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martes, 24 de marzo de 2020

De la infodemia, el cuarentenar, y otras nuevas palabrotas hasta Delibes y Asterix



Era un 24 de marzo y acababais de aplaudir. 
Porque todos los días a las 8 de la tarde aplaudíais, quién os lo hubiera dicho un mes antes, quince días antes. Cuánto aplaudirías aquella primavera.

Era un 24 de marzo y los síntomas eran evidentes, te dolía la cabeza y te parecía que solo escuchabas la misma información y el mismo tema, a todas horas, en la radio y la televisión, todos los días, en el guasap y el twitter, siempre, siempre.

No había duda, tenías suerte y solo habías enfermado de "infodemia". Una palabra nueva, para designar un mal nuevo, la sobreabundancia de información sobre un mismo tema.

Eran los tiempos del "estado de alarma", tres palabras minúsculas para designar algo grande, algo que nunca habías vivido, algo que esperabas no volver a vivir. Eran tiempos de los ERTE, no de los ERTES decían los académicos, mejor los ERTE sin s final. Eran también tiempos de "cuarentenar", poner en cuarentena a tu persona. Porque eran los tiempos de un bicho, un virus, el coronavirus, y una enfermedad la COVID-19, con artículo femenino, con mayúsculas, con 19 y sobre todo muy mala leche.

Tiempos feos, pero también nuevos, que habían traido verbos y palabras nuevas, que ya decidiría la Real Academia si nos los quedábamos o no.

Para ponerte a resguardo de la "infodemia", tú que ya estabas cuarentenada, quisiste resguardarte bajo el paraguas de la literatura.

 "Rogad a Dios en caridad por el alma de D. Mario Díez Collado, que descansó en el Señor, confortado con los Auxilios Espirituales, el 24 de marzo de 1966, a los 49 años de edad. R.I.P."

 Así comienzaba aquel libro que en su día leíste y que luego disfrutaste en el teatro "Cinco horas con Mario" de Miguel Delibes. Qué bueno Delibes, y qué buena Lola Herrera representando a Carmen Sotillos, la esposa de Mario, el muerto. "El famoso Mario" murió un 24 de marzo. 

Te lo había recordado un libro que también te parecía muy curioso: "Los libros y los días" de Anna Folqué. Una entrada literaria para cada día.   

Era un 24 de marzo y también, en ese 24 de marzo, había fallecido el dibujante de Asterix y Obelix, Albert Uderzo. No lo había matado el coronavirus, decían que había sido el corazón que no aguantó más, tenía ya 92 años. 
El genial dibujante era daltónico. ¿No era increible? 

¿Quién no había leído alguna vez Asterix? Decían que Uderzo prefería a Obelix en vez de a Asterix. Tú nunca podrías decidirte por ninguno. Pero lo más increible de todo, era que en el año 2017, en uno de sus álbumes, un personaje se llamaba, ay infeliz que te querías evadir, se llamaba ¡coronavirus!.

Era 24 de marzo de 2020.

Y ningún paraguas, ni siquiera el de la literatura, podía resguardarte de la "infodemia".


#infodemia
#cuarentenar
#estadodealarma
#ERTE
#COVID-19
#coronavirus
#Asterix
#Delibes

domingo, 15 de marzo de 2020

Pandemia, epidemia, virus, pachucho



No me gusta la palabra "Pandemia", aunque sea antigua y tenga pedigrí. 
No me gusta aunque venga del griego, con ese adjetivo "pan" que tienen tantas palabras nuestras y que vienen del adjetivo pan "totalidad". Añadido a ese "demos" que significa "pueblo". No me gusta porque entonces "pandemia" es esa horrible enfermedad que afecta a todo ("pan") el pueblo ("demos"). Que afecta a toda la población.




pandemia
Del gr. πανδημία pandēmía 'reunión del pueblo'.
1. f. Med. Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.


Tampoco me gusta la palabra "epidemia" que también tiene solera y nos llegó del griego. Que no es tan grave como la "pandemia" pero que "no te la pierdas de vista" porque tiene su importancia. 
No me gusta la palabra "epidemia" porque viene de "epi" que en griego significa "sobre" y "demos" que significa pueblo. Luego la epidemia alude a "estancia en una población", "estancia o presencia en una población". Luego de ahí sería la enfermedad presente, que está, que afecta a un pueblo. No a todos como la pandemia, pero sí a mucha población. 




epidemia
Del lat. mediev. epidemia, y este del gr. ἐπιδημία epidēmía; propiamente 'estancia en una población'.
1. f. Enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país, acometiendo simultáneamente a gran número de personas.
2. f. Mal o daño que se expande de forma intensa e indiscriminada.



No, no y no. No me gusta la palabra pandemia, ni tampoco epidemia. Pero menos aún me gusta la palabra "virus", que ya no viene del griego sino del latín donde significaba ya ni más ni menos que veneno, ponzoña.




virus
Del lat. virus 'veneno', 'ponzoña'.
1. m. Organismo de estructura muy sencilla, compuesto de proteínas y ácidos nucleicos, y capaz de reproducirse solo en el seno de células vivas específicas, utilizando su metabolismo.
2. m. Inform. Programa introducido subrepticiamente en la memoria de una computadora que, al activarse, afecta a su funcionamiento destruyendo total o parcialmente la información almacenada.


A mí la que me gusta es la palabra "pachucho", "pachuchillo", que ni la Rae sabe de donde viene pero que todos entendemos que no es grave. Me gusta la palabra "pachucho" porque suena coloquial, suena cercano, suena a casa. 




pachucho, cha
1. adj. Pasado de puro maduro.
2. adj. coloq. Flojo, alicaído, desmadejado.



Hablar de "epidemia" nos hace inspirar más fuerte guardando el aire, nos sobrecoge. Pero decir "pandemia" nos encoge hasta el infinito el corazón. Nos viene grande, nos puede, nos pierde. 

