viernes, 30 de septiembre de 2011

Algunos letreros del mundo... ¡¡Qué rico es el lenguaje!!


Ya sabéis esta fijación que tengo con los letreros, con las frases, con el lenguaje...

De mi última semana por esas tierras lejanas os quería dejar con algunos ejemplos. Frases o carteles que por una u otra  razón llamaron mi atención.

En la parte de arriba tenéis una tienda. Una mercería, se deben llamar como en España. Me hizo mucha gracia el nombre: "Non solo bottoni". La descubrí en Catania, en una calle que debía ser algo así como "Pontejos" en Madrid, la típica calle donde estaban todas las mercerías una detrás de otra.

Aquí debajo os dejo con un cartel muy gracioso. ¿No os lo parece? Prohibido ¡¡andar desnudo!! Debe ser que allí les da por eso, cómo tienen playa... Éste cartel estaba en Taormina, qué pueblo más bonito...



Aquí detrás de este cartel tenéis a un italiano muy enfadado. Vamos que debía ya estar un poco hartito de que siempre le taponaran la salida de su casa. Un poco bastante hartito, ya veis los cuatro signos de admiración. Este cartel estaba en la puerta de una casa de Cefalú, otro pueblo costero bien bonito.




¡Ay éstos! Ya lo véis. El amore...

Estas pintadas son de algunas calles de la ciudad de Catania.







jueves, 29 de septiembre de 2011

Hoy es mi cumpleaños




  


 CELEBRACIÓN DE LA FANTASÍA

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo

-Y anda bien -le pregunté

-Atrasa un poco -reconoció.

Eduardo Galeano.
El libro de los abrazos.



Hoy es mi cumpleaños. 

Y a veces, algunas veces, también a mí me gustaría que mi reloj atrasara un poco... Solo un poco, no os creais. 

No es que me importe cumplir años, hay que cumplirlos... y nunca más seré tan joven como hoy por más que cada día me descubra una arruguita o una estría o una cana nueva. Que ya son unos cuántos.

Pero si mi reloj atrasara un poco, solo un poco, podría volver a saborear esos momentos escogidos que la vida de vez en cuando me regala... 

Saborearlos otra vez... un poquito más. Eso sí que estaría bien ¿verdad?

En fin... Es lo que tiene cumplir años, que a una le da por pensar.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Una parte de mí



Esta soy yo. Bueno una parte de mí. Pero una de las más importantes, desde luego. Porque gracias a esos dos pedacitos, más o menos planos, de carne que terminan en esos dedos larguitos, yo puedo ir de acá para allá.

Pues esos dos pies la semana pasada me han llevado ahí mismo, donde estaban en ese momento posados. 

¿Está bien el mosaico verdad?

Muy bien conservado. Y tiene una edad ¿eh? unos cuántos siglos...

Bueno pues sí, la semana pasada durante ocho días estuve en esa isla donde tienen esos mosaicos, en un lugar llamado Piazza Armerina, Patrimonio de la humanidad. Vine anoche.

Y ya me tenéis por aquí otra vez. Pero por poco tiempo porque me voy a volver a ir, también es verdad.

Pero antes de irme espero que me de tiempo a dejaros algunas cosillas: fotos, letreros, bueno de esas que a mí me gustan. Por si os quedan dudas de dónde he estado...

Gracias por seguir asomandoos por aquí. Muchas gracias.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Un artículo sobre diccionarios de la lengua

 
 
 
Ha empezado un nuevo curso y he pensado que quizás este fuera un buen momento para dejaros con un artículo que tenía desde el verano guardado porque en su día me pareció interesante.
 
Aborda algunos de los distintos diccionarios que existen hoy en día, los que considera mejores.
 
A ver que os parece... 
 
Aunque por mi parte yo aprovecho la entrada para recomendaros, a los que gusteis de escribir, otro más que no viene en el artículo y es muy, muy interesante. 
 
Me refiero al "Diccionario de ideas afines" de Fernando Corripio, de la editorial Herder. Es un diccionario de significado de palabras pero también muy completo porque tiene sinónimos, antónimos, y contiene muchas ideas afines a este término, enriqueciendo nuestras posiblidades de vocabulario a la hora de escribir.

