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viernes, 8 de marzo de 2019

Feliz 8 de Marzo. Uno de mis relatos: "Los juegos de las niñas sabias" de Rocío Díaz Gómez



¡Por todas las mujeres! Las sabías, las menos sabias, las famosas y las anónimas, las cercanas y las lejanas, las nuestras y las otras. Feliz 8 de marzo.


Os dejo con uno de mis relatos "Los juegos de las niñas sabias". En el 2011 fue 2º premio de relato corto del X Certamen de Narrativa Breve "Mujeres en el arte" que había convocado la concejalía de Bienestar Social del Ayuntamiento de Valencia.






Los juegos de las niñas sabias

Rocío Díaz


Cuentan que en algún lugar, a salvo del tiempo y el espacio, están jugando unas niñas.

A la pequeña Safo jugando al escondite siempre le toca contar. Pero no suma diez, ni treinta, no suma cuarenta ni cincuenta. Ella cuenta en endecasílabos, cuenta hasta once, y vuelve a comenzar. Safo tamborilea con sus dedos, inventa versos que algún día descubrirán escritos en papiros que nos la devolverán inmortal.

A la niña Isadora, en cambio, el mar la tiene hipnotizada. Le gusta jugar descalza en la arena, le gusta mirar las olas durante horas. Sola, y en silencio, con el pelo suelto y sus vestidos vaporosos de finas telas envolviéndola, juega Isadora durante horas a mover sus manos y sus pies siguiendo el vaivén de aquellas ondas...

La pequeña Frida, que no puede moverse de su cama, juega a vivir más que las demás. Juega a mezclar los colores, juega a despistar con la pintura un destino de animal eternamente herido.

Las tres niñas solitarias tampoco juegan al escondite. Solas con su padre en aquel páramo las niñas Brontë inventan mundos de fantasía al que escapar. Miopes e inteligentes, cultas y pobres las niñas quieren relatarlos, quieren transformarlos en palabras escritas, aunque “las mujeres no debieran hacerlo”.

Mientras tanto, la niña Camille juega con la arcilla. La niña coja pero bella, la niña de carácter fuerte y voluntad tenaz se recrea en esculpir con fuerza y sentimiento. Esculpe con pasión piezas delicadas pero impresionantes, bellas en sus rasgos, intensas en su profundidad.

¿Y la pequeña Alma? Alma ya es una niña artista que juega a componer música. Y lo hace muy bien. La niña Alma tiene el adorno del talento, pero además es muy guapa y pasional. Y cómo juega con la música, cómo compone, aún tan pequeña ella.



Pero cuentan que hay ocasiones en que los cuentos de hadas no terminan bien para las niñas que esconden una pasión. Las niñas que crecen y se convierten en mujeres queriendo bailar, queriendo componer música, queriendo escribir, queriendo esculpir. Queriendo alejarse de lo considerado “normal”, de lo establecido. Y llegará un día que esas niñas tendrán que defender lo que les apasiona. La poesía, la danza y la pintura. La literatura, la escultura y la música. La vida para con esas mujeres mostrará sus garras y colmillos. La vida tendrá una punta afilada llena de ponzoña que se les clavará donde más les hiera, donde a punto esté de acabar con ellas.

Y quizás Safo vivió con sus compañeras en un clima demasiado distendido y propicio a todos los comentarios. Safo mujer quizás entendía la vida de forma diferente... quizás más femenino, quizás solo femenino.

Y esa forma revolucionaria de bailar y de vivir, esos temas de las danzas, la muerte o el dolor, tan alejados de los clásicos de duendes y trasgos, a Isadora años después le haría cosechar abucheos y polémicas.

Y nunca podrá jugar a correr Frida Khalo, en un principio dolorida por la polio y después por un accidente salvaje y cruel. Pasará casi toda su vida en la cama, pintando y pintando, mientras la enfermedad y los dolores van ganándole terreno a sus ganas de vivir.

Y las hermanas Brontë jugaron a imaginar, a escribir historias. Pero hubieron de hacerlo con disfraces, con opacos seudónimos y  malas críticas.

Y a Camile Claudel la vida fue resquebrajándole su interior de escultora. Se esforzaba por ser reconocida, por vivir de su arte, pero una sociedad conservadora, un amor demasiado amargo, unas críticas despiadadas por su condición femenina, fueron enloqueciéndola poco a poco

Y demasiado pasional, la joven y brillante Alma se enamoró de aquel maduro Gustav Mahler. Por apoyarle a él dejó a un lado su talento, esa carrera que tanto prometía en la música. Y después de Gustav, llegaron otros, pero también se volcó en el talento de cada uno de ellos, olvidándose del propio.

Y cuentan, siempre cuentan que aquellas mujeres terminaron por penar su pasión.



Hubo que dejar pasar el tiempo. Dejar que el poso de los años fuera transformando a la sociedad y su moral. Dejar que subiera a la superficie lo que realmente importa.

