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viernes, 27 de septiembre de 2019

El Parque del Amor de Miraflores, en Lima



Cuando vuelvas a Lima, regálame otra mañana gris en lo alto del Malecón de Miraflores, en el Parque del Amor. 

"Si no tuviera nombre, me gustaría aún más este lugar" dijiste la primera vez.

"¿Y cómo se iba a llamar con una escultura tan amorosa presidiéndolo?" contesté yo, con una sonrisa, señalándote a los amantes, que recostados y besándose, se eternizaban en el centro del parque. 

 "Pues por eso mismo... No es más que una redundancia" dijiste con esa manía tuya por las palabras y el lenguaje. "¿Crees que hacía falta...?" concluíste sin esperar respuesta, mientras acariciabas con las yemas de tus dedos las teselas de sus muros. 

Eran lo que más te gustaba de aquel parque, sus pequeños muros ondulantes de teselas de alegres colores, un derroche de naranjas, blancos y azules, adornados con frases románticas de escritores famosos invitando a la inspiración y a quién sabe qué.



Cuando vuelvas a Lima, regálame otra mañana gris en lo alto del Malecón de Miraflores, en el Parque del Amor. 

Tanto como a ti te gustaban sus muros, a mí me gustaba pasearlo contigo bajo la brisa del Pacífico. Contigo que disfrutabas recitando en voz alta los versos atrapados para siempre en sus teselas. Contigo que después me acompañabas hasta el faro sin prisas ni promesas. 

Cuando vuelvas a Lima, acuérdate de mí y aquel primer amanecer gris, 
acuérdate de esta historia que, mientras la empapaba la garúa, esa menuda lluvia limeña, no pudo hacer más que comenzar.








Te desvisto como quien pela una fruta
Jorge Díaz Herrera

Somos un poco la sombra de lo que fuimos
Oscar Valdivia 


Amor es solo un pájaro que deambula
Rocío Romina Bances

Canta Amor desnúdate
Rodolfo Hinostroza
 

Tu estas por encima del infinito mar
Augusto Tamayo Vargas
 

Estupendo amor amar el mar
Jorge Eduardo Eielson


Me quemo para no ver el sitio vacío de tu cuerpo
Washington Delgado


...

#Parquedelamor
#Miraflores(Lima)

jueves, 11 de julio de 2019

Una ciudad de tejados mágicos. Riga





Existe una ciudad a la que me gustaría regresar saltando por sus tejados. 

Colgada de sus cornisas, deteniéndome para respirar en cada edificio, me deslizaría por sus fachadas para ir presentando mis respetos a todos esos seres que habitan en ellas y nos la devuelven mágica. 

Son los colores y las esculturas, los dragones, serpientes y ranas, las flores, hojas y rostros femeninos, las máscaras teatrales riendo y gritando, los gatos y los niños, todos ellos y alguno más los que atraparon mi voluntad la primera vez que, desde el suelo, los admiré.

Déjame volver, Riga.

Yo regresaré saltando por los tejados, deslizándome por las fachadas, tomándome mi tiempo para bajar mi cabeza ante cada uno de esos seres.

Rogándoles, por favor, que me dejen entrar en ese sueño,
ese sueño de leyendas y artistas que inventaron tan bella a la ciudad que los protege.


No te olvides de mí,
Riga.











#Riga
#Modernismo o Art Nuveau en Riga
#El artista Mikhail Eisenstein, padre del director de cine Serguéi Eisenstein (‘El acorazado Potemkin’).

martes, 18 de junio de 2019

Desde donde los Faros miran: Faro de L`Albir.


 


Mis compinches y yo hicimos los cinco kilómetros deprisa, muy deprisa, anochecía.

El camino asfaltado, casi llano, nos conducía sin pérdida hasta el extremo de Punta Bombarda, hasta el Faro de L`Albir.

