Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

martes, 7 de diciembre de 2010

Qué emotivo el discurso de Vargas Llosa ante la Academia Sueca...



¡Cuánto me ha gustado!

Qué emotivo ha sido. No dejeis de leerlo o escucharlo cuando podais. Os dejo con algunas de sus frases:

"El Perú es Patricia, la prima de naricita respingona... y es tan generosa, que, hasta cuando cree que me riñe me hace el mejor de los elogios: "Mario, para lo único que tú sirves es para escribir..."

"Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida". 

"Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola"


"La nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible"

Paula Varona, pintora


Os voy a contar algo muy curioso que me ha ocurrido. Porque a veces y de pronto en la vida pasa eso, que ocurren cosas buenas, cosas aparentemente pequeñas pero importantes, que me sorprenden y dibujan una sonrisa en mi cara de forma totalmente espontánea. Una sonrisa de pura gratitud.

Hace unos meses, allá por abril, yo visité una exposición que me gustó mucho. La de Paula Varona que había en la Casa de Vacas del Retiro titulada "Madrirámicas 2" compuesta de cuadros sobre Madrid.

Me gustó tanto que después escribí una entrada en el blog sobre ella: 

Pues bien, ayer 6 de diciembre recibí un comentario en dicha entrada de la misma Paula Varona... sí de la pintora, que podéis leer en la misma entrada a continuación.

Qué sorpresa. ¿Cómo iba yo a imaginar que la pintora de aquella exposición que me gustó tanto, meses después dejaría un comentario en mi blog? Si mi blog es una partícula  minúscula en la inmensidad de blogs que existen... si yo no soy ninguna entendida en pintura...

Me gusta mucho cuando las personas, personas que además no conozco de nada, son así de espontáneas y de detallistas, y optan incluso por dejarme huella de su paso con un comentario. Yo no puedo por menos que sentirme muy agradecida. Mucho.


lunes, 6 de diciembre de 2010

Un poema inédito de Luis García Montero




Un poema para un día gris y lluvioso.

Es inédito, y forma parte de los poemas del último libro de Luis García Montero. De ellos nos habló y tuvimos la suerte de que nos recitara algunos en el Festival Eñe de Literatura en el Círculo de Bellas Artes en noviembre, hace casi ya un mes.

En la presentación que hicieron de él, dijeron algo con lo que estoy muy de acuerdo, que Luis García Montero es perfecto para que un narrador se adentre en la poesía. Es cierto. Sus poemas son tan cercanos, tan sencillos, tan claros, tan narrativos que en efecto te llegan aunque no seas un lector de poesía.

Su próximo libro se va a titular "Un invierno propio.Consideraciones". Nos dijo que son poemas largos con un titulo también largo, casi un aforismo.

Nos confesó que él escribe poesías porque su padre leía poesías en voz alta, porque él aprendió mucho con un libro de poemas. Pero también nos dijo que a él le gusta dotar a sus propios poemas de un significado. Aspira a que su poesía sea un espacio público donde sea posible el diálogo, un espacio literario donde se reinvindique la conciencia individual, la indagación del yo.

Para él la poesía es más interesante cuando abre preguntas, no cuando da respuestas. Tienen más que ver con la inquietud que con las soluciones.

No era la primera vez que escuchaba hablar de poesía a García Montero, ni que le escuchaba recitar sus poemas... Es de hecho uno de los primeros, si no el primero, al que yo me acerqué leyendo poemas. Siempre es un lujo escucharle.

Bueno os dejo con uno de los primeros que nos leyó, creo que es el que dijo que había surgido a raíz de que su hija Elisa estaba estudiando idiomas. A ver que os parece, yo creo que os gustará...

Otro día os dejo con algún otro de ese día...



sábado, 4 de diciembre de 2010

Manuel Vicent y Angel S. Herguindey en el Festival Literario Eñe


Tengo atrasadas un montón de entradas que quería compartir con vosotros. Y no quería dejar de hacerlo porque incluso alguna de ellas se refiere al Festival Eñe de Literatura que hubo en noviembre, y que estuvo muy bien, por lo menos en lo que se refiere a los eventos que pude disfrutar.

