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lunes, 20 de julio de 2026

"Despedida y cierre para un entrañable cadáver" Relato de Rocío Díaz Gómez

 



Y este es otro de mis relatos, otro tono y otro premio. 

Como leeréis no tienen nada, pero nada que ver, el de la entrada anterior que el de hoy, pero los disfruté mucho cuando los escribí. Mi amigo Alberto dirá que si os dejo dos relatos vais a comparar. Bueno, son para momentos distintos del día.

Se titula: "Despedida y cierre para un entrañable cadáver" y obtuvo el 1º Premio en el Certamen XXX Certamen Literario Villa de Ermua. Junio 2024.

Espero que os guste. 


Despedida y cierre 

para un entrañable cadáver


   Nunca antes me había deshecho de un cadáver. Pero tenía que hacerlo, y ya.  Corrí a la habitación, a despertar a mi mujer.

—Lola, Lola, levántate, deprisa, levántate…

—¿Qué pasa? ¿Estás malo?

—No, no, qué va. Venga, vamos, levántate…

—Me estás asustando ¿Qué pasa?

—Nada, calla, ven.

 

 Allí seguía el muerto. Dónde yo lo había dejado. Lola nada más verlo se echó las manos a la boca ahogando una exclamación.

—Pero ¿Qué ha pasado? -cuchicheó.

—Ha palmado ¿no lo ves?

—¿No lo voy a ver? Pobrecillo... Pero ¿Por qué?

—No le he preguntado…

—No seas idiota.

—¿Y cómo lo voy a saber entonces? Lo único que sé es que me he levantado, he entrado en el comedor como cada mañana, me he acercado a saludarle, y ahí le he encontrado. Ahí. Tieso. Cómo le ves, vamos.

—Pobrecillo…

—No me digas que vas a llorar. Tanto pobrecillo, pobrecillo, si estabas siempre quejándote…

—Ya… pero, hombre, tampoco quería que se muriera.

—Ley de vida.

—Insensible...

—¡Pero bueno! Cualquiera diría… No te entiendo. Te pasabas la vida echando pestes de él, que te daba mucho trabajo, que menuda carga, que a este paso iba a durar más que nosotros... Y ahora te pones así.

—Pero eso son cosas que se dicen, no que se piensan.

—¿Y todas esas veces que me dices “piensa antes de hablar”?

—Pero ¿Qué tiene que ver eso ahora?

—Pues que me acabas de decir que tú también hablas y no piensas.

—Mira que eres idiota, con la que tenemos encima y que tonterías dices...

—Lola, van dos veces que me llamas idiota y no hace ni cinco minutos que te has levantado.

—Si es que parece mentira... Tenemos aquí a este pobre, ahí mismo, muerto. Que no sabemos ni lo que habrá sufrido el pobre. No me digas... Aún podía haber vivido unos cuántos años más, porque bueno era mayor, sí. Pero cómo para morirse... Pues no.

—Venga mujer, venga, no te lo tomes así... Anda, ven, ven a la cocina, te pongo un vaso leche calentito y tú tranquila que yo me ocupo...

 

Nadie se imagina lo duro que es ser un pez. Sobre todo, si no naciste en cautiverio. Ves la luz y te acostumbras a hacer largos y más largos allí donde vives. Te acostumbras a que el mar o los ríos son inacabables. Sin embargo, un mal día te pescan y acabas encerrado entre unas paredes de cristal, intentando que te cundan dos litros de agua. ¿Verdad pez? Sí ya lo sé yo, ya lo sé que es duro. Pero entiéndelo, es bueno que los chavales tengan una mascota, se responsabilicen, aprendan a cuidarla...Y puestos a elegir entre un perro al que hay que andar sacando tres veces al día, no fastidies, con la rasca que hace en invierno... Ahí con el perrito a ver si se decide o no se decide a hacer los deberes. Vamos como que no, que yo ya soy muy mayor y muy hombre como para esas mariconeces... Esto, entre tú y yo, pez. ¿Un gato? Pues mira bien mirado el gato es independiente, no está ahí todo el día saltando a tu alrededor, además no hay que sacarle. Todo ventajas. Pero... Lola tenía miedo de que el gato arañara a los chavales. Ya ves, como si el perro no les pudiera morder. Eso dije yo. Y me salta con que además luego huele toda la casa a gato. Y ahí claro le contesté, que yo no me callo: “Pues ¡anda! que no huele mal ni nada un perro mojado.”. Porque de toda la vida en casa de mis padres ha habido gato, y oye ya me estaba hiriendo... Pero nada que no nos poníamos de acuerdo de si perro o gato, días y días que si uno u otro. Total, que coincidimos en “pez”.

 

—¿Dices algo?

—Nooo

—Parecía que estabas hablando.

—Sí, hombre, con el pez...

—O sea que no le podías ver cuando estaba vivo y ahora vas y conversas con él. No me digas que no es para llamarte idiota...

—Lola, leche, que no, que no estoy hablando con el pez. Que estaba tarareando...

—Pues mira que tararear con el pez ahí de cuerpo presente. Qué estómago...

—Bueno ¿Me quieres dejar que me ocupe yo o prefieres hacerlo tú?

—No, no, mejor tú...

—Pues en eso estoy...