Yo quiero escuchar que éste, aquel o el de más allá "está un poco pachuchillo". Porque ese adjetivo adelgaza la enfermedad, la encoge, la domestica. Está pachucho, solo está un poco alicaido, como esa fruta pasada de madura que no tiene buen aspecto pero tampoco está tan mal. Esa fruta pasada no le va a resultar atractiva ni a Blancanieves cuando se la ofrezca la Bruja. Ni a Blancanieves, ni a nadie; con lo pachucho nos atrevemos, con lo pachucho podemos.

Pero con la epidemia y la pandemia tenemos que quedarnos en casa. ¿Sabes? Tenemos que quedarnos. 

No sé si me expliqué bien.

Que viene el lobo.


#pandemia
#epidemia
#virus
#pachucho








sábado, 29 de febrero de 2020

29 de febrero y Del origen de la palabra BISIESTO




Dicen que los egipcios crearon, gracias a la observación de los astros, el año solar de 365 días.

Pero el año astronómico, la vuelta completa de la tierra a su órbita, no dura exactamente 365 días, sino que dura un poco más, 365 días, 5 horas y 56 minutos. 

Para corregir este error los romanos propusieron intercalar un día más (6 horas más o menos de más, por los 4 años formarían el día) cada 4 años. De ahí lo del año bisiesto.

¿Pero exactamente la palabra bisiesto de dónde viene?

Porque en tiempos de Julio Cesar, los romanos denominaban:
- Calendas - Al primer día de cada mes.
- Nonas - Al séptimo día de cada mes. Nueve días antes de los Idus o cuarto creciente de luna
- Idus - Era el día 13 o décimoquinto de cada mes según fuera de 30 o 31 días. Luna llena o plenilunio.

Luego entonces:
¿Como llamaban al 28 de febrero? Primum dies ante calendas martias (primer día antes de las calendas de marzo). El 27 de febrero era el secundum dies ante calendas martias (segundo día antes de las calendas de marzo), el 26 de febrero, tercer día, el 25 de febrero el cuarto día, el 24 de febrero el quinto día y así sucesivamente. Usaban la cuenta atras.

Cuando hubo que modificar el calendario, intercalando ese día de más cada cuatro años, que os contaba antes, se propuso intercalarlo entre el sexto y quinto día antes de la calendas. O sea entre los días que hoy son el 23 y el 24 de febrero. 

 Hablamos de febrero, porque para los romanos, febrero era el último mes del año. Sus años empezaban en Marzo, el mes de Marte. Acordaos de que por eso, por ejemplo, septiembre se llama así porque era el séptimo mes, no el noveno. 



Pero a lo que íbamos. Cómo faltaba un día, pensaron en intercalarlo en el último mes, febrero. Y como pensaron en intercalarlo entre el sexto y quinto día antes de la calendas o 1 de marzo, los romanos no tenían día 29 de febrero, sino que tenían dos días 23 de febrero. El día 23 y el 23 bis.

Como el día 23 de febrero era el sextus díes ante calendas martias, el día adicional o 23 bis, fue llamado bis sextus dies ante calendas martias, o sea, "segundo día sexto antes de las calendas de marzo" y el año que contenía ese día se llamó por eso bissextus (bi-, dos; sextus, sexto)



http://etimologias.dechile.net/?bisiesto
http://www.elcastellano.org/artic/bisiesto.htm

#bisiesto



lunes, 30 de diciembre de 2019

Comenzamos los años 20. De la palabra década y decenio.



Ainnnsss jasmíos que se nos termina 2019 en ná, que ya estamos a día 30 y casi casi en el 31, alhajas, a puntito de saltar a los locos años 20 de este siglo. Y ¡yo con estos pelos! 

Ay dremiadelamorhermoso que se nos ha echao encima y sin decir ni mú nos hemos puesto en la Nochevieja. Y los brillisbrillis sin preparar. Que digo sin preparar, sin comprar siquiera ¿Será posible? ¿Y que me pongo yo mañana para brindar?

Y andaos con ojo alhajitas y nada de decir que empezamos década. Nonono, de eso nada monada.

Comenzamos decenio, eso sí. En un suponer que querais mismamente referiros a los próximos diez años, decenio sí.

Pero eso de que empezamos "década" nooooo, jasmíos noooo.

Que yo lo sé de muy buena tinta, que me lo ha "soplao" el Diccionario panhispánico de dudas:

2. En cuanto a las diez décadas de cada siglo, cada una de ellas comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0; así, la primera década del siglo xx es la que va de 1901 a 1910; la segunda, de 1911 a 1920; la tercera, de 1921 a 1930, etc.

Así que queridos míos, tranquilidad que nos falta un año para empezar la década, la comenzaremos en en el año 2021.  Que está ahí mismo. Ya lo veréis. En ná Semana Santa, nos vamos a veranear, volvemos y "los brillis brillis" otra vez.

Ainssss esta vida es un tango, y el que no sabe bailarlo... Ya veis a los de arriba, a los de la foto, ay, qué almas de cántaro.

Bueeeeno, que aquí dándo a la húmeda, ¡con lo que yo tengo aún por hacer! Y que si no nos hablamos mañana que ¡Feliz entrada y salida! 

¡Salaos que sois unos salaos!

Y no olvideis lo de la década. Que no seais impacientes, que aún no. 

Enga pues eso... Que ¡Feliz año alhajas!








#Lenguaje
#Década
#Palabras


domingo, 29 de diciembre de 2019

De la palabra "Turrón"




La Navidad es tiempo de tradiciones.

Y entre ellas, una de las que más perdura, es comer el turrón. 


Pues resulta que no se sabe muy bien de donde viene la palabra "turrón".

Unos dicen que viene de la palabra "Turrar", o lo que os lo mismo "tostar", que a su vez vendría del latín "torrere"que sería secarse al sol. 