Ya os hablé del cara a cara entre Manuel Rivas y Juan Cruz. Pues bien, el siguiente acto al que fui dentro de dicho Festival  fue a una conversación entre Angel S. Herguindey y Manuel Vicent que titularon "lugares comunes". Al primero no lo conocía pero del segundo ya sabéis que he leído algunos libros y artículos y siempre me gusta mucho. Tengo otras entradas ya en este blog dedicadas a él.

En este caso se trataba de una conversación entre dos amigos en los que hablaban sobre recuerdos, sobre Denia, sobre los artistas que de alguna manera sabemos todos...  Y mientras paseaban con las palabras por esos "lugares comunes" iban saltando de un tema a otro, salpicándolos de anécdotas entretenidas y divertidas. Dedicad un momento a este vídeo, escuchad como cuenta la anécdota de cuando estuvo Bette Davis rodando en Denia en los años cincuenta y tantos y quería comer "carne buena, carne buena" y no había carne... Que gracioso. No se escucha muy bien, hay bastante ruido de fondo, pero si prestais atención yo creo que sí podéis oírlo. Fijaros como describe a las personas Vicent, y las situaciones, que buen narrador de historias, y claro las risas del público... Yo creo que con el vídeo os hacéis una idea muy buena del ambiente.



Decía Manuel Vicent: Todo el mundo tiene un verano en el que has despertado al amor, a la política... son veranos iniciáticos...

Las historias de amor verdaderas son las que el objeto de amor ha desaparecido o bien no han ocurrido nunca.

También habló largo y tendido sobre sus tertulias de Café Gijón, sobre algunos tertulianos y allegados  en aquel tiempo: "Descubrí de verdad el Mediterraneo cuando llegué al Café Gijón, cuando lo perdí". Contaba que cuando llegó a esta tertulia todos eran muy viejos. Y entre ellos estaba un señor llamado Acacio, un poeta que ya era muy mayor. Coincidió que era jueves y los jueves siempre había paella, y este señor tan mayor se la pidió y de pronto se murió. Y todo el afán, ya no recuerdo bien si del camarero o del dueño, era preguntar: ¿Ha pagado? ¿Ha pagado? Con mucha insistencia. Y luego ¿La había probado, la había probado? y cuando le contestaron que no, rápidamente tomó el plato del muerto y se lo puso a otro delante que la había pedido. Claro Manuel Vicent que vió todo aquel trajín solo pudo pensar: "De aquí yo no me muevo, es cojonudo este Café..."

También dentro de su vida en el Gijón habló de un poeta que estaba autoexiliado en una mesa cercana a la suya desde hacía tres años. Y nadie le había oído hablar. Pasó el tiempo, y después de 10 años viéndole allí en su mesa sin dirigirse a nadie, de pronto un día le ven que se levanta para acercarse a una chica guapa que había llegado y estaba en la barra. El autoexiliado se acerca hasta ella y le dice: "Esta usted cojonuda". Se volvió otra vez a su mesa y otros tantos años sin volver a hablar ni una sola palabra...

Y por supuesto habló del Mediterraneo, de su pueblo. Decía Manuel Vicent que el Mediterraneo es la inmediatez, es mirar a la altura de los ojos. Es también el placer de la comida, de la comida que se ve a simple vista, no que tienes que adivinar lo que lleva. Y es... cuando entras a la barbería y te preguntan: ¿Que va a ser? ¿Con conversación o no? ¿Con polémica o no?

El público disfrutó mucho con esta conversación. Se oían constantemente las risas de fondo entre las palabras de Manuel Vicent. Y la verdad es que la conversación escuchándole se pasó volando. Escuchabas sin poder evitar todo el rato tener una sonrisa en la boca mientras le oías todas las anécdotas, todos los recuerdos que iba desgranando y te iba contando de esa forma tan cercana...


