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domingo, 15 de abril de 2018

Con la poesía de Ana Martín Puigpelat

Tienes el sol rondando tus pestañas,
el sol que nace en ti
y tinta las paredes de mi ausencia.
El corazón señala un pasadizo
dorado entre tus cejas
y allí es donde dormitan las flores de la duda.

Entre ellas yo paseo distraida.

Pág. 103 de Pan Duro
de Ana Martín Puigpelat


Yo tengo un refugio que disfruto una tarde todas las semanas. Allí no hay relojes de fichar ni nóminas, no hay tareas pendientes ni recibos, no hay ruido ni intemperie. Allí el tiempo discurre plácido, en compañía de la literatura y otros como yo, otros a quiénes la querencia literaria les palpita donde a mí.

Yo tengo un refugio donde hay tardes que recibimos visitas. Y como buenos anfitriones le ofrecemos al invitado todo cuánto tenemos: orejas y silencio, sonrisas y lápices, cuadernos como cestos que llenamos con las ofrendas de quién llega.

Hay tardes que nuestro invitado nos trae "Pan duro".  Pan duro del que se hacen torrijas de buenos versos y conversación distendida. Pan duro con los que haremos sopas de literatura concentrada humeante, olorosa y sabrosa. Pan duro con "canciones difíciles" y "pies de fotos" bajo cada poema, pan duro con olor y sabor a"naranjas robadas".

Y nos subimos en el "estado de noria" de nuestra invitada, de Ana Martín Puigpelat, y alcanzamos ese lugar gratificante donde te sumerge la buena poesía, la poesía elaborada y estudiada, cromática y sensorial, profunda y sonora, de la que sales llevándote "apuntes para un génesis".

Y viajamos con ella hasta "Lyón", y hacemos "tabula rasa" de lo que creíamos que era un verso y sentimos "el descanso del viento" entre nosotros cuando al fin termina de recitar sus "inéditos".

 Y hago tantas fotos y grabo tantos vídeos que no puedo colgar en mi blog, lástima, tantos que podré escuchar veces y veces sintiendo cómo pueden conmover algunos de sus poemas a una profana relatista como yo.

"Hoy he visto llorar a la serpiente" dijo la poeta. 
"El poema es de quién lo lee". Dijo también.

Yo tengo un refugio que disfruto una tarde todas las semanas. Y hay semanas que esa tarde sabe a pan duro, a pan de torrijas horneadas por Ana Martín Puigpelat, qué buena cocinera de versos, qué BUENA.





 

 

 Cuando la abuela sangraba
se caían los goznes de las puertas,
yo casi no tenía que agacharme
para recoger sus cadáveres
porque mi alma ya vagaba
en el parquet como una misionera.

Eran algunas tardes siempre tras el colegio.

Despues la bicicleta
me acogía en su manillar.

Febrero 1976. A la salida del colegio
Ana M. Puigpelat




Las mujeres barren el odio
que se acumula en los rincones.
Solía acumularse entre las patas
de las sillas,
sobre todo en la última donde se sentó el amor.
Y después de barrer,
convierten el asiento en leña
para sobrellevar
este invierno infinito.
 Ana Matín Puigpelat


A veces me desprendo de un recuerdo.

Luego sale la costra.
Tarda cien madrugadas en caer.

Después el cielo sabe a sangre seca.

Pag. 98 de Pan Duro
de Ana Martín Puigpelat



Ana Martín Puigpelat (Madrid, 1968), poeta y dramaturga. Ha publicado once libros de poesía (Los amores de los días equivocados; Álbum de fotos; Los enemigos del alma; Naranjas robadas; Estado de noria; De la noche a la noche; La deuda; Apuntes para un génesis; Lyon, 1943; Tabula rasa (junto a Nuria Ruiz de Viñaspre); y El descanso del viento), el último la antología "Pan duro" donde se recogen poemas de sus anteriores poemarios, y aparece en diversas publicaciones de creación y ensayo. Así mismo, ha realizado críticas y reseñas para diferentes revistas literarias, como Piedra de Molino o Nayagua, entre otras. Como dramaturga también cuenta con varias obras publicadas y estrenadas. Imparte, desde el año 2005, talleres de poesía en Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid y Escuelas privadas. Ha participado en coloquios, recitales y encuentros nacionales e internacionales. Cabe destacar la Bienal Mariano Picón Salas celebrada en Mérida (Venezuela) en 2005, el Encuentro de Mujeres Poetas en Cereté (Colombia) en 2009 y el Coloquio Le créateur et sa critique de la Université Lumière Lyon 2 (Francia) en las ediciones de 2009 a 2013. 

