Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

lunes, 8 de diciembre de 2025

Los suelos de Madrid y sus marcas de cantería. El gato del Calderón

 



El otro día volví a tropezar en el asfalto con una marca que nos habían dejado los canteros y arquitectos de Madrid y yo no había advertido hasta entonces. Muy cerca de donde estuvo el Estadio Vicente Calderón de pronto mis pies casi le quitan el balón a un gato que estaba ahí esperándome para chutarme. Muy ocurrente. 

Me encantan estos "saludos" que nos dejan, después de la remodelación de alguna de sus obras, recuperando una antigua costumbre de la Edad Media en la que los distintos gremios dejaban talladas en las piedras marcas, no se sabe muy seguro de con qué intención, si la de cobrar un trabajo, señalizar continuación, o qué... 

Salpicadas por todo nuestro suelo madrileño tenemos muchas de esas marcas. Se descubren por azar o por el boca a boca, porque los canteros no suelen informar de ellas. Marcas en la misma piedra, o chapas, da igual, el caso es dejarnos alguna referencia histórica. El sol que hay llegando a la Puerta del Sol, antes de topar con el Oso y el Madroño, El imperdible que hay en la plaza de Pontejos. El lingote de oro que hay delante del Banco de España. El reloj que hay delante del Pasaje de los Relojeros de la calle La Paz. La marca de donde estaba el antiguo Café y Botillería de Pombo en Carretas... Y tantos otros de los que seguiremos hablando cualquier día.  













viernes, 5 de diciembre de 2025

Una rebelde

 


Una rebelde desde que llegó a casa. Con la ilusión que la elegimos, con las esperanzas que teníamos en ella cuando la trajeron... Pero estaban instalándola, se enfurruñó y ¡zas! un cortocircuito que tuvieron que dejar a medias todo un largo fin de semana, para traerle otro corazón. ¿¡Cuántas veces no habré pensado que ahí deberíamos habernos echado atrás!? Pero claro. ¿Cómo no darle una oportunidad? Con la de buenas cualidades que se supone traía... ¡Y el dineral que nos había costado! 

Tras días de zozobra, traen la placa nosequé y, venga, vale, somos unos blandos, nos la quedamos. Menudo calvario. Al final, toda su lustro de vida ¡una incorregible! Desde el primer día con su seguro, porque viendo el percal, no te puedes fiar. Y la de veces que les hemos llamado porque nos monta el numerito... "¿Pero qué más quieres, corazón? -le digo en voz bajita poniéndome a su lado.- Te trajimos a una casa decente, limpita, sin apenas ruidos. Con infinito mimo y a menudo te abrimos la válvula para que te entre agüita, llevas todos los chequeos habidos y por haber... ¡¿Que queja tienes?!

Pues nada esta semana volvió a ponerse picajosa y otra vez nos la lio y bien liada. Me levanto y ahí estaba escupiendo agua como si no hubiera un mañana. La casa helada, no mantenía nada dentro... ¡Que solo tienes cinco años! Pero ¡hala! llama otra vez al seguro, casi por favor pidiendo un técnico ¡al que estás pagando todo el santo año! porque claro no hace tanto que vinieron y que no puede ser... ¿Que no, qué? Y cuando al fin viene uno y la mira, y la remira, la limpia, le da el agüita y ¡ya se iba diciendo que no le pasaba nada! Me muero. Pero ¡ay señor, gracias! Porque bendita presión que sube y sube y sube.. ¿Y esto? Vuelve a destaparla, saca el móvil, le pone la linterna bien, bien dentro, y ¡por fin! el mal dio la cara. Al técnico se le iban los ojos de las órbitas. ¡Que en sus 20 años de profesión nunca había visto una avería semejante! ¡Que era raro, raro, rarísimo! ¡Que, vamos, ahora mismo lo ponía en su grupo de guasap para comentarlo a los compis, que era inaudito! Que porque lo había visto si no ni se lo cree. ¡Que suerte, señora, qué suerte!

Criaturita... que no era rebelde que estaba enferma y no daban con su mal... ¡Que nos ha hecho famosos, cari! Que nuestra caldera es única. ¡Que salimos en los grupos de guasap de los técnicos de toda España! ¡Qué día más extraordinario! ¡Ayyyy mi calderita! Ahora ya madura ¿eh? ya toca. 

"Las bragas al sol" de Regina Rodríguez Sirvent

 


"-Quién eres ahora mismo, Rita, aquí y ahora, es un tesoro irrepetible. Atrápalo y escríbelo. Hazle justicia."


Tenía pendiente la reseña de este libro: "Las bragas al sol" de Regina Rodríguez Sirvent. 

Es una novela cuyo argumento nos cuenta que su protagonista, Rita, tras volver a suspender en ingles y terminar la carrera de psicología, se marcha de viaje a Atlanta para ser au-pair e intentar, mientras tanto,  saber que quiere hacer con su vida. 

Escuché hablar de él en el programa de libros Página2 y me atrajo, además llamó mi atención el título, me gustó. 

Pero he de reconocer que con la lectura la novela me ha parecido un poco desigual, la verdad. Me gustó cuando arrancaba y me fue atrayendo más en la cuarta parte del libro, pero lo cierto es que en muchos pasajes de la novela pensaba que había demasiada tontería, sobre todo en el personaje principal, y me costaba un poco seguir con la historia. Como os decía creo que va ganando a medida que va transcurriendo la historia, me parece mucho mejor la segunda parte de la novela que la primera mitad. Es como si al ir serenándose el personaje principal, la autora lo contara mejor. No sé... También ayuda que la protagonista a medida que van pasando los meses escribe y me gustaba mucho lo que hablaban en el libro sobre la creación literaria. 