jueves, 2 de diciembre de 2010

Origen de la palabra Tiovivo



Este fin de semana he ido a montar a los caballitos. Por supuesto que yo no he montado (aunque os confieso que ganas me daban...) pero iba con dos señoritas que no me llegan al ombligo que, qué suerte, aún pueden hacerlo sin levantar sospechas. Sobre todo la más pequeña (porque las dos lo son) era loca por gritar: "tiovivo, tiovivo..." en cuánto alguno se ponía ante sus ojazos azules y parecía que se le pegaban los pies al suelo como si no fueran a despegarse jamás si no acabábamos por encaramarnos a alguno de esos caballitos que subían y bajaban... Y claro una vez arriba te sonreía de una forma que cómo la ibas a bajar... Menos mal que la menos pequeña decía: "Ahora otra vez a ver el Belen grande a ver qué descubrimos..." si no todavía estaríamos allí subidas, dando vueltas y más vueltas.

¿Por qué se les llamará tiovivo? fue lo primero que yo me pregunté en cuánto mi edad mental volvió a alcanzar a la cronológica.

Y claro no he podido por menos que buscarlo. Y parece ser que hay una única explicación bastante curiosa en la que coinciden todas las fuentes que he consultado y que os copio...


TIOVIVO

Sofía Tartilán relata en su libro Costumbres populares. Cuadros de color (Madrid, 1880):

El 17 de julio de 1834 fue en Madrid un día de luto y de desolación. Más de ciento cincuenta personas habían fallecido del cólera en la noche anterior. Una de las víctimas fue el infortunado Esteban Fernández, que tenía que ganarse la vida (con un aparato giratorio de los llamados “caballitos”) en lo que hoy se llama paseo de las Delicias, sito detrás del Hospital General.

Muerto el buen Esteban, su familia sólo pensó en sacar de la casa el cadáver. Cuatro amigos cargados con las andas —entonces las cajas mortuorias eran un objeto de lujo vedado a los pobres— se encaminaron al cementerio. Silenciosos y taciturnos marchaban en fúnebre cortejo los que llevaban en hombros al muerto y los pocos amigos que le acompañaban en su último paseo, cuando al llegar al sitio próximamente en que estuvo el circo, el que creían cadáver, incorporándose bruscamente dentro de las andas y arrojando lejos de sí el paño negro que le cubría, empezó a gritar:

-¡Estoy vivo! ¡Estoy vivo!

El terror que inspiró en el fúnebre cortejo estuvo a punto de serle fatal. Los que llevaban las andas las arrojaron al suelo, apretando a correr a campo a través, como si el muerto les pisara los talones…

La convalecencia fue larga; mas su fortuna estaba hecha. Desde aquel día, el tío Esteban desapareció para dar paso al Tío Vivo; y cuando el cólera hubo calmado su furor y volvió a pensarse en diversiones, al reaparecer en el paseo de las Delicias el aparato de los caballitos y las barquitas de madera, los habituales parroquianos del tío Esteban le saludaron con su nuevo nombre: le llamaron el Tío Vivo y el Tío Vivo se hizo célebre, se hizo popular, fue conocido en todos los rincones de la Corte; se le buscó, se le admiró como a una cosa sobrenatural, y hasta hubo quien le pidió noticias del otro mundo. Todo esto empezó a disgustar al buen hombre; pero al fin se acostumbró a su confirmación, tanto más cuanto que le era lucrativo, y olvidando él mismo su verdadero nombre de pila, se oyó llamar con complacencia Tío Vivo, legando este nombre a sus hijos y descendientes. Desde entonces el aparato de diversión llamado los caballitos tomó el nombre de los caballitos del Tío Vivo. Andando el tiempo se le llamó solamente el Tío Vivo. Hasta que se generalizó la denominación y la Real Academia incluyó en su Diccionario la palabra “tiovivo”: “Aparato giratorio con asientos de varias for¬mas dispuestos en círculo, que sirve de recreo en las ferias y fiestas populares.”


miércoles, 1 de diciembre de 2010

"EL EXPURGO DEL ARCHIVO GENERAL", un relato de Rocío Díaz



Tengo la sensación de que hace mucho tiempo que no os dejo con alguno de mis relatos. Así que he pensado que no estaría mal empezar el mes con uno de ellos.

Se titula "El expurgo del archivo general" y fue premiado en el año 2007 en un certamen artístico que hubo en el Ministerio de Medio Ambiente, en la modalidad de narrativa.

