Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

lunes, 17 de agosto de 2026

El eclipse. Agosto de 2026. Una celebración

 



Y en la oscuridad total del espacio, todos los diminutos habitantes de un planeta azul se colocaron unas frágiles gafas de papel y miraron al sol, a la vez, ilusionados, expectantes. 

Y mientras una sonrisa se iba dibujando de fuera adentro en sus caras, su pequeño país se oscureció. 

El eclipse nos había invitado a su celebración. Y allí estábamos todos. 

Yo no entiendo nada del espacio ni de los eclipses. Pero teníamos la inmensa suerte de asistir a un acontecimiento histórico, un fenómeno astronómico único.  

Y también la tarde se vistió de única. Al tiempo que los preparativos venían rodados, Murphy debía estar pendiente del evento y nos prestó tranquilidad. Meses antes, un compañero apasionado del tema, en clase de "Aprende a leer un cuadro", nos habló de forma contagiosa del tema Eclipse relacionándolo con el arte. Días antes una amiga, en una cena, llegó con el curioso presente de unas gafas con el ISO indicado. Y a una semana vista, un compañero de la tertulia nos invitó a su pueblo a vivirlo en un campo diáfano donde se iba a ver muy bien. Si los astros, y nunca mejor dicho, se conjugan para hacerte la vida fácil, tienes que decir ¡sí! y vivirlo en primera persona. 

Ahora sé que, algún día, en cualquier Residencia de ancianos, ya sin dientes, contaré emocionada a mis compañeros de asilo como lo vivimos. Me acordaré de sus voces, de las risas. 

Todo un país unido en eso. Haciendo historia. Todos juntos, de celebración del Eclipse. 


 















La autoría de las fotos la compartimos Piluca M. de Velasco y yo. 

sábado, 15 de agosto de 2026

15 de agosto de 2026

 


Once años ya y este echarte de menos en cada paso de la vida. 

Si, después mucho tiempo, hago un bizcocho se me escapa un "¡Vaya! se me ha arrebatado", amasándose dentro de mí tus palabras con aquel aroma de tus ricos bizcochos. Si me perturba la indecisión de ir o no a algún sitio, me asalta tu voz animosa "¿Y por qué no vas a ir? Te pones guapa y andando que es gerundio". Si disfruto viendo como crecen los niños de la familia, siento ese pellizco del lamento y la ausencia definitiva: "Si pudiera verlos su abuela... Si pudiera."


Y así la vida. 

Así me vas acompañando en cada paso. 

Así otro afilado 15 de agosto que se cuela por una rendija del tiempo. 

jueves, 13 de agosto de 2026

"Yo fui a EGB" Exposición en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid

 



Fila tuvimos que hacer, y siendo agosto, para entrar en esta exposición. Quién nos lo hubiera dicho... Pero claro es que es todo un viaje al pasado. "Yo fui a EGB" es para nostálgicos de los años setenta. 

Es una recreación de la vida de entonces. Nuestro comedor, nuestra cocina, lo que veíamos en televisión, las revistas que leímos, los juegos de entonces, la clase donde estudiamos... Se repetían las frases: "Como esa panera había una donde mi abuela", "Ese sofá estaba en mi casa"... Cientos de objetos originales salpicaban las recreaciones. Y las mismas frases de todos revoloteando nuestras cabezas. 

Es curiosa, y es para todos los públicos, desde luego. Familias enteras estaban por allí recontándose la vida, sonriendo, haciéndose incluso fotos. Grupos de amigos, también. Y lo mejor es que se les veía disfrutar. 

La infancia de muchos volvió al presente un agosto caluroso de 2026. Hice muchas fotos, solo os he puesto unas pocas, entre ellas las del Capitán Trueno, Sigrid y los demás que está nada más entrar a la exposición. En un segundo dejé de pensar en la fila que me había tragado y volví a la montaña de tebeos de ellos que nos esperaron dentro de un viejo mueble aquel verano de mi adolescencia... 