 

Y así llegaste tú a esta casa. Pero vamos que no eras ni la tercera parte del pez que eres ahora, esto también te lo digo. Total, no queríamos ninguna merluza, con que nadaras y duraras una temporadita nos conformábamos. El caso es que los niños terminaran ya con la matraca esa de que querían un perro. ¡Un pez! les dije cuando te puse delante de ellos, que también empieza por “p”. Y bueno como todavía eran pequeños y no se lo esperaban para nada, pues parece que con la sorpresa les convencí. El del medio que nos ha salido un poco bruto y hambrón, pronto preguntó que cuando te comíamos. Y la pequeña no veas la que armó cuando oyó aquello, que no había forma humana de tranquilizarla y el otro en vez de callarse, poniéndose el hueso del muslo de pollo bajo la nariz como si fuera un caníbal, y venga a saltar alrededor del pez diciendo sandeces, sin sentido, como en los dibujos de los caníbales. Hasta que el mayor no le pegó una colleja bien dada no conseguimos hacernos con la pequeña. La verdad es que tener varios hijos pues a veces te complica más la vida, pero otras, es curioso, pero hasta viene bien, porque entre ellos mismos aprenden a resolver sus problemillas y mejor que nosotros. Supongo que te acordarás ¡ah calla!, es verdad, que dicen que vosotros no tenéis memoria ¿no? Y poco bien que se debe vivir sin memoria, sin que nadie te pueda reprochar que se te ha olvidado algo de la compra, o el aniversario o lo que sea, porque el caso es reprochar...

 

—¿Acabas ya...?

—Noooo

—Pero ¿Cuánto necesitas tú para coger un pez?

—No es tan fácil ¿sabes? Porque los peces resbalan...

—Bendito sea Dios... Pero si llevas ahí por lo menos diez minutos.

—Bueno ¿y? ¿Tenemos prisa?

—Pues sí, la tenemos ¿O no te acuerdas que hoy viene el mayor con el niño?

—Pero si su niño aún no sostiene ni la cabeza...

—Tú ¿Que sabrás? Pero le gusta a la criatura mirar el acuario y al pez dando vueltas... ¿O no estás harto de verlo?

—Uno está harto de tantas cosas...

—¿Queeee?

—Nada, nada, que sí, que ya voy...

 

Al principio los niños se embobaban mirándote. Parece mentira con lo soso que has sido siempre... ¡Vamos! que no es porque seas tú, no te ofendas, es una cuestión de tu especie. Pero lo entretenidos que estaban ahí venga a mirarte. Sobre todo, la niña, que hasta mi mujer ya me decía en voz baja:

 

—Mírala, es que ni pestañea, no se despega de la pecera...

—Pues déjala, para eso lo trajimos ¿no?

—Pues no, para eso no.

Yo no sé si las hembras de tu especie serán como las de la mía, pero desde luego las nuestras siempre tienen que llevar la contraria...

—Ah ¿No? ¿No le trajimos para que le miraran? porque que yo sepa para comérnoslo no era ¿O sí? –ya contesté yo un poquito torcido...

—Cállate, anda, que cómo te oiga ya la tenemos formada. Le trajimos para que le miraran sí, pero no tanto. A veces me da la impresión de que la voy a llamar y se va a dar la vuelta y va a tener los ojos redondos como dos pelotas de baloncesto.

—¡Esta sí que es buena! Pero ¿Tú sabes que existe el baloncesto? Me acabo de enterar...

—Pues no, no sé mucho, la verdad, pero diciéndotelo así me entiendes mejor... Desde luego tú nunca te preocupas de nada.

—No yo no, yo me ocupo luego, que es peor... Que no sufras tanto, Lola, estate tranquila, que a la niña no le pasa nada de nada, que es la novedad, solo la novedad, parece mentira que no les conozcas...

 

Y tú no te acuerdas porque eres pez. Pero así fue. La novedad. Al cabo de un par de meses ¿Quién se ocupaba del pez? Yo. Y nada más que yo. Y, anda, que no he estado tiempo ocupándome de ti... Qué pena que no te acuerdes. A veces a uno le gustaría algo de agradecimiento... Aunque la verdad es que te confieso que no ha sido ningún sacrificio, también te lo digo, es cierto que uno se encariña de ti, que ese deambular que tienes para acá y para allá, tiene su aquel... y hasta relaja. Pero... ¿Qué pasó cuando los hijos se han ido haciendo mayores y han empezado a dar menos trabajo? Pues que mi mujer empezó a estar más ociosa, y mira por donde comenzó a ocuparse más de ti. Al principio no me importó, porque mira si ella se ocupaba, yo podía dedicarme a mis cosas. Pero poco a poco sus atenciones hacia ti se han ido acentuando y acentuando. Y bueno yo pensaba. “Pobre, si total ella es la que menos le ha disfrutado, y ya poco va a poder porque a este pez le deben quedar ya dos telediarios”. Pero tú como no ves la televisión ¡no sabes lo largos que son ahora los telediarios! Que tú debes ser el Matusalem de los peces, tío, porque no hay forma de que pases a mejor vida...

 

—No salgas de la cocina, Lola, que ya paso con él...

—¿Queeee?

—Que no salgas de la cocina que ya paso con el difunto en las manos.

—Vale, vale, qué lástima, pobrecillo...

 

Y entiéndeme, que tampoco es que yo te quiera mal. De verdad que no. Puedes creerme. Pero es que a Lola se le ha ido un poco el norte contigo ¿sabes? Porque estaba yo deseando que los chicos se fueran de casa para que los dos tuviéramos un poquito más de libertad para entrar y salir, y bueno ya sabes... para todo. Y hasta hemos tenido suerte en eso, que otros se eternizan hasta que se les independizan, pero los nuestros no, la verdad, como han querido irse a estudiar fuera. Y entiéndeme uno les echa de menos. Pero ¡vamos! sabiendo que están bien, pues ya está. Bueno el caso es que ahora que nosotros podríamos ser más libres, pues resulta que Lola no te quiere dejar solo. Sí, sí, como te lo digo, que no quiere que volvamos tarde, ni que nos alarguemos mucho, ni que nos entretengamos por ahí más de lo necesario, porque te quedas solo. Imagínate la salida de mi Lola ¡que dice que te quedas solo! Yo, no daba crédito la primera que se lo escuché.