Ha recibido los premios: Certamen de Jóvenes Creadores de Madrid, Premio "Las Voces de Chamamé", Premio Internacional de Poesía "Ciudad de Miranda", y Premio "Marina Romero”.

martes, 20 de febrero de 2018

Poemas de María Cegarra Salcedo (1899-1903)



María Cegarra con Carmen Conde, Antonio Oliver y otros, tras una conferencia ofrecida por María en la Universidad Popular de Cartagena el 10 de febrero de 1934 - Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver


HE SIDO UNA SENCILLA PROFESORA DE QUÍMICA
He sido una sencilla profesora de química.
En una ciudad luminosa del sureste.
Después de las clases contemplaba el ancho mar.
Los dilatados, infinitos horizontes.
Y los torpedos grises de guerras dormidas.
He quemado mis largas horas en la lumbre
de símbolos y fórmulas. Junto a crisoles
de arcilla al rojo vivo hasta encontrar la plata.
No he descubierto nada.
No tengo ningún premio.
A Congresos no asistí.
Medallas y diplomas
nunca me fueron dados.
Minúscula sapiencia para tan grandes sueños.
Pequeñez agobiante para inquietudes tantas.
Y rebelde ha surgido, como agua en desierto,
el manantial jugoso, intenso, apasionado,
- dulce herencia entrañable - que tiene la riqueza
de llenar de poesía tan honda desolación.
Y, del resto salvado, rebrotar lo necesario



Sentí una honda tristeza al suspender al alumno vestido de negro.
Era como un árbol quemado.
Pantalón de hulla.
Jersey de grafito.
El cabello recordaba la turba.
Lignito en los zapatos.
Los ojos de azabache.
En un dedo un diamante
sus destellos lanzaba…
Presentó las cuartillas en blanco
sin escribir una palabra
del tema del carbono.
¡Cuánta tristeza sentí al suspenderle
siendo él yacimientos!



Estos dos poemas han sido todo un descubrimiento.

El primero de ellos lo he conocido gracias a la conferencia de Celia Cañadas que comentaba en una entrada anterior. El segundo brujuleando por aquí y por allá. Ahora ya sé mucho más de esta poeta. Cuánto nos queda siempre por aprender... 

Quería compartirlos con vosotros, son de la poeta murciana María Cegarra Salcedo, de su libro "Desvarío y formulas" del año 1981.





María Cegarra Salcedo (La Unión1903 - Murcia1993)


De Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la generación del 27, edicíon de Pepa Merlo, (colección Vandalia, editado por la Fundación José Manuel Lara, Sevilla 2010), escogemos su biografía:

María Cegarra Salcedo nació en La Unión (Murcia), 1903. De padre comerciante y madre maestra, estudió Química y al terminar la guerra obtuvo la Licenciatura de Ciencias Químicas. Fue la primera mujer perito químico de  España. Instaló su propio laboratorio. Debía de sorprender en un mundo de hombres y entre mineros, que una mujer fuese la encargada de los análisis de los minerales.
Amiga de Miguel Hernández, éste le dedicaría el soneto de El rayo que no cesa, “para mi queridísima María Cegarra con todo el fervor de su Miguel Hernández” (26 de agosto de 1935).
La muerte de su hermano Andrés daría pie a su primer poemario Cristales míos, y tras el fallecimiento de su hermana, muy cercano a su propia desaparición que ocurrió en Murcia en 1993, escribió su última obra, Poemas para un silencio.







miércoles, 24 de enero de 2018

Artículo sobre Angel González de Miguel Munarriz




Os dejo con un artículo sobre el poeta Ángel González escrito por Miguel Munarriz y publicado en Lecturas Sumergidas en el año 2014, que me ha encantado.
Este mes se le ha hecho un homenaje porque ha hecho diez años el día 12 de enero que murió.

No dejéis de leerlo, por favor.




