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lunes, 18 de enero de 2016

De Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdos y Madrid


Mi bien, miquiño mío del alma: [...] Haz por venir pronto, cielo feo, monigote, y mientras no puedas arrancarte de esas playas, escríbeme [...] y un deseo tal de verte otra vez en cualquier misterioso asilo, apretaditos el uno contra el otro, embozados en tu capa o en la mía los dos a la vez, o tumbados en el impuro lecho, que nuestra amistad tiernísima hace puro en tantas ocasiones. Sí, yo me acuesto contigo y me acostaré siempre, y si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria... porque tienes la gracia del mundo y me gustas más que ningún libro.

Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós





Al hilo de la entrada anterior donde hablábamos de la obra de teatro "Insolación" cuya autora es Emilia Pardo Bazán. Hoy quería que habláramos un poco de esta autora. 

En Madrid, en el barrio de Arguelles, y en la misca calle Princesa pasamos por un edificio donde está colocada esta placa en lo que fue el Palacete de Pozas donde vivió y murió en 1921 la escritora. Estaba en lo que antiguamente se conocía como el barrio de Pozas situado en la parcela triangular enmarcada entre las calles Alberto Aguilera, Princesa y Serrano Jover.

"La inevitable" cómo la habían apodado sus colegas (creo que Clarín) era una mujer "de armas tomar". Emilia era decidida, enérgica, inteligente, trabajadora. Nació en 1851. Había heredado de su padre el título de condesa y tenía buena situación económica, todo ello hizo que tuviera mucha libertad en una mujer para lo que era esa época. Según contaba ella a los 17 vivió tres acontecimientos muy importantes: "Me vestí de largo, me casé y estalló la revolución del 68".

Tuvo hijos pero su vida conyugal no fue feliz. Su marido, José Antonio de Quiroga y Pérez de Deza, no la entendía. Para lograr la separación, ante la Iglesia, él la acusó de "naturalista". Ella había defendido esa nueva tendencia literaria en su novela "Un viaje de novios" y en su famosa conferencia "La cuestión palpitante" (1882). Terminó por separarse de su marido en 1884 después de que le exigiera dejar de escribir, pero en cambio a partir de ese momento su vida literaria fue mucho mejor.  

Su obra siempre fue en defensa de las mujeres y de su educación. "Es la única mujer de la historia que tuvo un puesto en el Ateneo, no la dejaron entrar en la RAE, y fue una de las instigadoras de la educación pública junto a Giner de los Ríos". 

"Insolación" la obra de teatro de la que os hablaba en la entrada anterior tiene un punto autobiográfico. Emilia Pardo Bazán se la dedicó a José Lázaro Galdiano, editor y coleccionista de arte, con quien tuvo un affaire en Barcelona en 1888 y que confesaría después a Benito Pérez Galdós, con quien mantenía una relación.

Emilia Pardo Bazán tuvo también amores con Blasco Ibañez, pero esa historia terminó cuando el novelista denunció que la autora le había robado el argumento de un cuento que él pensaba escribir. Lo cierto es que muchos autores miraban mal a la escritora: Pereda decía "Padece la comezón de meterse en todo, de entender de todo y de fallar de todo". Juan Valera tampoco tuvo buenas palabras para ella, ni Clarín, ni Baroja ("No me interesó nunca como mujer ni como escritora. Como mujer es de una obesidad desagradable, en su conversación es un poco ansiosa y trepadora")... En fin.

Pero en cambio mantuvo, como ya decíamos, una larga historia de amor con Benito Pérez Galdós que era un hombre alto, delgado, solitario, tímido pero sin embargo mujeriego. A Pérez Galdós se le acercaron muchas jóvenes, algunas aspirantes a actriz para solicitar un papel. Galdós hablaba poco pero escuchaba mucho, dicen que era como una esponja y mucho de lo que escuchaba salía luego en sus novelas.