Bueno y ahora ya sí que os dejo con el artículo...


REPORTAJE

Los mejores herederos

 

WINSTON MANRIQUE SABOGAL 30/07/2011

Seis años tardó Sebastián de Covarrubias Orozco en redactar el que se convertiría en el padre de todos los diccionarios generales del español o castellano. Pero, ¿qué debe tener un buen diccionario? Para José Antonio Pascual, vicedirector de la RAE y responsable del Diccionario histórico de la Academia, este debe cumplir ante todo con dos condiciones: "Tener un buen método, porque un diccionario no lo hace cualquiera y debe incluir aspectos como la semántica o la lexicografía, y debe ofrecer datos fiables". Aunque son muchos los diccionarios generales, solo unos pocos se han convertido en referencia y se pueden considerar como herederos del Covarrubias. Los cuatro primeros son de la RAE y los describe el propio Pascual:



DRAE. "Es el primer diccionario del español, después del Covarrubias, y motivo por el cual se creó la Real Academia en 1713. De allí salió el Diccionario de autoridades, 1726-1739. Desde entonces se han hecho 22 ediciones, la próxima será en 2014. Su función es la de dar al hablante seguridad en el significado de las palabras, permitir elegir las adecuadas, saber con cuáles se combinan unas y otras y en qué situaciones y lugares se utilizan".

Del Estudiante. "Está previsto para lo mismo que el de Autoridades, pero en el caso de una persona de otro nivel que se está formando. Si el DRAE ofrece 80.00 palabras este tiene unas 40.000 y busca suplir unas necesidades concretas".

Panhispánico de dudas. "Al igual que el de dudas de Manuel Seco, es un modelo para resolver casos concretos, qué palabras se pueden emplear en determinada circunstancia; no se busca el hecho del uso sino los problemas para no incumplir la norma".

De americanismos. "Fundamental porque sirve para que nos demos cuenta de que existen usos distintos en diferentes lugares y la variedad americana requiere por su extensión una consideración particular. Nos viene estupendamente para poder entendernos y, lo más importante, afrontar la lectura de los textos de autores de allí".

María Moliner. Joaquín Dacosta, director del Departamento de Lexicografía de la editorial Gredos y encargado de la dirección del María Moliner desde 1994: "Supuso una alternativa al de la Academia, hecho con otros criterios, mucho más ambicioso al ser menos conservador. Supuso una ruptura al pretender no solo explicar el significado de las palabras sino enseñar a usarlas, y convertirse así en un instrumento del uso del idioma más ajustado a la realidad, sin olvidar ni desdeñar el uso antiguo. Lo más importante del María Moliner es la documentación en uso real con textos y referencias hoy con un método más científico apoyado en los ordenadores. Desde su salida en 1966 se han hecho otras dos ediciones (1998 y 2007)".

Diccionario del español actual, de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos. "Es el primero que registra el léxico de una época basándose en documentación real de la misma y el segundo diccionario general después del DRAE que se compila a partir de textos del uso real. Recoge el vocabulario de la segunda mitad del siglo XX, presentando por cada palabra y cada acepción testimonios auténticos del uso escrito", según la contraportada.

Diccionario ideológico de la lengua española, de Julio Casares. Su clave y valor radica en que está estructurado a la inversa de los diccionarios convencionales y va a la palabra a partir de su definición. Se publicó en 1942 por primera vez.

Pequeño Larousse. Diccionario enciclopédico de consulta que cumple cien años de su primera edición en español. Primer acercamiento a una obra de estas características por parte del gran público.


