"Quién no conoce las palabras no necesita contar ningún secreto."
Me ha conmovido mucho esta historia. Mucho. No tenía ni idea de qué iba, la verdad es que no suelo leer mucho las sinopsis; si ya me lo han recomendado o lo he visto en las recomendaciones de alguien a quién ya conozco un poco de otras reseñas, aunque sea de las redes, pues ya me fío y leo poco antes de entrar en la historia para intentar que no me la destripen mucho. Y en este caso ha sido un descubrimiento.
Cuando pasé del primer al segundo capítulo pensé ¿Este libro era de relatos? porque no veía ninguna relación entre las dos historias. Pero fui avanzando y ya enseguida me di cuenta de que son dos hilos argumentales que van corriendo paralelos pero que pertenecen a la misma historia. Por un lado tenemos una conversación entre una madre y una hija, ya adultas, y que parecen tener sus tiranteces. Y por otro lado tenemos la historia de una mujer que nos va contando su vida, su matrimonio, su hija... No quiero contaros más. Lo mejor es que entréis sin saber apenas nada.
Los personajes están bien perfilados, y son personajes potentes, despiertan en ti muchas reacciones. Los temas son varios: la relación materno-filial, los secretos familiares, la aceptación del "diferente"...
El título me gusta mucho, es evocador, doméstico, familiar, y luego descubres que es muy importante en la historia.
Es una novela corta, que me la he leído volando, tiene unas 200 páginas. Pero es muy variada tanto en estructura, como en la forma de contarla. Tenemos mucho diálogo, tenemos también narración, tenemos un toque de realismo mágico, tenemos muchos silencios, silencios que gritan, y sobre todo un personaje que a mí se me ha hecho entrañable.
Pero ¡Cuidado! ésta es una de esas historias que duelen.

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