Hoy cumpliría años Juanjo, nos recordó Javier. ¿Cómo no acordarnos? Y me obligo a sonreír pensando en todas esas veces que compartimos risas con él. En las cenas por Madrid y los findes en Segovia. En sus historias de taxista, en sus ojos claros. Llegó a nuestra vida porque era marido de Julia, compañera de clase. Pero en 5 minutos Juanjo nos ganó con su franqueza, su talante cercano y su amabilidad, su disponibilidad y su indiscutible sentido del humor. A los 5 minutos era uno más.
La enfermedad estiró una mano y le agarró de una pierna mientras corría. Pronto cojeaba. Javier decía "Juanjo tiene una encima..." cuando los médicos barajaron que si podía ser una "enzima", o si tal dolencia o la otra. Le hacían pruebas y bromeábamos con él quitándole importancia. Todas las enfermedades son malas, todas, pero algunas son especialmente crueles. La ELA, la esclerosis lateral amiotrófica, te agarra de una pierna, luego te abraza las dos y va subiendo para arriba y para arriba hasta que te abraza por entero, sin soltarte, tan fuerte que solo te deja mover los ojos.
Las reuniones de Madrid y Segovia terminaron por ser alrededor de una cama. Picábamos algo aparentado normalidad, charlando, riendo, acompañando a Julia y Juanjo. Cuántas, cuántas tardes. Al principio Juanjo contestaba por un aparato que tenía, movía los ojos y se formaban palabras que el aparato reproducía. Más adelante ni eso.
Qué difícil es escribir sobre las personas que quisiste. Necesitas muchos años. Qué escasas las palabras, qué pobre el lenguaje. Cómo araña a la amistad la maldita enfermedad, cómo muerde al amor y, aún así, cómo permite que aflore la maravillosa generosidad de algunas personas. La vida. Nos salvan aquellas risas compartidas, aquel tesoro, cuyo eco aún escuchas. Pensar en ellas. Sentirlas. Sonreír.
Feliz no cumpleaños amigo mío.
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