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jueves, 9 de julio de 2026

Y si os digo que.... Oscar Wilde

 


Y si os digo que ayer tropecé por Madrid con Oscar ¡¿Cómo os quedáis?! ¡Os lo juro! Y hoy justo hace una semana que volví de Irlanda. ¿Será una señal? 

Me saludó tan contento de verme de nuevo. Y ya me veis a mí, con ojitos de cordero degollado, mirándole pasmada y diciéndole en susurros: "Pero ¿Qué haces aquí?" Y él: "Pues ya ves, que abrieron no hace mucho esta librería y aquí me han colocado y claro no podía negarme... " Y miré a la simpática librera con cierto rencor, no os lo voy a negar. ¿Otra? Somos muchas las rendidas de amor por Oscar, está claro. La competencia es feroz. Ya me doy cuenta, ya. 

En fin, pues que ahí estaba, en una librería preciosa que yo aún no conocía en la calle Agustín de Figueroa, llamada In-Verso y que me gustó mucho. Justo estaba diciéndole a mi amiga que qué pena que otra librería de los aledaños "Amapolas en octubre", que yo sigo por instagram, se estaba despidiendo, como lo hizo no hace tanto "Tipos Infames" y que qué lástima. Pobres librerías, y qué valientes las libreras. Ole por ellas. Menos mal que todavía algunas se abren. 

Pero ¿Y la alegría que me dio Oscar? que me galopaba el corazón en el pecho de pura admiración, mientras desde ahí arriba me miraba de esa forma intensa y socarrona que lo hace él, ¡ay!, eso no se puede ni narrar. Así que para celebrar que hoy hace una semanita que volví de su tierra, os dejo algunas fotos de nuestros encuentros irlandeses, o mejor dicho, dublineses. In-descriptibles. No os digo más. Nos encontrábamos en el parque de Merrion Square, en el pub cercano, en su antigua casa, en el Museo de la Literatura Irlandesa, el MOLI... ¿Se haría el encontradizo conmigo? Que era muy pillín y le daba igual ocho que ochenta... De pensarlo, me tiemblan las piernas. Qué frases dice Wilde, no me digáis... Todas, toditas, me las susurró al oído. Todas. Suertuda que es una. 









domingo, 5 de julio de 2026

Las librerías de Dublín

 


Abrazada a mi ventilador y a punto de empezar otro libro, os cuento, con pura nostalgia, que yo no me podía ir de Dublín sin hacer un recorrido por las librerías que me habían soplado mis revistas de viajes preferidas que eran especiales. "Han puesto una librería, con los libros muy baratos, con los libros muy baratos, con un letrero que dice: aquí se vende barato, aquí se vende barato..."

No me podía ir de Dublín sin comprobar si era tan azul la fachada de "Books upstairs", con su saloncito de te en el balcón de arriba, al que, ooohhhh, solo pude mirar porque no daba tiempo a sentarme y tomarme algo rico. Y dos veces que lo intenté, dos, y no lo conseguí. Tiene delito ¿eh? Pura frustración.




La siguiente fue "Ulysses Rare Books", que chula esta librería también. Mucho más pequeñita pero con solera y especializada en ediciones antiguas del siglo XVII hasta el XX. Con muuuucho encanto. 



Después lo intenté con la "farmacia/librería Swenny`s", que todavía conservaba la estética de farmacia peeeero donde tampoco pude entrar porque justo se iba el dueño o dependiente, por las horas, imagino que a tomarse un café. Así que solo pude admirarla por fuera. Pero no importa, porque justo al lado estaba el Café Costa, o era en el ¿Sol?, donde nos había dicho el guía que ahí encontraríamos nuestro "cortado" de toda la vida. Así que "en plancha" nos tiramos a él a matar las penas literarias y mirar en el mapa nuestro próximo punto. 