Otros que viene de la palabra latina "terra" por masa compacta, conglomerada.

Hay quién lo explica como una derivación del catalán "terró" o terrón, que también vendría de la anterior palabra latina "terra".

En fin, que hay tantas etimologías como sabores del turrón hay, pero siempre con el punto en común de asociarlo con "torrar, torre, terrón, torrere (palabra latina) e incluso de turún (Palabra árabe. No sería descabellado por su parecido con sus dulces hechos con miel, pensar que lo hubieramos heredado de los árabes. Una vez en España habría ido hasta Italia o Francia por mar.).


El caso es que, aunque no sepamos exactamente de dónde viene, ya encontramos la primera mención en castellano de turrón en el ARTE CISORIA, un tratado de cocina de carácter didáctico escrito por el erudito Enrique de Villena, apodado “el Astrólogo”, en 1423: "Demás desto, turrones, nuégados, obleas, letuarios e tales cosas que la curiosidad de los príncipes e engenio de los epicurios halló e introdujo en uso de las gentes".

La primera receta de turrón, en cambio, no aparece escrita hasta una fecha posterior entre 1475 y 1525, en el libro anónimo MANUAL DE MUGERES EN EL QUAL SE CONTIENEN MUCHAS Y DIVERSAS REÇEUTAS MUY BUENAS. en el año 1745.



¿Y por qué lo consumimos en Navidad? Pues tampoco se sabe a ciencia cierta. La opinión más extendida es que como sus ingredientes son caros, la miel y las almendras, pues se reservaba a ocasiones muy especiales, como podría ser la Navidad. 

Como vemos hay muchos interrogantes alrededor del turrón.


Así que la curiosidad no la vamos a poder satisfacer del todo. Así que lo mejor es que, tras este inciso, nosotros a seguir dándole al turrón, que es lo que toca.



#Etimología
#Turrón
#Navidad
#Palabras

Fuentes:
Centro Virtual Cervantes
Etimologías de Chile
Blog de Lengua
Blog de Fernando Quesada

domingo, 13 de octubre de 2019

El otoño y las castañas. Las castañas y el lenguaje. La vida y Maricastaña





Es octubre, y empieza a otoñar. 

El otoño guarda el olor de las castañas asadas escapándose de la cocina. 

Mientras en el fuego se calentaba aquella lata redonda, siempre la misma, que mi madre había agurejeado para asar las castañas partidas por la mitad.

Dónde iría a parar aquella lata...

Es otoño, y con las lluvias que comienzan, el mundo se mira en los charcos, embelleciendo las aceras.

Habrá que ir mudando de traje y de lenguaje. 

Es tiempo de mudanza.

Que "Por el Pilar las primeras castañas has de asar".




Y como en este blog nos gustan tanto el lenguaje pues vamos a hablar un poquito de las frases hechas con "castañas", centrándonos en una de ellas:


Sacar las castañas del fuego

Según el DRAE el significado de esta frase hecha es: ejecutar en beneficio de alguien algo de lo que puede resultar daño o disgusto para sí.

Evidentemente es bastante fácil quemarse al cogerlas, luego si lo hace otro por nosotros, eso que nos evitamos.  

Es una expresión muy corriente, que también existe en frances e inglés: tirer les marrons du feu y to pull the chestnuts out of the fire.

El origen de la expresión que he encontrado y se lleva más puntos, nos dice que vendría de una fábula de Jean de La Fontaine (1621-1695). El gato y el mono, en la que un mono que convence a un gato, dorándole la píldora (otro día hablamos de esta expresión) para inflarle el ego y que al final todo valiente le sacara unas castañas del fuego. Al final el gato se quema las garra y casi sale mal parado.

He encontrado otro posible origen: "La expresión hace referencia a un episodio que desgraciadamente no ha sido recogido de forma directa por ninguna fuente. Se cree que fue durante la guerra que Julio César libró en el norte de Egipto contra Ptolomeo XIII que comenzó el incendio que destruyó la mayor parte de los volúmenes de la Biblioteca de Alejandría. Cuando Cleopatra se enteró de semejante tragedia, rogó a César que salvara al menos su obra preferida: “Las castañas” de Aristófanes, una comedia de la que no tenemos muchas más noticias. Parece ser que fue el mismo César quien aprovechó de la confusión en la ciudad para adentrarse en el edificio en llamas y rescatar un manuscrito de la obra. Fue al volver al palacio que se lo arrojó con desdén a la faraona y le dijo: “que sea la última vez que te tenga que sacar Las Castañas del fuego”, que era una frase referida sobre todo a la mala situación de la guerra en aquel momento, con César que estuvo a punto de perder la vida en varias ocasiones por culpa de Cleopatra y de sus escasas tropas." 



Os dejo con más frases hechas que utilizan las castañas:


Empezar a buscarse las castañas...

¡Toma castaña!

Te has dado una castaña...

 ¿Alguien sabe más?



Y ya que estamos, y a riego de enrollarnos, solo hablaros un poquito de la famosa Maricastaña, sí, sí, aquella de la famosa frase "En tiempos de Maricastaña".

Pues bien aquí os dejo quién parece ser que era. Le debemos esta explicación al blog o libro de "Aquí está el listo que todo lo sabe" de Alfred López, que nos enseña un montón de cosas:

"...un gran número de historiadores que coinciden en trasladar a la famosa María Castaña al siglo XIV y ubicarla concretamente en Cereixa, un pequeño pueblo (parroquia) perteneciente al municipio de A Pobra do Brollón (Lugo).

Todo parece indicar que la tal María Castaña encabezó una protesta contra el despotismo ejercido desde el Obispado de Lugo, representado por el religioso Pedro López de Aguiar. Los abusivos tributos que cobraba a la población bajo el beneplácito de la Corona de Castilla (de la que dependía en aquellos tiempos Galicia) la llevaron, el 18 de Junio de 1386, a liderar una importante revuelta que se saldó con la muerte de Francisco Fernández, mayordomo y recaudador de impuestos del Obispo.