Bueno pues aquí os lo dejo:




EL EXPURGO DEL ARCHIVO GENERAL

Oficio del Ministerio de Medio Ambiente de fecha 12 de mayo de 2004.

Asunto: Expurgo del Archivo General del Departamento.

Destinatario: Todo el personal.


Como ya conocéis por la sesión informativa que se llevó a cabo en el salón de actos el pasado día 10, desde hace semanas hay una empresa contratada por este Organismo para que realice un proyecto denominado: “Organización y Expurgo del archivo central”. Esta tarea la han llevado a cabo en varias etapas: identificación de la documentación, decisión de la conservación o expurgo e inventariado de la documentación...


Sigiloso bajaba al Archivo General. 10 de la mañana, cualquier día. En silencio abría la puerta entrando deprisa. Con cuidado cerraba tras de si ésta, con dos vueltas, guardándose la llave en el bolsillo. Caminaba sin hacer ruido y sin encender las luces, colándose nervioso entre las estanterías, hasta encontrar la más escondida: la que buscaba. Se paraba delante de ella. Miraba a un lado, luego al otro y despacito sacaba de su bolsillo una pequeña linterna. Sosteniéndola hurgaba entre la cajas de archivar hasta dar con lo que se escondía entre dos de ellas. Un manoseado poster. Y como quién desenvuelve un regalo, con mimo y ansiedad, tras colocar estratégicamente la linterna para que lo iluminara directamente, lo desplegaba ante sí con ambas manos. Como si fuera un atlas. Un atlas de anatomía humana. Bien estirado, bien. Admirándolo despacito en la penumbra. Despacito. Y mientras con una mano y bien abierto lo dejaba sobre las cajas, se llevaba la otra mano hasta el pantalón. Y mirando el poster, la admiración que se colaba por sus ojos a oleadas escapaba nerviosa por sus manos. Escapaba rítmicamente. Y sin dejar de mirar, sin parar, sin dejar de mirar, sin parar, disfrutaba de las vistas del secreto papel cuché. Y allí, a salvo de compañeros. Con la muda compañía de los papeles y los ácaros. El jefe del servicio de “Métodos y Procedimientos” se dejaba, dejaba, llevar.


Una vez realizada la primera etapa de su trabajo, la empresa ha remitido a la Secretaria General informe detallado de toda la documentación almacenada en cada estantería, caja, y legajo del archivo. Para vuestra información se ha encontrado documentación de lo más variada...

Sigilosos bajaban en dos zancadas al archivo general. 11 de la mañana. Cualquier día. Haciendo muecas de “tío date prisa, dale, dale”, “joder con el abuelo que hoy no salía ni a tiros...”, abrían la puerta y se colaban dentro. Entre risas la cerraban tras de sí. Escuchaban en silencio y cuando ya estaban seguros de que los pequeños y familiares ruidos eran los de siempre, ufanos buscaban su escondite, también el de siempre. Una estantería a la derecha, otra a la izquierda y a la derecha otra vez. “Venga chaval, trae”. “Para nada”. Uno le pedía siempre al otro la tarjeta de fichar. Un ritual. Él lo pedía, el otro no quería dejársela, el primero insistía, el segundo le decía de qué vas, él primero que de qué vas tú, que te den, que te den a ti, pero al final el segundo terminaba sacándola. “¿Ves chaval? tu tarjeta está de lujo”, decía entonces el primero apoyándose entre las cajas de archivar, “salen niqueladas...” “Pero ¿qué me estás contando? si a posta las haces más rectas cuando usas la mía...” Pero siempre terminaba dejándosela. Y allí, haciendo corrillo. Sobre la tarjeta: sus ojos, sus dedos, su nariz. Sobre las cajas, su alboroto. Y entre risas y expedientes iban haciendo las reparticiones secretas. “¿Has traído algo más?” “Anda cabrón, algo quedará por aquí escondido de otras veces...”, “pues tira chaval que como nos quedemos sobados se nos llena esto de marujas y no nos hemos ido, sácalo tío que hay que abrirse que van a dar las doce”. Y sin dejar de reír, sin dejar de cuchichear, con la muda compañía de los ácaros, se dejaban, dejaban, llevar.

