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jueves, 27 de octubre de 2011

Mi último relato premiado...



Va a hacer un mes que fui a Valencia a recoger el 2º premio de relato corto del X Certamen de Narrativa Breve "Mujeres en el arte" que había convocado la concejalía de Bienestar Social del Ayuntamiento de Valencia.
Fue una entrega de premios que estuvo muy bien.
Hay que reconocer que el lugar era digno de ver y mucho más de vivir recibiendo un premio: elegante, señorial, distinguido. Primero llamaron a los autores que habían sido seleccionados para publicación y les fueron dando a todos un precioso ramo de flores y creo que algún ejemplar de la publicación que habían hecho con todos los relatos seleccionados. Y luego fuimos saliendo los premiados a leer nuestros relatos y a recoger nuestro premio.

La verdad es que el Ayuntamiento se portó muy bien con nosotros. Porque además de la dotación económica que conllevaba el premio, nos fuimos a casa cada uno con un diploma, un ramo de flores a cual más original, una camiseta, una libreta y un colgante además de un montoncito de ejemplares de la publicación que ya os comentaba con todos los relatos escogidos por el jurado.

¿Verdad que se portaron muy bien? Después nos sorprendieron con una actuación de una artista de las castañuelas que nos dejó a todos impresionados. Fue muy emocionante cuando al final todo el auditorio se puso a la vez en pie para aplaudirla. Qué diferentes son las entregas de premios... La verdad es que era la primera con una actuación de este tipo.





Después nos invitaron, como no podía ser de otra forma en Valencia, a horchata y fartones. Muy completo.


Estuvo muy bien. Volví a casa muy contenta con la experiencia.

Por eso os quería dejar con algun momento que otro de la entrega de premios y por supuesto con mi relato... Tenía que tener cómo máximo 90 líneas y el tema, ya sabéis, las mujeres en el arte...

Espero que os guste.


Los juegos de las niñas sabias



Cuentan que en algún lugar, a salvo del tiempo y el espacio, están jugando unas niñas.
 
A la pequeña Safo jugando al escondite siempre le toca contar. Pero no suma diez, ni treinta, no suma cuarenta ni cincuenta. Ella cuenta en endecasílabos, cuenta hasta once, y vuelve a comenzar. Safo tamborilea con sus dedos, inventa versos que algún día descubrirán escritos en papiros que nos la devolverán inmortal.
 
A la niña Isadora, en cambio, el mar la tiene hipnotizada. Le gusta jugar descalza en la arena, le gusta mirar las olas durante horas. Sola, y en silencio, con el pelo suelto y sus vestidos vaporosos de finas telas envolviéndola, juega Isadora durante horas a mover sus manos y sus pies siguiendo el vaivén de aquellas ondas...
 

La pequeña Frida, que no puede moverse de su cama, juega a vivir más que las demás. Juega a mezclar los colores, juega a despistar con la pintura un destino de animal eternamente herido.
 

Las tres niñas solitarias tampoco juegan al escondite. Solas con su padre en aquel páramo las niñas Brontë inventan mundos de fantasía al que escapar. Miopes e inteligentes, cultas y pobres las niñas quieren relatarlos, quieren transformarlos en palabras escritas, aunque “las mujeres no debieran hacerlo”.
 
Mientras tanto, la niña Camille juega con la arcilla. La niña coja pero bella, la niña de carácter fuerte y voluntad tenaz se recrea en esculpir con fuerza y sentimiento. Esculpe con pasión piezas delicadas pero impresionantes, bellas en sus rasgos, intensas en su profundidad.
 
¿Y la pequeña Alma? Alma ya es una niña artista que juega a componer música. Y lo hace muy bien. La niña Alma tiene el adorno del talento, pero además es muy guapa y pasional. Y cómo juega con la música, cómo compone, aún tan pequeña ella.
  
Pero cuentan que hay ocasiones en que los cuentos de hadas no terminan bien para las niñas que esconden una pasión. Las niñas que crecen y se convierten en mujeres queriendo bailar, queriendo componer música, queriendo escribir, queriendo esculpir. Queriendo alejarse de lo considerado “normal”, de lo establecido. Y llegará un día que esas niñas tendrán que defender lo que les apasiona. La poesía, la danza y la pintura. La literatura, la escultura y la música. La vida para con esas mujeres mostrará sus garras y colmillos. La vida tendrá una punta afilada llena de ponzoña que se les clavará donde más les hiera, donde a punto esté de acabar con ellas.
  
Y quizás Safo vivió con sus compañeras en un clima demasiado distendido y propicio a todos los comentarios. Safo mujer quizás entendía la vida de forma diferente... quizás más femenino, quizás solo femenino.
 

Y esa forma revolucionaria de bailar y de vivir, esos temas de las danzas, la muerte o el dolor, tan alejados de los clásicos de duendes y trasgos, a Isadora años después le haría cosechar abucheos y polémicas.
 

Y nunca podrá jugar a correr Frida Khalo, en un principio dolorida por la polio y después por un accidente salvaje y cruel. Pasará casi toda su vida en la cama, pintando y pintando, mientras la enfermedad y los dolores van ganándole terreno a sus ganas de vivir.
 

Y las hermanas Brontë jugaron a imaginar, a escribir historias. Pero hubieron de hacerlo con disfraces, con opacos seudónimos y  malas críticas.
 

Y a Camile Claudel la vida fue resquebrajándole su interior de escultora. Se esforzaba por ser reconocida, por vivir de su arte, pero una sociedad conservadora, un amor demasiado amargo, unas críticas despiadadas por su condición femenina, fueron enloqueciéndola poco a poco
 

Y demasiado pasional, la joven y brillante Alma se enamoró de aquel maduro Gustav Mahler. Por apoyarle a él dejó a un lado su talento, esa carrera que tanto prometía en la música. Y después de Gustav, llegaron otros, pero también se volcó en el talento de cada uno de ellos, olvidándose del propio.
 
 
Y cuentan, siempre cuentan que aquellas mujeres terminaron por penar su pasión.
 

  Hubo que dejar pasar el tiempo. Dejar que el poso de los años fuera transformando a la sociedad y su moral. Dejar que subiera a la superficie lo que realmente importa.
 
Porque Safo en su viciosa isla se recreó en su vocación y en la belleza.
 
Porque Isadora, mito y carácter, rompió con las tradiciones y revolucionó la danza.  
 
Porque la fuerza de voluntad de Frida y sus ganas de vivir las fue plasmando en cada uno de sus pequeños autorretratos surrealistas.
 
Porque las hermanas Brontë escribirían obras maestras de la literatura universal.
 
Porque finalmente Camile y Alma serían reconocidas por su escultura y su música, independientemente  de las de sus amados.
 
 Cuentan que en algún lugar, a salvo del tiempo y el espacio, siempre están jugando unas niñas. Niñas sabias a quiénes el arte rescató del olvido.
 
©Rocío Díaz Gómez