domingo, 29 de diciembre de 2013

"Magnum`s First" Una exposición de fotografía recomendable



Hasta el 19 de enero tenéis tiempo para asistir a la exposición “Magnum`s first. La primera exposición de Magnum” que está en la Fundación Canal.
Es una exposición de fotografía que nos devuelve las fotografías que formaron parte de la primera exposición que realizó la agencia Magnum Photos en 1955. La muestra recorrió cinco ciudades austriacas entre junio de 1955 y febrero de 1956. Alguien recogió todo el material de la exposición y lo guardó en los estantes de uno de los almacenes del Instituto Francés de Innsbruck (Austria), donde permaneció hasta que en 2008, por casualidad, fue encontrado.
Podemos contemplar de nuevo fotografías de Robert Capa, Cartier-Bresson, Bischof, Haas, Lessing, Marquis, Morath y Riboud. Maestros de la fotografía.
La Fundación Canal nos trae esta exposición con motivo del centenario del nacimiento de Robert Capa.
Aquella primera exposición se llamó “El rostro del tiempo” “Gesicht der Zeit”. Se trataba entonces de subrayar lo especial del instante y la cercanía del objeto, premisas que eran muy innovadoras en aquel tiempo. Buscaban transformar el fotoperiodismo en arte.
La aparición de la agencia Magnum en 1947 fue una revolución en el mundo de la fotografía. Reunidos en el restaurante del ático del MoMA neoyorkino, Cartier-Bresson, Capa, David Seymor, George Rodger, María Eisner y Bill y Rita Vandivert, acordaron fundar la primera agencia en la que ellos, los propios fotógrafos, tendrían los derechos de sus fotografías, rompiendo la relación existente hasta entonces, según la cual las empresas compraban las fotos que encargaban, utilizándolas cuantas veces quisieran sin tener que pagar nada más. Cada uno aportó 400 dólares para dotar de un capital de arranque de la primera cooperativa de fotógrafos de la historial y luego brindaron por su nombre…”
Está muy bien. Bueno también es verdad que me suelen gustar las exposiciones de fotografía. Pero en este caso es que está dividida por autores y parece ser que en el mismo orden que ellos quisieron. Son muy curiosas algunas de ellas porque son temas muy variados, desde lugares geográficos muy concretos hasta el rodaje de una superproducción de Hollywood, pasando por hitos históricos o momentos cotidianos.
Suelen gustarme bastante las exposiciones de fotografías de la Fundación Canal. Son bastante interesantes. En este caso el montaje es de Enrique Bonet, y recrea un almacén de posguerra.
Las fotos las he tomado prestadas de la página web de la Fundación Canal, porque no dejan hacer fotos.
Apertura al público: 23 de octubre de 2013 al 19 de enero de 2014
ENTRADA LIBRE: Laborables y festivos: 11:00 - 20 h. / Miércoles: hasta las 15 horas.








viernes, 27 de diciembre de 2013

Los letreros de la Navidad: El muérdago



Me gustan las palabras y las frases y los letreros... Me gustan cuando nos clavan con unos alfileres invisibles a un tiempo. Cómo me ha pasado con este letrero.

"Tenemos muérdago".


 muérdago.
(Etim. disc.).
1. m. Planta parásita, siempre verde, de la familia de las Lorantáceas, que vive sobre los troncos y ramas de los árboles. Sus tallos se dividen desde la base en varios ramos, desparramados, ahorquillados, cilíndricos y divididos por nudos, armados de púas pequeñas. Sus hojas son lanceoladas, crasas y carnosas; sus flores, dioicas y de color amarillo, y el fruto una baya pequeña, traslúcida, de color blanco rosado, cuyo mesocarpio contiene una sustancia viscosa. 

La Real Academia da toda esta explicación del muérdago. Me gusta esta palabra sonora, rotunda. Una palabra navideña. Porque en cualquier otra estación no habría ese letrero en el escaparate de la floristeria. 

Porque efectivamente el muérdago nos lleva directos a la Navidad, y más que a la Navidad a la costumbre asociada a esta planta que viene también con éstos días: La costumbre de besarse bajo el muérdago.

"De ayer es la fecha..." cómo se suele decir. Porque los Druidas ya creían que esta hierba era sagrada y tenía propiedades curativas, la arterioesclerosis, la hipertensión e incluso la infertilidad se podía curar con ella. Según una antigua superstición, se colgaba sobre las cunas de los niños, para evitar que las hadas los robasen y los sustituyeran por otros. Hay leyendas que dicen que sus poderes mágicos provienen de que fue creado como un elemento que no era del cielo ni de la tierra, ya que sus raíces no tocan nunca la tierra, pero tampoco se sostiene por sí mismo en el aire. De ahí la costumbre de recogerlo sin permitir que caiga al suelo, y de colgarlo del techo.