María fue acusada de encabezar tales revueltas con la ayuda de su esposo y sus dos hijos, convirtiéndose en toda una heroína local, ejemplo a seguir para muchos de sus vecinos.
La gesta de María Castaña fue pasando de boca en boca, quedando aquellos hechos en el recuerdo colectivo.

Las referencias a esta historia se pueden encontrar en el tomo XLI (pág. 126-127) del libro “España Sagrada” de Juan Manuel Martínez Ugarte (más conocido como Padre Risco), en el libro “Crónica de la provincia de Lugo”, de José Villaamil y Castro y en el tomo I de los pergaminos del archivo episcopal de Lugo."





https://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/quien-fue-la-maricastanas-del-famoso-dicho/

https://emitologias.wordpress.com/2013/12/02/sacar-las-castanas-del-fuego-origen/

https://blogdeespanol.com/2012/10/sacar-las-castanas-del-fuego/


#Castañas
#Frases hechas
#Maricastaña
#Lenguaje

lunes, 8 de julio de 2019

"Hacerse el sueco" o Vicky el Vikingo o la vida misma


Espero que no pensaráis que me había olvidado de vosotros, que no. Ni eso ni que me estaba "haciendo la sueca" con nuestras cosas del blog... que tampoco.

Porque no, para nada. Palabra. 

Es solo que he estado un poquito lejos, haciendo justamente eso "la sueca".

Que noooooo, que tampoco, no me he hecho la sueca, pero sí que he estado viajando y viajando y viajando hasta llegar a ¡Suecia! Y tengo muchas cosas que contaros de allí, muchas bibliotecas que traeros, caminatas literarias, murales y un montón de esas cosas que nos gusta compartir.

Pero mientras tanto... Vamos a empezar por la expresión ¡Hacerse el sueco! y nunca mejor dicho.

Leo por aquí y por allí distintos orígenes de nuestra expresión. 

Uno de los más extendidos dice que dicha expresión no viene de los habitantes de Suecia, sino que viene de la palabra latina "soccus", que era una especie de pantufla, un calzado que llevaban las mujeres y los cómicos del antiguo teatro romano. En contraposición al que  los trágicos llevaban: "coturnos".

Pero lo que nos interesa es que de esa misma palabra derivarían otras palabras como zueco, zocato o zoquete que es un tarugo de madera. 

 Zoquete
  1. m. Pedazo de madera corto y grueso.
  2. Pedazo de pan grueso e irregular:
    guardo los zoquetes para hacer pan rallado.
  3. Persona torpe e ignorante:
    no aprobará nunca porque es un zoquete. También adj.
Luego gracias a la tercera acepción, decimos que es un zoquete, un tarugo, al hombre torpe y obtuso... De ahí vendría la expresión "hacerse el sueco", hacerse el obtuso, el tonto, el que no entiende...

Eso dice una de las explicaciones a esta frase hecha.

Mientras que para otros linguistas "hacerse el sueco" vendría de los tiempos en que los marineros suecos, marineros que de verdad venían de la lejana Suecia, atracaban en nuestros puertos, y aprovechaban que no entendían bien nuestro idioma, para desentenderse también de lo que entendían pero no les convenía saber... Con lo que se hicieron merecedores de la expresión. Vamos que se "hacían los suecos".

Hay quien opina también que dicha frase es la versión española de la frase francesa “Faire la sourde oreille” (Hacer oídos sordos). Su origen vendría de los intentos fallidos de Napoleón en negociar con un diplomático sueco, que fingía no entenderle para así no acceder a lo que el francés le pedía.


El caso es que ya hace un tiempito que usamos esa frase puesto que parece ser que la RAE asegura que fue utilizada por primera vez en un texto escrito en 1841 en la obra de teatro 'Dios los cría y ellos se juntan' de Manuel Bretón de los Herreros. 




Y por último me vais a permitir, como unas cosas me llevan a otras y será porque la cabeza no deja de hacer asociaciones libres, o porque a Suecia la llevo dentro desde ni me acuerdo, que os deje una de mis sintonías preferidas desde hace muuuuuchos años:





Todo ésto para deciros que ya ando por aquí otra vez, cerquita de mi blog, y por tanto de vosotros. Y prometo solemnemente volver muy pronto a compartir "estas cosillas nuestras del lenguaje, de Madrid y la cultura" con más asiduidad.



#Hacerse el sueco
#Frases hechas
#Vicky el Vikingo  

domingo, 30 de junio de 2019

Letraherido, la palabra


«Te escribo desde la oficina, mientras en torno cantan el vals de los ventiladores. Realmente no es éste clima para letraheridos: mi cabeza pierde filo y mi caligrafía lleva camino de convertirse en algo infantil». 
Extracto de una carta de Gil de Biedma a Carlos Barral.



https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/junio_17/09062017_01.htm




Letraherido:

Es un calco del término catalán lletraferit. El Diccionario de uso del español, de Seco, Andrés y Ramos, lo recoge con el significado de ‘aficionado a las letras o a la lectura’.


Cómo me gusta esta palabra.










lunes, 24 de septiembre de 2018

O sea, la de muletillas que usamos, ¿sabes? - Artículo de Lola Pons




Me llamo Rocío Díaz y soy "valeinómana".

Porque sí, porque a la que me descuido hablando me sale un "¿Vale?", sobre todo si estoy concertando una cita. Y lo sé, y vuelvo sobre mis frases una y otra vez, sobre todo en el guasap, buscando esos "vale" que se me escapan para apoyar mi conversación y quitar alguno que otro...

Y de todo esto trata el artículo que os traigo hoy: De "las muletillas" que utilizamos al hablar, cada uno las suyas, y de las que apenas nos damos cuenta.