Es gratuita y está hasta finales de agosto, así que si quieres revivir tus tiempos chavalillo ya puedes espabilar. Y cuidado que cierra a mediodía... 













lunes, 10 de agosto de 2026

"Vallesordo" de Jonathan Arribas. Reseña Literaria

 




"Miré a mis amigos a ver qué cara tenían y parecía que les había gustado. No era la primera vez que veían Fama conmigo, y cuando una coreo no les gustaba, enseguida sacaban el móvil y se ponían pikipikipikipiki con los dedos. Izan y Telma tenían móvil porque se lo habían regalado en la comunión, pero yo, como abuela era antiDios, me quedé sin comunión y sin móvil."



Ayer terminé Vallesordo y me dejó una sensación agradable. En "Vallesordo" de Jonathan Arribas, el narrador y protagonista es un crío de primaria al que le han encargado escribir una redacción sobre el verano más significativo de su vida. Nico (Nicolás Pérez Rincón) le va a ir contando a alguien, que no descubriremos hasta el final de la historia quién es, su verano de dos años atrás, el de quinto de primaria. Mientras lo hace, a través de sus propias palabras, irá mostrando el universo del pueblo inventado de Zamora donde vive ("Vallesordo"). Nos hablará de su familia, de su perra Yesi, de sus amigos y sobre todo de su afición por el programa de televisión "Fama ¡A bailar!" porque su sueño es que le lleven a un "castin" para bailar la coreo que tiene más que ensayada. Es un Billy Elliot de Zamora, tal cual. Nico se muere por bailar. 

Es un libro de no demasiadas páginas que se lee muy bien. La voz de ese narrador protagonista de pocos años está muy bien perfilada, es totalmente creíble y, al menos a mí, me ha encandilado. Una voz propia de un crío, con un lenguaje salpicado de localismos, muletillas, onomatopeyas, y palabras que intentan explicar sensaciones íntimas que aún no ha descifrado ni entendido en su totalidad. También hay una serie de secundarios que, en general, están bien descritos con sus palabras: sus padres que no son los más entregados del mundo, su abuela que está muy pendiente de él y mejor descrita, y sus amigos. 

Escrito en primera persona, nos ofrece su visión testimonial del mundo que le rodea. Pero entre sus palabras se traslucen temas muy importantes como un ambiente familiar un poco peculiar en el que no hay malos tratos pero sí cierta dejadez, no se desviven por él y tampoco entre sí destilan cariño. También se subraya la importancia en esos años de la amistad, la formación de la identidad de género, la vejez. Aborda temas muy importantes. 

No es una novela de sobresaltos, lo cierto es que el ritmo es un poco horizontal, salvo en el final que parece que se pone un poco más intenso por momentos. A mí no me ha importado, no buscaba tampoco más. No quiero contar mucho sobre el final porque no me gustaría destripar nada, pero en general en toda la novela no hay grandes tristezas pero tampoco hay contagiosa alegría. Nico es un gran observador de los gestos de los demás, y los interpreta a su manera y tal cual te los cuenta, asumiendo, qué remedio, lo que no le gusta y lo que le gusta. Y en ese "qué remedio" que nos cuenta subyace cierto desencanto. A mí me ha gustado esta novela, lo cotidiano te va calando y calando y te gustaría resolverle los problemas a Nico, que no tenga que darle tantas vueltas a sus preocupaciones. Y aunque te va transmitiendo su zozobra, la vida es como es. 


sábado, 8 de agosto de 2026

Los otros Murales de Belfast

 



Hay días que no son de palabras, 

son días de colores y silencio. 


Los otros murales de Belfast. 

Julio 2026














viernes, 7 de agosto de 2026

V de Viernes con V de Verano

 

Mural de la Libreria El Barco de Papel de El Sauzal de Tenerife



V de viernes 

El viernes es la llaVe del fin de semana. La campanilla del Perro de PaVlov. 

El Vehículo que transporta al ánimo festiVo. El laborable más Vérsatil. 

El viernes es un redomado y mentiroso Vendedor ofreciéndote su mercancía 

de dos días libres de toda obligación.


