sábado, 24 de febrero de 2018

"La forma del agua" Película de Guillermo del Toro



La he visto en versión subtitulada.

La fotografía y la música, el argumento y los personajes. Todo suavemente encajado, deslizándose con sensibilidad.

Seres faltos de cariños, seres que se necesitan, que se encuentran. Conmovedora.

Solo me ha faltado esa voz profunda que dijera. Once upon a time...

Qué gusto ir al cine y salir con esta sensación.




Dirección:
Título en V.O.: The shape of water
Nacionalidades: USA Año: Fecha de estreno:
Duración: 123 min.
Género: Fantástica
Color o en B/N: Color
Fotografía: Dan Laustsen
Música: Alexandre Desplat

martes, 20 de febrero de 2018

Poemas de María Cegarra Salcedo (1899-1903)



María Cegarra con Carmen Conde, Antonio Oliver y otros, tras una conferencia ofrecida por María en la Universidad Popular de Cartagena el 10 de febrero de 1934 - Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver


HE SIDO UNA SENCILLA PROFESORA DE QUÍMICA
He sido una sencilla profesora de química.
En una ciudad luminosa del sureste.
Después de las clases contemplaba el ancho mar.
Los dilatados, infinitos horizontes.
Y los torpedos grises de guerras dormidas.
He quemado mis largas horas en la lumbre
de símbolos y fórmulas. Junto a crisoles
de arcilla al rojo vivo hasta encontrar la plata.
No he descubierto nada.
No tengo ningún premio.
A Congresos no asistí.
Medallas y diplomas
nunca me fueron dados.
Minúscula sapiencia para tan grandes sueños.
Pequeñez agobiante para inquietudes tantas.
Y rebelde ha surgido, como agua en desierto,
el manantial jugoso, intenso, apasionado,
- dulce herencia entrañable - que tiene la riqueza
de llenar de poesía tan honda desolación.
Y, del resto salvado, rebrotar lo necesario



Sentí una honda tristeza al suspender al alumno vestido de negro.
Era como un árbol quemado.
Pantalón de hulla.
Jersey de grafito.
El cabello recordaba la turba.
Lignito en los zapatos.
Los ojos de azabache.
En un dedo un diamante
sus destellos lanzaba…
Presentó las cuartillas en blanco
sin escribir una palabra
del tema del carbono.
¡Cuánta tristeza sentí al suspenderle
siendo él yacimientos!



Estos dos poemas han sido todo un descubrimiento.

El primero de ellos lo he conocido gracias a la conferencia de Celia Cañadas que comentaba en una entrada anterior. El segundo brujuleando por aquí y por allá. Ahora ya sé mucho más de esta poeta. Cuánto nos queda siempre por aprender... 

Quería compartirlos con vosotros, son de la poeta murciana María Cegarra Salcedo, de su libro "Desvarío y formulas" del año 1981.





María Cegarra Salcedo (La Unión1903 - Murcia1993)


De Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la generación del 27, edicíon de Pepa Merlo, (colección Vandalia, editado por la Fundación José Manuel Lara, Sevilla 2010), escogemos su biografía:

María Cegarra Salcedo nació en La Unión (Murcia), 1903. De padre comerciante y madre maestra, estudió Química y al terminar la guerra obtuvo la Licenciatura de Ciencias Químicas. Fue la primera mujer perito químico de  España. Instaló su propio laboratorio. Debía de sorprender en un mundo de hombres y entre mineros, que una mujer fuese la encargada de los análisis de los minerales.
Amiga de Miguel Hernández, éste le dedicaría el soneto de El rayo que no cesa, “para mi queridísima María Cegarra con todo el fervor de su Miguel Hernández” (26 de agosto de 1935).
La muerte de su hermano Andrés daría pie a su primer poemario Cristales míos, y tras el fallecimiento de su hermana, muy cercano a su propia desaparición que ocurrió en Murcia en 1993, escribió su última obra, Poemas para un silencio.







domingo, 18 de febrero de 2018

Entrega de Premios del XXXI Certamen Nacional de Cartas de Amor de la Asociación El Timón de Puertollano



Como os decía en la entrada anterior, este viernes 16 de febrero me hice un viajecito relámpago a Puertollano, para regalarme una tarde literaria. 

Me dieron el 3º premio por una de mis cartas de amor en el XXXI Certamen Nacional de cartas de amor que organiza la Asociación El Timón de Puertollano. Un premio es un premio.

