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lunes, 8 de junio de 2026

La biblioteca del IPCE, o Instituto del Patrimonio Cultural de España

 

Tengo que contaros que en mayo descubrí una biblioteca que no conocía y me encantó: La biblioteca del edificio del IPCE, o lo que es lo mismo, el edificio del Instituto del Patrimonio Cultural de España, o "la corona de espinas". Sí, sí, sí, eso es, porque así es como se llama coloquialmente a este edificio que tenemos en Madrid, en la Ciudad Universitaria, que empezó a construirse el mismo año que yo nací y terminó cuatro años más tarde, aunque después se le hicieron algunos cambios.

Es un edificio de hormigón redondo de 40 metros de radio, muy curioso, tiene como "gajos", 30 gajos. Tiene cuatro plantas circulares con una gran abertura central por la que entra la luz. Lo idearon dos arquitectos: Fernando Higueras y Antonio Miró. En él han rodado muchas veces escenas de películas ("Indiana Jones", "La piel que habito"...) y anuncios, de hecho cuando hicimos la visita estaban en pleno rodaje. No quiero aburriros con más datos que podéis leer por ahí mucho mejor explicados. Pero también tiene una biblioteca en el sótano que me encantó. Redonda, por supuesto, espaciosa, de madera, luminosa con una cúpula central, tan bonita...

Los fines de semana no se suele poder visitar el edificio, yo me apunté para un día de diario de muchos meses después, aprovechando una semana de vacaciones, pero vale la pena porque la guía nos hizo una visita de lo más pormenorizada de arriba abajo del edificio, nos dio muchísima información desde incluso antes de construirse el edificio de como era el terreno donde está hasta nuestros días, e incluso nos permitió contemplar la restauración de un santo en una sala, donde no nos dejaron hacer fotos, obviamente, porque estaban trabajando, pero fue muy interesante estar ahí de espectadores.

"La corona de espinas" es un ejemplo especial de nuestra arquitectura contemporánea, y de verdad que merece la pena. ¿Y ahora que fotos os enseño yo entre un millón que hice?
















viernes, 26 de diciembre de 2025

Madrid amanece un 26 de diciembre. San Esteban.

 


Cuando aún no había ni amanecido, ya estaba yo rumiando mi mala suerte por tener que trabajar un 26 de diciembre, viernes de puente, cuando la radio me distrajo con el santoral del día, desmenuzando los detalles de la vida de San Esteban. "Tú ahí lamentándote y mira el pobre San Esteban, a pedradas que terminó", me tuve que amonestar cuando escuché su triste final. 

Aún así yo seguí en plan masoquista, que me encanta, cayendo en la cuenta de que en Cataluña, donde pasé mi infancia, el 26 de diciembre es festivo, y me repliqué: "Pues sí, yo aquí lamentándome, porque mira si viviera aún en Cataluña no tendría que levantarme a estas horas intempestivas porque hoy ¿No lo ves? no tendría que ir a trabajar." "Claro y  te quedarías en tu casita comiendo canelones y la mona ¿verdad? y luego te despiertas..." "Eso es lo malo que mira la hora y despierta ya estoy..."

Cuando me pongo en estos términos contestatarios en los que encuentro todo tipo de razones para discutir conmigo misma, no me aguanto ni a mí ni a ninguno de mis "yoes". Así que, como me conozco, y podría seguir martirizándome emulando al pobre San Sebastián hasta la época carolingia de donde parte la razón de que en tierras catalanas no se trabaje hoy, para distraerme de mi encono me dio por refrescar conocimientos sobre el origen de esta distinción. Así que aproveché mi laaaaargo trayecto en el transporte público para empaparme bien de que nos remontamos en la explicación a la Edad Media, cuando Cataluña formaba parte del Imperio formado por Carlomagno y por tanto siendo dependiente del obispado de Narbona. Mientras que el resto del territorio de la Península tenía tradición visigoda y por tanto dependía del obispado de Toledo. Esta distinción hacía que tuvieran tradiciones y costumbres muy diferentes. Como la que alude precisamente a este 26 de diciembre que nos ocupa.