Ese Faro que lleva allí desde 1863. Muy cerca de dónde estuvo la Torre Bombarda, una torre de vigilancia del siglo XVII que se contruyó para avisar de los ataques de los piratas berberiscos.​ 

Y allí estábamos.  Pisando un trozo de historia.

Y caminar, mientras el aire te da en la cara. 
Y sonreír, mientras vas alcanzando el Faro. 

Porque no hay mejor forma de escapar de la ciudad, de la rutina, del reloj, de todo, que asomarse al océano desde el mejor lugar del mundo:

Desde donde los Faros miran. 





#Faros
#Faro de L`Albir.
#Faros de Alicante

viernes, 15 de febrero de 2019

Los faros de Tenerife. Una visita obligada.


Faro de Punta de Teno. Tenerife 2019

 Nosotros queríamos traernos un faro. 
O dos, o tres... o los que fueran, no le voy a engañar. El caso era: traernos un faro.
Los faros nunca sobran y alumbran mucho. Además, que no son pocas las ocasiones que necesitamos que nos indiquen por dónde tirar, que a veces nos sentimos un poco perdidos.
Y la verdad, que cuando se trata de faros no tenemos medida ¿sabe? 

Así que nos dedicamos a rodear la isla, sí Tenerife, para elegir el nuestro. Porque Tenerife tiene siete ¿sabe? Una maravilla.

El caso es que cuando te pones a llevarte un faro pues vas mirando todo, ya sabe, que no es cuestión de llevarse el primero que veas. Miras su estética, miras su ubicación, sus vistas, en fin, todas sus prestaciones. No se equivoque, que todos los faros no son iguales, ni mucho menos. Y nosotros queríamos llevarnos uno del que nos sintiéramos muy orgullosos. Que nos tenía que durar para toda la vida.

Del primero que vimos, el Faro de Buenavista, nos gustó el paraje en el que estaba. Lo podías divisar a lo lejos y desde lo alto. Eso decía mucho en su favor. En la lejanía reinaba en medio de un paraje casi llano y absolutamente despejado, nada le hacía sombra, un placer para la vista. Por otra parte para llegar hasta su base tenías que ir atravesando muchas plataneras, eso nos gustaba, que el platano de Canarias, oiga, no es cualquier cosa, pequeñito pero bien rico. Pero cuando llegamos hasta él pues hombre, te sorprendes al encontrar este faro tan moderno. Tiene una escalera que va subiendo en espiral hasta arriba, hasta la luminaria. Lo miramos de lejos, lo miramos de cerca, y no es que no nos gustara, entiéndame, pero es que era tan parecido a un sacacorchos, que no acababa de llenarnos tanto, tanto como para llevárnoslo, la verdad. Así que le tiramos un beso y seguimos buscando.

Faro de Buenavista. Tenerife 2019


El siguiente que vimos, fue el Faro del Puerto de la Cruz. Mire si le soy sincera, a mí el Puerto siempre me ha gustado mucho. Tiene su playa de arenas negras, su barrio de los pescadores, su litoral. Es un lugar muy agradable para pasear, para estar, mucho. Al Puerto de la Cruz hay que ir, si usted va a Tenerife, hay que ir sí o sí. Pero el lugar donde está su faro, pues no sé, un poco desangelado nos pareció. Ni está sobre rocas, ni tiene un litoral de postal, la verdad. Está muy cerca de un aparcamiento, no le voy a engañar. Y si nos pareció moderno el de Buenavista, éste ya ni le cuento. Es bastante singular, por decirlo suavemente. Y también es cierto que es un faro jovenzuelo, y tiene poca experiencia, y quizá por eso sea un poco más atrevido. No sé, pero sinceramente, pues que nosotros somos más tradicionales, y claro tan, tan moderno nos chocaba. Así que le agradecimos el día soleado, y le dijimos hasta pronto con otro beso. Porque volveremos eso sí que se lo digo.

