví a Dublín, a Irlanda, a vivir

 


Hoy me acordé otra vez de Dublín, de Irlanda, de nosotros. 

Mientras me arreglaba para ir a trabajar, la radio emitió la noticia de la muerte de Glen Hansard, el músico y actor ganador de un Oscar por la película ONCE. La película de músicos callejeros que fijó ya Dublín en mi eterna lista de viajes con esa banda sonora de fondo. Hansard tenía 56 años y se mató ayer, 29 de julio, en un accidente con su moto a las afueras de la ciudad. Decía la noticia que su fama como actor no había conseguido alejarle de las calles de Dublín, donde de forma improvisada seguía tocando de vez en cuando como cualquier otro músico callejero. 

Tengo tan reciente mi viaje a Irlanda, a primeros de mes, que he vuelto a verle recorriendo aquellas calles con su compañera de película, Marketa Irglova, cantando juntos y arrastrando aquella aspiradora como si fuera una mascota. Me gustó mucho la peli, y me apenó saber de su muerte a destiempo.

Y de la mano de la pena, acabé naufragando en la nostalgia. Y volví a escuchar a los dos guías locales tan buenos que tuvimos: en Dublín, un uruguayo, y en Belfast, un gallego. Muy buenos los dos, cuánto sabían y de qué forma tan amena nos lo contaban. Y he vuelto a saber que el león de la Metro Goldwyn Mayer nació en el zoo de Dublín en 1919. Y de un león, el guía nos llevó a ver otro, disecado y enorme, que curiosamente tienen asomado a una ventana, asustando a los viandantes. Y recordé aquel árbol y su historia de amor tan "romántica" con un banco de un parque de Dublín. Y recordé el memorial del Hambre que tanto me conmueve, y de ahí, vete tú a saber por qué, salté al momento en el que nos enseñaron cómo era la terapia convulsiva de los electroshock antiguamente

Los pensamientos son pulgas que saltan por tus recuerdos con total impunidad. Se va tejiendo una red por tu memoria, asociando acá y allá, creando ese tejido que ahora te devuelve sensaciones gratas, ahora te impregna de añoranza. Sin embargo, esas asociaciones nos colocan en el mundo, como a una chincheta diminuta, y sobre todo, otorgan sentido a lo que hemos vivido. ¿No creéis?













domingo, 26 de julio de 2026

Primero A de Primero de BUP

 



Veníamos de distintos colegios e incluso de distintas ciudades, pero fuimos a coincidir en aquella clase de un Instituto de barrio. Primero A de Primero de BUP. Si pienso cuántos años han pasado me puede dar, cuánto menos, vértigo. O quizá ya, a estas alturas, hasta me podría dar una subida de tensión, échale. Pero lo cierto es que me da una sonrisa de esas que ni te das cuenta de que te ha salido en la cara. Una curvatura hacia arriba de las comisuras de los labios tan espontánea y tan de dentro que solo puede ser de verdad. Una mancha, que no te ha tatuado el sol sino el tiempo, un tiempo precioso que solo puedes agradecer.

Ahora pienso que cambiarnos en 8º de la EGB del cole al Instituto para estudiar el BUP, nos abrió un abanico de vivencias que nos enriqueció de pronto. El barrio se estiró y acogió más barrios cercanos, la vida se desplegó como un mapa, se multiplicó con compañeros distintos, con otras vidas a las que ya siempre nombraré con nombre y dos apellidos, según las escuchaba en la lista, pero que tenían muchísimo que ofrecernos. En el cole todo era más fácil, era lo conocido, pero también a la larga nos habría encorsetado, sin darnos cuenta se nos había quedado pequeño. 

Las cuatro de la foto en tercero de BUP elegimos matemáticas y latín, y en COU arte y latín. También elegimos el mismo parque para pasar las tardes, después de aprovisionarnos de amigos escogidos del Insti, patatas fritas y y litronas del "Mayorico", en lo que todavía no se llamaba botellón. Elegimos después ir a la acampada de tercero de BUP, el primer viaje que me dejó mi madre ir con amigos. Y al siguiente curso elegimos estar en el viaje de Torre del Mar, después de habernos pasado todo el último curso sentadas en fila india, compartiendo la misma fila de pupitres, al final de aquella clase de COU de la que aún puedo recordar tantas divertidas anécdotas.