Y para terminar, porque no quiero cansaros, os diré que fuimos a "Hodge Figgs", que es más de literatura contemporánea y enorme al lado de las otras. He leído que aquí hay muchas firmas de libros, presentaciones y encuentros con autores. Desde el año 1839 lleva en esta ubicación, muy cerquita del Trinity College y de la Iglesia donde se casó el autor de Drácula, Bram Stoker, y bautizaron a Oscar Wilde. 


A Oscar le he visto por activa y por pasiva en todos los sitios donde estaba. Sí, sí, ¡of course! yo iba a verle, que para eso estaba en su tierra, ya, pues sí, fijaciones que tiene una. Pero eso ya os lo cuento otro día ¿vale?


viernes, 3 de julio de 2026

Irlanda en un junio feliz

 

Suenan siempre las gaviotas en Irlanda. 

Y las ves en cualquier lugar, junto a los grajos y los cuervos, sobrevolando prados de tantos verdes que no sabrías ni nombrar. Revoloteando, también, grises ciudades, antiguos puentes y viejas azoteas.

Tantos años ya queriendo recorrer Irlanda. Deseando volver a Dublín. Pasearla despacio, escucharla con atención, redescubrirla en sus librerías y rincones literarios. Presentar de nuevo tus respetos a Wilde y Joyce. Para después, con los deberes hechos, perderte en el alboroto de voces, en la música contagiosa de sus pubs, en la silenciosa y serena tranquilidad de sus paisajes. 

Suenan siempre las gaviotas en Irlanda. 

Revolotean todas a la vez sobre ríos y acantilados, dejándose llevar por el viento, la lluvia, por este travieso clima que cambia cada diez minutos. 

Sentías Irlanda pesar en la mochila de las asignaturas pendientes, y por fin tu destino y esa tierra amable se entrelazaron de nuevo. 

Ahora esta isla inacabable tiñe otra vez las suelas de tus zapatos mientras destiñe fotografías que parecen multiplicarse solas. Déjala, deja que se pose suavemente. Permanecerá para siempre en los nombres propios, ellos saben quiénes son, que te han acompañado a recorrerla devolviéndotela única, hasta que, intacta, se conserve en la memoria de un junio que terminaba feliz. 

Suenan siempre las gaviotas en Irlanda. 

¿No las escuchas?

Andan alborotadas y chillonas. Llevan en el pico el botín de nuestra gratitud. Llevan tantas de nuestras risas...















sábado, 30 de mayo de 2026

"Cosas inútiles que te contaría" de Rosario López. Reseña Literaria

 


El mes de mayo me he dedicado a leer libros cortitos, no ha sido premeditado, ha salido así. 

De "Cosas inútiles que te contaría" de Rosario López, lo primero que me gustó fue el título, me transmitió esa sensación acolchada que se desprende de las confidencias, de los diálogos, del puro compartir. Escuché una reseña y me apeteció leérmelo porque eran relatos que de alguna forma se comunicaban y quise ver como los había enlazado la autora; y por último, vi la portada, de fondo beige y con ese cactus verde y rosa, y me apeteció más porque me pareció muy delicada, muy limpia. 

Venía el día del libro y ese día lo busqué por las grandes superficies y alguna librería más pequeña de Madrid. Imposible. No estaba en ninguna parte. Días después, paseando por Huelva me fui a descubrir a librerías y di con una que, no solo tenía un exterior muy elegante, azul y de madera, sino que por dentro parecía bastante completa. Entré, por supuesto, y lo pedí con el convencimiento absoluto de que no estaría porque iba a ser una casualidad. Y ¡zas! ahí estaba, en la librería Saltés. ¿Quién me lo iba a decir? Se vino a vivir conmigo a Madrid y allá adonde fui. Y al final, el libro viajero acabó en Lanzarote y me lo leí en dos tardes de playa. Menudo periplo el de este libro ¿verdad? 

