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domingo, 1 de octubre de 2017

La Biblioteca de la Universidad de Oviedo



Si mi blog hubiera sido un perro, nada más ver esta puerta se hubiera puesto a mover el rabo y a salivar como su antepasado "el perro de Paulov".

Si mi blog hubiera sido un niño hubiera dicho: "¿Puedo entrar, di Rocío, puedo? Porfaaaaaa, solo un ratito ¿vale? De verdad que solo un rato muy pequeño".

Pero como solo es un blog el pobre no dijo nada, qué más hubiera querido él... Pero como le conozco, le conozco cómo si le hubiera parido y estábamos de vacaciones pues le dije: ¡Venga anda...! Y le dejé entrar. Un ratito solo.


Porque a mi blog le encantan las bibliotecas. No lo puede evitar. Son su debilidad.

Ese silencio que invita al recogimiento, todos esos libros en las estanterías esperando a ser cogidos, esas mesas de madera, esas mullidas butacas, esos puntos de luz... todos preparados para que tú solo puedas hacer una cosa: leer.


En esta ocasión fue la Biblioteca de la Universidad de Oviedo. Chula ¿verdad? Bien chula.

Sus orígenes se remontan al año 1608. Pero los inicios de su esplendor serían en el siglo XVIII. Campomanes, ministro de Carlos III, haría mucho porque ésto llegara a ser así.

Pero en la Revolución de Asturias de 1934, en un incendio que hubo se perdieron muchas de sus colecciones. Para empezar hubo que reconstruirla por fuera otra vez. Esa reconstrucción terminó en el año 1942. Y por dentro, aunque muchos de sus fondos se perdieron, ha seguido conservando algunos muy importantes e interesantes: Manuscritos como La Relación del viaje de Fray Diego de Ocaña por el Nuevo Mundo (1599-1605), o algunos Incunables, Impresos del siglo XVI, Impresos de los siglos XVII yXVIII, piezas sueltas del teatro antiguo español...

También ahora esta Biblioteca Universitaria es centro de recepción de visitantes y de conferencias relacionadas con los Premios Príncipes de Asturias. 

En general está muy relacionada con la vida y la cultura asturiana.

¡¿Cómo no iba a dejar entrar a mi blog un ratito!? Y dos...







jueves, 24 de agosto de 2017

Un cementerio muy especial, muy literario, en Asturias - Niembro




A veces escapábamos a lugares que nos parecían mágicos para resguardarnos de la realidad. 

Escapábamos de la rutina, y de la vida cotidiana que empapaba todo de tanta normalidad que nos devolvía nuestra vida opaca. Necesitábamos alejarnos y pasear por lugares que de tan sugerentes se nos antojaran hasta literarios. Para una vez allí dejar de correr, respirar profundamente y sentirnos distintos y especiales.

En aquella ocasión nos escapamos a un cementerio. Sí otro, ya habiamos visitado muchos y mágicos que luego inmotalizábamos en este blog, a salvo del tiempo y la memoria. 

Pero ¿Cómo no hacerlo también con éste? si además formaba parte de una ruta cinéfila, porque había salido en El abuelo, La señora y Epílogo. 



El cementerio elegido era un lugar muy romántico. A según qué horas, con la pleamar, las aguas le rodeaban para acunarlo. Cuando varias horas más tarde volvías a contemplarlo, estaba tendido en la arena, como una barca más. Pero era un náufrago que llegó hasta esa orilla, con muchas almas dentro. Un naufrago que ya está a salvo. 









Tuvimos que llegar hasta Asturias para encontrarlo. 

Era pequeño y coqueto, sugerente y bello. Tan romántico que no pudimos dejar de fotografiarlo, a unas horas y a otras.

Aún así no nos engañaba. Tanto él como nosotros sabíamos que nunca las imágenes que nos lleváramos se podrían comparar al regalo de verlo envuelto en brumas, bajo un cielo gris, impregnado del olor al orbayo que sobre él caía despacio.


Cementerio de Niembro. Muy cerca de Llanes.





Podéis recordar otras entradas bajo este epígrafe de lugares mágicos:
http://rociodiazgomez.blogspot.com.es/search/label/LUGARES%20M%C3%81GICOS%20LITERARIOS

También otras entradas de cementerios:
http://rociodiazgomez.blogspot.com.es/search/label/Cementerios

jueves, 10 de agosto de 2017

Faros de Asturias: Cudillero y Luarca

Faro de Cudillero (Asturias)


Nos gustaban los faros.

Sabíamos que desde su posición privilegiada y solitaria estaban vigilantes custodiando algún fantástico tesoro. Solo había que buscarlos, acercarse a ellos y descubrir cual era ese tesoro.  

Por eso salíamos todos los veranos a buscarlos.

Aquel año nos decidimos por los de Asturias.