Los escandinavos creían también que el muérdago era una planta de la paz por lo que las treguas con sus enemigos la declaraban bajo esta planta... De ahí a que creyeran que esta planta traería fertilidad, paz, amor... un paso. Y empezaron a colgarla a la entrada de sus casas.

Los primeros archivos de gente besándose bajo el muérdago datan de los Saturnales Griegos. El segundo registro es alrededor del siglo XVIII cuando los ingleses empezaron a colgar lo que tradicionalmente llamaban “bola para besar” (kissing ball), que consistía en una bola de muérdago con cintas y decoraciones, alrededor de las puertas y en la mesa del comedor. 

Esa tradición romántica se ha extendido internacionalmente, se supone que hace perdurar el amor.

Y ya lo veis también ha llegado aquí. 


 






jueves, 26 de diciembre de 2013

"La boda de Kate" de Marta Rivera de la Cruz




He vuelto a Ribanova. He vuelto a encontrarme con algunos de sus habitantes como Juan Sebastián Arroyo y lo que es mejor, he pasado unos días plácidos y agradables con las historias que ocurren en ese lugar húmedo de ninguna parte...

Sí supongo que algunos de los que me estáis leyendo sabréis a qué lugar me estoy refiriendo... Otros quizás no hayáis estado nunca. Pues os aconsejo que os perdáis unos días por allí, os sentiréis bien.
Por supuesto me estoy refiriendo al último libro de Marta Rivera de la Cruz. Y también el último que yo he leído. “La boda de Kate”. 

No me gusta el título, tengo que admitirlo. Y menos aún me gusta la carátula que han elegido para la portada. Creo que puede llevar a engaño. Muchos lectores pueden pensar que se trata de una historia rosa, almibarada. Porque sí, de amor es, pero de almibarada no se crean... No lo es en absoluto.

Me he leído muchos libros de esta autora. Me gusta su estilo sencillo, directo, pero al mismo tiempo profundo a la hora de abordar el interior de sus personajes. Me gusta cómo hace los retratos psicológicos de éstos. Me gusta mucho. 

Bueno el argumento de ésta última novela es el siguiente que copio de la página web del libro: “Después de que el inesperado éxito de las novelas de su fallecido tío Albert la hiciese heredar una pequeña fortuna, la reposada y sensata Kate Salomon vive una existencia plácida en la pequeña ciudad de Ribanova. Comparte con dos amigas una preciosa casa con jardín y tiene una pequeña librería donde recibe la ayuda de Ahmed, un muchacho pakistaní que vende rosas por las noches. Viuda desde hace tiempo, Kate está convencida de que la vida no puede reservarle demasiadas sorpresas. Pero el día de su 71 cumpleaños sucede algo totalmente inesperado: Forster Smith, el hombre al que rechazó tres veces y del que lleva enamorada toda la vida, se presenta ante su puerta con un ramos de rosas amarillas y una propuesta de matrimonio. 

A partir de entonces el día a día de Kate sufre un delicioso vuelco: hay que preparar una boda, escoger un vestido, un pastel… y organizar una fiesta, ayudada por sus dos amigas, Anna Livia y Shirley. Por supuesto, la boda de Kate despertará sentimientos encontrados entre el entusiasmo de Forster y su hijo David  y la codiciosa familia de Kate, que no ven con simpatía este matrimonio. Por si esto fuera poco, el editor de Albert Salomon, el adorable Jeffrey Ruskin, aparece en Ribanova con una noticias sensacional que puede dar un vuelco a muchas cosas.”

Cómo veis la historia no es lineal, sino que va saltando en el tiempo. Pues aunque se desarrolla en la actualidad, la autora vuelve hacia atrás en el tiempo para contar cómo hemos llegado hasta éste punto. Y esta forma de romper el tiempo añade más agilidad a la historia. Y por otra parte también salta de lugar geográfico donde ocurre la trama. Pues cómo os decía se desarrolla casi todo el tiempo en Ribanova, ese lugar inventado del norte, inspirado en Lugo, pero que no existe aunque se repite en varias de las novelas de esta autora. Pero, además de Ribanova, pasaremos por Brighton, Londres o Estados Unidos. Esto también ayuda a enriquecer la historia favoreciendo el ritmo. La autora rompe el espacio y el tiempo de forma acertada a la hora de narrar. Domina en la gestión de los tiempos de la trama.

Los personajes están muy bien perfilados. Gracias a las descripciones que nos hace la autora podemos incluso verlos caminar o moverse, atendiendo a los detalles, a los gestos. Y siempre hay alguno que se te hace entrañable.

Y el tema de la novela, para mí, es el triunfo del amor, con esa relación tardía que protagoniza Kate, y la importancia de las relaciones humanas. Es una novela muy positiva, deja un buen sabor de boca. Ah y por supuesto hay una especie de homenaje a las librerías de siempre, a los libreros, encarnados en esa librería de la novela que guarda una planta de abajo llena de libros únicos.

