jueves, 17 de agosto de 2017

martes, 15 de agosto de 2017

lunes, 14 de agosto de 2017

Oporto y sus murales

Oporto. Mayo 2017


Oporto, aquel mayo luminoso del 2017, también nos prestó unos cromos para nuestra colección de "Murales y trampantojos".

Era una ciudad tan paseable, con tantos rincones bellos... Sus preciosas iglesias de azules azulejos y sus vistas al atardecer sobre el río Duero, sus elegantes escaparates y sus librerías. ¡Sus librerías! ¿Os acordáis de la librería Lello?

Pero había otro Oporto, el que descubrías paseando, el que te atrapaba con su explosión de colores como en la fachada de la fotografía que encabeza esta entrada, de un restaurante. O el Oporto en blanco y negro de sus delicados dibujos en cualquier rincón, cualquier mueble urbano, como en la foto de debajo de este párrafo.

Oporto. Mayo 2017


Y ese otro Oporto que no era turístico, pero que seguía siendo el de las calles adoquinadas y tranvías, el de las flores en los balcones de las casas y las murales en cualquier recodo. 

Oporto. Mayo 2017

 Oporto, qué buena escapada en cualquier estación.


Si quieres ver los murales de otras ciudades, ya sabes que están todos en la pestaña de "Murales y trampantojos". Te dejo un enlace por si quieres recordarlos:



viernes, 11 de agosto de 2017

Los regalos de las Palabras, de los nombres de las tiendas




A mi blog le gustan mucho los regalos.

Cómo él no los puede desenvolver le llegan con papeles de regalo imposibles en estos tiempos digitales de hoy en día. 

Pero a ninguno le falta un enorme lazo de raso tan trasparente que ni se ve pero que lleva el nombre escrito de quién se lo ha regalado, con la misma tinta indeleble con que llevo escrito yo el nombre de mis amigos en la memoria. 

En éstos últimos días a mi blog le han llegado tres regalos estupendos de mi amigo Salvanés. 

¿¡No me digáis que no lo son!?

 - Una tienda de "Helados a la plancha" - Buenísimo.

- Otra tienda que lleva por nombre "El buen trato" porque en ella el trueque del dinero por la mercancia siempre resultaba ser un buen trato para comprador y vendedor y siempre los clientes salían pensando lo "bien tratados" que se habían sentido.

- Y la última: Un restaurante llamado "Los amantes", para los amantes de la buena mesa, para los que se aman, para los amantes de los buenos nombres .

¡Mil gracias amigo!

Mi blog está encantado con sus regalos.




jueves, 10 de agosto de 2017

Faros de Asturias: Cudillero y Luarca

Faro de Cudillero (Asturias)


Nos gustaban los faros.

Sabíamos que desde su posición privilegiada y solitaria estaban vigilantes custodiando algún fantástico tesoro. Solo había que buscarlos, acercarse a ellos y descubrir cual era ese tesoro.  

Por eso salíamos todos los veranos a buscarlos.

Aquel año nos decidimos por los de Asturias.

En primer lugar descubrimos al faro que encabeza esta entrada: el Faro de Cudillero. Cuando aún no existía este faro se hacían unas fogatas que prendía el Gremio de Mareantes en la zona de La Garita. Después en el 1858 se inauguró el faro de Cudillero a 75 metros sobre un acantilado. Pero si te acercabas solo podías acceder hasta su verja. Siempre cerrada. Atisbabas dentro unas frondosas palmeras que lo medio escondían. A los faros paradójicamente les cuesta dejarse ver, ellos que iluminan a tantos... 

El Faro de Cudillero guarda el tesoro de ese pueblo de colores que a ido creciendo mientras sus casas iban trepando las montañas. Casas que querían colocarse bien para admirar el paisaje, y se habían ido posicionando como en unas gradas con vistas al mar Cantábrico.


Faro de Cabo Vidio (Asturias)


Muy cerca del anterior está el Faro del Cabo Vidio.

No pudimos resistirnos y también fuimos en su búsqueda.

Situado a 89 metros sobre el nivel del mar, era el último faro construido hasta la fecha en Asturias y uno de los más nuevos de España, ya que se construyó entre los años 1948 y 1950. Esta formado por el faro y dos viviendas que sustituyó a la antigua señal de aviso.

Nada más verlo, nos pareció que el faro languidecía como venido a menos. Pobre faro rodeado de veraneantes bulliciosos en bicicleta y mesas de bar ocupadas por turistas perezosos. Pero estábamos equivocados. Porque aunque de frente solo viéramos que estaba ocupado por una terraza de refrescos, también guardaba su propio tesoro.

No había más que rodearlo, recorriéndo despacio su perímetro para darse cuenta de que, a su espalda, el tesoro que guardaba se resumía en las preciosas vistas que hay desde su privilegiada posición.

Miras a un lado y al otro del faro y distingues todo el perfil rocoso de nuestro país en esa costa Asturiana. Qué belleza de acantilados. A lo lejos Estaca de Bares y Cabo de Peñas.

Paisaje desde el Faro de Cabo Vidio



Y finalmente en aquella ocasión cazamos un último Faro, el Faro de Luarca que nos esperaba al atardecer semiescondido al final de la Atalaya.