 

—Pero Lola ¿Tú te estás oyendo? Que es un pez... Que menos expresivo que un pez, y más independiente no lo hay...

—Pero no es un pez cualquiera, es NUESTRO pez -me dice, subrayando bien la palabra NUESTRO, recalcándola con su dedo- NUESTRO pez, me oyes, me oyes bien, y nos debemos a él.

-          Sí, sí claro que te oigo, yo y todo el bloque… y desde luego que deben estar haciéndose cruces.

 

Y te juro que cuando me lo dice hasta yo le veo los ojos más redondos. Me puedes creer.

 

Y mi Lola es muy pesada, mucho. Y me llama idiota cien mil veces al día. Pero es mi Lola. Y lo último, anoche, cuando me dice que no podíamos hacerlo en el salón. Pues sí, yo que sé, que me dio ahí el punto y tenía que ser aquí te pillo aquí te mato. ¿Y por qué no? El salón también es nuestro ¿no? Pero ella que no, que estabas tú mirando. Y yo que ¡anda Lolita! no bromees con estas cosas... Y ella que yo no estoy bromeando, que te lo estoy diciendo muy seria, que parece mentira que no me conozcas. Y que no conseguí ¿eh? Sacarla de sus trece. No lo conseguí. Erre que erre, erre que erre, pero nada. Que tú estabas mirando. El pez. Hay que fastidiarse. Y claro con tanta tontería, hasta se me fueron las ganas.

 

Y eso fue la gota que colmó el vaso. Porque hasta ahí podíamos llegar. Por eso ya he tenido que tomar esta decisión, a la desesperada. Y tú sales de aquí hoy, como lo digo yo. Espero que no hayas sufrido mucho con la ración extra de sueño que te he metido entre escamas y escamas, pero ahora ya que estás más espabilado, y te he dado las explicaciones pertinentes, yo te tiro por el retrete, pero ya.

 

—¿Terminaste?

—No, pero ya, ya termino...

—Pero ¿Aún le tienes ahí? ¿Contigo?

—Que sí Lola, que ya, que ya termino...

—Pobrecillo... animalito, pobrecillo mi pez.

 

Si vas a estar muy bien ya verás, porque tú no te acuerdas de cuánto tenías más sitio... Pero poco bien que vas a estar nadando por las tuberías, ¡vamos! nada que ver con una pecera. Te lo digo yo. Metros y metros de agua.

 

—Déjame, déjame verle por última vez...

—Pero Lola ¿Qué haces aquí? Que no, que te vas a llevar un mal rato sin necesidad, sal, que ya termino.

—Que no, si ya estoy mejor, déjame, déjame que me despida... Que han sido muchos años.

—Pero Lola, que no, que va a ser peor, que te va a dar mucha pena.

—Que no, que yo prefiero despedirme, que si no se me va a quedar una cosa aquí dentro para el resto de la vida... Déjame, déjameeee...

—Que no.

—Pero que me dejes.

—Que no.

—Pero bueno si parece que está vivo...

—Que no, mujer, que son ilusiones tuyas, ves lo que querrías ver, porque ahí dentro hay corriente y parece que se mueve...

—Que no, que no, que te lo digo que vive, si le conoceré yo... Déjame, déjame, que le voy a coger con el vaso.

—Pero Lola que está muerto... Muerto y bien muerto.

—Tú sí que estás muerto... ¿Pero no lo ves? ¿No ves que está vivo? ¡Ay madre mía! Si no llego a venir... Que casi te le cargas, y estaba vivo... Pero qué suerte Dios mío, qué suerte. Tú tranquilito, tranquilito que ahora mismo yo te devuelvo a tu pecera, y aquí no ha pasado nada de nada... pero nada de nada. Y esta tarde aquí todos en silencio, cuidándote... Ya verás, ya verás que bien.


                                                                                   @Rocío Díaz Gómez

 

viernes, 17 de julio de 2026

"Mamá era una sirena" Relato de Rocío Díaz Gómez

 



¿Os apetece leer uno de mis relatos?

Pues os dejo con "Mamá era una sirena" que fue premiado con el 1º Premio en el Certamen de Relato Corto Luis Sancho 2024 organizado por el Ayuntamiento de Villaviciosa de Odón en colaboración con la Asociación Cultural Acua de Villaviciosa de Odón en octubre 2024.

Le tengo mucho cariño.

Ojalá os guste. 


Mamá era una sirena

 Rocío Díaz

 

         Mamá era una sirena.

Nos dimos cuenta el día que papá no llegó a tiempo de rescatarla.

 

Acostumbrados a su melena mojada, a que se duchara más de dos y tres veces diarias, a su piel ligeramente húmeda y sus querencias acuáticas, no nos llamaba la atención que, en días lluviosos, mamá abriera el balcón de par en par, y se sentara en la barandilla con las piernas colgando. Balanceándolas despreocupadamente, disfrutaba viendo cómo las gotas iban empapándoselas despacio.

Nos acostumbramos también a que comenzara a cantar, muy quedo, mientras se mecía bajo la lluvia. Cada vez más mojada, cada vez más feliz.