La verdad es que desde que hace años me leí “En tiempo de prodigios” sigo a esta autora. Me encantó en su día esa novela y ninguna de las que he leído después me han defraudado. Ésta última incluso me ha gustado más que la anterior. Que para mí la acción tardaba en entrar en la parte mejor de la novela.

Sin embargo en este caso me ha parecido una novela entretenida desde el principio. Sus personajes te atrapan y te embaucan para que quieras volver a ellos a pasar un buen rato con sus avatares. Es una historia agradable, entretenida y con un punto de misterio que te la hace más atractiva.

La aconsejo para pasar un buen rato.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Hoy es Navidad. Exposiciones de belenes


Hoy es Navidad.

Así que se me ha ocurrido que una de las mejores formas de felicitaros la Navidad es hablaros de una exposición que estuve viendo el otro día. Porque qué mejor día podía elegir para hablaros de belenes que un 25 de diciembre ¿No? El 25 de diciembre de 2013.


Pues sí. La exposición de la que vengo a hablaros es de la que hay en el Museo Africano Mundo Negro. 

Es el séptimo año que se puede visitar y cada vez reunen más pesebres en ella. Son Nacimientos llegados de América, África, Asia y Europa. Nacimientos que nos muestran los rasgos físicos de los habitantes, los animales, las características de lugares tan lejanos y diferentes como Uganda, Kencia, Ecuador, Chile, Grecia, Rusía... por poneros un ejemplo. En fín de muchos lugares de esos continentes que ya os he señalado. Y aunque tienen un mismo tema, el nacimiento del niño Jesús, como imaginaréis cada uno es completamente distinto del anterior. 





De ahí la riqueza de esta exposición. Creo que tienen 280 Nacimientos ¡280! casi nada ¿verdad?



Os la recomiendo. Es gratuita y no hay mucha gente, lo cual ahora es todo un lujo.



Fechas de la exposición
  • Del 7 de diciembre 2013 al 7 de enero 2014
  • CERRADO: 25 de diciembre y 1 de enero

¡¡Feliz Navidad!! a todos.



lunes, 23 de diciembre de 2013

De las frases del día de la Lotería de Navidad



Ayer fue el día de la lotería de Navidad, el 22 de diciembre.
Y hoy, que ya ha pasado la efervescencia de los números y la mayoría de nosotros seguimos como estábamos el día 21 de diciembre, he pensado que podríamos detenernos un momento a reparar en esas frases que tanto hemos oído desde pequeños en un día como este.
¿Quién no ha escuchado aquello de “A ver si nos toca un pellizquito. Hemos crecido atentos a ese “pellizquito” con muchos ceros. ¿Verdad?  O ¿Quién no ha oído la consabida frase de “... nos vendrá muy bien para tapar agujeros? Ésta es la frase estrella de éste día.
“Tapar agujeros” qué frase hecha tan típica, tan manoseada. Y lo rápido que nos sale y lo bien que nos entiende el otro. Es el comodín de las frases hechas.
Y cuando ya ha pasado el 22 pensamos que no era el día de la lotería, así que era “el día de la salud”. Otra frasecita… El que no se consuela es porque no quiere.
 
Aunque a mí la que más me sigue gustando es la que tantas veces le escuché a mi abuelo:
“No hay mejor lotería que el trabajo y la economía”.
 
No es la primera vez que hablamos de estas frases hechas propias de las navidades. Por si queréis repasar  las de otras veces aquí os dejo el enlace:

sábado, 21 de diciembre de 2013

Hoy hemos entrado en el invierno. De la mano de Gloria Fuertes



Invierno

Con montones de nieve hice el contorno de tus letras
edifiqué tu nombre en la altura;
luego salió el sol
y deshizo tu nombre conviertiéndolo en agua.
Acabo de beber tu nombre en el único charco.
Tu nombre me persigue
inquilino en mi sombra;
desapareceré
y él estará a mi lado.


Gloria Fuertes

martes, 17 de diciembre de 2013

Placas de escritores: Rubén Darío y Ramón Campoamor


El envidiado Cánovas del Castillo  
Ramón de Campoamor recibió en cierta ocasión una invitación para acudir a comer a casa de, el entonces presidente del Gobierno español, Antonio Cánovas del Castillo.
El poeta no podía asistir y para excusarse le envió una nota de disculpa al anfitrión que finalizaba de la siguiente manera:
«Recuerdos a don Antonio, a quienes unos envidian el talento, otros la casa y todos la mujer»





Hoy os traigo otro grupito de placas de escritores que he ido encontrando a mi paso por Madrid.  Hoy le dedicamos a la entrada a los poetas.

En la calle Serrano casi llegando a la plaza de Colón encontramos una placa que nos cuenta donde vivió el poeta Rubén Dario. 

