Radio Hora nos daba la hora minuto a minuto mientras, cada mañana, escuchando el cuento del día, mojábamos, en la leche caliente, las galletas que corrían de mano en mano . "Radio hora minuto a minuto. Enrique Dausa..." Lucecita se nos colaba en casa en la sobremesa, vivía en la radionovela que el transistor dejaba escapar mientras mamá planchaba. La memoria sabe que los setenta cedieron el paso a los ochenta cuando Gloria Lasso cantaba su Luna de Miel en el programa nocturno de Garci de "Asignaturas pendientes". Un pis y a la cama. Prefería un millón de veces ese "ya siempre unidos, ya siempre" al soniquete machacón de la retransmisión de cualquier partido, e incluso a la peculiar voz de Jose María Garcia hablando sin parar de deportes, que nunca fueron lo mío, aunque en una casa llena de chicos estuvieran a la orden del día.
La radio era uno más en casa. Crecí empapándome de lo que escuchaban los demás hasta que tuve edad para elegir mis propios programas. Conmigo me traje: "El ojo crítico", "Hoy no es un día cualquiera", "La estación azul" y tantos programas que, no solo me han informado, sino que me han entretenido y sobre todo enriquecido.
¿Nocilla o Nutella? ¿Tortilla de patatas con o sin cebolla? ¿Televisión o Radio?
Hay preguntas que una contesta de forma automática. Mi madre escondía los botes de Nocilla, en lo más recóndito de los muebles de la cocina, porque eran vistos y no vistos. La tortilla con cuánta más cebolla mejor y ¡qué pregunta! la Radio, por supuesto, que como un buen amigo no te obliga a renunciar a ninguna tarea, simplemente te la hace más grata.
La Radio acompaña mi vida desde que tengo uso de razón.
13 de febrero, Día mundial de la Radio.

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