Aún me pregunto si brillaba más su mirada o la piel de sus piernas estampada de gotas balanceándose al ritmo de aquella música acariciante.

 

—Vuestra madre es más traviesa que todos vosotros juntos -decía entonces mi padre corriendo a rescatarla del balcón- Cuando en un rato tenga fiebre y se queje no la vamos a hacer caso. ¿Verdad? -Apostillaba, buscando tanto nuestra distracción, como nuestra sonrisa cómplice.

Y al acercarse, desde detrás la besaba con infinito cuidado en el cuello. Y con ese lenguaje en voz baja, que compartían y solo entendían ellos, la convencía para que bajara de la barandilla y se metiera en casa, mientras la vestía con una enorme toalla, a modo de larga falda de felpa.

La princesa más elegante de todas las aguas era mi madre enrollada en esa enorme toalla que, al caminar, arrastraba con elegancia, mientras mi padre la llevaba casi en volandas hasta la ducha donde terminaban todos sus episodios acuáticos.

 

Si creces viendo esa húmeda coreografía que bailaban mis padres, salpicada de complicidad y cariño, no te extraña. Quizá muy pequeños, cuando se imitan todas las conductas, alguno de nosotros pretendimos encaramarnos al balcón. Pero aquella barandilla siempre estuvo demasiado alta y oportunamente muy llena de floridos y pesados tiestos.

 

 

Mamá era una sirena.

Y un día que ya nunca olvidaremos papá no llegó a tiempo de rescatarla.

 

Era una tarde especialmente gris y la lluvia comenzó a caer mansa. Papá no estaba. En unas horas el cielo se deshacía en un mar de agua que iba cubriendo las aceras y las fachadas, las barandillas y a las madres que cantan sobre ellas despreocupadamente.

 A medida que las piernas de mamá iban empapándose, se recubrían de una pelusilla plateada y áspera, que, al seguir mojándose, se convertía en una capa de escamas, tupida y fría, que cuánto más la inmovilizaba, más la contagiaba de una felicidad que mojaba a mamá de fuera adentro, alejándola de nosotros y nuestra seca realidad.

No sé cuánto tardamos en advertir en la lejanía su canto cada vez más alto y nítido, melodioso y dulce.

Y aunque corrimos a su cuarto, ya era tarde.

Una fuerte y preciosa cola plateada cuajada de escamas había sustituido por completo a sus piernas y por más que tiramos de ella hacia dentro de casa no logramos hacerlo. Quizá fuera porque pesaba mucho más, o porque ella no ayudaba demasiado, quizá porque no sabíamos del lenguaje íntimo y cómplice de mis padres, o porque la lluvia al fin había ganado y conseguía a quién tanto había pretendido.

Pero nuestras fuerzas se agotaron sin conseguir entrar a mamá. Entonces ella, tirándonos un beso, se deslizó por la fachada, y resbalando, alcanzó con suavidad la acera, y siguió deslizándose sobre los charcos calle abajo hasta perderse en la lejanía, delante de su canto.

 

—Iba feliz, papa.

Dijimos para consolarle.

—Ojalá hubieras visto lo feliz que iba.

Y él asentía, una vez y otra, mientras las lágrimas no le permitían contestarnos.

 

Desde entonces, los días grises los pasamos cerca del faro, a orillas del mar. Entre las olas siempre vuelve mamá. Sonríe al vernos más altos, sin algún diente de leche, sanos. Nos tira un beso, dos, tres, y de pronto ya solo vemos su cola plateada zambulléndose tras ella. En esos días grises también nosotros volvemos más contentos a casa, sabiéndola en el agua, feliz, sabiéndola sana y más sirena todavía.


@Rocío Díaz Gómez





sábado, 21 de marzo de 2026

"II Edición del Festival "Mujer, Manantial de vida"

 



En la tarea de ordenar la vida para que encuentre su acomodo dentro, tengo que pararme en la última salida con los compañeros de la tertulia literaria, para que no se me olvide.

Mariana Feride, poeta y compañera, nos invitó a participar en la II Edición del Festival "Mujer, Manantial de vida" que organizó el pasado domingo, 15 de marzo del 26, en el Centro Cultural "Pedro Tolosa" de Villa del Prado.

De nuestra tertulia, desde Madrid, nos desplazamos cinco compañeros: Javier Díaz, coordinador y colaborador de Mariana Feride para organizar el Festival, José Antonio Carmona, editor y poeta, Ana Gonz, poeta, Feli Martínez, poeta y yo. Ya veis que yo era una infiltrada total en un mundo de poetas, cantantes, bailarines... muchos artistas rumanos importantes. Entre éstos estaban Yuman Europa, Salvador Fausto o Alín Oprea que vino expresamente desde tierras rumanas. Así como el conjunto de danza tradicional rumano "Plaiuri Romanesti". Vinieron también integrantes de otras tertulias como "Las Palabras Escondidas", "Verbo Azul", más otros autores como Fernando Fiestas. No puedo nombrar a tantos como estuvimos porque no los conocía a todos, y siempre me faltaría alguno. Espero que me disculpen. Pero fue de lo más variado. 

Quería desde mi blog sobre todo dar las gracias a Mariana Feride por invitarme a participar en este Festival y por hacer posible que tantos escritores y artistas pudiéramos disfrutar de una mañana llenita de poesía, música, danza y arte, en general para celebrar un marzo dedicado a la Mujer. 

