Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

lunes, 30 de septiembre de 2013

Mi paso por Radio Morata el pasado día 16 de septiembre de 2013



Ya podéis escuchar en internet en programa de Radio Morata "Condición Humana" donde participé el pasado lunes día 16 de septiembre, junto al poeta y amigo Javier Díaz Gil y al poeta Pablo Llorente.

Podeis escucharlo siguiendo estas instrucciones:

1.- Ir a la siguiente dirección web (se abre en una ventana nueva): www.radiomorata.com/podcast

2.- Elegir la grabación del programa de Radio Morata que desee escuchar o descargar, pinchando en el enlace correspondiente (se encuentran ordenados por la fecha de emisión y nombre del programa).

3.- Una vez cargada la página web de la grabación elegida, en esta página debe aparecer la fecha y nombre del programa correspondiente, así como un reproductor. Ahora tiene dos opciones:
- Si elige escuchar el programa, hay que pulsar en el botón de Play y comenzará la reproducción del mismo a través de este reproductor.

- Si elige descargar el programa, hay que pulsar al botón Download situado debajo del reproductor y comenzará la descarga del fichero en formato mp3.
Nota: Dependiendo del navegador web empleado, es posible que aparezca una ventana para elegir la ubicación donde guardar el fichero o que comience directamente la descarga en su directorio habitual de Descargas.

Nuestro programa está pinchando en:
160913 Condición Humana 106 minutos

Yo creo que fue un programa ameno, al menos yo lo sentí así. Charlamos mucho entre los tres y todos leímos nuestros textos:

Yo leí tres relatos en los siguientes minutos:
Boca abajo en el 10,52, 
Los cuentos de las tortillas de patatas en el 55,21 y
A dos pasos de cebra de ti, en el minuto 1:32:51



Javier leyó un poema precioso dedicado a Sagrario del Peral, poeta compañera de la tertulia que murió el pasado agosto, en el minuto 39,24. Y otro más a continuación de mi último relato en el minuto 1:41:25.

Y también participó con nosotros el poeta Pablo Llorente que nos presentó su nuevo disco de Fandangos y nos habló de viajes surcando el Estrecho de Gibraltar... hasta Marruecos.

Bueno, espero que os guste.




 

sábado, 28 de septiembre de 2013

¡Alhaja! qué palabra entrañable para un toledano


El sábado pasado en el programa de Pepa Fernández, Hoy no es un día cualquiera, y en la sección de las palabras moribundas, Pilar García Moutón recordó la palabra "Alhaja".

Y cuando lo hizo, en el auditorio de Toledo dónde estaban haciendo el programa, estalló una carcajada.

Porque para ellos, como para mí, "alhaja" tiene varios significados. Por supuesto el primero que nos da el diccionario de la Rae, el de joya...

alhaja.
(Del ár. hisp. alḥáǧa, y este del ár. clás. ḥāǧah, cosa necesaria o valiosa).
1. f. joya (adorno).
2. f. Adorno o mueble precioso.
3. f. Cosa de mucho valor y estima.
4. f. coloq. Persona o animal de excelentes cualidades. U. m. en sent. irón.
5. f. ant. caudal (hacienda).
6. adj. Bol. y Ec. Bonito, agradable.
buena ~.
1. f. irón. Persona pícara, viciosa, o astuta, avisada y traviesa.


Pero si eres de Toledo, tiene otro muy especial, y es el de palabra cariñosa, el de mimo.

Yo no soy de Toledo, soy de Madrid, pero provengo de una familia de "bolos" y ¡cuántas veces de niña mis tías me llamaron alhaja! Parece que estoy escuchando a mi tía Trini decírmelo mientras me da uno de esos besos de pueblo interminables y ruidosos...

¡Qué importantes se hacen para nosotros algunas palabras! 


La imagen de esta entrada, preciosa, la he cogido de internet.

viernes, 27 de septiembre de 2013

"Lecturas de cabecera" en Casa del Lector en Matadero Madrid



"Lecturas de cabecera" es una exposición que estuve viendo en la Casa del Lector de Matadero Madrid. No tenía demasiado tiempo y la tuve que ver un poco rápido, una pena, porque me gustaba, era curiosa.

