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domingo, 2 de agosto de 2026

El castillo de San José en Arrecife o MIAC Museo Internacional de Arte Contemporáneo

 

"La mirada de Cesar" y al fondo el castillo de San José (Arrecife)


Siento este verano interminable, con este ir y venir de olas calurosas que no permiten tregua, y supongo que también porque me escapé a Lanzarote allá por mayo y con eso di por comenzada la estación. 

Qué gusto volver a recordar Lanzarote: Cuánto me gusta esa isla. Me estoy dando cuenta de que me faltan muchos rincones que contaros. A pesar de ser la tercera vez que visitaba la isla, me descubrió lugares que yo aún no conocía, como sus castillos. Coincidiendo con nuestro viaje, el 18 de mayo se celebraba el día de los Museos, y aprovechamos para visitar el MIAC o Museo Internacional de Arte Contemporáneo que se aloja dentro del Castillo de San José en Arrecife. 

Se trata de uno de los cuatro castillos de la isla, y fue construido en el siglo XVIII, por un lado como fortaleza defensiva contra el ataque de los piratas y por otro para dar trabajo a la población, pues a causa de las erupciones del Timanfaya se había extendido una hambruna. Es bien de Interés Cultural, se renovó en los años 70 y su interior fue diseñado por Cesar Manrique, que había nacido en ese barrio. ¿Qué no hizo este artista por su isla?

Me gustó mucho, era como un oasis de frescor a esa hora de la siesta en la que fuimos. Tiene mucho arte abstracto, escultura moderna, Tapies, Miró... Y hay una sección dedicada a un artista canario que yo no conocía: Pancho Lasso, muy interesante. Y bajo el Museo, descendiendo por una escalera en espiral descubrimos que tenía un restaurante con vistas al puerto y los muelles, muy tranquilo y concurrido a esas horas de café. 

¡Ay! quién pudiera hacer otra escapadita, ahora. ¿Verdad?













sábado, 19 de octubre de 2024

La Cerdeña de Interior: Nuoro, Orgosolo... y un perfecto día de pastores

 


 

Abrí la nevera con la ingenuidad de Caperucita y ahí dentro estaba el lobo disfrazado de salchichón, preparado para saltar sobre mis recuerdos, hacerles la zancadilla y empujarme por un precipicio de nostalgia. 

El nuevo salchichón trajo otro. Hacía solo un mes pero parecían tres. Un salchichón sabroso cortado en rodajas y acompañado de aquel queso que se deshacía en la boca, aquel crujiente pan de pueblo y el vino tinto de un almuerzo típico de pastores que hicimos cerca de Orgosolo, el pueblo de los murales. Qué chulos eran ¿verdad? Chulísimos.

Aunque eso había sido después del Museo Sardo de Nuoro donde aquella guía buenísima nos lo iba explicando todo con tanto detalle y tanta naturalidad. Daba gusto escuchar. Quédate con nosotros todo el viaje, anda, quédate. 

Pero con una sonrisa más nos llevó solo hasta el salchichón. 

Y volvió aquella bandeja de madera sobre las rodillas, podéis repetir cuántas veces queráis: el embutido, el queso, la carne, todo regado por aquel vino, una vez y otra, y ahora el melón antes del dulce. Oh, qué rico todo. Volvieron aquellos bancos corridos en pleno pinar donde nos hicimos hueco, unos a la sombra y otros al sol, volvió aquella sorpresa que supuso nuestra redención tras tanta pasta, comida y cena, comida y cena. Volvió aquel sabor a tradición, a sol, a pino, a canción. Volvieron nuestras risas espontáneas y la complicidad de un día de campo en Cerdeña, un día perfecto de viaje en Cerdeña. 

Maldito salchichón, bendito lobo. Maldita nevera, benditos los recuerdos conservados al frío que te sacan de la templada rutina.

Pura nostalgia de la Cerdeña de interior.














domingo, 7 de julio de 2024

Navagalamella y Fresnedillas de la Oliva.