Ángel González: Para parar las aguas del olvido


Por Miguel Munarriz © 2014 / La noche antes de que Ángel González muriera, hablé con él por teléfono. En realidad nos hacía de intérprete su mujer, Susana Rivera, por su teléfono móvil. Ángel había sido hospitalizado días antes, de forma que en cuanto yo dije: “Dile que mañana voy a verle”, Susana no tuvo necesidad de repetir lo que Ángel contestó, porque yo lo había oído alto y claro: “Que no se le ocurra”. Debí imaginármelo porque conocía bien el pudor de Ángel, así que no tuve más remedio que sonreír y decirle que “de acuerdo, que en cuanto saliera del hospital volveríamos a quedar”.
En 1980 yo formaba parte de un grupo poético en Asturias llamado Luna de Abajo que publicaba solo libros de los autores que admirábamos. Eran libros estéticos que durante unos años se convirtieron en referencia, y muchos poetas querían publicar allí sus versos. Una tarde, asistimos a una lectura pública de poemas de Ángel González y al final del acto le abordamos, con la ingenuidad que da la inexperiencia, para enseñarle los libros que habíamos editado y para decirle que queríamos hacerle un reconocimiento en el que se recogieran testimonios de sus amigos de generación y en el que también se publicaría un antología de su obra y una extensa bibliografía. Le propusimos lo que parecía imposible que nadie le hubiera pedido antes: hacerle un libro homenaje. Le llevamos un par de ejemplares de los dos números publicados anteriormente –el suyo sería el tercero de una colección que hacíamos con mucho mimo y detalle a pesar de los escasos medios económicos de que disponíamos– y a él le gustó mucho la idea. Ángel nos dio su dirección postal en Albuquerque y quedamos en escribirnos para ir pergeñando a distancia un número que sería extraordinario.
Mantuvimos una correspondencia fluida en la que le íbamos contando las diferentes secciones, los posibles colaboradores, el título del libro, y aquellas cartas exultantes que iban y venían a América creó en nosotros una sensación de que todo era posible si se ponían en marcha los suficientes elementos para conseguirlo. En este caso fueron muy pocos: una idea y alguien que creyó en ella, y porque todos creímos en lo que estábamos haciendo el resultado fue algo hermoso y cargado de energía y buen hacer al que llamamos Guía para un encuentro con Ángel González (el título fue idea de él porque nosotros aún arrastrábamos un halo edulcorado que a Ángel no le iba en absoluto). Los colaboradores formaban un equipo de excepción: Caballero Bonald, José Agustín Goytisolo, Juan Marsé, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Paco Ignacio Taibo…, entre muchísimos más que no dudaron en mandarnos sus textos, casi a vuelta de correo. Una de las anécdotas, mientras confeccionábamos el libro que hacía tiempo estaba en la conversación de los amigos de Ángel en Madrid, fue que Paco Rabal se encontró con uno de ellos en el Óliver y pidió entusiasmado colaborar con un texto que, naturalmente, nosotros aceptamos con el mayor de los regocijos.
Rabal contaba que después de un rodaje en Cuba, y ya en la cama con una mujer, a punto de culminar vio un libro de Ángel sobre la balda que estaba frente a sus ojos en la cabecera de la cama…, pero será mejor reproducir esa parte del texto. Cuenta Paco Rabal: “La noche cálida, el ron genuino (del que no recuerdo el nombre pero sí sus efectos) acompañaban el ritmo de la música sabiamente prendida y un rayo de luz que daba sobre el lomo excitante de los libros… A punto de subir al cielo mis ojos se encontraron con un título, Grado elemental, de Ángel González. Salté hacia él y lo atrapé ¡Grado elemental! ´Por favor –suspiraba la muchacha–, te lo regalo, pero ven…´ Se interrumpió un placer para caer en otro”.
La noche antes de que Ángel González muriera, hablé con él por teléfono. En realidad nos hacía de intérprete su mujer, Susana Rivera, por su teléfono móvil. Ángel había sido hospitalizado días antes, de forma que en cuanto yo dije: “Dile que mañana voy a verle”, Susana no tuvo necesidad de repetir lo que Ángel contestó, porque yo lo había oído alto y claro: “Que no se le ocurra”…
