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sábado, 23 de mayo de 2026

Ofréceme Lanzarote

 



Si alguna vez no sabes que regalarme, 

ofréceme una isla. 

Una con casas menudas y blancas

como dientes de leche,

una con la piel negra

y dura de la lava de los tiempos,

una que protegen faros tanto de verdad 

como de mentiras. 


Ofréceme esa isla 

donde las veletas enloquecen de amor a sus vientos. 

Donde la espuma y los peces

brincan entre las mareas verdes y azules. 

Una isla de molinos y volcanes. 

De Manrique y Saramago.

La de los museos en castillos, bitácoras y exposiciones.


Si alguna vez no sabes que regalarme, 

acuérdate de esa isla que te cuento, 

la del café leche-leche,

la que se deja pasear de pueblo en pueblo,

la que a mis pies no se le acaba, 

ni a mis ojos, ni a mis ganas.


Y olvídame allí una vez, dos, tres veces

permíteme que aún siga descubriéndola,

que se derroten mis días sobre ella,

que Lanzarote no se me acaba.












jueves, 29 de enero de 2026

Faros de Tenerife. Enero 2026

 



Siempre queda un faro por descubrir, un libro por leer, 

un beso por darte. 

Siempre. 

No queda más remedio que volver. 

Volver al mar, a las islas, a sus faros. 

Volver a mi biblioteca, a mis libros pendientes, 

a las letras. 

Volver a ti. 


Siempre queda un viaje 

a cuánto nos apasiona. 

Siempre, las ganas

de tanto.
















viernes, 26 de septiembre de 2025

Los faros del verano 25

 


Ojalá cada mes tropezara con un faro. 

Uno que aportara luz entre las sombras y las dudas. Uno que, además de ser guía, fuera refugio. 

Ojalá que mi faro y el tuyo tontearan con sus luces. Que se reconocieran en la misma orilla y acompasaran la secuencia regular de sus destellos hasta hacerlas mellizas y extraordinarias. 

¿Te acuerdas de aquel tiempo y sus luces?

Del verano del 25 traje un montoncito de faros para esos meses en los que no tropezaré con ninguno. Meses de tardes cortas y ausencias largas. Horas que pierdo y me pierdo. 

Juego a colocar mis faros de dos en dos por casa, para que intimen y se iluminen de historias de algas y naufragios. 

Del verano del 25 traje un tesoro de faros, un haz de luces para mi envés. 

Una ofrenda a la nostalgia.











domingo, 13 de julio de 2025

El anticiclón de las Azores

 



Yo soy de los que crecieron escuchando como se acercaba el anticiclón de las Azores. No había demasiadas opciones en la televisión y, aunque tú no prestaras atención, de fondo sonaba una voz contando el tiempo que se te colaba dentro. 

Vete tú a saber dónde estarían Las Azores. Un lugar muy lejano en medio de un océano. Un destino casi tan mítico con la muralla China o las pirámides de Egipto. 

Qué mal se me dio siempre la asignatura de geografía. Pero de algo sí estabas segura: de allí siempre llegaba el anticiclón. 

Lo bueno de crecer, algo bueno tenía que tener, es que vas colocando chinchetas en el mapa mundi de tu interior. Querrías llegar hasta todos aquellos lugares que tu mente infantil sintió tan remotos como mágicos. 

Lo bueno de crecer es darte cuenta de que la geografía no es tan difícil si posas los pies en el mapa. Si lo caminas hasta arrugarlo. Hasta que, como decía aquella preciosa canción, "ya no queden islas para naufragar".

Ah y no siempre hace un tiempo seco y soleado en Las Azores. 

Quizá lo del mítico anticiclón también era un poco mentira. 











lunes, 9 de junio de 2025

El Faro de Orchilla en El Hierro

 




Todos somos islas. 

Y faros.

Y luz. 


No descansaré hasta encontrar aquella,

cuyos golfos y cabos, encajen perfectamente en 

mis aristas y paisajes. 

Solo habré de seguir la luz del faro

de cualquier isla.


Y seguir intentándolo. 


Faro de Orchilla. Detrás de los volcanes. Donde una vez estuvo el Meridiano.

El Hierro. Junio 2025.

Donde una vez estuve yo.














sábado, 1 de febrero de 2025

"F" de febrero, de Festejar la derrota de los días

 



Comienza febrero y quizá sea por su "f" inicial, por su horizonte sin una sola fiesta, con otra "f", o por esta necesidad que tengo de festejar, también por "f", la simple y necesaria rutina. 

Comienza febrero y necesito un Faro, con esa "f" mayúscula, para que me ilumine, me ayude a disfrutar, indispensable "f" la del gozoso vocablo,  disfrutar, decía, la derrota de los días.

"Derrota", qué palabra tan bella cuando nos detenemos en el significado que la Real Academia nos muestra:

Camino, vereda o senda de tierra. 

O mucho más bello aún: Rumbo o dirección que llevan en su navegación las embarcaciones o aeronaves.

Por eso acudo al último faro que descubrí, que atrapé para mi colección, que me traje a Madrid: El faro de La Gomera. El hijo único de la Isla de las mil curvas. 

Sé que los faros de las islas vecinas le habían ido con el cuento de que iría en su busca una loca de los faros que, de vez en cuando, se escapa de Madrid para atraparlos. Y lo sé porque sentí que me esperaba. Solitario, silencioso, posando en su lugar privilegiado. 

Necesito que mi último faro alumbre la derrota de los días de este febrero que comienza.

Que no me deje perder el rumbo, que me indique la dirección y me devuelva el corto febrero lleno de palabras, de cariño, de vida. 










viernes, 11 de octubre de 2024

Hay un faro esperándome en algún lugar. Cabo Caccia, Gruta de Neptuno, Faro (Cerdeña)

 



Hay un faro esperándome en algún lugar. 

Me guarda un pedazo inmenso de mar 

y un sol a la medida del hueco de mis manos. 

¿Cómo sabré que eres tú? 

La pregunta viva, traviesa, terca,

salió de mis labios sin permiso.


Hay un faro en algún lugar

que me prometió tiempo y serenidad. 

Yo le creí, juro que lo hice, pero quizá solo fuera 

terca necesidad.

Quiero mi mar y mi sol. 

¿Cómo sabré...?

Mis labios nunca recibieron contestación 

y yo tampoco. 














Alghero (Cerdeña)

Faro del Cabo Caccia (Cerdeña)

Cuevas de Neptuno/Grotta di Neptuno



viernes, 14 de junio de 2024

En otra de mis vidas, viví en una isla - Gran Canaria y sus faros

 


En otra de mis vidas viví en una isla. 

Era una isla a mi medida, con un sol amarillo y enorme que no quemaba, una playa de arena blanca donde daba largas caminatas porque ni se me hundían los pies ni los granos se me escondían zalameros entre los dedos. Una playa doméstica, con un ligero viento que bailaba sobre la piel del agua y una silla siempre abierta que esperaba paciente en la orilla  que yo me sentara en ella a leer. 

Y a la vuelta de la esquina de ese viento y esa playa, mi isla tenía el faro, ese mismo faro que busco incansable de isla en isla. 

No me acuerdo cómo es, ni en qué vida lo habité. 

Pero no paséis cuidado, que cuando esté ante él, algo dentro de mí me detendrá. 

Ese día el mundo amanecerá ordenado, oliendo bien. 

Y, al fin, podré sentarme para siempre a hojear todos los álbumes de todos los viajes que inventé buscándolo. 

Pues, sin duda alguna, sabré que he llegado.


#Faros de Gran Canaria. Junio 2024