miércoles, 21 de septiembre de 2011

"El inventor de historias" de Marta Rivera de la Cruz




-Señor Daff... Señor Daff, véngase usted conmigo.
-¿Cómo dice?
-Acompáñeme a América en el Titanic. Yo pagaría para usted un pasaje de lujo y compraría otro en tercera clase para mí. Usted se haría cargo de mis pertenencias hasta llegar a Nueva York. Allí volveríamos a encontrarnos, y entonces yo ya sería Irwin Howard.
-¿Y qué pasa conmigo? ¿Tomo otro barco de vuelta a casa? Vamos O`Brien...
- Usted no tendría por qué regresar a Inglaterra. Podría quedarse en Nueva York trabajando para mí -Linus Daff escuchaba boquiabierto las palabras de O`Brien-. Sabe perfectamente que el dinero no es ningún problema. Y también que no me vendría mal contar con su ayuda para hacerme un hueco en la sociedad de Nueva York. Usted ha inventdo una historia condenadamente buena pero... ¿y si tuviera dificultades? Yo no sería capaz de discurrir otras historias ni de defenderme con más mentiras. Todos estos días de trabajo podrían irse al cuerno. 
Linus Daff intenta reponerse de la sorpresa que había provocado en él la proposición inesperada.
-Vén gase conmigo -ahora el tono de O^Brien era casi de súplica- sé que voy a necesitar que me ayude. Dígame lo que quiere cobrar, le pagaría tanto como usted me pidiera... Le gusta mucho Nueva York, me lo dijo una vez... Y yo no le molestaría, palabra, a mí me basta con tenerle cerca por si aparecen problemas. Yo pagaría sus gastos y usted, a hacer su vida.
...
Unas semanas después, en el puerto inglés de Southampton, Linus Daff y Patric O`Brien tomaban un barco gigantesco con destino a Nueva York...

Págs. 107 y 108 de El inventor de historias
Marta Rivera de la Cruz


Siempre que leo un libro de Marta Rivera de la Cruz es como mecerse y dejarse llevar por una historia plácida que voy disfrutando poco a poco... poco a poco.

Ahora estoy con ésta. 

Disfrutando.


lunes, 19 de septiembre de 2011

Dos buenos sonetos: Lope de Vega y Quevedo



El último miércoles en mi tertulia salieron estos eternos sonetos.

Son de dos maestros: Lope de Vega y Quevedo.

¿Y qué importa si no es 14 de febrero?


Cualquier día es bueno, para un buen soneto.





Lope de Vega

(1562-1635) Desmayarse Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso: no hallar fuera del bien centro y reposo, 5 mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, enojado, valiente, fugitivo, satisfecho, ofendido, receloso: huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor süave, 10 olvidar el provecho, amar el daño: creer que el cielo en un infierno cabe; dar la vida y el alma a un desengaño, ¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.





Francisco de Quevedo

(1580-1645) Amor constante más allá de la muerte Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día, y podrá desatar esta alma mía hora a su afán ansioso lisonjera; mas no, de esotra parte, en la ribera, 5 dejará la memoria, en donde ardía: nadar sabe mi llama la agua fría, y perder el respeto a ley severa. Alma a quien todo un dios prisión ha sido, venas que humor a tanto fuego han dado, 10 medulas que han gloriosamente ardido: su cuerpo dejará no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado. Estrofa: Soneto (catorce versos de once sílabas: dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)

sábado, 17 de septiembre de 2011

Un trivial literario...




Lo malo es que yo voy a estar fuera unos días (no se lo digais a nadie pero ¡por fin! me voy otra vez de vacaciones un poquito lejos...) y entonces no voy a poder jugar. ¡Me cachis!

Pero me ha hecho gracia la propuesta así que os la pego aquí por si alguno os animais. 

El trivial siempre me ha gustado mucho. Y seguro que está bien...

Es una propuesta de Leo y escribo.com junto con Austral. 

No os hagais los remolones que ¡¡ya ha empezado y termina en octubre!!

Veeengaaaa, a jugar...

http://www.leoyescribo.com/bases-de-los-concursos/#trivial


BASES DEL TRIVIAL LITERARIO
 

Con una periodicidad diaria se colgará una pregunta vinculada a los títulos publicados por Austral. Cada día (de lunes a viernes) se presentará una pregunta de distinta temática (narrativa, teatro, poesía, humanidades y ciencias).
Se podrá responder después de realizar el proceso de inscripción (rellenando el formulario que aparece en la página del concurso). Sólo se podrá escoger una respuesta y no habrá posibilidad de repetirla (en el caso que sea incorrecta).
Automáticamente después de realizar la respuesta, aparecerá un ránquing con las mejores puntuaciones (que se podrá compartir en facebook) y con el nombre (nick) del usuario en negrita.
El premio será un lector de ebooks  entre los acertantes con mayor número de aciertos (en el caso de que haya empate) y 3 lotes de 10 libros (en un sorteo entre el resto de acertantes con mayor número de aciertos -excluyendo al ganador del lector de ebooks)

Fecha de inicio del concurso: 15 de septiembre de 2011

Fecha de finalización del concurso: 25 de octubre de 2011

martes, 13 de septiembre de 2011

Del lenguaje, del habla... de la vida.



