miércoles, 22 de enero de 2020

El cielo de Madrid



En los días peores del invierno sacábamos las fotos que teníamos del cielo, las ampliábamos hasta hacerlas del tamaño de las ventanas y las pegábamos con cuidado a los cristales.

No nos importaba engañarnos. 

Necesitábamos colores. 

Necesitábamos esos morados y esos naranjas, los tonos azules y amarillos del cielo de Madrid.

Una capota gris que había secuestrado a nuestro tesoro y escondido a nuestras montañas nevadas, nos tenía el ánimo encogido, y nos empequeñecía por momentos.

No podíamos consentirlo.

Cada día despegaríamos una esquinita para espiar si seguía ahí detrás la intrusa capota.

Tendríamos las ventanas tapadas con las fotos hasta que volvieran nuestros colores. 

Sabíamos que estaban ahí, estaban. 

Solo había que esperarlos.









#Madrid
#Cielo de Madrid


#Cielo de a

sábado, 18 de enero de 2020

"La reina Roja" de Juan Gómez Jurado



Y ocurrió que pasé la última página del penúltimo libro de Juan Gómez Jurado, "La Reina Roja", la leí, y a continuación abrí el siguiente libro del mismo autor "Loba negra" y comencé a leer la primera página.

Es lo bueno de leerse un libro cuando ya te está esperando otro con los mismos personajes. 

Y a mí la voluntad siempre me la ganan los personajes, más que las historias en sí. Y Antonia Scott es todo un personaje.


¿Y que nos cuenta el argumento de "La Reina Roja"? Pues nos presenta a una Antonia Scott, una mujer muy especial, muy inteligente, que vive en un piso casi vacío del barrio de Lavapies de Madrid y del que no tiene intención de salir porque nada de lo de fuera le interesa en absoluto.
Por otro lado está el inspector Jon Gutiérrez acusado de corrupción y suspendido de empleo y sueldo. 
 A ambos les va a unir la propuesta de un misterioso desconocido que le ofrece a Jon la posibilidad de limpiar su nombre, si consigue sacar a Antonia Scott de su "retiro". Pero Antonia no es una persona fácil. 


 En cuánto al estilo literario en que está escrita, me ha parecido una novela muy entretenida, pues tiene un ritmo rápido, es bastante ágil, se le van sirviendo tantos obstáculos a los personajes que no puedes dejar de leer para comprobar cómo los van salvando. Tiene una estructura con capítulos cortos y bastante diálogo. Todos esos ingredientes imprimen a la narración mucho ritmo.  Contada de forma sencilla, directa, amena.


La trama está ambientada en el centro de Madrid y en la actualidad. Que esté ambientada en la ciudad que vives, lógicamente te la devuelve más reconocible. Y por último sus constantes alusiones a la música de Joaquín Sabina, me hacen sonreír casi sin darme cuenta. Una novela de misterio ambientada en Madrid y con una banda sonora entre líneas que me encanta. Son tres puntos a favor indiscutibles.


Los dos personajes principales me han parecido muy atractivos.

Por una parte tenemos a la susodicha, Antonia Scott. Que resulta que ni es policía ni criminalista. Pero resuelve muchísimos crímenes. No sabe disparar, pero tiene una inteligencia prodigiosa en la que "están saltando muchos monos a la vez de liana en liana" mientras las neuronas debe estar estableciendo conexiones a muchísima velocidad. Es una persona difícil y reservada, con una situación familiar muy complicada y a la que no le gustan que le toquen.

"Antonia Scott solo se permite pensar en el suicidio tres minutos al día. Para otras personas, tres minutos pueden ser un período minúsculo de tiempo. No para Antonia. Diríamos que su mente lleva muchos caballos debajo del capó, pero la cabeza de Antonia no es como el motor de un deportivo. Diríamos que es capaz de muchos ciclos de procesamiento, pero la mente de Antonia no es como un ordenador. La mente de Antonia es más bien como una jungla, una jungla lleva de monos que saltan a toda velocidad de liana en liana llevando cosas. Muchos monos y muchas cosas, cruzándose en el aire y enseñándose los colmillos."