Mereció mucho la pena el viaje porque lo disfruté mucho, aunque yo era la tercera me sentí muy bien tratada. Todo el acto fue muy variado y completo, las tres ganadoras leímos nuestras cartas de amor y fue la entrega correspondiente. Habló después la Presidenta de la Asociación. A continuación hubo un pregón por parte de un escritor, poeta y Alcalde de La Solana Luis Díaz-Cacho Campillo. Y después habló la Alcaldesa de Puertollano, Mayte Fernández. Para finalizar hubo dos actuaciones por parte del grupo de danza "José Granero" que me encantaron, originales y entretenidas, qué bien lo hacían estas chicas. Lástima que no lo pude ver terminar del todo (aunque me dijo Pilar, la secretaría de la Asociación, que ya debía quedar muy poquito) porque me tenía que ir corriendo al Ave. 

Quiero dejar memoria de la tarde aquí, porque ya va a formar parte de mi biografía literaria por méritos propios. 

Por último volver a dar la enhorabuena a mis compañeras premiadas: Raquel Gómez Castellanos, de Puertollano, con el trabajo “Mi amor es un poema" con el que ha obtenido el primer premio y a Angeles del Blanco, de León, con “Carta inacabada”que obtuvo el segundo premio. Y muchas gracias siempre al jurado que entre tantísimas cartas quiso que la mía estuviera entre las tres premiadas y a Pilar, la secretaría de la Asociación, y a Manoli, otra compañera de la Asociación, creo que se llamaba así porque con tantos nombres a la vez dudo, por estar pendiente de mí y ser tan amables.

Con muchas señoras de la Asociación, la Alcaldesa, el jurado, el Pregonero, las premiadas...

El presentador, que la verdad es que lo hacía muy bien

De dcha a izda. La Presidenta de El Timón, La Alcaldesa de Puertollano y el Alcalde de la Solana y poeta

Pilar, la secretaria de la Asociación El Timón

Las tres premiadas en nuestro sitio

En el momento de la entrega de mi premio

La ganadora del 2 premio: Angeles del Blanco

La ganadora del 1 premio: Raquel Gómez



Y por último dos momentos de la actuación. Estuvieron fenomenal.





sábado, 17 de febrero de 2018

"Esa mancha de harina de tu frente" Relato de Rocío Díaz Gómez

La preciosa foto está tomada de internet. Chuerrería Madrid 1883

Ayer, 16 de febrero de 2018, me dieron el tercer premio en el XXXI Certamen de Cartas de Amor de la Asociación "El Timón" en Puertollano.

En otra entrada os contaré la entrega de premios, que mereció mucho la pena, pero hoy quería dejaros con mi Carta de Amor que se titula "Esa mancha de harina de tu frente" y dice así:


Esa mancha de harina de tu frente 
Rocío Díaz Gómez

Princesa,
Una vez escuché que en un desierto había nevado. Durante unas horas solo, pero bastaron para que la nieve cubriera toda la arena, como si la arropara, deshaciéndose después sobre ella, empapándola despacio, como si la mimara. Cuando lo escuché, cerré mis ojos, y sin querer sonreí, porque si eso había ocurrido, también ocurriría nuestra historia. Aunque fuera la más difícil del mundo porque nunca estábamos al mismo tiempo en el mismo lugar. Aunque en ese mismo lugar pasáramos ambos seis meses al año, pero siempre esos seis justo que el otro no estaba. Ya era mala suerte. Pero una vez en un desierto nevó. Y tú eras puro arrope.  

Todos los años cuando llegaba junio y el calor picaba a traición en el cuello y el alma, apetecía de postre una rajita de melón. Y para eso estaba yo, para venderlos, para convencer a las señoras de que los míos eran puro azúcar. “Puro arrope María” les decía a todas: “Puro arrope y no esos pepinos que os venden en el mercado” decía con desparpajo y naturalidad a las clientas porque era la pura verdad. “¡Anda zalamero! no eres tú negociante ni nada...” me contestaban con una sonrisa. Pero se los llevaban porque era verdad y me creían. Yo era de los auténticos del ramo, de los genuinos meloneros de la Asociación de vendedores de melones y sandías de la Comunidad. Y allí estaba, como un clavo más de mi puesto, todos los junios en la misma esquina. Año tras año. En esa misma esquina donde tú todos los octubres, una vez que yo me había ido, colocabas la churrería. Porque cuando llega el otoño y ellas se ponen la rebequita que parece que refresca, con esa brisa que se cuela por el escote poniendo piel de gallina hasta en la etiqueta de la ropa, llegaban tus churros y llegabas tú. Y yo sin saberlo…

