Un blog de literatura y de Madrid, de exposiciones y lugares especiales, de librerias, libros y let

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lunes, 7 de junio de 2021

De compras por las tiendas centenarias de Madrid

 



Tienda de sombreros La Favorita

 

Algunos sábados nos vamos de compras.

Que aburrido es comprar en este siglo y en las mismas tiendas enormes e impersonales donde todo es parecido. ¿No te parece? 

Pero si, por arte de birlibirloque, nos agachamos un poco para impulsarnos y pegamos un enorme salto, podemos situarnos delante de las tiendas de hace cien años. 

No pongas esa cara, y ten fe, porque no es nada dificil encontrarlas. Solo tienes que darte un paseito por los alrededores de la Plaza Mayor de Madrid, mirar al suelo, y distingir esa placa que desde el año 2006 figura delante de alguna de ellas. Las placas son de bronce, fueron diseñadas por Mingote, tienen los símbolos de la Puerta de Alcalá y el Oso y el Madroño. Además en cada una te dicen la tienda que es y cuando se inauguró. 

Ya solo tienes que imaginarte vestido de principios del siglo XX, dar un paso y entrar. 

El trato suele ser, siempre hay excepciones que confirman la regla, exquisito, personalizado, al detalle. Un placer volver al pasado de su mano.

Entre las que se conservan sus antiguos letreros vemos también como las distinguían: las de color granate eran de hostelería, las de color verde eran mercerías... Aunque ya muchos no los conservan.

 

Y comenzamos el día de compras probándonos unos cuántos sombreros en La Favorita, que data del 1894, que está en los mismos soportales de la Plaza Mayor. Aún la regenta la familia Enguita, ya en su cuarta generación.


Muy cerquita, también en los soportales, sigue existiendo Casa Yustas. Esta se inauguró en el 1886. Tiene muchos objetos militares. Aquí se ha vestido la Casa Real. 

 

Casa Yustas



Después nos acercamos hasta la antigua Relojería de la calle de La Sal, que está bajando desde la Plaza Mayor hasta la Puerta del Sol. Es de 1880. Aquí recordaremos como evolucionaron los relojes, desde aquellos que llevaban las damas colgadas del cuello hasta los de pulsera. Sin olvidar los de pared que se llevarán toda la vida. Tiene un taller en su interior donde los reparan.

Antigua Relojería de la calle La Sal 2


¿Y cómo no pararse en los Sobrinos de Pérez? Con esa placa historica que nos recuerda que Galdós habló de esta tienda de tejidos en Fortunata y Jacinta.

Tejidos Sobrinos de Pérez



Pastelería La Mallorquina

Llegado este punto del centro de Madrid, lo mejor es dejarse llevar, como ratones, por el olor. Pero no del queso, no, de algo mucho más azucarado. Es imposible si pasas cerca, que el olor no te lleve hasta La Mallorquina, en plena Puerta del Sol, con esas típicas napolitanas de crema que se te deshacen en la boca... Ay por favor, yo no tengo voluntad para lo dulce. Aunque si la crema no te va mucho, aunque con la de aquí se puede hacer alguna excepción, siempre están esos torteles o tantos bollitos y dulces que no defraudan. 

También La Mallorquina es centenaria, por supuesto, y visita obligada si te vas de compras a principios del siglo XX por la zona y ya quieres hacer un descansito. Se llama así porque la familia que la fundó era de Mallorca. 

 

 

Y ya con la tripa llena, muy cerca está Casa de Diego, con su espectacular escaparate llenito de abanicos, donde un letrerito te dice "Mañana lloverá" para que pases y te hagas con uno de sus paraguas que duran años y años y años, y donde, además, te los arreglan si te estropea. Y luego están sus mantones, sus peinetas, castañuelas, mantillas... ¿Te acuerdas de todo lo que nos enseñaron sobre el lenguaje del abanico? Qué amables son los dependientes de Casa de Diego.