Ángel participó con entusiasmo en el libro y él mismo seleccionó sus poemas en una antología que sigue siendo única. Una autoantología temática y comentada que él dividió en las cuatro partes sustanciales de su obra: Historia, Sobre la música, Biografía y Tempus irreparabile fugit. En cada una de ellas escribió una breve introducción para contextualizar los poemas elegidos, así, por ejemplo, en Biografía: “Escribir sobre mí mismo es una forma de explicarme, de poner en orden mi mundo, de reconocerme (de reconocerme, en cierto modo, también como los médicos reconocen a los enfermos)…”. En el apartado de Historia escribió: “Poesía social, civil, comprometida, crítica… Esas eran las tendencias que dominaba en el ambiente literario –y no solo en el de España- cuando comencé a publicar mis poemas…”. En Sobre la música: “Antes que un tema, la música es un motivo, un asunto que me sirve de vehículo para exponer otros temas: el tiempo, la nostalgia de algunos momentos vividos, el amor, la precariedad del destino humano…”; y en Tempus irreparabile fugit, expresó: “La percepción del paso del tiempo me produce mayor desazón que la figura de la muerte –de mi propia muerte, quiero decir–. (Mi muerte significa la ausencia, el alejamiento definitivo de la vida, y presiento que en ese oscuro reino de la no-existencia nada habrá que pueda herirme…”.
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Ángel González dijo en Contra-Orden (Poética por la que me pronuncio ciertos días): “Esto es un poema / Aquí está permitido / fijar carteles, /tirar escombros, hacer aguas…” , una declaración que practicó también en su vida pública, o mejor dicho, privada, porque González, a pesar de ser un poeta reconocido, un profesor universitario cuyo nombre está en los textos escolares y se estudia en muchas tesis doctorales, ensalzado con los premios de más prestigio, y académico de la Lengua, celebraba la vida entre sus amigos con una naturalidad y una frescura que hacía que a todos nos gustara compartir con él las noches de Madrid, su ciudad adoptada, o en Oviedo, su ciudad natal, la ”ciudad de sucias tejas” como la cantó en un soneto. En Máximas mínimas, escribe: “Los liliputienses, revelando una grandeza de espíritu que para sí quisieran las razas más altas, no hacen leña del árbol caído. / Hacen palillos de dientes.” Estos poemas, llamados poemas-chiste, esconden un trasfondo a veces moral, de doble intención, incluso malintencionada, siendo al mismo tiempo muy reflexivos. Son poemas que desbaratan lo convencional y tratan con desparpajo cualquier tema “serio”, muy característico del comportamiento habitual de Ángel González.
Otro ejemplo con el que vulgariza la imagen de la perfección, la de un dios como incansable arquitecto del mundo, es el poema Eso lo explica todo, y dice así: “Ni Dios es capaz de hacer el universo en una semana. / No descansó el séptimo día. / Al séptimo día se cansó”. También fue un maestro de los juegos de palabras, del humor inteligente y de la ironía. González era un hombre al que los fastos del mundo le traían sin cuidado. Vivía con frugalidad, aunque bebía con generosidad, y desde que en 1972 se fuera a la universidad de Alburquerque, Nuevo México, a impartir clases de literatura, volaba a Madrid al menos un par de veces al año, y al llegar llamaba por teléfono a sus amigos para organizar su estancia lo más agradablemente posible. Se acostaba tarde, o mejor temprano, o sea, al amanecer, a esa hora imprecisa y sucia del amanecer que tampoco le gustaba a otro de los poetas de la generación de González: Carlos Barral. Se levantaba para comer, leía y al anochecer se tomaba su primer J&B o Ballantines, “con hielo, en vaso bajo” que pedía –y bebía– con una solvencia imposible de superar. Salía luego a cenar con sus amigos, que siempre estábamos dispuestos a disfrutarlo, y estirábamos la noche, sobre todo las noches de verano, entre risas, hasta que un cliente desconocido entraba a tomarse el desayuno y nos saludaba con un “buenos días”. Su vuelta a Madrid era siempre motivo de regocijo y cada año, a su llegada, Juan Cruz lo entrevistaba para El País. Alguien dijo una vez que los camareros de Madrid se alegraban al saber que Ángel González había llegado a la ciudad.