Apenas cien páginas y ocho historias. Ocho monólogos contados por mujeres. Se pueden leer por separado, pero la verdad es que procede leerlos seguidos y descubrir quienes van siendo las que cuentan su historia porque todas están conectadas. Ocho historias sobre la pérdida, el duelo, la soledad, el vacío... Sí, de primeras, no parece muy atractivo en según qué días el tema. Pero no es triste ni lacrimógeno. Está escrito con una prosa cuidada, casi siempre de frases cortas, concisas, y en primera o segunda persona. Por otra parte, está salpicado de fotografías desenfocadas de Patricia Lodín. Lo cierto es que a esos monólogos los empastan muy bien esas imágenes tan poco nítidas como las historias, difusas, a medias, sin saber cual va a ser su final. 

El primer relato creo que fue el que más me llegó, lo escribe una mujer a la que su marido, psiquiatra, se ha suicidado. ¿Cómo se lidia con eso? Después hay más ausencias, de una madre, de una hermana, de una vecina de piso de una pareja... Hay tan pocas personas acompañando a las que cuentan su historia como certezas en este volumen de relatos, hay mucho vacío y muchas mujeres que tienen que volver a aprender a vivir tras la pérdida o ausencia. Y sobre todo, lo que hay, es muy poca comunicación de esas personas con las de su alrededor. Creo que ese es el tema, en definitiva. No es un libro triste y está bien escrito. Pero, claro, con ese tema, la verdad es que salí de él con ganas de una historia con muchos diálogos. 


viernes, 27 de marzo de 2026

"El niño que he sido" de Jesús Montiel. Reseña Literaria

 



"La escritura es ahora el único lugar donde me encuentro a salvo del diablo y su soplido. El ladrillo de la casa del tercer cerdito". 

Y qué diferente el libro anterior que me leí que éste que os tengo que reseñar ahora. Aunque me hayan gustado los dos. Porque aquí una servidora buscaba otro libro de este autor, de Jesús Montiel. Uno que nunca encontré en las tres o cuatro grandes librerías que pregunté. Y cuando ya iba cabizbaja y más que cabizbaja reptando por la última librería, va la protagonista de estas reseñas y descubre éste y, claro, comprenderéis que no tuve más remedio que llevármelo.  

La fotografía de la portada, en blanco y negro, con ese niño con una paloma sobre su cabeza mirando por la ventana, de la fotógrafa Marcelle Vallet, unido a ese título "El niño que he sido" y sumado a la editorial Pre-Textos, no se podían equivocar ¿Verdad? 

Y así ha sido. 

Me lo he leído en un par de horas, tiene unas sesenta páginas, aunque tiene tantas imágenes que podrías hasta tocar, tantas frases que hay que saborear de lo bellas que son, que terminas por leerte dos veces la mayoría de los párrafos. ¡Ay! si me leyeran mis compañeros poetas de tertulia, que se empeñan en leer cada poema dos veces... 

"Nada más parecido a un copo de nieve que un niño introvertido". "Los árboles son poetas sin vacaciones.".      

Es una mirada a su infancia muy conmovedora. Escrito con un lenguaje absolutamente poético, llenito de imágenes literarias y recuerdos pasados por el tamiz de la literatura con tanta sensibilidad que parecen pequeñas joyas. Prosa poética de calidad en pocas páginas pero que te deja un poso importante, un eco muy largo dentro. Es una escritura muy delicada, elegante, rica. Lo peor, lo único malo, es que llegas a la última página. 

"En una foto de la abuela, mi hermana mayor me estrangula junto a esa fuente, mientras se ríe, queriendo abrazarme. Nunca he sido asesinado de un modo tan entrañable."                                                                 

jueves, 7 de noviembre de 2024

"Mi pequeña librería" de Máximo Huerta. Reseña literaria

 



"Esos son los libros más luminosos, los que dejan un silencio final cuando los terminamos. La respuesta es asombrosa, los libros que nos callan, los que apagan la sala de estar, los que aún sobre la mesa o en nuestras manos dicen o miran. Nos dicen y nos miran. "

Yo nunca había leído a Máximo (o Máxim) Huerta. Es verdad que no me perdía nunca su sección en los programas radiofónicos de Carles Mesa y me gustaban bastante. Era muy instructivo en lo que contaba, que casi siempre era de palabras y de escribir, y muy natural él hablando. Pero, en cambio, no sé por qué nunca lo había leído. 