V de verano

El verano es la Vivienda de la indolencia. La Vaca de aquel 850 rojo que tanto nos llevó. 

El Ventilador que espantó a todos los despertadores. La mirilla por la que vemos a las ansiadas Vacaciones. 

El Viaje interminable de la niñez. La Voz ronca de las mareas.

El Vagón de aquel trenecito infantil donde se subió el ocio, el mar, el sol.


V de viernes con V de verano 

Los viernes de verano son los Walkie talkie que dejaron aquel año los Reyes Magos.

Son John Wayne mirándote de lado desde un conocido Western de coWboys.

El Wasapeo febril de las quedadas, la bendita Wifi en un país desafortunado.

Los dos dedos aguados de Whisky removidos con las frases que nos vieron crecer: 

¿Qué? ¿Hasta el amanecer? 

Porque muy mal se nos tiene que dar para que este viernes... 

Pero lo que pasa en el verano se queda en el verano. 

Con V de ¿Vale? 


miércoles, 5 de agosto de 2026

Puzzle

 



Mi amigo del alma me envía una foto sin palabras. 

Mi amigo de letras me manda un precioso mural.


Y la yema de tu dedo escribe sobre mi piel: 

Solo quiero saber si estás bien. 


Todas las fichas del puzzle encajan 

en los días perfectos.




martes, 4 de agosto de 2026

"El año en que hablamos con el mar" de Andrés Montero. Reseña literaria

 




"Había que tomar una decisión: elegir un buen machete, ponerlo sobre el tiempo y decir desde aquí hasta aquí, no más. Y sí, un corte es una pena, porque la cuerda del tiempo a veces es buena y parece firme y uno quisiera caminar a pata pelada por todo su largo, un pie delante del otro, y también un pie atrás del otro. Pero no somos el tiempo, somos apenas chispas rojas sobre un fondo rojo, cosas breves que tienen que decidir qué historias contarán antes de morir y qué historias oirán antes de morir, y tal vez de poco más que esto está hecho el trozo de cuerda que cada uno puede llamar su vida."


Anoche terminé "El año en que hablamos con el mar" de Andrés Montero. No había leído nada de este autor pero me llamó la atención una reseña que leí del libro y la verdad es que luego me ha gustado por varias razones. 

La primera es porque tiene mucho de mágico en su argumento. Tenemos varios elementos que salpican la trama y que la hacen muy sugerente: que esté ambientado en una isla, con todo lo que conlleva de aislamiento, una isla que no sale ni en los mapas. Que temporalmente se desarrolle en los tiempos en que un "bichito" o pandemia nos tuvo a todos sin movernos. Y después que haya una serie de detalles añadidos como una campana de oro hundida en el mar desde tiempos inmemoriales, un pacto con el diablo, una taberna en un barco que ya no navega, un cementerio sin cuerpos, que le añaden mucha dosis de imaginación, de evocación. Además se salpica el texto con varias alusiones al oficio de escritor que, claro, me gustaban. 

La segunda porque ahonda en el tema de la nostalgia, de la familia, de lo acertado de las decisiones... Buf, ya con eso también me atraía mucho. 

La tercera, es que he disfrutado su forma de contar tan rica en imágenes siendo en algunos párrafos muy poéticos, en cambios de narradores (ahora en primera persona, ahora coral...) Por su tono burlón, en otras ocasiones... Por sus cambios en estructura, además de en el argumento, constantes, lo que imprimía mayor agilidad a la escritura y lectura. 

Nos cuenta el argumento de dos hermanos mellizos, Julián y Jerónimo, que se reencuentran después de cincuenta años sin verse. Lo hacen en su isla, una remota del sur de Chile, donde dejaron de llegar los turistas tras un tsunami, y ahora por la pandemia ni llegan ni pueden salir. Así que Jerónimo, el mellizo que vuelve, tiene que quedarse durante más tiempo del que había previsto, reencontrándose con su hermano, sus vecinos, su vida.