Faro del Puerto de la Cruz. Tenerife 2019


El tercero que visitamos, menudo fracaso. Oiga que ni le vimos. Y no será porque no le buscamos... Me estoy refiriendo al Faro de Punta de Rasca. Fuimos hasta el sur en su busca. Y según el google maps, estábamos cerca. Pero ya podía decir el google, que no había forma de llegar. Todas las indicaciones terminaban en caminos privados, vallados, o por dónde fuera por lo que fuera no se podía acceder. Así que cómo para llevárnoslo. Que está muy bien que los faros estén sobre parajes abruptos y acantilados, pero que se dejen ver ¿no le parece? Porque si un faro no se deja ver, mal vamos, perdone que le diga. Que sí, que lo comprendo, que los que le tienen que ver no vienen de tierra adentro, pero oiga, si es un faro, es un faro. No fastidie. En fin, que no voy a discutir porque cada uno se pone donde quiera o donde le dejan. Pero el caso es que un fracaso encontrarle. Así que ni beso.


Al siguiente faro llegamos volando. Literalmente volando. Y nos gustaba, vaya si nos gustaba. Era un faro pinturero, sabe. Muy bien situado cerca de un pueblecito pesquero, pero al final de su consabido camino que llega al Faro. Además se dejaba ver a lo lejos y estaba en lo alto de los acantilados bajo el cual rompian las olas. Hasta tenía la singularidad de tener un pueblo fantasma cerca. Vamos que no le faltaba detalle. Bien es verdad. Y más mono que era... Ahí quietecito, y vestido con sus franjas de toda la vida. Le juro que nos lo hubiéramos llevado. Pero es que estaba envuelto en tanto viento... Pero en tanto viento... Que la verdad ¿Y si se volaba? Después de traernoslo ¿si se volaba? Nos hubiera partido el alma. Y que no esta bien, oiga. Llevárselo, desarraigarle, para que luego se nos pierda, pues qué quiere que le diga, no está bien. Así que con todo el dolor de nuestro  corazón, allí que le dejamos también. En medio de esa ventolera. Y por supuesto que también le tiramos un beso. Pero también salió volando. No le digo más. Ah que no le he dicho su nombre, el Faro de Abona, uno de los más antiguos, pero un primor de faro. 

Faro de Abona. Tenerife 2019



Y finalmente llegamos a nuestro faro. Un faro al que nos costó tres veces llegar. Pero oiga como debe ser, hay que seducirle poco a poco, así se hace valer, y tú lo valoras más. Al que no se puede llegar si no es por una carreterita bien estrecha, con peligro de desprendimiento, pero que te permite llegar. Un faro que está situado en un parque natural, en un espigón, rodeado de acantilados de piedra volcánica. Un faro al que llegas, y divisas desde varios lados, pero no puedes acceder hasta su base. Aunque estás ahí, ahí al ladito. Un faro precioso al que llegas, pero no llegas. Y ahí en su misterio, está su encanto. Con los galones que da la experiencia, porque le inauguraron en el 1897, y hasta tenía su casa de farero, y ahí sigue. Ataviado como un faro de toda la vida, se luce como un faro elegante, con clase. Así que no seguimos buscando más ¿sabe? Porque era ese, el que teníamos que encontrar. Ese, el Faro de Punta de Teno. Y qué contentos nos pusimos. Saltando por los riscos, no le digo más. Vamos, que no tiene usted más que ver las fotos. 


Faro de Punta de Teno. Tenerife 2019

#Faros de Tenerife
#Faro de Buenavista
#Faro de El Puerto de la Cruz
#Faro de Punta de Rasca
#Faro de Abona
#Faro de Punta de Teno

lunes, 11 de febrero de 2019

Pueblo fantasma de Abades, en Arico


Arico



El viento nos llevó sobrevolando un pueblecito pesquero tinerfeño hasta el faro de Abona con tal ímpetu que solo conseguimos parar abrazándonos a él. Qué sensación tan liviana. Sentir el cuerpo en perpendicular al suelo y patalear el aire dejándose mecer por el viento.


