3 de febrero. Por San Blas, la cigüeña verás.
Las cigüeñas, aves migratorias, regresaban a los pueblos del norte de Europa, desde África, para primavera, con las temperaturas cálidas. Y esta época coincidía con la de muchos nacimientos, puesto que existía la costumbre de casarse para el solsticio de verano. Así que se asoció ambas premisas y comenzó a relacionarse a las cigüeñas con la fertilidad.
En el siglo XIX, Andersen escribió un cuento titulado "Las Cigüeñas", donde éstas cogían bebés de estanques para llevárselas a familias merecedoras de niños.
Dicen que en el antiguo Egipto se las asociaba con una forma del alma. En la antigua Grecia la diosa Hera castiga a Gerana, la reina de los Pigmeos, a convertirse en grulla. Y la diosa vuelve a por su pequeño hijo pretendiendo llevárselo en el pico. De las blancas grullas a las cigüeñas... un paso. En China es símbolo de longevidad. Y existe una marca de nacimiento en los bebés, unas manchas planas y rosadas que normalmente luego desaparecen, que reciben varios nombres, entre ellos el de "mordedura o picadura de cigüeña". Podríamos seguir...
Las creemos monógamas y muy cuidadoras de su parentela en sus enormes nidos. Nos fascinan y les inventamos leyendas, fábulas y hasta enfermedades inofensivas de bebés.
¡Ay las cigüeñas! Por San Blas...
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