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domingo, 3 de marzo de 2019

"La caseta del telégrafo" en Tenerife





Cuando nos íbamos de viaje, nos gustaba dejarnos llevar por señales que salían a nuestro encuentro y no teníamos anotadas en nuestros itinerarios. Señales azarosas y llenas de misterio que abrían una puerta ante la que nuestra curiosidad no podía hacer otra cosa que aventurarse. 

Al fin y al cabo un viaje es una aventura.

“La caseta del telégrafo” decía aquella señal en la rotonda camino del Faro de Punta de Teno, en Tenerife. 

Como las circunstancias quisieron que nos costara tres viajes llegar hasta aquel faro, tres veces nos salió al paso la señal en nuestro camino indicándonos “la caseta del telégrafo”.

¿Qué telégrafo? ¿Qué caseta? Pero tres veces ya eran muchas para ignorarlo.

No tuvimos más remedio que ir en su busca. Cuando falló el sentido común y el google maps, recurrimos a aquel paisano amabilísimo que quiso que visitáramos todas las excelencias de un pueblecito que a primera vista tenía bien poco que ofrecer. Pero que luego nos regaló un pedazo de la historia y una pequeña biblioteca de esas que me gustan a mí. 



Por el momento nos encaminábamos a la tan anunciada Caseta del Telégrafo. Caseta que, por fin, en la orilla del mar nos esperaba impoluta por fuera e inaccesible por dentro. 

Para rastrear su historia sólo teníamos que retroceder hasta el año 1883. ¡Solo! Cuando se comunicaron las islas de Tenerife con la Isla de La Palma mediante la instalación de un cable submarino. Vaya si la caseta tenía historia. El amarre se llevó a cabo en el pueblecito de Los Silos, y en lo alto del acantilado de la pequeña playa de Agua Dulce. Fue el primer cable que se ponía en el océano Atlántico. El primero.

Después el tendido del cable se extendería hasta Cádiz. El 6 de diciembre de 1883 se envió un telegrama conmemorativo. Poco a poco se fueron uniendo el resto de las Islas Canarias por cable y quedó la línea abierta al servicio el 12 de febrero de 1885.

Tenerife al incorporarse a las comunicaciones empezó a recibir mucho turismo británico. Y las costumbres tinerfeñas se abrieron más.




Todavía se conserva la caseta para recordarnos la historia. Se restauró en el año 2001 porque ya estaba muy deteriorada.

Qué descubrimiento. Qué oportuna la señal. Y qué bien hicimos siguiendo su indicación. 

Viajar con mayúsculas es dejarse guiar por las señales azarosas, seguir nuestro instinto y descubrir.



#La caseta del telégrafo
#Los Silos
#Tenerife

jueves, 21 de febrero de 2019

Los nombres de las tiendas. Tenerife. El Médano

En el Medano. Febrero 2019


Nuestra colección de nombres curiosos de tiendas se quejó de que el blog no le hacía caso. 

Menuda pataleta montó para hacerse escuchar. Amenazaba con descolocar todas las fotos de la colección, eliminar entradas, arrasar con la etiqueta entera de "Nombres" y "Letreros".

Así que el blog se ha puesto nerviosito y me ha llamado al orden.  

Y envuelta en esta espiral de nervios y prisas, he recuperado dos fotos de nombres de tiendas que llevaba días queriendo traer. 

Tema: El Mar 

Lugar de origen: El Médano (Tenerife). 

Espero que os gusten porque son curiosas y muy marítimas, y le van fenomenal a un lugar como El Médano, con tanto encanto y tanto atractivo para los amantes del mar o de los deportes acuáticos.

"Calmachicha" se llama la tienda de la foto que encabeza la entrada.

He buscado el origen de esta expresión "Calma chicha". Intuía que procedería del lenguaje marinero y en la página de Rinconete del Instituto Cervantes he encontrado un artículo de Arturo Ortega Morán que precisamente se titula así y donde dice:

"Pudo ser que, algún día del siglo XVIII, en uno de tantos viajes a través del mar, el viento cesó y el barco se detuvo. El calor y la quietud desesperante, hicieron exclamar a un marinero de origen francés algo así como «¡esto es una calma chiche!». En francés, chiche significa «avaro», de modo que la expresión podría traducirse como «¡esto es una calma avara!», esto, por no ceder ni un ápice de viento. La expresión debió gustar a los marineros españoles; hacía tiempo que la palabra «calma» había perdido su dureza y necesitaban una nueva forma de echar en cara a la naturaleza su «avaricia».

Al acomodarse a la fonética castellana, se dijo «calma chicha» para nombrar a esos momentos en que la ausencia de viento hacia desesperar a los marineros. Sería cuestión de tiempo para que, coloquialmente, se usara para referirse a cualquier situación de quietud desesperante."

