"Cuando perdemos a un ser querido lo perdemos infinidad de veces mientras estamos vivos, no solo el día de su cumpleaños, cuando abrimos el armario y vemos la percha vacía de la que cuelga el vestido negro de la ausencia, al ver una película que le habría gustado o comer el que fuera su plato favorito. Pasa lo mismo con una separación. Cada viernes que dejo o recojo a mis hijos el matrimonio vuelve a romperse como la balda de un armario con mucha ropa encima. Cada vez que los visto, los ducho o vamos de paseo, recuerdo ese mundo paralelo: el que hubiera ocurrido de seguir juntos. Me separo cada semana. Hoy he vuelto a separarme. "
El segundo libro que me leo de Jesús Montiel es su último libro, el décimo quinto del autor: "Que quieres ser de muerto".
Con este título tan bueno, tan evocador, se deshoja una novela corta, casi una reflexión, sobre la pérdida, sobre las relaciones que se terminan, o cambian como se va transformando y transformándonos la vida, que no puede parar quieta.
Apenas cien páginas donde el autor repasa sus relaciones, su matrimonio roto, las condiciones de la separación en cuanto a los hijos, el devenir de una nueva relación, el cansancio, la vejez o ausencia de quienes nos han querido tanto, como por ejemplo sus abuelos... Y lo hace con su prosa lírica, salpicada de imágenes, de frases luminosas cuyo eco se te queda dentro.
Cómo me gusta la prosa de este autor. Es una prosa bella, rica, en el umbral casi de la poesía. Y aunque toca temas finales, podríamos decir tristes, sin embargo, no es un libro triste, es sereno, calma, invita a la esperanza. Porque todos tenemos que darnos cuenta de que en esta vida hay que despedirse, y por tanto hay que aprender el arte de las despedidas.
Jesús Montiel de muerto quiere ser "amabilidad", y este libro es una conversación amable amable sobre el descuido del amor, sobre la finitud de los cuerpos, sobre la ausencia, o la muerte. Pero desde la vida, porque seguimos vivos y, en definitiva, tenemos que hacer por vivir mejor.

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