Hasta que aquel bendito año, mediaba junio cuando me acerqué por el barrio a echar un vistazo. Me gustaba pasarme unos días antes por los alrededores, por aquello de ir tomando contacto. Mediaba junio y encontré que aún la esquina estaba ocupada. Junio claro y fresquito para todos es bendito. Y a mí me bendijo Cupido, vaya si me bendijo, aquel junio que remoloneaste para estirar más el negocio aprovechando aquellas tardes que aún se dejaban acompañar por un cafetito con leche y unas porras. Porque allí te encontré, allí subida en tu torreón de caravana móvil, manchada la frente de harina, que ¡ole que mancha!, ya hubieran querido los indios saber pintarse así para sus guerras. Allí subida, con los colores dibujados por el calor que desprende la máquina de amasar en tus mejillas, con la pala mezcladora de madera en tu mano, como una hechicera mágica revolviendo pócimas. Allí, mezclando la harina de trigo con el aceite de oliva, la sal marina con el agua, mezclando requetebién todos los ingredientes con tus manos sabias de churrera. Sabias, tenían que ser. Porque desde ese mismo momento que te vi allí en mi esquina, la deseé nuestra. Y lo que hubiera dado por ser la masa de tus churros, sentir tus manos moldeándome, sujetándome en los malos días para no dejarme caer al aceite, acariciándome en los buenos para dejarme sentirte.  

“Buenas tardes señorita” dije todo lo educadamente que supe. “Buenas ¿Cuántos le pongo?”, dijiste sin apenas mirarme. “No, tartamudeé, si yo, yo no quiero churros...”. Tartamudeé, con el desparpajo que gastaba yo con mis clientas.

Ya hace mil años de aquello, y aún hay momentos, muchos, que me haces tartamudear. Ahora que hace mil años que compartimos nuestra esquina porque no paré hasta que cambié mi puesto por tu torreón Princesa. Yo que era de los genuinos dejé el gremio para estar contigo. Y jamás me he arrepentido. Bendito aquel junio fresquito y benditos todos los años que llevamos juntos. La nuestra era la historia más difícil. Pero nada más verte supe que todos los días de mi vida tenía que mirar esa mancha de harina de tu frente, ole qué mancha. Porque una vez en un desierto nevó y bastaron solo unas horas para que la nieve lo arropara. Porque tú eras puro arrope y yo solo un insignificante melonero, pero uno que si de algo sabía, era de arrope.

Febrero 2018
Rocío Díaz Gómez

viernes, 16 de febrero de 2018

"Solitude" de Kulinka teatro en el Teatro Fernán Gómez



"Solitudes" en el Teatro Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa.

Una obra especial, muy diferente y curiosa.

La comunicación no verbal, la expresividad y los gestos, arropados por la música.

No hace falta más para conmover.

Cuánta sensibilidad.

Qué buenos actores. Que lujo verlos desde la fila 2.

Qué teatro más cómodo el Teatro Fernán Gómez en el Centro Cultural de la Villa, nunca me decepcionan ni su cartelera ni sus butacas.



martes, 13 de febrero de 2018

Conferencia de Celia Cañadas "Relaciones entre ciencia, poesía y mujer"



Celia Cañadas es poeta. Pero también es química. Y estudiosa, y estudiante y hasta conferenciante.

Y aunque dicho así hasta chirría con esa rima en consonante, escucharla en esta última faceta fue de lo más gratificante.
Porque decíamos que Celia Cañadas es poeta, pero también química y para ella esa dualidad aparentemente "extraña" no ha supuesto nunca ninguna dificultad ni contradicción, y de eso precisamente es de lo que versaba su conferencia del último sábado y a la que me alegré mucho de haber podido asistir: "Relaciones entre ciencia, poesía y mujer".
Con motivo del Día de la mujer y la niña en la Ciencia, el pasado sábado, 10 de febrero en el Edificio Centro-Centro, ya sabéis "Correos" de toda la vida en Cibeles, edificio que por cierto siempre me parece precioso, se llevaron a cabo varias charlas. Entre ellas la que dio Celia.

Fue de lo más interesante.
Comenzó con hacernos levantar la mano a los allí presentes según nos sintiéramos de ciencias o de letras, eso ya nos arrancó la primera sonrisa. Y tras ello la conferenciante nos llevó de la mano por esta aparente dualidad "Ciencia y poesía" tocando varios puntos en su argumentación:

- Debate entre en las dos culturas: ¿Existe incomunicación entre ciencias y humanidades? En el año 1959 Snow, físico y novelista inglés, señaló que sí. Sin embargo nos decía Celia Cañadas que desde la fundación de las primeras Universidades, en el XIII, ambas han pasado más tiempo conviviendo que no.