Cómo veis son mesillas con su lamparita encendida, y en el cajón guarda el trabajo de un artista. 150 ilustraciones. Se trata de la bienal de Ilustración ILUSTRARTE2012, en donde participaron 50 artistas de todas las nacionalidades.

Dice la información de la exposición que las lecturas de cabecera son como un faro que nos señala el camino de nuestros sueños... Está curiosa, son imágenes que cuentan historias.

El premio fue para Valerio Vidali. Sus imágenes cuentan la historia de un paraguas que se perdió en el autobús y va pasando de mano en mano, descubriendo nuevos mundos.

Os la aconsejo. Vamos os aconsejo en general dar una vuelta por Casa del Lector y todo el Matadero, merece mucho la pena.









Las lecturas de cabecera son el faro que señala el camino de nuestros sueños nocturnos. Antes de dormir, en la difusa y somnolienta frontera entre la vida y nuestros anhelos, nos alimentamos de historias para seguir vivos. Las historias universales e intemporales cabalgan a sus anchas por el espacio infinito de nuestra mente. Y gracias a ellas nos vence el sueño, pero nunca del todo la realidad.
Casa del Lector presenta la bienal de ilustración ILUSTRARTE2012 en la que participaron 50 artistas de diversas nacionalidades. La exposición, compuesta por 150 ilustraciones, es el reflejo de la posibilidad de narrar y leer historias por medio de imágenes. Sus comisarios, Eduardo Filipe y Ju Godinho, pusieron en marcha este proyecto movidos por la voluntad de compartir su pasión por las imágenes que cuentan historias y la certeza de que un libro ilustrado puede ser vehículo del mejor arte.
La selección es un buen reflejo del estado actual de la  ilustración contemporánea internacional. Una mezcla muy ecléctica de estilos y técnicas, que refleja una variedad de orígenes culturales, nombres establecidos junto con valores emergentes y jóvenes ilustradores nunca publicados.
ILUSTRARTE2012 premió las imágenes de ilustrador italiano Valerio Vidali. Las expresivas y seductoras ilustraciones del autor, muestran al lector la historia de un paraguas que fue olvidado en un autobús, que pasó de mano en mano y descubrió nuevos propietarios y nuevas funciones. Dos menciones especiales fueron otorgadas a las magníficas imágenes de Simone Rea (Italia) y al dúo suizo Nina Wehrle y Laube Evelyne. 
- See more at: http://casalector.fundaciongsr.com/483/Exposicion-Lecturas-de-cabe#sthash.tM06cZ5n.dpuf
L

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Shirin Neshat. Escrito sobre el cuerpo, en Fundación Telefónica en agosto




 Tenía esta entrada un poco atrasada, pero no me resisto a no hablaros de ella. Las fotos me llamaron mucho la atención.

Se trata de una exposición que ya no se puede ver, porque finalizó el 1 de septiembre, pero que ha estado en Espacio Fundación Telefónica; supongo que muchos la veríais.

Se trataba de una selección de fotografías que tenían como motivo principal el cuerpo. A través de él la fotográfa nos hablaba de cuestiones complejas en el mundo islámico: diferencias de género, diferencias entre Oriente y Occidente... la religión, la mujer en el Islam.

Era compleja y profunda, la verdad.  No era sencilla de ver, sobre todo los documentales. Pero las fotografías me gustaron mucho.


Shirin Neshat (1957, Qazvin, Irán), vive y trabaja en EE.UU. desde 1974. Ha realizado exposiciones individuales en centros de arte y museos  por todo el mundo, como el Museo de Arte Moderno de México DF, el Contemporary Arts Museum de Houston, el Walker Art Center de Minneapolis, el Espoo Museum of  Modern Art (Finlandia), el Castello di Rivoli en Turín, el Dallas Museum of Art, el Wexner Center de Columbia (Ohio), el Art Institute of Chicago, la Serpentine Gallery de Londres, el MUSAC de León o el Hamburger Bahnhof de Berlín. Neshat también ha participado en la Documenta 11 (2002), la Bienal de Whitney (2000) y en 1999 ganó el León de Oro de la XLVIII Bienal de Venecia. En el 2009 fue galardonada con el León de Plata a la mejor dirección de la Mostra de Venecia por su película Women without Men (Mujeres sin hombres).








lunes, 23 de septiembre de 2013

El sábado 21 de septiembre día Mundial del Alzheimer. Un relato de Rocío Díaz


Este fin de semana pasado, el sábado 21 de septiembre, fue el día Mundial del Alzheimer. Aunque ya le he colgado en otra ocasión en este blog, quería dejaros con uno de mis relatos que toca de refilón ese tema. 

