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Cortina D`Ampezzo |
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Un blog para letraheridos. Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y letras. Un blog donde sentarse a leer mientras te tomas un café.
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Esta mañana, de pronto, advertí que tenía frio y pensé "Me estoy quedando pajarita". Y al decirlo, sonreí. Siempre me ha hecho gracia esta expresión. Y no acababa de pensarla cuando ahí me veis buscando su origen como una loca. Pues sí, cada una busca como lo que es ¿Qué le vamos a hacer?
Y encuentro que el posible origen de la expresión está en la creencia popular de que en invierno mueren de frío muchos pajaritos. Aunque, mira por dónde, Amando de Miguel, que también le ha dado muchas vueltas a eso de las palabras, apostilla que "la verdad es que los pájaros suelen resistir muy bien el frío, pero su naturaleza frágil y su aspecto endeble hacen que los asociemos a esa sensación de sentir frío."
Es cierto, pensé. Los gorriones siempre me han parecido muy frágiles, y sin darme cuenta de su pura vulnerabilidad me vino a la cabeza otra expresión: "Morirse o quedarse alguien como un pajarito". Así es, pasar a mejor vida, o resumiendo: morirse con sosiego, sin hacer ruido. Cómo imaginamos deben morir los pobres pájaros. De ahí la expresión.
No os lo niego, a la que me descuido, puede parecer que "Tengo la cabeza a pájaros". Ya sabéis, que soy un ser poco práctico, distraída con "mis cosas"... O cómo nos lo define el Diccionario de la Real Academia: "Muchos pájaros, o pájaros en la cabeza: Fantasías o ilusiones infundadas."
Y puede ser que la tenga. Tampoco pasaría nada ¿no? Esta expresión creen que tiene su origen en la Edad Media, cuando pensaban que las aves podían hacer un nido y criar en el cabello de las personas. Sí también lo he buscado, lo confieso.
Y si lo sigo pensando un poco más, no os discuto que en mi pelo incluso podrían anidar... Porque tengo, tener pelo tengo. Y si lo pienso aún más, lo que me da es un poquito mucho de grima, la verdad. Y en la Edad Media, tan avispados ellos, pensaban que si te hacían un nido en la cabeza y criaban, pues la cuestión te podía llevar incluso a la locura. ¡Cómo para no pensarlo! Y claro derivando, derivando, pues se acabó por adjudicar la expresión a los que no veían "muy centrados". Venga confesad, no me digáis que no habéis pensado alguna vez que tengo la cabeza a pájaros...
No, no me lo invento que "me lo dijo un pajarito". El origen de este dicho podría estar en el uso que antiguamente se le daba a las palomas mensajeras. Gracias a ellas existía la comunicación. Un dicho parece ser antiquísimo. Pero si ya Noé, sí el del diluvio famoso al que se van pareciendo cada vez más nuestras tormentas, envió una paloma para que le anunciara cuándo podría bajarse de una vez ya de la dichosa arca. Que estaba ya cansaíto el hombre de tanto navegar y tanto bicho.
Bicho buenos. El arca lo llenó de parejas de bichos buenos. Que no es lo mismo que tropezarse con un "pájaro de cuenta". Expresión que utilizamos para hablar de los "sujetos" con los que, en cambio, no conviene tropezarse. Mira tú.
Aunque, curiosamente, si "te caga un pájaro en la cabeza" puedes estar contento. Porque dicen que eso significa una bendición de los dioses, que vas a tener suerte, fortuna, felicidad, o yo que sé cuántas cosas buenas te van a ocurrir si su deposición cae en tu misma cocorota. Para que luego te quejes. El origen estaría en la creencia de que los pájaros eran mensajeros de los dioses. Sííí, también lo busqué.
En fin... Pues a lo que íbamos. Si yo solo os quería comentar que ¡Vaya si ha cambiado el tiempo! ¿Verdad? Fijaos que esta mañana, de pronto advertí que tenía frio y pensé "Me estoy quedando pajarita".
Todas las fotos son mías: Lorca en la Plaza de Santa Ana de Madrid, las cigüeñas de Portugal, el cóndor de Perú, las gaviotas de Huelva, otra de Corfú... Y la de la figura en una jaula, tan simbólica y que me encanta, es de Roberto Reula, se titula "Luciernaga" y está tomada en la exposición "Flecha 2021".
Termino de leer "Escritoras" de Carmen G. de la Cueva y lo he disfrutado.
Se trata de un ensayo sobre un conjunto de mujeres escritoras de nuestra literatura, unas más conocidas que otras, que lucharon por dedicarse a su pasión en la primera mitad del siglo XX.
Se repasa la vida de Carmen Baroja, Emilia Pardo Bazán, de María Lejárraga, Carmen Martín Gaite, Elena Fortún, Carmen Laforet, Virginia Wolf... Se incide en cómo, según el momento histórico que estábamos viviendo, ellas pudieron o no estudiar, escribir, o en definitiva, dedicarse a la vida literaria. Nos colamos en sus vidas a través de sus textos, de sus cartas, de las relaciones entre ellas.
Del mismo modo volvemos a repasar lo que fueron para ellas y desde luego para la historia de España la creación de la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club Femenino. La Residencia fue el primer centro oficial donde se fomentó la instrucción superior de las mujeres en Madrid y el Lyceum fue una importante asociación de mujeres con un elevado nivel educativo y cultural. Ambos funcionaron hasta la guerra civil.