 Y por otra parte tenemos a Jon, un policía vasco, que pesa 100 kilos, es gay y muy honesto.  Es muy bonachón, aunque no entiende para nada a Antonia que no deja de sorprenderle. Es un personaje que cae bien, le ves venir y es buenazo.

Juan Gómez Jurado ha inventando un tandem protagonista que resulta muy atractivo, como os decía, da mucho juego y no me extraña que escriba más libros con ellos.

Lo que menos me ha gustado de "La Reina Roja" es su final. Pero como expresamente al final del libro el autor nos pide por favor que no hablemos de él, yo voy a respetarlo. 


Lo más importante, en cualquier caso, es que yo ahí estoy ya, leyendo el siguiente de Juan Gómez Jurado: "Loba negra".

Dicho ésto, dicho todo ¿no?




#Juan Gómez Jurado
#La Reina Roja"


miércoles, 15 de enero de 2020

Quique Gonzalez en el Circo Price de Madrid


"Vamos a aflojar un poco con el dolor llevado a las tabernas"

Quique González en el concierto de ayer, 14 de enero, Circo Price




El primer concierto de este año una gozada. Salimos felices.

Quique Gonzalez llenó el Circo Price un martes cualquiera de enero y nos devolvió ese día insípido y laborable como uno tan festivo como íntimo y delicado.





Nos enseñó las canciones de su nuevo disco, donde ha musicado poemas de Luis García Montero, en el disco "Las palabras vividas", pero además nos cantó otras inolvidables de su repertorio: 'Su día libre', 'La luna debajo del brazo', 'Aunque tú no lo sepas', 'Los conserjes de noche', 'Salitre' en la que cantamos todos y 'Vidas cruzadas' donde ya los cantos fueron a voz en grito.





En un momento dado salío el poeta Luis García Montero al escenario y tras unas palabras nos leyó su poema "Aunque tú no lo sepas" de su poemario "Habitaciones separadas". Yo creo que nunca este poeta y Director del Instituto Cervantes ha tenido tanto público desatado escuchando su poema.


Poema a partir del cual el músico escribió su preciosa canción con el mismo título que cantaban Los Secretos.

Un lujazo escucharles a los dos, a Quique González y a Luis García Montero. Lujazo.











Gracias, gracias, gracias por este regalo.
¡¿Cuándo vuelves a Madrid Quique?!







#Quique González
#Circo Price
#Inverfest

martes, 14 de enero de 2020

Murales del barrio de Barranco en Lima




Barranco coloreó entonces Lima.

Después, aquel barrio colorearía para siempre los recuerdos de aquella ciudad gris, marcando el acento bohemio e invitando aún, en la memoria, a seguir callejeándolo para descubrir más murales, más tascas, más rinconces genuinos.

Entonces, se nos quedaron cortos los días para visitarlo más despacio, para admirarlo de cerca, y saborearlo a conciencia. Sus murales y su pequeña biblioteca, sus bares abarrotados y su cebiche o ceviche, que la Real Academia permite ambos, aliñado con cítricos.

Después, lo recordaríamos como uno de los barrios más vistosos que hubiéramos visitado nunca. 

Y nos prometimos volver algún día.

Algún día.











#Murales
#Barranco
#Lima

jueves, 9 de enero de 2020

"El mapa de tus cicatrices" de Javier Díaz Gil



El nuevo poemario de Javier Díaz Gil titulado "El mapa de tus cicatrices" es la cueva de Alí Babá. 

Cuando vas pasando páginas te vas encontrando tesoros que Javier fue robándole a los días para guardarlos a buen recaudo en este libro.

Solo tienes que ir pasando las páginas para que te deslumbren.

Venga, vale, hoy te dejo que mires, leas, unos poquitos. 

Sííí, no te preocupes, otro día te traigo algunos más.



POR LA PÁGINA VEINTE


Cuánto parecía
emocionarle mi lectura.

