Fueron dos lluvias las de ayer en Madrid. La que jarreaba por la calle cuando iba camino del Mercadillo de Motores de Delicias, donde daba gusto pasear en la sobremesa porque había poquita gente y se disfrutaba tranquilamente, y la calurosa de aplausos y vítores que recibió Quique González en su concierto horas después.
Dos lluvias que me empaparon por igual a pesar de que la primera era fría y lo hizo por fuera, y la segunda, tan cálida, que me inundó por dentro.
Cuánto disfruté el concierto de ayer del músico. Qué bien se le escuchaba, y cuánto cariño y reconocimiento en el público que llenaba el Circo Price en el Festival Inverfest.
Quique nos presentó su último disco 1973, y también cantó algunas de las canciones de siempre como Salitre o Charo, con la sorpresa de que para la voz femenina en vez de salir la cantante de Morgan salió su madre, integrante también de un trío musical, las Golden Girl. Me gusta este último disco especialmente, me parece que las letras están muy elaboradas y tiene canciones, como me decía mi amiga Ana, para escuchar en bucle. Cuánto aplaudimos, cuánto cantamos y qué satisfechos nos fuimos.
Está muy bien el Price para conciertos, estando lleno da la sensación de mayor intimidad, es cómodo y se escucha genial.
A nivel personal que buena compañía la de ayer, qué gusto.
Y ¿Qué más se le puede pedir a un sábado por la tarde?
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