- Desmitificación de la poesía. Aquí la conferenciante se centró en la poesía. Y lo primero que hizo fue mostrarnos en dos imágenes, de lo más ilustrativas, como son en la actualidad las reuniones de poetas, competiciones a manera de contiendas (Slam) en bares y garitos, en contraposición a cómo nos las podríamos imaginar de silenciosas y tediosas.  Muy graciosas las diapositivas.



Hoy en día proliferan las "jam sesión", la poesía en las redes sociales, las tertulias, y resulta que los recitales de poetas hasta hay ocasiones en que son numerosos y muy concurridos, como ocurre con Elvira Sastre. Habló de la poesía en la actualidad, la irracionalidad de la poesía, dónde la encontramos (los libros, la publicidad...).


- Ciencia. ¿El método científico? Celia Cañadas nos va a contar las premisas en las que se basa el método científico. Señalándonos que en realidad tampoco está tan alejado de la poesía. Ambos son paralelos y buscan el mismo fin.



- Y una vez que ha hablado de Poesía y Ciencia no cabe más que relacionarlas con las Mujeres. Hay una tradición de mujeres científicas como Hypatia, pero la realidad es que luego las Academias no las han dejado entrar hasta bien adelante. Eso hace que el número de científicas  con reconocimiento hanya sido escaso. No hay que dejar de nombrar a Marie Curie, la primera persona que recibió dos premios Nobel y que también escribía poesía.

En todo momento Celia fue hilando su argumento con fluidez, saltando desde el contexto histórico y tocando los distintos puntos que quería señalar. Una vez centrada en el siglo XX nos mostró el trabajo de distintas poetas. Nos habló de Inmaculada Mengíbar (Córdoba 1962), Amalia Bautista (Madrid 1962), Silvia Ugidos (1972).

Y ya dando una vuelta de tuerca más, nos apuntó a las mujeres poetas científicas, y aquí estaría Asunción Forcada (1947 Lleida), Susana Barragués (1979 Bilbao) y la propia autora.

Homeostasis o la caligrafía de la vida

 Con celo de viejo prestamista
que incansablemente
hiciera el recuento exacto
de monedas.
A salvo del festín de Babel
y sus saetas cósmicas,
una y no otra
temperatura,
todas y cada una
de las concentraciones
de sustancias,
en los estrechos márgenes
de un cuaderno ancestral
como la primera molécula
de agua.
Así
y  solo así
se escribe
VIDA.

Celia Cañadas

Celia Cañadas nos descubrió a más autores que no conocíamos como María Cegarra (1903-1993), María Rosal (Córdoba 1961) y María Eloy-García (Málaga 1972) e invitó a dos compañeras poetas que también han fundido ciencia y metáfora en sus poemas a salir y leer sus propias creaciones.

Ana Delgado Cortés (Madrid 1973), poeta y periodista que nos leyó de su libro "Zoología marina, vertebrados terrestres" (Edit. Azarbe 2006).
Ana Delgado Cortés en su turno de lectura con Celia Cañadas


Y Alma Pagés, filóloga y poeta, que nos leyó de su libro "Un cuento oscuro" los poemas Fractal I y Fractal II.
Alma Pagés leyendo sus poemas sobre Fractales




La conferencia fue muy interesante. El público no perdía el interés en ningún momento mientras el argumento de la conferencia iba fluyendo, saltando de un tema a otro, alternando el humor con los versos, y los conocimientos con las diapositivas.

Para terminar en el posterior coloquio en un diálogo con Bernardo Herrasón, asesor ciéntifíco de la Revista Principia, de lo más instructivo.

No debo extenderme más. Solo concluir que habrá que estar atento a más conferencias de Celia Cañadas, merecen la pena.

Un gusto retomar así las conferencias.


lunes, 12 de febrero de 2018

"Los pacientes del doctor García" de Almudena Grandes





Terminé de leer “Los pacientes del Doctor García” de Almudena Grandes, con la sensación de haber estado fuera de mi vida mucho tiempo. Porque además de tener muchas páginas, me ha tenido muy atrapada con los avatares de esa época de la guerra civil y la postguerra.

Para lo que me duran a mí las novelas, ésta me ha durado más de lo normal. Pero yo disfruto mucho con la forma de escribir de esta autora.

Esta es la cuarta entrega de esos “Episodios Nacionales” que ella se ha propuesto escribir, que comenzaron con “Inés y la alegría”. Me los leo todos porque me gusta su forma de escribir densa, con esas frases de aliento largo llenas de imágenes que duelen y porque creo que sus novelas están bien documentadas, independientemente de su posicionamiento claro al respecto.

