Los primeros días del año son puro revoltijo.
Un desorden de caras y voces, de comidas y caldos, de guasap y felicitaciones.
Cuesta encontrarse a uno mismo.
Me he reunido con "mis familias", la propia y las más cercanas, he estado muy acompañada, eso le gusta a mi corazón. Mi alma terminó satisfecha el libro que estaba leyendo cuando acababa el año, el "Afanes sin provecho" de Lorenzo Silva, casi tengo terminada la reseña. Tras las cenas, mis oídos se entretuvieron con el juego de los "Hits" musicales y brincaron de año en año y de canción en canción, entre sonrisas. Y mis ojos, como marca nuestra propia tradición, fueron al teatro. El 1 de enero la vida es puro teatro. Un reto elegir obra para ese día, demasiados condicionantes. Aunque lo cierto es que se dio bien la tarde, aparcamos fácil, encontramos mesa fácil para merendar y la obra que elegimos... Le daré más pensadas.
Los primeros días del año son puro revoltijo.
Un desorden de horarios y sueño, un barullo de salidas y tiendas, un alboroto de cartas, de amigos invisibles, de papeles de regalo.
Mis paquetes, desde sus bolsas, me ruegan con etiquetas lastimeras que los envuelva de sorpresa, que les ponga nombre de pila, que los prepare bonitos. Pero, cansada de los trajines de ser paje, solo acierto a pensar lo difícil que es encontrar la Mirra.
¡Ay! Los primeros días del año... puro revoltijo. Pero los disfruto tanto que, en apenas cuatro días, los echaré mucho de menos.
