Mostrando entradas con la etiqueta Café Gijón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Café Gijón. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de abril de 2012

El Café Gijón y su caída...





Buenos días,

Os quería dejar hoy con una artículo relacionado con el legendario Café Gijón. La crisis llega a todas partes y la literatura y sus cafés no son menos. Qué lástima.

Imagino que habréis oído que no está atravesando un buen momento el Gijón. Pero por si acaso no es así, o solo lo habéis oído de pasada os dejo con un artículo sobre este tema.

Espero que os guste el artículo pero que se resuelva cuánto antes y bien este problema. Sería una pena quedarnos sin este Café.



LA NUEVA ESPAÑA, 1 de abril de 2012


Café Gijón descafeinado

La pérdida de la concesión de la terraza del paseo de Recoletos aboca al cierre al mítico establecimiento madrileño, que debe su nombre a un emigrante gijonés y patrocina un premio de novela que financia el Ayuntamiento

Gijón, F. G.

El mítico Café Gijón, emblema y santuario del Madrid intelectual desde hace más de un siglo, parece abocado al cierre. El célebre establecimiento, que lleva el nombre de la ciudad natal de un gijonés que hizo fortuna en Cuba, Gumersindo García, retornado indiano con ínfulas de mecenas de finales del XIX, podría cerrar sus puertas tras la más que probable pérdida, por decisión administrativa, de la explotación de la terraza que en pleno bulevar del paseo de Recoletos se ha convertido en el principal sustento económico del viejo café.

Las cosas de palacio están así: el Café Gijón explota una terraza en Recoletos desde el año 2000 en régimen de concesión. El plazo expira y el Ayuntamiento de Madrid ha anunciado un nuevo concurso. Por lo que se sabe, varias firmas han presentado ofertas económicas más sustanciosas que la que está dispuesta a asumir la actual propiedad del conocido y tan literario establecimiento. Sin la terraza, el Gijón muere, como han ido muriendo, década tras década, los genios de las letras españolas que buscaron acomodo en sus mesas, de un pasado glorioso de literatura y mármol blanco. De Baroja a Galdós; de Valle a Gómez de la Serna; de Fernán Gómez a Umbral? Hubo un tiempo, se dice, en que era más difícil encontrar una silla libre en el Gijón que un sillón en la Real Academia.

El vicealcalde de Madrid, Miguel Ángel Villanueva, hace oídos sordos al tumulto surgido tras el SOS de los dueños del café, que sin la terraza verían menguar enormemente su cuenta de resultados. Villanueva, mano derecha de Ana Botella, ha respondido a las llamadas a favor de los actuales propietarios que «no se puede pedir al Ayuntamiento que prevarique adjudicando a dedo la terraza del Café Gijón; eso sería vulnerar la ley».

A sabiendas, sin embargo, de que extirparle la terraza al Gijón es encaminarlo a una muerte lenta por inanición económica, el Ayuntamiento de la capital parece dispuesto a ofrecer a los dueños del establecimiento del paseo de Recoletos 21 una solución alternativa: solicitar una terraza equivalente en superficie y en un espacio contiguo a la actual, incluso con cerramiento estable. El vicealcalde reiteró en las últimas horas la «voluntad del Ayuntamiento de que el Café Gijón siga con su labor».

Numerosos avatares ha sufrido a lo largo de su extensa historia este establecimiento del Madrid de la tertulia literaria y artística desde mayo de 1888, año de su apertura, que perteneció a un gijonés hasta 1910. Gumersindo García, su fundador, vendió el café en 1910 a un barbero del barrio en el que el local se asienta, Benigno López, que fue quien acometió la primera gran reforma. Gumersindo y Benigno eran amigos y tras acordar el precio, el emigrante que había hecho capital en La Habana sólo puso al nuevo dueño una condición: que nunca podría cambiar el nombre al café, que debería llamarse por siempre «de Gijón», como recordatorio perpetuo a su lugar natal.

En 1949, una de las tertulias del café ideó la creación de un premio literario que pretendía hacerle sombra al «Nadal». El actor Fernando Fernán-Gómez financió de su bolsillo el coste de la primera edición de un certamen que contaría en el futuro con ganadores ilustres, como César González Ruano, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite en su primera época; o Eduardo Mendicutti y Luis Mateo Díez en décadas más recientes. El premio Café Gijón de novela tuvo un decaimiento en los década de los ochenta del pasado siglo que obligó al Ayuntamiento de Gijón a tomar las riendas -organizativas y financieras- del certamen para evitar que se perdiera. Y así ha sido desde 1989 hasta hoy, con los gobiernos municipales de izquierdas, si bien se desconoce si la actual Corporación, ahora en manos de Foro Asturias, seguirá patrocinando económicamente el premio literario que lleva el nombre del establecimiento. Lo que parece seguro es que el Ayuntamiento de Gijón menguará la asignación, cifrada hasta la fecha en 30.000 euros.