Muchas veces hemos hablado en este blog del lenguaje.
Hoy también quería hablaros de él. 

Recuerdo de mis clases que Ferdinand de Saussure (un lingüista muy famoso, al que se le ha llamado "el padre de la lingüística") decía que el lenguaje se dividía en "lengua" y "habla". No es cuestión de profundizar mucho en el tema, porque por supuesto yo no soy ninguna erudita, pero solo deciros que la lengua sería el idioma, el modelo general y constante para todos los integrantes de una colectividad. Y el habla sería el modo particular individual y voluntario donde se concreta ese idioma.

Muchas veces hemos hablado de las palabras, de las muletillas, de las frases hechas... ¿No? Pues estaríamos por tanto hablando del habla. Porque el habla es mucho más informal...
Hoy un compañero de la tertulia ha dicho una frase que me ha hecho pensar. La verdad es que este compañero siempre me hace pensar.  La frase fue dicha por Leopoldo María Panero en la película "El desencanto". Película que define así mi compañero: " ...esa desgarradora, surrealista, inaudita y genial película dirigida por Jaime Chávarri que se titula "El desencanto", que trata sobre el poeta falangista Leopoldo Panero y su familia." 

La frase que quería señalaros dicha por Leopoldo María Panero es:
  "En la infancia se vive, 
mientras en el resto de la vida se sobrevive".


Está bien ¿verdad? Me ha gustado mucho.

Y cómo os decía me ha hecho pensar. No sé supongo que cómo ya han empezado los colegios, y vengo apretujada en el metro por los que vienen a examinarse a la Universidad, y hay ese barullo de voces jóvenes y carpetas y mochilas que se te clavan en la espalda... Por todo eso junto y revuelto, he terminado pensando en la infancia, por supuesto, pero también ¿cómo no? en todo lo que la envolvía: los olores, los colores, las personas... y el lenguaje, el habla. 

Y ¿A quién escuchábamos más hablar en la infancia? ¡Claro! a nuestra madre.

Y de pronto me he encontrado oyéndola. Escuchando esas frases hechas que no hacía más que repetirnos y que son parte de nosotros, de mis hermanos y mía. Ahí están, ahí dentro ya para siempre, ahí para el resto de nuestra vida, ahí cuando muchos días lo que hacemos es sobrevivir, como decía Panero.

A todos más o menos nos decía lo mismo nuestra madre ¿verdad? frases muchas veces hasta sin sentido que ahora me hacen sonreír...

¿Me dejais que os copie alguna de esas frases?

Venga unas poquitas... son tan, tan auténticas.


Eres lo más bonito del mundo entero y parte del extranjero…

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¿Vosotros os creéis que yo soy la criada?

No vengas tarde… y abrígate que hace frío…

Cerrad bien la puerta y no abráis a nadie…

¿Tú te crees que la ropa se va sola a la lavadora?

Ten cuidado y no te hagas caso de nadie… de nadie... ¿Me oyes?

Cómo vaya os vais a enterar…

Como yo vaya vas a llorar por algo...

Al día siguiente de comer lentejas está uno más guapo, ya lo verás, así que venga termínatelas…

¿Y qué vais a hacer cuándo yo no esté…? Porque yo no voy a vivir toda la vida…

-Mamá abre que soy yo…
-¿Y quién eres tú?
- Mamá que soy Rocío…
-¿Rocío? No Rocío se fue por ahí…
- ¡Mamá!
- Que Rocío se fue con sus amigos…
-¡Jo mamá…! Que hace frío…
- Ah ¿Y antes no hacía frío? Eh ¿No hacía frío? Anda entra que me tienes contenta…

¡Te quieres estar quieto ya con los brazos! Que pareces un gaznápiro…

¿Cómo que ya no quieres más? Hambre de siete semanas te daba yo a ti…

¡Pero si os acabáis de ver! ¿Qué tenéis otra vez que hablar por teléfono…?