En primer lugar descubrimos al faro que encabeza esta entrada: el Faro de Cudillero. Cuando aún no existía este faro se hacían unas fogatas que prendía el Gremio de Mareantes en la zona de La Garita. Después en el 1858 se inauguró el faro de Cudillero a 75 metros sobre un acantilado. Pero si te acercabas solo podías acceder hasta su verja. Siempre cerrada. Atisbabas dentro unas frondosas palmeras que lo medio escondían. A los faros paradójicamente les cuesta dejarse ver, ellos que iluminan a tantos... 

El Faro de Cudillero guarda el tesoro de ese pueblo de colores que a ido creciendo mientras sus casas iban trepando las montañas. Casas que querían colocarse bien para admirar el paisaje, y se habían ido posicionando como en unas gradas con vistas al mar Cantábrico.


Faro de Cabo Vidio (Asturias)


Muy cerca del anterior está el Faro del Cabo Vidio.

No pudimos resistirnos y también fuimos en su búsqueda.

Situado a 89 metros sobre el nivel del mar, era el último faro construido hasta la fecha en Asturias y uno de los más nuevos de España, ya que se construyó entre los años 1948 y 1950. Esta formado por el faro y dos viviendas que sustituyó a la antigua señal de aviso.

Nada más verlo, nos pareció que el faro languidecía como venido a menos. Pobre faro rodeado de veraneantes bulliciosos en bicicleta y mesas de bar ocupadas por turistas perezosos. Pero estábamos equivocados. Porque aunque de frente solo viéramos que estaba ocupado por una terraza de refrescos, también guardaba su propio tesoro.

No había más que rodearlo, recorriéndo despacio su perímetro para darse cuenta de que, a su espalda, el tesoro que guardaba se resumía en las preciosas vistas que hay desde su privilegiada posición.

Miras a un lado y al otro del faro y distingues todo el perfil rocoso de nuestro país en esa costa Asturiana. Qué belleza de acantilados. A lo lejos Estaca de Bares y Cabo de Peñas.

Paisaje desde el Faro de Cabo Vidio



Y finalmente en aquella ocasión cazamos un último Faro, el Faro de Luarca que nos esperaba al atardecer semiescondido al final de la Atalaya.

Ese era su tesoro: Esa Atalaya, vestigio del pasado, porque en los siglos XVI y XVII era un fuerte defensivo para proteger la villa de los ataques franceses e ingleses. Antes de que se construyera el faro en el año 1862, se hacían fogatas para orientar a las embarcaciones. Ahora todavía conserva la Capilla  de la Atalaya o de la Virgen de la Blanca y un precioso cementerio también blanco donde está enterrado el Premio Nobel de Medicina D. Severo Ochoa y su esposa.



Faro de Luarca
Cementerio de Luarca

Tumba de Severo Ochoa en Luarca (Asturias)

Tres faros, tres tesoros: un pueblo tan precioso como Cudillero, unas vistas tan bellas como las del Cabo Vidio, una Atalaya como la de Luarca.

Un inmejorable botín para un solo día cazando faros.

sábado, 5 de agosto de 2017

Cuando la poesía sale a tu encuentro: Oporto y Ribadeo






A veces vas caminando por la calle, por cualquier calle del mundo y la poesía sale a tu encuentro.

¡Cómo no vas a pararte! Es una llamada de atención, un dejar de mirar fuera para mirarse dentro.
Hoy os traigo dos ocasiones en que ocurrió.

La foto que encabeza la entrada está tomada en Oporto. De pronto ahí estaba el poema decorando el mobiliario urbano. Otra vez se nos cruza en nuestro camino la poeta portuguesa Florbela Espanca, una poeta que conocimos porque también tropezamos con ella por las calles de Lisboa. ¿Os acordáis? También hice una entrada a propósito de ese encuentro.

Florbela Espanca (1894-1930) nació un 8 de diciembre, se casó otro 8 de diciembre y murió aún otro 8 de diciembre, porque se suicidó. La llaman la Dama del Alentejo, y el pueblo portugués convirtió muchos de sus poemas en la letras de sus fados. Fue valiente para su época, decidida, liberal, se casó varias veces y buscó incansable la felicidad entre sus desdichas amorosas.


La foto de debajo está tomada ya en nuestro país, en Galicia, en Ribadeo. Y también fue así, íbamos descubriendo la ciudad y allí estaba la pintada, en una pared cualquiera, de una calle cualquiera: ¡Sin poesía no hay ciudad!

