"Del amor. De que a menudo confundimos el amor con los fuegos artificiales. Con dramatismo y disfunción. Pero el amor de verdad es muy tranquilo, muy callado. Es aburrido, si se contempla desde la perspectiva del dramatismo exacerbado. El amor es profundo y calmado... y constante. Imagino que sí le das amor a Kathy, en el sentido auténtico de la palabra. Que ella sea o no capaz de dártelo a ti es otra cuestión."
Me he leído esta novela muy rápido, porque me ha parecido entretenida. Al final hay un detalle que me ha chirriado un poquito, la verdad, pero salvo ese detalle, la verdad es que la he leído muy bien.
El argumento arranca contándote que Alicia Berenson, una pintora de renombre ha matado a su marido de varios tiros, y luego ha entrado en un mutismo del que ya no ha salido. Seis años después un psicoterapeuta llamado Theo Faber, obsesionado con el caso, se traslada de Unidad Psiquiátrica para poder tratarla.
Me costó un poco entrar en la historia, demasiada explicación al principio por parte del protagonista que imprimía una ritmo más lento, pero una vez que ya pasa eso, la novela despega y toma carrerilla con un ritmo mucho más ágil. Está estructurada en pequeños capítulos, una veces narrados por el psicoterapeuta y otras veces son fragmentos del diario de Alicia de tiempos pasados, con lo cual tenemos a otra narradora. Esta alternancia, tanto en narradores como rompiendo la unidad de tiempo, también le da mucha agilidad a la novela. Influye también en que no decaiga el ritmo, la alternancia de los distintos puntos de giro que tiene la historia.
En general no está mal esta novela. No voy a decir que sea inolvidable, ni de las mejores de novela negra que he leído. Últimamente tengo el listón bastante alto con una española que me dejó bastante impresionada ("La mala hija" de Pedro Martí). Pero ésta también a mí me ha parecido entretenida y como aborda la salud mental, tema que a mí me suele resultar interesante, pues yo me la he leído con gusto y rápidamente.


