Me dejo
la esquina del corazón
doblado
por la página veinte

y se marchó.


Pág. 72



TRAMPA

El ratón distraído de tu bca
mordisquea la capucha del boli.

Tus ojos felinos inmovilizan
mi corazón domado.

Sé que caeré.

Me asomo a la trampa de tu escote.


Pág. 65



UNA PIEZA DEL PUZZLE

Guardo un puzzle incompleto.

Quizá debiera deshacerme de  él.

El polvo se acumula en la caja que custodia
las piezas de todos los paisajes, los rostros
y los dedos que pueblan
la memoria. El lugar de la certeza
y del deseo
que fue mío
un instante.

Guardo un puzzle
al que le faltan piezas.

Pero es el tesoro más inmenso que poseo

Pág. 42


#Javier Díaz Gil
#El mapa de tus cicatrices
#Poesía

martes, 7 de enero de 2020

7 de enero de 2020. Adios a la Navidad



Adios a la Navidad, adios a las luces y a los regalos.

Guardar el Belén, es guardar la ilusión.

José ya está frotándose las manos, pensando que de hoy no pasa para que se vea otra vez en su caja con su María, mientras el crío explota las bolitas del papel.

Y los demás en vez de hacer colas para comprar lo que venía en las cartas, ¿las haremos por las rebajas?

En fin...

Hay que espabilarse y volver a la rutina. La rutina ordena y hasta tranquiliza.

Pues ¡venga! que hay que hacer muchas cosas importantes este año. 

¡Ánimo!

Y a por ellas.






#Navidad
#Rutina

domingo, 5 de enero de 2020

"Querido Melchor..." Relato de Rocío Díaz




5 de enero otra vez. Mi noche preferida. La noche más mágica del año.

Como hoy los protagonistas son los niños, os voy a dejar con uno de ellos. Se llama Carlitos y escribe una carta a los Reyes Magos. 
 
Mi Carlitos como es de papel no crece, vive eternamente en el año 2003 que fue cuando le inventé y cuando a su vez él inventó esta carta. Pero eso es lo que pasa con los niños de papel que no crecen y siguen pidiendo regalos que se pasaron de moda.

No es la primera vez que la pongo en el blog, pero yo la tengo cariño porque fue premiada con el Accesit esa navidad en el V Certamen de Relatos Breves de Navidad de Navalmoral de la Mata. Y gracias a eso, fuí por primera vez a ese pueblo. Y recuerdo que fue una entrega de premios muy especial donde me recibieron con mucho cariño. Luego por esas cosas de la vida he vuelto alguna que otra vez más también por premios literarios, y su recibiendo ha sido siempre inmejorable.

Desde el punto de vista de la creación literaria, ahora la releo y cambiaría muchas cosas. Muchísimas. Normal, han pasado bastantes años desde que la escribí.

Pero se merece, porque me trajo muy buenos momentos, que la deje tal como fue.

Felices Reyes a todos, toditos, todos. A los que son niños por dentro y por fuera, y a los que son niños siempre por dentro. 
 
Que los Reyes os traigan salud y muchos momentos de pura ilusión.



Querido Melchor...