Porque Safo en su isla se recreó en su vocación y en la belleza.
Porque Isadora, mito y carácter, rompió con las tradiciones y revolucionó la danza.  
Porque la fuerza de voluntad de Frida y sus ganas de vivir las fue plasmando en cada uno de sus pequeños autorretratos surrealistas.
Porque las hermanas Brontë escribirían obras maestras de la literatura universal.
Porque finalmente Camile y Alma serían reconocidas por su escultura y su música, independientemente  de las de sus amados.



 Cuentan que en algún lugar, a salvo del tiempo y el espacio, siempre están jugando unas niñas. Niñas sabias a quiénes el arte rescató del olvido.

©Rocío Díaz Gómez



 #8 de Marzo - Día Internacional de la Mujer
#Relatos Rocío Díaz Gómez
#Relatos mujeres

domingo, 23 de diciembre de 2018

"Magia" relato navideño de Rocío Díaz Gómez



Quería dejaros con uno de mis relatos navideños. 

Obtuvo el primer premio el año pasado, en diciembre de 2017, en Navalmoral de la Mata, en su certamen de Cuentos de Navidad organizado por Radio Navalmoral-Cadena Cope.

Es un relato mágico, como la Navidad. Porque todo está en nuestra mirada.

Feliz Navidad amigos del blog

Magia
Traemos las bolsas llenitas de huellas. Señor Pérez ya estamos en casa. ¿Dónde se habrá metido? Ah, está aquí. Mire lo que traemos: ¡Huellas! Montones y montones de huellas. Fuimos a la playa y mire, de todos los tamaños y maneras, por si acaso. Asómese Señor Pérez, asómese... ¡Vaya...! qué pena, se descolocaron. Con lo que costó cogerlas y el cuidado que pusimos al guardarlas. Bueno, lo importante es que están ahí. Ahora hay que hacerlas sitio, a ver dónde, hay siempre tantas cosas que traer... ¡Vaya por Dios! Ya están llamando a la puerta. Todos los días igual. Qué vecindad. ¿No pueden estar en sus cosas sin ocuparse de la vida de los demás? “QUE NO ES ARENA, QUE SON HUELLAS...” No saben ni lo que ven. ¿Qué puedes esperar de la gente que no sabe ni mirar? Arena dicen... ¡Pues anda que no se ve que son huellas!  
Aquí mismo se quedan, encima de estos sacos de frases. A ver cómo andamos de género. Un buen paquete de “Aunque solo sea un pellizquito…”, otro aún más grande de “Para tapar agujeros…”,  otro casi del mismo tamaño de “A ver si me quita de trabajar…” y otro bien llenito de: “Por lo menos quitarse la hipoteca…”. Señor Pérez ya lo ve, tenemos variedad y bastantes de la primera tanda. A ver en el otro saco. Un montón enorme de “Hoy es el día de la salud” y otro un poco más pequeño pero también considerable de “No hay mejor lotería que el trabajo y la economía”. Hay menos variedad es cierto, pero suficientes de cada una. Ay Señor Pérez que jaleo con tanto preparativo, pero es que no podemos descuidarnos que se nos echa el día encima… Ah sí, tiene usted razón, qué cabeza, revisemos el saco de los números: Del 13 y del 69 tenemos de sobra. Y a ver… Sí el 7 también. Aquí hay un grupo de impares y otro de primos, unos cuántos números feos, otros cuántos de los bajitos, y sí al fondo hay ciertas fechas concretas de este año. Genial. No le pueden faltar a nadie ni nuestras frases ni nuestros números. Un momento ¡¿Los sonidos!? Señor Pérez ¿Dónde teníamos los sonidos guardados? Aquí no, aquí tampoco… ¿Dónde los habremos puesto? No se quede mirando ¡y busque! Pero qué animal es usted, menuda ayuda, déjese de tanta carrera, que tirará algo y eche una pata... Ah ¡aquí están! Como no ocupan nada se habían colado aquí detrás. A ver: El inconfundible del bombo y el soniquete de los niños de San Ildefonso. ¿Cuántos hay? Muy bien, suficientes. Y a ver los demás: El de descorchar una botella, el de cristal del brindis, los petardos, señor Pérez qué odioso es éste, pero tiene usted razón tampoco nos puede faltar, por supuesto “campanas”, algún soniquete de villancicos y el más importante ¡el de los caramelos chocando contra el suelo!, sí también ¡aquí está! Qué requetebién. Un abrazo señor Pérez vamos a celebrarlo. Ay no, no, pare, pare animal, que nos hará caer, pare, ¡pare! Le dije un abrazo, solo un abrazo, y no que se meta entre la ropa, me hace cosquillas, es usted imposible, venga salga, salga, salgaaaaa que nos caemos, nos caeeeeemooos… 