Yo entiendo que haya lectores a quiénes no les guste quizá el ritmo pausado de esta novela, o quizás el final, para mí, algo previsible. Pero por lo demás es una novela tanto desenfadada en su tono, como muy profunda en sus intenciones. Tiene mucho de sabiduría popular, de tradición oral, algo de política, mucho de colectividad. Es una novela que, a pesar de tener doscientas y pico páginas, en mi opinión, es muy ambiciosa. Me ha gustado leerla y más conocer a este autor. 



domingo, 2 de agosto de 2026

El castillo de San José en Arrecife o MIAC Museo Internacional de Arte Contemporáneo

 

"La mirada de Cesar" y al fondo el castillo de San José (Arrecife)


Siento este verano interminable, con este ir y venir de olas calurosas que no permiten tregua, y supongo que también porque me escapé a Lanzarote allá por mayo y con eso di por comenzada la estación. 

Qué gusto volver a recordar Lanzarote: Cuánto me gusta esa isla. Me estoy dando cuenta de que me faltan muchos rincones que contaros. A pesar de ser la tercera vez que visitaba la isla, me descubrió lugares que yo aún no conocía, como sus castillos. Coincidiendo con nuestro viaje, el 18 de mayo se celebraba el día de los Museos, y aprovechamos para visitar el MIAC o Museo Internacional de Arte Contemporáneo que se aloja dentro del Castillo de San José en Arrecife. 

Se trata de uno de los cuatro castillos de la isla, y fue construido en el siglo XVIII, por un lado como fortaleza defensiva contra el ataque de los piratas y por otro para dar trabajo a la población, pues a causa de las erupciones del Timanfaya se había extendido una hambruna. Es bien de Interés Cultural, se renovó en los años 70 y su interior fue diseñado por Cesar Manrique, que había nacido en ese barrio. ¿Qué no hizo este artista por su isla?

Me gustó mucho, era como un oasis de frescor a esa hora de la siesta en la que fuimos. Tiene mucho arte abstracto, escultura moderna, Tapies, Miró... Y hay una sección dedicada a un artista canario que yo no conocía: Pancho Lasso, muy interesante. Y bajo el Museo, descendiendo por una escalera en espiral descubrimos que tenía un restaurante con vistas al puerto y los muelles, muy tranquilo y concurrido a esas horas de café. 

¡Ay! quién pudiera hacer otra escapadita, ahora. ¿Verdad?













sábado, 1 de agosto de 2026

"El latido de las mariposas" de May R. Ayamonte. Reseña Literaria

 



Voy a terminarme ya el libro que estoy leyendo ahora y no os hablé aún de "El latido de las mariposas" de May R. Ayamonte. Os puedo contar que no había escuchado nada de él antes de que me lo recomendara mi amiga Julia. Es otra novela negra de las nuestras, de autora española, ya por eso tiene puntos, pienso, y si además nos la recomienda mi amiga, seguro que está bien. Y rápidamente la adelanto en la fila interminable de lecturas pendientes y le busco su hueco entre novela y novela. 

Me la leo en un suspiro, y eso que tiene sus cuatrocientas y pico páginas... Pero la intriga está muy bien dosificada y te engancha. 

Se desarrolla entre Granada y Ceuta, cambiamos de escenario. La ambientación está muy lograda, es muy descriptiva, muy visual, te ves literalmente paseando por Granada gracias a sus ricas y precisas descripciones, lo mismo que atravesando el estrecho o ya en la misma ciudad de Ceuta. Temporalmente se desarrolla en la actualidad. 

La protagonista es la inspectora de homicidios de Granada, B. Barea. Lo de la B. de su nombre de pila será otro motivo de intriga casi toda la novela, pero terminaremos sabiendo bastante de este personaje principal, porque tiene una enfermedad cardíaca y eso va a influir mucho en su conducta y sus pensamientos. Y por otra parte está atravesando un momento sentimental complicado que también la va a desestabilizar bastante. 