Ese era su tesoro: Esa Atalaya, vestigio del pasado, porque en los siglos XVI y XVII era un fuerte defensivo para proteger la villa de los ataques franceses e ingleses. Antes de que se construyera el faro en el año 1862, se hacían fogatas para orientar a las embarcaciones. Ahora todavía conserva la Capilla  de la Atalaya o de la Virgen de la Blanca y un precioso cementerio también blanco donde está enterrado el Premio Nobel de Medicina D. Severo Ochoa y su esposa.



Faro de Luarca
Cementerio de Luarca

Tumba de Severo Ochoa en Luarca (Asturias)

Tres faros, tres tesoros: un pueblo tan precioso como Cudillero, unas vistas tan bellas como las del Cabo Vidio, una Atalaya como la de Luarca.

Un inmejorable botín para un solo día cazando faros.

martes, 8 de agosto de 2017

"Un hijo" de Alejandro Palomas





«–A ver, Guillermo, cuéntame eso de que te gustaría ser Mary Poppins cuando seas mayor…».

Estos últimos días he estado leyendo “Un hijo” de Alejandro Palomas.

No es el primer libro que me he leído de este autor, es el tercero o el cuarto. Este autor me ganó con “El tiempo que nos une” en el año 2014. Desde entonces, y de vez en cuando me gusta volver a él, porque tengo la seguridad de que pasaré unos días con una lectura apacible, agradable, que me removerá por dentro, que me contará de sentimientos. Después de esa primera novela, me leí "El alma del mundo" y "El perro". Cada una en un año diferente. De todos ellos tenemos reseña literaria en el blog en la pestaña "Mis autores Alejandro Palomas". Por si queréis consultarlas.


Y ahora en el 2017 he leído "Un hijo".


Lo primero que quiero decir es que me ha gustado mucho la portada de esta novela. Qué importante es esto. La portada y el título, es la presentación, la invitación a la lectura. Son importantes, se merecen cuidarlas, necesitan de su reflexión detrás. Ésta portada en concreto a mí me atraía, tiene algo de misterioso y de mágico.

Y luego resulta que “Un hijo” es un libro que habla de la palabra “supercalifragilísticoespialidoso”. Os suena ¿verdad? De hecho en el blog hasta tenernos una entrada dedicada a esta palabra mágica.

Pues bien el argumento de esta novela gira en torno a esta palabra. Ya con eso te sonríes. El protagonista de nuestra historia, Guille, cree que cuando pronuncie la palabra en cuestión, las cosas, su mundo, volverá a estar bien. Porque Guille de mayor quiere ser Mary Poppins. La novela arranca cuando su profesora Sonia piensa que sería bueno que Guille visitara a la orientadora María, porque tiene miedo de que tras su sonrisa, y su tranquilidad, haya algún problema o cuestión grave.

El tema que subyace a este argumento es el de superar una pérdida sobre todo. Es un tema duro, profundo. Poco a poco el autor nos va a ir dando pistas desde la voz del protagonista de cómo es esa pérdida, porque aunque existe no sabemos los detalles.

Es una novela coral, hay varios protagonistas que van tomando la palabra. Los personajes están muy bien definidos: Guille, nuestro protagonista de nueve años, es hipersensible y especial. Es tranquilo, bueno, muy frágil. Su padre, Manuel, que sabe que su hijo es diferente a los demás, porque no le gustan los deportes ni los juegos rudos, solo juega solo con una niña, Nazia, su vecina. Nazia es la otra niña nueva de la clase, única amiga de Guille, e hija pequeña de una familia de pakistaníes que regentan el súper del barrio. También están Sonia, la profesora de Guille. Y María, la orientadora de sustitución, del cole de Guille.

Está contado en primera persona por eso sabemos mucho de estos personajes. El autor ha elegido la técnica del multiperspectivismo para contar la historia, cada uno de los implicados en ella nos van a ir contando desde su posición cómo sienten lo que ocurre. Es una técnica original la que ha utilizado el autor. Vemos las voces de cada uno de los protagonistas, cómo cuentan, cómo sienten. En el caso de Guille vemos sus muletillas al hablar, sus temores, sus deseos. Ese es un punto a favor de este libro, lo bien que el autor refleja a cada personaje.


Es una narración sencilla, ágil, debido a que la estructura de la novela está repartida en capítulos cortos protagonizados por los distintos narradores: Guille, Sonia, María... Está además salpicado con los dibujos que María, la orientadora, le encarga hacer a Guille.  Eso rompe también la prosa, la ilustra, la agiliza, y la hace más original. Es otro punto a favor del autor y su prosa.


Durante toda la narración el tono es distendido y cercano.

Y ya como otro punto positivo me ha gustado mucho el final de la novela. Esa escena de unos personajes alejándose y recortándose en la luz, cómo te cuenta lo que parecen. Me parece que le ha dado un final muy bueno, muy logrado.


No busquéis en esta novela la gran intriga, es predecible. Pero es una novela de sentimientos. emotiva, que nos recuerda al niño que tenemos dentro y que aún quiere creer que la magia existe.



Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) es licenciado en Filología Inglesa y Master in Poetics por el New College de San Francisco. Ha compaginado sus incursiones en el mundo del periodismo con la traducción de importantes autores. Entre otras, ha publicado las novelas El tiempo del corazón, Tanta vida, El secreto de los Hoffman (finalista Premio de Novela Ciudad de Torrevieja 2008 y adaptada al teatro en 2009), El alma del mundo (finalista del Premio Primavera 2011), El tiempo que nos une y Una madre. Su obra ha sido traducida a diez lenguas.