Tienda de abanicos y paraguas Casa de Diego

 

 

Atraviesas la Puerta del Sol, y te vas hacia la Carrera de San Jerónimo, porque tienes que pasar sí o sí, por el Lhardy. El mítico Lhardy donde hay que comer cocido alguna vez, y que han frecuentado tantos famosos de todos los tiempos. Lo decoró el padre de la conocida María Guerrero, Rafael Guerrero. 

Galdós, Azorín, Gomez de la Serna, todos hablaron del Lhardy. Lo frecuentaba Primo de Rivera, y aquí se decidieron por Alcalá Zamora en tiempos de la República. Qué no habrán escuchado esas paredes... A punto han estado de cerrarlo, pero ha acudido en su ayuda el dueño de Pescaderías Coruñesas, que entre nosotros, no debe andar con una mano delante y otra detras...  Una suerte. Y ahí sigue el Lhardy.

Restaurante Lhardy

 

Después ¡unos caramelitos de violeta! Jacinto Benavente lo frecuentaba mucho. y la Reina Victoria Eugenia también, sí esa a la que tiraron un ramo con una bomba... Pero esa es otra historia.

Hasta Violeta Chamorro, que cómo no va a pedir de vez en cuando unos caramelos que llevan su nombre. 

Y mientras estamos delante del escaparate nos llega el sonido de la voz inconfundible de Sara Montiel: "Como aves precursoras de primavera, en Madrid aparecen las violeteras... Compreme usté este ramito para lucirlo en el ojal."

Tienda de caramelos La Violeta

 

 

Y caminando, caminando otra vez hacia la Puerta del Sol, llegamos a los establecimientos con la fachada o los rótulos de color verde, las mercerías. ¿Quién no ha ido alguna vez a Pontejos? La mercería más grande, la más famosa de todo Madrid, muy cerquita de la Puerta del Sol. Desde el año 1913 ofreciéndonos de todo.


Mercería Pontejos

Almacén de Mercería Comercial Amparo

 

Anoche cenó en la pastelería del Sobrino de Botín, en la calle de Cuchilleros…” Un clásico, entre los clásicos, que aparece en las novelas de Galdós, en las de Indalecio Prieto, en Las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna:  "Botín parece que ha existido siempre y que Adán y Eva han comido allí el primer cochifrito que se guisó en el mundo.”. En las de Arturo Barea, Arniches, Hemingway... hasta en las de María Dueñas.

 Casa Botín, fundada en 1725, es el restaurante más antiguo del mundo según el Libro Guinness de los Records y uno de los referentes de la mejor cocina tradicional en Madrid.


Restaurante Sobrino de Botín

 

Y para finalizar podemos ir a rasurarnos a la barbería que dicen es la más antigua de Madrid: El Kinze de Cuchilleros. Porque precisamente está en el núm. 15 de esa calle.

Abrieron el 2 de enero del año 1900. Aunque comenzaron en una vivienda, donde existía lo que se llamaron las “igualas familiares”. Consistía en que por unas 30 pesetas al mes podían ir todos los hombres de una misma familia, una o dos veces a cortarse el pelo o afeitarse.

La barbería más antigua de Madrid está decorada también al modo clásico con las típicas franjas de colores rojo, azul y blanco, que indica que es una barbería: rojo para la sangre, blanco de los vendajes y azul para las venas. Herencia de cuando en las barberías, se hacía algo más que cortar el pelo, acordaos, también se hacía cirujía con las sanguijuelas... En fin, mejor no acordarse.


El Kince de Cuchilleros


Por supuesto éstos no son todos los establecimientos centenarios de Madrid, hay muchos más de todo tipo, donde aún hacemos colas para comprar en la calle Toledo las alpargatas, en doña Manolita el décimo premiado o en las confiterias el dulce que mejor preparen. 