Viajó a Madrid en el año 1892, para el 400 aniversario del descubrimiento de América, como delegado del gobierno de Nicaragua.En 1898 regresa otra vez como corresponsal del diario La Nación. Por entonces alternaría su residencia entre París y Madrid, y aquí, en 1900 conoce a Francisca Sánchez, una mujer campesina, con la que tuvo un hijo y con quién vivió hasta el final de sus días.



Caminando todavía por esa zona de Madrid de aledaños a la calle Serrano. Encontramos otra placa, la de Ramón Campoamor.

El poeta había nacido en Navia en 1817. En el año 1854 se traslada a Madrid con su mujer. Durante toda su vida fue alternando su vocación por la poesía con la política, tenía mucho fervor por Isabel II, y la monarquía. En 1861 es designado como miembro de la Real Academia de la Lengua Española, ocupando el sillón E.

En otra entrada, en la que hice del cementerio de San Justo de Madrid por la festividad de Todos los Santos, os dejé con una foto de su tumba. Murió en Madrid en 1901.

http://rociodiazgomez.blogspot.com.es/2013/11/puente-de-todos-los-santos-panteon-de.html





lunes, 16 de diciembre de 2013

Escritores maniáticos.- Artículo de Victor Montoya



Hoy os dejo con otro de esos artículos sobre las manías de los escritores...

Escritores maniáticos

•  Por: Víctor Montoya - Escritor



Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Anthony Burgess y Marcel Proust


Los escritores tienen manías que arrastran a lo largo de la vida, desde el instante en que son una suerte de náufragos que viven recluidos en una isla a lo Robinson Crusoe. El mismo acto de la escritura es, por antonomasia, una manía de solitarios, en cuyo trance nadie puede echarles una mano ni soplarles al oído lo que deben o tienen que escribir.

Las manías de los escritores son tan diversas como las de todos los mortales. He aquí algunos ejemplos: los escritores como Vargas Llosa se parecen a los peones que, una vez aseados y encerrados en el escritorio, se entregan a merced de su imaginación desde las primeras horas de la mañana, sin permitir que nada ni nadie los interrumpa en el instante de la inspiración; ese misterioso soplo que a uno lo toca en el proceso de la creación.

Otros no soportan cambiar de bolígrafo o color de tinta, como José Miguel Ullán y Tom Sharpe, quienes, además de usar estilográficas baratas, escriben primero a pulso y luego a máquina. Cortázar casi siempre leía los libros sorbiendo mate del poro y con un bolígrafo en la mano, para anotar comentarios al margen de las páginas, subrayando algunos párrafos hasta la extenuación o, simplemente, corrigiendo las erratas que en algunas ediciones se esconden como alimañas entre renglón y renglón. Faulkner escribía siempre sobre papel azul, Goethe lo hacía sentado en un caballito de madera, Dostoievski caminando por la habitación, Günter Grass con una estilográfica Montblanc y en un rincón de su estudio de pintura.

Si Ernest Hemingway escribía de pie, Graham Greene escribía con lápiz, en tanto Anthony Burgess escribía aproximadamente 300 palabras diarias y, como la mayoría de los escritores contemporáneos, usaba un miniordenador para producir y reproducir sus textos, aunque estaba convencido de que el ordenador sólo servía para escribir cartas a los amigos y no para crear textos literarios.

Algunos tienen la misma manía que García Márquez, quien, antes de que en su oficio irrumpiera el ordenador, utilizaba una máquina eléctrica de la misma marca y con el mismo tipo de letra; un papel blanco, de 36 gramos y tamaño carta. Alguna vez confesó también que no escribía mientras no tenía en el cuarto una temperatura de 30 grados y un ramillete de rosas amarillas en el florero, por esa vieja superstición de que las flores amarillas le traían suerte en el instante de describir a personajes encerrados en sí mismos, conversando con su propia soledad y creciendo como las raíces del chinchayote, a la manera de Rulfo, Pessoa y Onetti.

No se deben olvidar las manías de los autores que escriben en medio de un desorden organizado, a cualquier hora del día y en cualquier lugar; en el bar, la calle, el comedor y hasta en el baño, y no necesariamente en un cuadernillo sino sobre una tira de papel higiénico, la factura del restaurante, una cajetilla de cigarrillos o, simple y llanamente, en el borde de un periódico o revista.

Así, pues, las manías de los escritores, como todo lo demás en la vida, son tan variadas como las obras literarias y las manías de los mismos lectores.