 ¡Usted perdone Doña Olvido! No queríamos incordiarla… Qué genio, si apenas hemos rozado su tela. Está usted siempre tan ocupada, a ocho manos venga a tejer y a tejer ¡cómo no incordiarla en algún momento! Pues claro que lo comprendemos, hay ocasiones en que es usted tan necesaria... Respetándonos todos, cada uno con su tarea, se puede vivir en paz. Si muchos de esos de allá afuera que aporrean la puerta siguieran nuestro ejemplo, cuánto ganaríamos todos. Nada mujer siga con su tarea que nosotros seguiremos con la nuestra.
¡Vaya se me cayó...! Que pena... Por hacer sitio a las huellas. Con la de círculos que teníamos aquí en este barreño. Que lástima se perdieron la mayoría, con lo concéntricos y transparentes que eran… Han salido rodando y salpicándolo todo. ¿Qué se juega señor Pérez a que vuelven a aporrearnos la puerta? Seguro que algún círculo ha escapado rodando, rodando y se ha colado por debajo de la puerta. Y cómo no saben ni lo que ven, dirán que ya hemos vuelto a dejar algún grifo abierto. ¿Lo ve? No falla. ¡¡Que no es agua que son círculos!! Lo que decíamos: ¿Qué puedes esperar de la gente que no sabe mirar? Pues es una tarea recogerlos: esperar que lleguen los muchachos, esperar que jueguen a tirar piedras y sobre todo esquivarlas mientras se recogen los círculos... ¡Malditos chavales! con esa mala educación que tienen ahora. En cuánto nos ven, nos tiran las piedras a nosotros: ¡Viejo loco, cara moco! gritan los desvergonzados. Jodíos críos qué puntería tienen, cómo aciertan a veces. ¡Ay Señor Pérez que día más cansino nos espera mañana! Vienen las vacaciones y termina el cole. Ha llovido pues ahí les tiene mañana tirando piedras para hacer círculos en los charcos. Son críos, es lo que toca. Pero a ver, y nosotros detrás, guardándolos para poder después prestárselos al pobrecillo a quién no le salen bien, que no se convierta en el hazmerreir… Bueno ya parece que no aporrean la puerta. Pero no nos engañemos: Por el momento. Volverán, son incansables. Siempre buscan alguna excusa para volver: “Que si se nos ha caído algo en el portal, que si lo hemos manchado, que si huele...” No ven más allá de sus narices. Pero nosotros Señor Pérez aquí inmutables, como el faro contra las mareas. Parece que ahora nos dejarán descansar. Estamos muertos de cansancio. Los días previos hay siempre tanto que acarrear, tanto que preparar... Y luego guárdalo con cuidadito para que no quite sitio al otro, mire usté lo que ha pasado con las huellas, que hemos perdido algunos círculos. Y después de ocuparnos de las cosas, ¡¡Viene ocuparse de las personas!! Lo peor. No podemos bajar la guardia señor Perez, que esta historia ya no es como era...  
Ahora empezando por la climatología, que ya ni nieva ni ná... ¡Con la de granizos que hemos esquivado! Las panderetas y las zambombas resulta que están muy vistas señor Pérez. Y los críos... los críos cada vez lo ponen más difícil. ¿Ha leído usted las cartas que escriben de unos años a acá? Unos juguetes que no hay quién entienda, que te vuelves loco para encontrarlos, que cuestan un dineral, qué pesan lo que nadie sabe. Y ¡que no se te olviden las pilas! sin pilas, estás perdido. ¿Qué ha sido de esos juguetes artesanos? Manuales, sencillitos... ¡Los de toda la vida! No había tanto catálogo, ni tanta variedad, pero todo el mundo entendía de qué hablábamos. Una bicicleta, un balón, una muñeca era una muñeca. Lo de toda la vida. Ahora ¡la Biblia en verso! Qué clase de futuros adultos estamos educando… ¿Qué fue de aquello tan cursi de los sentimientos y la ternura? Pues eso, Señor Pérez: algo muy, muy cursi.  No, no mueva usted los bigotes con esa indiferencia, que hay días que ya se está muy cansado. Porque esa es otra: ¡la de cosas que piden! Antes veías en las cartas uno o dos regalitos, como mucho tres porque egoistones, no nos vamos a engañar,  siempre hubo. Pero ahora... ahora escriben páginas y páginas. Y eso cuando escriben... que la mayoría se coge éste o aquel catálogo y con poner una cruz, lo tienen resuelto. Ya no es que no lean ¡es que no escriben! Ponen cruces. Ay señor Pérez risa me da, risa por no llorar. ¿No los ha oído usted nunca? Me lo pido, me lo pido, me lo pido... ese es el nuevo villancico.  Por cierto, hay que revisar ese sonido, apuntadlo. ¡Que no falte!