 

Así que, ya sabes, si te aburres de comprar en este siglo y en los mismos centros comerciales e impersonales. Si te hartas de mirar a tu alrededor y ves que todo es parecido, hay muchísima gente y tienes que perseguir a alguna dependienta para que te atienda, te pegas un salto y a principios del 1900 tienes todo tipo de tiendas para elegir.

Solo tienes que dar un paso, empujar la puerta y entrar.

Lo que no sé es cómo les vas a pagar... la verdad. Porque eso de los euros o la tarjeta no se cómo se lo van a tomar. Pero todo es probar...




viernes, 30 de abril de 2021

Abril se va, con paseos literarios

 

Si la pandemia no acompaña, y el día lluvioso tampoco, puedes dibujarte una sonrisa en la cara y echarte a la calle con paraguas y botas para patearte Madrid, esa ciudad tuya que mojada brilla aún más.

Si además, lo haces detrás de una guía que te va contando de mujeres que vivieron en esta ciudad e hicieron historia por El Barrio de las Letras, qué más puedes pedir a un paseo instructivo y ameno.

Puedes comenzar en la Plaza Mayor y recordar a María Calderón, la actriz de la que se enamoró Felipe IV y a la que construyó un balconcito allí mismo, enfrente de la Casa de La Panadería para que tuviera un lugar privilegiado para vivir intensamente, y en primera línea pero no al lado de la Reina, los espectáculos de la Plaza.

Te bajas después hasta la Plaza de Santa Ana, donde más llovía, mientras la guía te hace un repaso por las actrices del siglo XVI al XIX, al mismo tiempo que contemplas el precioso Teatro Español. Después puedes acercarte a la Plaza del Ángel para fijarte en el Palacio del Conde de Tepa, el que hace esquina y mira a la calle Atocha y al jardín de la Iglesia de San Sebastián. Ese mismo que ahora es un hotel, pero donde estuvo el colegio donde estudió Concepción Arenal cuando recaló con su madre y su hermana en esta ciudad. 

Y una vez allí, no tendrás más remedio que comenzar a bajar por una calle Huertas solitaria y casi resbaladiza.

 



 No podrás dejar de pararte en esos pequeños homenajes que este barrio dedica, con frases en el suelo, a varias de nuestras notables escritoras.

  Rosalía de Castro (1837-1885), que viviría varios años en Madrid. Aquí conoció a su futuro marido, Manuel Murguía, con quien se casaría en la Iglesia de San Ildefonso. Y parece ser que vivió en la calle de la Ballesta. "Solo cantos de independencia y libertad han balbucido mis labios".

María de Zayas Sotomayor (Madrid, 12 de septiembre de 1590 - después de 1647), escritora del Siglo de Oro, novelista, reivindicativa de las mujeres. "Porque las almas ni son hombres ni mujeres, ¿qué razón hay para que ellos sean sabios y presuman que nosotras no podemos serlo?"

  Emilia Pardo Bazán (1851-1921) novelista, periodista, ensayista y conferenciante de enorme influencia para algunos intelectuales de su tiempo como Giner de los Ríos, Miguel de Unamuno o el editor José Lázaro Galdiano. Con Benito Pérez Galdós mantuvo una relación amorosa e intelectual. Ya hemos hablado de ellos más veces en este blog. Fue la primera mujer en presidir la sección de literatura del Ateneo de Madrid que también lo visitarás, aunque tres veces rechazaron su candidatura para la Real Academia Española. Qué fuerza la de esta mujer.  "Vivir es tener opiniones, aspiraciones, deberes, ideas".


Después de recordar en la calle Huertas a estas mujeres cuyas letras doradas compiten porque les prestes atención, entre tus pisadas, puedes seguir andando hasta el Convento de las Trinitarias donde tendrás que mentar a la hija de Lope de Vega, que estuvo aquí de Monja: Sor Marcela de San Félix (1605-1687), autora de poemas y dramas religiosos.

