"La escritura es ahora el único lugar donde me encuentro a salvo del diablo y su soplido. El ladrillo de la casa del tercer cerdito".
Y qué diferente el libro anterior que me leí que éste que os tengo que reseñar ahora. Aunque me hayan gustado los dos. Porque aquí una servidora buscaba otro libro de este autor, de Jesús Montiel. Uno que nunca encontré en las tres o cuatro grandes librerías que pregunté. Y cuando ya iba cabizbaja y más que cabizbaja reptando por la última librería, va la protagonista de estas reseñas y descubre éste y, claro, comprenderéis que no tuve más remedio que llevármelo.
La fotografía de la portada, en blanco y negro, con ese niño con una paloma sobre su cabeza mirando por la ventana, de la fotógrafa Marcelle Vallet, unido a ese título "El niño que he sido" y sumado a la editorial Pre-Textos, no se podían equivocar ¿Verdad?
Y así ha sido.
Me lo he leído en un par de horas, tiene unas sesenta páginas, aunque tiene tantas imágenes que podrías hasta tocar, tantas frases que hay que saborear de lo bellas que son, que terminas por leerte dos veces la mayoría de los párrafos. ¡Ay! si me leyeran mis compañeros poetas de tertulia, que se empeñan en leer cada poema dos veces...
"Nada más parecido a un copo de nieve que un niño introvertido". "Los árboles son poetas sin vacaciones.".
Es una mirada a su infancia muy conmovedora. Escrito con un lenguaje absolutamente poético, llenito de imágenes literarias y recuerdos pasados por el tamiz de la literatura con tanta sensibilidad que parecen pequeñas joyas. Prosa poética de calidad en pocas páginas pero que te deja un poso importante, un eco muy largo dentro. Es una escritura muy delicada, elegante, rica. Lo peor, lo único malo, es que llegas a la última página.
"En una foto de la abuela, mi hermana mayor me estrangula junto a esa fuente, mientras se ríe, queriendo abrazarme. Nunca he sido asesinado de un modo tan entrañable."

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