Pero por si eso no fuera poco, laboralmente hablando y ya vamos al meollo, se va a ver envuelta en varios asesinatos cuya puesta en escena es realmente curiosa y está relacionada con las mariposas, y dentro de ellas con unos ejemplares muy especiales. Es una carrera contra reloj porque parece que el asesino no va a dejar de asesinar, abandonando posteriormente a sus víctimas en casas que se quedaron literalmente abandonadas nada más construirse por la burbuja inmobiliaria. 

Tiene un tema de fondo, que es el que subyace de hilo conductor de los distintos asesinatos bastante controvertido y, por supuesto, no os lo voy a desvelar todavía. Es una novela con un toque importante feminista. También podríamos decir que se toca el miedo a enfrentarse a nuestras debilidades y contradicciones. 

En cualquier caso, yo la he disfrutado mucho. Me ha parecido que está escrita de forma muy ágil, muy directa, la trama fluye con mucha facilidad. La intriga está bien dosificada. Te atrapa su argumento y son creíbles sus personajes, así que a disfrutar... 


 


jueves, 30 de julio de 2026

De Glen Hansard volví a Dublín, a Irlanda, a vivir

 


Hoy me acordé otra vez de Dublín, de Irlanda, de nosotros. 

Mientras me arreglaba para ir a trabajar, la radio emitió la noticia de la muerte de Glen Hansard, el músico y actor ganador de un Oscar por la película ONCE. La película de músicos callejeros que fijó ya Dublín en mi eterna lista de viajes con esa banda sonora de fondo. Hansard tenía 56 años y se mató ayer, 29 de julio, en un accidente con su moto a las afueras de la ciudad. Decía la noticia que su fama como actor no había conseguido alejarle de las calles de Dublín, donde de forma improvisada seguía tocando de vez en cuando como cualquier otro músico callejero. 

Tengo tan reciente mi viaje a Irlanda, a primeros de mes, que he vuelto a verle recorriendo aquellas calles con su compañera de película, Marketa Irglova, cantando juntos y arrastrando aquella aspiradora como si fuera una mascota. Me gustó mucho la peli, y me apenó saber de su muerte a destiempo.

Y de la mano de la pena, acabé naufragando en la nostalgia. Y volví a escuchar a los dos guías locales tan buenos que tuvimos: en Dublín, un uruguayo, y en Belfast, un gallego. Muy buenos los dos, cuánto sabían y de qué forma tan amena nos lo contaban. Y he vuelto a saber que el león de la Metro Goldwyn Mayer nació en el zoo de Dublín en 1919. Y de un león, el guía nos llevó a ver otro, disecado y enorme, que curiosamente tienen asomado a una ventana, asustando a los viandantes. Y recordé aquel árbol y su historia de amor tan "romántica" con un banco de un parque de Dublín. Y recordé el memorial del Hambre que tanto me conmueve, y de ahí, vete tú a saber por qué, salté al momento en el que nos enseñaron cómo era la terapia convulsiva de los electroshock antiguamente

Los pensamientos son pulgas que saltan por tus recuerdos con total impunidad. Se va tejiendo una red por tu memoria, asociando acá y allá, creando ese tejido que ahora te devuelve sensaciones gratas, ahora te impregna de añoranza. Sin embargo, esas asociaciones nos colocan en el mundo, como a una chincheta diminuta, y sobre todo, otorgan sentido a lo que hemos vivido. ¿No creéis?













domingo, 26 de julio de 2026

Primero A de Primero de BUP

 



Veníamos de distintos colegios e incluso de distintas ciudades, pero fuimos a coincidir en aquella clase de un Instituto de barrio. Primero A de Primero de BUP. Si pienso cuántos años han pasado me puede dar, cuánto menos, vértigo. O quizá ya, a estas alturas, hasta me podría dar una subida de tensión, échale. Pero lo cierto es que me da una sonrisa de esas que ni te das cuenta de que te ha salido en la cara. Una curvatura hacia arriba de las comisuras de los labios tan espontánea y tan de dentro que solo puede ser de verdad. Una mancha, que no te ha tatuado el sol sino el tiempo, un tiempo precioso que solo puedes agradecer.