Sigue lloviendo y lloviendo en Madrid, mientras paseas el Barrio de las Letras rememorando a aquellas mujeres que de algún modo están ligadas a ese barrio, o a Madrid. 

La lluvia no da tregua a la cultura, pero aunque ya has dado un repaso a las actrices, y a algunas escritoras todavía te queda hablar de unas cuántas más. Entre ellas la periodista Carmen de Burgos (1867-1932), conocida como Colombine, a quién recordarás en la puerta del Ateneo, ese enclave cultural creado en 1835, que parece sobrevivir a todos los naufragios. De Carmen de Burgos, la primera periodista femenina podríais estar hablando largo tiempo, de su larga historia con Gomez de la Serna, de sus tertulias, de su trayectoria. Qué mujer.

 


También habrá tiempo para parar en estas estrechas calles y fijarte en dos casas con dos placas que te avisan de que allí vivieron dos mujeres también reseñables. 

¿Te acuerdas de Celia? Sí aquel personaje de Elena Fortún que se hizo tan famoso. Pues por estas calles aún corretea la infancia de la famosa escritora. 

Y también deberías hacer una parada para acordarte de Luisa Carnés, quizá no tan famosa como la anterior, aunque sí que oirás hablar de ella si atiendes a las mujeres de la Generación del 27. Esas escritoras que el tiempo ha silenciado, a las que inexplicablemente ha dejado un paso detras de sus compañeros hombres. Las sinsombrero sí. Pues Luisa Carnés era una de ellas.




 

Sabes que, aunque quisieras, no podrías contar todo lo que aquella guía te contó paseando bajo la lluvia por un Barrio de las Letras brillante y húmedo. 

De su mano recordaste a tantas mujeres que ya conocías, pero que siempre vale la pena rememorar, tantas escritoras que se hicieron un nombre en las letras a lo largo de los siglos, aunque ahora se las recuerde o no. 

También hubo tiempo, detrás de las actrices y las escritoras, para traer al presente a las políticas. Aquellas que lucharon por nosotras, a Victoria Kent, a Clara Campoamor, y a todas las que vinieron después. Allí te hablaron de ellas, allí fue, frente a un Congreso de los Diputados lavado por el aguacero.


 

Cuánto estuchaste aquella mañana no querrías que se te olvidara. Ni lo que ya sabías, ni lo que medio recordabas, ni lo que te descubrieron e hicieron más novedoso el paseo cultural. 

Solo te quedaba para tenerlo completo, dejar memoria de él, para refrescarlo, para ayudar a que permanezca en ti. Y cómo no hablar de esas ganas que te quedan de ahondar en algunas vidas, en algunos textos de aquellas que te precedieron y a quiénes les tocó vivir tiempos peores.

Abril languidece ya, quiere despedirse entre chaparrones. ¿Querrá dejar su inevitable rastro, hacer gala de su fama del mes más lluvioso?

Sin embargo abril ha sido bueno, y también ha dejado exposiciones, visitas guiadas, libros y buenos momentos literarios aquí y allí para los que, en cambio, hemos sido lo suficientemente permeables. Se lo merecían.

Has sido bueno Abril, buen viaje. 

 Y tú no lo olvides:

Si la pandemia no acompaña, y el día lluvioso tampoco, puedes dibujarte una sonrisa en la cara y echarte a la calle con paraguas y botas para patearte Madrid, esa ciudad tuya que mojada brilla.

No te arrepentirás.

 

lunes, 7 de diciembre de 2020

El Silo de Hortaleza. Madrid.

 

 

A un paseo de casa tienes un faro curioso. 

Un faro que no tiene mar ni barcos a los que indicar el camino a puerto.

Este faro distinto, con doce lados y una base de trece metros, ilumina un camino que abarca desde su pasado agrícola hasta su futuro cultural. 