Pero ya está. Me he leído "Mi pequeña librería", su último libro en un pispas, porque cierto es que no tiene muchas páginas, ciento y pico, pero es una delicia. En este libro narra cómo empezó su gusto por la lectura desde niño y cómo nació la idea de montar una librería en un antiguo horno en su ciudad natal: Buñol (Valencia).

Es todo un homenaje a la lectura, a los libros, a escribir, a los escritores (en especial a Ana María Matute) y, por supuesto, a las librerías. 

He subrayado muchísimos párrafos, tanto, que es imposible poder transcribirlos todos. Cuánto me gustaban algunos de ellos, se podían casi saborear. Se mezclan en su prosa tanto retazos de su vida con el amor a la literatura. Nos cuenta de su infancia, de las enciclopedias que le compraban en casa, de los libros que sacaba de la biblioteca, del primer pinchazo de amor, de su gusto y querencia por los personajes que todos recordamos y de la debilidad por las palabras, de cómo nació la idea de abrir una librería en su pueblo, de la búsqueda de local, de las obras interminables, de la inauguración, del amor con mayúsculas por las letras. Hay muchísimos guiños a personajes y libros, guiños que de pronto te trasladan volando a esa historia. Viajar, como bien dice el autor, leer es viajar y en este libro viajamos muchísimo.

Es una prosa muy rica la del autor, muy cuidada, muy elaborada. Me gusta el apartado que hace de cartas que escribe, creo que a otros personajes suyos, aunque claro como yo no he leído sus novelas no sé quiénes eran. Pero no importa, porque de siempre me gusta mucho el género epistolar y el autor sabe cómo transmitir intimidad y complicidad con él. Otro aliciente para leerme sus anteriores historias. Además "Mi pequeña librería" está salpicado de sus dibujos elegantes. Este libro es una mezcla entre biografía y ensayo, y la prosa va fluyendo sola como llevándote a un lugar tranquilo, su ritmo es pausado pero sin decaer en ningún momento, siempre y cuando compartas ese gusto por lo literario, claro. 

Y el final, con ese último diálogo, retomando un hilo que había dejado atrás, me ha encantado. 

La he disfrutado mucho. 


"Todo en la vida es esperar. Penélope bordando para hacer tiempo, como si el tiempo se pudiera hacer. Ojalá. Esperaba nervioso Gatsby a que se encendiera la luz verde al otro lado de la bahía, y Aureliano frente al pelotón. También lo hacía el viejo ante su mar, o el cartero de Pablo Neruda. Y esperaba el pueblo a ver a su rey con el nuevo traje. Esperaba el viejo que leía novelas de amor escondido bajo la barca, esperaba Alatriste como caía la noche, esperaba el muerto de Diez Negritos en su habitación mientras cayendo otros, esperaba la abuela a Caperucita con su cesta a que cruzara el bosque, esperaba la Maga en el Pont des Arts, esperaba el Aleph, esperaba el amante, esperaba la amada. Esperaba el ciprés la hora de la sombra, esperaba la portera a la niña, esperaba el niño con el pijama de rayas.

Cierto es que todos estamos esperando, como todos los familiares en aquella sala de postoperatorio. Pero seamos sinceros, ¿Quién no está a la espera? la vida es una secuencia de esperas. Bien sean individuales, bien colectivas. El país espera que se acabe la crisis, el edificio espera a que venga el técnico del ascensor, la vecina del quinto espera a que llegue la compra, el encargado del supermercado espera que no le vuelva a tocar ese domicilio, el portero espera al de Correos porque así podrá cerrar y sentarse con su familia a comer en la pausa de dos horas que le corresponde, la mujer lo espera con la comida caliente, el hijo espera que no vuelva a hacer lentejas, que las odia, el padre espera que salga mejor estudiante que la hermana mayor, la hermana espera... "


"Siguen amargas las almendras como los amores contrariados? ¿Sigue orgullosa y altiva Fermina Daza? ¿Qué tiempo hace ahora en Vetusta? ¿Nos espera Ana Ozores con ese halo de aburrimiento y soledad? ¿No anhelamos algo mejor, como ella?"

sábado, 17 de agosto de 2024

Sissí y más en Ginebra.