Un momento: ¿Qué es ese ruido? Pero no puede ser, si apenas ha dado tiempo a preparar nada... ¡Ay Señor Pérez quítese de encima! ¡Pesado! ¡Ande usté por ahí, a por algún diente perdido, leñe! Siempre correteando por encima de todo. ¡Pero por Dios qué griterío hay ahí fuera! Ya toca ocuparnos de las personas. Que sí, que ya vamos… ¿Pero qué escándalo es ese.? “YAAAA, QUE YAAAA...” Bueno, vamos a tranquilizarnos. Sí, es cierto, no tenemos horario. Y llegadas éstas épocas tan nostálgicas más. Pero háganse cargo, en algún momento tenemos que ir a por mercancía, clasificarla, guardarla... A ver, sin apelotonarse, por favor, por favor hagan fila. Pero ¿Cuántos son? Qué barbaridad... A ver, por orden y despacito vayan pensando cada uno qué perdieron el año pasado...
Bueno, bueno... Pues sí que empezamos hoy bien la jornada. No hace falta ni que hable, sus ojos, su expresión, sus hombros, su andar, “su todo” señor mío lo dice, sin necesidad de que diga ni una sola palabra. ¿Lo ha pensado bien? ¿No hay solución? No hay cosa que nos moleste más que tener que pasarle con la compañera... Mírela, mírela, cuando se pone así es insoportable. ¿No la ve? ya se está frotando sus ocho patitas con gesto de: “Ya viene otro...” Vamos a intentarlo, ande... A lo mejor entre todas estas cosas están sus recuerdos más bonitos. Mire, mire, tenemos muchas palabras, hágame caso, las palabras combinadas con las disculpas es un conjuntito que en cualquier época siempre resulta... No, ya lo ha intentado. ¿Lágrimas? A veces las lágrimas (no siempre, es verdad, bueno casi nunca, es cierto) Pero a veces... a veces, un poquito de voluntad y unas lagrimitas... Tenemos unos frascos llenos de ellas... Tampoco. Pues no deja usted recursos... Si está tan convencido de que no hay nada ya que hacer... Pues nada pase por allí, que le atenderá mi compañera, acérquese a aquel rincón que está deseando, ya la ve, deseandito está de tomarle medidas... No se preocupe tiene telarañas suficientes para todos sus malos recuerdos y los de todos estos señores si lo necesitan... Claro que sí hombre, tendrá tantos metros de olvido cómo necesite.
El siguiente... ¿Sombras? Creo que al final del verano pasado recogimos alguna, no sabemos si era despistada o espabilada, pero allí estaba, durmiendo entre las tumbonas. Un momentito, que a lo mejor en aquel rincón de allá, acurrucada, nos queda alguna y encuentra usted la suya. No le importa que esté arrugada ¿verdad? De aquí a la primavera se le estira.  ¡Vaya! usted todo lo contrario del primer caballero. Dese una vuelta por la tienda que recuerdos de infancia tenemos muchos... Allí tiene palitos que fueron de algodón dulce, más allá tenemos montones de “guas”... No quiero ni acordarme del día que los trajimos cómo se pusieron los vecinos con que había tierra en el portal. No saben mirar, no tienen ni idea... ¡Claro! Círculos en el agua acabamos de traer, están recientitos...
Pero por favor, guarden silencio, por favor, que los vecinos... Cada dos por tres los tenemos en la puerta llamándonos la atención. Ya saben, esas personas grises que no saben mirar, que no soportan que los demás sueñen, o sean felices... Ven, ya están ahí. “¿Pero de qué suciedad y qué ratones hablan? ¡¡Pues llamen a los Servicios Sociales o a quiénes quieran!!” ¿Ven lo que les decimos? No ven las huellas solo ven montones de arena, ni los círculos solo ven agua, no ven los guas, ni las sombras… No ven los metros de olvido tan necesarios para seguir adelante, solo ven telas y telas de arañas. “¡Aquí no hay ningún ratón!” ¡Por no ver, ni tan siquiera ven al señor Pérez! ¡Por favor váyanse de aquí, déjennos vivir la Navidad. Hay magia en todas partes ¿No se dan cuenta? Solo hay que saber mirar. Saber mirar leñe…”
©Rocío díaz gómez
 
