Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

domingo, 9 de febrero de 2025

"Síbaris" Domingo Villar

 


Me tropecé con este libro por casualidad, nadie me había hablado de él, no me suena haberlo escuchado tampoco, pero curioseando por una librería (deporte muy, muy arriesgado del que a duras penas logro salir indemne sino que lo más probable es que termine acarreando trescientos mil ejemplares siete mil horas después de haber entrado a la tienda) leí el nombre del autor e inmediatamente captó mi atención. 

Domingo Villar el novelista de "La playa de los ahogados", "Ojos de agua" y "El último barco", tres novelas de género negro con el inspector Leo Caldas de protagonista, que me encantaron. Pues este autor, que murió tan joven, con escasos cincuenta años, también había escrito esta obra de teatro que es "Sïbaris" y despertó mi curiosidad. 

Este pequeño trofeo, pues tiene ciento y pico páginas, me lo leí en un fin de semana escaso. Imaginaos... Como es teatro y solo tiene 10 escenas, lo devoré. Pero me dejó buen sabor de boca. 

Claro me gusta más el Domingo Villar novelista, pero es tontería comparar... Salvadas las distancias del género y la extensión, yo disfruté esta obra con tres o cuatro personajes, pero solo hablan tres, un maniquí y un gato. Toda la lectura me tuvo con una sonrisa tonta porque tiene un sentido del humor fino que me hacía bastante gracia. De hecho la anuncia la solapa como "comedia negra", porque existe la posibilidad de que se cometa un asesinato... Yo creo que el autor la escribió como algo lúdico, y así la leí yo.

Está bien escrita, es como una comedia de enredo que se desarrolla toda en un único escenario, el salón de una casa, pero que está salpicada con un montón de giros con lo cual estás muy entretenido leyéndola. Los diálogos están bastante conseguidos. Tiene un ritmo ágil con tanto cambio en la historia y un cambio de voces rápido y ocurrente, además, como os decía, destila un humor que me hacía, en alguna que otra escena, bastante gracia.

Después de leerla he leído que la publicaron después de fallecer su autor. Y que incluso se representó en los teatros del Canal. Qué pena no haberme enterado. 

Una lástima que este autor nos dejara tan pronto porque daba y da muchísimo gusto leer lo que escribía, lo hacía muy bien con una prosa muy pulcra, muy trabajada. Sus novelas me encantaron. Y la película de Carmelo Gómez haciendo del inspector Leo Caldas también yo creo que era muy fiel a la novela de "La playa de los ahogados", captó su atmósfera. 

Aunque donde estén las novelas de Domingo Villar...


viernes, 7 de febrero de 2025

La tarde del viernes.

 



Alguien debería levantar un monumento a la tarde del viernes. Ponerlo en el centro de una plaza con árboles y bancos en los que sentarse al sol. Se merece un monumento, al menos una placa que rezara: "A la tarde del viernes, la mejor de toda la semana". 

Déjate de monumentos y pamplinas, y aprovéchala, te dices. Es fin de semana. Te espera una alfombra roja de tiempo y planes, descanso y disfrute. Vamos, tira, puedes empezar ya a desplegarla, sin prisa, sin Cronos azuzándote. Una alfombra mágica que se desenrolle por delante ti, despacio, despacio, poniendo a tus pies mil y una bondades para el fin de semana.

Respira. Deja que el blando silencio se haga hueco entre tus neuronas, deja que vaya deteniendo el atropello que aún corre vertiginoso por dentro de tu cabeza, no se te olvidó nada, deja que se despegue la prisa de las yemas de tus dedos y de tus pensamientos, que calme, calme. Ya quedaron las tareas hechas, el reloj de fichar te hizo una reverencia al salir entre las voces alegres que te desearon "Buen finde". Y tú te fuiste paseando, a tu paso, ni alegre, ni triste, dejando que la lluvia te empapara sin prisa. Solo era lluvia, lluvia mansa tras el chaparrón. 

Quédate tranquila. Que la actividad vaya posándose despacio, que encuentre mullido acomodo en el suelo de este atardecer plácido. La semana laboral fue intensa, volvieron caras del pasado y otras se dieron a conocer para que pudieras pegarlas a un nombre escrito, a una voz. Si lo piensas, es bonito que te quieran conocer, cuando no hay un por qué que urja. Semana llena, llenísima de malo, de regular, de bueno, la vida. 

