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sábado, 9 de julio de 2016

Más faros, ahora de Huelva


 Este verano ya he salido a buscar faros. 

Tengo pensado volver a por más, pero por ahora os traigo tres más para nuestra colección. Los faros son lugares mágicos, lugares muy sugerentes para la literatura.

El que encabeza esta entrada está en Portugal, y también es el que cuenta la fotografía de debajo: "El farol de la Vila Real de San Antonio" .

Está situado justo enfrente de la desembocadura del Guadiana, y entró en funcionamiento en enero de 1923.




Los faros del Rompido:

El faro de debajo está en Huelva, muy cerquita de Portugal y del estuario del Río Piedras, concretamente en su margen izquierda, por la zona del Rompido.  El faro se conforma por una alta torre blanca con una ancha banda roja bajo su balcón, y a sus pies está la pequeña torre del antiguo faro de 1861. Este faro, que hoy en día está desuso y se utiliza para fines culturales. Está en el término municipal de Cartaya.
Dicen que se construyó con materiales de un  antiguo castillo, el de San Miguel de Cartaya.

Después se construyó uno nuevo porque se necesitaba más altura. En la foto vemos el faro antiguo y el nuevo que se contruyó en 1976.


 



Tenemos también el Faro de el Cantil, de Isla Cristina, muy cerca del puerto deportivo. Se utiliza ahora para bares y cafeterías. Es un faro muy peculiar, cómo podéis ver.



Y ahora yo tengo una duda...

Tú vas paseando por la playa kilómetrica de Isla Canela y mientras ves como todo el mundo se agacha a coger las coquinas, siempre al fondo nos acompaña este faro. Y tú quieres llegar y llegar, pero más que caminas no lo alcanzas.



Y todo el rato te preguntas ¿Pero este faro no será el de Villa Real de San Antonio? ¿Alguien me puede contestar?

viernes, 1 de julio de 2016

Librería El Principito en Islantilla



Hoy os quería traer una librería especial para nuestra particular colección de "La vuelta al mundo en 80 librerías" emulando al mítico "La vuelta al mundo en 80 días" de Julio Verne... Ya sabéis que bajo este epígrafe vamos atesorando librerías especiales que nos vamos encontrando a nuestro paso por el mundo.

Pues bien para nuestra colección, que no es por nada, pero ya tiene un buen montón de esas librerías especiales, hoy os traigo una que se llama "El Principito". Es un nombre bonito ¿verdad? para una librería. Pues además ésta se merece su puesto porque está en un lugar que nunca esperarías encontrarla.

En Huelva, en Islantilla, donde da gusto ir a esa playa kilométrica, y dentro de un Centro Comercial, más concretamente en su primera planta, en el mismo paseo marítimo de la playa, ahí está. 

Tan coqueta ella, tan acogedora, tan llenita de libros y con una terraza donde puedes desayunar, tomar el brunch, el vermout, el te loco de Alicia... y escuchar chill out. Ya lo veis, está abierto a todas horas. Es una librería coctelería.

Qué gusto descubrirla.









miércoles, 29 de junio de 2016

Lenguaje del verano



He estado unos días de vacaciones y ya estoy aquí con un montón de entradas pendientes.

Comenzamos con una dedicada a los letreros del verano.

El letrero de arriba es de un mercadillo. No necesita mucha explicación. Ya tenemos otro parecido en el blog, con la etiqueta "Lenguaje de los mercadillos". Está tomada la foto en la provincia de Huelva.

También en la misma provincia es el de la foto de debajo. Es de un mercado. Me gustó mucho eso de "garbanzo chico", por garbanzo pequeño. Ese "chico" es muy común en el andaluz.


He buscado en el diccionario de la rae la palabra "chico", y me he llevado una sorpresa. Yo estaba convencida de que la primera acepción de la palabra sería la de muchacho. Sin embargo no, justamente es ésta de pequeño tamaño, que es tan habitual en el andaluz o el extremeño. Efectivamente según nos dice la definición, la palabra viene del latín "ciccum" que cómo veis es cosa de poquísimo valor.


chico, ca

Del lat. ciccum 'cosa de poquísimo valor'.
1. adj. De tamaño pequeño o menor que otros de su especie o tipo. Un piso muy chico.
2. adj. Que tiene corta edad. Un niño chico.
3. m. y f. coloq. Persona, sin especificar la edad, cuando esta no es muy avanzada.
4. m. y f. Hijo, especialmente en la infancia o en la juventud.
5. m. y f. Muchacho que desempeña trabajos subalternos en oficinas, comercios y otros establecimientos.
6. m. y f. coloq. Muchacho, persona joven.
7. m. y f. coloq. Tratamiento de confianza dirigido a personas de la misma edad o más jóvenes.
8. m. y f. coloq. U. con calificativos encomiásticos para referirse a personas adultas. Gran, buen chico. Una chica estupenda.
9. m. y f. coloq. novio (‖ persona que mantiene relaciones amorosas).
10. m. y f. coloq. En una película o en una obra literaria, protagonista principal, generalmente joven y atractivo. El chico y la chica se reconcilian.
11. m. Antigua medida de capacidad para el vino, igual a un tercio de cuartillo.
12. m. Méx. chicozapote.
14. f. En el juego del mus, segundo lance de la partida, en el que se tienen en cuenta las cartas de menos valor.