Espero que os guste.

El inquilino que me veía fea


El Inquilino que me veía fea
Primer premio en el XII Concurso de Relato Corto del Excmo. Ayto. de Monturque año 2011.

 


El inquilino que me veía fea


“Pero doctor  ¿Con el tiempo me verá fea?”. Le pregunté cuando me confirmó el diagnóstico. El doctor, preparado para un montón de preguntas relacionadas con los síntomas de la enfermedad, sin darse ni cuenta de que sus ojos se dilataban de sorpresa, no hubiera sabido concretar si sus oídos no habían oído bien, si él no se había explicado correctamente o si yo no había entendido la gravedad de la cuestión, pero no tenía duda alguna en que algo fallaba en aquella pregunta. Y sin dejar de mirarme, solo acertó a musitar “¿Ha dicho fea?”.
Sí. Sí había dicho fea. Y ahora que ha pasado el tiempo ni yo misma sabría decirme, con la de problemas que comenzaban a caer sobre mis hombros, enormes gotas presagiando la  tormenta,  por qué. Por qué solo fui capaz de preguntar esa nimiedad.
Cuando conocí a mi Mateo, mi vida sentimental era un desierto mucho mayor que cualquiera de esos color amarillo, que vienen en los mapas. Porque yo, que sí tengo ojos en la cara mientras que los demás parecían no tenerlos cuando me miraban, tuve que curarme, a fuerza de inyecciones de desaires y plantones, de no haber nacido con un físico demasiado agraciado.
Y tanto era lo que en aquel entonces llegué a avergonzarme de mi misma, que más de un día sin ser carnavales, salí a la calle con la cara llenita de crema, a modo de improvisada careta, fingiendo que se me había olvidado limpiármela. En el fondo de mi alma era mayor el bochorno de enseñar mi propia cara, que el salir a la calle con esa facha. Hubiera podido tocar con mis pies el fondo del pozo de la autocompasión.
De tanto hacerme caretas con la Bella Aurora, crema que por aquel entonces estaba muy de moda entre las jovencitas, mis idas y venidas a los grandes almacenes se hicieron cada vez más y más frecuentes. Y allí detrás del mostrador siempre me esperaba Mateo. El mismo dependiente que cada dos o tres días atendía solícito mi pedido. Sin preguntas, sin sonrisas de ningún tipo. Un pedido que ambos nos sabíamos de memoria, pero que yo recitaba y él me despachaba como si fuera recién inventado. Y a fuerza de vernos el buen Mateo fue acostumbrándose a mi cara, tanto, como yo a su compañía. A fuerza de conversar íbamos tomándonos cariño, y unas cosas llevan a las otras, y éstas a las de más allá y casi sin yo creérmelo una noche me dije ilusionada que cada roto encuentra un descosido.
Y después de dos años y dos mil tarros de Bella Aurora me vi un día en la Iglesia saliendo de su brazo.
El día que el doctor me dijo que todas esas lagunas en la memoria de Mateo, que todos esos días que se había perdido por lugares que habíamos visitado mil veces, que esas equivocaciones en su forma de hablar y escribir, que esas dificultades que ahora encontraba en hacer ciertos movimientos mil veces repetidos... no eran más que síntomas de esa enfermedad tan enrevesada, que al principio solo sabía que empezaba por “A”, sentí que perdía pie y que sin remedio comenzaba a despeñarme por un precipicio sin final.
 Y la única pregunta que fui capaz de hacerme mientras caía, fue si “Mateo, con el tiempo, y el deterioro de su memoria, otra vez me vería fea”.
Y aunque Mateo era el herido, fue tan doloroso el pinchazo en mi alma de su  enfermedad, que fui yo quién se colocó las vendas. Durante dos meses con sus sesenta días y sus sesenta noches, me dediqué a compadecerle, a compadecerme y a solidarizarme entre hipos y lágrimas con todas las desgracias grandes y pequeñas de la humanidad entera. El trabajo que yo tenía era abrumador y constante. Ahora lloraba por Mateo, ahora lloraba por mí, ahora lloraba por el hambre que existía en el mundo. Después lloraba por las guerras interminables y  por lo incomprensible de los kamikazes. Mas tarde, por todas las victimas del terrorismo y por los enfermos terminales. Y por los maltratados y los suicidas y los divorciados y los abortos. La sequía, el agujero de ozono, el Amazonas... Lloraba por el mundo entero que sufría y sufría. Y yo no tenía más remedio que sufrir con ellos, en una interminable y desgraciada tarea. 
 