Pero contenta de haber conseguido que no te arrastrara del todo su atolondramiento laboral y urgente, contenta de estirar un poco más el tiempo de vida para nuevas exposiciones, leer bastante, reseñar e inventar otra historia que vivir en el papel. Contenta de haber sacado la cabeza por encima de la vorágine para lograr hacer biografía, que diría David. ¡Eh! ¡Alto! que yo soy más que una tarjeta de fichar.

Alguien debería levantar un monumento a la tarde del viernes. 


jueves, 6 de febrero de 2025

"Empezamos por el final" de Chris Whitaker

 


-Star era una mujer muy bella, y el sexo tiene su importancia. Por mucho que no hablemos de él, sigue siendo importante. Una relación sin sexo... ¿qué sentido tiene?

Walk pensó en Martha, en la naturaleza de su amistad, en lo que sentía cada vez que la veía, en los pensamientos que afloraban en su mente de forma inevitable, unos pensamientos que no debería tener. Martha le había cerrado las puertas de su vida, su mente y su físico ya no le pertenecían en absoluto, se habían ido para siempre con el hijo que en su día perdió.

-¿Star te dió alguna razón? -preguntó.

-Me dijo que solo hay un gran amor en la vida y que tienes suerte si lo encuentras porque todo lo demás no tiene sentido. 

Walk pensó en ella: no había tenido la vida feliz a la que había aspirado. Él rezaba todas las noches para que sus hijos la tuvieran. 



Este libro tiene dentro una señora historia, una de esas que se te quedan ahí dentro y cuesta quitársela. Ahora que ya la he terminado creo que es una buena novela. 

Lo que a mí me ocurrió es que me la recomendó mi amiga Julia y no sé por qué yo pensaba que iba a ser más "bonita" y eso era lo que yo en ese momento necesitaba. Y señores esta historia de bonita no tiene nada. Eso es lo malo de las expectativas. 

Pero no pasa nada, porque yo me alegro de haberla leído. 

En varios lugares he visto que decían que es una novela de suspense que comienza con el asesinato de una niña. Pero es mucho más que eso. Es cierto que ocurre un crimen treinta años atrás que va a estar sobrevolando toda la historia porque tuvo muchas consecuencias para los protagonistas; va a ser el hilo conductor. Pero yo la considero más una historia de crecimiento, de segundas oportunidades, de mirar hacia adelante. Una historia de personajes. 

Los personajes principales van a ser la rebelde y fuerte Duchess, una forajida, una niña de 13 años que tiene que cuidar de su hermano Robin de 5 años y de alguna forma de su madre, Star, que no sabe mucho cuidar de sí misma. Los personajes niños, casi siempre, si están bien perfilados llegan mucho al lector. Y también tenemos como personaje principal al bueno del policía Walk que fue quién ayudó a meter en la cárcel al culpable del asesinato de treinta años antes. Ellos dos son los que van a impulsar la historia y lo cierto es que son dos personajes mayúsculos. 

La historia se desarrolla en un pueblo que se llama Cape Haven, un pueblecito costero de California. Está bien ambientada la novela en ese entorno donde hace estragos la especulación inmobiliaria y late preso del paso del tiempo, es un poco opresiva la atmósfera que transmite. En contraposición con el otro ambiente que nos va a presentar, el de un rancho de Montana mucho más anónimo, grande, libre. Está bien la ambientación, muy bien reflejada. 

La novela está escrita en tercera persona con una prosa bella, muy cuidada y pausada, muy atenta a los detalles e impregnada de cierta melancolía. Es una prosa que merece la pena leerse, es buena literatura. Eso me ha gustado mucho. También me han encantado la cantidad de giros argumentales que tiene la historia. La última parte es muy buena porque de pronto el autor te presenta la historia de otra forma que no tenía nada que ver y se van cerrando muchos hilos que estaban ahí abiertos... La última parte está muy lograda. 

Es una historia dura con mucha culpa y desazón. Llena de secretos. Es intensa, duele. Pero no está exenta de ternura y al final hasta descubres que incluso había mucho amor. 