Os dejo con algunos momentos del acto. 















viernes, 6 de febrero de 2026

XXXIX CERTAMEN LITERARIO EN PROSA Y VERSO convocado por la Biblioteca Pública Municipal de Moriles. Entrega de Premios. II parte

 

Os comentaba en la entrada anterior que el fin de semana pasado (31 enero-1 febrero) estuve en Moriles (Córdoba) con motivo de la entrega de premios del XXXIX CERTAMEN LITERARIO EN PROSA Y VERSO convocado por la Biblioteca Pública Municipal de Moriles.

El sábado hubo una interesante ruta literaria teatralizada muy amena que expliqué, un poco, en la entrada anterior. Y el domingo por la mañana fue la entrega de premios.  

No me quiero extender mucho. Solo quería dar otra vez las gracias a todos los implicados: Autoridades, bibliotecaria, organizadores y, por supuesto, al jurado. Ya lo dije en la entrada anterior con sus nombres, pero me tengo que repetir puesto que hicieron todos los preparativos con mucho detalle y cuidado, y a mí me trataron estupendamente.  

También quería subrayar que me gustó mucho como organizaron el acto de entrega de premios porque fue multidisciplinar con lo cual resultó muy ágil y entretenido. Estaba centrado en el aniversario del fusilamiento del poeta Federico García Lorca, a quién le hacían un bonito homenaje no solo con diapositivas, sino sobre todo con sus palabras y con las canciones que tocaba el grupo musical que amenizaba el acto. Entre unos y otros, salíamos los diferentes premiados a que nos dieran el premio y diploma, y también a leer nuestra obra. Hablaron la Alcaldesa, la Concejal de Cultura y una de las integrantes del jurado, pero con unos discursos interesantes, expuestos con mucha claridad, entretenidos y certeros.

La verdad es que vine muy contenta, porque da gusto cuando se ve tanta implicación e interés en los actos culturales. Me siento muy agradecida. Los premios motivan mucho a seguir peleando con las palabras, con las historias y si, además, te permiten conocer lugares y personas los disfrutas muchísimo más. 













XXXIX CERTAMEN LITERARIO EN PROSA Y VERSO convocado por la Biblioteca Pública Municipal de Moriles. Entrega de Premios. Ruta literaria. I parte

 



El último fin de semana de enero, el 31 de enero y 1 de febrero, lo he pasado en Moriles (Córdoba) con ocasión de la celebración de la entrega de premios del XXXIX CERTAMEN LITERARIO EN PROSA Y VERSO convocado por la Biblioteca Pública Municipal de Moriles.  

A mi relato "Reescribiendo la palabra fin" le concedieron el Primer Premio en Prosa del Certamen, y allá que me fui a disfrutar de la cultura, la amabilidad y las atenciones de ese pueblo andaluz. 

Tengo que dar, de nuevo, las gracias a la Alcaldesa, Francisca Carmona, a la Concejal de Cultura, Soledad Fernández, y a la responsable de su biblioteca, Montserrat Bogas, porque han sido muy atentas conmigo. Me he sentido muy bien tratada, daba gusto. Y sobre todo a las integrantes del jurado por distinguir mi relato entre los muchos que se habían presentado. 

He vuelto muy contenta de mi visita porque ha sido una entrega de premios muy interesante. Tengo tanto que contaros que voy a dividir la reseña en dos porque merece la pena que le dedique un poco más de espacio a cada uno de los dos días. 

La primera tarde contaron conmigo para participar en una ruta literaria que hicieron por Moriles, siguiendo el camino escrito en una novela de una escritora ya fallecida del pueblo, Paula Contreras Márquez, que fue finalista del Premio Nadal en el año 1954 con este libro "La historia de un pueblo sin historia" donde contaba la evolución de su pueblo y sus costumbres. Fue un homenaje a su figura, a su contribución a la cultura de su pueblo "Zapateros", uno de los antiguos nombres de Moriles, porque resulta que tuvo varios... La ruta por el pueblo era teatralizada y participaron actores y varias personas de las que estábamos premiadas, además de dos personas que nos iban contando de parada en parada más sobre la historia y evolución del lugar. Lo prepararon con mucho mimo, y formábamos un buen grupo recorriendo el pueblo, hasta que terminamos en el Museo del Mosto donde nos amenizaron con un pequeño concierto dos "promesas musicales", como decían ellos, dos hermanitos que tocaban el violín. Y luego nos invitaron a degustar el vino Pedro Ximénez y los dulces del lugar. ¡¡Qué ricos estaban!!

Quería dejaros con algunos vídeos que hice, los que se oyen mejor, para que os hagáis una idea del paseo tan ameno e interesante que disfrutamos. Y en la siguiente entrada os cuento la entrega del premio.












jueves, 15 de mayo de 2025

De Rascamán, de la literatura, de las exposiciones... de vivir.

 



El de las ideas para las exposiciones era Aure, que si con radiografías, luego con guantes y ésta última con hojas. 

Y ponte a escuchar a ver qué te decían las radiografías, los guantes, las hojas... Porque para bien mandados "los Rascamanes". 

El de las encuadernaciones es José Antonio, y el que organiza, el de los plazos, el que nos trae los cuadros y demás intendencia, es Javier. 

Y después de escuchar a todos esos seres inanimados, radiografías, guantes y ahora las hojas, te crees que te han contado una historia y, lo que es mejor, siéntate después y escríbela de forma que pueda llegar al lector o al escuchante... Ahí es nada.

Para que luego "los que piensan y organizan" vengan detrás y te suelten que ahora lo resumas en un cuadro. Pero no así de cualquier forma, sino intentando ser literario, original, diferente, y la biblia en verso. 