El argumento nos cuenta como se entrecruzan las vidas de dos hombres que llegarán a ser muy buenos amigos, el doctor Guillermo García Medina y el diplomático republicano Manuel Arroyo Benítez a quién el primero le salvó la vida en el año 1937. Tras la victoria de los nacionales, El doctor García tiene que cambiar de identidad, gracias a la que le consigue Manuel Arroyo que está en el exilio. Pasan los años, y mediados los años 40 ambos se ven envueltos en la red de evasión de criminales de guerra y prófugos del Tercer Reich, que desde Madrid dirige Clara Stauffer. Paralelamente iremos conociendo la vida de Adrián Gallardo Ortega, boxeador profesional que terminará alistándose en la División Azul.

Os lo he resumido mucho para ser tantísimas páginas. Pero yo prefiero siempre que no me cuenten mucho de las novelas. Cómo veréis está ambientada en un largo período de años, desde antes de la guerra civil española hasta los años setenta. Y está ambientada en España, Alemania y Argentina.

Es una novela muy ambiciosa, muy bien documentada, donde los personajes reales se entrecruzan con los ficticios para contarnos esas décadas fascinantes de nuestra historia.

Los personajes de esta autora siempre están muy bien perfilados, y consigue que esté deseando saber de ellos. En este caso también me ha ocurrido con los dos protagonistas. Estaba deseando saber que era de sus vidas, y no podía dejar de leer. Ese es un mérito que siempre le otorgo a esta escritora, cómo inventa esos personajes por los que logra que sientas una natural empatía. También ha sido muy instructivo profundizar en algunas personas reales de ese momento, como Clara Stauffer o Negrín. O en algunos episodios como por ejemplo lo del banco de sangre, que me llamó mucha la atención, o lo de las colonias de nazis en Cercedilla. Pero volviendo a sus personajes, creo que es de lo mejor de Almudena Grandes, esos personajes que parecen de carne y hueso, a quiénes no puedes evitar casi odiar o querer, porque duelen. Son de lectura muy agradable también, esos guiños a los lectores que hemos leído las demás novelas de esta saga cuando de pronto te encuentras con personajes de las demás, entrelazándose las historias. Aquí hablan, por ejemplo, de Manolita o de Pepe el Portugués.

Es una novela que toca muchísimos acontecimientos históricos trascendentes en nuestra historia: Nuestra guerra civil con sus bombardeos y su racionamiento, el franquismo, Pilar Primo de Rivera y la sección femenina de la Falange; las acciones de los republicanos en el exilio, la red de evasión de los criminales de la segunda guerra mundial a través de España, las colonias de nazis en Cercedilla, la II Guerra Mundial, el nazismo, los campos de concentración, la batalla de Stalingrado, la División Azul, Los aliados, la vía diplomática de los republicanos para conseguir la atención de estos aliados… por citar algunos porque son muchísimos y todos muy interesantes.

Confieso que quizá el abordar un período tan largo de nuestra historia y tan rico en detalles, ha dado lugar a que en ocasiones esta novela se me haya hecho un poco larga. Me atrevería a afirmar de hecho que quizá le sobren algunas páginas. En la historia del boxeador Adrián que necesitábamos conocerla por lo que ocurre más adelante, se podría haber detallado menos para que el resto fuera más ágil. No es una novela fácil de leer, partiendo ya del hecho de que algunos personajes tienen hasta tres o cuatro identidades distintas.

Pero para mí ha merecido la pena el esfuerzo. Creo que hay que subrayar el trabajo de la autora de documentación para ambientar sus historias. Hay mucho recorrido previo detrás de cada una de ellas. Y si haces una lectura profunda y pausada, con atención, pues no te terminas perdiendo, cosa que podría ocurrir si lees a la ligera. Es una novela profunda con una trama principal pero muchas subtramas que enriquecen la historia sí, pero también la bifurcan y la hacen más compleja.

En fin, que en cuánto saque esta escritora el quinto libro de la saga pues ahí me tenéis leyéndolo para saber qué ha sido de la vida de un montón de personajes.

 

sábado, 10 de febrero de 2018

La casa donde nació Ramón de Mesonero Romanos en Madrid


Caminas por el centro de Madrid y topas por casualidad con una de esas placas doradas en forma de rombo que salpican tu ciudad y que llaman la atención. Una de esas que te gusta encontrar porque sabes te va descubrir un pedazo de su historia. 

No llevas las gafas y la ves algo borrosa pero no lo suficiente como para poder leerla: "En torno a este lugar estuvo la casa donde nació y vivió Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882). 