 

Te gusta verlo, erguido y claro, defendiendo el ayer de un barrio, que aún no era Madrid, sino pueblo rodeado de hortalizas y cereales. 

El faro te mira desde sus 20 metros de altura y te cuenta de un pasado como silo de grano, construído en 1928, acompañado de un granero, un establo y un palomar, en un paraje que llamaron Huerta de la Salud. 

Pero el paso del tiempo, el "progreso" mal entendido, los fue arrinconando entre bloques de vecinos, condenándolos al olvido, dejando que la desidia los envejeciera sin cuidado, hasta que incluso las cigueñas los abandonaron, volando lejos de allí.


 

Pero aquel faro, antaño granero, siguió altivo, viendo como cambiaba la villa, y después el barrio, hasta conseguir atraer las miradas de los que pudieron rehabilitarlo. 

Años y años de rehabilitación hasta que viste como volvió a la vida este otoño.



A un paso de casa tienes otro tipo de faro.

Ahora tiene cerca una biblioteca y la histórica puerta de piedra del complejo de donde partió.

Ahora tiene un mirador en lo alto y siete plantas, una sala de lectura y alberga en su interior vistosas exposiciones. 

Ahora, el Silo está aún más vivo.


jueves, 3 de diciembre de 2020

La literatura en Málaga.

 

La literatura es una calcomanía que llevas pegada a la piel. 

Y nunca te sientes más tú, que cuando la estudias, la lees o escribes.

¿Dónde te contagiaste de este mal que crece contigo? 

Ese mal que ¿te persigue ? 

¿O será que tú la persigues a ella?

Inventas "escapadas" pero no escapas de ella, sino que te mueves, sin saberlo, hasta encontrarla allá donde esté.

Como ocurrió en aquel tiempo por las calles de Málaga.

Allí encontraste las casas donde nacieron aquellos dos poetas de la Generación del 27.  En la calle Strachan núm. 4 nació Manuel Altolaguirre. Te habías topado con él en aquella entrada que dedicaste a Concha Mendez porque fue su marido. Era poeta e impresor y juntos trabajaban en la imprenta.

"En 1932 Méndez y Altolaguirre se casan, lo que supone un escándalo pues ella era siete años mayor. Sus testigos son Juan Ramón Jiménez, Cernuda, Lorca, Moreno Villa, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén y Morla Lynch. Con la llegada de la guerra se exiliaron, primero en Cuba y después en México, de dónde ya sólo volvieron de visita."


 
 
«Nuestra imprenta tenía forma de barco, salvavidas, faroles, vigas de azul y blanco, cartas marinas, cajas de galletas y vinos para los naufragios».
 
 
 
 
 
 En el núm. 7 de la misma calle nació el poeta Emilio Prados, que también terminó exiliado en Méjico. Y con Manuel Altolaguirre funda y edita la famosa revista Litoral.
 
 

 


 
 
Continuando por el centro de Málaga llegaste al famoso Café de Chinitas. Era un teatrillo que comenzó a funcionar en el año 1857 y que cerró en el año 1937, en plena guerra civil. 
Entre los años años 20 y 30 del siglo pasado, llegó a ser el Café-Teatro más famoso de España y en él se daban cita muchas personalidades tanto de dentro como de fuera de nuestro país. 
Su fama trascendió gracias a la composición popular Café de Chinitas que García Lorca compuso en 1931.
 
Federico García Lorca también presentó a Concha Mendez y Manuel Altolaguirre. Está muy presente en este itinerario.
 
 


Un poco más adelante, seguiste callejeando por los alrededores de la conocida y central calle Larios,  y hallaste la Paloma Quiromántica, en la calle Bolsa.

 Esta escultura es un homenaje a uno de los novelistas que jugaron un papel crucial en la vida cultura de la ciudad en la segunda mitad del siglo pasado, Rafael Pérez Estrada.
 

 
 
Y finalmente descansaste al lado del mismísimo Hans Christian Andersen. 
 