La tradición carolingia obligaba espiritual y socialmente a que todos los clanes, no solo cada familia, se reunieran el 25 de diciembre en la casa solariega origen del linaje. Esto hacía que algunos tuvieran largas distancias que recorrer y por eso el día del 26 de diciembre se reservaba para poder volver cada familia a su casa. No es que fuera un día festivo, es que era el día reservado para el regreso de cada uno a su sitio. Ahí radica la explicación, es una de sus huellas de identidad, de su tradición carolingia.

Y con la curiosidad ya saciada, y reconociendo a mi alma más carolingia que visigoda a juzgar por las distancias que recorro cada día para ir a trabajar, he seguido yo "más contenta" también mi regreso al lugar que me da de comer. Y colorín, colorado este cuento se ha acabado porque, hombre, contenta, contenta... no diría yo. Aunque, como en esta vida no hay nada ni blanco ni negro, tengo que admitir que me ha gustado retomar mis paisajes urbanos mientras amanecía. A mis pies les encanta pasear Madrid, y como con mis pies, en cambio, sí me llevo bien... pues eso. 

Y tontín, tonteando esto tenía que contaros del 26 de diciembre. 








lunes, 8 de diciembre de 2025

Los suelos de Madrid y sus marcas de cantería. El gato del Calderón

 



El otro día volví a tropezar en el asfalto con una marca que nos habían dejado los canteros y arquitectos de Madrid y yo no había advertido hasta entonces. Muy cerca de donde estuvo el Estadio Vicente Calderón de pronto mis pies casi le quitan el balón a un gato que estaba ahí esperándome para chutarme. Muy ocurrente. 

Me encantan estos "saludos" que nos dejan, después de la remodelación de alguna de sus obras, recuperando una antigua costumbre de la Edad Media en la que los distintos gremios dejaban talladas en las piedras marcas, no se sabe muy seguro de con qué intención, si la de cobrar un trabajo, señalizar continuación, o qué... 

Salpicadas por todo nuestro suelo madrileño tenemos muchas de esas marcas. Se descubren por azar o por el boca a boca, porque los canteros no suelen informar de ellas. Marcas en la misma piedra, o chapas, da igual, el caso es dejarnos alguna referencia histórica. El sol que hay llegando a la Puerta del Sol, antes de topar con el Oso y el Madroño, El imperdible que hay en la plaza de Pontejos. El lingote de oro que hay delante del Banco de España. El reloj que hay delante del Pasaje de los Relojeros de la calle La Paz. La marca de donde estaba el antiguo Café y Botillería de Pombo en Carretas... Y tantos otros de los que seguiremos hablando cualquier día.  













sábado, 15 de noviembre de 2025

Visita al Instituto Histórico de Enseñanza Secundaria Lope de Vega de Madrid

 



El pasado mes de octubre, exactamente del 16 al 19, nuestro Ayuntamiento, gracias a su programa cultural: "Madrid. Otra mirada 2025", dio la oportunidad de hacer visitas a muchos lugares de su patrimonio cultural. 

Son seis los Institutos Históricos que tiene nuestra ciudad. Yo ya conocía también por otras visitas de este tipo: El instituto Cardenal Cisneros que me encantó y el Instituto Cervantes, ubicado en  Embajadores. De ambos ya os he hablado. Este otoño he podido conocer otros dos. El primero fue el Instituto de Enseñanza Secundaria Lope de Vega, que está muy cerquita del Cardenal Cisneros, en la calle San Bernardo de Madrid. Aunque ésta no fue su primera ubicación. 

Lo fundaron en el año 1933, con las ideas reformistas en educación de la II República y estaba ubicado en la calle Manuel Silvela, en un palacete y en la calle Fortuny también había algunas clases, en lo que fue un edificio de la Residencia de Estudiantes. Es el único de los nueve Institutos que fundaron aquel lejano año 33 que ha llegado hasta nuestros días. Al principio era mixto, tanto en el profesorado como en el alumnado. Poco tiempo después, durante la guerra, asesinaron a su Director los anarquistas, y tras ella hubo depuración de algunos de sus profesores por sus ideas. Nada más terminarla lo reconvirtieron en Instituto solo femenino y como se quedó pequeño, lo trasladaron de ubicación a la que ocupa actualmente: en la calle San Bernardo 70, en un edificio en el que anteriormente residía la Escuela Normal de Maestros. 