 
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lunes, 17 de diciembre de 2018

Entrega de premios del II Concurso deMicrorrelatos Monte de Piedad Carmen Alborch




A mi blog y a mí, estas entradas son las que nos dan más pudor. Es muy díficil hablar de uno mismo. 

Mi blog y yo, preferimos más hablar de faros y veletas, infinítamente más sugerentes.

Pero dice mi amigo David, que decía Umbral que hay ocasiones, las menos, en las que uno hace "Biografía".

Día a día vamos a trabajar, al mercado, cocinamos, comemos... Y en eso, tan necesario, empleamos muchas horas del día, pero esas ocasiones en las que hacemos "Biografía", con mayúsculas, son las menos.

El pasado doce de diciembre de este 2018 que se nos está yendo hice biografía, porque me dieron el 2º premio en el II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad Carmen Alborch. Ya os lo había comentado pero hoy quería dejaros con algunos momentos de la entrega de premios.

Cada entrega de premio es única, y ésta lo fue porque por primera vez en mi vida asistí a una subasta de joyas en el Monte de Piedad de Madrid. Me aconsejó Alejandra, la persona que me comunicó el premio y con la que he hablado estos días, que no me la perdiera porque era curiosa. Y tenía toda la razón del mundo.

Primero asistimos a la subasta, y a continuación fue la entrega de premios.




Después se presentó el calendario 2019 de la Fundación y finalmente nos invitaron a un vino.

Me siento muy agradecida al jurado de este premio por considerar que mi micro "Un mismo mar" se merecía el 2º Premio de este certamen. Cada premio por un relato es un soplo bien fuerte de motivación para seguir peleando con los personajes y con las historias.

Y cómo le dije al presentador cuándo me preguntó a bocajarro ¿Por qué escribimos Rocío?

Porque yo necesito contar, inventarme otras vidas, escribirlas, vivirlas. Necesito ESCRIBIR.


A mi blog y a mí, estas entradas son las que nos dan más pudor. Pero los momentos felices, son tan difíciles, que hay que celebrarlos e inmortalizarlos.

 Si os apetece leer los relatos ganadores os dejo el vínculo:










 Y aquí con mis compinches. Seguramente no son las fotos en las que nos encontremos más estupendas, pero sí se hicieron en uno de esos momentos que sabes que además de ser muy agradables, son únicos e irrepetibles.

Porque... ¿Os he contado eso que dice mi amigo David que decía Umbral?






sábado, 1 de diciembre de 2018

II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad. Segundo premio.




Había una vez una historia que comenzaba con este planteamiento:


¿Te gusta escribir? Participa hasta el 12 de noviembre en nuestro II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad, que desde ahora se denominará “Carmen Alborch” en homenaje a la que fuera nuestra patrona e impulsora del certamen, además de figura clave en la renovación cultural y social de este país.
Desde la Fundación Montemadrid y el Monte de Piedad apostamos por una sociedad integradora. Por eso te invitamos a crear una historia bajo el lema “Mi mundo intercultural” que ponga en valor la diversidad y el mestizaje como factores positivos y enriquecedores para las ciudades y pueblos en los que habitamos. Se tendrán en cuenta especialmente aquellos relatos que pongan el foco sobre el encuentro y la convivencia y destaquen las similitudes, lo que nos hace iguales y nos acerca, frente a lo que nos separa.
Los participantes deberán elaborar un microrrelato cuya extensión no podrá sobrepasar las doscientas -200- palabras (sin incluir el título).


Continuaba con este nudo:

¡Gracias por participar en el II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad "Carmen Alborch"!
Más de 1.000 relatos se han presentado este año al II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad “Carmen Alborch”, denominado así en homenaje a la que fuera nuestra patrona e impulsora del certamen, además de figura clave en la renovación cultural y social de este país.
Este año el tema propuesto giraba en torno a una sociedad integradora. Por eso, invitamos a todos los participantes a crear una historia bajo el lema “Mi mundo intercultural” que pusiese en valor la diversidad y el mestizaje como factores positivos y enriquecedores para las ciudades y pueblos en los que habitamos.
Un jurado valorará los relatos, teniendo en cuenta especialmente aquellos que hayan puesto el foco sobre el encuentro y la convivencia y hayan destacado las similitudes, lo que nos hace iguales y nos acerca, frente a lo que nos separa


Y terminaba con este desenlace:

Fallado el II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad “Carmen Alborch”

Más de 1.000 relatos se han presentado este año al II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad “Carmen Alborch”, denominado así en homenaje a la que fuera nuestra patrona e impulsora del certamen, además de figura clave en la renovación cultural y social de este país.
Este año el tema propuesto giraba en torno a una sociedad integradora. Por eso, invitamos a todos los participantes a crear una historia bajo el lema “Mi mundo intercultural” que pusiese en valor la diversidad y el mestizaje como factores positivos y enriquecedores para las ciudades y pueblos en los que habitamos.
Finalmente, un jurado presidido por Cristóbal Sánchez, director general de la Fundación Montemadrid, y compuesto por los prestigiosos periodistas y escritores Antonio Lucas, Mara Torres, Carlos del Amor e Ignacio Elguero ha decidido por unanimidad que el palmarés del II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad “Carmen Alborch” sea el siguiente:
Primer Premio:
“Jawara”, de Ana Sarrias Oteiza. Pamplona.
Segundo Premio: “Un mismo mar”, de Rocío Díaz Gómez. Madrid
Accésits:
“Una torcaza cualquiera”, de María Sol Cifuentes Corral. Barcelona.
“De color”, de Olaya López Muñiz. Alcalá de Henares
“De otro mundo”, de Miguelángel Flores. Sabadell





Había una vez una historia que me regaló las ganas de seguir escribiendo.

¡Gracias, gracias, gracias!