Te alejas y contemplas el edificio que la contiene y la contemplas entre dos ventanas que dejan ver un piso bajo cerrado, semiabandonado, que paradójicamente parece la mejor compañía para esa indefinición de la placa: "En torno a este lugar estuvo la casa..."

Qué pena te dices. Más de una vez y de dos has leído por aquí y por allá que este periodista, sobradamente conocido como el Primer Cronista de Madrid de su época, protagonizó un episodio relacionado con otra famosa casa de otro escritor, la que hay en el núm. 61 de la calle Mayor de Madrid, la casa de Calderón de la Barca. 

Ramón de Mesonero Romanos se presentó un día en dicha casa para evitar que la demolieran. Para ello no solo les obligó a marcharse sino que permaneció de guardia toda la noche. A la mañana siguiente solicitó ante el Ayuntamiento que se detuviera la demolición por mandato judicial. Y su petición fue atendida.

Ahí sigue en pie, en el núm. 61 de la calle Mayor y señalada con otra placa, la casa de Calderón de la Barca. Casa que además tiene la peculiaridad de estar considerada como la casa más estrecha de Madrid.

Sin embargo, de la casa de Mesonero Romanos solo sabemos, gracias a otro Cronista y su biógrafo, D. Luis Prados de la Plaza, más o menos dónde estuvo... 

El considerado como primer Cronista de Madrid, D. Ramón de Mesonero Romanos, nació en la calle del Olivo, número 10, el 19 de julio de 1803. Pero tanto la calle como la casa desaparecieron al hacerse la Gran Via.  

Qué triste paradoja, te dices.





"Hijo de Matías Mesonero, de origen salmantino y de Teresa Romanos, de ascendencia zaragozana, el que será reconocido como primer Cronista Oficial de la Villa de Madrid, vivió en la casa familiar más de treinta años.
Ramón de Mesonero Romanos, periodista y fundador de publicaciones como el “Semanario Pintoresco Español”, fue designado cronista oficial de Madrid a partir del 15 de julio de 1864. Antes había redactado, junto con Esteban Calderón, el periódico “Cartas Españolas” y firmado gran número de artículos y crónicas sobre la ciudad. Entre 1845 y 1850 fue concejal del Ayuntamiento de Madrid, periodo en el elaboró unas reformas urgentes, necesarias y útiles, que presentó en la sesión plenaria del 23 de mayo de 1846, así como un proyecto de Ordenanzas Municipales, que recibió los elogios de la calle y de la prensa periódica. En 1847 ingresa como miembro de número en la Real Academia Española y es ya un reconocido articulista que colabora con numerosas publicaciones. Es también autor de obras de referencia sobre el Madrid de su tiempo como, entre otras, “Mis ratos perdidos o ligero bosquejo de Madrid entre 1820 y 1821” (1822), “Escenas matritenses” (1845), “El antiguo Madrid” (1861) o las significativas “Memorias de un setentón” (1881), que, en opinión de Prados de la Plaza, “son, de largo, la mejor herencia que nos ha dejado el primer Cronista Oficial de la Villa.”"

"La crítica ha sido en este sentido unánime, añadiendo a sus dotes de pintor y retratista de una realidad social unas cualidades humanas poco comunes. Todo ello propiciará una serie de nombramientos y honores que nunca actuarán en detrimento de su invariable personalidad. Su fallecimiento, 30 de abril de 1882, supuso un auténtico acontecimiento en la villa y corte de Madrid, una manifestación de duelo poco frecuente en este periodo histórico. Su legado se proyectará siempre como un copioso caudal de noticias de su época, imprescindible para todo aquel que quiera adentrarse en la pequeña historia de una España abrumada por los hechos y acontecimientos sociales. "

martes, 6 de febrero de 2018

Las cuatro Bibliotecas de Dublín







Cuatro eran cuatro las bibliotecas que tiene Dublín para visitar.
Cuatro eran cuatro las que tenías que conocer.
Sí o sí.
Que para eso de las bibliotecas no te andabas tú con medias tintas.

Cuatro eran cuatro las que hoy solo quieres presentar, porque cada una de ellas se merece de sobra una entrada en este blog para ella solita. Para que se adorne de todo lujo de palabras y libros. Para que se luzca y presuma siendo la protagonista. Porque cada una de ellas lo merece.

Por supuesto habrá una entrada para la joya de la Corona, la Biblioteca del Trinity College. Pero también habrá que detenerse en la Chester Beatty Library que está al lado del Castillo, en la National Library of Ireland que ocupa un edificio gemelo al Museo de Arqueología y desde luego para la Biblioteca Marsh que está lindando con la Catedral de San Patricio, tu favorita y la más antigua de Irlanda.

