martes, 22 de noviembre de 2016

"La sesión final de Freud" en la Sala Arapiles




“Uno de nosotros es tonto. Si tiene usted razón, se las arreglará para decírmelo. Si la tengo yo, nunca lo sabremos”. 


Este sábado he estado en el teatro viendo "La sesión final de Freud" dirigida por Tamzin Townsend.

El texto es una traducción de Ignacio García May del original que fabulara el dramaturgo estadounidense Mark St. Germain en el año 2009, y la estrenó en el 2010 en Nueva York.

Está protagonizada por Helio Pedregal en el papel de Freud y Elezar Ortiz en el de CS Lewis.

¿De que trata esta obra? Pues nos situamos en Londres, el día que Inglaterra declara la guerra a Hitler. 3 de septiembre de 1939. Freud, que está muy enfermo porque tiene un cáncer en la boca, recibe en su casa a un catedrático de la Universidad de Oxford, CS Lewis. Éste había satirizado a Freud en uno de sus libros por lo que el neurólogo quiere conocerle personalmente.

Se desarrolla entonces una conversación muy profunda donde se tocan los grandes temas: la vida, la muerte, Dios, la enfermedad...

Es una obra densa, sesuda.

El germen real de la obra procede de una frase en la agenda del neurólogo. Sigmund Freud escribió en su agenda, 20 días antes de su muerte, que un catedrático de Oxford iba a visitarlo. Nada más. De aquella nota, Armand Nicholi, un doctor en psiquiatría de Harvard, imaginó The Question of God, un libro publicado en 2002 que recreaba un encuentro imaginario entre el padre del psicoanálisis y C.S. Lewis.

La puesta en escena tiene dos espacios, por un lado el diván, y por otro el despacho de Freud. Detrás de una pared que a veces es translucida, está la colección de antiguedades del neurólogo y el teléfono. Me gustó esta escenografía. También acuden varias veces a la radio, que se vuelve muy importante, porque te situa en el momento en el que transcurre la obra.

Los actores están muy, muy bien. Helio Pedregal lo hace genial, me encantó su interpretación de ese Freud dolorido y racional. Me pareció muy natural su interpretación del dolor. Tampoco el contrapunto de Elezar Ortiz está mal interpretado, la verdad, muy creíble, y nunca mejor dicho, como el creyente, el fuerte, el esperanzado...





Qué conversación tan densa, tan brillante, tan profunda, y aún así con toques de fino humor. Es un desafio intelectual que te tiene ahí pendiente de cada frase, porque cada una de ellas te va a hacer pensar. Se escuchan y se contestan cada uno desde su firme posición captando toda tu atención.

Me ha gustado mucho.

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