Lo curioso de este Instituto es que conserva el Salón de Actos, en los otros no lo hemos podido ver, así como la Biblioteca antigua en uso, aunque ahora la han dividido en dos partes. Venían en el grupo unas antiguas alumnas e iban comentando cómo era y cómo está ahora, pero no había cambiado tanto, decían.

Pudimos también, como algo excepcional, visitar la exposición titulada "Educación, mujer y ciencia en el IES Lope de Vega", donde ofrecen, por medio de paneles informativos y objetos variados, un recorrido por la historia de la enseñanza en general en este Instituto desde el año 1933 hasta el año 1975, y de la mujer en particular. La exposición está dividida en seis secciones: 1.Creación del Instituto Lope de Vega (1933). 2. las enseñanzas materiales: contenidos y profesorado. 3. La Guerra Civil y el Franquismo. 4. El Instituto femenino: Profesorado, contenidos y material pedagógico. 5. Festividades y actividades escolares y 6. Hasta nuestros días. 

La exposición era muy curiosa, claro, porque te van enseñando la historia del lugar de forma muy didáctica, las explicaciones son claras y te puedes llevar muy bien una idea general de la evolución de la enseñanza en ese edificio, a pesar de los vaivenes políticos e históricos.

Me gustan mucho estas visitas porque es otra forma de repasar historia de España y Madrid en sus edificios, así como la de la educación en nuestro país. Es interesante y nos sirve de recordatorio. 



















viernes, 31 de octubre de 2025

31 de octubre en Madrid, y México


31 de octubre y el altar de los muertos 2025 ya está en Casa de México.

Las catrinas, con sus sombreros elegantes y sus caras cadavéricas, se han vuelto vedettes de un cabaret decorado con las flores de cempasúchil, símbolo del Día de los Muertos.

Ya tenemos ahí presente otra vez el vínculo entre los dos mundos: el terrenal y el espiritual. No dejemos de vivir y amar hasta el final, mientras las almas de los que ya partieron no se acabaron de ir, sino que siguen a nuestro alrededor, flotando, sonando, su recuerdo brilla.



 







domingo, 26 de octubre de 2025

El Silo de Hortaleza en Madrid

 

A falta de faros, una se tiene que ir de miradores. 

Llega un momento en que necesitas horizonte.

Aprovechando que el Ayuntamiento de Madrid celebraba el 25 aniversario del Convenio Europeo del Paisaje, organizó unas visitas que llamó "Madrid es paisaje". Y dentro de las actividades estaban las visitas a cuatro miradores. Después de pelear con una horda de madrileños que a la hora señalada también querían asegurarse su visita, conseguimos hora para visitar el Silo de Hortaleza, el mirador del distrito. 

El Silo es un antiguo granero del año 1928, ahora reconvertido en sala de exposiciones, que está situado en el Parque de la Huerta de la Salud. Tiene 20 metros de altura y siete plantas. 

En la visita el guía nos fue contando la historia de ese parque que procedía de una antigua Quinta de Recreo de los Duques de Frías. Después fue un complejo agrícola e industrial para la recogida del grano. De entonces nos quedaron el Silo y demás construcciones que había, como el Palomar y el Granero que ahora ya no existen desde los años 70. La tarde estaba muy desapacible, así que rápido tuvimos que entrar al Silo y subir para disfrutar de las vistas.
Se pueden ver las cuatro torres, el aeropuerto, la sierra de Madrid... Es un mirador privilegiado, la verdad. Lo sabemos nosotros y lo sabe la plaga de mosquitos que había en las ventanas. Madre mía... 

Ahora es un centro cultural, decorado con fotos antiguas del barrio en sus escaleras. Y aprovechan para exposiciones en sus plantas. Está muy bien aprovechado. 

Hice un descubrimiento, además, muy bueno. Justo había una exposición de un ilustrador que me gusta mucho, y no tenía ni idea de que me lo iba a encontrar: Fernando Vicente. Pues tiene en varias plantas un despliegue de ilustraciones pero bien chulas. ¡Menudo descubrimiento! Pero yo creo que le dedicaremos otra entrada, para poder poneros más fotos y que podáis admirarlo mejor.