Ángel González dijo en “Contra-Orden (Poética por la que me pronuncio ciertos días)”: “Esto es un poema / Aquí está permitido / fijar carteles, /tirar escombros, hacer aguas…” , una declaración que practicó también en su vida pública, o mejor dicho, privada…
Del buen humor de Ángel González podría contar muchas anécdotas. Rescato una que refleja al hombre ocurrente, con una poderosa capacidad para improvisar. Fue en México, con su amigo, el editor Pepe Esteban, mientras buscaban la tumba de Cernuda. Tras varios intentos, en uno de los cruces de caminos del inmenso cementerio, Ángel le soltó esta cuarteta: “El poeta Luis Cernuda / tiene buena información; / cuando viene Pepe Esteban / se cambia de panteón”.
Un año antes de irse a América publica Breves acotaciones para una biografía, con el que abre una nueva etapa en el tratamiento de sus poemas. Él mismo diría entonces que la tendencia al juego y a derivar la ironía hacia un humor que no rehúye el chiste, la frivolización de algunos motivos y el gusto por lo paródico serían las características de su poesía.
Ángel tenía una vena irónica que practicaba con gracia natural. Esa ironía y ese gusto por dar una vuelta de tuerca a las palabras tienen sin duda una raíz asturiana, región que, como se sabe, cuenta con una historia reciente de cargado matiz político y social, que ha vivido etapas durísimas y que, de sus primitivos recursos del campo y del mar, se erigió en una de las más importantes industrias del carbón y del acero, las cuales hubo que reconvertir en los 90 y emprender nuevos desafíos empresariales. Una tierra hermosa, de naturaleza exuberante, en donde la buena cocina es uno de los valores más recomendados. Este es el lugar en el que creció nuestro poeta, al que, como a tantos de sus paisanos, le gustaba cantar canciones de su tierra. Y hay una canción popular, que todos los asturianos oyeron alguna vez cantar a sus madres, titulada A la mar fui por naranjas, cuyo segundo verso dice, “Cosa que la mar no tiene”. Es una letra algo surrealista, como corresponde a ese marcado acento irónico y es al mismo tiempo una canción muy poética: “A la mar fui por naranjas / cosa que la mar no tiene. / Ay! mi dulce amor, / este mar que ves tan bello, es un traidor”.
Del buen humor de Ángel González podría contar muchas anécdotas. Rescato una que refleja al hombre ocurrente, con una poderosa capacidad para improvisar. Fue en México, con su amigo, el editor Pepe Esteban, mientras buscaban la tumba de Cernuda. Tras varios intentos, en uno de los cruces de caminos del inmenso cementerio, Ángel le soltó esta cuarteta: “El poeta Luis Cernuda / tiene buena información; / cuando viene Pepe Esteban / se cambia de panteón”
Pues bien, hará aproximadamente seis años, el tenor Joaquín Pixán publicó un CD con cinco versiones musicales para tres poemas inéditos de Ángel González, y encargó al poeta que escribiera tres letras que se basaran en tres canciones populares de su tierra y que varios compositores pusieran después la música. Una de las canciones elegidas por Ángel fue precisamente esta de las naranjas y la mar, y dándole la vuelta, este fue el resultado:
Tiene naranjas la mar.
Las olas son verdes ramos,
la espuma es blanco
azahar.
Y tus pechos, en la fronda
de las olas y la espuma,
son dos naranjas saladas
cuando te bañas desnuda.
Cuando te bañas desnuda,
tiene naranjas la mar.
Ángel era un mago con todo lo que tocaba, no solo con las palabras, sino también con la guitarra y el piano, porque la música fue otro de sus grandes temas, hasta el punto de decir que si sus poemas andaban con tanta frecuencia por los suburbios de la música, era porque se consideraba un músico frustrado. Y con la música como fondo escribió poemas importantes, como Penúltima nostalgia, La trompeta, en homenaje a Louis Amstrong, o Estoy bartok de todo, en el que juega con el apellido del músico húngaro Bela Bartok haciendo que suene como harto para lograr este efecto:
Estoy bartok de todo,
Bela
Bartok de ese violín que me persigue,
de sus fintas precisas,
de las sinuosas violas,
de la insidia que el oboe propaga,
de la admonitoria gravedad del fagot,
de la furia del viento,
del hondo crepitar de la madera.