Respecto a cierta documentación, ha sido totalmente imposible establecer a qué unidad responsable se debía imputar debido a su particular idiosincrasia, aunque la investigación, sigue abierta. Como también ha sido imposible establecer cual era el plazo que esa documentación debía permanecer en el archivo, o si debía o no encontrarse en ese momento en el archivo central. Pueden creer que ha sido una labor muy complicada. En algunos casos podría tratarse incluso de objeto de expediente disciplinario...


Sigilosas bajaban de una carrerita al archivo general. 12 de la mañana. Cualquier día. Correo electrónico a todas las féminas del departamento: “Oye que si queréis bajar ya está abajo”. Enviar. Responder: “¿Qué tal? ¿Trae muchas cosas?”. Enviar. Responder: “Sí, que bajéis. Nosotras ya hemos subido”. Enviar. La alegría empuja con prisa sus pies por la escalera. Abren la puerta del archivo con ojos de ganga y baratillo. La cierran con cuidado, sonriendo ante la nutrida concurrencia. “¿Tienes una talla más de ésta?”. “¿No la tienes en otro color? Era por llevarme otra para mi hija...”.”¿Cuándo dices que vuelves?”. Y allí rebuscando en los montones de ropa, escogiendo, desechando, sin soltar el tesoro encontrado ya, de las manos. Sin dejar de mirar, sin dejar de cuchichear, sin querer perderse la oportunidad. Y allí, sobre las cajas, las prendas. Y allí, tras las últimas estanterías, aquellos improvisados probadores secretos. Con la muda compañía de los papeles y los ácaros ellas se dejaban, dejaban, llevar.

Una vez identificada la documentación, se ha pasado a la toma de decisión de qué hacer con ella, decidir si es conservada o propuesta para expurgo. Para facilitar la consulta de los fondos conservados en el archivo, se ha elaborado en la Intranet una página de consulta a la base de datos de inventario. Sería recomendable que se visitar, puede resultar cuánto menos... curiosa.
Sigilosos bajaban cada uno por su cuenta al archivo general. 4 de la tarde. Cualquier día. Jornada de tarde: no hay casi nadie. Nota interior: Del jefe de área a la jefe de sección del Departamento: “A la misma hora en el mismo sitio”. Abren la puerta del archivo: él deprisa, ella más lenta. Ninguno de los dos enciende la luz al entrar. Cierran ésta tras de sí, muy rápido, él nervioso, ella quizás turbada. A tientas, se orientan. Y de la mano ya, anticipando el deseo, buscan su escondite secreto. A oscuras, entre los expedientes se acercan, se buscan, se huelen, se besan. Y descubren cómo se vistieron esa mañana, a fuerza de desvestirse del lugar, del cargo, las ataduras, la realidad no laboral de sus vidas. Y sus manos, sus brazos, sus labios, su piel. Sin dejar de acariciarse, de susurrarse, entre murmullos y expedientes, van haciendo recuento del deseo. Y sin dejar de tocarse, con la muda compañía de los ácaros, se dejan, dejan, llevar.

Y en líneas generales éste ha sido el cometido de la empresa contratada con respecto al asunto que tratamos. Se adjuntan las recomendaciones para enviar a partir de ahora la documentación al archivo.

Por último la Dirección General de este organismo ha decidido en base a todo esto, una vez reducida toda la documentación que existía en dicho archivo general, el suprimir esta dependencia, puesto que si antes ya era poco frecuentada ahora que toda la documentación que supere el expurgo se va a integrar en el archivo que existe en el Ministerio, no tiene ningún sentido que siga existiendo; solo sería un espacio habitado por las telarañas y los ácaros. Todo ello para conseguir unas dependencias lo más cómodamente habitables que nos permita trabajar en las mejores condiciones posibles.


Un cordial saludo,

El Director General.