Se conoce del amor entre los dos escritores gracias a las cartas que se escribían, una de ellas es la que encabeza esta entrada. He leído que se conocen 93 cartas de la escritora a Galdós, y una sola de Galdós. Aunque ella era separada y él soltero, fueron unos modernos del XIX, que cayeron en un único convencionalismo: la clandestinidad. Las cartas que Pardo Bazán dirige a Pérez Galdós están recogidas en Miquiño mío (Turner), por Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández. “Te como un pedazo de mejilla y una guía del bigote”. “Yo haría por ti no sé qué barbaridad”. “En cuanto yo te coja, no queda rastro del gran hombre”. “En prueba te abrazo fuerte, a ver si de una vez te deshago y te reduzco a polvo”.

Se han podido recuperar por Galdós, porque  “Toda la correspondencia de Emilia Pardo Bazán se ha perdido. O bien su hija Blanca la quemó o, según la leyenda, la destruyó Carmen Polo en Meirás [el pazo coruñés de la escritora fue comprado por forzosa suscripción popular para regalar a Franco]. Lo más probable es que ocurriesen las dos cosas, que su hija tuviera miedo de la literatura comprometida y que Carmen Polo se cargase lo que hubiese encontrado en los cajones”, cuenta la historiadora Isabel Burdiel, que prepara una biografía sobre la escritora gallega.

 Fue una relación amorosa intensa, que duró más de veinte años, aunque ambos al mismo tiempo tuvieron, como ya hemos dicho, otras historias sentimentales. De Galdós se conocen sus relaciones con la modelo Lorenza Cobián (tuvieron una hija, María), la actriz Concha Morell, su encantamiento con María Guerrero (finalmente ella se casa con Fernando Díaz de Mendoza en 1896) y, al final, Teodosia Gandarias.

Emilia Pardo Bazán escribía al autor reiteradamente instando el retorno a la intimidad perdida «ya sea en el asilo, sea en Palma Strasses (sic. Se sabe que se veían en la calle La Palma, de ahí lo de "Palma Strasses), cerca de la Iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas (Malasaña) donde se encontraron con frecuencia en el momento álgido de su relación, entre 1887 y 1888. Pero Galdós está también ocupado en su relación con Lorenza Cobián y fascinado por María Guerrero. De vez en cuando ve a Concha Morell y tiene una larga correspondencia con ella.

 La historia de amor entre los dos escritores fue muy intensa porque la autora era así. Una historia en la que él comenzó siendo el "querido y respetado maestro" para terminar en su "ratonciño del alma". Cartas que ocupan muchos años y abarcan los mejores años creativos de la vida de ambos, entre 1883 y 1915. 

De ellos es la anécdota conocida de que cuando ya no estaban juntos y se encontraron en una escalera. La Pardo Bazán le dijo: Adiós viejo chocho. Y él respondió: Adios chocho viejo. Es graciosa la anécdota y pone de relieve el ingenio de los dos escritores, ninguno le queda atrás al otro. Pero claro, no sabemos a ciencia cierta, si será verdad. De ello ya habíamos hablado en este blog:

http://rociodiazgomez.blogspot.com.es/2014/11/benito-perez-galdos-y-emilia-pardo.html






Muy cerca de la placa de la autora que comentábamos al principio de esta entrada, está la del autor. En un momento de sus vidas vivieron relativamente cerca, en lo que ahora es el barrio de Arguelles. Esta placa también tiene su propia historia:

No se había cumplido el acuerdo en 1920 de colocar una lápida en la casa en que vivió y murió Galdós. En esta casa de la calle Hilarión Eslava 7, en 1922, por fin, apareció una lápida conmemorativa en latín clásico. Victoriano Moreno, secretario de don Benito, manifestó que el sobrino de este, José Hurtado de Mendoza, cansado de esperar la hizo colocar en la casa. Llegó 1924 y una mañana, en el mes de junio, un obrero puso en la tapia del jardín de Hilarión Eslava unos azulejos con letra formando un rótulo que decía: "Aquí vivió y murió Benito Pérez Galdós". Finalmente, en noviembre de ese año el Ayuntamiento subsanó el olvido y colocó una lápida en donde aparece en bronce el busto del novelista y se lee: "A Galdós, el pueblo de Madrid". La lápida, al derribarse la casa, se conserva en el edificio moderno que se levantó en aquel lugar.