Ahí queda eso.





viernes, 28 de julio de 2017

Escuelas Selgas de Asturias



Y ocurre que vas andando por El Pito, un pueblecito muy cerca de Cudillero, y de pronto ¡zas! te sorprende un edificio que no te esperarías en una población tan pequeña. Porque el que más y el que menos hemos estado en Cudillero, o alguien nos ha dicho que si vamos a Asturias no dejemos de ir a conocerlo. ¿No es así? Porque hay que reconocer que el precioso Cudillero, con sus casitas de colores escalonándose hacia el mar, como un anfiteatro de lujo, uno no debería perdérselo nunca.

¿Pero El Pito? El Pitu como dicen los asturianos, no te dice casi nadie que vayas a conocerlo. Y fíjate que es una pequeña localidad pegadita a Cudillero, tranquila, apacible, asturiana donde las haya con sus típicas casonas y su cielo gris, pero también donde uno de pronto se topa con un conjunto cultural que tiene más de cien años y que se merece que te pares a mirarlo despacio y que en cuánto no te vean ¡te lo traigas para Madrid!

Que es lo que yo he hecho. 

Y ahora que ya estamos en confianza, no es por "chafardear" pero mira que tenían que ser "acomodados" los Selgas, esa familia de El Pitu de principios del 1900 para hacer esa Iglesia que me hubiera encantado conocer por dentro porque desde fuera tenía muchísimo encanto, y hasta dicen que tiene una cripta panteón con el altar más antiguo de España, del siglo VIII; o ese Palacete que menudos jardines de vistosos que luce y dicen que guardan sus buenas obras de artes, y yo, qué penita, que no he podido tampoco conocer, y sobre todo o desde luego esas escuelas señoriales y monumentales que fueron tan importantes en su época y que aún funcionan y despertaron esta curiosidad mía para con todo lo que signifique educación.


De familia "acomodada" dicen los artículos. Pues a juzgar por sus obras "acomodada" sería poco. ¡Vaya  con los Selgas!

Unas escuelas que si te llaman la atención por su elegancia y su grandiosidad en el 2017 ¡qué parecerían cuando las construyeron entre los años 1914 y 1915! ¿Os imagináis cómo sería ese pueblecito entonces? Porque ahora no vale, hay que situarse cuando se construyeron.

¿Y no os imagináis cómo se llamaba este miembro de la familia Selgas que hizo posible estas monumentales escuelas? ¡Fortunato de Selgas y Albuerne (1838-1921)! no me digáis que no le viene el nombre que ni pintado... 

Pues bien, el afortunado Fortunato era el penúltimo hijo de un matrimonio acomodado de El Pito, que tuvo a bien, a muy bien diría yo, destinar parte de su fortuna en luchar contra la lacra de analfabetismo que casi era del 50% en aquellos años de principios del siglo XIX. Erudito y hombre apasionado por el arte, pensó qué podía hacer para que la cultura, en el amplio sentido de la palabra, llegara al pueblo. Y se decidió por construir un centro escolar en su aldea asturiana de origen. 

Un centro que no solo era espectacular en cuando a arquitectura sino que además daba educación a todos los niños que quisieran, independientemente de su renta familiar. Que daba los libros gratis y tenía cinemateca y comedor. Ahí es nada. Un año después, en 1916, el Rey Alfonso XIII le agradecería a Fortunato su labor en pro de la cultura. Con el tiempo las Escuelas Selgas pasaron a ser colegio público, y ahora alberga el Instituto de educación Secundaria del municipio. 



Y que yo os traigo hasta mi blog para que sepaís de su existencia, que imagino que muchos ya sabríais mejor que yo. Y de las que ya hablamos, aunque de pasada, cuando le dedicamos una entrada al tema de la educación en Asturias con motivo del Museo de la Escuela Rural de Viñón.

Se merecían esta entrada ¿verdad?Los Selgas, Fortunato y sus bienes.


sábado, 22 de julio de 2017

Museo Escuela Rural de Asturias, de Viñón (Cabranes)



“Al llegar a la escuela saludábamos al maestro, no había estufa, éramos grandes aliados del frío. Nos sentábamos en mesas de dos, la clase se componía de tres secciones: pequeños, medianos y mayores. Nos poníamos el mandilón de color verde, yo tenía el 9, éramos 50 en clase". Yo consideraba al maestro como un segundo padre, pues si algo sé, él me lo enseñó." Andrés Batalla


Hoy quería recomendaros un lugar muy especial, que he visitado recientemente y me ha causado muy buena impresión.

Me estoy refiriendo al Museo de la Escuela Rural de Asturias, que está en Viñón (Cabranes). A 7 km de Villaviciosa y a 15 de Naves. 

Estuve en este mes de julio y nos dijo el señor que nos lo enseñó que les hicieramos publicidad, y aquí estoy compartiéndolo con vosotros porque realmente merece la pena. Muy amable el señor que nos la enseñó, que no era además la persona que suele estar habitualmente. Nos dijo que era una compañera quién suele estar, pero justo esa mañana no estaba, así que le perdonáramos porque no solía hacerlo. Nada que perdonar, desde luego.

