jueves, 30 de noviembre de 2017

El gris del horizonte del faro







Cudillero




Se iba noviembre, hacia frío en Madrid, entre los coches, la rutina y el vaho comenzábamos a volvernos del color del asfalto.

Si había que volverse gris yo quería volverme del tono plomizo del Cantábrico.

Si había que volverse gris yo quería un vasto horizonte despejado que mirar. Gris, pero viendo desde lo alto como un faro; gris pero en pie a pesar de las galernas.


¡Ay!, se iba noviembre.





Faro de Cabo Vidio
Luarca




Cabo de Peñas




Faro de Isla Pancha


Faro de Villaviciosa en Rinlo (Asturias)


Lastres (Asturias)

lunes, 27 de noviembre de 2017

Visita al vestíbulo de la estación de Metro de Madrid de Pacífico

Vestíbulo del Metro de Pacífico en Madrid


Allá por mayo de este año ves en internet que se va a poder visitar uno de esos lugares del pasado que se han recuperado para contar la historia.


Cómo es un pequeño placer para ti que te enseñen lugares, y más cuando son en tu propia ciudad, enseguida enviaste un correo para inscribirte.


Se fue mayo, voló junio, y detrás de él todo el verano, cuando de pronto y ya en octubre, te llaman para ver a qué hora querrías apuntarte para la visita del Vestíbulo de la estación de metro de Pacífico. Cuando tú ya ni te acordabas de aquel correo de mayo...


Son varios los espacios a modo de museo que tiene ya el Metro de Madrid.
Está La Nave de Motores de Pacífico que se construyó entre 1922 y 1923, y se inauguró en 1924, permaneciendo en activo hasta el año 1972.
También tenemos la Antigua estación de metro de Chamberí que pertenece a la primera línea de Metro inaugurada en 1919 y que se clausuró en 1966 ya que se tomó la decisión de aumentar la longitud de los trenes y la estación no se podía hacer más grande.
Y está también el Museo arqueológico bajo tierra que hay en la estación de Ópera. Mientras estaban haciendo los ascensores se encontraron con vestigios arqueológicos tan importantes como la Fuente de los Caños del Peral, el Acueducto de Amaniel y el Alcantarillado del Arenal.




Ahora se suma a ellos el antiguo vestíbulo de Pacífico. Le pasó lo mismo que a la estación de Chamberí. Había empezado a funcionar en el año 1923 pero cuando los andenes de la línea 1 pasaron a ser de 90 metros en vez de 60, en el año 1966, se crearon nuevos vestíbulos y éste quedó obsoleto.


Se puede ahora admirar la decoración original diseñada por Antonio Palacios en 1923: los azulejos blancos y los elementos ornamentales azules con cobre.


Es curioso visitarlo, y más cuando piensas todo el tiempo que hace que se construyó, te haces una idea de cómo era entonces el Metro de Madrid. Además es curioso porque entras por una puertecita que pasa desapercibida desde el mismo andén del metro de la línea 1. Es como saltar al pasado para admirar una decoración que merece la pena contemplarse. Aunque lo cierto es que te quedas un poco desilusionada porque esperabas que os enseñarían algún pasillo, algo más. Pero no, solo te enseñan el vestíbulo. Te habías hecho a la idea de que sería como en la estación de metro de Chamberí que ves la entrada, los pasillos y toda la estación. Pero piensas que, en cualquier caso, dura muy poquito tiempo la visita y te enseñan un vídeo sobre la historia de la estación de Pacífico. Después te dan una pequeña explicación y se pueden ver unos trípticos sobre su evolución. Cuando preguntas te dicen que no enseñan más porque los andenes son los mismos que había entonces, el resto de instalaciones son las que aún se utilizan y que se adecuaron. Solo permanecía tapiado ese vestíbulo que ahora han rehabilitado.



Al final te vas con la sensación de que siempre son curiosas e instructivas estas visitas. Pero si tuvieras que elegir entre este vestíbulo de Pacífico y la de Chamberí, no dudarías en elegir la antigua estación, donde puedes admirar toda ella: el vestíbulo y los pasillos, los anuncios y los andenes. Volver en metro al 1966 de un plumazo.


Vestíbulo del Metro de Pacífico en Madrid



Vestíbulo del Metro de Pacífico en Madrid


sábado, 25 de noviembre de 2017

25 de noviembre de 1562 nacía Lope de Vega




Bien por Google que hoy recuerda, me recuerda, que tal día como hoy, un 25 de noviembre, pero de 1562 nació Lope de Vega.

Y para recordarle que mejor que ese soneto suyo que define el amor de forma magistral:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.


¡Es buenísimo! No me digáis que no...


viernes, 24 de noviembre de 2017

Poema sobre la amistad de Alma Pagés







Perezosa se despierta la mañana
ebria aún de amigos y alegría.
Corre un suave temblor entre los pájaros.
Serán nuestras risas prendidas en sus alas.
Rostros somnolientos saludan al sol
que responde iluminando nuestra danza.
Es la danza del encuentro
misteriosa unión de seres imprevistos
con su ritmo trenzado de armonías.
Armonías nacidas del deseo
del deseo de gozar de ese instante
cósmico e imperceptible
Turbadoramente humano.