Y ahí estamos "los Rascamanes" haciendo los cuadros... Porque luego habrá que exponerlos, y después habrá que leerlos con público, y después... 

Y así es la vida de Rascamán, esta isla literaria que nos hemos inventado donde nos refugiamos y escapamos del mundo real. 

¿La inauguración del 14 de mayo en el Café Fígaro? Muy bien, la verdad. Muchos nervios, mucho bullicio, muchas letras y gente que disfruta muchísimo escribiendo y compartiendo lo escrito. Eso y mucho más. Pero es difícil contarlo, hay que vivirlo. Respirarlo y vivirlo a "lo Rascamán". 

Gracias infinitas a todos, a los que ya erais y a los que vinisteis por primera vez. Gracias. 












jueves, 18 de enero de 2024

"Celebración" Mi relato publicado en la antología "Celebración"

Toronto. 2016.


Si la vida se detuviera, y nos pudiéramos bajar un rato para conversar, tomarnos un café, o lo que el rato nos deparara, te contaría que ayer, los compañeros de mi tertulia literaria, presentamos en público el libro titulado "Celebración" en el Centro Cultural Clara del Rey-Museo ABC

Se trata de una antología de textos, poemas y relatos, que hemos escrito con el mismo tema del título: "Celebración".

El caso es que al final, de pronto, una compañera, Amelia Serraller, con el coordinador, Javier Díaz, hablaron de darnos una sorpresa. Consistía en que algunos de los textos se leerían en otros idiomas para que viéramos como sonaban en esas lenguas. Amelia es traductora de varios idiomas y profesora. Yo pensé, la verdad, que escogerían solo poemas, vamos, estaba convencida. Y escuchamos ruso, italiano... Y resulta que sale una chica, Nicole Katarzyna Hanas, y dice que ha escogido uno de mis textos y lo ha traducido al portugués.

Qué sorpresa... Qué ¡obrigada! me sentí. 

Eso te contaría si nos viéramos. Porque estuvo chulo, porque fue toda una sorpresa que no me esperaba para nada. 

Y cómo hace tanto que no dejo aquí uno de mis relatos, pues he pensado que comparto con vosotros éste que he publicado en nuestro libro. Son tres historias cortitas que están relacionadas.

Imaginaos por un momento un bloque de vecinos. En el primer piso está ocurriendo una historia, al mismo tiempo y, en el segundo piso, está ocurriendo otra... Y varios minutos después de ambas, ya en el portal surge la tercera.

Aquí os las dejo. 



Celebración

Rocío Díaz


1.  Celebración de la resta

En el primer piso de un edificio de vecinos, un niño de seis años y su joven niñera se disponen a darse un festín. Delante del bol rebosante de gusanitos, nubes y otras chuches al crío le brillan los ojos, mientras la niñera no consigue retener una lágrima al fotografiarle radiante abrazando su trofeo. Felicidad y tristeza ya siempre se darán la mano en aquella foto.

 La madre del niño les tiene “terminantemente prohibidas las chuches, que luego los dientes…”. Sin embargo, el crío y su niñera se han compinchado para saltarse la prohibición. La ocasión lo merece, es una celebración de despedida. La joven, que se va de Erasmus fuera de España, ha tenido buen cuidado de ir comprando solo las especiales para diabéticos.

 El crío aún no sabe ni lo que es un Erasmus, ni los diabéticos, ni cuánto echará de menos a esa niñera que lleva cuidándolo desde que era un bebé. Sin embargo, ella sí sabe cuánto añorará su carita de pillo aprendiendo a guiñar el ojo sobre las chuches, sus bracitos agarrándose fuerte a ella cuando, con la tripa llena, le lleva medio dormido a la cama, sabe de su respiración tranquila, inundándola de paz, cuando le arropa. Ella sabe, claro que sabe cuánto pierde y sintiendo que le está fallando, se le parte el corazón al despedirse.

 Bajando las escaleras del bloque, una vez que le deja con los padres castradores de chuches, piensa que ojalá seis años antes se hubiera hecho paseadora de perros.

 

  

2.    Celebración de la suma

En el segundo piso del mismo edificio, un atractivo veinteañero, recién duchado y oliendo de maravilla, va silbando por la casa mientras cambia sabanas, airea habitaciones, y coloca flores aquí o allá. Necesita que todo esté perfecto, porque es una celebración: suman un año juntos.

 Ella está a punto de llegar y a él le puede la impaciencia. Está deseando aspirar su perfume mientras va rozando con sus labios su cuello; deseando apresar el lóbulo perfecto de su oreja antes de zambullir su lengua en ella, esa caricia la enciende como pocas; está deseando desnudarla lentamente, mientras de fondo suenan esas canciones tristes que, sin embargo, a ella le alegran tanto. Un año ya. Tiempo de decir: “Quédate conmigo”.

 Qué importa si ella es bastante mayor que él, qué importa si trabajan juntos. Lo que, en un principio, fue el desparrame pasajero de la cena de navidad de empresa, tras ese largo año, siente que es la unión perfecta. Suena el timbre. ¡Por fin!

 Al otro lado de la puerta, mientras espera que él abra, ella, sin dejar de moverse, repasa en su mente una y otra vez cómo le dirá que esta vez será la última. Está embarazada. Está tan feliz que levitaría. Quiere este niño. Su marido y ella están de acuerdo. Un niño llega, un niño nacerá en su hogar. Se acabaron las historias con terceros salpimentando su matrimonio. Qué importa el apellido del espermatozoide. Borrón y cuenta nueva.