Y ponte el gorro que luego verás los oídos… Luego a mí no vengas quejándote…

¿Y si tus amigos se tiran a un pozo tú te vas a tirar detrás?

Cómo me quite la zapatilla…

No aún no te puedes bañar que no has hecho la digestión…

Mamáaaa ¿Dónde está esto?
En tu habitación
No, no está…
Mira bien que no andará muy lejos
Pero que no está…
¿A que voy yo y está…?


¡Y a mí que me importa fulanito! Me importas tú…



domingo, 11 de septiembre de 2011

Un artículo de Javier Marías "El escritor aislado"




Os quería dejar con un artículo de Javier Marías, bueno en realidad es el discurso que pronunció en Salzburgo cuando le dieron el Premio de Literatura Europea.

A mí me ha gustado.

Espero que se lea bien, y os guste...


 

EL PAÍS, 3 de septiembre de 2011

El escritor aislado

 

¿Cuándo un narrador empieza a aislarse? ¿Cómo va cambiando su relación con sus predecesores, e incluso con sus contemporáneos? En el momento de la escritura debe creer que su libro es único e inexistente
JAVIER MARÍAS

Creo que la mayoría de los escritores tendemos a sentirnos aislados y además deseamos estarlo, sobre todo a partir de cierta edad. Quizá no sea así al principio -y para los que empiezan jóvenes-. En años tempranos se produce la ilusión de pertenecer a un nuevo grupo o generación, supuestamente renovadores. A menudo se desprecia a los autores que nos precedieron justo antes, principalmente a los del propio país o a los de la propia lengua. Se los juzga equivocados, desfasados, antiguos, no se tiene ninguna conmiseración por ellos y hay prisa por jubilarlos. De manera a veces injusta, se les niega toda valía y se los considera un tropiezo en la historia de la literatura, destinado a pasar pronto al olvido. Esos jóvenes saltan por encima de sus padres literarios y con frecuencia "recuperan" a sus abuelos, a los que ya ven débiles, poco amenazantes y en retirada. Pero esta sensación de compañía y combate, de formar parte de un grupo "innovador", no dura mucho. En el momento en que un escritor deja de mirar a su alrededor, deja de preocuparse por el "estado" o el "futuro de la literatura" en su país o en su lengua -descubre que eso es lo que menos le importa y que además no es responsabilidad suya-, y se dedica a lo que le toca dedicarse, es decir, a escribir su obra como si no hubiera ninguna otra en el mundo, en ese momento comienza a sentirse aislado. En parte por su propia voluntad, en parte porque no le queda más remedio si quiere sacar adelante sus escritos.
Cuadro de texto: Javier Marías recibió el pasado mes de julio en Salzburgo el Premio de Literatura Europea del Estado Austriaco. Este es el discurso que pronunció en la entrega del galardón.No se trata sólo, claro está, de la famosa -y cierta- soledad en que lleva a cabo su tarea, sobre la cual mucho se ha escrito y que no tiene mayor transcendencia: es la forma de pasar sus días que el novelista elige -el novelista más que el poeta, el dramaturgo o incluso el ensayista-, como otros individuos eligen o se ven obligados a pasarlos en una oficina o en una fábrica, en permanente acompañamiento. Se trata, más que nada, de la necesidad que siente de ser casi único, de no verse ya nunca más como mero miembro intercambiable de una generación o grupo, ni siquiera como "hijo de su tiempo". Nada molesta tanto al verdadero escritor como los críticos, los profesores y los periodistas culturales, que se empeñan en ponerle etiquetas y encuadrarlo, en establecer relaciones entre su obra y la de sus contemporáneos, en adscribirlo a tendencias a las que presuntamente pertenece, o a movimientos, o a modas, en calificarlo de "novelista realista" o "histórico" o de "autor literario" -esa gran estupidez y redundancia que ya ha adquirido carta de naturaleza en nuestra estúpida época-, o de cultivador de la "autoficción" -otra de las majaderías hoy