 



Yo no sabía de su obsesión por el físico, la dieta y el ejercicio, cuando de niña devoraba todos los libros de Sissi de la colección Historias Selección de Bruguera. Mientras mis hermanos leían a Julio Verne yo iba aprendiéndome la vida y milagros de aquella vistosa Emperatriz y Reina de Hungría. Pero no sabía de su vida desgraciada y su luto perpetuo, de su incansable viajar y de que en uno de esos viajes, cuando iba a tomar un ferry en Ginebra, tuvo la mala fortuna de cruzarse con un anarquista (¡abajo la aristocracia!) que le clavó un estilete muy fino en el costado. Ella apenas lo advirtió pero, al cabo de las horas, aquel estilete terminó por causarle la muerte. 

Todo esto, que no sabía, fui sabiéndolo después cuando a aquellos libros le sucedieron otros que, también hablaban de ella, aunque de forma más real. 

Por ello cuando fui a ver su escultura en la ciudad que la vio morir no me extrañó, tanto como a otros, que la hubieran hecho tan delgada y oscura. Y también por eso me gustó Ginebra. 

Me gustó, además de por su chorro de 140 metros de altura que divisé desde el avión cuando ya volvíamos a casa, de su concurrido y bullicioso lago, o de su muro de los Reformadores, con los personajes más famosos de la reforma Protestante.

Ginebra, entre Suiza y Francia, se me descubrió como una ciudad que se pasea muy bien y tiene un elegante casco histórico de callecitas empedradas y vetustos edificios con mucha historia, incluso literaria. Le presenté mis respetos al Sr. Ferdinand de Saussure, padre de la lingüística. Y a Borges que también murió en ella. Fui a conocer alguna que otra biblioteca y sus preciosas librerías. 

Pero, desde luego, no pude irme de Ginebra sin volver a su lago donde está la verdadera Sissí.

Mis viejos libros me habían dado muchos recuerdos para ella. 

A los libros no se les puede defraudar, y a quién de verdad fuimos mucho menos aún.  














viernes, 12 de julio de 2024

La librería Desnivel de Madrid

 


Un poco por casualidad y otro poco porque mis domesticados pies siempre me llevan a las Cuevas de Alí Babá, mis compinches y yo recalamos en la Librería Desnivel de Madrid

Espero no ofender a nadie si digo que es una de las librerías más chulas de mi ciudad, enclavada en pleno centro del barrio de Las Letras.

A mis compinches les gusta tanto leer como a mí, de lo cual me alegro infinitamente. Aunque sus gustos guardan la ilusión por la fantasía, incluso salpicada de romance, para una más tórrido y para la otra más templado, o se inclinan irremediablemente al descubrimiento de parajes más científicos que quedan a años luz de los míos. Pero leen, qué gusto, y aún pueden aprovechar esas siestas interminables del verano, que yo recuerdo con verdadero placer, devorando libros. Y aunque sus universos literarios son otros, a los 16 y a los 19 les queda tanto por disfrutar de la compañía de un libro o de la evasión que siempre te regala, que me conmueve y alegra. 

Al resguardo de su vientre fresco forrado de páginas, disfrutaron tanto como su tía de esa Cueva de Alí Babá, que es la Desnivel, mientras fuera atizaba ya un julio inclemente. No pudimos encontrar mejor refugio. Sus tesoros a modo de enorme brújula, piolets aquí o allá, una antigua guillotina de papel o un mural precioso que la ilumina desde el fondo nos dejaron a las tres hipnotizadas. 