Madrid, 5 de diciembre de 2003
Querido Rey Melchor,
Yo no sé sí tu existes o no existes, como tampoco sé sí existen los otros Reyes, o si existe el Ratoncito Pérez, pero ahora les ha dado a los de mi clase por decir que a lo mejor no existes... yo no sé... pero como dice mi amigo Sergio “existáis o no existáis lo que sí que existen son los regalos” así que como Sergio es el amigo al que más ajunto del mundo entero, yo me fío y por si acaso os mandaré otro año la carta... Además, que se lo cuento a la yaya que todos los años se sienta conmigo a escribir a San Pancracio “a ver si nos toca la lotería de Navidad” y dice que ella no va a dejar de escribir a su Santo digan los compis del “hogar” lo que digan, así que yo igual, digan los de clase lo que digan, te escribo... Y aquí estamos los dos “la yaya” y yo merendando pan con nocilla y pensando qué poner, la yaya dice que lo primero es lo primero, y que antes de nada hay que ser educados y decir quiénes somos. Me llamo Carlos Hernando Rejas y mi yaya se llama Ernestina Pérez Sánchez, aunque todo el mundo la llama La Tina, como a mí que me llamo Carlos pero en casa soy “el niño” porque cuando llega mi padre siempre pregunta “Y el niño... ¿qué ha roto hoy?” y mi hermana la mayor dice... “Niñoooo, que la carne de burro no es transparente...” y mamá cuando me abraza dice ¡Ay... el niño de la casa...! así que para todos soy “el niño”. Bueno para todos menos para mi hermano Marcos, que tampoco me llama Carlos, sino Carlitos, con esa “i” de “microbio” y “mierdecilla” que dice siempre detrás de Carlitos cuando me llama a grito pelao para que todos en el parque se den cuenta de que YO soy su hermano pequeño, YO soy “el plasta al que tiene que cuidar” que es lo que siempre dice  detrás de “Carlitos microbio y mierdecilla”, osea también YO. Pero aunque nadie me llame así, la verdad de la verdad es que me llamo Carlos y en algún sitio lo debe de poner porque en el cole el primer día cuando pasa lista el profe me llama así, y me lo llama, y me lo llama veces y veces, hasta que Sergio, que no sé si ya lo he dicho pero es el amigo que más ajunto, acaba dándome una colleja para me entere y conteste, porque me cuesta un montón de tiempo darme cuenta de que soy yo... pero ¡Vamos! Melchor que tú me puedes llamar como quieras que para eso eres Rey...
Rey Melchor te he puesto un “punto y aparte”, como dice mi profe, que es un “punto” que he aprendido hoy en mi cole, porque ya no sabía por donde me iba, a la yaya se le había quedado la dentadura enganchada al bocata de noci y no se podía separar... así un buen rato... hasta que he tenido que levantarme para ayudarla a desengancharse con mi superfuerza, le pasa mucho... Bueno pues que, me llamo Carlos y vivo aquí en el barrio de Canillas, te acordarás de mí porque todos los años yo soy el que más alto chilla “¡aquí, aquí...!” cuando pasáis en la cabalgata para que me tiréis un montón de caramelos... La yaya y yo llegamos muy pronto con el pan y la noci, nos sentamos en el borde y nos vamos comiendo el bocata hasta que oímos que venís... entonces corriendo llevo a la yaya a esconderse detrás de un coche y yo vuelvo corriendo a mi sitio, esto lo hacemos desde que a la yaya le pegaron un caramelazo bestial en toda la cara cuando gritaba bien alto “¡Aquí, aquí...!” y entonces desde que la operaron de cataratas dice que ella no puede arriesgarse... que ella es una abuela moderna pero que no está pa esos trotes de jugarse la poca vida que le queda en las cabalgatas... así que una vez que he escondido a la yaya bien escondida, me subo al bordillo y grito, grito, grito hasta el infinito... y cuando tengo las manoplas lleeeenas de caramelos, entonces, me vuelvo a buscar a la yaya y a casa que nos vamos los dos tan contentos comiendo caramelos mientras pensamos en todos los regalos que nos vais a traer...