Entre la variada gama de escritores que ostentan diversas manías, yo me identifico con quienes tienen la manía de escribir en la cama, pues es el único espacio, de dos metros por dos, que el individuo habita por completo y donde saca a traslucir su estado más natural, aparte de que es un mueble indispensable donde comienza y termina el ciclo de la vida. No en vano Vicente Aleixandre, Marcel Proust y Juan Carlos Onetti cerraron el ciclo de su creación literaria en la cama. Tampoco se puede negar que Don Quijote -como su creador- pergeñó sus aventuras en la cama, que Miguel de Unamuno y Valle-Inclán recibían a sus amigos en la cama, o que Oscar Wilde escribió sus mejores obras en posición horizontal, al igual que Marcel Proust, quien reposaba hasta pasado el mediodía, escribiendo y corrigiendo sus manuscritos. Por eso la cama de Proust, en la cual pasó las tres cuartas partes de su vida, estaba siempre distendida, salpicada de folios y hojas sueltas que delataban su caligrafía menuda. Pasaba más tiempo en la cama que en el escritorio, ordenando sus asuntos y peleando con la máquina para terminar una crónica sin firma, en medio de un silencio que le era necesario para escribir lejos del ruido mundano y a espaldas del tiempo.

Las camas y recámaras, en todas las épocas, han tenido su debida importancia. En 1620, la marquesa de Rambouillet convirtió su recámara en un salón literario, donde reunía a sus amigos en célebres tertulias. En México, Frida Kahlo pintó algunos de sus autorretratos más célebres postrada en la cama, mirándose en el espejo empotrado en el techo de su recámara. Por cuanto la cama no sólo sirve para retozar y dormir, sino también para nacer, crear, amar y morir, tal cual reza el proverbio: "En la cama duerme el Rey y duerme el Papa, porque de dormir nadie se escapa".

Por lo que a mí respecta, y sin el menor rubor en la cara, debo confesar que durante mucho tiempo tuve la manía de escribir en la cama. A veces, entre el sueño y la creación literaria, me asaltaba la extraña sensación de parecerme a un sultán, aunque no estaba rodeado de mujeres adornadas con joyas ni velos, sino apenas de almohadas que relajaban la tensión de mi cuerpo. Por las mañanas, al incorporarme en la cama, pegaba un salto hacia la silla del escritorio, y lo primero que hacía era coger mi pipa, llenarla con tabaco, llevármela a la boca y encenderla para que la fragancia del humo revoloteara entre las paredes del escritorio, que a la vez hacía de dormitorio. A un lado de la cama estaba el estante rojo empotrado en la pared, con los libros al alcance de la mano; y, al otro, el escritorio negro sobre el cual tenía el Pequeño Larousse y el Diccionario de la Real Academia Española, un papel a medio escribir metido en el rodillo de la máquina y un ordenador en cuya pantalla se reflejaban los movimientos más ridículos que ejecutaba en la cama.

De modo que escribir en la cama es también una manía que forma parte de la conducta personal de algunos escritores, quizás un vicio secreto sobre el cual todos prefieren callar, por temor a perder el pudor y la amistad, o quedarse definitivamente anclados en el aislamiento y la soledad que, al fin y al cabo, es la única y mejor compañera de quienes tienen la manía de escribir.

Oscar Wilde es uno de los que tenía la manía de escribir en su cama

Frida Kahlo tenía la manía de pintar en su cama

Existen numerosos escritores con distintas manías

Se dice que la manía de Hemingway era escribir de pie

domingo, 15 de diciembre de 2013

"El aula 19" de Federico Axat



Noviembre 5 de 1993
Fragmento televisivo
Twin Pines es testigo de una tragedia sin precedentes. Hace instantes, portavoces de la policía han dado a conocer la terrible noticia que confirma que los catorce niños del cuarto grado B de la escuela Woodward han perdido la vida en un misterioso episodio.
El infortunado hallazgo se produjo alrededor de las once de la maaana cuando uan de las maestras, cuya identidad no se ha dado a conocer, abrió la puerta del aula 19 y se encontró con el inesperado espectáculo. Según ha trascendido, los cuerpos de los niños presentaban un estado de…
 
El último libro que he leído ha sido “Aula 19” de Federico Axat. De este autor yo me había leído “El pantano de las mariposas” que me había encantado. Vuelvo a su novela y me encuentro con un registro muy diferente. “Aula 19” es una novela de suspense, no tiene nada que ver con la anterior que me había leído, sin embargo también me ha gustado bastante. Me ha tenido ahí pillada por la trama, muy entretenida, hasta que la he terminado.
El argumento: Diez años antes en un colegio, exactamente en el aula 19, 14 niños murieron en circunstancias que aún no se han esclarecido. En el décimo aniversario, de noche, cinco personas que aparentemente no tienen nada en común terminan encerrados en ese mismo colegio…
Los personajes yo creo que están bastante bien perfilados. Son cinco: Paul Farris, periodista que investigó en su día el caso y que está hundido mentalmente por sus circunstancias actuales. Kathleen Blake, directora actual del colegio y maestra cuando ocurrió el fatídico asesinato, que tampoco está atravesando un buen momento. Ally Brown, prostituta. Michael Baines, discapacitado intelectual que ayuda en la biblioteca del colegio y Judd Wilson, el conserje de personalidad oscura y obsesiva.
En cuanto al tratamiento del tiempo en la novela, el autor rompe la linealidad constantemente, yendo al pasado para explicar la historia del Colegio, de cada personaje y por tanto que el lector sepa cómo hemos llegado allí. Y lo va alternando con los hechos del presente que te tienen en tensión. Eso hace la lectura mucho más ágil, más entretenida.
 