El mundo se ensancha, se enriquece, se vuelve promesa de nuevos horizontes dentro de esta librería mágica llena de mapas y aventuras por descubrir.

¿Y quién no quiere que su universo se ensanche?















sábado, 25 de mayo de 2024

Irene Vallejo en Málaga. Mayo 2024

 



Era mayo y yo había ido a pasar cinco días a Málaga. Quería ir a ver algunos de sus múltiples Museos y disfrutar del sol y la playa. Qué ciudad tan completa. Pero acabé estando en más lugares para reseñar.

Aquella tarde noche teníamos reserva para hacer una visita guiada por Málaga titulada "Misterios y leyendas de Málaga" o algo parecido. Sin embargo, a la salida de una de sus librerías, vi en la puerta un cartel donde se anunciaba que esa tarde en el Museo de Málaga Irene Vallejo presentaba la segunda edición del cómic de "El infinito en un junco". 

¿Hoy? ¿Esta tarde? ¿Aquí? ¡Y ahora ¿qué?! Buf. El maravilloso don de la ubicuidad aún no lo he alcanzado y mira que habré yo clamado al cielo y a todas sus divinidades por él. Recoloqué la vida en mi cabeza como si fuera el cubo de Rubik, compartí las dudas, los pros y los contras, y finalmente llamé la agencia para "llorarles" y ver si había posibilidad de cambiar la visita para el día siguiente porque ¡Compréndanlo! Irene Vallejo aquí ¡y yo también! Total, tres cuartos de hora antes de la hora prevista para la conferencia hacíamos fila para entrar porque nos avisaron de que estaría "petadísimo", tal y cómo comprobamos que realmente estaba. Mucha gente se quedó sin entrar pero ahí estaba yo, con sonrisa triunfante, en un rinconcito dispuesta a disfrutar de un diálogo que prometía ser muy interesante sobre uno de mis libros favoritos.

Siempre tengo tentaciones de releerlo. Lo leí en los ratitos de sobremesa de la pandemia. Siempre me acuerdo de aquella primavera, antes de volver a mi mesa del ordenador a teletrabajar por la tarde, leía en el patio, al sol, unas cuántas páginas de "El infinito en un junco". A sorbitos, porque el libro con sus casi quinientas paginitas, por mucho que nos gusten los libros y sus historias, no es para darse el atracón. Es un libro para saborearlo, para descubrir y aprender, disfrutando a ratos de cada pequeña explicación, cada mínima historia que contribuyó a la andadura de la lectura. 

Era mayo, era Málaga, y mereció la pena el cambalache. Qué interesante la conferencia, cuánto cuenta Irene Vallejo, qué instructivo y ameno todo lo que se habló. Qué entretenido ese diálogo con Rocío García, profesora de Universidad. Y cómo se luce la vida cuando tantas cosas buenas se juntan: un destino, el tiempo libre, una siesta en la playa y después, el escritor de uno de tus libros de cabecera ahí, tan cerquita, al alcance de la mano para enriquecerte el día.







jueves, 14 de marzo de 2024

"La mujer de la libreta roja" de Antoine Laurain. Reseña literaria

 


He terminado de leer "La mujer de la libreta roja" volando. 

Se trata de una de esas historias de "aquí va a pasar algo bonito" que tiene su parte original y lo mejor es que, en mi opinión, no llega a ser empalagosa con los sentimientos. 

Es una novela corta y amable, que cuenta la historia de un parisino Lauren Letellier. Un librero que una mañana cualquiera se encuentra un bolso malva de mujer abandonado en un cubo de basura. Dentro del bolso no encuentra nombre ni dirección de la dueña pero a base de mirar los objetos que contiene, y sobre todo tras leer lo escrito en una libreta roja donde la mujer iba anotando listas de sus pensamientos, da comienzo su búsqueda, decidido a devolvérselo. Al mismo tiempo la dueña del bolso, a quién el ladrón, al arrebatarle el bolso le ha dado tal golpe que le ha dejado en coma, está en un hospital ingresada ajena a todo. 