Resuena bela en todo bartok: tengo
miedo.
La música
ha ocupado la casa.
Por lo que oigo,
puede ser peligrosa.
Échenla fuera.
Mi relación con Ángel González fue siempre de camaradería. A él le gustaba compartir las horas con los amigos y era un buen conversador. En los agradables encuentros veraniegos en Oviedo, o en Lastres disfrutando también de la playa, pasamos jornadas inolvidables compartiendo las horas con amigos como Juan Benito Argüelles, otro de sus incondicionales de la juventud perdida, Emilio Alarcos Llorach, que contaba unos chistes simpatiquísimos con los que se reía a mandíbula batiente, con Paco Ignacio Taibo I, generoso y divertido como un niño travieso, con Susana Rivera, la esposa de Ángel, inteligente y jovial, y con una fortaleza que hizo que yo la rebautizara como Susana Robles, y con infinidad de amigos que pasaban unos días con nosotros y se iban, como Orlando Pelayo, Daniel Sueiro, José Agustín Goytisolo, Pepe Caballero Bonald…, Amistad a lo largo, que cantó Jaime Gil de Biedma. El recuerdo de aquellos días me lleva a este poema de Ángel: “Al final de la vida, / no sin melancolía, / comprobamos / que, al margen ya de todo, / vale la pena. // Nada de lo restante permanece”.
Querido Ángel, tú lo has dicho mejor que nadie. Lo has escrito en el prólogo de ese libro memorioso de Paco Ignacio Taibo que tan cervantina y sabiamente tituló Para parar las aguas del olvido: “El necesario, inevitable olvido deja zonas borrosas que la memoria trata de aclarar. Ese esfuerzo es, ante todo, un acto de amor, porque el amor empieza con el recuerdo”.
Hoy te recuerdo en estas Lecturas sumergidas, la magnífica revista de Emma Rodríguez, que sin duda, tú, leerías con placer.
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FIRMAS SUMERGIDAS | MIGUEL MUNARRIZ (Gijón, 1951) | BLOG |
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Coordinador de “La Esfera”, suplemento cultural de El Mundo (1996- 1999), año en que dichas páginas recibieron el Premio Nacional de Fomento de la Lectura. Tres años después fue director de comunicación de las editoriales del Grupo Santillana (Alfaguara, Taurus y Aguilar).Ha sido Presidente de Tribuna Ciudadana (1993-95), cofundador de las revistas Arlequín y Luna de Abajo, autor de los libros Vivir de milagro (1986), Poesía para los que leen prosa (Visor, 2004) y Los mejores poemas de amor. Desde Quevedo hasta nuestros días (Only Book, 2007). Ha dirigido y presentado un programa semanal de literatura en Radio Cadena Española y ha sido colaborador de La Voz de Asturias, Hojas universitarias, Los Cuadernos del Norte, Ínsula, El País, La Nueva España y Clarín.Antólogo de la poesía de Ángel González para el libro Verso a verso (CajAstur), y autor de un guión sobre la vida y la obra del poeta asturiano para dos programas emitidos por el Centro Regional de TVE en Asturias.Ha coordinado el taller literario de Daniel Moyano, el premio de novela Tigre Juan y varios congresos de escritores de los que se han publicado, entre otros, los libros, Encuentros con el 50, la voz poética de una generación, 1988; Narrativa 80, 1990; Literatura Hispanoamericana, Realidad y Ficción I y II, 1992; Últimos 20 años de la Poesía Española, 1993; 50 propuestas para el próximo milenio, 1996; Ejercicios de estilo, 1997; Para envolver el pescado. El periodismo a examen, 1998, y Opiniones contundentes para el siglo XXI, 2001.Es socio de la Agencia literaria y de comunicación DOSPASSOS y ha sido Delegado del Principado de Asturias en Madrid y director de RR.II. de la Universidad Nebrija y director del Teatro Fernán Gómez. ( Fotografía © Daniel Mordzinski )
– Fotografía Nº1:en ella aparece el poeta Ángel González y la hemos tomado del blog del autor de este artículo:  Miguel Munarriz
– Fotografía Nº2,  suministrada por el autor de este artículo: El grupo “Luna de abajo” con Ángel González en 1984. De izquierda a derecha: Noelí Puente, Miguel Munárriz, Helios Pandiella, Ángel, Alberto Vega Ricardo Labra .
– Fotografía N3: Ángel González por © Pepe García
– Fotografía Nº4: Ángel González por © Nieto
– Imagen que cierra el artículo: Portada del libro “Guía para un encuentro con Ángel González” publicado por “Luna de abajo”.