#II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad "Carmen Alborch"
#Relatos Rocío Díaz Gómez
# Fundación Montemadrid

jueves, 10 de mayo de 2018

Relato "Guardiana de sus recuerdos" de Rocío Díaz





Guardiana de sus Recuerdos
Rocío Díaz Gómez


Una anciana acercaba despacio un humeante plato a la mesa, intentando no derramarlo. Al mismo tiempo su hijo llegaba corriendo a la cocina, tras oír que le llamaban para comer:
—¡Venga hijo! ¿Dónde estabas? ¿Otra vez enviciado con tus dibujos?
—¿Con los dibujos? No, que va mama, estaba, estaba…  No sé.
—No importa hijo, ya estás aquí, se enfría la comida y la sopa fría no sabe a nada.

Mientras se sentaba, la anciana con sus artríticos dedos revolvió su pelo con una caricia antigua. Con inmensa ternura peinó las suaves canas que clareaban el escaso pelo de su hijo.

—Mamá… ¿Podré salir luego al jardín?
—¿Al jardín, hijo? Mejor ves una película ¿no? o lees tus libros.
—No mamá, ya no llueve, mejor al jardín ¿Puedo…? ¡anda! Seguro que me vienen a buscar… Solo un ratito…
—Bueeeno mi vida, pero sin pasar de la verja, ya sabes que luego si sales a la calle te pierdes…
—Sí mamá… vale, hasta la verja.

Y mientras él acercaba la cuchara a su boca, la madre rozó con delicadeza la frente de su hijo, siguiendo cuidadosamente las arrugas que sus 65 años, dos meses y trece días habían ido arando sobre su piel. Caminos profundos pero cortos como la memoria de su niño. Aquel niño a quién una remota operación, que pretendía curarle la epilepsia, le amputó la memoria para siempre. Desde aquel triste día su presente resbala como pez de entre las manos. Y los recientes recuerdos naufragan en aquellas aguas transparentes a las que quedó reducida su memoria.

Su niño canoso permanece en 1953. Su reloj se paró. Y aún tiene 10 años aunque vista pantalón largo. 10 años, aunque por su piel hayan resbalado las lluvias de casi 66 inviernos. Por eso espera cada tarde que sus amigos lleguen con sus bocadillos a buscarle. Lleguen para salir a jugar al balón. Pero no llegan nunca. A esas horas andan ya preparando la merienda de sus primeros nietos. La anciana nunca pensó que podría cuidarle durante tanto tiempo. Ya ni se acuerda desde cuándo cuenta, tanto su edad como la de su hijo, en años, meses y días, a sabiendas de que cada hora trae el regalo de velar por él. Aún así hace tiempo que reservó plaza en una residencia de ancianos. Y cada primero de mes, sin falta, llama por si ha cambiado el personal para explicarles la situación: “Perdóneme que sea tan pesada, pero él no es como los demás, él no es más que un niño de 65 años, dos meses y trece días sí, pero un niño…”

– Antonio hijo… No juegues con el tomate… Si ya terminaste, venga, sal un rato al jardín…
– ¿Al jardín…?- Sí, mi vida, ¿no querías ir…?”
-¿Yo…? -contesta él- No lo recuerdo…
– Claro mi niño, pero para eso estoy yo, para eso está tu madre, para recordártelo…




Cómo ya os he contado, estuve en otra aventura literaria en Zaragoza, éste es mi relato que obtuvo el premio único de Microrrelato en la categoría adulta en el II Certamen Literario de la Asociación cultural y teatral Actúa el pasado 5 de mayo de 2018.

Espero que os haya gustado.

Entrega de premios ACTÚA Librería París en Zaragoza



La última aventura literaria de nuestra protagonista tuvo muchos cómplices detrás: Una Asociación cultural y teatral, una librería, una ciudad y un grupito de mañas y madrileñas compinches de la aludida.

Nuestra protagonista, ojo avizor, siempre que distinguía en lontananza un premio de relatos en alguna de las ciudades donde tenía amigos (Huelva, Zaragoza, León...) probaba suerte. Es tan escurridiza la suerte que lo más fácil es que no se lo dieran. Pero, si por el contrario, sonaba la flauta y se lo premiaban, la felicidad se multiplicaba y allá que corría detrás del flautista de Hamelín de los Premios Literarios.

Y casi llovía abril cuando descubrió aquel certamen literario que llevaba una Asociación Cultural y Teatral llamada Actúa. Le gustaban estas asociaciones, pero además era de Zaragoza ¿Qué mejor excusa sería para ir a visitar a sus amigas las mañas?

Y probó suerte. Y echó a volar uno de sus relatos.

Y aquel frágil relato de poco más de una página voló y voló, hasta aterrizar justo donde tenía que hacerlo.

Y nuestra protagonista ganó el botín.

Y allá que se fue, rauda y veloz, con algunos de sus compinches madrileños, un soleado 5 de mayo a recogerlo. La entrega de premios se llevó a cabo en la Librería París. Nunca le habían dado un premio entre tantos libros. Y fueron todos muy amables. Y, allí con sus compinches mañas, aunque no comieron perdices, bebieron un vino estupendo y brindaron por todas esas ocasiones en las que las cosas salen bien.