Es una buena novela. 


Duchess se acercó a Thomas para evaluar los daños.

-He ganado ¿no? -dijo él mientras ella lo ayudaba a ponerse en pie.

-Lo importante es participar.

Thomas se sobó un ojo con cautela.

-Ya lo tenías negro de fábrica -recordó ella.

-Dejémoslo en amoratado, pues.

-Ven conmigo, a ver si encuentro un poco de hielo.

Lo tomó de la mano buena y echó a andar con él. A pesar del dolor, Thomas se las compuso para sonreír. 

-He sido valiente ¿verdad?

-Más estupido que valiente. 

martes, 4 de febrero de 2025

"Las que no duermen" de Dolores Redondo

 



Pues me ha pillado el toro con las reseñas de los libros que he ido leyendo en este mes pasado, enero de 2025, así que voy a tener que ir haciéndolas más resumidas. 

He comenzado el año con Dolores Redondo. Su último libro "Las que no duermen. NASH", lo cierto es que me ha tenido atrapada hasta que lo terminé. 

Con esto no quiero decir que me haya gustado mas que su trilogía del Baztán, creo que me ha gustado un poco menos a decir verdad. Pero bueno ahí estuve pendiente de la historia y se lee muy bien, así que no he podido soltarlo hasta que lo terminé.

En esta ocasión parece ser que la idea de la autora es la de que sea el segundo volumen de una tetralogía titulada "Los valles tranquilos". Ya leímos "Esperando el diluvio" ambientada en el Bilbao de los años 80 y ahora llegaría éste. 

Se trata de otra novela policíaca donde aquí la protagonista es una psicóloga forense, Nash Elizondo, que acompañada de un grupo de espeleólogos investiga una sima en relación con las leyendas de brujería de esa zona. En esa búsqueda tropieza con el cadáver de una joven que llevaba desaparecida tres años. No os descubro nada porque eso lo lees en cualquier reseña. 

Creo que está muy bien ambientada. Tanto geográficamente, que como su trilogía anterior sitúa en el valle del Baztán, aunque aquí en un lugar entre Elizondo, Elbete y San Sebastián. Me ha gustado recalar de nuevo en este lugar. Fantástica ambientación, como siempre. Como temporalmente pues cubre el período de tiempo entre finales de febrero de 2020 y mediados de marzo de ese mismo año, justo cuando comenzó el confinamiento por la pandemia de COVID-19. Y sí que era como recordarlo. 

Los nuevos personajes no me han enamorado tampoco tanto como en la trilogía. Salvaría a algunos secundarios como el trío de la funeraria, tres mujeres peculiares pero que están perfiladas de tan forma que han conseguido que empatizara con ellas, me eran creíbles. No me han llenado especialmente ni la protagonista ni su novio. Pero, en cambio, ha sido una buena sorpresa recuperar el personaje de la inspectora Amaia Salazar porque para mí es un personajazo, con una profundidad y un halo de misterio muy especial. 

Quizá me ha parecido más flojilla en la parte más de suspense. La atmósfera que consiguió con su trilogía del Baztán, yo creo que aquí no ha logrado alcanzarla. Ya, ya sé que eso es lo malo de comparar distintas historias. Pero es que la maldad que se mascaba en los anteriores, yo creo que aquí no ha conseguido plasmarla tan bien. Y sí que lo he notado. Me ha resultado menos intensa. ¿Se podría achacar a que ya no nos era novedoso? No lo creo, yo aquí no he sentido ese mal rollo que me daba la mala del Baztán, no digo quién era por si todavía, aunque es raro, alguien no los ha leído. 

