El viernes pasado no hubo blog.
Desde el jueves cada vez que intentaba entrar "Blogger" me decía de una u otra forma, iba cambiando los avisos, que no podía acceder... Y yo lo intentaba de vez en cuando. Siempre con la esperanza de fuera algo de la red y al rato se hubiera pasado. Me descolocaba. Sentía cierta inquietud. ¿Por qué? ¿Por qué no se arregla?. Pero se iban pasando las horas y no se solucionaba. El sábado cuando se normalizó, me di cuenta de que había perdido mi última entrada. Perdida para siempre.
Qué indefensión.
Es curioso yo nunca había pensado tener un blog. De hecho varios de mis amigos hacía tiempo que tenían el suyo y a mí ni siquiera se me había pasado por la cabeza que yo pudiera escribir uno. ¿Y yo que voy a poner ahí? Sin embargo, uno de ellos, uno que ahora también tiene su propio blog (
http://blogs.lavozdegalicia.es/nomepidancalma/) muchas veces me animaba a que tuviera uno... sin demasiado resultado.
Hasta que no se por qué, una tarde larga de junio, una de esas raras, de mucho calor, probé a ver si yo sabría crearme uno... Sin demasiada esperanza, la verdad. Pero poco a poco, paso a paso, supe. Y yo fui la primera sorprendida.
Desde ese momento, el mes que viene hará dos años, ha estado aquí. Bajo mis dedos. Ante mis ojos. Creciendo.
En él he dejado rastro de mis actividades culturales, de mis gustos literarios, de mis lecturas, mis libros, mis obras de teatro, mis conciertos, mis sorpresas con el lenguaje y hasta en él he dejado a la vista de todos, lo que tanto me importa, mis relatos. Menos veces, es cierto, pero también.
¿Quién me hubiera dicho a mí que ese cuaderno de bitácora, ese cuaderno en internet me iba a llegar a importar tanto?
Nunca lo hubiera pensado.
Pero es cierto. Me di cuenta el viernes. Cuando ya no podía entrar, cuando lo intentaba y no había forma...
Resulta que yo ya escribía, yo ya salía a todos los eventos culturales que me apetecían o surgían. A mí ya me interesaban las palabras y todo lo que se relaciona con ellas. Sin embargo me he dado cuenta de que tener el blog, contarlo, comentarlo, compartirlo, ha sido una forma de ordenarlo en mi cabeza, de tomar aún más conciencia de lo que había sentido viviéndolo, una forma, en definitiva, de revivirlo.
Y sobre todo gracias a él, me he sentido más comunicada con algunas de las personas con las que ya me relacionaba. Y lo que es más sorprendente me he comunicado con otras que ni tan siquiera conocía en persona, ni he llegado a conocer. Sin embargo siempre cuando escribo o cuando estoy en él, siento que van a estar ahí. Al otro lado.
Sí. Es otra forma de compartir.
Qué cosas.
Supongo que el incidente del viernes me ha llevado a pensar en ello. Me he dado cuenta de la fragilidad de todo cuánto he escrito aquí. Un mal día, que no depende de ti, todo puede desaparecer...
Pero no me quiero quedar en eso. Porque también me he dado cuenta de que he aprendido mucho con él. He interiorizado más cuánto me rodeaba. He conocido a personas que quizás nunca hubiera conocido.
Quiero quedarme con eso.
Y sobre todo quiero daros las gracias a todos los que de vez en cuando os pasais por aquí. Gracias porque nada de ésto tendría sentido si no estuviérais al otro lado, sin vuestros comentarios que me devuelven vuestra atención.
Gracias.
Gracias por estar ahí, leyéndome.