Ahora, en este año que cambiamos de década, y no va a ser una década cualquiera, me pregunto cómo lo hemos logrado. Cómo hemos conseguido a pesar de los vaivenes vitales, de los amores y desamores, de los hijos y los padres, de los amantes y amigos con mayor o menor derecho sobre nuestro tiempo y corazón, ¿Cómo hemos conseguido mantenernos cerca? ¿Cómo hemos logrado seguir contándonos nuestras cosas y compartiendo la vida? ¿Cómo? Y solo tengo una certeza: qué suerte he tenido. 

Con las amigas, con los amigos que llegarían antes o después pero dentro de mí siento "de siempre" cuánta suerte he tenido y qué agradecida estoy.


sábado, 25 de julio de 2026

"Marcelino" de Bibiana Collado Cabrera. Reseña Literaria

 


"Al verla, recordé cuando se le empezaron a poner blancos los pelillos de ahí abajo. Tanto entrar en ella y, sin embargo, tardé mucho en darme cuenta. Nunca había pensado que las canas llegaran también al sexo. Sencillamente, no se me había ocurrido. Primera fue la sorpresa. Mirarla fue mirarme y entender que el tiempo pasaba por mi cuerpo. Después vino una risilla incontenible porque las ganas seguían ahí, apretándonos el uno contra la otra. Encarna, en muchas ocasiones, soltaba lo que me rondaba por la cabeza antes de que yo mismo me diera cuenta de qué estaba pensando. Nos estamos haciendo mayores, Marcelino, qué bien seguir teniendo ganas de follar, dijo en aquella ocasión. Amén, contesté yo."


Termino "Marcelino" de Bibiana Collado Cabrera con pena infinita de que no tenga más páginas y con la convicción absoluta en que no voy a parar de recomendarlo, con el riesgo que supone eso... Pero me ha encantado desde la primera frase. Me acordaba de cuando yo era jovencita y le pedía a mi madre que me comprara otro libro que ya se me había terminado. Y ella, viuda, con una pensión bien menuda y cuatro adolescentes en casa, lectores todos, me decía: "Hija, estíralos, estíralos porque yo no gano para comprar tanto libro." Y yo quejándome: ¡Pero mamá como voy a estirar un libro, cuando ya lo he leído, lo he leído!. Y resulta que leyendo "Marcelino" me acordaba de aquello porque ¡anda que no he estirado yo esta novela de Marcelino! Creo que todas sus páginas me las he leído un par de veces, por lo menos, y siempre con una sonrisa, ahora juguetona, ahora triste, siempre tierna, queriendo atrapar las palabras, queriendo saborear despacio esa forma de contar tan sentida, tan de verdad, que tiene el personaje. Queriendo acariciar, sobre todo, la hermosa literatura de esas frases.

Contado en primera persona, Marcelino es el narrador. Marcelino es un hombre mayor, de pueblo, que vive en la dura posguerra, y nos va contando su vida entera sin tapujos, con toda la sinceridad y honestidad del mundo. Marcelino te habla de sentimientos como te habla del sexo, sin ningún pudor ni disfraz. Lo que es, es. Es tan de verdad este personaje... Está tan bien perfilado en sus cualidades, sus debilidades, sus pocas palabras, en sus deseos, sus amores. Su lenguaje es tan rural, tan de la tierra, que no hay doblez en ni una sola de sus palabras. Es entrañable. 

Y el resto de los personajes: Su Encarna, su mujer. Marta su casi nieta. Ángeles y Dolores, la pareja que forma la mejor amiga y prima de Marcelino. Manuela su hija. Mujeres valientes, fuertes, discretas. Muy bien perfiladas también. También están los hermanos de Marcelino, tan diferentes y tan buenas personas como él. 

El estilo de ese narrador en primera persona es tan directo como poético, tan desnudo de florituras como rico en imágenes, en términos, en lo que te cuenta. Lo cuenta todo tan bonito... Celebrando la vida. Porque aquí celebran matanzas, bodas, nacimientos, y en el fondo están todo el rato celebrando eso, la vida. 

Hay sexo, como os decía, mucho, sin ninguna obscenidad, pero contado tal cual, transparente, salpicando, incluso. Hay amor conyugal, amor de amistad, amor a la familia... Tanta ternura... 