Calma chicha
Por Arturo Ortega Morán
 
 


"No hay mar que por bien no venga" se llama la tienda de la foto con la que termina la entrada. Donde han jugado con el refrán "No hay mal que por bien no venga", y se lo han llevado a su terreno marítimo, muy ocurrentes.



En el Médano. Febrero 2019
#Nombres de las tiendas
#Letreros
#El Médano
#Tenerife

viernes, 15 de febrero de 2019

Los faros de Tenerife. Una visita obligada.


Faro de Punta de Teno. Tenerife 2019

 Nosotros queríamos traernos un faro. 
O dos, o tres... o los que fueran, no le voy a engañar. El caso era: traernos un faro.
Los faros nunca sobran y alumbran mucho. Además, que no son pocas las ocasiones que necesitamos que nos indiquen por dónde tirar, que a veces nos sentimos un poco perdidos.
Y la verdad, que cuando se trata de faros no tenemos medida ¿sabe? 

Así que nos dedicamos a rodear la isla, sí Tenerife, para elegir el nuestro. Porque Tenerife tiene siete ¿sabe? Una maravilla.

El caso es que cuando te pones a llevarte un faro pues vas mirando todo, ya sabe, que no es cuestión de llevarse el primero que veas. Miras su estética, miras su ubicación, sus vistas, en fin, todas sus prestaciones. No se equivoque, que todos los faros no son iguales, ni mucho menos. Y nosotros queríamos llevarnos uno del que nos sintiéramos muy orgullosos. Que nos tenía que durar para toda la vida.

Del primero que vimos, el Faro de Buenavista, nos gustó el paraje en el que estaba. Lo podías divisar a lo lejos y desde lo alto. Eso decía mucho en su favor. En la lejanía reinaba en medio de un paraje casi llano y absolutamente despejado, nada le hacía sombra, un placer para la vista. Por otra parte para llegar hasta su base tenías que ir atravesando muchas plataneras, eso nos gustaba, que el platano de Canarias, oiga, no es cualquier cosa, pequeñito pero bien rico. Pero cuando llegamos hasta él pues hombre, te sorprendes al encontrar este faro tan moderno. Tiene una escalera que va subiendo en espiral hasta arriba, hasta la luminaria. Lo miramos de lejos, lo miramos de cerca, y no es que no nos gustara, entiéndame, pero es que era tan parecido a un sacacorchos, que no acababa de llenarnos tanto, tanto como para llevárnoslo, la verdad. Así que le tiramos un beso y seguimos buscando.

Faro de Buenavista. Tenerife 2019


El siguiente que vimos, fue el Faro del Puerto de la Cruz. Mire si le soy sincera, a mí el Puerto siempre me ha gustado mucho. Tiene su playa de arenas negras, su barrio de los pescadores, su litoral. Es un lugar muy agradable para pasear, para estar, mucho. Al Puerto de la Cruz hay que ir, si usted va a Tenerife, hay que ir sí o sí. Pero el lugar donde está su faro, pues no sé, un poco desangelado nos pareció. Ni está sobre rocas, ni tiene un litoral de postal, la verdad. Está muy cerca de un aparcamiento, no le voy a engañar. Y si nos pareció moderno el de Buenavista, éste ya ni le cuento. Es bastante singular, por decirlo suavemente. Y también es cierto que es un faro jovenzuelo, y tiene poca experiencia, y quizá por eso sea un poco más atrevido. No sé, pero sinceramente, pues que nosotros somos más tradicionales, y claro tan, tan moderno nos chocaba. Así que le agradecimos el día soleado, y le dijimos hasta pronto con otro beso. Porque volveremos eso sí que se lo digo.

Faro del Puerto de la Cruz. Tenerife 2019


El tercero que visitamos, menudo fracaso. Oiga que ni le vimos. Y no será porque no le buscamos... Me estoy refiriendo al Faro de Punta de Rasca. Fuimos hasta el sur en su busca. Y según el google maps, estábamos cerca. Pero ya podía decir el google, que no había forma de llegar. Todas las indicaciones terminaban en caminos privados, vallados, o por dónde fuera por lo que fuera no se podía acceder. Así que cómo para llevárnoslo. Que está muy bien que los faros estén sobre parajes abruptos y acantilados, pero que se dejen ver ¿no le parece? Porque si un faro no se deja ver, mal vamos, perdone que le diga. Que sí, que lo comprendo, que los que le tienen que ver no vienen de tierra adentro, pero oiga, si es un faro, es un faro. No fastidie. En fin, que no voy a discutir porque cada uno se pone donde quiera o donde le dejan. Pero el caso es que un fracaso encontrarle. Así que ni beso.


