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domingo, 31 de mayo de 2026

Guadeamus Igitur. La mayor es tierra.

 



La mayor, ya de pequeña, se quedaba pensativa de pronto, ajena al mundo, ensimismada. 

Así la recuerdo y así me gusta reconocerla, descubrirla en ese gesto que ha saltado una generación y conozco desde que nació su padre. Un gesto mínimo, calcado, que ellos ignoran y comparten. 

La mayor es tierra, tierra fértil, tierra porosa, y pisa paso a paso subiendo escalones escalera tras escalera. Se mancha las manos, se embadurna de dudas, pero germina, germina con fuertes raíces y se eleva recta hacia arriba. La mayor es de carne y hueso, seria y cómica a un tiempo, y se despista hasta verse dentro de las cocheras de los autobuses, hasta chocarse y vencer al bolardo de la Uni, hasta olvidarse los calcetines con los que tiene que vestirse tanto de chanclas, como de deportivas. La mayor es un bucle de carcajadas alegrando la noche hasta reírse de sí misma, del mundo. 

La mayor habló muy pronto, muy claro, y leyó casi tan pronto, o más. Después fue aprobando y aprobando y aprobando cada curso con buenas notas mientras nadaba, tocaba el piano, aprendía artes marciales o qué se yo, hasta que, de pronto, subida en unos tacones con los que aterrorizó a sus incrédulos pies escuchaba, seguramente ensimismada, como le cantaban el Gaudeamus Igitur.  

Gaudeamus igitur / iuvenes dum sumus / Post iucundam / iuventutem... 

La mayor ya es enfermera, y después, no os apuréis, Laura será lo que quiera.


A nuestras madres.

Mayo 2026



 








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