https://lecturassumergidas.com/2014/07/30/angel-gonzalez-para-parar-las-aguas-del-olvido_/

viernes, 24 de noviembre de 2017

Poema sobre la amistad de Alma Pagés







Perezosa se despierta la mañana
ebria aún de amigos y alegría.
Corre un suave temblor entre los pájaros.
Serán nuestras risas prendidas en sus alas.
Rostros somnolientos saludan al sol
que responde iluminando nuestra danza.
Es la danza del encuentro
misteriosa unión de seres imprevistos
con su ritmo trenzado de armonías.
Armonías nacidas del deseo
del deseo de gozar de ese instante
cósmico e imperceptible
Turbadoramente humano.


Alma Pagés






Le he pedido prestado a la autora este poema que no conocía, pero suena tan bien. Sugerente, evocador, fiel reflejo de la amistad, de la buena compañía, del placer de compartir buenos momentos.


Feliz viernes y fin de semana.
A celebrarlo con los amigos o con quién más os plazca, pero disfrutadlo.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Javier Díaz Gil y su Poesía.- "Desconfiad de mí"





Desconfiad de mí

No tengo móvil.

Ni siquiera he tenido tentación de comprarme uno.
Leo libros en papel y sonrío
y saludo a la gente con la que me cruzo,
aunque sólo me contestan
los que, como yo,
no llevan el rostro iluminado
por la pantalla que no dejan de mirar.

El espectáculo del otoño y de la lluvia
está delante de mi, son un regalo.
No son vídeos ni fotos repetidas,
iguales para todos, un uniforme del que huyo.

Hablar, acariciarse, pensar...
es un signo de resistencia.

La soledad, un espacio donde encontrarte
y mirar el cielo cada noche,
un firme testimonio de la vida.

Desconfían de mí.
Dicen que estoy loco.
Que vivo en un mundo perdido.
Un mundo que ya no existe.

Seguid mirando vuestras pantallas.
Ahora está amaneciendo.

Javier Díaz Gil
31 de octubre de 2017


miércoles, 6 de septiembre de 2017

"¿Dónde estará la Guillermina?" Pablo Neruda










Y de repente escuchas por primera vez un poema. Y resulta que es de un poeta que nunca te ha gustado demasiado, pero alguien lo comienza a leer en voz alta y nada más reparar en el primer verso ya te ha atrapado. 

Ese estilo narrativo, esa cadencia lenta, esa nostalgia que rezuma (esos años lentos como paquidermos), esos versos "y luego y luego y luego y luego"...

Un descubrimiento.







Dónde estará la Guillermina? de Pablo Neruda

Cuando mi hermana la invitó
y yo salí a abrirle la puerta,
entró el sol, entraron estrellas,
entraron dos trenzas de trigo
y dos ojos interminables.

Yo tenía catorce años
y era orgullosamente oscuro,
delgado, ceñido y fruncido,
funeral y ceremonioso:
yo vivía con las arañas
humedecido por el bosque
me conocían los coleópteros
y las abejas tricolores,
yo dormía con las perdices
sumergido bajo la menta.

Entonces entró la Guillermina
con dos relámpagos azules
que me atravesaron el pelo
y me clavaron como espadas
contra los muros del invierno.

Esto sucedió en Temuco.
Allá en el Sur, en la frontera.

Han pasado lentos los años
pisando como paquidermos,
ladrando como zorros locos,
han pasado impuros los años
crecientes, raídos, mortuorios,
y yo anduve de nube en nube,
de tierra en tierra, de ojo en ojo,
mientras la lluvia en la frontera
caía, con el mismo traje.

Mi corazón ha caminado
con intransferibles zapatos,
y he digerido las espinas:
no tuve tregua donde estuve:
donde yo pegué me pegaron,
donde me mataron caí
y resucité con frescura
y luego y luego y luego y luego,
es tan largo contar las cosas.

No tengo nada que añadir.

Vine a vivir en este mundo.

Dónde estará la Guillermina?

viernes, 28 de julio de 2017

Gloría Fuertes habría cumplido hoy 100 años




Confieso que de pequeña no me perdía nunca Un globo, dos globos, tres globos. Me recuerdo disfrutando delante de la tele, al lado de mis hermanos, antes o después de haber visto 
Vicky el Vikingo. 

Confieso que sería por entonces cuando conocí a Gloria Fuertes: una poeta vestida de hombre, con voz de hombre y cuyos poemas para niños no me gustaban nada.

Confieso que he tenido que crecer para darme cuenta de lo feliz que era de pequeña 
y no lo sabía. 

Confieso que he tenido que crecer para darme cuenta de cuánto me gustan los poemas (para adultos) de Gloria Fuertes.

Me alegro mucho de haber crecido, aunque quizá ya no sea tan feliz como cuando veía 
un globo, dos globos, tres globos.

Ahora puedo confesarme:

Me llamo Rocío Díaz y soy Gloriadicta


TE VI

Te vi,
se rompieron nuestras soledades,
se alborotó el instinto,
se llenaron de luz las lámparas fundidas.
Se murieron del susto, nuestros primeros padres,

y tu pena y mi pena,
se suicidaron juntas
la tarde
de nuestro encuentro.




“Mi profesión, las letras.
Mi vocación, vivir.
Soltera por capricho.
Universal, por votación.
Amante de las fieras, de los niños.
Y de los que me quieran más que yo” (“Mujer de verso en pecho”, pág. 131).