He buscado también la etimología de la palabra "chico", y efectivamente he encontrado que la mayoría de los estudios están de acuerdo en que parece provenir del latín de la palabra "ciccum" y que se refería a los frutos pequeños. En concreto a la membrana que separa los granos en las granadas, o dentro de los altramuces... Parece ser que se refería a frutos exóticos, luego se cree que hasta el latín el vocablo llegó de Oriente, de dónde venían los frutos. Es normal que junto con los frutos llegara su palabra. Por tanto quizás habría que rastrear su origen más allá del latín, en el arabe. Por ello mismo hay quién duda del origen latino...

En fin ésto es una visión general, por supuesto, hay estudios muy pormenorizados e interesantes sobre este tema por si queréis profundizar en él.

Pero dejamos reseña del lenguaje coloquial tan rico.

domingo, 22 de agosto de 2010

La tienda de los desavíos




En la esquina de la plasa, "la tienda de los desavíos", una tienda mu chica pero con una pechá de cosas, el pan, las cervesas pa el partido, las asitunas, el choper, los pañales del crío... ¡Ni el cortinglés! Mu sensillo todo, ni una mijita de adorno, pero mi arma cualquier cosa que se te hubiera olvidao... allí estaba. Cada dos por tres a ver al shico de los desavíos, a toas horas detrá del mostradó y de primeras  la alegría de la güerta, pero pá despistá, porque mi arma que malaje tenía cuando estaba la tienda hasta arriba, ná más que hablando todas de grati hasiendo la crónica sosiá y sin comprá... ¡Unas voses que las daba que pa qué! "Aquí ya no hay ná que disí ni se dise ya ná má, AQUÍ SE VIENE A COMPRÁ, A COMPRA!  Un estriñío eso es lo que era el shico de los desavíos, un estriñío, pero como tenía de to, y abría a toas horas...



Según el diccionario de la Real Academia:

desavío.

1. m. Acción y efecto de desaviar.

2. m. And. Trastorno producido a alguien.



 Me gusta mucho esta palabra "desavío", en Andalucía se usa mucho más que en Madrid, de hecho hay muchas tiendas con ese nombre: "La tienda de los desavíos".


Las fotos están tomadas en Moguer. La descubrí, exactamente ahí, en una esquina de la plaza, y claro no me pude resistír y me la traje con mi cámara...




lunes, 9 de agosto de 2010

La casa de Juan Ramón Jiménez en Moguer... "M.P.S." Meditado para Siempre


Si alguna vez vas a Moguer no dejes de visitar la Casa-Museo de Juan Ramón Jiménez...


Es la casa donde pasó la juventud. Nos dijo la guía (una chica morena que explicaba muy bien, de forma muy amena y completa) que Juan Ramón Jiménez prefirió expresamente esa casa para Museo que la que nació, que está en el barrio de los pescadores, porque en ella pasó menos tiempo, creo que hasta los cinco años, porque parece ser que se mudaron a ésta nueva porque la zona en la que está les gustaba más a los padres para que creciera su hijo. Entonces la que más recordaba Juan Ramón era ésta casa y por eso dice que sea en ella donde se instalen todos los enseres que el matrimonio Jiménez-Camprubí legó, para formar la Casa-Museo. Más tarde cuando murió, en el año 1958, se decide instalar allí también su completa biblioteca.


A medida que te van enseñando la casa, un lugar fresco y muy agradable,  con algunos de los suelos de entonces, preciosos, se va haciendo un repaso por la vida del autor y de su esposa.  Primero puedes ver un audiovisual sobre su vida, en una sala donde hay muchas fotos que van reflejando los distintos rostros del poema a lo largo de su vida. También en esa sala está el telegrama donde se le dijo que le daban el Premio Nobel de Literatura en el año 1956. Nos contó la guía que ya Zenobia está muy enferma y entonces se lo quisieron decir antes de que muriera, pero probablemente no se enteró. Juan Ramón Jiménez que era una persona toda la vida muy depresiva, además con la pena por su mujer, no fue a recogerlo y donó íntegramente el premio.