Además combina diversos tipos de registro literario: diarios, noticias, narradores… Todo se confabula para que el lector esté atento. Me gusta mucho la forma de contar de este autor. A menudo se nos cuelan palabras en argentino que delatan su origen como “recién” o “chance” que a mí personalmente me gusta porque me da la sensación de la lectura se enriquece con los distintos vocabularios. Quizás a otros lectores no les guste, esto ya es muy personal.
 
Y para rematar sabe inventar un final impredecible...
 
 
 
Os dejo para terminar con el enlace al blog del autor. No escribe mucho en él, pero es una curiosidad por si os apetece echarle un vistazo:
 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Las casas de Juan Ramón Jiménez en Madrid



 ...Acabó forrando de esparto y arpillera las paredes de la habitación en la que trabajaba, y cuando su "pared muda", como él la llamaba, resultaba insuficiente, se ponía además tapones de cera en los oídos. ..."
Juan Ramón  y el ruido
Jesús Marchamalo- 39 escritores y medio
 Ya sabéis que en este blog nos gusta seguir el rastro a los escritores. Qué le vamos a hacer…  somos así de ¿friquis?
Y si además se puede seguir su rastro por Madrid, pues ya ¿Para qué queremos más?
Hoy vamos a hablar del rastro por Madrid de Juan Ramón Jiménez. Sí, nuestro premio nobel de literatura. Ya hemos hablado de él en otras ocasiones en el blog, cuando estuvimos en su casa de Moguer.
Pues bien hoy vamos a hacer una paradita en las casas en las que vivió en Madrid. Sí en las casas he dicho. Porque Juan Ramón tenía verdadera fobia al ruido. Y por eso cambió de casa en varias ocasiones en busca de la insonorización total. Con lo difícil que es eso… Vamos a hacer un pequeño itinerario literario por su vida madrileña.
En el año 1916 Juan Ramón vuelve a España recién casado con Zenobia. Se habían casado en Nueva York. Desde julio de este año hasta agosto de 1919 vivieron en el núm. 16 de la calle Conde de Aranda. Donde el escritor había vivido ya con el doctor Simarro. Mientras la preparan para mudarse estaban viviendo en la Residencia de Estudiantes.
Juan Ramón se recluye en esta casa alejado de la vida social, solo centrado en su actividad literaria. Parece ser que Zenobia se adaptaba tanto a sus circunstancias que incluso andaba de puntillas por la casa. Pobre Zenobia… Y aquí también en 1919 recibió la visita de Federico García Lorca.
Después, a partir de 1920, vuelven a mudarse también por el ruido. Primero se trasladan a la calle Lista, 8. Aquí tenían un piano que se conserva en el Museo Romántico de Madrid. 

Parece ser que por culpa de una pianola que tenían en el piso de abajo se vuelven a mudar a la calle Velázquez 96, a la que llamó “la casa del corazón”. Al entresuelo.
Y en mayo de 1930 se instalan en una nueva casa en la calle Padilla 38. Parece ser que esta casa era más alegre y ventilada que la anterior. Estaba muy cerca del Sanatorio del Rosario, que a Juan Ramón le gustaba mucho. Alberti hablaba de lo alejada que estaba la estancia en la que el escritor escribía del resto de la casa. Aún así parece que hasta le molestaba el alboroto al caer la tarde de los gorriones de los jardines del Sanatorio...

En esta casa hay una placa que se colocó en tiempos de Enrique Tierno Galván por el primer centenario del escritor. Tiene una inscripción con una frase de Juan Ramón sobre Madrid “El Madrid reciente. Blanco mayor, verdoso, amarillento, se dilata en recamado hervor, en recta ansia”.
En agosto de 1936 el matrimonio abandona España.
Fuentes:
“Guía de Madrid de Juan Ramón Jiménez” de Rocío Fernández Berrocal.
"39 escritores y medio" de Jesús Marchamalo y Damián Flores
Las fotos de esta entrada son de esas casas en la actualidad. Las he hecho yo. Solo hay placa del paso del escritor en dos de ellas: en la de Lista, 8 que ahora es la calle Ortega y Gasset. Y en la de Padilla, 38.