©Rocío Díaz Gómez










lunes, 29 de noviembre de 2010

La velocidad de la luz de Javier Cercas



Creo que esta noche me terminaré de leer el libro que estoy leyendo ahora, y resulta que aún no os he hablado del anterior que, iba a decir disfruté pero casi mejor que debo elegir "me arrastró": La velocidad de la luz de Javier Cercas. Dada la intensidad de la historia.

Lo primero que os diría es que yo me lo leí muy rápido, casi de un tirón. Aunque no es una historia ni mucho menos agradable.

El libro comienza así: "Ahora llevo una vida falsa, una vida apócrifa y clandestina e invisible aunque más verdadera que si fuera de verdad, pero yo todavía era yo cuando conocí a Rodney Falk."

El argumento cuenta que un jóven español, que quiere ser escritor, se traslada a una universidad americana para trabajar como profesor. Ahí conoce a Rodney Falk, un colega pero también veterano de la Guerra de Vietnam, con el que hace amistad. Poco después ambos se separan porque Rodney Falk desaparece, se interrumpen sus diálogos, y el jóven regresa a España. Pero volverán a reencontrarse...

Pronto te das cuenta a medida que estás leyendo que no va a ser una historia fácil ni mucho menos amable: "...demasiado jóvenes o demasiado ilusos para saber que significa que una vida se está yendo a la mierda, pensábamos que nuestra vida en Barcelona se estaba yendo a la mierda" (pág 20).

Porque efectivamente los temas que abordan el libro son varios, pero todos igualmente trascendentales y complicados, cuando no cargados de negatividad: La literatura y la vida, el fracaso y el éxito, la amistad, y sobre todo la vulnerabilidad del ser humano, la culpa, los remordimientos, el sufrimiento de quién ha pasado al lado oscuro de la vida y carga de por vida con la muerte de otros.

Sí como podréis imaginar es una historia intensa.

Los personajes protagonistas son el narrador del que no sabemos el nombre en toda la novela, solo sabemos que es español, jóven y que quiere ser escritor; y Rodney Falk, ya os he dicho que es un veterano del Vietnan cargado de misterio, desengañado, atractivo porque su carácter es incierto. Esos son los dos personajes más importantes, a mi modo de ver, de la novela. Pero también está el otro amigo del protagonista, su amigo de Barcelona, Marcos Luna. Y el padre de Rodney Falk. Ya hemos dicho que todos tienen nombre menos el protagonista. Y luego hay una serie de personajes femeninos, mujeres todas ellas cargadas de positividad. Ellas van a ser las personas más equilibradas de la historia, las más sensatas y maduras. La madre de Rodney Falk, y las mujeres de los tres jóvenes, Jenny (la de Rodney), Paula (la del protagonista) y Patricia (la de Marcos Luna).

La novela está dividida en una estructura de cuatro capítulos solamente. No es una novela larga. Y en cada una de estas partes se narra una etapa en la relación de los dos personajes principales.

Tiene una forma circular en general en su forma de contarlo,  pues comienza en el mismo bar "El Yate" en que termina.

Pero además tiene varios círculos interiores marcados por contrastes: Hay una camarera a la que Rodney defiende en un bar de Saigón y hay otra camarera a la que el protagonista no defiende en el cabaret Tabú de Barcelona. Las muertes con las que cargan las conciencias de ambos personajes, las de los inocentes del poblado Man Key y las de Paula y su hijo en la conciencia del protagonista.  

Y por último señalar que me gusta mucho la frase final, contundente, que acaba de cerrar por completo otro círculo enorme que está presente pero invisible toda la novela, cuando la realidad y la ficción se unen:

"Acaba así."

Podría estar analizando esta novela de forma mucho más exhaustiva durante líneas y líneas. Porque sobre todo para los que nos gusta la literatura y sobre todo la creación literaria, esta pequeña novela es un filón. No es que el argumento me haya gustado especialmente debido sobre todo a la carga de retorcimiento, de culpa que arrastran los personajes. Por supuesto si a alguien le apetece leer una historia dulce o sencilla, ésta no sería la novela que tendría que elegir. Pero tengo que reconocer que me ha gustado mucho cómo está contada. Literariamente hay mucho trabajo detrás. Y yo creo que es un fiel reflejo del oficio de escritor de Javier Cercas.