Cuatro eran cuatro las bibliotecas que visitaste en Dublín.
Cuatro muy especiales y únicas.
Cuatro.





La Biblioteca Chester Beatty en Dublín




La National Library of Ireland en Dublín


Biblioteca Marshs de Dublín
 


domingo, 4 de febrero de 2018

Los Goya y uno de mis relatos: "Aquel mágico proyector naranja" de Rocío Díaz


Anoche, 3 de febrero, fue la gala de entrega de los Premios Goya de nuestro cine. En la gala se quería reivindicar el papel de la mujer en el cine. De hecho finalmente ha ganado mejor película y mejor dirección una mujer, Isabel Coixet.

Yo quería poner mi granito de arena con uno de mis relatos. Muchos ya lo conoceis, pero yo le tengo cariño. Lo premiaron en el año 2015 en el XXV Certamen Literario Frasquita Larrea en Chiclana.

Aquí os lo dejo, porque como nos querían decir en la gala de los Goya, también las mujeres quieren, pueden y deben hacer cine. Lo hacen muy bien.





Aquel mágico proyector naranja

Durante tres años seguidos en mi carta a los Reyes Magos pedí un Cinexin. Me trajeron la Nancy azafata, la cocinita completa con  batería de acero inoxidable y hasta la Magia Borrás, pero del Cinexin ni rastro. Ni tan siquiera con uno de aquellos fantásticos trucos de la Magia Borrás conseguí verlo. Mi frustración fue en aumento hasta que el tercer año solo anoté ese juguete en toda mi carta. En mayúsculas y en el centro del folio, remarcado con rotuladores de distintos colores y entre admiraciones. ¡QUERÍA UN SÚPER CINEXIN! Del mismo modo que en mi lista habían pasado tres años, para el objeto de mis deseos también había pasado el tiempo y se había modernizado. Ahora era más “Súper” que nunca.
Pero aquel año mis padres, por oscuras razones, decidieron contarme la verdad sobre la existencia de los Reyes Magos. Y en consecuencia hasta se sentaron a discutir conmigo la conveniencia o no de echarme el ansiado Cinexin: ¿No era ya un poco mayor para eso? ¿No era un poco masculino? ¿No sería mejor un set completo de maquillaje? Las actrices están muy guapas requetepintadas. O bueno quizás si mi timidez no me dejaba ser actriz podría dedicarme a ser maquilladora de películas, ya que ese mundo del celuloide parecía gustarme tanto.
Como aún no había conocido al entrañable ET,  juro que en ese momento vi a mis padres colorearse de verde, transformándose en auténticos extraterrestres.  ¿De qué me hablaban? ¿Qué tenía que ver un maquillaje con el Cinexin? No entendía nada de nada. ¿Cómo explicarles que yo no quería estar delante de aquel mágico proyector naranja sino detrás? Yo no quería salir en las películas, yo quería hacerlas avanzar, detener o congelar sus imágenes. Yo no quería salir en las películas, quería re-pro-du-cir-las: con ese verbo de cinco sílabas que decían en los anuncios de aquel juguete que nunca logré que me echaran los Reyes Magos.
Pero lo cierto es que, frustración de más o frustración de menos, una sigue creciendo.
Y llega un momento que piensas que quizás era verdad, que quizás te vendría mejor el set completo de maquillaje, y toda ayuda iba a ser poca, porque empiezan a gustarte los chicos y te parece ver en una excursión del Instituto a uno calcadito al Harrison Ford  de Indiana Jones ¿Cómo no querer estar más guapa para las aventuras que sin duda alguna viviremos juntos? O te cruzas en aquella discoteca de los viernes con el chulo Danny Zuko de turno haciéndose el dueño de la pista y no puedes despegar los ojos de sus piernas mientras rememoras aquella escena final en la que, de negro y adornado de una gran sonrisa, se acercaba y sacaba a bailar a la protagonista de Grease. Una protagonista con  la que coincides de sobra en ese aire arrebatador de chica modosita del montón que en cuánto él se acerque se va a transformar mágicamente, y ríete de aquella Magia Borrás, en la única a quién él quiere: “Ai cachú, ai guont chu player” cantábamos destrozando la canción en aquel espanglish imposible. Y así sucesivamente hasta que un buen día, mira qué suerte, te termina besando el Richard Gere del barrio. Ese desgarbado galán de cazadora de aviador y flequillo, a quién le haces repetir una y otra vez la secuencia del primer beso porque por más que lo intentas no consigues escuchar de fondo la banda sonora del que tendría que ser el gran amor de tu vida y que al final no lo fue tanto. Porque lo cierto es que ni él era Richard Gere ni yo Debra Winger por mucho que tuviera el pelo negro, largo y rizado.
Toda la vida me he empeñado en querer formar parte de una película, cuando lo que hacía no eran más que cameos. Casi sin darme cuenta, escena tras escena, he querido emular a Patricia Arquette en Amor a quemarropa, he querido vivir historias pasionales y violentas, y he elegido tan bien en el casting a los  protagonistas masculinos que he terminado interpretando Tesis o Te doy mis ojos. Quise hacer cine de autor y resulta que muchas veces he tenido una vida de serie B.  Más me valía haber aparcado el género romántico y haberme dedicado a Los Cazafantasmas, a juzgar por cuántos he conocido.  Hasta que la Thelma que había en mi interior decidió hacer un fundido en negro con su historia y escapar hacia delante sin mirar atrás. 
Porque ¿Qué les voy a contar que ustedes no sepan? La vida es una road movie. Y  lo cierto es que yo necesito dotar a la mía de efectos especiales porque si no la rutina me aplasta,  necesito imaginar el clac de una claqueta cerca para ponerle mi mejor perfil al destino, y tal y cómo está este país todos terminaremos con un papel en Full Monty. Por eso la voz en off de mi interior me dice que, mientras llega ese día, al menos haga lo que me gusta, me deje de argumentos inventados por otros y dirija yo mi propia historia.
Que a mí, señores Académicos, y ya, ya termino, lo que me gusta es el cine. Claro que sí. “Juro por Dios que nunca más volveré a pasar…” hambre de cine. Me muero de amor por él, por eso no pueden ni imaginar lo agradecida que me siento por este premio a la mejor dirección. Tanto, que no tengo ni tiempo para terminar de agradecérselo a todos lo que han hecho posible que esté hoy aquí recibiéndolo. Así que, perdónenme, pero utilizaré hasta los créditos de este discurso para seguir haciéndolo.
Pero por favor, antes de que suban a quitarme el micrófono, por favor déjenme que haga un flash back y se lo vuelva a agradecer sobre todo a aquella niña que fui, a aquella que bien pronto supo en qué lado de la cámara yo debía estar, a aquella que durante años apuntó el mismo regalo en su carta a los Reyes Magos. Ese regalo escrito en  mayúsculas en el centro del folio, remarcado con rotuladores de distintos colores y entre admiraciones, era el único regalo que quería, que quiso siempre y que aún quiere. Por ello, y se lo vuelvo a pedir por favor señores Académicos ¿No podrían ustedes cambiarme el Goya por un Cinexin? Que Goya ni que Goya… ¡Un Cinexin señores Académicos, un Cinexin de color naranja! Eso es lo que realmente le haría feliz a aquella niña que fui. ¿No creen ustedes que es hora ya de otorgárselo?