 En el blog también hay una entrada dedicada a la casa de Galdós en Las Palmas:


Y bueno por el momento lo dejamos aquí. Ha salido una entrada un poco más larga, pero tratándose de los dos autores que la protagonizaban era inevitable. Como decían la Pardo Bazán. Qué mujer ¿verdad? Grande, en el mejor sentido de la palabra, sin duda alguna.


Notas biográficas

Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851-Madrid, 1921). Hija única de una familia gallega aristocrática y progresista, recibió una educación notable, que completó con viajes, lecturas e idiomas. Escribió cerca de 600 cuentos y una veintena de novelas y libros de viajes. Publicó artículos en medios españoles, americanos e ingleses. Fundó y dirigió la revista Nuevo Teatro Crítico y la Biblioteca de la Mujer, donde tradujo al feminista Stuart Mill. Se casó con José Quiroga y tuvo tres hijos (Jaime, Carmen y Blanca). Tras su separación tuvo relaciones con el escritor catalán Narcís Oller, el futuro coleccionista José Lázaro Galdiano y, por supuesto, Galdós.

Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-Madrid, 1920). Escribió un centenar de novelas, 18 obras de teatro y un sinfín de artículos, estuvo a punto de recibir el Nobel de Literatura en 1915, cuando le geopolítica volcó la decisión hacia Romain Rolland, un francés pacifista, según cuenta Pedro Ortiz-Armengol en Vida de Galdós. Fue diputado progresista (primero) y republicano (después). Ingresó en la RAE al segundo intento. Nunca se casó ni vivió con sus amantes. Sus relaciones más conocidas fueron con la modelo Lorenza Cobián (tuvieron una hija, María), la actriz Concha Morell y, al final, Teodosia Gandarias.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Los escritores cuando eran niños y volvieron al cole

Lorca


En la última entrada del blog hablábamos de la vuelta al cole. Estamos en septiembre del 2015, septiembre, y es lo que toca. También hablábamos en relación a eso de las "ikastolas" o escuelas navarras del Valle de Baztán. 

Julio Cortazar
Hoy siguiendo un poco en esa línea de septiembre y los niños volviendo al colegio os quería dejar con algunas fotografías de escritores importantes cuando eran niños. En este blog nos gustan la literatura y los escritores. 

Agatha Christie
Un buen montón de años atrás estos niños en éstos días volvieron al colegio... Y qué importantes llegaron a ser con el tiempo. 

Quién sabe donde llegarán los niños que nos rodean. Qué importante este momento de su formación.

Gabriel García Márquez
Frank Kafka

Vargas Llosa

Stphen King

Simone de Beavoir


jueves, 19 de marzo de 2015

Los escritores como padres... 19 de marzo

Valle Inclán

 Como es el 19 de marzo y este blog sobre todo es de literatura pues vamos a acordarnos de algunos autores como padres... o como hijos. Solo en el caso de la foto de debajo donde aparecen Héctor Abad Faciolince y su padre. "El olvido que seremos" es una novela preciosa y trístisima de Faciolince sobre su padre, un médico de Medellín asesinado.

Héctor Abad Faciolince y su padre.




Antonio y Manuel Machado

Unamuno

Vargas Llosa

Gabriel García Marquez

Mark Twain


Miguel Delibes

lunes, 2 de marzo de 2015

Valle Inclán y Echegaray, Echegaray y Valle Inclán.... Anécdotas de escritores



Comenzamos mes, ya estamos a 2 de marzo de 2015, y he pensado que una buena forma de comenzarlo es con nuestras anécdotas de escritores. Algo distendido ¿verdad? que estamos a lunes y queda mucha semana...