Su estatua de bronce está en una plazoleta muy cercana. 
Parece ser que el autor de tantos inolvidables cuentos estuvo en Málaga en el año 1862 y se sintió tan bien tratado que escribió:
 
  «En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como aquí».

 ¿Te acuerdas? la niña que aún llevas dentro sonreía de oreja a oreja.
 
 

 

jueves, 29 de agosto de 2019

El Museo de las Brujas de Zugarramurdi y "El último akelarre" de Ibón Martín


"Las salas del museo lograron ponerle la piel de gallina. Lejos de encontrar una muestra folclórica y superficial como la que esperaba, el museo de las Brujas era un escalofriante relato de la persecución que la Inquisición desató en la comarca a comienzos del siglo diecisiete. La estampa más impactante era la recreación del auto de fe que acabó con la quema de once vecinos en la hoguera y decenas de condenados a las penas más diversas.

En una sala contigua, una proyección narraba los pasajes más turbadores del Compendium Maleficarum, el tratado de brujería y demonología escrito por un sacerdote italiano que tuve aterrorizada a media Europa. Incluso desde el escepticismo propio de las mentes del siglo veintiuno, Leire se estremeció al escuchar algunas de las prácticas atribuidas a los adoradores del diablo.
La sección más amable estaba dedicada a la mitología local. Extrañas criaturas espiaban a la escritora desde misteriosas cajas de luz. ..."

El último akelarre de Ibon Martín



A veces te parece que es verdad eso de que todo en esta vida está conectado. De que conocemos a alguien, que a su vez conoce a otro y éste a otro, y que finalmente después de seis o siete personas se llega a otro que también te conoce a ti, cerrándose el círculo.

A veces parece que nos pasamos la vida abriendo círculos que más adelante cerraremos. Porque la vida, al final, es cíclica. 

En el verano del 2014 yo estuve vacacionando por el norte de España. En definitiva haciendo esas dos cosas que son, casi, las que más me gustan en la vida: uniendo los viajes con la literatura. En ese viaje hice una ruta literaria por los pueblecitos del Baztán, con Elizondo a la cabeza. Sí, estuve visitando esa parte tan preciosa de nuestro paisaje mientras recordaba los escenarios de la trilogía del Baztán de Dolores Redondo.

Os dejo varios enlaces a entradas de este blog donde reseñaba aquel viaje.

http://rociodiazgomez.blogspot.com/search?q=Baztan

http://rociodiazgomez.blogspot.com/search?q=Elizondo

Y ya que estábamos por allí, antes y después, conocimos otras ciudades y otros pueblos.

Entre ellos Zugarramurdi, que me gustó mucho, y donde descubrí el Museo de las Brujas. Que me pareció un lugar curioso e interesante. No esperaba nada, no llevaba ningún tipo de expectativas y salí pensando que había hecho bien entrando. Eso sin contar con que todo el entorno es precioso.

http://rociodiazgomez.blogspot.com/search?q=Zugarramurdi

Y ahora, cinco años después, en el libro que estoy leyendo de Ibón Martín "El último akelarre" me describen este Museo y me he sentido otra vez allí.

Se ha cerrado otro círculo.





"Invierno de 1610

María se sentía aturdida, desorientada. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Horas, días, semanas? Lo último que recordaba era la sensación de agonía, el ardor en el pecho y el agua colándose por su nariz en plena tortura. Aquel barreño infame en medio de la sala de interrogatorios le había brindado las sensaciones más escalofríantes de su vida. Todavía reverberaban en su cabeza las preguntas del inquisidor. ¿Confiesas que adoras al demonio? ¿Cuántas veces has yacido con el maligno? ¿Cuántos hijos diabólicos le has dado ya? ¿Cuántos bebés has matado? ¿Cuántos bebés...? esta era sin duda la más dolorosa. Ella ayudaba a los niños a llegar al mundo, no los mataba. Por más que lo aseguró, el verdugo no tuvo piedad. Una y otra vez su cabeza era introducida con saña en el agua gélida. Cada vez más tiempo, cada vez con menos segundos para recuperar el resuello. ..."