He aprendido que ahora se las llama "marcadores discursivos"... Lo de "muletillas" era más gráfico ¿No creéis?

Es un artículo de Lola Pons y salió publicado en El País el pasado 19 de septiembre.

¡Vale! pues aquí os lo dejo.




O sea, la de muletillas que usamos, ¿sabes?

Bueno, yo diría que en las gramáticas del español moderno se conocen más bien como “marcadores discursivos”

GTRESONLINE


"En plan", "o sea", "digamos", "este", "en verdad", "¿sí o qué?", "tú sabes", "hombre"... ¿Cuál es tu muletilla? Las hay compartidas por todos los hablantes del español (como "mira" o "bueno"); las hay especializadas por zonas ("este", en el español americano mucho más frecuente que en el español europeo) y algunas son propias de una edad (como el desarrollo reciente de "en plan"); pero, de un tipo u otro, usamos estas expresiones a diario.
Llamamos coloquialmente a esas expresiones "muletillas" porque nos apoyamos en ellas, igual que el que se ayuda de un bastón o muleta o se auxilia de algún instrumento para poder seguir andando. Como si la conversación fuese un camino que transitamos, las muletillas nos sirven para sostenernos al hablar y orientan a nuestro interlocutor sobre nuestra actitud ante lo que estamos diciendo o para corregirnos ("he llegado a las siete, bueno, a las siete pasadas").
Usar esta clase de formas no es un recurso nuevo ni reciente en nuestro idioma. Palabras con valor de apoyo o de apelación al oyente han existido desde antiguo, aunque nuestros antepasados las llamaban de otra forma. Partiendo del nombre bordón (que significa "bastón alto en que apoyarse"), antiguamente eran denominadas bordones o bordoncillos. En los siglos XVI y XVII eran muletillas o bordones frases como "bien me entiendes", "ya digo", "sepa vuestra merced"... y causaban tanto fastidio como ahora a los que prescribían cómo se debía hablar.
En su Diálogo de la lengua de 1535, Juan de Valdés criticaba los “bordones de necios” y entre ellos subrayaba el abominable uso que algunos hacían de “¿entendeisme?” cuando “no les viene a la memoria el vocablo tan presto como sería menester y os lo dicen muchas veces sin haber cosa que importe entenderla”.
Todos tenemos una muletilla que repetimos más que otras, aunque esa querencia nos es más fácil verla en los demás que en nosotros mismos. Cuando los imitadores caracterizan a un personaje, tiran de muletillas para evocarlo: los expresidentes del gobierno Felipe González y José María Aznar eran imitados con "por consiguiente" y "mi(re) usted", respectivamente; Pedro Sánchez empieza a serlo con un "fíjese usted" con el que apela al entrevistador de manera constante.
Técnicamente estas palabras no se llaman muletillas; en las gramáticas del español moderno se conocen como “marcadores discursivos” y suelen tener etiquetas específicas según su significado: los hay de reacción (hombre, mujer, tío), de atenuación (bueno, yo diría, es como muy...) o de demanda (¿me entiendes?, ¿oyes?), entre otras denominaciones. A diferencia de los verbos, los adjetivos, los sustantivos y otras partes clásicas de la gramática que se estudian mucho y muy bien en las escuelas, los marcadores suelen recibir una atención más bien marginal en los libros de texto escolares y aunque en los últimos años los lingüistas los hemos empezado a estudiar con detalle y hay incluso diccionarios específicos dedicados a ellos, los marcadores siguen siendo considerados los elementos más raros e inclasificables de cualquier lengua. De hecho, entre las cosas más difíciles de aprender si estudias un segundo idioma están estas partículas o marcadores discursivos.
Esa rareza o marginalidad tiene que ver en parte con su significado poco explícito: todos sabemos lo que significa hombre pero cuando un profesor dice a su grupo de estudiantes “Callaos, hombre ya”, usa "hombre" en singular para aludir a un grupo plural; algo parecido ocurre si, hablando justamente con una mujer, le pedimos: "Hombre, no me digas eso". Cuando una palabra se mete en el peligroso camino de trabajar como marcador discursivo suspende su significado habitual y se hace invariable en género y número.
Pero es que, además, ese camino está siendo iniciado constantemente por palabras nuevas, por lo que es difícil hacer un repertorio cerrado de marcadores de nuestra lengua. Así como hay marcadores que lo fueron ayer y hoy (el entendeisme que criticaba Valdés en el XVI es el hermano del airado ¿me entiendes? con el que tapa bocas Belén Esteban), otros han iniciado su camino en fecha tan reciente que podemos recorrer su historia simplemente hurgando en la memoria de nuestros mayores. La forma "o sea" se ha usado históricamente en español para reformular algo (“no quedan plazas para estudiar italiano, o sea, se ha llenado ya ese curso”), pero en el siglo XX se empezó a utilizar a final de frase para situarse ante lo dicho, reforzándolo o suavizándolo: “Luis me ha dejado por teléfono. Es un impresentable, o sea”. Es un uso que iniciaron los hablantes nacidos en la segunda mitad del siglo XX.
Similar es lo ocurrido en el español de España desde los años 80 con la palabra venga para ir acabando una charla o cerrar un acuerdo. Este segundo uso se ha desarrollado recientemente, de hecho hablantes de español ausentes un tiempo del país lo vieron como insólito cuando a su vuelta se toparon con ese nuevo valor de "venga".
Usar estas expresiones no es correcto ni incorrecto en sí mismo: censurar esta clase de palabras o desaprobar su uso sería como reprochar que usemos verbos, adjetivos o un sonido concreto, o como prohibir que utilizáramos en las conversaciones los típicos elementos de apoyo (eh, umm). Sí es lógico recomendar que en determinados ámbitos nos esmeremos en no abusar de ellas. Como ya sabemos, la lengua es un edificio y manejarla es recorrer con soltura todas las plantas posibles. Pues bien, hay plantas en que determinados marcadores o el uso constante de ellos puede resultar disonante. Conque, bueno, pues eso es lo que quería explicar de las muletillas y tal. Digamos que voy terminando, tú me entiendes, ¿no?


