La farola le ha pedido al dios de Unión Fenosa que no le deje llorar. Desde que amaneció el 7 de enero siente, en su moderna y encogida luz led, la inminente separación. Pero ella cumple lustros, es recia y estirada, fuerte y urbana, no debe llorar. "Será el rocío" contestará a quién pregunte. Las diminutas luces navideñas que colgaron en el árbol cercano, las pizpiretas e intrusas lucecitas de colores a las que tenía tanta tirria a principios de diciembre, lograron con su alegría e inocencia robarle la voluntad. "Maldita sea, gime su corazón de acero, si las voy a añorar y todo..."
El 7 de enero la pompa mágica de la navidad empieza a ser tan grande que está a punto de estallar y deshacerse. Es un día de transición y devoluciones. Le doy el ticket de la ilusión y usted me da el pijama de mi talla correcta. El 7 de enero es el día de las personas prácticas.
San José está encantado de que le devuelvan a la caja con su María querida. Le aturde tanto jolgorio y villancico. Prefiere sus días íntimos, guardados en el trastero, con Jesusito jugando con el papel de bolas que les protege. Recoger el belén es recoger la ilusión.
Cada Navidad transita en un acierto de luces, cartas y regalos. Cada Navidad es un atentado contra los solitarios. El buey del portal bien, lo que se dice bien, solo no se lame, necesita su mula o a otro buey, que los tiempos cambian. Señora Pereza ¿Me ayudaría usted a recoger todos los adornos? No me lo ponga más difícil...
La intemperie de los días iguales asoma en el calendario. ¿Sobrevivirán las flores de pascua? ¿Sobreviviremos a otro rutinario año los pobres tontos a quienes nos gusta la Navidad?


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