El último akelarre de Ibon Martín






"La silueta negra del macho cabrío se diujaba en medio de un humo que los focos teñían de un encendido color naranja. Un círculo rojo y un minutero indicaban que la grabación estaba en marcha. Al volver a fijar la vista en la cueva, sintió un escalofrío. Los cuernos torcidos del macho cabrío y sus brillantes ojos rojos resultaban estremecedores a través de aquel juego de luces y sombras. Aquella gruta lateral, en la que de no ser por los focos no hubiera reparado, constituía un altar inmejorable sobre el resto de la cueva."

El último akelarre de Ibon Martín








#Zugarramurdi
#MuseodelasBrujas
#IbonMartín
#Elúltimoakelarre

jueves, 25 de julio de 2019

"Ruta Millenium" ruta literaria por Estocolmo





La tercera acepción de la palabra friqui en el Diccionario de la Real Academia dice:
Persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición. 

En la mayor friqui de "Millenium", la trilogía escrita por el autor sueco Stieg Larsson, me convertí yo durante un par de horas en la preciosa Estocolmo. Plano en ristre donde llevaba apuntadas las calles por las que iría tras las huellas de la trilogía, me dispuse a seguirlas como si de una devota procesión se tratara.

En su día me leí los tres libros, no tanto por la historia que contaban, aunque también era entretenida sí, sino sobre todo por conocer el destino del personaje de Lisbeth, la hacker ventieañera con memoria fotográfica y personalidad complicada. Ese personaje me parecía de lo más atractivo, he leído que el autor lo inventó imaginando cómo podría ser Pippi Langstrum cuando fuera mayor.

Todos los puntos de mi ruta literaria estaban en la isla de Södermalm, al sur de Estocolmo.

Comencé el itinerario yendo a la calle Fiskargatan núm. 9, donde Lisbeth, en la segunda novela de la saga, se compra un apartamento enorme con vistas a la Ciudad Vieja o Gamla Stan. A menudo salían escenas en la segunda película de Lisbeth, de noche, fumando ante una ventana del mirador con esas preciosas vistas.




A continuación nos dirigimos a la calle principal de la isla de Södermalm, me estoy refiriendo a la calle Götgatan 19-25, donde podemos ver la sede de Millenium. Claro no tiene nada que ver lo que hay ahora ahí con la sede de la revista, hay una tienda de ropa juvenil, pero es justo en esa esquina. 



En esa misma calle, también está el Seven Eleven donde Lisbeth entra a comprar varias veces ya en el tercer libro. 




 De ahí, caminamos un poco en linea recta hasta llegar a un parque, Mariatorget, la Plaza de Maria, donde dicen que iba el autor a escribir. Como era un día de sol, estaba el parque muy concurrido y además siendo julio y vacaciones, había muchísimos niños y padres jóvenes con sus cochecitos.




Y por último, bajando hacia Ganla Stan, nos encaminamos a la calle  Bellmansgatan 1, donde se sitúa la casa de Mikael Blomkvist. Muy cerca del Mariahissen o el ascensor de María, que se ha utilizado para salvar el desnivel con la isla de Ganla Stan.





En Estocolmo hay rutas especializadas en Millenium. Y son mucho más largas que ésta que os dejo. Yo solo escogí algunos puntos a base de buscar y buscar en internet en diferentes páginas y blogs. No pretendía hacer entera la ruta solo ver lo que me parecía más importante. 

El tiempo es escaso en los viajes y Estocolmo tenía mucho más que ofrecerme.

Pero tampoco podía irme sin recordar a Lisbeth Salander y su historia.


#Ruta Millenium
#Stieg Larsson
#Lisbeth Salander
#Estocolmo