Pero las manos se resbalaban por la piel lisa del faro, los faros no están acostumbrados a los abrazos.


Y el viento, compadeciéndose de ese faro que funcionaba desde el año 1902, tras prometernos que nos dejaría volver, en volandas nos elevó de nuevo hasta dejarnos en pleno centro de un pueblo fantasma.
Pero... ¿Y éste lugar sale en los mapas?

Porque allí estaba, en medio de la nada, polvoriento, silencioso y zarandeado por todas las corrientes de aire del mundo.

Y aunque a la entrada había un cartel anunciando que era propiedad privada, como otros que llegaron antes, nos subimos la capucha, nos apretamos el pañuelo al cuello y decididos a luchar contra ese viento pertinaz, nos animamos a pasearlo. 

El cascarón de una vieja Iglesia  e hileras de casas medio derruidas languidecían bajo el sol. Se habían construido durante la Guerra Civil con vocación de leprosería, pero nunca llegaron a serlo. Esas calles, esas casas, con el tiempo formarían parte de una base de entrenamiento militar que también después se abandonaron.

Y aunque dicen que los terrenos se vendieron a un italiano, allí siguen la Iglesia altiva, las casas pintadas por los grafiteros, las calles polvorientas y el silencio del abandono solo interrumpido por curiosos como nosotros y ese viento feroz que no cesa.

Así descubrimos Abades, en Arico, al sur de Tenerife.








#Abades
#Arico
#Tenerife
#Pueblo fantasma
#Pueblo abandonado

viernes, 1 de febrero de 2019

La Casa del Agua en Los Realejos (Tenerife)




Él tenía alma de investigador y yo, ya estaba herida por las palabras.

Nos conocimos de chavales, en aquella isla en la que el tiempo estaba aún más loco que nosotros y según la recorrieras tan pronto te zarandeaba el viento como te llovía o te apremiaba con su calor a ir quitándote capas. Nos hicimos amigos en aquella isla de playas de arena negra y un enorme volcán que, a diferencia de otros, velaba sobre un mar de nubes nuestro ir y venir de pequeños mortales. 

Un día mi amigo me propuso ir a bañarnos a la cala de la Fajana, una playa virgen de arenas oscuras y frondosa vegetación. Sabía cuánto me gustaba el mar, sabía que me encantaría la idea de conocer otro pequeño paraíso de olas y sal. Y le dije que sí. Lo que yo no sabía es que en realidad quería mostrarme La casa del agua. Unas ruinas que se alzaban en lo alto de un acantilado, frente al mar, desafiando al tiempo y a la erosión. 

No la llamó La Gordejuela como después sabría que también se llamaba, no, la llamó La casa del agua porque sabía que con ese nombre tan literario yo, herida sin remedio por la magia de las palabras, le prestaría más atención. 

Nos encantaban las ruinas. A él porque le empujaban a investigar su origen y su historia, a mí porque despertaban mi imaginación y podía inventar dentro de ellas personajes entrañables envueltos en historias inolvidables.

Yo te cuento la verdad que he descubierto y después tú te inventas lo que quieras ¿vale? me dijo.

Y yo asentí.



Dicen que la estación de bombeo de La Gordejuela, o La casa del agua, fue toda una revolución en la Isla cuando se contruyó. Era una construcción complicada por dos cuestiones, por un lado el terreno formado por acantilados originados por las diferentes coladas y por otro porque dentro de ella se instalaría la primera máquina a vapor de la isla.

La familia Hamilton tenía una empresa comercial que en 1898 constituyó la Sociedad de Aguas de la Gordejuela. Entre los años 1904 y 1906 construyó la estación de bombeo de la que solo queda la parte de abajo, que es lo que se ve en el acantilado de la Rambla de Castro en el término de Los Realejos.