Es una novela de ciento y pico páginas con 50 más 1 capítulos muy cortos, que comienzan en el ahora, el capítulo 50 y que van a ir descontándose como la vida. Y por eso cuentan desde la casi infancia hasta el momento que arranca la narración, cuando Marcelino ya está solo y piensa que no le queda demasiado tiempo, ya es muy mayor. Una autobiografía llena de anécdotas, descripciones ricas y detalladas, episodios tan visualmente contados que parece que estas ahí. 

Cómo me ha gustado esta novela. Ya estoy buscando la primera de esta autora que tiene, además, varios poemarios. Un descubrimiento precioso. 


"Mi madre andaba faenando de un lado a otro. Parecía que no estaba escuchando. Sin embargo, cuando aquellas mujeres se fueron cada una a su casa, me metió de una brazada en la cocina y bajito me dijo que las mozas y las casadas echan sangre una vez al mes, ni las niñas ni las viejas, solo las que tienen edad para dormir con un hombre. esa sangre es la responsable de que puedan tener familia. Si una hembra no sangra, no puede ser madre. Y punto."




viernes, 24 de julio de 2026

Exposición de José Caballero "Algo camina hacia el infinito" en el Museo de Huelva

 


De pronto, en mi memoria, dos neuronas hicieron sinapsis y de los archivos de Lorca en la exposición de la Residencia de Estudiantes de la que ya os hablé en la entrada anterior de mi blog, salté a alusiones a Lorca en otra exposición que descubrí en el Museo de Huelva dedicada a José Caballero (Huelva, 1913-Madrid 1991), artista, pintor y poeta onubense. 

Es cierto que, allá por abril cuando estuve, no os había hablado de ella, porque yo iba con el tiempo justo y, buscando otra exposición, la encontré de casualidad en el vestíbulo del Museo, sin embargo me atrapó y ahí estuve un rato viendo documentos y fotografías del tiempo en que coincidieron el pintor onubense con los intelectuales del 27: Alberti, Lorca y Neruda con los que mantuvo vínculos de amistad y creatividad.

La exposición se llamaba como su último trabajo en vida, un lienzo titulado "Algo camina hacia el infinito". Y consta de pinturas, dibujos, obra gráfica, correspondencia, fotografías, documentos personales... 

Os dejo con algunas fotografías de la exposición. Es curioso como los recuerdos se atraen y se relacionan acontecimientos, exposiciones, que ocurren en meses distintos (abril y julio) y en ciudades diferentes (Huelva y Madrid).

 










jueves, 23 de julio de 2026

"Lorca y el archivo: memoria en movimiento". Exposición en la Residencia de Estudiantes. Hasta el 26 de julio

 


Pues es que va a terminar ya... Y es Lorca, y es la Residencia de Estudiantes. Merece la pena. 

Si yo se que hace calor, no lo voy a saber si yo fui un laborable después de trabajar mañana y tarde y casi muero no sé si de insolación, deshidratación o cansancio ¡con lo que me gusta a mí ese rinconcito de Madrid tan cultural y con tanta historia! Pero una vez dentro de la Residencia ya es otro mundo, y dentro de la exposición se esta fresquito. Y que es Lorca. Ya, ya sé que me repito. Pero que esta vez va más allá y trata de la suerte que han corrido sus archivos, es interesante y completa. 

"Lorca y el archivo: memoria en movimiento" nos habla de las diversas etapas por las que pasaron sus documentos. 1. Golpe, guerra y ruptura. 2. Rutas del exilio. 3. El largo regreso. 4. Caminos de apertura y 5. Hacia el futuro. 

Nos habla de la variedad e importancia de los proyectos creativos del poeta y de cómo se intentó ponerlos a salvo tras su final. Nos habla de los familiares y amigos exiliados y su preocupación por el legado de Lorca. Nos habla de la vuelta de éstos, de sus intentos por reunir la documentación, de sus intentos de darlo a conocer. Nos habla de la casa de la calle Alcalá de Madrid y de la Huerta de San Vicente. Nos habla de la búsqueda de un lugar para el archivo, que si Granada o la Residencia de Estudiantes. Nos habla de los archivos sonoros, de las fotos y archivos encontrados después de tanto tiempo... Nos habla de algo que está muy vivo, es importante y requiere atención. 

Nos habla de nuestra cultura y nuestra historia. 

"Lorca y el archivo: memoria en movimiento": Hasta el 26 de julio. 


























"Asesinato en el molino del cura" de Arantza Portabales. Reseña Literaria

 




Todos los libros que me he leído de Arantza Portabales los he disfrutado. 

