Ayer terminé Vallesordo y me dejó una sensación agradable. En "Vallesordo" de Jonathan Arribas, el narrador y protagonista es un crío de primaria al que le han encargado escribir una redacción sobre el verano más significativo de su vida. Nico (Nicolás Pérez Rincón) le va a ir contando a alguien, que no descubriremos hasta el final de la historia quién es, su verano de dos años atrás, el de quinto de primaria. Mientras lo hace, a través de sus propias palabras, irá mostrando el universo del pueblo inventado de Zamora donde vive ("Vallesordo"). Nos hablará de su familia, de su perra Yesi, de sus amigos y sobre todo de su afición por el programa de televisión "Fama ¡A bailar!" porque su sueño es que le lleven a un "castin" para bailar la coreo que tiene más que ensayada. Es un Billy Elliot de Zamora, tal cual. Nico se muere por bailar.
Es un libro de no demasiadas páginas que se lee muy bien. La voz de ese narrador protagonista de pocos años está muy bien perfilada, es totalmente creíble y, al menos a mí, me ha encandilado. Una voz propia de un crío, con un lenguaje salpicado de localismos, muletillas, onomatopeyas, y palabras que intentan explicar sensaciones íntimas que aún no ha descifrado ni entendido en su totalidad. También hay una serie de secundarios que, en general, están bien descritos con sus palabras: sus padres que no son los más entregados del mundo, su abuela que está muy pendiente de él y mejor descrita, y sus amigos.
Escrito en primera persona, nos ofrece su visión testimonial del mundo que le rodea. Pero entre sus palabras se traslucen temas muy importantes como un ambiente familiar un poco peculiar en el que no hay malos tratos pero sí cierta dejadez, no se desviven por él y tampoco entre sí destilan cariño. También se subraya la importancia en esos años de la amistad, la formación de la identidad de género, la vejez. Aborda temas muy importantes.
No es una novela de sobresaltos, lo cierto es que el ritmo es un poco horizontal, salvo en el final que parece que se pone un poco más intenso por momentos. A mí no me ha importado, no buscaba tampoco más. No quiero contar mucho sobre el final porque no me gustaría destripar nada, pero en general en toda la novela no hay grandes tristezas pero tampoco hay contagiosa alegría. Nico es un gran observador de los gestos de los demás, y los interpreta a su manera y tal cual te los cuenta, asumiendo, qué remedio, lo que no le gusta y lo que le gusta. Y en ese "qué remedio" que nos cuenta subyace cierto desencanto. A mí me ha gustado esta novela, lo cotidiano te va calando y calando y te gustaría resolverle los problemas a Nico, que no tenga que darle tantas vueltas a sus preocupaciones. Y aunque te va transmitiendo su zozobra, la vida es como es.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tus comentarios me enriquecen, anímate y déjame uno