"...Poco antes del fin Juan Ramón recibió el Nobel de Literatura: para Zenobia era la confirmación oficial de que su existencia no había sido un desperdicio. Ricardo Gullón cuenta que, cuando le dijeron lo del premio, Zenobia ya no podía hablar; susurró una canción de cuna y murió a los dos días (el 28 de octubre de 1956). Juan Ramón enloqueció literalmente de pena, tuvo que ser internado y no volvió a escribir más. Falleció un año y medio más tarde. Después de su muerte se encontró una libreta que decía "A Zenobia de mi alma, este último recuerdo de su Juan Ramón, que la adoró como la mujer más completa del mundo y no pudo hacerla feliz". Del libro "Historias de mujeres" de Rosa Montero.
El telegrama y una foto de la entrega del Nobel

Después lo primero que te enseñan es la biblioteca personal de Juan Ramón Jiménez. Allí había libros de los dos de todo tipo, no solo de literatura, sino también de filosofía, de música, de antropología, hasta de cocina... y muchos en francés e inglés, por JR Jiménez consideraba que había que leerlos en su lengua. Más de tres mil quinientos libros, con ex-libris, anotaciones, dedicatorias... También hay revistas, periódicos...  Juan Ramón Jiménez acumulaba y acumulaba papel, en los que iba poniendo anotaciones, y entonces  después nunca se quería desprender de ninguno de ellos. Pues muchos de ellos están en la vitrinas y otros nos dijo la guía que los estaban estudiando...


Y después te llevan al que fuera su despacho, donde están también guardadas todas las cajas en las que JR Jiménez iba clasificando todo lo que escribía, era muy, muy organizado, demasiado. Nos contaba la guía que él escribía todo según se decía, sin diferenciar la g de la j, y por ejemplo en la palabra perenne, ponía una n en vez de dos...


Luego era Zenobia la encargada de pasarle todo a máquina e ir cambiando y escribiendo correctamente todas las palabras.




"Juan Ramón pasaba todo el día en casa, trabajando y sobre todo corrigiendo lo que había escrito, revisando su obra una y otra vez de forma enfermiza. Muy pocas veces, en sus papeles aparecía una enigmática anotación: "M.P.S.". Significaba que el poema, el folio, el perfil, lo que fuera estaba Meditado Para Siempre y que se comprometía a no tocarlo más, como la rosa.

La perfección no sólo afectaba a lo escrito, sino también al diseño de los libros, a la calidad de la impresión, al tipo de letra y, por supuesto, a las erratas: "Voy a morir un día de una errata -escribió- que, por cierto, es un verso endecasilabo". Encontrar alguna le molestaba de tal manera que llegó a plantearse instalar una pequeña prensa Minerva en los bajos de su casa para, con un empleado de absoluta confianza, imprimir a su gusto lo que escribía.

"Esta obsesión por conseguir la perfección le llevó a pretender destruir toda su primera obra, deseo que participaba a todas las personas que conocía, a quienes solicitaba la entrega de los libros suyos que tuvieran en sus bibliotecas. No había mejor regalo para él que alguno de sus libros de juventud, que acariciaba con mimo exquisito, diríase que con amor paterno, antes de arrojarlo directamente al fuego." De "39 escritores y medio" de Jesús Marchamalo y Damián Flores.

Todo esto que os he copiado de un libro nos lo decía también la guía. Después fuimos pasando por las distintas habitaciones: su despacho, su dormitorio, el comedor, el cuarto dedicado a Zenobia...


En la salita tenían enmarcado este precinto. Cuando ya estaban Juan Ramón Jiménez y Zenobia en el exilio, entraron unos ladrones en su casa de Madrid y les robaron bastantes cosas porque dijeron al entrar a la señora que la cuidaba que eran amigos del matrimonio. Cuando salieron y les vió todo lo que se llevaban, la señora que había al cargo de la casa avisó a las autoridades y pusieron este precinto para que no volviera a ocurrir.


Esta foto es de la habitación dedicada a Zenobia. "Zenobia Camprubí nació en la Costa Brava. Era hija de una puertorriqueña rica y de un ingeniero de Caminos catalán: una niña, en fín, de muy buena familia... Era culta, activa, desenvuelta, moderna. Creía en Dios de una manera muy libre y participaba de ese espíritu de servicio a los demás tan típico de la época... Recibía unas pequeñas rentas de la herencia materna que ella complementaba con diversos trabajos. En el exilio fue profesora de Lengua y Literatura, primero en una universidad cercana a Washington, luego en la de Puerto Rico. Antes de la guerra había tenido una tienda de artesanías en Madrid y amueblaba con primor apartamentos de alquiler para extranjeros. De las rentas y los empleos de Zenobia vivió fundamentalmente el matrimonio durante los cuarenta años que estuvieron juntos: los ingresos de Juan Ramón eran escasos e intermitentes". De "Historia de Mujeres" de Rosa Montero.