En esta ocasión le tocaba al titulado "Asesinato en el molino del cura", su última novela negra. Es la segunda entrega de la serie "Los crímenes de Loeiro". La primera fue "Asesinato en la Casa Rosa", y en esta nos volvemos a encontrar con algunos de los personajes. Pero si no la habéis leído, no importa, pueden leerse de forma independiente. A mí me ha llenado mucho más ésta que la anterior. 

Es del género de novela negra, y está ambientada en Galicia. Nuestra novela negra no tiene nada que envidiar a la de fuera de España. 

Me la he leído muy rápido, porque me ha parecido muy, muy entretenida. 

Arranca la novela de forma bastante truculenta narrando un asesinato con "bastante carnicería" sin contarnos demasiados datos pero que sabemos que ocurre a finales de 1984. Y luego ya da un salto la historia hasta la actualidad en la que Alba Mariño llega a ese mismo pueblo buscando respuestas. 

Por lo tanto nada más empezar la novela ya vemos que tiene dos líneas temporales, porque se centra en un crimen ocurrido en el año 1984 en el pueblo de Loeiro en el que murió una niña de diez años. Pero ahora cuarenta años después, llega alguien al pueblo que hace que todo se vuelva a revivir. Y Loeiro es aparentemente un pueblecito gallego pacífico, aunque solo aparentemente. Ya durante toda la novela se van a mantener esos dos hilos temporales, lo cual va a imprimir mucha agilidad a la narración. 

Nos hemos reencontrado aquí con la inspectora Iria, que ha dejado el Cuerpo y ahora es abogada, también con Cesar Araujo, el jefe policía ya retirado y afortunadamente también con una vecina: Sinda, "La Gestapo", que es una secundaria de lujo. Y en un momento dado también le hace un guiño a Abad y Barroso, de la anterior novela.

No quiero contaros más no vaya a destriparos algo. Yo os animo a leerla porque todas las novelas de esta autora merecen la pena, y desde luego en ésta ha dosificado la intriga muy bien, como acostumbra, y te engancha rápido.  



lunes, 20 de julio de 2026

"Despedida y cierre para un entrañable cadáver" Relato de Rocío Díaz Gómez

 



Y este es otro de mis relatos, otro tono y otro premio. 

Como leeréis no tienen nada, pero nada que ver, el de la entrada anterior que el de hoy, pero los disfruté mucho cuando los escribí. Mi amigo Alberto dirá que si os dejo dos relatos vais a comparar. Bueno, son para momentos distintos del día.

Se titula: "Despedida y cierre para un entrañable cadáver" y obtuvo el 1º Premio en el Certamen XXX Certamen Literario Villa de Ermua. Junio 2024.

Espero que os guste. 


Despedida y cierre 

para un entrañable cadáver


   Nunca antes me había deshecho de un cadáver. Pero tenía que hacerlo, y ya.  Corrí a la habitación, a despertar a mi mujer.

—Lola, Lola, levántate, deprisa, levántate…

—¿Qué pasa? ¿Estás malo?

—No, no, qué va. Venga, vamos, levántate…

—Me estás asustando ¿Qué pasa?

—Nada, calla, ven.

 

 Allí seguía el muerto. Dónde yo lo había dejado. Lola nada más verlo se echó las manos a la boca ahogando una exclamación.

—Pero ¿Qué ha pasado? -cuchicheó.

—Ha palmado ¿no lo ves?

—¿No lo voy a ver? Pobrecillo... Pero ¿Por qué?

—No le he preguntado…

—No seas idiota.

—¿Y cómo lo voy a saber entonces? Lo único que sé es que me he levantado, he entrado en el comedor como cada mañana, me he acercado a saludarle, y ahí le he encontrado. Ahí. Tieso. Cómo le ves, vamos.

—Pobrecillo…

—No me digas que vas a llorar. Tanto pobrecillo, pobrecillo, si estabas siempre quejándote…

—Ya… pero, hombre, tampoco quería que se muriera.

—Ley de vida.

—Insensible...

—¡Pero bueno! Cualquiera diría… No te entiendo. Te pasabas la vida echando pestes de él, que te daba mucho trabajo, que menuda carga, que a este paso iba a durar más que nosotros... Y ahora te pones así.

—Pero eso son cosas que se dicen, no que se piensan.

—¿Y todas esas veces que me dices “piensa antes de hablar”?