Hasta que el primer día del tercer mes después del diagnóstico del médico, una luz se encendió en el fundido cerebro de Mateo. Y yo no se por qué. Pero esa noche se acercó hasta mí en silencio con un tarro de Bella Aurora entre las manos que no sé de qué revuelto cajón sacó. Sin decir nada empezó a untar la crema despacito por mi cara, en pequeños círculos, muy despacio. Y suavemente, la iba extendiendo en caricias redondas.
Y al final, las lágrimas que yo no podía dejar de llorar formaron con la crema una pasta blanca, blanquísima, sobre la que como dos náufragos que se ahogan y pataleando consiguen salir a flote, volvimos a encontrarnos. “¿Es que vuelves a verme fea Mateo? conseguí preguntar deshaciendo un nudo de tiempo y tristeza alojado en la garganta, tan fea que me tapas...”. “Yo no te tapo, nunca lo hice. Tú eras la que querías siempre taparte... yo no. Yo solo quería que te sintieras mejor, y eso es lo que quiero ahora... no llores, estamos aquí juntos”. Y al fin algo dentro de mí supo que era mi turno, que tenía que andar, que ahora me tocaba a mí atenderle.
Y Mateo nos volvió a salvar, como ya había hecho un lejano día. 
Después de prometerme y prometerle que no volvería a llorar, saqué del fondo de mi alma el puñadito de sentido del humor, que como un crío travieso y espabilado había conseguido esconderse de la quema, y sacudiéndolo al aire, lo primero que hice fue la locura de proponer a Mateo un alegre funeral por todo lo alto para aquellas neuronas que se habían muerto en su cabeza.  Y como cuando salía hecha una facha a la calle, que alguien me pudiera tachar de loca de atar, no me importaba nada de nada frente a todo lo que me importaba mi Mateo.
Y en el patio hicimos una barbacoa, y brindamos con vino. Y sobre una fogata saltamos como locos, él sin saber muy bien por qué, y yo porque al fin aceptaba que aquella enfermedad se había venido a vivir, como un indeseable inquilino, bajo nuestro techo. Un inquilino al que no podíamos echar a la calle. Un inquilino con el que teníamos que convivir, pagando un precio muy alto pero aprenderíamos a hacerlo.
Y así, despacito, cayéndonos para volver a levantarse, como empiezan los niños a caminar, íbamos aprendiendo...
El doctor nos dijo que la enfermedad iría evolucionando durante los diez o doce años siguientes, así que no tuvimos más remedio que poner manos a la obra y dibujar el futuro sobre una hoja cuadriculada. Una cuadrícula vital donde cada momento quedara guardado en un cuadrado de espacio y tiempo. Para que Mateo no se desorientara más de lo que ya estaría. Teníamos todo el día ocupado, las 24 horas. Y como colegiales que tienen colgado el horario de clases de la puerta de la nevera, nosotros teníamos el horario de nuestra propia vida.
De la mañana a la noche estábamos ocupados en diversas y entretenidas actividades que estimularían su memoria, que aumentarían su cada vez más mermada autoestima, que indicarían cuándo es de día y cuando es de noche porque a veces al principio, y muchas veces después, Mateo empezaba a confundirlas. Y al lado de nuestro horario de vida, habíamos colgado un gran reloj, más propio de una estación de tren que de una casa, pero que habíamos confeccionado también de papel, donde era más sencillo relacionar ésta hora con el desayuno, ésa otra con la comida y aquella con la cena. Señalar el momento de acostarse y el momento de pasear.