La estación en un principio tenía dos partes. En la parte superior había un almacén, la casa de los medianeros, y otra casa con una chimenea de 50 metros de altura, donde estaba la máquina de vapor, que generaba la energía para que funcionaran las bombas. En la parte inferior estaba el edificio cuyas ruinas aún se conservan, y que tenía cinco niveles, y se elevaba sobre el acantilado. Entre ambas las escaleras que las comunicaban ascendiendo haciendo eses por el acantilado.

Su objetivo era utilizar las aguas de los manantiales de Gordejuela para elevarlas y así llevarlas hasta las zonas de cultivo del platano en los terrenos de Realejo de Arriba y Realejo de Abajo, que en aquel entonces eran dos municipios diferentes.

Dicen que la construcción de la estación de bombeo les costó lo que ahora llamariamos "una millonada". Exactamente fue eso, una inversión de un millón de las antiguas pesetas. Toda una señora inversión. Las obras terminaron en 1907.





Yo te cuento la verdad que he descubierto y después tú te inventas lo que quieras ¿vale? me dijo.

Y yo asentí.






#Tenerife
#La casa del agua o Estación de bombeo de La Gordejuela


Fuentes:
Loquelaspiedrascuentan.blogspot.com
https://www.escapadarural.com/que-hacer/los-realejos/elevador-de-aguas-de-gordejuela
https://es.wikipedia.org/wiki/Paisaje_protegido_de_la_Rambla_de_Castro

jueves, 30 de agosto de 2018

El Farol de Santa María en la Isla de Culatra


Llegar volando hasta él como hacen las gaviotas. 

Descubrirle veraneando bajo el sol en aquella isla cerca de Olhao. Encontrar sus puertas abiertas y poder saborear su interior como si fuera el helado de nata y fresa más apetecible.


Subir los primeros 150 escalones y saberte ahí, en su vientre fresco, ascendiendo su columna vertebral, respirando su aliento de siglos y salitre. 


Y seguir recorriendole, subiéndole, para en lo más alto poder admirar su sombra a tu lado, tumbada en la arena de aquella inmensa playa de la Isla de Culatra.

Despacio dar la vuelta a su linterna, contemplando, interiorizando, el horizonte que él ve.

Para poder bajar de nuevo, peldaño a peldaño, asomándote por cada una de sus ventanas, peldaño a peldaño, pisando cada uno de los baldosines ajedrezados de su casa en penumbra.

Suspirar. 

Estás aquí. Estás.

Y despedirte con una sonrisa y un insignificante gracias por su enorme hospitalidad.










#Faros #Portugal #Olhao #Culatra #Viajes #Faro de Santa María

viernes, 8 de junio de 2018

¿Cuántas historias encierran los cafés?- Momo. Café y Libros Zaragoza



Estaba tan colgada de sus ojos azules que la tercera vez que quedamos le llevé a mi café preferido.

Me encantaba aquel lugar con escritores mirándonos desde todos los rincones, con frases dibujadas en sus paredes, con esa penumbra justa que invita a la complicidad y la confidencia.

No leyó ni una de esas frases. Ni me cogió de la mano.

Me aplastó contra la pared en cuánto se dio media vuelta la camarera para bucear en mi boca y trepar bajo mi blusa. E inmediatamente después protestó por la factura que nos habían dejado en la mesa. Yo me acordé de El Principito: "A los adultos les gustan los números. Cuando uno les habla de un nuevo amigo, nunca preguntan sobre lo esencial. Nunca te dicen: "Cómo es el sonido de su voz? Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?" Te preguntan: "Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre ?" Sólo entonces creen conocerlo. "

Antes de irnos entré en los servicios. Cerré la puerta tras de mí, y me quedé durante unos minutos de pie. Cuánto agradecí estar sola y respiré profundamente. Miré a mi alrededor viendo todos aquellos tomos de libros pintados en el alto y repetí en voz muy baja la frase que había escrita allí: "Cualquiera en su sano juicio se habría vuelto loco por ti".

Antes de salir de ese cuarto de baño me prometí a mí misma que no habría una cuarta cita.










Todas las fotos están hechas en Momo. Café y libros. Zaragoza.