Yo creo que la conoceis pero vamos a recordar esas anécdotas tan conocida protagonizada por Valle Inclán (1866-1936) y José Echegaray y Eizaguirre (Madrid 1832-1916).

En cierta ocasión, Valle Inclán necesitó una transfusión y Echegaray acudió a darle su sangre. Eran amigos, pero cada uno escribía en un periódico distinto y estaban siempre a la greña. Cuando Valle vio aparecer a don José, le dijo al médico: “De ese no quiero sangre, doctor, la tiene llena de gerundios”.



 Hay otra anécdota protagonizada por estos dos escritores:

En el núm. 16 de la Calle Echegaray de Madrid vivió durante un tiempo el poeta Nilo Fabra, amigo de Valle-Inclan. Este, tuvo que enviarle una carta, y enfadado por tener que cursarla a la calle dedicada a Echegaray, no tuvo reparos en escribir “Calle del Viejo Idiota nº16″. Increíblemente la carta llegó, y Valle-Inclan elogió la inteligencia de los carteros.


Y ya una última anécdota:


Valle Inclán fue al estreno de la obra de Echegaray "El hijo de diablo" en el teatro Fontalba de Madrid, con Margarita Xirgu en el papel principal. Al terminar la obra cuando el público aplaudía, Valle Inclán gritaba: ¡Muy mal, muy mal! Un policía intentó parar los improperios y Valle Inclán terminó detenido y salió del teatro gritando ¡Arreste a los que aplauden!


A Valle Inclán, maestro del modernismo y creador del esperpento, le precede tanta fama de ingenioso que se han difundido versiones exageradas y a veces incluso inventadas de sus comentarios. 

Su fuerte personalidad y la dedicación a este ambiente le llevó a "presidir" tertulias en los cafés  De la Montaña, Madrid, Fornos, Lyon d'Or y el más asociado a su persona, El nuevo café de Levante.
Entre las frases que se le atribuyen figura la siguiente: "El Café de Levante ha ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo, que dos o tres universidades y academias".


Echegaray (Madrid, 1832 – 1916) fue un personaje muy paradójico, por una parte era ingeniero de caminos, científico, matemático y político, pero además ganó el Premio Nobel de Literatura en el año 1904.

Escribía por dinero, según él mismo reconoció, y su estilo literario no estaba muy bien considerado (todo lo contrario que su labor en las Matemáticas), por eso cuando se le otorgó el Nobel, algunos escritores, como Unamuno, Machado, Rubén Darío y Baroja, entre otros, publicaron una nota de protesta.

 
Por si os apetece escuchar más sobre este tema os dejo con el enlace a "Pasajes de la Historia" donde se habla de esta "buena" relación:

http://www.pasajesdelahistoria.es/podcast/ramon-maria-del-valle-inclan-vs-jose-echegaray




viernes, 16 de enero de 2015

Ay Rubén Darío, Alas Clarín y Pío Baroja... Anécdotas de escritores



Hoy como es viernes, vamos a hacer una entrada un poco más "distendida"... He pensado que vamos a volver a nuestra colección de "Anécdotas de escritores".

Ésta que vamos a recordar hoy, es una de las más conocidas.

Se cuenta que García Lorca escuchando a Rubén Darío recitar uno de sus versos: "Qué púberes canéforas te ofrenden el acanto..." se levantó y dijo algo así como:
—A ver, otra vez, por favor, que sólo he entendido el “que”.

Es una anécdota que podemos encontrar en muchos lugares, aunque tampoco se sabe hasta qué punto es cierta. Pero es verdad que el poeta Rubén Darío muchas veces fue criticado por su "artificiosidad".

"En España contó con la incomprensión del crítico más temido de su tiempo, Leopoldo Alas Clarín. Así, escribía en el diario La Publicidad el 26 de octubre de 1893:

El señor Darío es muy decidor, no cabe negarlo, pero es mucho más cursi que decidor; y para corromper el gusto, y el idioma y el verso castellano, ni pintado. No tiene en la cabeza más que una indigestión cerebral de lecturas francesas y el prurito de imitar en español ciertos desvaríos de los poetas franceses de tercer orden.