"Juan Ramón Jimenez era un hipocondríaco y en sus peores momentos creía estar agonizando: no comía, no se lavaba, no hacía planes para el día siguiente porque pensaba que ya habría fallecido. Estaba lleno de manías: acumular cantidades ingentes de periódicos y recortes que luego era incapaz de tirar, por ejemplo, o cerrar las ventanas herméticamente porque no soportaba las corrientes de aire..." De "Historias de mujeres" de Rosa Montero.

 "Juan Ramón odiaba, sobre todas las cosas, el ruido. Era incapaz de trabajar, de concentrarse, de leer si en su vida interfería el más mínimo sonido. De hecho, todas sus mudanzas estaban motivadas por idéntico motivo: de la calle de Conde de Aranda se marchó porque unas cubanas tocaban la pianola en un piso cercano: de Lista, porque un vecino le hacía la vida imposible arrastrando muebles por el piso: de Velazquez 96, porque el sonido chirriante de los tranvías que circulaban por la calle le perturbaba... En la casa que ocupó en la calle Padilla no sólo se quejaba de los vecinos y de las molestias que le ocasionaba un cercano taller de carpintería, sino incluso del alboroto de las bandadas de gorriones que se juntaban al caer la tarde en los jardines del sanatorio del Rosario, frente al que vivía y donde de vez en cuando ingresaba..." De "39 escritores y medio" de Jesús Marchamalo y Damián Flores.

Todo lo que uno va leyendo acerca de este matrimonio le señala a él como un maniático obsesivo e imposible para la convivencia y a ella como la persona de la que depende absolutamente, puesto que se hacía cargo de él y de la economía familiar de los dos. En la visita también la guía nos decía ésto, aunque según ella "los dos eran especiales", porque en aquella época no había muchas mujeres como Zenobia, si no no hubieran podido estar juntos tantos años...

Bueno no quiero extenderme más, porque me gusta este tema y no le veo el fin. Espero que con las fotos os hayais hecho una idea de lo agradable que es esa casa, y lo bien que la tienen preparada para las visitas. La guía conoce muy bien de lo que habla y es muy cercana haciéndolo. Cuando nos despedíamos, un matrimonio le dijo que solo "Hasta pronto, porque volveremos más veces, seguro". Yo también espero volver algún día. Ya sabéis: si alguna vez vais a Moguer no dejéis de entrar...




miércoles, 4 de agosto de 2010

Si alguna vez vas a Moguer...



Si alguna vez vas a Huelva, no dejes de pasar por Moguer. Te recibirán sus casas blancas y las verjas de sus enormes ventanas. Pasearás sus calles adoquinadas y limpias muy despacio, y desde las suelas te trepará esa calma de los lugares andaluces que palpitan en silencio bajo el sol de las cinco de la tarde.

Si alguna vez vas a Moguer no dejes de entrar en la casa de Juan Ramón Jimenez, donde una guía muy amena te invitará a sumergirte en la vida y obra de este Nobel escritor y su buena esposa Zenobia en una visita fresca y entretenida por lo que fueran sus habitaciones y objetos. Tampoco dejes de visitar el convento de Santa Clara y el de San Ignacio, la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada y la Ermita de Nuestra Señora de Montemayor.

Pero si alguna vez vas a Moguer no tendrás más remedio que conocer el Café-Bar “Mi Habana”. No tiene pérdida, no te costará encontrarlo, porque entre la Plaza de las Monjas y la calle de Juan Ramón Jiménez, rodeado de tiendas de congelados, está el Café con más calor humano de aquel pueblo blanco.

Hasta allí un cubano flaco e inquieto se fue corriendo tras un amor. Y allí se quedó, despertando del sopor a medio pueblo con su griterío alegre y sus carreras impacientes. Allí se quedó al lado de un farmacéutico moguereño que si te dejas convencer por su cara de buena persona y su acento andaluz, te cuelga un piercing en tu ombligo forastero. Mientras, eso sí, el cubano te seduce con “una media” recién tostada, pringada de tomate y jamón, acompañando el aroma de un café con leche… uuhhmmm, un café con leche que ni muerto te podrás perder.

Allí se quedó aquel cubano improvisando cenas de empresa y navidad, cenas de compañeros a un lado y otro de la barra, cenas de amigo invisible, con el amor de los piercings y todo un abanico de clientas que desayunan cada mañana en su bar. Sí. Hasta allí, que se fue mi amigo.

Si alguna vez vas a Moguer no dejes de entrar a conocer este pueblo, no dejes de pasear despacio sus calles adoquinadas, de buscar la sombra de aquellas casas pintadas de blanco y albero. No dejes de vivir aquella caló y aquella calma, pero también, hazme un favor, uno que no te llevará mucho tiempo. Si alguna vez vas a Moguer pásate por “Mi Habana” y recuérdale a aquel cubano loco cuánto le echo de menos.


De Moguer a Madrid. Julio de 2010

©Rocío Díaz Gómez