Porque hay veces que sí, que las cosas de este mundo se recolocan justo en su sitio y salen bien.


II Concurso Actúa:
- Ganador de la Viñeta de menos de 16 años: Lucia Olimpia Badita Martínez con El Unicornio
- Ganador de la Viñeta de más de 16 años: Alberto Pérez Cabello con El desencuentro
- Ganador de Relato Categoría Juvenil: Miguel Rodríguez Rico con La cuenta atrás
- Ganador de Relato Categoría Adulto: Rocío Díaz Gómez con Guardiana de sus recuerdos

En este enlace tenéis la viñeta y relatos ganadores:



Y aquí debajo algunos momentos estelares:

Alberto Pérez Cabello recogiendo su premio de manos de Blanca BK

La pequeña Lucía Olimpia recogiendo su premio con la Junta Directiva y Michel Suñen

Aquí yo, Rocío Díaz, recogiendo mi placa


Aquí también yo, recogiendo también parte del premio: los libros, el sobre...





La Junta Directiva y miembros del jurado: Blanca BK y Michel Suñen
Miembros de la Asociación, el jurado y los premiados


Y un pequeño guiño a mis buenísimas amistades con quién feliz estuve de compartirlo:



miércoles, 2 de mayo de 2018

Uno de mis relatos premiados: "La cesta de Caperucita"de Rocío Díaz



Y se fue abril. 

Se fue volviéndonos locos con sus cambios de tiempo, sus calores y fríos extremos fuera de temporada. Se fue arrasando con los abrigos y las bufandas, a cambio de lluvias y más lluvias, pero también algún que otro premio.

Ay. Eso fue lo mejor. Se fue abril pero me dejó un tercer premio, un primer premio, y la ilusión de una lista de finalistas de otro certamen, entre los que me encuentro con una sonrisa hasta que se resuelva en mayo. 

Siempre se premian los relatos que uno piensa que son menos premiables. Y no dejas de sorprenderte.

Pero cuánto motivan esos premios, sean como sean. Qué agradecida se siente una. Porque son premios, reconocimiento, ánimo. Y a seguir escribiendo.

Se fue abril, sí. Pero, aunque travieso, no se portó mal, no.

Os dejo con el tercer premio, en la Zubia, el único cuya entrega ya se ha celebrado.

Espero que os guste.