 

 El que más o el que menos sabe eso de que "como es viernes nos tomamos unas cañas". Y luego las cañas se alargan y alargan y alargan, y se termina viendo amanecer mientras corres para pillar "el búho" que sale de Cibeles, o casi que ya el primer bus de la mañana que ya no puedo correr más. 

Eso hacíamos nosotros cuando nos conocimos, quedar para ver amanecer. Ahora, diez trienios después, porque nos conocimos en un Ministerio, lo hemos hecho tan bien que seguimos quedando pero ya para ver atardecer. 

Supongo que sí, que hemos cambiado. Pero no tanto. En el fondo, hay mucho de lo que éramos en este grupo de amigos que conservo desde mis primeros años de funcionaria. Porque uno va haciéndolos por donde pasa, inevitablemente, pero lo mejor es que pasados "taytantísimos" años después, con lo diferentes que somos cada uno en su vida, sigamos inventando quedadas para pasar unas horas juntos y ponernos al día. 

Jose, casi siempre, dice que ya toca. Luis, esta vez, puso generoso el coche. Isabel reservó para comer en un sitio que nos encantó, y yo les ofrecí el itinerario. Vale, sí, me lo llevé para lo cultural, no lo pude evitar. Lola vendrá a la próxima. Y el otro Jose... cualquier día también; o no y vamos a verle "pinchar" su música. 

Esta vez tocó Navagalamella y su museo de la Mujer en la guerra civil, su Iglesia y sus búnker. Y después Fresnedillas de la Oliva con su Museo Lunar y sus murales. Una gozada de día en la que el tiempo se lució y nos regaló poco calor. Os contaré, lo que se puede contar, y recomendaré mejor y más despacio en otras ocasiones. Pero hoy solo un pequeño resumencito de un día de turismo por la provincia de Madrid con mis amigos del Tajo. Ya ninguno tiene el cargo que tenía, y ni tan siquiera trabaja allí pero esos somos. Mientras, detrás de cada foto juegan al escondite nuestras voces, los retazos de la conversación, las risas. Solo tengo que mirarlas, y vuelven corriendo para devolverme el momento y darles vida.

Va por vosotros. Para nuestro particular calendario y recuerdo. 

La champi.


















martes, 17 de octubre de 2023

"Museo arqueológico" de Corfú

 

 

Hubiéramos buscado el momento de visitarlo, porque era uno de los Museos imprescindibles de Corfú. El Museo Arqueológico, junto con el de Arte Asiático, venían indicados como los mejores en todos los folletos. Pero además, la DANA que habíamos esquivado al salir de España había corrido tras nosotros hasta Grecia, y aunque afortunadamente nos tocaba en la isla un poco de refilón, nos dejó dos días grises y lluviosos que nos chafaron los mil y un planes de islas y baños. 

Seguramente por eso adelantamos la visita, y aquella tarde recalamos en el Arqueológico nada más comer, bajo una lluvia impenitente que nos animaba a tomarnos el paseo entre "las piedras" con toda la relajación del mundo. Al fin y al cabo, como decía Gila, en Grecia ya estaba todo roto.

Había muy poco público y el Museo se presentó silencioso. Nada más entrar sonreímos, no era demasiado grande, era espacioso pero muy acogedor. Un refugio que con gusto pasearas despacio, cada uno a su ritmo, disfrutando perezosamente de las piezas. 

El frontón que representa a Medusa del templo de Artemisa, que anunciaban aquí y allá, nos esperaba al final de la segunda planta. Era imponente. Casi Majestuoso. Mereció la pena. Habría sido chulo haberlo visto colocado en su templo, ese hallado durante las guerras Napoleónicas. Aunque tampoco estaba nada más el lugar privilegiado que ocupaba en el Museo donde tenía toda una sala para él solo, para disfrutarlo entero. 

El resto de las piezas que se pueden ver aludían a distintos ámbitos de la historia de la ciudad de Corfú: los usos funerarios, la religión, la economía... Nos llamó la atención una vasija donde dentro se podían ver restos de un enterramiento infantil, también el rostro cincelado con cuidado de los personajes que nos habían enseñado los libros, mostrandonos su eterna expresión pensativa. 