Aún así, es una  novela que, repito, se lee muy bien. Y por supuesto en cuánto la autora saque las dos siguientes yo me las leeré porque es un universo el que ha creado que me intriga y me resulta muy atractivo. 

domingo, 2 de febrero de 2025

"Nuestros muertos" en la Sala Cuarta Pared

 



Hará como 25 años, año arriba, año abajo, que descubrí la Sala Cuarta Pared, en la calle Ercilla. Una sala de teatro muy estrecha y profunda, donde tuve la enorme suerte de ver una trilogía que se llamaba "Las Manos" que no se me ha olvidado nunca. La primera de ellas, trataba sobre una generación de jóvenes de los años 40 en el mundo rural, y nos contaban cómo les iba a lo largo de un año según iban pasando las estaciones: la plantación, la recolección, la siega... Las manos. Los espectadores estábamos en dos o tres filas de bancos corridos sentados alrededor del escenario, formando un cuadrado, y ellos, creo que eran seis, se iban deteniendo en cada lado del cuadrado y nos iban enseñando a los que quedábamos enfrente sentados las fotos de un viejo álbum mientras nos hablaban de su familia, amigos, pareja y su vida de trabajadores del campo. Había un velatorio en la obra, nos sacaban pastas y una copita de  moscatel y asistíamos al duelo. Y así todo. Cómo me gustó, tanto, que nunca he olvidado aquella obra de teatro. Después terminaron por ser tres obras de tres generaciones distintas. 

Tenía cierta aprensión de volver a la Sala Cuarta Pared, no sé si había vuelto alguna vez, pero guardo tan buen recuerdo de aquella vez, y en esta ocasión tenía un título tan fúnebre que me decía: Buf, ya verás que alegría va a ser... Y como que el cuerpo y la vida, la verdad, me pedía más alegría. Peeero, fijaos, que fui y me ha vuelto a encantar en otra de sus obras. "Nuestros muertos" superó todas mis expectativas y me gustó mucho. 

Es intensa, dura, dramática, pero también es sensible, profunda y buena. La historia tiene su origen en aquellas reuniones que hubo entre los familiares de las víctimas de ETA y los responsables de las muertes de sus hijos. Pero además, se enlaza con las muertes de la guerra, los fusilados, las cunetas... 

Los protagonistas son una mujer octogenaria que se reúne con quién mató a su hijo, una víctima colateral de un atentado terrorista. Además a esta mujer le fusilaron al padre que había sido alcalde al principio de la guerra. Y además salen otros dos personajes que son ellos mismos de jóvenes, son su memoria y que se van colocando al lado de quién son de mayores. 

Entonces se establece un juego muy bonito en el escenario entre el presente y el pasado con sus voces, unas veces acompañándose, otras solapándose. Y simplemente hay una mesa, dos sillas y los protagonistas pero llenan todo el espacio, saltan en el tiempo, van, vienen, pero crecen y crecen. 

El texto me ha atrapado desde el primer momento cuando el etarra que espera su visita le dice a la madre que no busca su perdón. Y ella contesta: "El perdón no nos corresponde a nosotros". Y ahí comienzan a escucharse, la madre viene a escucharle, a oír lo que tenga que decirle. Y comienza la conversación y ambos se cuentan y cuentan.

Es un texto sobrecogedor, es un viaje al pasado y al presente que no deja de fluir cálido a veces con sufrimiento, a veces con delicadeza, transmitiendo añoranza, rabia, dolor, esperanza... 

Los cuatro intérpretes lo hacen tan bien... Eran todos tan creíbles... Qué buena obra, y qué buenos actuando. Me ha encantado. El teatro bueno en una sala pequeñita se vive tanto... 

La Sala Cuarta Pared nunca me decepciona. 


Texto y dirección: Mariano Llorente
Interpretación: María Álvarez, Carlos Jiménez-Alfaro, Clara Cabrera, Javier Díaz
Vestuario y escenografía: Laila Ripoll
Música: Mariano Marín
Diseño de iluminación: David Roldán
Ayudante de dirección: Héctor del Saz
Producción y distribución: Joseba García
Fotografía y gráfica: Javier Naval
Prensa y comunicación: María Díaz
Grabación obra y teaser: Miguel Ángel Calvo Buttini
Edición teaser: Juan Poveda



sábado, 1 de febrero de 2025

"F" de febrero, de Festejar la derrota de los días

 



Comienza febrero y quizá sea por su "f" inicial, por su horizonte sin una sola fiesta, con otra "f", o por esta necesidad que tengo de festejar, también por "f", la simple y necesaria rutina. 

Comienza febrero y necesito un Faro, con esa "f" mayúscula, para que me ilumine, me ayude a disfrutar, indispensable "f" la del gozoso vocablo,  disfrutar, decía, la derrota de los días.