Lo cierto es que ni el café ni el premio literario pasan por sus mejores días, ahora que la terraza a la que tantas tardes soleadas se asomó Valle-Inclán va a cambiar de propietario y que el certamen de novela puede ver recortada su soldada. Aun así, un amplio movimiento cultural capitalino parece dispuesto a reclamar del Ayuntamiento de Madrid generosidad con un local que ha sido estandarte de la ciudad durante décadas, amén de Premio Nacional de Hostelería en 2008.

Tal como escribió el dramaturgo francés y poeta satírico Georges Courteline: «Se cambia más de religión que de café». E incluso del sitio donde tomarlo, cuando uno se codea con la flor y nata de la intelectualidad en esta primavera en que el bulevar de Recoletos se llena de libros de antiguo y ocasión que ojean los fantasmas gloriosos de las letras que un día sentaron cátedra y reales en el Café Gijón.



 

jueves, 19 de noviembre de 2009

Ayer la tertulia del Galdós se trasladó por un día al Café Gijón

En la primera foto el Gijón en 1947. En esta de abajo nosotros en el 2009.







Ayer tuvimos tertulia extraordinaria en el Gijón, en la calle Recoletos. Uno de los lugares de Madrid con más solera como Café y como lugar de encuentro de tertulianos selectos.

Quedamos allí todos los compañeros de la tertulia del Galdós, para hacer una tertulia previa, antes de ir a disfrutar de la conferencia de Juan José Millás en la Biblioteca Nacional. Porque fue eso, disfrutar, lo que hicimos en la conferencia. Aunque lo contaré en otra entrada.


El Café Gijón se inauguró el 15 de mayo de 1888 por Gumersindo G. (no me atrevo a decir el apellido porque en unos documentos encuentro García y en otros Gómez), uno de esos indianos que regresaron tras hacer “las Américas”. En homenaje a sus orígenes, le dio el nombre de "Gran Café Gijón". Tras unos años pasó a ser, dicen en Wikipedia que por la módica cantidad de traspaso de 60.000 pesetas, de Benigno López (un barbero del barrio) que prometió no cambiarle el nombre. Y cuando este murió se encargó de él su viuda hasta que murió. Desde el año 1977 es de Gregorio Escamilla, que lo comparte con Ángel, que lleva más de 20 años en el Café, primero como empleado y ahora también como propietario.


En todos esos años se fue convirtiendo en referente cultural de Madrid. Después de la Guerra Civil los tertulianos convencieron a la viuda para que hiciera la primera reforma, que fue en el año 1948 en la que se sustituyeron las lámparas de gas por la iluminación eléctrica, se puso madera de roble en las paredes y se baja el techo. Después hay una segunda reforma a mediados de los años 70.


Escritores, artistas, políticos han frecuentado desde hace más de cien años este lugar. Severo Ochoa, Benito Pérez Galdós, Pío Baroja o Jacinto Benavente han sido asiduos. Después Camilo José Cela y sus coetáneos también se reunieron allí. En tiempos de postguerra lo hicieron los que se llamaron la “Juventud Creadora”. El tiempo ha pasado y más tarde allí también se han reunido otros de la talla de Arturo Pérez Reverte, Paco Umbral, Rafael Alberti o Fernando Fernán Gómez, que ideó la creación del Premio de Novela Café Gijón.

Y así una larga lista de personas célebres, hasta ayer mismo que mientras nosotros estábamos sentados en nuestra mesa, en una de las que están situadas en el lado de los ventanales que dan a la calle (y que cuando yo llegué estaban protegidas por el cartel de “reservadas”), estaba sentado Álvaro de Luna con otros. Yo no distinguí en ese momento a más conocidos de las letras, pero Sagrario, compañera de tertulia, señaló que también estaba Armas Marcelo.


Leo en internet en un artículo de Fabián Barrio en la revista Forumcafé una entrevista con uno de los propietarios donde habla de esos tertulianos de las mesas que están junto a la ventana: "Ahí, en la cuatro, junto a la ventana, se ponen los poetas a las cuatro de la tarde, todos los días, les tenemos la mesa reservada. Buero Vallejo estaba siempre con ellos. Y Vicent viene todos los dias a las cinco a esta mesa que está más acá. Los martes por la tarde tocan los pintores plásticos, todos estos cuadros que ves aquí son de ellos. Y los domingos por la mañana se ponen en aquella esquina del fondo los de Bellas Artes".



De vez en cuando no está nada mal visitar el Gijón, convertirte por unas horas en tertuliana de ese renombrado lugar, pensar que allí mismo han estado sentados tantos importantes de las letras… Allí mismo donde ahora tú estás, aunque un simple café con leche te cueste 3,70 €, o para llegar tengas que atravesar una "pura zanja llamada Recoletos" surcada de obras y semáforos y madrileños y... Pero esa ya es otra cuestión… Pensaremos que unas cosas por otras.