Al siguiente faro llegamos volando. Literalmente volando. Y nos gustaba, vaya si nos gustaba. Era un faro pinturero, sabe. Muy bien situado cerca de un pueblecito pesquero, pero al final de su consabido camino que llega al Faro. Además se dejaba ver a lo lejos y estaba en lo alto de los acantilados bajo el cual rompian las olas. Hasta tenía la singularidad de tener un pueblo fantasma cerca. Vamos que no le faltaba detalle. Bien es verdad. Y más mono que era... Ahí quietecito, y vestido con sus franjas de toda la vida. Le juro que nos lo hubiéramos llevado. Pero es que estaba envuelto en tanto viento... Pero en tanto viento... Que la verdad ¿Y si se volaba? Después de traernoslo ¿si se volaba? Nos hubiera partido el alma. Y que no esta bien, oiga. Llevárselo, desarraigarle, para que luego se nos pierda, pues qué quiere que le diga, no está bien. Así que con todo el dolor de nuestro  corazón, allí que le dejamos también. En medio de esa ventolera. Y por supuesto que también le tiramos un beso. Pero también salió volando. No le digo más. Ah que no le he dicho su nombre, el Faro de Abona, uno de los más antiguos, pero un primor de faro. 

Faro de Abona. Tenerife 2019



Y finalmente llegamos a nuestro faro. Un faro al que nos costó tres veces llegar. Pero oiga como debe ser, hay que seducirle poco a poco, así se hace valer, y tú lo valoras más. Al que no se puede llegar si no es por una carreterita bien estrecha, con peligro de desprendimiento, pero que te permite llegar. Un faro que está situado en un parque natural, en un espigón, rodeado de acantilados de piedra volcánica. Un faro al que llegas, y divisas desde varios lados, pero no puedes acceder hasta su base. Aunque estás ahí, ahí al ladito. Un faro precioso al que llegas, pero no llegas. Y ahí en su misterio, está su encanto. Con los galones que da la experiencia, porque le inauguraron en el 1897, y hasta tenía su casa de farero, y ahí sigue. Ataviado como un faro de toda la vida, se luce como un faro elegante, con clase. Así que no seguimos buscando más ¿sabe? Porque era ese, el que teníamos que encontrar. Ese, el Faro de Punta de Teno. Y qué contentos nos pusimos. Saltando por los riscos, no le digo más. Vamos, que no tiene usted más que ver las fotos. 


Faro de Punta de Teno. Tenerife 2019

#Faros de Tenerife
#Faro de Buenavista
#Faro de El Puerto de la Cruz
#Faro de Punta de Rasca
#Faro de Abona
#Faro de Punta de Teno

lunes, 11 de febrero de 2019

Pueblo fantasma de Abades, en Arico


Arico



El viento nos llevó sobrevolando un pueblecito pesquero tinerfeño hasta el faro de Abona con tal ímpetu que solo conseguimos parar abrazándonos a él. Qué sensación tan liviana. Sentir el cuerpo en perpendicular al suelo y patalear el aire dejándose mecer por el viento.


Pero las manos se resbalaban por la piel lisa del faro, los faros no están acostumbrados a los abrazos.


Y el viento, compadeciéndose de ese faro que funcionaba desde el año 1902, tras prometernos que nos dejaría volver, en volandas nos elevó de nuevo hasta dejarnos en pleno centro de un pueblo fantasma.
Pero... ¿Y éste lugar sale en los mapas?

Porque allí estaba, en medio de la nada, polvoriento, silencioso y zarandeado por todas las corrientes de aire del mundo.

Y aunque a la entrada había un cartel anunciando que era propiedad privada, como otros que llegaron antes, nos subimos la capucha, nos apretamos el pañuelo al cuello y decididos a luchar contra ese viento pertinaz, nos animamos a pasearlo. 

El cascarón de una vieja Iglesia  e hileras de casas medio derruidas languidecían bajo el sol. Se habían construido durante la Guerra Civil con vocación de leprosería, pero nunca llegaron a serlo. Esas calles, esas casas, con el tiempo formarían parte de una base de entrenamiento militar que también después se abandonaron.

Y aunque dicen que los terrenos se vendieron a un italiano, allí siguen la Iglesia altiva, las casas pintadas por los grafiteros, las calles polvorientas y el silencio del abandono solo interrumpido por curiosos como nosotros y ese viento feroz que no cesa.

Así descubrimos Abades, en Arico, al sur de Tenerife.








#Abades
#Arico
#Tenerife
#Pueblo fantasma
#Pueblo abandonado

lunes, 4 de febrero de 2019

"Puerto Street Art". Puerto de la Cruz. Murales

Si puedes soñarlo puedes crearlo de Juliana Serrano

Los domingos por la mañana del invierno, si hacía sol, me escapaba hasta el Puerto de la Cruz.