Aquel fue el lugar elegido para esas fotos especiales, para las que lucen solas en una página de los álbumes. Allí queda el recuerdo del grupo que formábamos, de las conversaciones que tuvimos en voz baja, de las risas y momentos que vivimos. 

Pero esas cosas, como tantas, no se cuentan, quedan para uno. Para uno que, en su interior, se alegra de haberlas vivido.

 

Corfú. Museo Arqueológico. Septiembre 2023



















martes, 4 de abril de 2023

La Estación de metro de Chamberí de Madrid

 


A veces ocurren carambolas y, de pronto, ves fila en un lugar donde intentaste entrar otras veces. No es raro, en Madrid hay muuuuuuchas filas, pero es lunes y tú habías visto que solo se abría los fines de semana, así que, como eres carne de "visita guiada", preguntas si se puede entrar... Y te responden con otra pregunta: "¿Teneis entrada?" "Pues no". Y piensas "Nada que esta vez tampoco entramos". Sin embargo te contestan. "Esperad cinco minutos ahí". "¡Toma!". Y al cabo de los cinco minutos prometidos nos permiten entrar y unirnos a una visita guiada que no sabes ni de dónde vinieron pero ¡ay! qué oportunamente cayeron del cielo éstos un lunes. Total que os quedais tan contentos porque a veces ocurren carambolas. Y ¡habemus visita guiada! de la Estación de Metro de Chamberí.

La primera línea de metro de España fue la de Sol-Cuatro Caminos, la línea 1, y la inauguró el Rey Alfonso XIII en el año 1919. Entonces tenía solo 8 estaciónes, los trenes eran de cuatro vagones y no llegaba a cuatro kilómetros su recorrido.  Claro, en metro tardabas diez minutos en el mismo trayecto que en tranvía era casi media hora, con lo cual dió comienzo el principio del fin del tranvía. 

Pasados cuarenta años, en los años 60 había subido mucho la afluencia al metro. La línea 1 se quedaba pequeña, y ampliaron el número de estaciones. También se plantearon la reforma de las estaciones para que pudieran caber metros de seis vagones, en vez de cuatro. Pero, por otra parte la estación de Chamberí estaba muy cerca de las de sus lados, la de Iglesia y la de Bilbao. Y si se hacían más grandes, todavía más cerca iban a estar. Así que se decidió que no merecía la pena tanta inversión, cuando se hacía en un paseíto el recorrido. Y la pobre sacrificada fue la estación de Chamberí que se decidió clausurar. 

Era el mes de mayo de 1966 y así se quedó.

Visitarla ahora, pasado el tiempo, es volver al metro de los 60, volver a ver el diseño que hizo Antonio Palacios (el mismo que diseñó el edificio de Correos o Ayuntamiento de Madrid, el del Instituto Cervantes, o Círculo de Bellas Artes). Es contemplar esas estaciones recubiertas de azulejos blancos, y azulejos sevillanos alrededor de los grandes carteles publicitarios también de cerámica. Esos carteles grandes que se crearon en los años 20 y ahí continúan. El lucernario para que entrara la luz en el techo, las taquillas de entonces, los planos del metro en las paredes, las papeleras donde había que tirar los billetes usados, la manta del jefe de estación para cuando alguien se cayera a la vía...

Yo ya había estado, pero mis sobrinas no, aunque lo habíamos intentado varias veces. 

Qué bien sienta cuando la vida te tiene reservadas estas gratas sorpresas. 

 











viernes, 20 de septiembre de 2019

Museo del Vasa en Estocolmo



Tras 333 años bajo el mar se consiguió rescatar a aquel barco.
Era el año 1961.

El buque de vela, el Vasa, se hundió el primer día que salió a la mar.
Era el siglo XVII.
Era el 10 de agosto de 1628.
Era Estocolmo.

El Vasa es la nave del siglo XVII mejor conservada del mundo.
A su alrededor se construyó el Museo que lo guarda.
Y ahora lo podemos contemplar tal como era, porque un 98 por cientos de sus piezas son originales.

Si pasáis por Estocolmo, acordaos del Vasa.








#MuseoVasa
#Estocolmo