#Artículos #Lenguaje coloquial #Muletillas

lunes, 11 de junio de 2018

Alias, apodo y seudónimo





El otro día me surgió una duda a raíz de la diferencia entre dos palabras "Alias" y "Apodo". Yo tenía claro que un apodo era un sobrenombre por el que te empezaban a llamar los demás. Pero con la palabra "alias" tenía mis dudas.

Así que acudí al diccionario de la Real Academia. Siempre que digo esto me acuerdo de "Los Supertacañones" ¿Os acordáis? Bueno lo haréis los que tenéis ya una edad... A los Supertacañones acudían en el Programa de televisión "Un, dos, tres" cuando había una duda que despejar.


alias

Del lat. alias 'de otro modo'.
1. m. Apodo o sobrenombre.
2. adv. Por otro nombre. Alfonso Tostado, alias el Abulense.
3. adv. desus. De otro modo.

Disipé mis dudas en un plisplas. Claramente parece que alias y apodo son sinónimos. Porque directamente para definir "alias" te remiten a "Apodo". En fin... Menos mal que hay otras acepciones. Cómo vemos nuestra palabra en cuestión viene de la misma palabra en latín "Alias" que significada de otro modo. Y entiendo que ese "Alias" también te lo colocan los demás.




apodo

De apodar.
1. m. Nombre que suele darse a una persona, tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia.
2. m. desus. Chiste o dicho gracioso con que se califica a alguien o algo, sirviéndose ordinariamente de una ingeniosa comparación.

Con la palabra "Apodo" el diccionario es mucho más claro. Aunque no teníamos ninguna duda pero lo explica mucho mejor.



apodar

Del lat. tardío apputāre, y este der. del lat. putāre 'calcular, evaluar', 'juzgar'.
1. tr. Poner o decir apodos.
2. tr. desus. Comparar algo con otra cosa.
3. tr. desus. Valuar o tasar algo.
4. prnl. Ser llamado por el apodo.

Luego entonces en ambos casos se trata de un sobrenombre que te ponen los demás. Me ha gustado saber que la palabra "apodar" deriva del latín "putare" que significaba "evaluar o juzgar". Efectivamente cuando te colocan un apodo no hacen más que juzgarte por alguna característica.

Últimamente y por tristes circunstancias no hacemos más que escuchar el apodo "El Chicle". En este caso sería un apodo o un alias, daría igual.

Otra cuestión muy diferente es un seudónimo. Porque mientras en los casos anteriores el sobrenombre te lo ponen los demás, en el caso del "seudónimo" se lo pone uno mismo. Y mientras las dos anteriores palabras nos llegaron del latín, ésta nos vino del griego.

Son muchos los escritores a los que hemos conocido por su seudónimo, no por su nombre verdadero. Como por ejemplo el poeta Paul Celán, el escritor Lewis Carroll (autor de Alicia en el País de las Maravillas) que se llamaba en realidad Charles Lutwidge Dodgson, Pablo Neruda que se llamaba Neftalí Reyes, Mark Twain que se llamaba Samuel Langhorne Clemens... En fín muchos. Otro día hablamos de ellos.


seudónimo, ma

Del gr. ψευδώνυμος pseudṓnymos.
1. adj. Dicho de un autor: Que oculta con un nombre falso el suyo verdadero.
2. adj. Dicho de una obra: Firmada con seudónimo.
3. m. Nombre utilizado por un artista en sus actividades, en vez del suyo propio




domingo, 25 de marzo de 2018

Frases hechas del lenguaje religioso, que pasan a ser del lenguaje coloquial


A veces viene bien detenerse en las palabras que decimos, saborearlas, indagar por qué hablamos con ellas, de quién o quiénes las hemos heredado.

A veces viene bien volver la vista atrás y repasar lo que ya hemos aprendido, porque la memoria es frágil y para que quepan más vamos perdiendo datos por el camino.

En este blog ya lo hemos dicho muchas veces, tenemos en nuestro lenguaje coloquial muchas frases hechas que decimos sin pensar. 

Estamos en Semana Santa: ¿Cuántas de esas frases que decimos sin pensar, frases hechas, hemos heredado de estos días religiosos? 

Repasamos algunas de ellas. Sí, ya las hemos comentado otros años, pero seguramente ya ni nos acordaremos.


"EL DOMINGO DE RAMOS, EL QUE NO ESTRENA NO TIENE MANOS"
No tener manos quería decir en las épocas clásicas y medievales no tener trabajo, no participar en las labores productivas de la comunidad y por tanto carecer de los mínimos recursos económicos.
En esas épocas era común celebrar la llegada de la primavera con el estreno de alguna prenda de vestir, que significara también la renovación del cuerpo. El que no tenía dinero para adquirirla o medios para hacérsela, el que "no tenía manos" no estrenaba.
Las celebraciones pascuales se relacionan con ritos antiquísimos de primavera, de resurrección.
Litúrgicamente, diremos que se conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, según narra el evangelio de San Marcos, a lomos de un burro. 

De Herodes a Pilatos:
Se suele decir cuando te mandan de una persona a otra para resolver alguna cuestión burocrática, y mientras tanto se pasa el tiempo y no se resuelve el tema.
"Hay que tener en cuenta que los dos caúces por donde discurrió nuestra cultura popular durante siglos fueron la comedia y el sermón. (...) El evangelio nos cuenta como Jesús fue llevado de Anás a Caifás, de Herodes a Pilatos, en el proceso de su Pasión que terminó con su condena en la cruz.
Poner o Meter el dedo en la llaga
Se suele decir cuando hablas de algo de tal forma que la preocupación por ello aumente.
Viene de el episodio en el que Jesús ya resucitado le pide a Tomás, que no cree que haya resucitado, que meta el dedo en la llaga. 
poner el ~ en la llaga.
1. loc. verb. Conocer y señalar el verdadero origen de un mal, el punto difícil de una cuestión, aquello que más afecta a la persona de quien se habla.
 