De vez en cuando, no siempre para no agobiarle, yo le decía que teníamos fiesta de disfraces. Entonces sacaba de los viejos baúles del desván algunas de nuestras antiguas ropas pasadas de moda, objetos de cierta época de nuestra vida juntos, recuerdos, fotos... Y los diseminaba por la casa, haciendo retroceder el tiempo hasta aquellos días. Nos disfrazábamos como en alguna de esas viejas fotos  y volvíamos a repetir unas vacaciones en la playa o una navidad o uno de nuestros cumpleaños. Como si no hubiera pasado el tiempo. De nuevo igual pero en el salón de nuestra casa. Todo mi afán era que si aún de su memoria no se había borrado aquel momento, no se borrara. Y si ya lo había hecho, que volviera a revivirlo, que de nuevo se escribiera en su historia, que de nuevo fuera tan feliz como lo habíamos sido entonces. Y allí estábamos, vestidos de verano en pleno invierno, tumbados sobre unas toallas que a la vez se extendían y alisábamos sobre la alfombra del comedor, panza arriba, tomando todo el calor, que la calefacción puesta a tope, nos hacía sentir.
En la memoria de Mateo los recuerdos eran como mariposas vivas sujetas con alfileres. Recuerdos a  punto de salir volando a la menor oportunidad. Y yo me pasaba el día con el caza mariposas en la mano, al rescate.
Y si Mateo empezaba a chillar por la ventana o a decir tacos, yo salía a chillar por otra. Hasta que chillido a chillido conseguía que volviera a meterse en casa. Y si empezaba a preocuparme que se perdiera, inventaba un juego policíaco donde debía llevar una tarjeta encima con todos sus datos, que por nada del mundo, por nada, debía de quitarse. Y si aún así salía de casa sin que yo me diera cuenta, procuraba no enloquecer tanto como él, para salir a buscarle por los parques, por el barrio, por los bares, llamaba a la policía, hacía todo, todo, lo que podía hasta que daba con él. 
Yo lo único que quería es que Mateo no se diera cuenta de que iba perdiendo poco a poco terreno frente a su enfermedad. Los días enteros se me iban en inventar, inventar y  resolver.
Con el tiempo, y el cansancio, tuve que buscar alguien que me ayudara, porque aunque me costó mucho darme cuenta, un día admití que había que guardar y dosificar fuerzas para cuando llegara lo peor. Nuestro inquilino había decidido ser el dueño de nuestra casa.
 Muchas veces durante aquellos años a Mateo le gustaba sentarse con los viejos álbumes de fotos sobre las rodillas y pasaba las tardes hojeándolos lentamente. Recién disfrutándolos. Se quedaba mirando las fotos y me preguntaba que dónde estábamos entonces, que cuándo habíamos ido allí. Y yo le contaba. Y le contaba. 
Lo peor, el dolor sin consuelo, llegaba como un criminal que te ataca por la espalda,   cuándo se quedaba mirando muy fijamente a nuestra propia imagen de años atrás durante minutos eternos... horas casi.  Sin parpadear, ni sonreír, ni hablar, completamente perdido. Y volviéndose, preguntaba a una cara extraña, una cara fea, la mía, que estaba a su lado sentada en el sofá pero que en ese momento ya no reconocía: “¿Quiénes son?” señalando la foto. “¿Quiénes somos?” señalándonos.
“Ay doctor, si usted supiera... me decía a mi misma en esos momentos recordando cierto día... que ya llegó. Que ya me ve fea”. Pero a continuación me seguía diciendo “...Pero si he de serle sincera, a mí ya no me importa, no me importa de verdad. Todavía en su cabeza quedan mariposas vivas que me recuerdan, que me quieren, y que tendré que cazar”.
Y tomándole la mano otra vez le contestaba: “Tú eres Mateo. El que está en esta foto. Y yo quién está a tu lado, yo, tu mujer ¿ves?”. 
Y volvíamos a empezar desde cero.