Ahora pienso que cambiarnos en 8º de la EGB del cole al Instituto para estudiar el BUP, nos abrió un abanico de vivencias que nos enriqueció de pronto. El barrio se estiró y acogió más barrios cercanos, la vida se desplegó como un mapa, se multiplicó con compañeros distintos, con otras vidas a las que ya siempre nombraré con nombre y dos apellidos, según las escuchaba en la lista, pero que tenían muchísimo que ofrecernos. En el cole todo era más fácil, era lo conocido, pero también a la larga nos habría encorsetado, sin darnos cuenta se nos había quedado pequeño. 

Las cuatro de la foto en tercero de BUP elegimos matemáticas y latín, y en COU arte y latín. También elegimos el mismo parque para pasar las tardes, después de aprovisionarnos de amigos escogidos del Insti, patatas fritas y y litronas del "Mayorico", en lo que todavía no se llamaba botellón. Elegimos después ir a la acampada de tercero de BUP, el primer viaje que me dejó mi madre ir con amigos. Y al siguiente curso elegimos estar en el viaje de Torre del Mar, después de habernos pasado todo el último curso sentadas en fila india, compartiendo la misma fila de pupitres, al final de aquella clase de COU de la que aún puedo recordar tantas divertidas anécdotas.

Ahora, en este año que cambiamos de década, y no va a ser una década cualquiera, me pregunto cómo lo hemos logrado. Cómo hemos conseguido a pesar de los vaivenes vitales, de los amores y desamores, de los hijos y los padres, de los amantes y amigos con mayor o menor derecho sobre nuestro tiempo y corazón, ¿Cómo hemos conseguido mantenernos cerca? ¿Cómo hemos logrado seguir contándonos nuestras cosas y compartiendo la vida? ¿Cómo? Y solo tengo una certeza: qué suerte he tenido. 

Con las amigas, con los amigos que llegarían antes o después pero dentro de mí siento "de siempre" cuánta suerte he tenido y qué agradecida estoy.


sábado, 25 de julio de 2026

"Marcelino" de Bibiana Collado Cabrera. Reseña Literaria

 


"Al verla, recordé cuando se le empezaron a poner blancos los pelillos de ahí abajo. Tanto entrar en ella y, sin embargo, tardé mucho en darme cuenta. Nunca había pensado que las canas llegaran también al sexo. Sencillamente, no se me había ocurrido. Primera fue la sorpresa. Mirarla fue mirarme y entender que el tiempo pasaba por mi cuerpo. Después vino una risilla incontenible porque las ganas seguían ahí, apretándonos el uno contra la otra. Encarna, en muchas ocasiones, soltaba lo que me rondaba por la cabeza antes de que yo mismo me diera cuenta de qué estaba pensando. Nos estamos haciendo mayores, Marcelino, qué bien seguir teniendo ganas de follar, dijo en aquella ocasión. Amén, contesté yo."


Termino "Marcelino" de Bibiana Collado Cabrera con pena infinita de que no tenga más páginas y con la convicción absoluta en que no voy a parar de recomendarlo, con el riesgo que supone eso... Pero me ha encantado desde la primera frase. Me acordaba de cuando yo era jovencita y le pedía a mi madre que me comprara otro libro que ya se me había terminado. Y ella, viuda, con una pensión bien menuda y cuatro adolescentes en casa, lectores todos, me decía: "Hija, estíralos, estíralos porque yo no gano para comprar tanto libro." Y yo quejándome: ¡Pero mamá como voy a estirar un libro, cuando ya lo he leído, lo he leído!. Y resulta que leyendo "Marcelino" me acordaba de aquello porque ¡anda que no he estirado yo esta novela de Marcelino! Creo que todas sus páginas me las he leído un par de veces, por lo menos, y siempre con una sonrisa, ahora juguetona, ahora triste, siempre tierna, queriendo atrapar las palabras, queriendo saborear despacio esa forma de contar tan sentida, tan de verdad, que tiene el personaje. Queriendo acariciar, sobre todo, la hermosa literatura de esas frases.