Aunque parece ser que tampoco Ruben Darío se quedaba corto hablando de otros autores.Es muy conocida también la siguiente anécdota con Pío Baroja.

Parece ser que a Baroja le hacían muchos chistes relacionados con su condición de panadero. Y de eso le hablaron unos periodistas:

-¿Sabe usted lo que dice Rubén Darío de usted?
-No. ¿Qué dice?
-Dice "Pío Baroja es un escritor de mucha miga. Ya se conoce que es panadero".

Nuestro novelista, que conocía el paño (según él, en el ambiente literario "todo el mundo muerde si puede") encontraba natural "responder a la acritud con la acritud y a la simpatía con la simpatía". De modo que, cuando se enteró del chisme, repuso: "¡Bah! No me ofende nada. Yo diré de él: Rubén Darío es un escritor de buena pluma. Ya se conoce que es indio".



Es imposible no sonreírse ¿Verdad?

Ya veis... nadie se quedaba corto.


Fuentes:


Escritores a la Greña. Julián Moreiro Edit. EDAF 2014

La foto es de la obra de teatro "La lengua madre", el actor Juan Diego con un texto de Millás.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán - Anécdotas de escritores



 Hoy vamos a empezar una sección en este blog que vamos a titular "Anécdotas de escritores".

Comenzamos con una sobre Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán. Cuando estuve en Gran Canaria, en Las Palmas, visité la casa del escritor y allí nos la contaron.

Ya sabéis que ambos escritores mantuvieron una sonada relación de amor. 

La Pardo Bazán era una señora "de armas tomar". Físicamente era "de gran envergadura". Tenía el título de condesa y buena situación económica con lo cual tenía una libertad que no tenían muchas mujeres de su época. Además era muy inteligente, decidida y liberal, tenía mucha influencia. Fundó la revista "Nuevo Teatro Crítico", y por tres veces casi ingresa en la Real Academia Española.  Además de con Galdós, tuvo amores con Blasco Ibáñez, Lázaro Galdiano... 

Galdós, por el contrario, era un hombre alto y esbelto. Reservado, tímido y solitario, a quién le gustaba mucho más escuchar que hablar. El gran novelista del siglo XIX, contaba la vida cotidiana como nadie. 

Parece ser que el amor entre ellos nació de la admiración mutua. Vamos que cómo pasa tantas veces... Se han publicado un par de libros con sus cartas de amor. Noventa y tantas que se conservan de ella. De él solo se conserva una. Su amor fue en los años 1888-1889. Ella ya estaba separada de su marido, y él siempre estuvo soltero. Ella tenía 37 años, acababa de publicar sus mejores novelas, «Los pazos de Ulloa» y «La madre Naturaleza». Él, ocho años mayor, había editado ya «Fortunata y Jacinta». 

Sus cartas no tienen desperdicio: Ella le llama «miquiño mío», «monín», «pánfilo de mi corazón», «chiquito mío», «roedor mío», «camaraíta», «bobito»... Y, a sí misma, «tu rata», «doña Opas», «tu peinetita», «una buitra»...

Se veían a escondidas en Madrid, en la calle la Palma, junto a la Iglesia de Las Maravillas. 

Pero tan pasional como fue su idilio, fue después su enemistad. Cuando estuve en casa de Galdós en Las Palmas nos contaron que una vez, cuando ya no estaban juntos, se encontraron por casualidad en unas escaleras. 

Cuando se cruzaban ella le dijo: 


-Adiós, viejo chocho...

Y nada más hacerlo supo lo que le iba a tocar escuchar de una pluma tan lúcida como Galdós. Por más que aceleró el paso, aún le dió tiempo a escuchar la contestación de su antiguo amante:

-Adiós, chocho viejo...