 
©Rocío Díaz Gómez

sábado, 21 de septiembre de 2013

Repanocha, fetén... "¡GENSANTA DEL AMOR HERMOSO!"




Hoy me apetecía hablar de la expresión "la repanocha". Expresión sonora dónde las haya... ¿Vosotros decís mucho eso de "tal cosa es ¡la repanocha!"? Es una expresión de esas de siempre pero que tengo mis dudas de si se utiliza mucho o no. He consultado el diccionario de la Rae y además me ha llamado la atención su definición, porque yo pensaba que ser la repanocha era ser en algo lo más de bueno. Peroooo, veo que no es exactamente lo que yo pensaba, porque sí quiere decir ser "extraordinario", pero no solo en sentido positivo. Mirad, aquí os copio la definición:

repanocha.


Ser algo o alguien la ~.

1. loc. verb. coloq. Ser extraordinario por bueno, malo, absurdo o fuera de lo normal.



¿Cómo no buscar entonces la palabra "panocha"?

panocha.
(Del lat. vulg. panucŭla, mazorca, y este del lat. panicŭla, dim. de panus, mazorca de hilo).
1. f. panoja.
2. f. C. Rica. empanada (masa de pan rellena).
3. f. coloq. Cuba y El Salv. vulva.
4. f. coloq. Cuba. vagina.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados


panocho, cha.
(De panocha).
1. adj. Mur. Perteneciente o relativo a la huerta de Murcia, en España.
2. m. y f. Habitante de la huerta.
3. m. Habla o lenguaje huertano.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Y no solo nos dicen que se trata de una mazorca sino que parece que para ciertos países nos lleva directamente éste término a la palabra "vulva". Qué cuidadito hay que tener al hablar ¿verdad? que no sabe uno ni lo que está diciendo, que te te crees que hablas de mazorcas y resulta que ¡eran vaginas! Como diría Forges ¡GENSANTA DEL AMOR HERMOSO!


Y ya que estamos con "la repanocha", ¿Por qué no "fetén"? ¿Quién dice ahora que algo es "fetén"? No muchos ¿no? ¿Vosotros que creéis?

fetén.


1. adj. Bueno, estupendo, excelente. Conocí a una chica fetén.
2. adj. coloq. Sincero, auténtico, verdadero, evidente.
3. f. coloq. La verdad. LA fetén.
4. adv. m. coloq. Muy bien. Todo funciona fetén.

En cuánto al origen de la palabra fetén he estado rebuscando por internet y no hay unanimidad. Unos dicen que podría venir del árabe, de "fatana"(encantador) que evolucionó a "fetén" y ésta conservó sólo el segundo significado. Otros que podría venir del fránces. Hay quién opina que podría ser que hubiera venido del hebreo, que cómo se escribe de derecha a izquierda, se leería TENFE. Vamos que si tienes fe pues todo saldrá mejor. 

También parece que muchos opinan que podría venir del caló, de“Feter” (que significa “mejor”) y El DRAE no trae explicaciones respecto del origen. 

En el libro "Las palabras moribundas" de Pilar G. Moutón y Alex Grijelmo dicen que la primera vez que se registró en la Academia este término fue en la comedia de Jardiel Poncela "Usted tiene ojos de mujer fatal". Aunque María Moliner ya lo incluyó en su diccionario en los años sesenta, la Rae no lo hace hasta 1984. Y también nos dicen que se escuchaba mucho en tiempos de la guerra civil, pero ahora...

La verdad es que yo también creo que ahora no es muy corriente. ¿No creéis? Y ya veis... tampoco está nada claro su origen. Habrá que seguir investigando.

¿Y "guay"? Guay es más reciente ¿verdad? ¿De dónde vendrá? ¿Alguien lo sabe?




http://palabrasenextincion.blogspot.com.es/2010/12/feten.html
http://www.losfilologos.com/phpBB3/viewtopic.php?f=16&t=455

"Las palabras moribundas" de Pilar García Moutón y Alex Grijelmo

miércoles, 18 de septiembre de 2013