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miércoles, 1 de abril de 2026

1 de abril

 


Como cada día laboral, cuando he salido del metro en Plaza de España he rebuscado en el bolso mis auriculares para ponerme alguna canción o un podcast. Sin embargo, el piar de los pájaros se ha hecho hueco entre el abono transportes y las gafas, como una pertenencia más, y me he obligado durante todo el trayecto peatonal, desde el metro hasta el Viaducto, a escuchar la música de Madrid. 

Cierto es que hoy es especial, miércoles anterior a los días de Semana Santa y, aunque por esa zona siempre hay movimiento, se notaba mucho menos afluencia. Bajo el canto de las aves, se ha alzado el top, top, top rítmico de las pisadas de un corredor, me ha recordado aquel título que siempre me ha gustado: "La soledad del corredor de fondo". Retazos de la conversación que llevaban dos operarios de la limpieza, vestidos con ese uniforme estridente que les hacen ponerse, se han hecho audibles. Hasta que el sonido del agua de la manguera que todas las mañanas limpia la explanada del Palacio Real, ha pedido la vez. Y a la zaga el motor del camión del surtidor le ha seguido. Menos mal que me he cruzado con una madre y dos niños pequeños, y la palabra "aventura" a horcajadas sobre una sonrisa se me ha colado dentro. 

Pasé la farola republicana que alguien olvidó en una esquina del Palacio, y me vino a la cabeza ese pasaje del libro "14 de abril" de Paco Cerdá, cuando contaba el último día de los Reyes, la tristeza de Victoria Eugenia en contraste con el jolgorio de fuera. En la esquina del semáforo de la Almudena está siempre ese chico pidiendo que tiene las piernas fatal, llueva o no, nunca falta. Es su trabajo. El viento tan fresco de este primero de abril mueve las ramas de los árboles que se alzan sobre mis rizos. Y al tiempo que atravieso el aparcamiento de la Cuesta de la Vega, y observo que hay muchos menos coches, paradójicamente mi vista alcanza la Cuesta de los Ciegos. Más abajo en la calle Segovia la algarabía de un grupo de adolescentes con maletas decide que vuelva a mis auriculares. 

Pero elijo la canción "Sentir" de Luz Casal. Me encanta. 

Comienza abril. Que poquito queda para tener cuatro días enteros y verdaderos. 







lunes, 13 de octubre de 2025

Siete "buenos días"

 


Siete son los "buenos días" que doy cada mañana. 

"Buenos días" al guardia civil que está fuera del edificio, "buenos días" al vigilante de seguridad de la cinta, "buenos días" a los compañeros de recepción, "buenos días" en el ascensor mientras subo a la 5ª, "buenos días" a los compañeros súper madrugadores y "buenos días" a mi jefa. 

Qué paradójica es la vida. 

Después, mientras estoy sentándome ¡por fin! en mi mesa, enciendo el ordenador y busco la aplicación de "Trama" para fichar, revolotea feliz una frase a mi alrededor. Esa frase tan evocadora y familiar de cuando era cría, o no tan cría, cuando era adolescente y había dormido poco (siempre dormí mal) y me levantaba de mal humor, sin decir nada. Entonces mi madre me decía: "¿Que se dice?"

Y, sin querer, me arrancaba el primer "Buenos días" sin ganas de la mañana. 

Ahora, pasados tantos años, son siete. Siete "buenos días"  los de cada mañana. 

Seis cuando llego al trabajo, pero faltaba contar el que doy a mis amigos del Palacio Real cuando paso por su lado y no me saludan desde su atalaya. 

¡Pavos! ¿Qué se dice? les digo siempre para mis adentros. 

Y vuelve la voz que arropa. 

Aprendí, mamá. A eso y a muchas cosas más. 

Y cuando digo los siete mañaneros "buenos días" hasta los digo ya con ganas.