—Pero ¿Qué tiene que ver eso ahora?

—Pues que me acabas de decir que tú también hablas y no piensas.

—Mira que eres idiota, con la que tenemos encima y que tonterías dices...

—Lola, van dos veces que me llamas idiota y no hace ni cinco minutos que te has levantado.

—Si es que parece mentira... Tenemos aquí a este pobre, ahí mismo, muerto. Que no sabemos ni lo que habrá sufrido el pobre. No me digas... Aún podía haber vivido unos cuántos años más, porque bueno era mayor, sí. Pero cómo para morirse... Pues no.

—Venga mujer, venga, no te lo tomes así... Anda, ven, ven a la cocina, te pongo un vaso leche calentito y tú tranquila que yo me ocupo...

 

Nadie se imagina lo duro que es ser un pez. Sobre todo, si no naciste en cautiverio. Ves la luz y te acostumbras a hacer largos y más largos allí donde vives. Te acostumbras a que el mar o los ríos son inacabables. Sin embargo, un mal día te pescan y acabas encerrado entre unas paredes de cristal, intentando que te cundan dos litros de agua. ¿Verdad pez? Sí ya lo sé yo, ya lo sé que es duro. Pero entiéndelo, es bueno que los chavales tengan una mascota, se responsabilicen, aprendan a cuidarla...Y puestos a elegir entre un perro al que hay que andar sacando tres veces al día, no fastidies, con la rasca que hace en invierno... Ahí con el perrito a ver si se decide o no se decide a hacer los deberes. Vamos como que no, que yo ya soy muy mayor y muy hombre como para esas mariconeces... Esto, entre tú y yo, pez. ¿Un gato? Pues mira bien mirado el gato es independiente, no está ahí todo el día saltando a tu alrededor, además no hay que sacarle. Todo ventajas. Pero... Lola tenía miedo de que el gato arañara a los chavales. Ya ves, como si el perro no les pudiera morder. Eso dije yo. Y me salta con que además luego huele toda la casa a gato. Y ahí claro le contesté, que yo no me callo: “Pues ¡anda! que no huele mal ni nada un perro mojado.”. Porque de toda la vida en casa de mis padres ha habido gato, y oye ya me estaba hiriendo... Pero nada que no nos poníamos de acuerdo de si perro o gato, días y días que si uno u otro. Total, que coincidimos en “pez”.

 

—¿Dices algo?

—Nooo

—Parecía que estabas hablando.

—Sí, hombre, con el pez...

—O sea que no le podías ver cuando estaba vivo y ahora vas y conversas con él. No me digas que no es para llamarte idiota...

—Lola, leche, que no, que no estoy hablando con el pez. Que estaba tarareando...

—Pues mira que tararear con el pez ahí de cuerpo presente. Qué estómago...

—Bueno ¿Me quieres dejar que me ocupe yo o prefieres hacerlo tú?

—No, no, mejor tú...

—Pues en eso estoy...

 

Y así llegaste tú a esta casa. Pero vamos que no eras ni la tercera parte del pez que eres ahora, esto también te lo digo. Total, no queríamos ninguna merluza, con que nadaras y duraras una temporadita nos conformábamos. El caso es que los niños terminaran ya con la matraca esa de que querían un perro. ¡Un pez! les dije cuando te puse delante de ellos, que también empieza por “p”. Y bueno como todavía eran pequeños y no se lo esperaban para nada, pues parece que con la sorpresa les convencí. El del medio que nos ha salido un poco bruto y hambrón, pronto preguntó que cuando te comíamos. Y la pequeña no veas la que armó cuando oyó aquello, que no había forma humana de tranquilizarla y el otro en vez de callarse, poniéndose el hueso del muslo de pollo bajo la nariz como si fuera un caníbal, y venga a saltar alrededor del pez diciendo sandeces, sin sentido, como en los dibujos de los caníbales. Hasta que el mayor no le pegó una colleja bien dada no conseguimos hacernos con la pequeña. La verdad es que tener varios hijos pues a veces te complica más la vida, pero otras, es curioso, pero hasta viene bien, porque entre ellos mismos aprenden a resolver sus problemillas y mejor que nosotros. Supongo que te acordarás ¡ah calla!, es verdad, que dicen que vosotros no tenéis memoria ¿no? Y poco bien que se debe vivir sin memoria, sin que nadie te pueda reprochar que se te ha olvidado algo de la compra, o el aniversario o lo que sea, porque el caso es reprochar...