©Rocío Díaz Gómez

viernes, 2 de febrero de 2018

Tal día como hoy nacía James Joyce, 2 de febrero...



Me había invitado a su cumpleaños. 

Tal día como hoy nacía James Augustine Aloysius Joyce, un 2 de febrero también, pero de 1882. La verdad es que las velas ya hace tiempo que no caben en su deliciosa tarta.

"Dublín estará preciosa, no te puedes perder mi cumpledossiglos y pico" -me escribió con su ironía de siempre.

Yo le expliqué que intentaría acercarme, pero que seguramente sería la primera en llegar, y me iría antes de que asomaran los demás invitados. "No me digas más..." me dijo. Pero yo quise seguir explicándole, contándole que los días libres que me quedaban había que consumirlos en enero, que no podía gastarlos en febrero, porque eran del año anterior.

"Pero entonces enero ¿No es del año siguiente?" ironizó de nuevo.

Bueno sí, contesté yo, pero para estos efectos es como si fuera del año anterior. Y quise seguir explicándome pero se cruzó de piernas, se apoyó en su bastón metiéndose su mano en el bolsillo, y posando su mirada en el infinito optó por dejar de escucharme.

"Pero Joyce de verdad que si pudiera iría tres días después... entiéndelo..." le rogué.

Pero por supuesto no entendió nada de nada, tomó mi explicación como un juego literario, otro más, donde el tiempo era un bucle del que no se puede salir y las palabras surgían ebrias y accidentadas, tanto como su propia vida.


 Tenías razón, dije tirándole un beso cuando me despedía, Dublín estaba preciosa.