Estamos ante una historia ambientada en París, en la actualidad, y según lo vas leyendo respiras su ambiente elegante de cafés con su terracita, el atractivo innegable de sus preciosas librerías y edificios señoriales. La ambientación justa para sentir que haces una escapadita a la capital del país vecino. Está bastante lograda.

Yo lo he leído con mucha tranquilidad. Tiene un ritmo pausado pero fluido, los cortos avances en la trama logran que se mantenga la curiosidad por saber, según iba acercándose el librero a su misteriosa dueña del bolso, cómo al fin lograría llegar a ella. Ya casi al final tiene un punto de giro y es curioso ver cómo lo resuelven.

Una novela escrita con una prosa sencilla, con un narrador en tercera persona, donde además el autor ha ido intercalando los diálogos entre la prosa, creando una suerte de estilo indirecto al irlo contando.

No es una novela trascendental ni trepidante, es ligera, simplemente una lectura agradable, con encanto, que te deja un poso de bienestar al terminarla, lo que de vez en cuando viene muy bien para descansar entre lecturas más densas o sesudas. A mí me ha entretenido la historia de estos personajes típicamente parisinos, no son unos jóvenes atolondrados, son una pareja de unos cuarenta años y profesiones interesantes, bien perfilados en su madurez y experiencias, que viviendo esa historia curiosa consiguen transmitirte, que si fuera el día está tormentoso y feo, haces muy bien en arrebujarte entre las páginas de un libro para pasar un rato más grato. 

 

viernes, 23 de febrero de 2024

"La historia de los vertebrados" de Mar García Puig

 



Acabo de terminar "La historia de los vertebrados" de Mar García Puig y me ha gustado bastante. 

"El 20 de diciembre de 2015 me convertí en madre y enloquecí".

Cuenta este libro justo lo que dice la frase anterior: la autora nos cuenta como enloqueció a raíz de haber sido madre de unos mellizos prematuros: Sara y David. Fue ser madre y comenzó la obsesión con la muerte, con el peligro constante de que pudiera ocurrirles algo, con cada manchita de la piel, con cada tos, con todo. Porque de pronto todo es susceptible de fragilidad, de vulnerabilidad, de lo peor. ¿Depresión post-parto, brote psicótico, locura?

La autora en ese momento vital también coincide con ser diputada por Barcelona en el Congreso por "En Comú Podem". Y ya la vida trata de ir conjugando la maternidad con la política, y además con la locura. 

"Cuando entré en el Congreso, tomé una decisión. en todas mis intervenciones hablaría de dos cosas, mujeres y libros. Porque género y literatura son tan transversales a todo lo que hago, y a lo que respiro, que no puedo sustraerme a ese imperativo. Un día debatimos una proposición no de ley acerca de salud mental, y me toca a mí fijar la posición de mi grupo en el pleno. Y ese día más que nunca sigo ese precepto, y saco porcentajes de mujeres castigadas con la locura, y versos de las que tuvieron la oportunidad de dejar constancia. Cuando acabo mi discurso, un diputado de implecable traje y corbata me afea mi voluntad de meter el feminismo en todo. "Esa manía tuya" me dice..."

La autora al ir contándonos su propia experiencia hace múltiples referencias a otras escritoras que han tratado literariamente el mismo tema de su locura u obsesiones como Sylvia Plath o Silvia Mistral o Anne Sexton y otras poetas y autoras. Puesto que entiende que abandonarse al lirismo y hablar desde él, quizá sea la única forma posible para comunicarse desde la vulnerabilidad que impera en ocasiones como ésta. 