reinantes-, o de "escritor postmoderno" -nunca he sabido lo que significaba ese adjetivo, que por suerte ya va cayendo en desuso-. También le revienta, al verdadero escritor, que se le busque y adjudique un "lugar" en la tradición de su país o de su lengua, que se lo "entronque" con esa tradición o con los viejos maestros. El escritor sabe que el país en que nació y la lengua en que se expresa son importantes, pero secundarios, algo hasta cierto punto accidental, azaroso y reversible. Sabe que Proust podría haber existido en italiano o inglés, Lampedusa en español o alemán, Thomas Mann en checo o en sueco, incluso Cervantes en francés o portugués: sabe que la lengua no es más que un vehículo, una herramienta, nunca un fin en sí mismo ni algo sagrado, en modo alguno superior a quienes se valen de ella. No determina nada, o si acaso sólo en los autores "ornamentales", aquellos que en español, por ejemplo, parecen querer oír "¡Olé!" tras cada frase castiza, primorosa o garbosa. De poco le sirve al escritor compartir el idioma con Shakespeare o Dante, Montaigne o Hölderlin, Conrad o Nabokov o Wittgenstein. Menos aún cuando recuerda que los tres últimos cambiaron de lengua en algún momento de sus vidas y eligieron en cuál deseaban expresarse.
Al escritor le fastidia todo esto, y es conveniente que le fastidie. Porque sólo si trabaja en la falsa creencia de que su libro es el único libro existente en el mundo, logrará sacarlo adelante y completarlo. Si levanta la cabeza de la máquina o del ordenador -yo escribo aún a máquina-, si mira hacia el pasado o hacia el futuro y ve su trabajo reducido a un nombre más en una inacabable lista; o si mira hacia el presente y se distrae preguntándose cómo les va a sus colegas, qué estarán haciendo y qué han conseguido y cuánta originalidad o profundidad hay en ellos; o si piensa en sus predecesores y no digamos si se deja aplastar por cuanto de maravilloso se ha escrito antes y seguramente se escribirá después de su vacilante paso por la tierra, entonces está perdido. Por eso el escritor precisa aislarse, mientras escribe. No hace falta decir que sólo entonces. En realidad sabe bien que su creencia, como acabo de decir, es falsa y además pasajera. Sabe que su obra, una vez que salga de su habitación y se exponga a otros ojos y sea publicada, se confundirá con centenares de millares de otras obras, y la verá como una gota en el océano que, como todas las demás, pedirá ser atendida. Tendrá la sensación de que, si algo es, es superflua.
Al escritor actual, además, no le cabe ya la posibilidad o consuelo de pensar en la posteridad, de refugiarse en lo venidero lejano, de confiar en que el tiempo haga su labor de selección misteriosa y lo señale un día en el que él ya estará presente. Pensar en la posteridad siempre fue un poco ridículo y un bastante patético. Hoy en día es grotesco, cuando la duración de las cosas se va reduciendo siempre más y más -y a velocidad de vértigo-; cuando la aparición de una película, una música, un libro, los convierte ya en "cosa pasada"; cuando da la impresión de que sólo existe lo que aún no existe y se anuncia, y de que la mera existencia de algo -la película que ya puede verse, la música que ya puede oírse, el libro que ya puede leerse- dictamina su caducidad, lo hace "pretérito". Esto ya está visto, oído, leído, venga ahora algo nuevo, es decir, que debamos aguardar todavía. Es como si la idea de perdurabilidad perteneciera ya sólo a otras épocas, y dicha perdurabilidad, por tanto, estuviera nada más al alcance de aquellos que ya la lograron -Shakespeare, Montaigne, Cervantes, incluso Conrad y Nabokov- en los tiempos en que tal idea tenía cabida o era posible. Como si ya no fuera alcanzable para ninguno de los que estamos vivos. Pensar hoy que se nos recordará está reñido con el hoy que vemos, en el que todo