lunes, 9 de diciembre de 2013

"Raúl, el Superhéroe Mutante" - Síndrome de Dravet



Hoy también vengo a hablaros de un libro. Pero en este caso se trata de uno muy especial.
En concreto de trata de un cuento titulado: “Raúl el superhéroe mutante”.
Es un cuento escrito por Antonio de Benito y con ilustraciones de Rodrigo Díaz Sayas donde habla de un niño llamado Raúl, un superhéroe gracias a una pulsera morada que encuentra.
Lo cierto es que yo conozco al verdadero Raúl, el que ha inspirado este cuento. Es el primer hijo de unos amigos míos.
El verdadero Raúl es un niño con ocho años y unos ojos enormes. Un niño al que le gustan las marionetas de Pinocho y los ratoncitos del tren que han puesto en la plaza de Felipe II de Madrid. Un niño que te coge de la mano y clava esos ojazos en ti con una seriedad aplastante para preguntarte una y otra vez “por qué esto o por qué lo otro”. Un niño logroñés que padece el síndrome de Dravet.
Este síndrome es una enfermedad rara que se caracteriza por una epilepsia muy severa que afecta al desarrollo ciclomotor y cognitivo del niño. No tiene cura. Y éste cuento está destinado a recaudar fondos contra esa enfermedad rara, y a concienciar sobre la necesidad de que haya más fondos que se dediquen a la investigación en éste terreno.
La pulsera del cuento es el emblema de la Fundación que han creado algunos padres. 
"Raúl es un niño afectado de Síndrome de Dravet que se encuentra jugando en el parque con su hermano David cuando en el suelo aparece una misteriosa pulsera morada. Sus papás, su hermano, toda su familia, su profesora, sus compañeros de colegio... serán testigos de cómo la magia e ilusión hacen de las personas unos superhéroes."
Pocos billetes de 5 euros estarán mejor gastados.

domingo, 8 de diciembre de 2013

La Residencia de señoritas de María de Maeztu



El 11 de abril de éste año, dedicábamos una entrada a la Residencia de Señoritas de María de Maeztu. Lo hacíamos a propósito de las placas que encontrábamos a nuestro paso en la calle Miguel Angel esquina con General Martínez Campos en Madrid.


Ya entonces contábamos la historia de este edificio y de paso la de la Residencia de Señoritas. 

Hoy os quería dejar con el otro lado del edificio. Me gustó mucho con ese jardín tan agradable. 

Pero permitidme que os vuelva a copiar lo que os contaba entonces, porque a mí me parece interesante. Y está bien repasarlo...



El grupo femenino de la Residencia de Estudiantes, se llamó Residencia de Señoritas, porque entonces la palabra "señorita" era un término de cortesía aplicado a la mujer soltera que ya hoy no se utiliza mucho. Fue creado por la Junta de Ampliación de Estudios para facilitar el acceso de las españolas a los estudios medios y universitarios y crear unas señoritas cultivadas. 

Era una idea muy innovadora. Era una apertura total para las mujeres de clase media. Aprovechando el traslado de la Residencia de Estudiantes a lo que se llamaba entonces los Altos del Hipódromo, la Residencia de Señoritas ocupó inicialmente los hotelitos de la calle Fortuny que habían cobijado a los estudiantes varones antes de su traslado a los edificios de la calle Pinar. Y para conducir la Residencia se eligió a María de Maeztu, un espíritu reformista.

  María de Maeztu Whitney (1881-1948) que según palabras propias del año 1925: "Soy feminista. Me avergonzaría de no serlo porque creo que toda mujer que piensa debe sentir el deseo de colaborar como persona en la obra total de la cultura". Pertenecía a la Institución Libre de Enseñanza y fue alumna de Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset.

Era rubia, menuda, nerviosa, y dicen que se expresaban con tan locuacidad que a veces era imposible seguirla. Dicen también que vestía de cualquier manera, sin ninguna coquetería, siempre con un abrigo y un sombrerito en la nuca al que Lorca le dedicó con mucho cariño, pues eran muy amigos, una copla.

Aquí se albergaban mujeres mayores de 16 años que pudieran hacer estudios universitarios o no. En la Residencia de Estudiantes sí que eran universitarios. Pero aquí se admitian a mujeres que quisieran ingresar en Facultades Universitarias, en la Escuela Superior de Magisterio, en el Conservatorio Nacional de Música, en la Escuela Normal, en la Escuela del Hogar o en otros estudios. Y otra diferencia con la Residencia de Estudiantes es que en este caso la mayoría de las mujeres procedían de clases medias, mientras que los varones procedían de familias más acomodadas.

 Las residentas estaban en contacto con profesores, escritores, artistas nacionales y extranjeros, que daban conferencias, realizándose toda clase de intercambios culturales, en tertulias, lecturas comentadas, representaciones, conciertos, visitas a museos, excursiones a ciudades y pueblos. La Residencia de Señoritas tuvo gran significación para la cultura femenina española. María de Maeztu, con su prestigio personal y cultural, mantenía el espíritu de la Residencia, en un ambiente grato y atractivo para las universitarias y los visitantes vinculados y residentes, como Marie Curie. Asiduos contertulios fueron Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Eugenio Montes, Menéndez Pidal, Marañón, Juan Ramón, Azorín, Pancho Cossío, Jorge Zalamea, Pedro Salinas, Vicente Huidobro, F. García Lorca...

