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viernes, 6 de marzo de 2026

"Tres noches en Ítaca" de Alberto Conejero. Obra de Teatro en el Matadero de Madrid


Da gusto llegar al teatro y tras ver que no cabe ni un alfiler, disfrutar de ese ambientillo previo de cuchicheos mientras el público va ocupando sus butacas, con ojos de pura expectativa y la ilusión aún intacta. 

El domingo último en la Nave 10 del Matadero de Madrid estuvimos viendo "Tres noches en Ítaca" de Alberto Conejero. 

El argumento nos cuenta de tres hijas que acuden a la última casa de su madre en Grecia. Con alguna lleva tiempo sin hablarse. Tres hijas que se llaman Ariadna, Penélope y Elena, que están entre los 40 y los 50 años y que se enfrentan al descubrimiento de quiénes son, de alcanzar la madurez, de vivir ya sin esa madre, profesora de griego, que quiso "desterrarse" veinte años atrás para irse a Ítaca. 

Qué curiosa la puesta en escena, cómo se repartían las acotaciones propias del teatro y las verbalizaban las actrices que no tomaban el protagonismo de la palabra. 

Qué tranquilidad la de su escenografía con ese decorado blanco, ese mar con sus barcos, esas siete cabras y un gato, todos elementos que contribuían tan eficazmente al ambiente propio de Ítaca para la reflexión. Me gustó por eso, por lo que guardaba de interiorizar, de invitar a la intimidad, a tratar el delicado el tema de las relaciones familiares, de recordar, de ver nuestras expectativas de ayer, de hoy, de cerrar heridas, de mirar hacia adelante con esperanza. 

Interpretan de forma muy natural las tres actrices: Marta NietoAmaia Lizarralde y Cecilia Freire. Da gusto creerse que estás ahí, sentir todo lo que nos cuentan. Aunque debo decir que a una de ellas la escuchaba peor que las otras dos, porque yo estaba sentada en la última fila, la novena porque es una sala con pocas filas, pero en una esquina, y entonces cuando se iba hablando justo a la otra punta del escenario tenía yo que estar ahí súper concentrada para no perderme alguna frase... Entre eso y las toses que despierta este Madrid alérgico y primaveral... en fin. Pero pelillos a la mar mediterránea, en este caso, al Mare Nostrum, mejor dicho. Salí contenta del teatro. 

El teatro bien hecho desde que la historia está en el papel hasta que se representa en el escenario, tiene tanto mérito... Cómo para no valorarlo. Asignatura pendiente: leer más a Alberto Conejero.  



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