resulta "viejo" por el simple hecho de haber nacido. Es incompatible con cuanto nos rodea; es, en efecto, grotesco, y el escritor actual se siente por ello aún más aislado y fugitivo. "En realidad sólo existo mientras escribo", piensa. "Es decir, mientras nadie me ve y mientras nadie conoce lo que estoy haciendo. Paradójicamente, existo sólo mientras mi tarea y yo estamos ocultos, cuando para el mundo aún no somos. Dejaremos de existir, en cambio, y nos confundiremos con la turbamulta impaciente y veloz que todo lo engulle y digiere y expulsa, en cuanto aparezcamos". "Publication is the auction of the mind of man", escribió Emily Dickinson, y es una cita a la que recurro a menudo: "La publicación es la subasta de la mente del hombre", o "de la mente humana", como se prefiera. Es el infame contacto con lo exterior, con la muchedumbre, con los millones de páginas parecidas a las nuestras, animadas por semejante impulso. Es la obligación de vernos enmarcados en la tradición, sea la de nuestro país, la de nuestra lengua o la de la historia entera de la literatura (como nota a pie de página, probablemente). Es la evidencia de que, lejos de ser únicos, tenemos mucho que ver con nuestros predecesores y con nuestros contemporáneos: de que los primeros, a los que tal vez ni siquiera hemos leído, hicieron lo mismo que nosotros mucho antes; y de que los segundos, sin conocernos ni saber de nuestra existencia, escriben cosas enojosamente conectadas con las nuestras. Es el doloroso momento de aceptar que hay un Zeitgeist, y de que estamos involuntaria e inconscientemente a su servicio.
De vez en cuando hay un recordatorio aún mayor de que somos un nombre más que se añade a otros muchos, de que formamos parte de una lista. Esta ocasión es uno de esos recordatorios, aunque se revista de la forma más agradable posible. Creo que, entre los premios que he recibido (la mayoría extranjeros, rara vez españoles), nunca había sido honrado con uno tan antiguo como este Premio de Literatura Europea del Estado Austriaco, que comenzó a otorgarse, según he visto en su lista, en 1965. En ella encuentra uno nombres, por tanto, que no sólo admiró desde muy joven -cuando sólo era lector, y ni siquiera escritor oculto-, sino que le parece que estuvieron a tiempo de alcanzar la posteridad, puesto que su época admitía aún ese concepto: nombres como el del gran poeta Auden y el dramaturgo Ionesco, el magnífico Italo Calvino y Simone de Beauvoir, Dürrenmatt y Manganelli. Figuras que uno vio como extraterrestres, en algún caso desde la infancia, y con las que estuvo seguro de no tener nada que ver, inalcanzables, por la distancia de edad y por la distancia artística. Luego ve otros nombres admirables, pero de escritores aún vivos o recién muertos y pertenecientes, en consecuencia, a los tiempos confusos, desmemoriados y raudos en que nos movemos: Kundera y Rushdie, Esterházy y Lobo Antunes, Eco y Semprún, Barnes y Enquist y Magris. A alguno de ellos lo he conocido brevemente, incluso, pero -cómo decirlo- para mí siempre han sido "ellos", "los otros", aquellos a quienes leía y de quienes me sentía separado. De modo que al recibir este Premio de Literatura Europa del Estado Austriaco, no puedo evitar experimentar una gran perplejidad (a la vez que agradecimiento) al ver mi nombre añadido a una lista que me hace ser menos yo y existir menos. O tal vez me haga existir un poco más, quién sabe, cuando, como ahora, no estoy encerrado en mi habitación, o a escondidas, tecleando en mi vieja y anacrónica máquina (o "jugando en casa, como un niño, con papel", como dijo Stevenson), y en modo alguno puedo creer que mis libros estén aislados. Cuando con benevolencia y claridad se me muestra, por el contrario, que, me guste o no, forman parte de una muy larga y noble cadena llamada literatura europea.
Muchas gracias.
 

