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viernes, 18 de septiembre de 2026

Un virus se vino a vivir conmigo

 


Ayer conocí a un virus y se vino a vivir conmigo. Ya sabía yo que íbamos demasiado rápido, pero al final que si jiji, que si jaja, tonta de mí, me convenció.

Me prometió compañía leal y un finde excitante. Todo fuegos artificiales. Un vendehúmos. Esta convivencia me está costando horrores, se ha hecho dueño de mi nariz y de mi garganta, de mi cama y mi ánimo.  

No hago más que tomar bebidas calientes, a ver si le escaldo, un poquito solo, lo suficiente para que se encuentre a disgusto y tenga ganas de irse.

Además, me muestro desganada, apática y silenciosa, a la espera de que se aburra conmigo y más ganas tenga de irse.

Y, sobre todo, con la nariz colorada y sonándome todo el rato, con los consiguientes ruidos y secreciones, me he convertido de la noche a la mañana en la anti lujuria, y no lo disimulo nada, ya sabéis, para ver si así TIENE AÚN MÁS GANAS DE IRSE.

Y por si no se ha dado cuenta, en cuánto puedo, le soy infiel con el Bisolgrip, que ahora mismo me hace mucho más feliz que él.

¡Ay! Si yo solo quiero recuperar mi nariz, mi garganta y mi ánimo.

Esta convivencia ha sido un error. Yo ya me he dado cuenta, ahora se la tiene que dar él.

Se la dará. ¿Verdad?

Esto me pasa por hacerme caso de los virus, ni uno bueno, ni uno.


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