"El psiquiata W.W. Godding, preocupado por el estigma de la locura, aconsejaba a las familias que no hospitalizaran a las mujeres que sufrieran de locura puerperal: "Aunque la recuperación sea rápida habrá estado loca, y esto nunca lo olvidarán sus amigos o sus hijos -escribió-; de ahora en adelante hay un cierto temor a lo que pueda ser en el futuro, un esqueleto en el armario, no mencionado pero siempre ahí.". Sé que ese libro que empiezo a imaginar será mi esqueleto en el armario, y probablemente el de mis hijos. Pero también pienso que de algún modo he contraído una deuda. Porque si tengo algo de fuerza para encarar este verano, ha sido gracias a la palabra impresa. Siento que tengo yo también el deber de alzar mi voz, aunque sea torpe."

La autora, no solo hace una autobiografía de su periplo vital durante ese tiempo, sino que elabora un exhaustivo ensayo de la historia de la salud mental de la mujer. No solo busca el desahogo de la palabra escrita, su consuelo, sino también el reflejar lo que ha supuesto el parto para muchas mujeres a lo largo de la historia de la maternidad. 

Es un ensayo donde hay mucha investigación detrás, mucha documentación. Hay medicina, arte, literatura, mitología, historia... Pero también hay esa parte de biografía que te lo hace menos teórico, más humano.

"Para mí Tomas era y es el hombre brillante, el de la percepción aguda, el ingenio siempre a punto, un poco intelectual en el que me habría instalado de por vida. 

Finalmente, ese día en que marcha a casa de su madre llegará, y un par de meses después, cuando ya haya encontrado piso, me avisará de que vendrá a llevarse una de las librerías y algunas cosas más. Yo me iré a un bar al lado de casa para no presenciar el derrumbe del hogar, de la familia nuclear, de lo que había querido ser y no pude conseguir. Pediré un café y mientras lo tome sentiré uno de los dolores más profundos que haya experimentado jamás..."

A mí me ha parecido una lectura muy interesante, muy rica tanto la prosa como el contenido. He subrayado muchísimos párrafos, los he releído después más despacio. Pero lo que me entristece es que no he sido capaz de retener toda la información, ni tan siquiera la cuarta parte. Una pena. Pero reconozco que he disfrutado mucho mientras lo leía, porque me estaba interesando bastante todo lo que me contaba a propósito de la salud mental. 

También me ha gustado mucho la portada y el título, me parecen de lo más atractivos y adecuados para el tema del libro. Son muy sugerentes ¿verdad?

 

sábado, 11 de noviembre de 2023

11 de noviembre. Día de las Librerías. Librerías del mundo

 

Cordes Sur Ciel


La cueva de Alí Babá 
donde brillan cuántos tesoros querría poseer.
El refugio y la calma cuando la vida pinta mal.
El maravilloso laberinto
donde no existe el momento ni la salida.

El grato lugar donde esperan mis otras vidas,
donde conoceré personajes 
con quienes habría deseado coincidir
en la vida real.

El mágico espacio
donde no existen los relojes,
ni las borrascas, ni el viento.
El negocio que yo montaría,
al que te invitaría a asociarte,
y en el que, además, te rogaría vivir.

Mi adicción confesable
mi querencia
donde pierdo la voluntad
y me traigo a casa
la eterna
salvación.


Hoy 11 de noviembre: Día de las librerías. 

Y para celebrarlo y que sirva de homenaje a mis refugios preferidos, aquí os traigo una selección de algunas con las que he tropezado en este verano. 

La azul cielo y preciosa de libros usados de Cordes sur Ciel, la abovedada de Burdeos a la que nunca entré, la azulona que estaba cerca del Instituto Cervantes. Qué elegantes son las librerías de Francia. La casita de Corfú donde compartimos con los amigos aquel café mientras el gato repanchigado dormitaba, la de los murales tan chulos y caros del Lago de Garda, el refugio lleno de fotos de Cortina de`Ampezzo, y en la que se alojó Napoleón de Bassano del Grapa...

Mágicos espacios donde no existen los relojes, ni las borrascas, ni el viento.


Burdeos


Burdeos





Corfú


Corfú


Cortina D`Ampezzo


Cortina D`Ampezzo