martes, 12 de septiembre de 2017

Visita a la Biblioteca Nacional de Madrid





Este blog siente debilidad por las bibliotecas. 

Acostumbra a atesorar fotos de todas las que visita a lo largo y ancho de este mundo. No lo puede evitar. Esos santuarios de la lectura, forrados de estanterías llenitas de libros, donde huele a letra y se respira el silencio necesario para zambullirse dentro de unas páginas, le tienen robada la voluntad.
Este blog también tiene una etiqueta donde va guardando memoria de todas ellas bajo el epígrafe de "La vuelta al mundo en 80 bibliotecas", haciéndole un guiño al famoso libro de Julio Verne.

Ocurre que este blog no había podido nunca visitar la mejor biblioteca de su ciudad, la más emblemática. Nos estamos refiriendo a la Biblioteca Nacional de España, que está en el Paseo de Recoletos de Madrid. Claro que había estado allí muchas veces, en múltiples exposiciones y conferencias. Pero nunca había podido ver su "trastienda", sus depósitos, sus salas, su cafetería... Y lo estaba echando de menos.
Este agosto pasado por fin lo consiguió. Tuvo la suerte de que alguien muy allegado le invitara.

En esa ocasión, cuando fuera rozábamos los treinta y muchos grados, mi blog se paseó por el fresquito de los depósitos de la Biblioteca Nacional. Podéis imaginar que, además de libros, tiene muchísimos fondos de todo tipo de material. Varias plantas, con numerosos pasillos y dentro de cada pasillo documentos de todo tipo: Incunables, fotografías, dibujos, mapas, etiquetas de libros de papel de fumar, cromos, postales, posters... Muchísimos tipos distintos que han perdurado a lo largo de los años e incluso los siglos.









Mi blog levitaba caminando por los pasillos de todos esos depósitos. Observando por todas partes cuánto de valioso hay ahí preparado para alguna futura exposición, o simplemente esperando el momento de volver a ser guardado. Atento también a los detalles como el de los guantes blancos para manipular los libros.

Tal y como imaginaba, no se sorprendió de que de nuestra guerra civil, o "incivil" como dicen algunos, hubiera tantísimo material. Cajas perfectamente ordenadas con etiquetas conocidas: "División azul", "Auxilio social", "Frente de Aragón", "Iglesias" o las más tristes: "Checas", "Muertos y heridos". Y por supuesto otras tantas de fotos: "Fotos de las plazas españolas", "Escenas de guerra", "Varios frentes" ...








Cuando mi blog terminó de ver los depósitos de los libros, de las fotos, de los mapas, de mil y un documentos, también paseó por sus pasillos. Asistían a su paseo los autores premiados con el Premio Cervantes, nos miraban impasibles desde dentro de sus cuadros. Él ya los conocía, guarda en una sus entradas memoria de una exposición que hubo en la Biblioteca en los que estaban todos los cuadros más otros documentos (libros, cartas...) de cada uno de esos premiados autores.





Y después aún tuvo tiempo de visitar algunas de sus salas de lecturas: La Sala Goya, la sala Cervantes, la sala Barbieri... donde se tiene la posibilidad de consultar muchos de sus fondos.






Fue una visita muy interesante, mucho. Logramos asomarnos un poquito a cuánto ha atesorado esta Institución en sus 300 años de existencia. Por supuesto es imposible poder abarcar ni resumir todo lo que atesora y supone esta Biblioteca. Además a mi blog no le dejaron hacer demasiadas fotos. Pero con unas poquitas quería dejar constancia de la suerte que supuso caminar por allí una tarde, poder admirar algunos de sus rincones, ver un poco cómo se archiva y cómo está dispuesta... ver su interior rico y oscuro.

Solo queda dar las gracias a quién lo hizo posible: a mi querida infiltrada, y a sus compañeros tan amables. Los mismos anónimos trabajadores que cada día velan porque la Institución funcione.

Tenemos una Biblioteca Nacional bien chula, me susurra mi blog cuando salimos.
Y yo, sin hablar, asiento una y otra vez.




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