Ya ves qué tontería

Ya ves qué tontería,
me gusta escribir tu nombre,
llenar papeles con tu nombre,
llenar el aire con tu nombre;
decir a los niños tu nombre
escribir a mi padre muerto
y contarle que te llamas así.

Me creo que siempre que lo digo me oyes.

Me creo que da buena suerte:
Voy por las calles tan contenta
y no llevo encima nada más que tu nombre.


jueves, 18 de mayo de 2017

Presentación de "La palabra y la carne" de Javier Díaz Gil en la Casa Castilla La Mancha


Desde la ausencia de adjetivos
las palabras desnudan lo que amo
No necesito más.

Solo tu aliento.

Pág. 32

Tal y cómo os comentaba en otra entrada, este pasado martes 16 de mayo y en la Casa Castilla La Mancha de Madrid, fue la última presentación del poemario "La palabra y la carne" de Javier Díaz Gil. 


Javier Díaz, una vez más me invitó a otra aventura literaria, pidiéndome que le presentara. Y allí que estuvimos en ese lugar tan especial para mí, porque en la Casa de Castilla La Mancha fue donde me entregaron mi primer premio literario un lejano 2002. Han pasado muchos años, y otra vez me veía allí delante del micrófono, esta vez sin poder parapetarme tras mis relatos, sino para hacer una presentación de este último poemario de Javier. Y os aseguro que los nervios de verme delante del público ahí siguen. Más domesticados claro que sí, pero siguen porque la timidez nunca se pasa del todo por más que una quiera.




Fue un martes poético para nosotros, y gracias a eso no será un martes cualquiera. Se ha ganado su lugar en nuestra memoria como una tarde muy plácida y agradable, una tarde rica y sentida. Ojalá todos martes tuvieran ese toque que los hace especiales.

Otra vez en la Casa de Castilla La Mancha me sentí muy arropada. Esta vez por el presentador Juan Pedro Carrasco (estábamos en el ámbito de la Tertulia "Eduardo Alonso" que dirigen los poetas Manuel Cortijo y Juan Pedro Carrasco), por el protagonista de la velada, nuestro poeta, y por el público que tuvimos, a quiénes les tenemos que agradecer, siempre, que quisieran acompañarnos para disfrutar juntos de los versos de Javier Díaz Gil. Una vez más os recomiendo este último poemario publicado suyo.

Por si queréis leer la reseña del poemario que escribí y leí, os dejo con un enlace a otra entrada de mi blog donde la publiqué con motivo de la primera presentación:

http://rociodiazgomez.blogspot.com.es/2016/12/presentacion-de-la-palabra-y-la-carne.html


A veces
cuelgan ángeles de tus labios,
la pirueta perfecta
la cicatriz de sus alas
desnudan la cintura de lo eterno.

Pág. 36
 


Esta entrada solo trata de dejar memoria de algo intangible y etéreo: el sentimiento que nace de compartir la literatura. La pasión por la palabra, ya sea en forma de verso o prosa. 

Quería dejaros con algunos momentos de la presentación. 

Primero salieron algunas personas del público a leer poemas. No los voy a nombrar porque dudo de algún nombre y no quiero hacer distinciones. Después Juan Pedro Carrasco presentó esa edición de la tertulia "Eduardo Alonso", y después yo leí la presentación del poemario, y finalmente le tocó al verdadero invitado: Javier Díaz leyéndonos poemas, no solo de este último libro, sino de alguno anterior como "Vivo extramuros" y también alguno que otro suelto con los que cerró su lectura. 

Os dejo con las fotos que estuvo haciendo un fotógrafo que había en la sala. Y con varios de los poemas de Javier Díaz.




  Lo pasamos bien, disfrutamos mucho de mis equivocaciones, de los poemas tristes que luego intentamos rebatir con otros más alegres, de la magia de la poesía y sobre todo de la complicidad en torno a nuestra pasión.

Gracias muy especiales a Javier Díaz por estos retos. 



“Es en tu piel secreta
-la que se esconde
bajo tu blusa-
donde quiero morir.
(...)
Serán
mis diez dedos agua
           atravesando
tu cuerpo.
...” 

Pág. 38. 


No quieras desprenderte
de lo que amas.

El lugar donde
       fuiste feliz
           no está en venta.

Crece tu piel
contra los días
             impares.

Renunciar a la luz
que te alimenta
es desprender el hueso de su carne.

Pág. 47



La palabra y la carne
Javier Díaz Gil
Ediciones Ruleta Rusa