Tanto si ya conoces sus vidas y su obra, como si no, es muy interesante volver a estas autoras, descubrirlas o redescubrirlas en aquel tiempo que les tocó vivir, devolverles su importante lugar, sus lazos de amistad, los lugares donde pudieron o no desarrollar sus facetas como escritoras.
Es un ensayo complementado con fragmentos de obras y cartas, muy documentado, e interesante que se lee muy bien. Es ameno e instructivo. Además está salpicado de todas las ilustraciones de Ana Jarén convirtiéndolo en un libro muy vistoso. Tiene tapas duras y está bien editado por Lumen.
Al final viene una relación muy extensa de la bibliografía de la que se ha nutrido la autora para su texto.
El placer de leer en papel que, menos mal, no hemos perdido, aunque sean indudables las ventajas del libro electrónico. Es un grato alivio poder descansar de la lectura admirando las ilustraciones.
Yo no me resisto ante un libro bonito de papel, así que tuve que adquirirlo en el último día del Libro. ¿Qué le vamos a hacer? yo intenté resistirme, lo intenté, que la fila que tengo de libros ya en casa sin leer es importante, pero... No tuve más remedio que regalarme ese placer.
Os estaba contando en la entrada anterior, que los compañeros de la tertulia literaria Rascamán nos habíamos escapado a Alaquás, un pueblecito valenciano, a hacer un recital en su fantástico Castillo que está en mitad del pueblo y dedican a toda clase de actos culturales.
En la entrada anterior os he ido presentado a los compañeros que leyeron en la primera mitad. Y en esta entrada quería que conocierais a los que leyeron en la segunda parte. Después de la actuación musical salió Cinta R. Guil.
No hay nada mejor que tener un refugio. Poder cerrar todas las puertas y dejar fuera durante un rato lo que nos duele, nos preocupa o simplemente nos aburre.
Hace 25 años que yo encontré a mi grupo literario, primero fuimos un taller de creación literaria, después una tertulia y siempre, ese refugio donde seguimos aprendiendo mientras compartimos la pasión por la literatura, por leer y sobre todo escribir.
A veces escapamos de ese sótano céntrico donde nos reunimos cada semana. Y la última vez que nos aventuramos más allá de Madrid ha sido el último fin de semana de octubre donde fuimos a dar un recital literario hasta un pueblecito de Valencia, Alaquás.
El pacto era coincidir todos en ese Palacio-Castillo del siglo XVI que tiene tan chulo. Celebrar en él un recital donde leeríamos poemas y relatos, combinándolos con algunas actuaciones musicales, preciosas actuaciones musicales, a cargo de unos músicos de Alaquás, gracias a una compañera (Omega), muestro lazo de unión con aquellas tierras donde ella vive y estudia violín.
Fuimos cada uno como quiso, repartiéndonos en algunos coches, o solos. También cada uno se organizó el finde como le pareció, llegó el viernes o llegó el sábado, se fue antes o después. Somos ya muy mayores para movernos como un colegio. Respetamos lo que cada uno elige. Pero a las doce de la mañana del sábado 28 de octubre del 2023 Rascamán, como un clavo, compartía sus libros y sus textos (poemas y relatos) en ese castillo.
Allí estuvimos. Juntos. Celebrando que nos unen las letras.
Somos muchos más Rascamanes que los que leímos en Alaquás, fuimos una pequeña representación. Pero disfrutamos mucho de la comida y la luz de Valencia. De su temperatura benigna y sus paisajes. De la amabilidad del grupo poético en el que ahora está Omega y que nos recibió "en su casa". De estar juntos, de leer, de escribir.
He pensado que voy a dividir esta entrada en tres partes.
En ésta, si me lo permitís, os pongo en situación. Y en la siguiente os presento a mis compañeros.
Aquí los protagonistas.
Me gustan los cementerios.
Y es paradójico que así sea, porque de pequeña hice demasiadas visitas a uno en particular. Cuando llegué a la adolescencia dejé de ir y estuve varios años sin querer acercarme, era casi visceral no pasar por allí.
Sin embargo, no sé si con el tiempo, con la edad, o con qué, he descubierto la belleza que encierran. Son diferentes según las culturas, las tradiciones e incluso la arquitectura de la ciudad a la que pertenezcan, son una de sus señas de identidad, pero todos tienen en común que son lugares apacibles, silenciosos, que transmiten calma y no tienen por qué ser tristes.
Los muertos no hacen nada. Si acaso compañía.
A mí me gusta pensar en mis muertos. Es triste que la mayoría se fueran cuando no les tocaba. No habían gastado sus vidas ni con mucho. Pero pronto se aprende que no hay justicia en ésto. Quiero pensar en mis muertos. Quiero que sigan viviendo en mí. Me gusta recordar como se movían, qué decían. Gracias a ellos estoy viva y soy quién soy.
En días como hoy, 1 de noviembre, todo el mundo recuerda a los suyos y, si procede, visita sus cementerios, pero el resto del año están muy poco concurridos y quizá no tengan tantas flores pero conservan la paz que transmiten.
Durante este mes de noviembre os enseñaré los últimos que he conocido, en Francia, en Grecia e Italia. Hoy os dejo con el último que he conocido. Estaba en el norte de Italia, en los Dolomitas, exactamente en Cortina d'Ampezzo, una ciudad especial en plenos Alpes.
Su cementerio era tan chulo como todo el paisaje que lo rodeaba. Y tenía una carroza para transportar al fallecido, que casi no se ve en la foto por los reflejos, pero me recordaba mucho a las de Nueva Orleans, grande, negra, majestuosa... que algún día conoceré. Era muy vistoso este cementerio, tenía belleza.
Buen Día de Todos los Santos.