 
 
 "TRAER POR LA CALLE DE LA AMARGURA"
Traer por la calle de la amargura es atormentar a alguien hasta la desesperación, hacerle la vida imposible.
Tiene relación con los itinerarios de las procesiones de Semana Santa o con los recorridos penitenciales de los cofrades, hacia el lugar donde se representa la Pasión de Jesús.
En algunas ciudades españolas existe una calle con ese nombre.
 
 
" SUDAR SANGRE"
La expresión "sudar sangre" ha pasado al vocabulario común para describir un esfuerzo físico sobrehumano. 
¿Se puede realmente sudar sangre? El sudor es una secreción de unas glándulas de la piel que, como todas, están rodeadas de pequeños vasos capilares. En determinadas circunstancias, sobre todo en esfuerzos físicos, o en situaciones de mucha tensión emocional, no es extraño que se produzcan en la piel pequeñas hemorragias, como picaduras de pulga, que casi todos hemos tenido ocasión de notar alguna vez.
Pues bien si la rotura de esas venitas ocurre en las que rodean a las glándulas sudoríparas, la sangre se mezcla con el sudor y sale al exterior por los poros. 
Y ésto es lo que le ocurrió a Cristo en el huerto de Getsemaní; hasta tal punto llegó su estado de tensión, de angustia y desasosiego. Por eso se dice que Jesús era, además de Dios, verdadero hombre con un organismo y una fisiología en todo similar a la cualquiera de nosotros.
 
 
 
Dar la matraca
Dar la matraca es burlarse con pesadez de alguno, molestar, agobiar, insistir con impertinencia en algo que enfada a otro.
La matraca era y es un instrumento de madera construido con una o dos mazas que forman una especie de aspas de tablas en la que cuelgan mazos que al girar producían un ruido muy molesto. Se utilizaba en algunos conventos para llamar a maitines y todavía se utilizan en semana santa para anunciar los actos religiosos los jueves y viernes santos porque no se pueden utilizar las campanas de la Iglesia por haber muerto Cristo.


 
La procesión va por dentro:
Expresión que se aplica cuando una persona parece estar aparentemente tranquila, aún cuando sabemos que íntimamente está pasando por un momento delicado. Por fuera es una persona medida, serena, e incluso puede parecer divertida, pero por dentro está seria -como se marcha en las procesiones- porque sufre.
Os copio aquí el único origen de la expresión que he encontrado:
 
¿Por qué decimos que LA PROCESIÓN VA POR DENTRO para significar que alguien no exterioriza el pesar o la pena que siente en su interior?
 
La expresión hace referencia a la antigua costumbre de realizar las procesiones religiosas en el claustro del templo o bajo cubierto los días de lluvia.
Los oficios no dejaban de realizarse, aunque se hacían de manera menos vistosa, sin la pompa habitual de las procesiones públicas.
Aunque los cofrades mostraban la alegría propia de la celebración, en su fuero interno se sentían contrariados, pero no dejaban que esa tristeza se reflejara en su cara.
 
 
 
 
Fuentes:
Historias curiosas de la Iglesia de José Ignacio de Arana. Edit. Espasa Calpe.
www.1de3.com

Abecedario de dichos y frases hechas de Guillermo Suazo Pascual. 
 
 

sábado, 23 de septiembre de 2017

La cuenta de la vieja, el quinto de la tarde y el último mono

Gijón


Hoy traemos una entrada donde vamos a combinar los nombres de los establecimientos, en éste caso bares y restaurantes, con expresiones del lenguaje coloquial.¡A cuántos bares les ponemos esas frases por nombre! por supuesto con ello logran rápidamente atraer nuestra atención y que se nos quede en la memoria. Muy acertados...

Hoy traemos tres bares que he encontrado por tierras de Asturias. Los tres dándole vueltas al lenguaje coloquial. ¡¿Cómo no iba a traérmelos?!

La cuenta de la vieja, El quinto de la tarde y El último mono.


La expresión "La cuenta de la vieja" quiere decir hacer las cosas despacio, paso a paso, obviando operaciones matemáticas más complicadas o sesudas.




Oviedo


"Antiguamente, cuando todavía no se había establecido el sorteo, para ver qué toros correspondían a cada matador, el propio ganadero ordenaba la salida de los toros y, tradicionalmente dejaba para el quinto lugar aquel que le ofrecía mayores garantías de bravura, nobleza y condición. Por eso, el quinto toro de la tarde solía ser siempre esperado como el mejor de la corrida, aunque, lógicamente, no resultara siempre así. Hoy, también usamos la frase, para hacer frente a cualquier materia que ocupe el quinto lugar..."


Desde el lenguaje taurino nos llega esta expresión que tanto hemos utilizado en la vida cotidiana. Independientemente de que nos gusten o no los toros, lo cierto es que muchísimas expresiones de nuestro lenguaje coloquial procede de ellos.





Oviedo

Nos dice el diccionario de la Rae si buscamos la palabra "mono":

ser alguien el último mono
1. loc. verb. coloq. Ser insignificante, no contar para nada.

Hay muchas expresiones, muchas frases coloquiales con monos: Ser alguien el último mono, no tengo monos en la cara, corrido como un mono, a freír monos o monas...





Cuánto juego da el lenguaje coloquial, es musical y fácil de memorizar. Muy oportuno para ligarlo a los bares. Como decían Gabinete:

"Bares, qué lugares... Tan gratos para conversar..."


jueves, 7 de septiembre de 2017

Rita la Cantaora.- El por qué del dicho





Ya tenemos ahí mismo el fin de semana. Yuhuuuuu

¿Y quién va a ir a trabajar el sábado y el domingo? ¡Rita la Cantaora!

