sábado, 4 de febrero de 2017

María Eugenia López, velada poética




Este pasado miércoles, 1 de febrero de 2017, hemos comenzado de lujo el mes en la tertulia literaria  Rascamán a la que pertenezco.

Nos ha visitado la poeta argentina Mª Eugenia López y hemos pasado una velada muy interesante y agradable.

Era la segunda vez que teníamos a María Eugenia entre nosotros, la primera vez fue en el invierno de 2015. En esta ocasión la poeta venía a presentarnos su poemario Carlinga escrito con el también poeta chileno Javier Norambuena.


Quería dejaros con algunas fotos y vídeos de la tarde. La presentación la hizo el coordinador y poeta de la tertulia Javier Díaz Gil.

Comenzamos hablando de la Cruz del Sur y las Nubes de Magallanes y ya después hablamos de poesía, de creación literaria, de Argentina, de la religión, del machismo, de los mil y un temas que surgían a raíz de los poemas de Carlinga.

Carlinga es como un diccionario "sudaca", según la autora. Se van escribiendo las letras y a continuación nos acompaña el texto de los dos autores.

Yo aquí solo os voy dejar algunos fragmentos de la parte de ella.


C de chorreo

Los pies y las uñas de Jesús con sus dedos perfectitos. Esas uñas coloreadas. Pasa un dedo por el muro discontinuo de Tijuana. No es el muro de Tijuana. Pasa de acá para allá un auña para la pedicuría. Cristo, mi señor, qué son esas polleras. En la arena, al correr contra la reja, se te enredan las sandalias. El pie fecundo está rascándose a capela en el borde de la playa. A capela cruzan los albatros la frontera. Hay aves que se cagan de ambos lados. Unos tacos te vendrían bien, señor. Siendo el hijo menor, el bebé de papá, te vendrían bien unas carteras. La gula también es hambre y viajar en la cajuela, eso es apostasía. Tres helicópteros como péndulos, Cristito, te señalaron el rosario entre los pliegues. El mar muerto de cada día.
...
Pág 16
Carlinga



L de límite

Este amor por las muchachas que mi cuerpo no ignora. Este deseo que no sabe. Las muchachas que no ignoro, que no puedo acordarme, que deseo. Este amor que no sabe. Esta muchacha que no desea, que ignora mi cuerpo, que no sabe que desea. El ruido de los frenos de repente. No recuerdo este amor, pero el cuerpo lo ignora. Esta muchacha me olvida, aunque no lo sabe. Y yo que me sentía el centro, pero era un ruido de repente. No sé, no puedo recordarlo. Ella era una muchacha y yo este amor frenado. No, este deseo.

Pág 34




 "El poeta es lo regurgitado del poema"




Q de quiebre

Estar pendiente de las lluvias con la precisión sensorial del insecto. De la recolección cuidadosa del agua. El alimento prolijo de la cosa. El cuidado específico. El cuidado. Viviendo al límite de la sed del otro. Con la lengua resquebrajada y los nervios y lo inconfesado. Hay un reproche a dejarse desaparecer, angostándose de a poco. Si tan sólo uno se repitiera a uno mismo una y otra vez, como insecto, volviéndo al mismo lugar eternamente para confirmarse. Esquivando mierda de mascotas olvidada y maniquíes desnudos por una calle en subida. Dejando el propio dialecto como acto terrorista. La acústica de la planta del pie. ¿Qué se hace cuando, luego de odiar toda una vida al que amaba los trenes, al que militó en los setenta, al que le pegó a su esposa y se fue de casa mucho más tarde de lo que le pedían sus hijos, este vuelve queriendo una familia y con lágrimas en los ojos porque el ascensor le quebró la mandíbula a su gato?

Pág. 44







S de siniestro

Todavía es como el mar calmo cuando trae cosas y las lleva. Recorrido largo del mar al retirarse. Pero el recuerdo queda como la humedad. Como el eco de la mantis que se come su memoria y te mira, y se come sus recuerdos del cuerpo, de haber tenido cuerpo. Cuida obesa de su interior frágil y te mira. El sol está tan fuerte esta noche, tan fuerte, quema tanto. Se abren más los ojos cuando se está muriendo. Y el agua es como los perros: huele el miedo.

Pág 48




Qué buena tarde entre versos y compañeros.

Aprendiendo, compartiendo.

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