Alma Pagés




Le he pedido prestado a la autora este poema que no conocía, pero suena tan bien. Sugerente, evocador, fiel reflejo de la amistad, de la buena compañía, del placer de compartir buenos momentos.


Feliz viernes y fin de semana.
A celebrarlo con los amigos o con quién más os plazca, pero disfrutadlo.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Trampantojos en Zaragoza



Nos gustaba seguir ilusionándonos, nos gustaba jugar, y por eso coleccionábamos trampantojos.

Los trampantojos eran esos murales en la pared que jugaban con nosotros gracias a la perspectiva y el efecto óptico.

Para empezar ya nos gustaba la palabra ¡Trampantojo! trampa para el ojo.

En aquella ocasión nos trajimos dos "trampantojicos" de tierras mañas que nos encantaron.
Bueno uno parece más un muralico, la verdad...

Qué ilusión le hizo a nuestro blog cuando se los dimos a la vuelta de nuestro viaje.
Aunque después preguntó: ¿Y no me has traído un adoquín de caramelo?
Algunos blogs son tan golosos como sus dueñas.





miércoles, 22 de noviembre de 2017

Exposición Asociación de Pintores y Escultores en La Casa de Vacas


Ocurre que en Madrid tenemos un enorme y precioso parque por el que siempre apetece pasear sea la estación que sea. En otoño está especialmente vistoso con sus colores verdosos y castaños y ese aire que lo envuelve oliendo a humedad.

Ocurre que dentro del Parque del Retiro está la Casa de Vacas que fue construida en el 1874 como vaquería y despacho de leche. Pero ahora es un Centro Cultural que tiene exposiciones bastante interesantes y gratuitas, así como representaciones de teatro y conciertos.

Hace un par de semanas se entregaron los premios del 84 Salón de otoño que entrega la Asociación española de pintores y escultores. Una selección de 63 obras entre las premiadas y finalistas se pueden contemplar en la Casa de Vacas.

Merece la pena desde luego darse una vueltecita contemplando esas obras. ¿Qué mejor plan para un rato del fin de semana en Madrid? un paseíto por el Retiro con una visita a la Casa de Vacas y luego ya... un cine, un concierto, una cena... ¡Da tiempo a todo!

Museo del Otoño - Del viernes 27 de octubre de 2017 al domingo 26 de noviembre de 2017.

La asociación española de pintores y escultores nació en el año 1910 avalada por más de 180 figuras de las artes más importantes del momento. El Rey Alfonso XIII en el año 1912 fue nombrado Presidente de Honor, y ahora son don Juan Carlos y doña Sofía.











domingo, 19 de noviembre de 2017

Primer premio en el I Certamen de Relatos "Cuarto y Mitad" de la Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid




Y ocurre que te escriben diciéndote que estás entre los diez finalistas de un certamen de relato al que te has presentado. Y ocurre que te dicen que tienes que ir un viernes a las 18 horas y en ese momento se dirá quiénes han ganado de esos diez finalistas.

Y tú que a veces te cuesta ser positiva, piensas que no tendrás premio porque te parece que no te lo dicen con mucha ilusión, que no llevas muy buena racha en esto de la literatura, que ya verás como no... en fin todas esas cosas que te dices a ti misma para salvarte un poco, solo un poco, de la desilusión. 

Y ocurre que tampoco quieres animar mucho a nadie para que te acompañe, porque total si no vas a ganar... Pero aun así tus compinches que creen más en ti que tú misma se apuntan. 

Y estás ahí y empiezan a nombrar a los finalistas del décimo al primero, y van nombrando y no eres tú, y siguen nombrando y no eres tú, y nombran y nombran y no te dicen a ti. Pero aún así piensas que qué raro, que a ver si además es que se están olvidando de nombrarte porque no sabes ya ni qué pensar. Y décimo, noveno, séptimo, quinto... cuarto, y nombran a los siete finalistas que van saliendo a por su diploma, y madre mía que ya no hay más finalistas y comienzan los premiados, y ya nombran al tercer premiado y ¡tampoco te nombran! y comienzas a ponerte cada vez más nerviosa y más nerviosa, tan nerviosa, porque te estás acercando, porque casi no quedan ya finalistas y parece mentira pero a ver si... Y nombran al segundo premiado y ¡tampoco eres tú! y ya dices que a ver si esta vez, que quién sabe, que por qué no, y entonces oyes a una de tus compiches decir ¡bravo! porque va a ser que sí, que las rachas regulares llegan un día que se terminan y das por buenas todas las horas sentadas y todas las peleas con las frases, das por bueno todo el tiempo, todo tu tiempo, inventando historias.