No es la primera vez que visito un Museo de estas características. Va a hacer tres años que os hablé de la Escuela Rural de Linás de Marcuendo en Huesca. Os dejo el enlace por si queréis recordarla:


Y sin desmerecer a aquella, que también me gustó mucho. Os diría que la que os traigo hoy está genial, porque es muy completa. 

En la planta baja tenemos varios paneles donde explican cómo ha evolucionado la escuela y por tanto la educación en Asturias. 

Atendiendo a la educación oficial por un lado, señalándose el año 1857 como los inicios de la educación en Asturias. Y por otro parte prestando la atención que se merecen las otras alternativas educativas que existieron en esos primeros momentos: La ayuda económica tan enorme que prestaron aquellos indianos que habian hecho fortuna en México, Cuba, o Santo Domingo y querían ayudar a su pueblo y a sus vecinos y crearon buenas escuelas, como por ejemplo las Escuelas Selgas, de las que hablaremos en otra entrada. O aquellas escuelas temporales con maestros babianos sin titulo que venían de León, de la zona de Babia, y que eran contratados para dar una educación básica impartiendo clases en los pórticos de las Iglesias o donde podían y a los cuales también alimentaban cada vez en una casa y por eso se les llamaba "catapotes".

La foto de debajo es del día de la inauguración de la escuela que visitamos. Fue en noviembre de 1908. Más de cien años y podemos ver hoy esa imagen, ya veis.  Entonces fue ideado para que fuera a un lado la clase de los niños y al otro la de las niñas. Ya os traeré fotos de otras escuelas donde claramente se ve la distinción.






  Además de toda esta información, en esta planta baja tenemos la recreación de dos clases. Según entras a la izda tienes la que sería de la época de la República, más o menos del año 1931, más rudimentaria, más pobre; y a la derecha, con muchos más detalles puesto que está más cercana en el tiempo, una recreación de la típica escuela del Franquismo, de los años cincuenta o sesenta.

Os dejo varias fotografías de la escuela, no le falta detalle: La bola del mundo, la pizarra donde nos explican cómo era uno de sus días, la estufa para calentarla, los libros, las labores, los plumieres, lo cuadernos, los libros, los babis blancos colgados cerca de la puerta. 

Nos explicaba el señor que nos la enseñaba que él había sido un alumno más en esa escuela. Y que había clase de lunes a sábado. Y que los sábados lo último que hacían era limpiar la clase entre todos. 




 
La escalera de subida a la segunda planta tiene fotos de grupos de niños que han estudiado allí. Fotos de varios años, de varias épocas.  Distintos grupos escolares para el recuerdo. Miras las fotos y ves cómo van cambiando los cortes del pelo, los vestidos e incluso el número de niños que asistían a las clases.



 En la parte de arriba de la casa estaban las viviendas del maestro y de la maestra con sus familias. También es muy curioso ver como era, con su cocina, sus mesas camillas, "la loza" y demás enseres domésticos que hoy ya ni se utilizan. También vemos fotos de algunos de los maestros que habían pasado por allí. 




Ahora a un lado de la parte de arriba de la casona está recreada como era una de estas casas del maestro, ya lo veis en las fotos.





  Y al otro lado de la parte de arriba tienen un pequeño museo de juguetes. Con un montón de ellos.


Se ven juguetes de muchas épocas. Cómo van cambiando las modas, cómo va cambiando la forma de pensar, se ve claramente en los juguetes que se tienen de cada tiempo. 

Y si ya nos fijamos en un juguete en particular, por ejemplo un triciclo, tienen los suficientes para que podamos ver la evolución de él a lo largo de bastantes años, puesto que el primero de ellos es de principios del siglo XX.

A mí me gustó especialmente el apartado en que estaban todos esos juguetes con los que yo jugué de pequeña: las batería de cacerolas de acero inoxidable, el saltador, las muñecas recortables de papel. Jo, parecía que había vuelto a uno de mis días de Reyes...





Finalmente os dejo con el exterior de este Museo. Las vistas que se ven desde las ventanas de arriba de esta escuela centenaria que ahora nos ha ayudado a dar un paseo de más de un siglo por la educación en Asturias.

Y el exterior de esta escuela. Una de esas casonas que me gustan tanto del norte pintada de azul.

Como escuela este centro dejó de funcionar en el año 1970. Cuando entró la nueva Ley de Educación. Nos dijo el señor que nos la enseñaba que se cerró este centro y muchos más del mundo rural por entonces. 

Hay que agradecer que exista a todos cuántos ha contribuido con sus recuerdos y sus cosas. También por supuesto con la documentación y con su tiempo. Personas que han pasado por ella, muchos de ellos. Han hecho un buen trabajo de recopilación y estudio, merece la pena la visita.