Otra vez Rey Melchor he tenido que ponerte otro punto y aparte, al profe le va a molar cuando le cuente mañana todos los puntos y aparte que hoy puse; contándote lo de la cabalgata no me estaba dando cuenta de que empezaban “los dibus” que me gustan, y casi me los pierdo, pero ahora que ya han terminado voy a seguir, y pasemos a lo importante, osea todas las cosas que quiero que me traigáis: La videoconsola de Nintendo, otra “gameboy”, todos los “action man” nuevos de este año, los pokémon que me faltan (que ahora no me acuerdo pero como tu además de Rey eres sabio seguro que lo sabes),  un equipo completo de fútbol del Real Madrid (mi padre ya no nos deja ser del atleti), diez u once peonzas para que me duren hasta el año que viene cuando volváis, un estuche de tres pisos con pinturas, rotuladores, plasti y ceras, con muchas reglas, lápices, bolís, goma y saca; otro patinete porque Marcos después de romper el suyo, me rompió el mío (él dice que fue sin querer pero ¡ya...!); otro libro de “Harry potter” y el de la “peli” de “El señor de los anillos”; ...He parado un momento para preguntar a la yaya que sí me estoy pasando pidiendo y después de un rato luchando contra la dentadura y el bocata me ha revuelto el pelo y me ha dicho “Mira niño, porque la yaya también me llama niño, todos sabemos que los Reyes son Magos así que por poder, poder,  ppueden traer todo lo que se les pida, pero Matusalén a su lado... un muchacho. Que te quiero decir niño, que seguro que ya les va doliendo la espalda como a esos “carcas del hogar”, y tendrán la artrosis, y la reuma... así que a lo mejor no pueden con todo...” Mi yaya siempre habla muy claro, ella y yo nos entendemos bien, así que nada  Melchor yo sigo pidiendo y cuando os empiece a doler la espalda dejáis de meter cosas al saco. Sigo: Varios videojuegos para la Nintendo; otro Spiderman; las trampas del Spiderman; el auto de Spiderman, la bola mágica de Harry Potter, el castillo de Harry Potter... y de juguetes hasta que no echen en el buzón más catálogos ya no puedo pedir más...
Pero antes de terminar os tengo que poner lo de siempre, ya sabéis, quiero poder dormirme antes por las noches; en el techo de mi cuarto ya no caben más estrellas de esas que me pega mi madre para que cuente y venga el sueño, ya están todas ahí apelotonadas y aunque las pegamos con ese pegamento que pega hasta los dedos, hay tantas juntas que se despegan y toda la noche andan cayendo encima de la cama... como si lloviera, a lo primero mola, pero después ya... es un rollo. Además, la noche que le toca a Marcos hacerme compañía cada vez es peor... me ha dicho que Blancanieves ya se ha separado del príncipe y tiene otros novios, que el flautista tiene un montón de músicos que trabajan para él y ya ni tan siquiera tocan sino que hacen que tocan como en la tele, que el cerdito de los ladrillos ya tiene una “inmo no sé qué”, que dice que es una fábrica de hacer casas, y que se está forrando como el Cirilo, el del bar de enfrente... como es mayor sabe más de los cuentos, pero hasta que se cansa y dice que soy un plasta y que me duerma de una vez, se cabrea y termina contándome el de la “bella durmiente”, pero el de siempre, que sabe que no me gusta nada... y así hasta que al final se duerme y yo ¡hala! otra vez a contar las estrellas como todas las noches...
La única que no se queda dormida antes que yo, ni me acaba regañando, es la yaya que dice que como es mayor tampoco tiene sueño pero es que ya me sé de memoria toda su vida, todos los novios que tuvo, todos los bailes, todo... y aunque ella dice que me lo cuenta al oído para no despertar a nadie, como está un poco sorda empieza bajito, bajito, pero al final termina dando unas voces que se despierta hasta el vecino de al lado que empieza a aporrear la pared chillando: “!Coño abuela, ¿Otra vez con eso? Si aquellos pretendientes tendrán ya mil años, joder con la abuela que noche sí, noche no, la misma matraca”... por eso, Rey Melchor, hasta que por fin los médicos  encuentren la manera de que yo me pueda dormir por las noches como los demás, te pido otro año un poco más de sueño, un poco más solo, que yo creo que eso no ocupa mucho en el saco y casi no os va a pesar...
Y bueno, que nada más, hasta que piense más regalos no te vuelvo a escribir, tengo que acabar deprisa que otra vez a la yaya se le ha enganchado la dentadura en el bocata y está ahí saltando y saltando como una loca y aporreando en la mesa para separarse... Ya voooy yayaaaa... ¡menos mal que me tiene a mí! 
 
Adiós Rey,
Carlos, Carlitos o el niño.
©Rocío Díaz Gómez
 
 
 
#Cartas
#ReyesMagos
#Navidad