La cesta de Caperucita


Blancanieves despertó y nada más sacar las piernas de debajo de la colcha vio horrorizada que le habían crecido en ellas unos pelos más largos que su melena, bueno quizá no tanto, pero desde luego sí más negros que la boca del lobo de la casa de al lado. Corriendo fue derecha al cuarto de baño cogió la silkepil y, sin tan siquiera desayunar su kiwi acostumbrado, se la acercó decidida a las piernas. El aullido tuvo tal potencia que no solo se escuchó en todo el cuento, sino que atravesó todos los cuentos del libro en el que vivían, sobrevoló los demás libros de ese estante y terminó por recorrer la librería entera antes de perderse en el horizonte. Fueron tantas las palabras malsonantes que salieron de la dulce boquita de la princesa, tantos los juramentos e insultos que profirió mientras se frotaba la pierna dolorida, que hasta los piratas y gentes de mal vivir de otros cuentos tuvieron que taparse los oídos y quedaron mudos de la impresión durante siglos. Se cree que Mudito lo es, desde ese aciago día.
Caperucita que vivía en el cuento de al lado, y aún no había salido de casa, preocupadísima corrió hasta su puerta. Pero Blancanieves aunque escuchó el timbre no quiso abrir. ¿Con esa pinta? Porque desde luego ella no pensaba acercar jamás esa silkepil infernal a su pierna. Prefería otra indigestión de perdices, y mira que las había cogido asco.
Caperucita, viendo que nadie abría, olvido el decoro y comenzó a llamarla con unas voces más fuertes que Garbancito en la tripa del buey. “Shhhh, ya voy, calla” dijo Blancanieves reconociendo la voz de su amiga y preocupada por si despertaba a Bella que vivía tres cuentos más allá. “Estarás ronca…” fue lo primero que dijo Caperucita. “Ronca ¿yo?”. “Sí tú ¿Te duele la garganta? Después de ese grito…” insistió irónica la de la capucha. “No estoy para tonterías porque mira…” solo contestó Blancanieves, y sin decir más se abrió la bata de princesa de par en par mostrándole las peludas piernas.
El de Caperucita fue el segundo alarido de pavor de aquella mañana. “¡Pero tía que eres princesa no puedes ir así por el cuento!” “Ya lo sé…” -Contestó entre hipidos Blancanieves- “Pero duele muchííísimo” y señaló la silkepil como si fuera la guillotina de María Antonieta. “¿Has probado con la cera?” contestó Caperucita y sin esperar respuesta corrió hasta su casa y trajo varias cajas de tiras, pues con una caja y semejante pelambrera, no iban a tener ni para las corvas… Pero solo fue capaz de colocarle una tira. Primero llegaron las mil y una quejas: “¡Pero qué está ardiendo! ¡Céntrate que soy Blancanieves no Juana de Arco!” Y después al primer tirón el ronco aullido que salió de la garganta de Blancanieves antes de desmayarse despertó de golpe a la Bella durmiente sin beso de amor ni nada parecido pero con una taquicardia tal que casi desaparece de su cuento y de todos por siempre jamás.
Caperucita mojó un pico de su capa en agua fría y se la puso a Blancanieves en su regia frente a ver si espabilaba. “Blanqui, blanqui, venga, ya pasó, ya pasó…” le decía con ternura mirando de reojo a sus piernas peludas con aprensión. Blancanieves, pálida ya de por sí, estaba del color del papel en que la inventaron. Pero Caperucita insistió tanto en sus paños fríos que tras un par de estornudos a Blancanieves le fue volviendo el color. Sin embargo abrió los ojos, vio sus piernas de nuevo y comenzó a llorar sin remedio: “Tengo más pelos que los siete enanitos juntos ¿Qué voy a hacer?” “Tú no te preocupes, que ya inventaremos algo…” le consolaba Caperucita. “¿Pero no lo ves? Digo yo los siete enanitos juntos ¡tengo más pelos que tu lobo!” “¡Ay no me hables de mi lobo, no me hables! -contestó Caperucita- ni me lo mientes que me tiene contenta…” “Peor que lo mío no será…” “Pues no sé qué decirte…” dijo Caperucita moviendo su cabeza preocupada. “A ver cuenta, cuenta” le dijo Blancanieves olvidando por un momento su pena. “Pues tía que ahora le ha dado por colgarse del brazo mi cestita” “¡Qué me dices!” “¡Cómo lo oyes! Y se mira al espejo, y se remira, y ahora va para acá y ahora para allá, con más soltura que yo, mientras le hace morritos al espejo. Y chica como siempre está con ella al retortero, voy a salir y ni la encuentro… Como hoy. Me has pillado en casa por eso. ¿Dónde me la habrá metido?” “No andará muy lejos” “Pues no la encuentro y mira que he rebuscado en páginas y páginas de nuestro cuento. Pues no aparece. No me tiene roja, me tiene negra y más que negra. Éste es muy capaz de haberse ido a la calle con ella…” Y la imagen del lobo con la cesta por el bosque terminó por hacerlas soltar una carcajada. “No sé ni cómo me río…” dijo Blancanieves. “Si tú supieras… ¿Pero de quién te crees que son éstas tiras de depilar?” “¡No fastidies! Pero qué dolor, es inhumano!” “Normal, él no es humano… Además dice que la belleza es dolor y lejos de importarle cuando no está con la cesta está liado con las tiras… Me va a volver loca, y entonces ya seremos dos en mi cuento”. “Qué animal –dijo pensativa Blancanieves- con la suerte que tiene de ser lobo. La suerte de poder salir con sus pelos al aire. Lo que yo daría por no tenerme que depilar…” Y ambas se quedaron calladas pensando. Hasta que Caperucita mirándola fijamente le dijo “Y exactamente ¿Qué darías? No lo digas por decir, y piénsalo bien ¿Qué darías por no depilarte? ¿Qué darías por no hacer lo que se supone que debes hacer siendo princesa?” Y a Blancanieves no le costó demasiado contestar: “Cambiaría el cuento”. “¿Sí? ¿De verdad lo harías?” Insistió Caperucita a la que ya le rondaba una traviesa idea bajo la capucha. “De verdad de la buena” contestó Blancanieves, acariciándose sus peludas piernas de princesa antes de sonreírle.
Cómo era de imaginar desde aquel día Caperucita y Blancanieves cambiaron sus papeles y por tanto su destino. Caperucita se ha acortado la capa, y con la tela que le ha sobrado se ha hecho un tanga rojo con el que espera feliz a su príncipe de turno.
Blancanieves prefiere al lobo. Le encuentra menos afectado y le da mucha más libertad. Ella es feliz sin estar a merced de maquinitas despiadadas y arropada por sus pelos; feliz sin vestirse de princesa y mucho más sin tener qué parecerlo. Y a él le gusta más ella cuando se gusta a sí misma. Además anda dándole vueltas a lo del laser, le han dicho que, aunque es más laborioso, el resultado es mucho más definitivo.
El problema es la cesta. Sigue sin aparecer. Así que habrá que seguir cambiando el cuento, uno a uno los cuentos, hasta que todos los personajes estén contentos y en paz con ellos mismos, con lo que tienen y lo que son.
 Y mientras, seguiremos atentos a ver si aparece la dichosa cesta.

©Rocío Díaz Gómez