 

—¿Acabas ya...?

—Noooo

—Pero ¿Cuánto necesitas tú para coger un pez?

—No es tan fácil ¿sabes? Porque los peces resbalan...

—Bendito sea Dios... Pero si llevas ahí por lo menos diez minutos.

—Bueno ¿y? ¿Tenemos prisa?

—Pues sí, la tenemos ¿O no te acuerdas que hoy viene el mayor con el niño?

—Pero si su niño aún no sostiene ni la cabeza...

—Tú ¿Que sabrás? Pero le gusta a la criatura mirar el acuario y al pez dando vueltas... ¿O no estás harto de verlo?

—Uno está harto de tantas cosas...

—¿Queeee?

—Nada, nada, que sí, que ya voy...

 

Al principio los niños se embobaban mirándote. Parece mentira con lo soso que has sido siempre... ¡Vamos! que no es porque seas tú, no te ofendas, es una cuestión de tu especie. Pero lo entretenidos que estaban ahí venga a mirarte. Sobre todo, la niña, que hasta mi mujer ya me decía en voz baja:

 

—Mírala, es que ni pestañea, no se despega de la pecera...

—Pues déjala, para eso lo trajimos ¿no?

—Pues no, para eso no.

Yo no sé si las hembras de tu especie serán como las de la mía, pero desde luego las nuestras siempre tienen que llevar la contraria...

—Ah ¿No? ¿No le trajimos para que le miraran? porque que yo sepa para comérnoslo no era ¿O sí? –ya contesté yo un poquito torcido...

—Cállate, anda, que cómo te oiga ya la tenemos formada. Le trajimos para que le miraran sí, pero no tanto. A veces me da la impresión de que la voy a llamar y se va a dar la vuelta y va a tener los ojos redondos como dos pelotas de baloncesto.

—¡Esta sí que es buena! Pero ¿Tú sabes que existe el baloncesto? Me acabo de enterar...

—Pues no, no sé mucho, la verdad, pero diciéndotelo así me entiendes mejor... Desde luego tú nunca te preocupas de nada.

—No yo no, yo me ocupo luego, que es peor... Que no sufras tanto, Lola, estate tranquila, que a la niña no le pasa nada de nada, que es la novedad, solo la novedad, parece mentira que no les conozcas...

 

Y tú no te acuerdas porque eres pez. Pero así fue. La novedad. Al cabo de un par de meses ¿Quién se ocupaba del pez? Yo. Y nada más que yo. Y, anda, que no he estado tiempo ocupándome de ti... Qué pena que no te acuerdes. A veces a uno le gustaría algo de agradecimiento... Aunque la verdad es que te confieso que no ha sido ningún sacrificio, también te lo digo, es cierto que uno se encariña de ti, que ese deambular que tienes para acá y para allá, tiene su aquel... y hasta relaja. Pero... ¿Qué pasó cuando los hijos se han ido haciendo mayores y han empezado a dar menos trabajo? Pues que mi mujer empezó a estar más ociosa, y mira por donde comenzó a ocuparse más de ti. Al principio no me importó, porque mira si ella se ocupaba, yo podía dedicarme a mis cosas. Pero poco a poco sus atenciones hacia ti se han ido acentuando y acentuando. Y bueno yo pensaba. “Pobre, si total ella es la que menos le ha disfrutado, y ya poco va a poder porque a este pez le deben quedar ya dos telediarios”. Pero tú como no ves la televisión ¡no sabes lo largos que son ahora los telediarios! Que tú debes ser el Matusalem de los peces, tío, porque no hay forma de que pases a mejor vida...

 

—No salgas de la cocina, Lola, que ya paso con él...

—¿Queeee?

—Que no salgas de la cocina que ya paso con el difunto en las manos.

—Vale, vale, qué lástima, pobrecillo...