Un rato tomaba el sol en su playa de arenas negras, y al siguiente me refrescaba paseando por las estrechas calles del antiguo barrio de los pescadores (La Ranilla) donde los murales salpicaban las viejas paredes encaladas.

Me encantaba redescubrirlos a la vuelta de cualquier esquina, o mirar a lo lejos y encontrarme con cualquier otro alegrando alguna fachada.

No me cansaba de verlos. Unos más surrealistas, otros más realistas, unos con motivos aborígenes, otros con autorretratos, motivos mágicos, recuerdos o jirones de sueños.

Era como pasear un Museo al Aire Libre.

Museo y aire libre, qué mejor combinación.



Urban Warriors, de Pichi&Avo
Ritual, de Sabotaje al montaje

La rebelión de los soñadores, de Sebas Velasco

La fuerza está en las raíces, de Sex, el niño de las pinturas

"Navíos volátiles de Feoflip"

Anfora voladora by Liken


Roa

#Puerto de la Cruz
#Tenerife
#Murales

viernes, 1 de febrero de 2019

La Casa del Agua en Los Realejos (Tenerife)




Él tenía alma de investigador y yo, ya estaba herida por las palabras.

Nos conocimos de chavales, en aquella isla en la que el tiempo estaba aún más loco que nosotros y según la recorrieras tan pronto te zarandeaba el viento como te llovía o te apremiaba con su calor a ir quitándote capas. Nos hicimos amigos en aquella isla de playas de arena negra y un enorme volcán que, a diferencia de otros, velaba sobre un mar de nubes nuestro ir y venir de pequeños mortales. 

Un día mi amigo me propuso ir a bañarnos a la cala de la Fajana, una playa virgen de arenas oscuras y frondosa vegetación. Sabía cuánto me gustaba el mar, sabía que me encantaría la idea de conocer otro pequeño paraíso de olas y sal. Y le dije que sí. Lo que yo no sabía es que en realidad quería mostrarme La casa del agua. Unas ruinas que se alzaban en lo alto de un acantilado, frente al mar, desafiando al tiempo y a la erosión. 

No la llamó La Gordejuela como después sabría que también se llamaba, no, la llamó La casa del agua porque sabía que con ese nombre tan literario yo, herida sin remedio por la magia de las palabras, le prestaría más atención. 

Nos encantaban las ruinas. A él porque le empujaban a investigar su origen y su historia, a mí porque despertaban mi imaginación y podía inventar dentro de ellas personajes entrañables envueltos en historias inolvidables.

Yo te cuento la verdad que he descubierto y después tú te inventas lo que quieras ¿vale? me dijo.

Y yo asentí.



Dicen que la estación de bombeo de La Gordejuela, o La casa del agua, fue toda una revolución en la Isla cuando se contruyó. Era una construcción complicada por dos cuestiones, por un lado el terreno formado por acantilados originados por las diferentes coladas y por otro porque dentro de ella se instalaría la primera máquina a vapor de la isla.

La familia Hamilton tenía una empresa comercial que en 1898 constituyó la Sociedad de Aguas de la Gordejuela. Entre los años 1904 y 1906 construyó la estación de bombeo de la que solo queda la parte de abajo, que es lo que se ve en el acantilado de la Rambla de Castro en el término de Los Realejos.

La estación en un principio tenía dos partes. En la parte superior había un almacén, la casa de los medianeros, y otra casa con una chimenea de 50 metros de altura, donde estaba la máquina de vapor, que generaba la energía para que funcionaran las bombas. En la parte inferior estaba el edificio cuyas ruinas aún se conservan, y que tenía cinco niveles, y se elevaba sobre el acantilado. Entre ambas las escaleras que las comunicaban ascendiendo haciendo eses por el acantilado.

Su objetivo era utilizar las aguas de los manantiales de Gordejuela para elevarlas y así llevarlas hasta las zonas de cultivo del platano en los terrenos de Realejo de Arriba y Realejo de Abajo, que en aquel entonces eran dos municipios diferentes.

Dicen que la construcción de la estación de bombeo les costó lo que ahora llamariamos "una millonada". Exactamente fue eso, una inversión de un millón de las antiguas pesetas. Toda una señora inversión. Las obras terminaron en 1907.





Yo te cuento la verdad que he descubierto y después tú te inventas lo que quieras ¿vale? me dijo.

Y yo asentí.






#Tenerife
#La casa del agua o Estación de bombeo de La Gordejuela


Fuentes:
Loquelaspiedrascuentan.blogspot.com
https://www.escapadarural.com/que-hacer/los-realejos/elevador-de-aguas-de-gordejuela
https://es.wikipedia.org/wiki/Paisaje_protegido_de_la_Rambla_de_Castro