 

  

3.    Celebración de la aritmética

En el portal de ese edificio de vecinos, naufragan una noche una triste cuidadora y un veinteañero despechado. Con la mirada húmeda y el alma espachurrada, abrochándose los abrigos, topan, frente a los buzones, entonando a dúo el mismo desgarrado y profundo suspiro.

—Anda toma -dice ella ofreciéndole un pañuelo de su paquete.

—Gracias. Algo se me metió en el ojo -Contesta él sin apenas mirarla.

—A mí se me metió un hombre de 6 años -replica ella valiente- y me ha partido el corazón.

—Vaya… Sí que vienen pisando fuerte las nuevas generaciones -responde él sin pensar, ni delatar su pena. Sin embargo, al ver que ella solo asiente, decide ser sincero: A mí me pisoteó el corazón una de casi cuarenta. Números cantan. Salgo ganando…

—Viéndonos aquí más parece que los dos salimos perdiendo. -Replica ella, sentándose en el primer escalón.

Él se sienta a su lado, sin ganas de nada y sus miradas tristes se encuentran, se calibran. Durante unos minutos, siguen compartiendo pena y pañuelos en silencio hasta que ella, palpándose un par de chuches del bolsillo, saca una y pregunta:

—¿Quieres?

Y él, a modo de respuesta, piensa en voz alta:

—Mojadas en unos benjamines que tengo arriba podrían estar buenas. Eran para una celebración ¿sabes? pero…”. Quiere explicarle.

Sin embargo, masticando ya una de las chuches, ella no le deja continuar:

—Pues, venga. ¿A qué esperamos? ¿No eran para una celebración? Y tomándole de la mano le anima a levantarse: ¿Dónde tienes esos benjamines?



La foto de la portada es un mural que descubrí en Toronto, una noche. Septiembre de 2016.

lunes, 20 de noviembre de 2023

XX Certamen Literario AL-ÁNDALUS en BURGOS

 


A veces la vida se luce y sale el sol fuera y dentro de una. Un sol radiante que necesitaba me calentara. 

Este sábado, 18 de noviembre de 2023, en la elegante sala Polisón del Teatro Principal de Burgos, me dieron un premio de relato que disfruté mucho.

Quería dar de nuevo las gracias a la Asociación Cultural Al-Ándalus por llevar a cabo entre sus actividades la de convocar el Certamen Literario Al-Ándalus, cuya edición en este 2023 era ya la XX, y donde el jurado consideró que mi relato "Coreografía de dos gritos feroces" se merecía el primer premio en la modalidad de Andalucía. 

 

 La entrega de premios me encantó. Los dos premiados, el de la modalidad Libre, Alfonso Bengoechea con su relato "Expertos en nubes" y yo, leímos nuestros relatos. Compartimos micrófonos con la música muy chula de dos hermanos que nos trajeron canciones tan conocidas como "Stand by me" o el "Hallelujah" de Leonard Cohen, además de alguna otra de su autoría. También se concedió el Premio Al-Ándalus a una catedrática y escritora de Burgos... Y hasta se hizo una pequeña representación de un fragmento de uno de los libros de la ganadora del Premio Al-Ándalus por parte de ellos y el conductor de la entrega de premios que lo hizo muy bien. Pido disculpas a todos por no quedarme con sus nombres, esta memoria mía ya no es lo que era. Por último todos disfrutamos de un ágape juntos en un restaurante cercano donde nos estaban esperando y donde conversamos mucho mientras comíamos los pinchos tan ricos de la tierra.





 

No quiero extenderme demasiado entre vídeos y fotografías, de todos modos nunca va a ser igual que estar allí y vivirlo. Pero dejadme que os cuente que fue una entrega de premios muy completa y variada, muy amena. Era toda una celebración de la cultura.

Quería dar las gracias también al Presidente de la Asociación, D. Antonio Álvarez, y su compañero Angel Lores con quiénes he tratado estos días por su cordialidad y amabilidad en todo momento. A otros compañeros como Pedro Martín y su señora por ser tan majos, y con quiénes estuvimos charlando mucho rato después sobre el Madrid del pasado y con quiénes estuve tan agusto. Al jurado, por supuesto, no solo por elegirme sino también por su simpatía. Gracias a todos por tratarme tan estupendamente.

Y a mis queridas compinches, Montse y Paloma, por acompañarme en esta escapada burgalesa tan enriquecedora y cultural. 

A veces la vida se luce y da gusto sentirse viva disfrutando de la compañía y la cultura.

¡Muchas gracias a todos! 

 

Alfonso Bengoechea presentando su relato "Expertos en nubes"

  

La señora de Pedro Martín, yo, el Presidente de la Asociación, Alfonso Bengoechea ganador del premio en la modalidad libre y Pedro Martín, un compañero de la Asociación. 


 
Las protagonistas: Montse, Paloma y yo

 


lunes, 24 de octubre de 2022

XII edición del Concurso Cartas de amor de Arucas. 2022.

 


El día de las escritoras, que fue el pasado 17 de octubre, la Biblioteca Municipal de Arucas (Gran Canaria) me alegró el día:

 

El coloquio con motivo del #DíaDeLasEscritoras propició un entusiasmado debate sobre el proceso creativo del libro, que va desde la escritura hasta la lectura. El público también intervino, interpelando a las invitadas con diversas cuestiones.
 