jueves, 8 de septiembre de 2011

La frase del día... la frase de este jueves-viernes en Madrid



No hay final. No hay principio. 
Es sólo la infinita pasión de la vida.

Federico Fellini.
 
 

lunes, 5 de septiembre de 2011

De los viajes, de compañeros de viaje, de los amigos, de la vida...




¿Cómo hubiera sido mi vida sin las palabras o sin los viajes? No acierto a imaginármela de otro modo que no sea empapada de ellos. Ambas cosas te hacen despegar los pies de lo cotidiano, de la realidad que atenúa los colores de la vida. Ambas cosas, las palabras y los viajes, te traen otros olores, otros ruidos, otros tonos, otros edificios, otras personas, que de no haber viajado, no hubiera podido disfrutar.


Si me permitís os voy a contar mi vida. No, apenas un pedazo muy pequeño, pero que ocupó gran parte del fin de semana. Estuve de boda. Nunca me han gustado especialmente las bodas. Pero afortunadamente no todas son iguales. Las dos que he tenido este año han tenido la virtud de ser diferentes, muy diferentes y me han gustado mucho.


Pero yo os quería hablar hoy de la última, de la de antesdeayer. Y os quería hablar de ella por lo que tuvo de crisol de vidas. Se casaban unos amigos que conocí en el viaje del año pasado: Siria-Jordania. Fue invitado todo el grupo que nos conocimos en ese viaje. Allí coincidimos de nuevo, una pareja, que ella es de Santander y él de Menorca, pero viven en Madrid,  dos amigas que son de Zaragoza, una amiga y yo de Madrid, y por supuesto los novios, ella de Madrid y él de León. Hasta ahí ya había diferencia ¿verdad? Pues además, en esta boda, compartimos mesa con dos chicas de León, y con otra pareja, ella que vive en Basilea y él que vive en Gijón. La diferencia se multiplicaba. Qué vidas tan distintas. Cuánto para  hacer trueque, para compartir y disfrutar. Qué bien lo pasamos. Qué personas más sociables y más agradables.


Coincidía que este fin de semana también con otros amigos celebrábamos el décimo aniversario del viaje que hicimos a Turquía. Sí, allí estábamos cuando el nefasto 11S en Nueva York. Todos recordamos aquel momento en que entrábamos en el hotel de aquella ciudad turca y en la televisión se veían las imágenes del avión chocando contra una de las torres… Creíamos que era una película. Tan irreal es a veces la cruda realidad.


Pues bien el domingo en el aniversario nos reunimos gran parte del grupo que nos conocimos aquel día: de nuevo dos mañas, dos madrileños, un gallego y una vallisoletana. Y después en el café se nos unieron una melillense gaditana y otro madrileño. Todos muy viajeros. Cuánta variedad, cuántas personas interesantes y buenas, cuánta riqueza.


¿Cómo no pensarlo?

Cuando viajamos además de llevar con nosotros nuestras pertenencias, nuestra ropa, nuestro carácter, llevamos nuestro lenguaje. Como una pertenencia más. Llevamos nuestra nostalgia o nuestra morriña. Llevamos nuestra forma de explicarnos acabando las frases en “pues”, en “ico”, o envolviéndolas en tantas ambigüedades que quizás el otro no sepa ni lo que has dicho: “¿Y qué tal ese restaurante?” “Casi regular”. Llevamos sobre todo la música con que hablamos. La banda sonora que acompaña nuestras palabras.


El mundo es muy grande. Hay vida mucho más allá de nuestra casa, de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestros amigos y de nuestra familia. Hay vida esperándote en todas partes para salpicarte de otras realidades y empaparte de una riqueza que no tiene nada que ver con la nómina, una riqueza que te hace más flexible, más sabio, que ensancha las fronteras de una insignificante alma del norte de Madrid, de España, de Europa, del primer mundo, del mundo entero… Mi alma.

¿A quién tiene uno que darle las gracias por esto?

sábado, 3 de septiembre de 2011

Un poema de Javier Díaz Gil "La pesca"




Javier Díaz ha escrito este poema hace nada, y lo ha publicado en su blog. No me puedo resistir a publicarlo aquí también para que podáis disfrutarlo. 

Es que cuánto más lo leo me parece cada vez más sugerente...

Me ha gustado un montón. Lo ha creado sobre la foto que también os dejo, que encontró en El País y que también es para nota.

Leerlo despacio...



PESCA

Arroja sobre mí tu red,
la transparencia de la trampa,
el fulgor del esfuerzo de tus manos y tu boca.

A este lado apenas queda
mi sed saciada
y un puñado de sombras.

Atrapa mi silencio,
el reflejo del agua en mis rodillas
y este barro que anuncia la noche.

Soy presa fácil ya
-nada temas-.

Cuando mires mis ojos asustados
-un último deseo-
sé valiente y generoso:
no me devuelvas al agua.

© Javier Díaz Gil
30 de agosto de 2011