Contado en primera persona, Marcelino es el narrador. Marcelino es un hombre mayor, de pueblo, que vive en la dura posguerra, y nos va contando su vida entera sin tapujos, con toda la sinceridad y honestidad del mundo. Marcelino te habla de sentimientos como te habla del sexo, sin ningún pudor ni disfraz. Lo que es, es. Es tan de verdad este personaje... Está tan bien perfilado en sus cualidades, sus debilidades, sus pocas palabras, en sus deseos, sus amores. Su lenguaje es tan rural, tan de la tierra, que no hay doblez en ni una sola de sus palabras. Es entrañable. 

Y el resto de los personajes: Su Encarna, su mujer. Marta su casi nieta. Ángeles y Dolores, la pareja que forma la mejor amiga y prima de Marcelino. Manuela su hija. Mujeres valientes, fuertes, discretas. Muy bien perfiladas también. También están los hermanos de Marcelino, tan diferentes y tan buenas personas como él. 

El estilo de ese narrador en primera persona es tan directo como poético, tan desnudo de florituras como rico en imágenes, en términos, en lo que te cuenta. Lo cuenta todo tan bonito... Celebrando la vida. Porque aquí celebran matanzas, bodas, nacimientos, y en el fondo están todo el rato celebrando eso, la vida. 

Hay sexo, como os decía, mucho, sin ninguna obscenidad, pero contado tal cual, transparente, salpicando, incluso. Hay amor conyugal, amor de amistad, amor a la familia... Tanta ternura... 

Es una novela de ciento y pico páginas con 50 más 1 capítulos muy cortos, que comienzan en el ahora, el capítulo 50 y que van a ir descontándose como la vida. Y por eso cuentan desde la casi infancia hasta el momento que arranca la narración, cuando Marcelino ya está solo y piensa que no le queda demasiado tiempo, ya es muy mayor. Una autobiografía llena de anécdotas, descripciones ricas y detalladas, episodios tan visualmente contados que parece que estas ahí. 

Cómo me ha gustado esta novela. Ya estoy buscando la primera de esta autora que tiene, además, varios poemarios. Un descubrimiento precioso. 


"Mi madre andaba faenando de un lado a otro. Parecía que no estaba escuchando. Sin embargo, cuando aquellas mujeres se fueron cada una a su casa, me metió de una brazada en la cocina y bajito me dijo que las mozas y las casadas echan sangre una vez al mes, ni las niñas ni las viejas, solo las que tienen edad para dormir con un hombre. esa sangre es la responsable de que puedan tener familia. Si una hembra no sangra, no puede ser madre. Y punto."




viernes, 24 de julio de 2026

Exposición de José Caballero "Algo camina hacia el infinito" en el Museo de Huelva

 


De pronto, en mi memoria, dos neuronas hicieron sinapsis y de los archivos de Lorca en la exposición de la Residencia de Estudiantes de la que ya os hablé en la entrada anterior de mi blog, salté a alusiones a Lorca en otra exposición que descubrí en el Museo de Huelva dedicada a José Caballero (Huelva, 1913-Madrid 1991), artista, pintor y poeta onubense. 

Es cierto que, allá por abril cuando estuve, no os había hablado de ella, porque yo iba con el tiempo justo y, buscando otra exposición, la encontré de casualidad en el vestíbulo del Museo, sin embargo me atrapó y ahí estuve un rato viendo documentos y fotografías del tiempo en que coincidieron el pintor onubense con los intelectuales del 27: Alberti, Lorca y Neruda con los que mantuvo vínculos de amistad y creatividad.

La exposición se llamaba como su último trabajo en vida, un lienzo titulado "Algo camina hacia el infinito". Y consta de pinturas, dibujos, obra gráfica, correspondencia, fotografías, documentos personales... 

Os dejo con algunas fotografías de la exposición. Es curioso como los recuerdos se atraen y se relacionan acontecimientos, exposiciones, que ocurren en meses distintos (abril y julio) y en ciudades diferentes (Huelva y Madrid).