El mes de mayo me he dedicado a leer libros cortitos, no ha sido premeditado, ha salido así.
De "Cosas inútiles que te contaría" de Rosario López, lo primero que me gustó fue el título, me transmitió esa sensación acolchada que se desprende de las confidencias, de los diálogos, del puro compartir. Escuché una reseña y me apeteció leérmelo porque eran relatos que de alguna forma se comunicaban y quise ver como los había enlazado la autora; y por último, vi la portada, de fondo beige y con ese cactus verde y rosa, y me apeteció más porque me pareció muy delicada, muy limpia.
Venía el día del libro y ese día lo busqué por las grandes superficies y alguna librería más pequeña de Madrid. Imposible. No estaba en ninguna parte. Días después, paseando por Huelva me fui a descubrir a librerías y di con una que, no solo tenía un exterior muy elegante, azul y de madera, sino que por dentro parecía bastante completa. Entré, por supuesto, y lo pedí con el convencimiento absoluto de que no estaría porque iba a ser una casualidad. Y ¡zas! ahí estaba, en la librería Saltés. ¿Quién me lo iba a decir? Se vino a vivir conmigo a Madrid y allá adonde fui. Y al final, el libro viajero acabó en Lanzarote y me lo leí en dos tardes de playa. Menudo periplo el de este libro ¿verdad?
Apenas cien páginas y ocho historias. Ocho monólogos contados por mujeres. Se pueden leer por separado, pero la verdad es que procede leerlos seguidos y descubrir quienes van siendo las que cuentan su historia porque todas están conectadas. Ocho historias sobre la pérdida, el duelo, la soledad, el vacío... Sí, de primeras, no parece muy atractivo en según qué días el tema. Pero no es triste ni lacrimógeno. Está escrito con una prosa cuidada, casi siempre de frases cortas, concisas, y en primera o segunda persona. Por otra parte, está salpicado de fotografías desenfocadas de Patricia Lodín. Lo cierto es que a esos monólogos los empastan muy bien esas imágenes tan poco nítidas como las historias, difusas, a medias, sin saber cual va a ser su final.
El primer relato creo que fue el que más me llegó, lo escribe una mujer a la que su marido, psiquiatra, se ha suicidado. ¿Cómo se lidia con eso? Después hay más ausencias, de una madre, de una hermana, de una vecina de piso de una pareja... Hay tan pocas personas acompañando a las que cuentan su historia como certezas en este volumen de relatos, hay mucho vacío y muchas mujeres que tienen que volver a aprender a vivir tras la pérdida o ausencia. Y sobre todo, lo que hay, es muy poca comunicación de esas personas con las de su alrededor. Creo que ese es el tema, en definitiva. No es un libro triste y está bien escrito. Pero, claro, con ese tema, la verdad es que salí de él con ganas de una historia con muchos diálogos.

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