 

Y entiéndeme, que tampoco es que yo te quiera mal. De verdad que no. Puedes creerme. Pero es que a Lola se le ha ido un poco el norte contigo ¿sabes? Porque estaba yo deseando que los chicos se fueran de casa para que los dos tuviéramos un poquito más de libertad para entrar y salir, y bueno ya sabes... para todo. Y hasta hemos tenido suerte en eso, que otros se eternizan hasta que se les independizan, pero los nuestros no, la verdad, como han querido irse a estudiar fuera. Y entiéndeme uno les echa de menos. Pero ¡vamos! sabiendo que están bien, pues ya está. Bueno el caso es que ahora que nosotros podríamos ser más libres, pues resulta que Lola no te quiere dejar solo. Sí, sí, como te lo digo, que no quiere que volvamos tarde, ni que nos alarguemos mucho, ni que nos entretengamos por ahí más de lo necesario, porque te quedas solo. Imagínate la salida de mi Lola ¡que dice que te quedas solo! Yo, no daba crédito la primera que se lo escuché.

 

—Pero Lola ¿Tú te estás oyendo? Que es un pez... Que menos expresivo que un pez, y más independiente no lo hay...

—Pero no es un pez cualquiera, es NUESTRO pez -me dice, subrayando bien la palabra NUESTRO, recalcándola con su dedo- NUESTRO pez, me oyes, me oyes bien, y nos debemos a él.

-          Sí, sí claro que te oigo, yo y todo el bloque… y desde luego que deben estar haciéndose cruces.

 

Y te juro que cuando me lo dice hasta yo le veo los ojos más redondos. Me puedes creer.

 

Y mi Lola es muy pesada, mucho. Y me llama idiota cien mil veces al día. Pero es mi Lola. Y lo último, anoche, cuando me dice que no podíamos hacerlo en el salón. Pues sí, yo que sé, que me dio ahí el punto y tenía que ser aquí te pillo aquí te mato. ¿Y por qué no? El salón también es nuestro ¿no? Pero ella que no, que estabas tú mirando. Y yo que ¡anda Lolita! no bromees con estas cosas... Y ella que yo no estoy bromeando, que te lo estoy diciendo muy seria, que parece mentira que no me conozcas. Y que no conseguí ¿eh? Sacarla de sus trece. No lo conseguí. Erre que erre, erre que erre, pero nada. Que tú estabas mirando. El pez. Hay que fastidiarse. Y claro con tanta tontería, hasta se me fueron las ganas.

 

Y eso fue la gota que colmó el vaso. Porque hasta ahí podíamos llegar. Por eso ya he tenido que tomar esta decisión, a la desesperada. Y tú sales de aquí hoy, como lo digo yo. Espero que no hayas sufrido mucho con la ración extra de sueño que te he metido entre escamas y escamas, pero ahora ya que estás más espabilado, y te he dado las explicaciones pertinentes, yo te tiro por el retrete, pero ya.

 

—¿Terminaste?

—No, pero ya, ya termino...

—Pero ¿Aún le tienes ahí? ¿Contigo?

—Que sí Lola, que ya, que ya termino...

—Pobrecillo... animalito, pobrecillo mi pez.

 

Si vas a estar muy bien ya verás, porque tú no te acuerdas de cuánto tenías más sitio... Pero poco bien que vas a estar nadando por las tuberías, ¡vamos! nada que ver con una pecera. Te lo digo yo. Metros y metros de agua.

 

—Déjame, déjame verle por última vez...

—Pero Lola ¿Qué haces aquí? Que no, que te vas a llevar un mal rato sin necesidad, sal, que ya termino.

—Que no, si ya estoy mejor, déjame, déjame que me despida... Que han sido muchos años.

—Pero Lola, que no, que va a ser peor, que te va a dar mucha pena.

—Que no, que yo prefiero despedirme, que si no se me va a quedar una cosa aquí dentro para el resto de la vida... Déjame, déjameeee...

—Que no.

—Pero que me dejes.

—Que no.

—Pero bueno si parece que está vivo...

—Que no, mujer, que son ilusiones tuyas, ves lo que querrías ver, porque ahí dentro hay corriente y parece que se mueve...

—Que no, que no, que te lo digo que vive, si le conoceré yo... Déjame, déjame, que le voy a coger con el vaso.

—Pero Lola que está muerto... Muerto y bien muerto.

—Tú sí que estás muerto... ¿Pero no lo ves? ¿No ves que está vivo? ¡Ay madre mía! Si no llego a venir... Que casi te le cargas, y estaba vivo... Pero qué suerte Dios mío, qué suerte. Tú tranquilito, tranquilito que ahora mismo yo te devuelvo a tu pecera, y aquí no ha pasado nada de nada... pero nada de nada. Y esta tarde aquí todos en silencio, cuidándote... Ya verás, ya verás que bien.


                                                                                   @Rocío Díaz Gómez