Que en tu vida no haya más soldaditos que los de plomo, o si acaso los de Pavía.
Que la única metralleta que escuches, sea la del sonido ganador en aquella competición de pedos entre los amigos de tus diez años. Qué risas, chaval.
Que la frase “hundir la flota” no sea más que el título de aquel juego de barcos, tocado, hundido, que coge polvo en el trastero.
Que los únicos disparos de los que te enorgullezcas sean los de aquella canica que te daba siempre suerte. ¿Dónde estará?
Que la única flecha que te alcance sea la de aquel Cupido de barrio, habilidoso arquero de espigas, en la mejor primavera de tu vida.
Que todas las batallas sean de versos.
Que solo te hiera, pero del buen amor, la carta que estabas esperando.
Que no tengan fin los combates cuerpo a cuerpo que, a pesar de los años y la osteoporosis, sigas librando entre las sábanas.
@Rocío Díaz Gómez
#desdelapalabranoalaguerra

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