La Residencia de Señoritas estaba prácticamente vacía cuando se inició la Guerra Civil en 1936 debido al parón vacacional.

la Residencia de Señoritas quedó desde este momento en una situación inestable y cambiante. Sus edificios se utilizaron como hospital de reposo, alojamiento para niños tuberculosos y huérfanas del Ministerio de Hacienda, como enfermería y laboratorio de farmacia, como escuela de capacitación de las Juventudes Socialistas Unidas, como alberge de familias sin hogar, como sede del Batallón antigás y, finalmente, como escuela de puericultura.

Al finalizar la guerra la Residencia de Señoritas se convierte en Colegio Mayor Santa Teresa de Cepeda bajo la dirección de Matilde Marquina, inicio de una etapa pedagógica que, al pesar de aquellas antiguas alumnas de la institución que regresaron tras la guerra (Eulalia Lapresta, entre ellas), ya nada tendría que ver con la predecesora. Sin embargo, esta presencia resultó decisiva para la conservación del legado de María de Maeztu y del archivo de la Residencia de Señoritas, que Lapresta ocultó en un baúl que finalmente fue olvidado en los sótanos del edificio Arniches cuando el colegio mayor se trasladó a la ciudad universitaria. Allí lo encontró Alicia Moreno, alumna de Vicente Caho Viu y, desde entonces, el archivo propiedad de la Universidad Complutense se conserva al cuidado de la Fundación Ortega y Gasset que ocupa sus dependencias desde finales de los años ochenta. 

 

viernes, 6 de diciembre de 2013

Tiendas antiguas... por Madrid



Hoy os dejo otra entrada de nombres de tiendas. Peeero en ésta ocasión nos vamos a fijar en ellos por dos cuestiones. 

Son fotografías de tiendas de Madrid, sí. Pero que tienen en común que lucen escaparates que gritan unos cuántos años en su haber.

Cómo veréis la estética de esos escaparates es bastante similar. Parecen datar más o menos del mismo tiempo a juzgar por ella.

Pero por otra parte, y ésto que casi es lo que más nos interesa a nosotros, es que no tienen nombres demasiado elaborados. La fotografía de arriba al menos tiene un nombre "La Duquesita", es de una pastelería que hay por la zona de Alonso Martínez. Es preciosa ¿verdad? muy elegante.

Sin embargo en las restantes fotografías vemos que tampoco es que hayan pensado mucho para buscarles un nombres a esos establecimientos: "El Bebé". "Fábrica de churros..." o el apellido del dueño o fundador del negocio "Fontanero Cuellas".

¿Antes no se prestaba tanta atención al nombre del establecimiento? ¿O es una casualidad que se da justo en éstos casos? Me vienen a la cabeza estas preguntas. Mientras me pregunto cuántos años tendrán estos establecimientos. En los tiempos que estamos, una suerte que sigan en pie.





martes, 3 de diciembre de 2013

De las Cajas de Pandora...



La otra tarde en la tertulia llegó una compañera y me dijo:

- Rocío ¿Quieres una Caja de Pandora?

- Claro...

No cabe otra respuesta ante lo singular de ese ofrecimiento.

Hay algo especial en cada día. Hay "algo" o "algos"... por supuesto. Pero desde luego un "algo" de esa tarde fue el regalo de una Caja de Pandora.

Un "algo" muy mucho.

GRACIAS Cinta.





El mito de Pandora 
Para vengarse de Prometeo por esta segunda ofensa, Zeus ordenó a Hefesto que creara la primera mujer de la tierra. 

Hefesto modeló con arcilla una bellísima mujer que se llamó Pandora. Cuando Zeus le infundió vida la belleza de Pandora impresionó a todos los dioses del Olimpo y cada dios le fue concediendo una cosa. Atenea la dotó de sabiduría, Hermes de elocuencia y Apolo de dotes para la música. El regalo de Zeus consistió en una hermosa caja, que se suponía contenía tesoros para Prometeo, pero le dijo a Pandora que la caja no podía abrirse bajo ningún concepto, lo que Pandora prometió a pesar de su curiosidad.

Pandora y su caja fueron ofrecidos a Prometeo, pero este no se fiaba de Zeus y no quiso aceptar los regalos. Para que Zeus no se ofendiera Prometeo entregó ambos regalos a su hermano Epimeteo y le dijo que guardara bien la llave de la caja para que nadie pudiera abrirla. Cuando Epimeteo conoció a Pandora se enamoró locamente y se casó con ella, aceptando la caja como dote.

Un día Pandora, que era muy curiosa, no pudo aguantar más, le quitó la llave a Epimeteo y abrió la caja, de la que salieron cosas horribles para los seres humanos como enfermedades, guerras, terremotos, dolor, hambre y otras muchas calamidades.

Al darse cuenta de lo que había hecho, Pandora intentó cerrar la caja, pero sólo consiguió retener dentro la esperanza que, desde entonces, ayuda a todos los hombres a soportar los males que se extendieron por toda la tierra.