El acto se cerró con la lectura del acta de la XII edición del concurso de #cartasdeamor “En amor a dos”. El concejal de cultura, Carlos González Matos, leyó el fallo del jurado, que otorgó los siguientes premios:
MODALIDAD A. Arucas en el corazón: LORENA LÓPEZ MEDINA, por la carta titulada DIARIO DE UNA MUERTA.
MODALIDAD B. Por amor al arte. El premio fue para ROCÍO DÍAZ GÓMEZ, que concursaba desde Madrid, con la carta titulada ME LLAMÓ AFRODITA
Como broche del acto, Lorena López se emocionó y contagió su emoción al público con la lectura de su carta.
¡Enhorabuena a las premiadas! Y muchas gracias a Carmen Nieto (autora) y María Yuste (editora) por su participación.

 
Cuánto alegra sentir el reconocimiento en personas que solo te conocen por lo que escribes. Cuánto motivan estas noticias para seguir peleando con las historias. 
 
Muchísimas gracias desde aquí a la Biblioteca Municipal de Arucas, al Ayuntamiento de Arucas y por supuesto al Jurado por considerar que mi carta merecía este premio.
 
Me parecía que el Día Internacional de las Bibliotecas también era un día bien chulo para compartirlo ¿No creeis? 
 
Pues venga, antes de que se me olvide, cómo ya me ha pasado otras veces.

Va por vosotros.


Me llamó Afrodita 

Rocío Díaz Gómez

Me llamó Afrodita. Y yo que, como la mayoría, no conocía más Afrodita que la de los dibujos de Mazinger Z, una “robot” con proyectiles en sus generosos pechos, imagínese qué vergüenza. Éramos una pandilla de adolescentes bañándose en el río, y yo estaría agachada, con el agua por encima del pecho medio escondiéndome. Ya sabe lo que son esas edades y el pudor, el bañador mojado pegándose a un cuerpo que ya empieza a tener curvas, y una disimulando para que ellos no se fijen. Tanto disimulo para que venga el renacuajo de turno y te llame ¡Afrodita! Tenía usted que haberle visto, con esa edad le sacaba yo la cabeza. Como un semáforo, con el pelo chorreando, me tiré a él y le di una tunda de manotazos impresionante. Y mientras él, tan resabiado, bajo los palmetazos explicando que existía otra Afrodita, otra que no salía en la tele, otra que estaba en el Museo de nuestra ciudad, la Afrodita agachada del Museo Arqueológico de Córdoba. Varios cardenales después, por fin le escuché. Pobre muchacho, si resulta que me estaba echando un piropo. Así nos conocimos, imagínese.

Éramos aceite y agua. Él siempre con ansia de leer, de aprender, de saber. De pringarse de conocimiento ¿Sabe? Y yo solo preocupada por si íbamos a este río o al otro. Al principio me cansaba un poco su afán por enseñarme, pero al final terminé coladita por él, porque creció más tarde pero menuda planta cuando terminó de hacerlo. Eso, y que sopas con ondas les daba a todos cuando abría la boca. Él era el nieto de Santos Gener, habrá oído hablar de él, fue Director del Museo muchos años. En la guerra fue depurado pero en el 39 pudo volver y se ocupó de la mudanza a la calle que hoy lleva su nombre. Dicen que hizo mucho por esta Institución, se ocupó de la recuperación e instalación de muchas de las piezas. Parece ser que fue un hombre brillante. Y mi Samuel, su nieto, como él, a quién además de dejarle el nombre de pila, le contagió el amor por este lugar y el arte. Amor con el que quiso engatusarme a mí. Y vaya si lo hizo.

Nos colábamos cada noche ¿sabe? Cómo él conocía a todos los vigilantes de venir con su abuelo, les guiñaba un ojo, y hacían la vista gorda. Qué aventuras. Samuel me explicaba las obras: “Dirás en paños menores…” “Nooo, digo lo que he dicho: “Paños mojados”, así se llama la técnica con la que se acentúan las curvas del cuerpo” “Ah como en el río…” Qué paciencia tenía el pobre conmigo. “¿Te imaginas esas patas con forma de león en tu comedor?” “Pues no ¿Y de quién has dicho que es esa máscara?” “Del dios Pan” “Eso me había parecido, pues fíjate tú que con esas barbas hasta le veo parecido a Indalecio el de la tahona ¿A que sí?” Qué cosas le decía yo, y aun así, fíjese, nos íbamos enamorando. La magia de este lugar, seguro. Y pasearlo sin nadie y medio a oscuras, también Una de esas noches nos dimos nuestro primer beso. Y después vino otro y otro más, y ya sabe, una cosa lleva a la otra.

Siempre trabajó aquí ¿Dónde si no? Adoraba el arte. Y yo en casa, pero tan feliz ¿sabe? No quería más, porque lo tenía todo. Cuando Samuel murió, la casa se me caía encima. Entonces su compañero me habló del puesto de vigilante de sala. Jamás se me habría ocurrido, no le voy a engañar, pero nunca se lo agradeceré lo bastante. Estar aquí es estar con él, porque este Museo era su vida. Estas piezas me reconfortan, aún hay en ellas jirones de los adolescentes que fuimos. Él me llamó Afrodita y decidió mi vida. ¿Cómo iba yo a imaginar que cuarenta años después yo iba a pasar mis días con la otra Afrodita? Si me viera mi Samuel… Si hasta me atrevo a contestar a los visitantes cuando me preguntan sobre ésta o aquella pieza. Porque ahora sé que muchas cosas de las que me contaba, se me quedaron dentro sin darme ni cuenta. Y si no sé la respuesta, no se lo va a creer, pero en mi interior le pregunto, y Samuel, allá donde esté, me la sopla en un susurro. Porque yo siempre fui su Afrodita, su Afrodita agachada. Y lo seré siempre.