Está muy bien ambientada, primero en tierras catalanas y después en las de Atlanta, me ha resultado muy fácil leyéndolo verme transportada a esos lugares. 

La novela se lee bien, tiene buen ritmo porque pasan bastante cosas. El personaje principal, Rita, es una especie de Bridget Jones que bueno hasta que no ha ido madurando un poco no he apreciado mucho. Me ha costado empatizar con ella, pero en cambio, hay personajes de los que me he encariñado rápidamente como los niños a los que tiene que cuidar, los de la familia de Atlanta. Son unos personajazos. O con su yaya. Lo uno por lo otro... 

Básicamente es una historia de crecimiento que se lee bien, aunque a mí no me haya encantado del todo. 



"La biblioteca de fuego" de María Zaragoza

 


Acabo de terminar "La biblioteca de fuego" de María Zaragoza. 

Me atrajo por el tema que trataba: El amor por las bibliotecas, por los libros. Es todo un homenaje a la cultura como resistencia. 

Está ambientada en los años 30. Y sobre todo en Madrid. El argumento nos habla de una joven de provincias, Tina, que viene a la capital a estudiar Filosofía y Letras y se ve envuelta en una trama para salvar libros. 

Quizá no sea un argumento muy complicado pero está bien llevado, la trama tiene puntos de giro que hacen entretenido el argumento, aunque quizá el ritmo de la novela sea algo lento, pero a mí no me molestaba.  

Además del tema que toca, están bien elegidos los personajes en esta novela. Están bien perfilados, se les reconoce bien. Y me ha gustado mucho que mezcla con soltura personajes ficticios con otros reales como las mujeres del Lyceum Club femenino, tantas escritoras famosas, o poetas como Lorca. Están muy bien ensamblados los reales con los de papel. Hay muchísimas referencias literarias, alusiones a muchos escritores, y otras figuras importantes en la historia de la Biblioteca Nacional o del Museo del Prado. Habla, por supuesto, de las misiones pedagógicas, de los maestros, de los bibliotecarios y archiveros, de los detalles de cómo se archiva, de los tejuelos... 

La prosa es cuidada, tan rica en detalles que te la devuelve muy visual. 

También se merece que subraye la buena ambientación que ha logrado la autora. Gracias a su trama vives en el Madrid de Alfonso XIII, la República y Guerra Civil. Gracias a su prosa asistes como espectador de excepción a todos los vaivenes políticos y sociales de esa época con mucho lujo de detalles en ese Madrid convulso y maltratado. También me ha gustado porque refleja los desmanes que cometieron en uno u otro bando claramente. En una guerra todos cometen crueldades. Está muy bien reflejada la locura, el hambre, la miseria humana. Es una clase de historia.



sábado, 29 de noviembre de 2025

Marina. Noviembre

 



Marina es un pincel, 

es brisa que pinta un escenario, una ciudad, un mundo. 

Marina se cimbrea y es junco. Se ondula y es ola 

serena, plácida, remolona. 

Una ráfaga que se viste de ocre, de emoción.

En esencia es azul el tenue torbellino 

que nos junta y nos revuelve, que viene y va, que se hace esperar.

Marina nos salva de la rutina,

nos regala fresas, nos ofrece risas

y en la orilla de su calma late la danza 

de vivir...

Pues Marina es un pincel, 

un mar de rizos, un ligero viento, una tarde de noviembre 

que crece, 

y crece.




 XI Festival de Danza por la Investigación del Neuroblastoma

Conservatorio Profesional de Danza Carmen Amaya

28 de noviembre de 2025

domingo, 23 de noviembre de 2025

Noviembre en Madrid

 



Mientras se va deslizando noviembre, el corazón 

está tan de mudanza 

como el color de las hojas de los árboles. 

Buscamos el calor que este tímido sol 

nos sisa, 

acercándonos más y más

hasta olernos. 

Dios del cielo raso,

Dios de los cielos anaranjados de noviembre,

cuídanos.


No permitas

que este frío de uñas cortas

se nos cuele entre las tardes, 

entre los rizos,

y arañe las costuras de este frágil corazón. 













viernes, 21 de noviembre de 2025

Réquiem


 

Te merecías unas últimas palabras, tú, que guardabas tantas para mí, que me tatuaste todas las que te pedí.  

Sin parecer un ejemplar único, costoso o de marca, con la infinita sencillez de lo realmente valioso, te has deslizado siempre por cuántas superficies te he prestado, de forma tan sutil, que terminabas bailando con la agenda y los post-it una preciosa coreografía que admiré desde la primera letra.

Mi querido plebeyo de sangre azul. 

Has sido el mejor compañero de trabajo que imaginé, nunca te rendiste ante las adversidades laborales, aguantando, sin una queja, tanto mis horas frenéticas como las tediosas. No contento con eso, generoso, has ayudado a mi, cada vez, más frágil memoria con cuántos recados ha querido cargarte. Y además, has recogido al vuelo teléfonos y citas médicas, feas cifras y un sinfín de embriones de historias que, nunca sabremos si llegaron a buen puerto, pero tú me los devolviste azules, prometedores y eternos.

Mi querido boli, mi leal amigo, cuando otros decidieron extraviarse o secarse, tú escribiste mi vida hasta el último aliento de tu tinta.

Te merecías mucho más que unas gracias y un adiós.

Con la íntima certeza de que poco es para tu sacrificio, siento que te echaré tanto de menos que no encontraré ningún otro como tú. Ninguno. Ni que pasen un millón de palabras.