Pobre Rita que al final la hemos ido dejando todo lo que no nos gusta hacer. ¿Y no os habéis preguntado nunca quién era Rita la Cantaora? Pues en este blog estas curiosidades no nos las podemos aguantar.

Pues tal y como dice el dicho Rita La Cantaora era eso mismo: Cantaora de flamenco.

Rita era jerezana y en realidad se llamaba Rita Giménez García (1859-1937). Debutó en Madrid en el Café Romero de la calle Alcalá después de que la descubrieran en su Jerez.  Fue contratada para actuar con Juana la Macarrona y el cantaor Antonio Ortega.

Nos cuentan algunos biógrafos suyos que vivió después en el famoso barrio de Madrid Carabanchel alto y que después se casó con un viudo que ya tenía una hija y varios nietos. Su ultima actuación fue en el año 1934. Y murió en el año 1937, dicen en la Wikipedia que "por avatares de la Guerra Civil".

Se cuenta cómo una posible explicación de que haya llegado hasta nosotros su nombre porque parece ser que tenía un carácter muy alegre y dicharachero y siempre estaba diciendo frases chistosas o ingeniosas, además de que por menos de nada se marcaba un baile o se ponía a cantar. Por ser "tan dispuesta" y desde tener talento al hacerlo, pues acabó siendo la protagonista del famoso dicho de que lo que fuera lo haría "Rita la Cantaora". Se supone que en un principio se referirían a ella en frases con sentido positivo, pero con el tiempo y debido a las rivalidades y envidias que suscitó, ya se diría su nombre en sentido peyorativo, que es como nos ha llegado hasta nosotros.

Hay otras explicaciones como que en su época fue muy famosa en muchos Cafés de Madrid porque tenía una personalidad muy visible y atractiva.

He vivío como una reina y ahora soy más probe que las ratas» decía Rita la Cantaora en una entrevista que se hizo en 1935 para "Estampa".



Pues eso. Que va a ir a trabajar en el fin de semana ¡Rita la Cantaora!, y ahora con conocimiento de causa de quién era esta buena mujer.



domingo, 3 de septiembre de 2017

De la palabras y sobre todo de la palabra: PERPLEJO




Había días que una palabra se le quedaba, sin saber por qué, enredada entre los dientes y la lengua. Por más que quería sacarla de allí dándole empujoncitos con la punta de la lengua y con el cepillo de dientes y hasta el mondadientes, la palabra se hacía fuerte en el cielo de la boca y nada, que no conseguía decirla.

Sabía cómo conseguiría sacarla de allí, porque lamentablemente no era la primera vez que le ocurría. Pero no quería rendirse tan pronto, quería que la palabra se diese cuenta de quién mandaba allí. Y si él quería decirla, la palabra tenía que obedecer y salir dicha de su boca como las leyes de la comunicación mandan. 

Y no, no era porque ya se hiciera mayor, y las palabras a veces se les resistiesen cómo había visto millones de veces en sus abuelos o incluso en sus padres ya. No, no era eso, ojalá fuera la explicación tan sencilla. Que va. Lo cierto es que a veces, muchas veces de un tiempo a esta parte, las palabras tomaban el mando, se hacían con sus conversaciones y querían ser protagonistas. Era una cuestión de voluntad. La santa voluntad de las palabras.

Cuando ya se cansaba de azuzar a su lengua contra la desobediente palabrita en cuestión, cuando se hartaba de intimidarla armado con el cepillo de dientes, y de embestirla con el vulgar mondadientes, pero aún así la palabra se aplastaba contra las paredes de su boca, para que no la alcanzara y se hacía fuerte y conseguía evadir cada ataque, llegaba un momento que él le gritaba a su propia palabra: ¡Vale tú ganas! Y entonces rendido, se levantaba y acudía al diccionario etimológico.

- No era tan difícil... -parecía decirle por encima del hombro la palabra, irguiéndose aún más con su l y b, bien derechita, cuando al fin se dignaba a salir de su boca.-¿Por qué te resistías? -parecía seguir diciéndolo poniéndose en cursiva- sabías  bien lo que tenías que hacer. ¡Buscar de dónde vengo! ¡¿Es tan difícil de entender que a nosotras también nos guste que nos hagan caso?! solo nos usáis y nos usáis todo el santo día sin prestarnos una mínima atención... Nos utilizais sin ni siquiera pensarnos un momento. No hay derecho.

Perplejo, ya con el diccionario en sus manos, soportó estoicamente la regañina y asintiendo leyó en voz alta:


La palabra perplejo proviene del latín "perplexus". Una palabra formada por el prefijo "per" (intensidad) y el participio pasivo del verbo "plectere" que significaba: tejer, torcer, dar muchas vueltas, enredar...

Llegó a nuestra lengua a través del francés antiguo perplex, y su definición alude a un concepto abstracto, sería algo así como estar totalmente enredado o confuso.

Perplejo se suele aplicar más a personas que a cosas. La perplejidad es una especie de nudo intelectual, como el enredo sugerido por plectere.

Perplejo aparece registrado por primera vez con su forma actual en el diccionario de Terreros, que define su significado como 'dudoso, indeterminado', pero se usaba ya desde el siglo XIII bajo la grafía antigua: perplexo, como en este trecho de la Gran conquista de ultramar:
E porende estaua muy perplexo que no sabia a qual destas cosas se acoger.
Siempre me ha parecido una palabra muy sonora con esas "p" y esa unión de la "p" con la "l", además está muy "manoseada". Es mucho más corriente que alguien utilice al adjetivo sorprendido, extrañado, aturdido  o ya en el lenguaje coloquial muchos otros: noqueado, ojiplático... que perplejo.
Se merecía su entrada.