"Derrota", qué palabra tan bella cuando nos detenemos en el significado que la Real Academia nos muestra:

Camino, vereda o senda de tierra. 

O mucho más bello aún: Rumbo o dirección que llevan en su navegación las embarcaciones o aeronaves.

Por eso acudo al último faro que descubrí, que atrapé para mi colección, que me traje a Madrid: El faro de La Gomera. El hijo único de la Isla de las mil curvas. 

Sé que los faros de las islas vecinas le habían ido con el cuento de que iría en su busca una loca de los faros que, de vez en cuando, se escapa de Madrid para atraparlos. Y lo sé porque sentí que me esperaba. Solitario, silencioso, posando en su lugar privilegiado. 

Necesito que mi último faro alumbre la derrota de los días de este febrero que comienza.

Que no me deje perder el rumbo, que me indique la dirección y me devuelva el corto febrero lleno de palabras, de cariño, de vida. 










martes, 28 de enero de 2025

Cuarenta y tantos años

 



V y A

 

Nos unió el orden alfabético y después el puro y bendito azar. 

Nacidos en el mismo año de la década que más críos engendró nuestro país y seleccionados entre la A y la H de los matriculados aquel lejano curso, fuimos a coincidir en aquella clase de pupitres diminutos, ¿eran verdes?, y grandes ventanales. 

Recién empezaban los 80 en un Instituto de barrio, trece y catorce años, las caras salpicadas de granos y casi todo aún por vivir. 

Ya no recuerdo quién se sentó primero. A nosotras, la timidez nos aplastó al fondo y contra la pared mal pintada de esa clase de 1º A donde los conocimos.  El pelo más oscuro, la cara más redonda, dos adolescentes del montón en el último pupitre de la fila de en medio. 

Ellos, dos flacos chavales, todavía a medio hacer, se sentaron en el pupitre de delante. Al más moreno le comenzamos a llamar por el apellido, era corto y sonoro, y así se quedó para la vida entera, al segundo le acortamos el nombre por la mitad más elegante y victoriosa. Y comenzaron a ser dos con una y griega en medio. Llegábamos de colegios distintos que tampoco estaban cercanos, no nos habíamos cruzado por el barrio, no nos conocíamos de nada, pero por alguna extraña razón ya toda la vida cuando pensara en ellos no podría evitar una sonrisa espontánea de sincero cariño. 

No éramos su tipo y ni ellos los nuestros, qué gran suerte es eso a ciertas edades. Durante dos años cada día de lunes a viernes vimos más sus espaldas que sus caras, pero la espontaneidad y la risa campó a sus anchas en ambas direcciones. “¡Pero tía ¿tú le has oído? ¡Que me ha llamado mandril!” Desde el pupitre de detrás los vimos aterrizar con la voz más grave tras el primer verano, también fuimos testigos mudos de sus azoramientos torpes de amor. Crecíamos. 

Pero aquel lejano 3º de BUP llegó para partir el mundo entre las Ciencias y las Letras. Y unas tempranas decisiones académicas, más o menos acertadas, nos sacaron de la clase con la primera letra del alfabeto. Nuestro destino se ensanchó, se pobló de más caras, de más idas y venidas con otros protagonistas que probablemente nos llenaron o dolieron más y la vida nos dispersó. 

Cómo iba a imaginar yo que tantos años después, se iban a dar las circunstancias para que, junto a más amigos, volviéramos a sentarnos juntos. El pelo más claro en virtud del paso del tiempo o los beatíficos tintes, las arrugas bien salpicadas disimulando aquellos granos que dejaron marcas fuera y dentro, pero intactas las risas que encontraron su camino y otra vez iban y venían entre retazos de conversaciones. Cómo imaginar que volveríamos a compartir una tarde que ni era de Ciencias ni de Letras, mientras descontábamos la vida. 

A veces la vida te echa el brazo por encima de los hombros, te acerca cariñosa a ella, y sientes que vale la pena revivirla. Seguían ahí, detrás de su mirada y su voz. Y tú que no puedes evitar sonreír, sonreír sin más, porque ni tan siquiera necesitas recordar. Simplemente, están, están ahí mismo, como si no hubieran pasado cuarenta y un años.


@Rocío Díaz Gómez