Esas historias que no puedes evitar imaginar y luego escribir. Esas historias que son, ni más ni menos, lo que más que te llena en este mundo, esas historias, pedazos de ti, que tienes que sacarte de dentro, de muy adentro para hacer que comiencen a latir con vida propia.

Y ocurre que hay tardes que traen alegrías literarias.

Porque decían las bases que había que escribir un relato que no llegara a las 1000 palabras y que incluyera la frase "cuarto y mitad".

Y tú, o sea yo, lo conté así:




Calderilla en mi monedero

Rocío Díaz Gómez

 

Cuando usted me habla me mira a los ojos. Después aún espera a que yo termine de hablar y al contestarme, lo vuelve a hacer mirándome a los ojos. Sin cambiar el canal de la televisión, sin hojear ninguna revista, sin repasar la correspondencia acumulada. Le basta conversar conmigo.

En otro tiempo hubiera pensado que estas atenciones no son más que calderilla en el monedero de los afectos. Pero ahora que el resto del mundo vive como si dispusiera de menos tiempo que yo, teniendo mucho más; ahora que todo mi horizonte es el pedazo de vida que está enmarcado por esta misma ventana que me separa de ella; ahora que mi cordón umbilical con el mundo se bifurca entre el cordón del teléfono y el cable de la televisión; ahora que malvivo de la pensión, nada es calderilla en mi monedero.

¿Y a quién ofendo si le llamo cada semana? Si me esfuerzo por vestirme con ropas que un día lejano alguien dijo que me sentaban bien. Si me peino con cuidado, si me perfumo y rebusco en el pastillero una sonrisa polvorienta que se quedó allí olvidada. ¿A quién ofendo si le espero? Si me siento cerca de la puerta para no demorarme hasta que llego con pasos torpes a abrirle. Si miro y miro por la ventana hasta que aparece. Si mi corazón también se pone de pie y se empina con saltos como asomándose a ver, desde el balcón de mis pupilas, si ya llega usted de una buena vez.

Cuando le veo aparecer, no tengo que buscar más, porque de pronto encuentro aquella sonrisa que perdí, encuentro las ganas que tenía de conversar, encuentro el buen humor y salgo a recibirle haciendo malabares con todos ellos.

Cuando llegan mis hijos a casa, traen olor a prisa. Mientras les pregunto cómo están y les cuento si la vecina se cayó o me llamó aquella prima, sus dedos ágiles revisan la correspondencia a su nombre, destapan ollas para ver que hice de comer y aprovechan en el móvil para hacer todas aquellas llamadas que tenían pendientes. Como si escucharme no fuera suficiente.

Sin embargo cuando usted llega viene envuelto en olor a naranjas y despliega atenciones. Me mira, me sonríe, me pregunta: ¿Cómo está hoy Josefa? Así lo dice, con mi nombre al final. Con familiaridad, con cercanía. Y espera hasta que le contesto para seguir conversando. Y hasta que yo no le digo “Pase, pase déjeme por favor todo en la cocina que ahora ya lo colocaré yo sin prisas en la nevera”, usted no deja de mirarme y preguntarme y esperar atento mis palabras, sin hacer nada más que escucharme.

Por eso le he dicho a la enfermera hoy, que me hiciera el favor de no darme cita el martes. Si el médico y sobre todo este corazón mío aguanta hasta el martes, aguantará un día más. Que los martes son domingos en mi calendario. El martes es el día que yo revivo, el día que viene usted, que viene el frutero.

Por eso le estoy escribiendo. Le estoy escribiendo este pedido no sé si de amor, bueno sí por qué no decirlo, de amor. Este pedido en forma de kilos de plátanos o de tomates, de acelgas o un ramito de perejil, aunque no necesite nada. Porque cómo usted me atiende, señor frutero, cómo usted me saluda, y me pregunta, y después me trata, ya no siento que lo haga nadie más. Necesito verle cada semana, necesito su aire fresco y atento, su olor a naranjas envolviéndome.

“Pues en un ratito estoy ahí Josefa”. “Muy bien. Me sentaré entonces ya cerca de la puerta a esperarle”. Nos diremos cuando yo le llame por teléfono para leerle el pedido. Y ahí estaré, ahí esperándole, porque cuando usted venga y me hable me mirará a los ojos, sí, y no sabe cuánto es eso para mí.

1 kilo de plátanos, 1 kilo de tomates, 2 kilos de kiwis, otro de chirimoyas... y nada más, ah sí, y cuarto y mitad de cariño. Eso le diría, sí eso mismo: tráigame cuarto y mitad de cariño. Pero solo leeré en voz alta lo que está escrito: Plátanos, tomates, chirimoyas… y nada más; ah sí, qué cabeza tengo, sí todo eso y…
…cuarto y mitad de cariño, diré en voz muy baja mientras cuelgo el teléfono.


©Rocío Díaz Gómez


Mis compinches que se merecen todo